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	<title>ProleWiki - Contribuciones del usuario [es]</title>
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	<subtitle>Contribuciones del usuario</subtitle>
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		<id>https://es.prole.wiki/w/index.php?title=Biblioteca:El_Materialismo_Hist%C3%B3rico&amp;diff=8358</id>
		<title>Biblioteca:El Materialismo Histórico</title>
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		<updated>2024-09-14T21:42:04Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Ledlecreeper27: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{Obra de biblioteca&lt;br /&gt;
| titulo = El Materialismo Histórico&lt;br /&gt;
| autor= Fyodor Vasilyevich Konstantinov&lt;br /&gt;
| lugar_de_publicacion = Ciudad de México&lt;br /&gt;
| fecha_de_publicacion = 1951&lt;br /&gt;
| fecha_de_edicion = 1966&lt;br /&gt;
| num_ed = 15&lt;br /&gt;
| traductor = Wenceslao Roces&lt;br /&gt;
| editora = Editorial Grijalbo&lt;br /&gt;
| isbn = 968-419-269-X&lt;br /&gt;
|fuente=https://archive.org/details/konstantinov.-el-materialismo-historico-ocr-1957/mode/1up| tipo = Libro&lt;br /&gt;
}}&lt;br /&gt;
{{Biblioteca:El Materialismo Histórico/Prólogo}}&lt;br /&gt;
{{Biblioteca:El Materialismo Histórico/Capitulo I}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Categoría:Documentos de biblioteca de la Unión Sovietica]]&lt;br /&gt;
[[Categoría:Obras de biblioteca sobre filosofía]]&lt;br /&gt;
[[Categoría:Obras de biblioteca sobre economía]]&lt;br /&gt;
[[Categoría:Obras de biblioteca sobre geopolítica]]&lt;br /&gt;
{{DEFAULTSORT:Materialismo_Histórico}}{{Biblioteca:El Materialismo Histórico/Capítulo II}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Notas ==&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Ledlecreeper27</name></author>
	</entry>
	<entry>
		<id>https://es.prole.wiki/w/index.php?title=Biblioteca:El_Materialismo_Hist%C3%B3rico/Cap%C3%ADtulo_II&amp;diff=8357</id>
		<title>Biblioteca:El Materialismo Histórico/Capítulo II</title>
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		<updated>2024-09-14T21:41:12Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Ledlecreeper27: Página creada con «= Las condiciones de vida material de la sociedad = La vida material de la sociedad, el ser social, es lo primario, y la  vida espiritual de la sociedad lo secundario, lo derivado. La vida ma-  terial de la sociedad es la realidad objetiva: existe independientemente de  la conciencia y la voluntad de los hombres. La vida espiritual de la socie-  dad es el reflejo de esta realidad objetiva, el reflejo del ser.   La fuente de que emana la vida espiritual de la sociedad,…»&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;= Las condiciones de vida material de la sociedad =&lt;br /&gt;
La vida material de la sociedad, el ser social, es lo primario, y la &lt;br /&gt;
vida espiritual de la sociedad lo secundario, lo derivado. La vida ma- &lt;br /&gt;
terial de la sociedad es la realidad objetiva: existe independientemente de &lt;br /&gt;
la conciencia y la voluntad de los hombres. La vida espiritual de la socie- &lt;br /&gt;
dad es el reflejo de esta realidad objetiva, el reflejo del ser. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La fuente de que emana la vida espiritual de la sociedad, la fuente de &lt;br /&gt;
origen de las ideas y las teorías sociales, las concepciones políticas, jurí- &lt;br /&gt;
dicas, religiosas, artísticas y filosóficas, y de las instituciones correspon- &lt;br /&gt;
dientes, no se halla en la conciencia de los hombres, en las ideas, teorías, &lt;br /&gt;
concepciones e instituciones, sino en el ser social, en las condiciones de &lt;br /&gt;
la vida material de la sociedad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ahora bien, ¿cuáles son las condiciones de vida material de la socie- &lt;br /&gt;
dad, que en última instancia determinan las ideas sociales, las instituciones &lt;br /&gt;
políticas y de otra clase de la sociedad? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== El medio geográfico ==&lt;br /&gt;
