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La cosificación es un concepto elaborado por Georg Lukács para explicar cómo en el capitalismo, a pesar de las contradicciones que entraña y de su tendencia a las crisis, se genera la percepción ilusoria de que la realidad social constituye una verdad eterna, que se halla completamente por encima de la voluntad de los humanos y que no se puede cambiar.
Lukács, que había sido funcionario de la efímera República Soviética Húngara trataba de explicar la derrota de las revoluciones estallaron en Europa tras el final de la Primera Guerra Mundial (con la única excepción de la Revolución Rusa). El capitalismo había arrojado a un continente entero a la barbarie, acabando con millones de vidas humanas, pero al mismo tiempo generando grandes ganancias para los capitalistas involucrados con la industria armamentística. ¿Cómo podía ser entonces que los obreros y campesinos no hayan podido tomar el poder? La respuesta de Lukács se halla en la concepción rígida que tiene sobre lo social la falsa consciencia que crea el capitalismo.
Concepto[editar | editar código]
La cosificación es un fenómeno social por el cual las relaciones que las personas establecen unas con otras se les presentan, no como relaciones sociales históricas, sino como cosas, es decir, como una segunda naturaleza, regida por leyes invariables y ahistóricas como las de la física o la química. La forma más elemental de cosificación es el fetichismo de la mercancía, donde la misma aparece como un objeto extraño a los productores.[1]
A lo largo de gran parte de la Historia de la humanidad, el fetichismo de la mercancía no era un problema, ya que sólo el excedente de la producción estaba sujeto al intercambio, mientras que aquellos bienes más imprescindibles, como el alimento, eran producidos para la subsistencia. El desarrollo del capitalismo, al estimular la producción generalizada de mercancías, puesto que los medios de vida de los obreros pasan a ser las mercancías que éste compra con su salario, provoca que la mayor causa de incertidumbre para la producción ya no sean los fenómenos naturales, sino la sociedad misma,[2] puesto que la naturaleza anárquica del mercado constriñe a los productores a elaborar mercancías que sean útiles y puedan venderse a un precio competitivo, pero la utilidad y el valor de una mercancía no puede conocerse antes de intentar venderla, por lo que las empresas siempre se están expuestas al riesgo de verse superadas por la competencia o de que la gente deje de necesitar sus productos.[3]
Paralelamente, el capitalismo desarrolla la división social del trabajo, involucrando a una mayor masa de individuos en la producción. En contraste con la producción artesanal, donde la misma persona controlaba todo el proceso de principio a fin, a su propio ritmo y tomando todas las decisiones por sí misma, en el capitalismo se impone la descomposición de la producción en múltiples tareas individuales, que serán asignadas a los distintos obreros. Consecuentemente, deja de ser necesario para los trabajadores conocer todo el proceso de producción, puesto que a lo largo de la jornada laboral realizarán acciones simples y repetitivas, por lo que la personalidad y las particularidades del trabajador, que antes estaban presentes en el producto final, ahora son eliminadas en favor de la producción industrial en masa.
La cosificación de las actividades económicas llega a su punto más alto con la economía neoclásica[Nota 1] y el sistema Taylor.
Paralelamente, el antiguo derecho consuetudinario, basado en la tradición y las costumbres locales, es desplazado por el derecho racional, que por un lado implica un avance de los capitalistas sobre el modo de vida de los campesinos, los artesanos y los pueblos originarios, y por otro lado permite que la ley sea previsible, facilitándole al burgués la realización de cálculos de costo-beneficio antes de tomar una decisión, como por ejemplo, realizar una nueva inversión o despedir trabajadores.[1]
Notas[editar | editar código]
- ↑ En la obra de Lukács, éste se refiere a la escuela austríaca, que seguía siendo muy influyente en Europa Central de la mano de autores como Wieser y Böhm-Bawerk, pero en la actualidad es la escuela neoclásica, junto con sus diversas corrientes, la que representa mejor el estado actual de la economía burguesa y para la cual son válidas todas las críticas que Lukács dedica a los austríacos.
Referencias[editar | editar código]
- ↑ 1,0 1,1 Georg Lukács (1985 [1923]). 'La cosificación y la consciencia del proletariado' en Historia y consciencia de clase.
- ↑ Rosa Luxemburgo ([1916]). Introducción a la economía política.
- ↑ Karl Marx (1867). 'La mercancía: El carácter fetichista de la mercancía y su secreto' en El capital - Volumen 1 (p. 88). México: Siglo XXI Editores.