Entre “las condiciones de vida material de la sociedad” figura, ante &lt;br /&gt;
todo, la naturaleza que rodea a la sociedad, el medio geográfico. El me- &lt;br /&gt;
dio geográfico constituye una de las condiciones necesarias y permanentes &lt;br /&gt;
de la vida material de la sociedad, que, indudablemente, influye sobre el &lt;br /&gt;
desarrollo de ésta. El trabajo, según la definición de Marx, es “un pro- &lt;br /&gt;
ceso que se opera entre el hombre y la naturaleza”. El medio geográfico &lt;br /&gt;
que circunda la sociedad forma la base natural del proceso de producción &lt;br /&gt;
de los bienes materiales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El medio geográfico, sobre todo en las tempranas fases del desarrollo &lt;br /&gt;
social, imprime su sello a los modos y las ramas de producción. Es &lt;br /&gt;
obvio que, por ejemplo, no podía surgir la ganadería allí donde no exis- &lt;br /&gt;
tían animales aptos para ser domesticados. La existencia en una deter- &lt;br /&gt;
minada región de yacimientos minerales hace posible la creación de las &lt;br /&gt;
correspondientes ramas de la industria extractiva. Claro está que, para &lt;br /&gt;
que esta posibilidad llegara a convertirse en realidad, tenían que darse, &lt;br /&gt;
además de las condiciones naturales, las condiciones sociales congruentes, &lt;br /&gt;
tenía que darse un determinado nivel de desarrollo de las fuerzas pro- &lt;br /&gt;
ductivas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las condiciones externas, naturales, de vida de la sociedad se dividen &lt;br /&gt;
en las dos siguientes clases, con arreglo a la función que desempeñan en &lt;br /&gt;
la vida material de la sociedad, a lo largo de las diversas fases de su &lt;br /&gt;
desarrollo: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
1) la riqueza natural de medios. de producción: la fertilidad natural &lt;br /&gt;
del suelo, la abundancia de peces en las aguas, de caza en los bosques, etc.; &lt;br /&gt;
2) la riqueza natural de fuentes de medios de trabajo: saltos de agua; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ríos navegables, madera, metales, carbón de hulla, petróleo, etc. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En las fases inferiores de desarrollo de la sociedad predomina la impor- &lt;br /&gt;
tancia de la primera clase de riquezas naturales para la vida material de la &lt;br /&gt;
sociedad; en las fases superiores, la segunda. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la sociedad primitiva, con sus medios rudimentarios de trabajo, &lt;br /&gt;
los saltos de agua, los rios navegables, los yacimientos de hulla, de pe- &lt;br /&gt;
tróleo, de manganeso o de cromo, no tenían una importancia vital, no &lt;br /&gt;
influían en la producción material. Pero, en la fase actual de desarrollo &lt;br /&gt;
de la sociedad, estas riquezas naturales han adquirido una importancia &lt;br /&gt;
considerable y ejercen una influencia extraordinaria sobre la producción &lt;br /&gt;
de los bienes materiales. La energía hidráulica del Dniéper, del Volga, del &lt;br /&gt;
Angara, existieron durante miles y miles de años, sin que hasta la fase &lt;br /&gt;
actual llegaran a convertirse en una base natural grandiosa para el des- &lt;br /&gt;
arrollo de las fuerzas productivas. No cabe duda de que las condiciones &lt;br /&gt;
geográficas favorables aceleran el desarrollo de la sociedad, mientras que &lt;br /&gt;
las condiciones desfavorables lo entorpecen, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ahora bien, ¿cuáles son las condiciones geográficas más favorables &lt;br /&gt;
para el desarrollo de la sociedad? A primera vista, podría parecer que &lt;br /&gt;
son las que se dan en los climas tropicales, donde es más generosa la &lt;br /&gt;
naturaleza que rodea al hombre, donde éste puede obtener con menor in- &lt;br /&gt;
versión de trabajo los medios de sustento que necesita. Pero ya decía &lt;br /&gt;
Marx que una naturaleza excesivamente pródiga de sus bienes lleva al &lt;br /&gt;
hombre de la mano, como a niño en andaderas. No le acucia a desarro- &lt;br /&gt;
llarse bajo la presión de una necesidad natural, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La historia de la sociedad humana demuestra que el medio geográfico &lt;br /&gt;
más favorable para el desarrollo social es aquel que se distingue por su &lt;br /&gt;
mayor variedad. “La base natural de la división social del trabajo, que &lt;br /&gt;
mediante los cambios de las condiciones naturales en que vive sirve al &lt;br /&gt;
hombre de acicate de sus propias necesidades, capacidades, medios y modos &lt;br /&gt;
de trabajo, no es la fertilidad absoluta del suelo, sino su diferenciación, la &lt;br /&gt;
variedad de sus productos naturales”? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El medio geográfico no influye en el desarrollo de la sociedad sola- &lt;br /&gt;
mente por medio de las posibilidades naturales más o menos favorables &lt;br /&gt;
para el desarrollo de la producción social. Las condiciones geográficas, &lt;br /&gt;
por ejemplo las cadenas montañosas que separan unas de otras las regio- &lt;br /&gt;
nes del país, el contorno insular de éste, etc., pueden entorpecer o faci- &lt;br /&gt;
litar.las comunicaciones entre los diversos pueblos, hacerlos más o menos &lt;br /&gt;
asequibles para las agresiones guerreras desde el exterior, lo que, en fin &lt;br /&gt;
de cuentas, influye en su desarrollo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Quiere esto decir que las condiciones naturales, el medio geográfico &lt;br /&gt;
sean el factor. determinante del que dependen en último resultado el des- &lt;br /&gt;
arrollo de la sociedad, su estructura y la fisonomía de ésta? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los partidarios de la tendencia geográfica en sociología y en historio- &lt;br /&gt;
grafía sostienen erróneamente que es el medio geográfico (el clima, el &lt;br /&gt;
suelo, el relieve de un país, el carácter de su fauna y su flora) lo que, &lt;br /&gt;
directamente o a través de la alimentación o del género de ocupaciones, in- &lt;br /&gt;
fluye en la fisiología y en la psicología de los hombres, lo que determina sus inclinaciones, su temperamento, su tenacidad, su resistencia, y lo que, por medio de estos rasgos del carácter, decide todo el régimen de la &lt;br /&gt;
sociedad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un pensador de la Ilustración francesa del siglo xv111, Montesquieu, &lt;br /&gt;
sostenía que las costumbres y las creencias religiosas de los hombres y el &lt;br /&gt;
régimen social y político de los pueblos se determinan, fundamentalmente, &lt;br /&gt;
por las condiciones del clima. En su obra titulada El espiritu de las leyes, &lt;br /&gt;
escribía Montesquieu: “El calor excesivo mina las energías y abate el áni- &lt;br /&gt;
mo... , los climas fríos infunden al cuerpo y al espiritu del hombre cierto &lt;br /&gt;
vigor, que lo hace capaz de actos tenaces, difíciles, grandes y arriesgados”. &lt;br /&gt;
“En los países del norte, el organismo es sano, reciamente constituído, pero &lt;br /&gt;
desmañado y torpe, y se complace en cualquier género de actividad”. “En &lt;br /&gt;
los pueblos de estos países, escasean los vicios y abundan las virtudes, la &lt;br /&gt;
sinceridad y la rectitud”. “La pusilanimidad de los pueblos de los climas &lt;br /&gt;
cálidos los ha conducido casi siempre a la esclavitud, al paso que la va- &lt;br /&gt;
lentía de los pueblos de climas fríos los ha mantenido en el disfrute de &lt;br /&gt;
su libertad”. Tales eran los juicios históricos de Montesquieu. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero ¿cómo explicarse, entonces, que en las mismas condiciones cli- &lt;br /&gt;
máticas, en el mismo país, exista en épocas distintas un régimen social y &lt;br /&gt;
político diferente? El clima de Italia apenas cambió desde el tiempo de &lt;br /&gt;
los Gracos al de Bruto o al de Julio César, y, sin embargo, de una época &lt;br /&gt;
a otra se produjeron en Roma y en Italia complejos cambios económicos &lt;br /&gt;
y políticos. Montesquieu, dándose cuenta de que el clima no podía explicar &lt;br /&gt;
fenómenos como éstos, se armaba un embrollo y recurría a la concepción &lt;br /&gt;
idealista usual en su tiempo: los cambios políticos y otros cambios sociales &lt;br /&gt;
hay que explicarlos, decía, por la influencia de la legislación, de la “libre &lt;br /&gt;
actividad” del legislador. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El sociólogo inglés Buckle, en su libro Historia de la civilización en &lt;br /&gt;
Inglaterra, a diferencia de Montesquieu, entendía que no era solamente &lt;br /&gt;
el clima, sino, en particular, el suelo, la alimentación y el medio geográ- &lt;br /&gt;
fico (la naturaleza circundante en general), lo que influía de un modo &lt;br /&gt;
determinante en el carácter de los pueblos, en su psicología, en su modo &lt;br /&gt;
de concebir el mundo y en su régimen social y político. Según él, la temible &lt;br /&gt;
y grandiosa naturaleza de los países del trópico, con sus frecuentes terre- &lt;br /&gt;
motos y erupciones volcánicas, con sus tormentas y sus lluvias torrencia- &lt;br /&gt;
les, influye sobre la imaginación de los hombres y se manifiesta en la po- &lt;br /&gt;
derosa influencia de los brujos (los sacerdotes) sobre la vida de la socie- &lt;br /&gt;
dad. En cambio, la naturaleza de países como Grecia, Inglaterra, etc., &lt;br /&gt;
contribuye, en opinión de Buckle, al desarrollo del pensamiento lógico y &lt;br /&gt;
de la conciencia científica. Este autor atribuye la considerable influencia &lt;br /&gt;
del clero y la difusión de las ideas supersticiosas en España e Italia a los &lt;br /&gt;
movimientos sísmicos y a las erupciones: volcánicas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, en Italia y bajo esas condiciones naturales de que se &lt;br /&gt;
nos habla vivió en la antigiiedad el materialista Lucrecio y vivieron en &lt;br /&gt;
la época del Renacimiento el genial Leonardo de Vinci, el ingenioso &lt;br /&gt;
escritor anticlerical Boccaccio y el valeroso luchador en pro de la ciencia &lt;br /&gt;
v en contra del oscurantismo católico Giordano Bruno, por no citar a otros. &lt;br /&gt;
Inglaterra, que dió al mundo una pléyade de pensadores materialistas, &lt;br /&gt;
tales como Bacon, Hobbes, Toland, Faraday y Darwin, se ve convertida &lt;br /&gt;
hoy en refugio de oscurantismo y superstición, en hogar de las corriente filosóficas más desaforadamente idealistas. En la misma China donde un día imperó la ideología feudal que predicaba a las masas la sumisión y &lt;br /&gt;
la resignación, ha triunfado hoy la ideología revolucionaria del marxismo- &lt;br /&gt;
leninismo. ¿Cómo explicar, pues, las diferencias de ideas, de concepcio- &lt;br /&gt;
nes del mundo, entre gentes que viven bajo las mismas condiciones geo- &lt;br /&gt;
gráficas? Es evidente que desde el punto de vista de la tendencia geográ- &lt;br /&gt;
fica de la sociología no sería posible encontrar una respuesta a esta &lt;br /&gt;
pregunta. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como tampoco sería posible explicar, con arreglo a esta tendencia, &lt;br /&gt;
por qué en un mismo país y en una misma época existen clases contra- &lt;br /&gt;
puestas, con diferente psicología y con ideales y modos de concebir el &lt;br /&gt;
mundo antagónicos, Solamente el materialismo histórico da una respuesta &lt;br /&gt;
científica a todas estas preguntas. | &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El medio geográfico es una de las condiciones necesarias y permanen- &lt;br /&gt;
tes de la vida material de la sociedad, pero sólo es relativamente perma- &lt;br /&gt;
vente e invariable; sus cambios naturales se producen dentro de límites &lt;br /&gt;
muy amplios, a lo largo de decenas de miles y millones de años, al paso &lt;br /&gt;
que los cambios radicales del régimen social se llevan a cabo con un &lt;br /&gt;
ritmo mucho más rápido, en el transcurso de miles o hasta de cientos de &lt;br /&gt;
años. Por eso un factor relativamente invariable como el del medio geo- &lt;br /&gt;
gráfico no puede ser considerado como causa determinante de los cambios &lt;br /&gt;
y el desarrollo de la sociedad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“En el transcurso de tres mil años, Europa —escribe J. V. Stalin— &lt;br /&gt;
vió desaparecer tres regímenes sociales: el del comunismo primitivo, el &lt;br /&gt;
de la esclavitud y el régimen feudal, y en la parte oriental de Europa, &lt;br /&gt;
en la U.R.S.S,, fenecieron cuatro. Pues bien, durante este tiempo las con- &lt;br /&gt;
diciones geográficas de Europa no sufrieron ningún cambio, y si sufrieron &lt;br /&gt;
alguno, fué tan leve, que la geografía no cree que merece la pena regis- &lt;br /&gt;
trarlo. Y se comprende que sea así. Para que el medio geográfico experi- &lt;br /&gt;
mente cambios de cierta importancia, hacen falta millones de años, mien- &lt;br /&gt;
tras que en unos cientos o en un par de miles de años pueden operarse &lt;br /&gt;
incluso cambios de la mayor importancia en el régimen social. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De aquí se desprende que el medio geográfico no puede ser la causa &lt;br /&gt;
fundamental, el factor determinante del desarrollo social, pues ¿cómo lo &lt;br /&gt;
que permanece casi invariable a través de decenas de miles de años va &lt;br /&gt;
a poder ser la causa fundamental a que obedezca el desarrollo de lo que &lt;br /&gt;
en espacio de unos cuantos cientos de años experimenta cambios ra- &lt;br /&gt;
dicales ?”? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y es que los partidarios de la tendencia geográfica en sociología consi- &lt;br /&gt;
deran la sociedad humana como algo pasivo, simplemente sujeto a la acción &lt;br /&gt;
del medio geográfico. Esta concepción acerca de las mutuas relaciones &lt;br /&gt;
entre la naturaleza y la sociedad es radicalmente falsa: las relaciones &lt;br /&gt;
entre la sociedad y la naturaleza cambian históricamente con el desarrollo &lt;br /&gt;
de las fuerzas productivas sociales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A diferencia de los animales, el hombre social no sólo se adapta a la &lt;br /&gt;
naturaleza, al medio geográfico, sino que, a través de la producción, &lt;br /&gt;
adapta la naturaleza a sí mismo, a sus necesidades, obliga a las fuerzas &lt;br /&gt;
naturales a servir a sus fines.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al desarrollar la producción social, los hombres alteran la fertilidad &lt;br /&gt;
natural del suelo, unen por medio de canales los ríos, mares y océanos, &lt;br /&gt;
llevan de un continente a otro las especies vegetales y animales, cam- &lt;br /&gt;
bian la fauna y la flora del planeta. La humanidad pasa del empleo de &lt;br /&gt;
un tipo de energía a otro, somete a su poder nuevas fuerzas naturales. &lt;br /&gt;
De la utilización de la energía motriz animal, la sociedad pasó a la fuerza &lt;br /&gt;
motriz del viento, del agua, del vapor, de la electricidad. Y, hoy, la huma- &lt;br /&gt;
nidad se halla en vísperas de una nueva y la más grandiosa de las revo- &lt;br /&gt;
luciones técnicas: el empleo de la energía atómica para los fines de la &lt;br /&gt;
producción. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con el desarrollo de las fuerzas productivas, de los medios de comu- &lt;br /&gt;
nicación y la división social del trabajo, con la aparición del mercado &lt;br /&gt;
mundial, se han desplazado las fronteras del medio geográfico de estos &lt;br /&gt;
o los otros pueblos, se ha atenuado la dependencia directa de la industria &lt;br /&gt;
de unos u otros países con respecto a las fuentes locales de materias pri- &lt;br /&gt;
mas, ha surgido la necesidad de importar primeras materias. Así, por &lt;br /&gt;
ejemplo, la industria algodonera dé Inglaterra se desarrolló gracias al &lt;br /&gt;
algodón importado de la India y Egipto; el mineral de hierro de España &lt;br /&gt;
y Malasia se funde en los altos hornos ingleses. El petróleo de Indonesia, &lt;br /&gt;
el Irak y el Irán se elabora y refina muy lejos de las fronteras de estos &lt;br /&gt;
países por los imperialistas de los EE. UU., Inglaterra y Holanda. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El progreso técnico, al crear la posibilidad de producir caucho sin- &lt;br /&gt;
tético, materiales plásticos y bencina a base del carbón de hulla, ha per- &lt;br /&gt;
mitido ensanchar las fuentes de materias primas y reducir la anterior &lt;br /&gt;
dependencia de la producción con respecto a condiciones naturales como &lt;br /&gt;
la existencia de yacimientos petrolíferos, de plantas naturales de cau- &lt;br /&gt;
cho, etc. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las proporciones y el carácter de la acción de la sociedad sobre el &lt;br /&gt;
medio geográfico cambian con arreglo al grado de desarrollo de las fuer- &lt;br /&gt;
zas productivas y con arreglo al grado de desarrollo de la sociedad y al &lt;br /&gt;
cafácter del régimen económico. La época del capitalismo representó un &lt;br /&gt;
eigantesco paso de avance en el desarrollo de las fuerzas productivas, &lt;br /&gt;
en la sumisión de las fuerzas elementales de la naturaleza a la sociedad. &lt;br /&gt;
Pero la meta y la fuerza motriz de la producción capitalista es la acu- &lt;br /&gt;
mulación de capital, el hambre de ganancias. El capitalismo lleva con- &lt;br /&gt;
sigo, por tanto, una actitud rapaz ante las riquezas naturales, lo que &lt;br /&gt;
conduce a la transformación de territorios un día florecientes en campos &lt;br /&gt;
desolados y estériles. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“. Todos los progresos realizados por la agricultura capitalista —escri- &lt;br /&gt;
bía Marx— no son solamente progresos en el arte de esquilmar al trabaja- &lt;br /&gt;
dor, sino también en el arte de esquilmar la tierra, y cada paso que se da &lt;br /&gt;
en la intensificación de su fecundidad dentro de un período de tiempo &lt;br /&gt;
determinado, es a la vez un paso dado en el agotamiento de las fuentes pe- &lt;br /&gt;
rennes que alimentan esta fecundidad. Este proceso de aniquilación es tanto &lt;br /&gt;
más rápido cuanto más se apoya un país, como ocurre por ejemplo con los &lt;br /&gt;
Estados Unidos de América, sobre la gran industria, como hase de su &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
desarrollo.* &lt;br /&gt;
Esta actitud rapaz de los capitalistas ante las riquezas naturales, la codicia que les lleva a extraer las mayores ganancias posibles ahora mismo &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
o en el plazo más corto, sin pararse a pensar en lo que ello pueda perju- &lt;br /&gt;
dicar a la fertilidad del suelo en el futuro, ha conducido a terribles resul. &lt;br /&gt;
tados en los Estados Unidos y en otros paises capitalistas. Según los datos &lt;br /&gt;
del sabio norteamericano Bennett, la erosión y la aeración de la super- &lt;br /&gt;
ficie labrantía han sustraído casi totalmente al cultivo, en aquel país, 282 &lt;br /&gt;
millones de acres de tierras. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Solamente acabando con el capitalismo e implantando el socialismo &lt;br /&gt;
será posible sustituir el rapaz despilfarro de las riquezas naturales por su &lt;br /&gt;
aprovechamiento racional y planificado al servicio de las necesidades de &lt;br /&gt;
los trabajadores. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Bajo el régimen del socialismo, se lleva a cabo el cambio racional del &lt;br /&gt;
medio geográfico en interés de la sociedad: la transformación planificada &lt;br /&gt;
del mundo vegetal y animal, del clima, de la fertilidad del suelo y hasta &lt;br /&gt;
del curso de los rios y del relieve del suelo. Los hombres, a quienes el &lt;br /&gt;
socialismo convierte en dueños y señores de sus relaciones sociales, pueden &lt;br /&gt;
gobernar las poderosas fuerzas de la naturaleza. El florecimiento eco- &lt;br /&gt;
nómico, político y cultural de las dieciséis repúblicas socialistas soviéticas &lt;br /&gt;
agrupadas en la U. R. $, $. y situadas en las más diversas condiciones geo- &lt;br /&gt;
gráficas, es la confirmación práctica palmaria de cuán absurdas y anti- &lt;br /&gt;
científicas son das teorías burguesas reaccionarias que pretenden explicar &lt;br /&gt;
la estructura y el desarrollo de la sociedad con arreglo a las condiciones &lt;br /&gt;
del medio geográfico. | &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No cabe duda de que la diversidad y la abundancia de riguezas natu- &lt;br /&gt;
rales de la U. R. S. S. ha ejercido y ejerce una favorable influencia sobre &lt;br /&gt;
el desarrollo de sus fuerzas productivas. Una de las condiciones para la &lt;br /&gt;
rápida transformación de la U. R. S. S. de un país agrario en un país &lt;br /&gt;
industrial ha sido la existencia en su seno de abundantes riquezas natu- &lt;br /&gt;
rales: mineral de hierro, carbón, petróleo, etc. Sería falso, sin embargo, &lt;br /&gt;
querer explicar el rápido ritmo de desarrollo de las fuerzas productivas &lt;br /&gt;
de la U. R. S. S. solamente (o fundamentalmente) por las condiciones &lt;br /&gt;
naturales favorables del país. Las mismas riquezas naturales existían en &lt;br /&gt;
la vieja Rusia, antes de la revolución. Pero, no sólo no eran explotadas, &lt;br /&gt;
sino que ni siquiera se conocían, ni siquiera se habían explorado. La &lt;br /&gt;
exploración cientifica planificada y en gran escala del subsuclo del in- &lt;br /&gt;
menso territorio de la U. R. $. S. se ha llevado a cabo por vez primera &lt;br /&gt;
bajo las condiciones del régimen soviético. Solamente en la época sovié- &lt;br /&gt;
tica han llegado a conocer los pueblos de la U. R. $. S, qué inagotables &lt;br /&gt;
tesoros guarda la entraña de la tierra poblada por ellos. De por sí, las &lt;br /&gt;
riquezas naturales de Rusia encerraban tan sólo la posibilidad para un &lt;br /&gt;
rápido desarrollo económico. Pero, en las condiciones de la Rusia zarista, &lt;br /&gt;
bajo el régimen de los terratenientes y capitalistas, esta posibilidad no &lt;br /&gt;
podía llegar a convertirse en realidad. Para esto, fué necesario que se im- &lt;br /&gt;
pusieran las condiciones del régimen socialista soviético. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La prensa y los libros burgueses siguen propagando ampliamente la &lt;br /&gt;
tendencia geográfica de la sociología y la historiografía, a pesar de que &lt;br /&gt;
hace ya mucho tiempo que esta teoría ha sido refutada por la ciencia y &lt;br /&gt;
la experiencia. Los ideólogos de la burguesía reaccionaria, en la época &lt;br /&gt;
del imperialismo, se valen de estas tendencias sociológicas e historio- &lt;br /&gt;
gráficas para tratar de justificar la política anexionista del imperialismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los partidarios de estas reaccionarias teorías geográficas intentan ex- &lt;br /&gt;
plicar el atraso económico y cultural de una serie de países del Oriente &lt;br /&gt;
asiático, de Africa y Sudamérica, por las características de su medio &lt;br /&gt;
geográfico. Pero esto es una falacia. La verdadera causa del atraso y la &lt;br /&gt;
miseria de la población de Turquía, el Pakistán, la India, Indonesia, Po- &lt;br /&gt;
linesia, el Irán, Egipto, Túnez, Argelia y otros países no es otra que el &lt;br /&gt;
yugo colonial y semicolonial, el despojo de estos países por los imperia- &lt;br /&gt;
listas ingleses, norteamericanos y de otras nacionalidades. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Dos circustancias —escribe Palme Dutt— caracterizan la actual si- &lt;br /&gt;
tuación de la india. La primera es la riqueza del país, sus riquezas natu- &lt;br /&gt;
rales, la abundancia de sus recursos, las posibilidades potenciales para &lt;br /&gt;
asegurar plenamente la existencia de su actual población y aun de una &lt;br /&gt;
población mayor que la actual. La segunda es la miseria de la India, la &lt;br /&gt;
miseria de la inmensa mayoría de la población del país... .”* | &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El progreso económico y cultural de los países capitalistas se obtiene &lt;br /&gt;
a costa del sojuzgamiento y la bestial explotación de los pueblos y del &lt;br /&gt;
rapaz despilfarro de las riquezas naturales de las colonias y los países &lt;br /&gt;
dependientes. La explotación de las colonias sigue siendo una de las fuen- &lt;br /&gt;
tes de enriquecimiento de los países imperialistas. Los imperialistas en- &lt;br /&gt;
torpecen y frenan artificialmente el desarrollo de la industria, particular- &lt;br /&gt;
mente la industria de construcción de maquinaria, en las colonias y en &lt;br /&gt;
los países dependientes. Esto explica por qué la producción industrial &lt;br /&gt;
elobal de estos países sólo representa el 5 por 100 de la del mundo &lt;br /&gt;
capitalista, a pesar de que su población forma el 70 por 100 del censo &lt;br /&gt;
total de la población de dicho mundo. Las potencias imperialistas convierten &lt;br /&gt;
a las colonias y a los países dependientes en apéndices agrarios suyos y &lt;br /&gt;
en fuentes de materias primas para su industria; para lo cual procuran &lt;br /&gt;
fomentar en las colonias un sistema de relaciones económicas atrasadas &lt;br /&gt;
y de instituciones políticas reaccionarias. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando los pueblos de la India, Indonesia, Egipto, etc., hayan logrado &lt;br /&gt;
sacudir definitivamente el yugo imperialista y conquistar su plena liber- &lt;br /&gt;
tad económica, demostrarán al mundo qué nivel tan alto de desarrollo &lt;br /&gt;
pueden alcanzar los países independientes, en las mismas condiciones geo- &lt;br /&gt;
eráficas. Así lo atestigua ya&#039;hoy el ejemplo de la China liberada, con el &lt;br /&gt;
amplio despliegue de sus poderosas fuerzas. La China democrática libe- &lt;br /&gt;
rada está desarrollando ya actualmente su edificación industrial socialista &lt;br /&gt;
en enormes proporciones y llevando a cabo una serie de medidas extraor- &lt;br /&gt;
dinariamente importantes para la transformación de la naturaleza: cons- &lt;br /&gt;
trucción de potentes esclusas, sistemas de riego, estanques artificiales, etc. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los sostenedores del punto de vista geográfico en la sociología y la &lt;br /&gt;
historiografía pretenden infundir a los pueblos de las colonias la idea de &lt;br /&gt;
que deben resignarse a su suerte de esclavos, condenarlos a la pasividad. &lt;br /&gt;
Tratan de justificar la esclavitud colonial, de eximir a las potencias im- &lt;br /&gt;
perialistas de su responsabilidad por el atraso de las colonias esquilmadas y &lt;br /&gt;
arruinadas por ellas, descargando esta responsabilidad sobre la naturaleza, &lt;br /&gt;
sobre el medio geográfico. | &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El materialismo histórico pone de manifiesto la inconsistencia cien- &lt;br /&gt;
tifica de la tendencia geográfica de la sociología y la historiografía y ofrece una explicación certera de la verdadera función del medio geográfico en el desarrollo de la sociedad. El medio geográfico es una de las &lt;br /&gt;
condiciones necesarias y permanentes de la vida material de la sociedad. &lt;br /&gt;
Acelera o amortigua el curso del desarrollo social. Pero no constituye ni &lt;br /&gt;
puede constituir la fuerza determinante del desarrollo de la sociedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== El crecimiento de la población ===&lt;br /&gt;
Entre las condiciones de vida material de la sociedad, figura también, &lt;br /&gt;
junto al medio geográfico, el crecimiento de la población, la mayor o &lt;br /&gt;
menor densidad de ésta. Los habitantes constituyen un elemento necc- &lt;br /&gt;
sario de las condiciones de vida material de la sociedad. La vida de la &lt;br /&gt;
sociedad sería imposible sin un mínimum de población. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No cabe duda de que el crecimiento de la población influye en el des- &lt;br /&gt;
arrollo de la sociedad. Con arreglo a ciertas condiciones históricas con- &lt;br /&gt;
cretas, el crecimiento de la población, la mayor o menor densidad «e &lt;br /&gt;
ésta, pueden acelerar o amortiguar el desarrollo de la economía. De la &lt;br /&gt;
mayor:o menor densidad y del ritmo de crecimiento de la población depen- &lt;br /&gt;
den, hasta cierto punto, en igualdad de condiciones, la posibilidad de asimi- &lt;br /&gt;
lación de nuevas tierras y hasta el ritmo de desarrollo de las fuerzas &lt;br /&gt;
productivas. Para poder asimilarse, por ejemplo, las riquezas naturales &lt;br /&gt;
de Siberia y el Lejano Oriente, es necesario que la población de estas &lt;br /&gt;
regiones crezca considerablemente, que aumente su densidad de pobla- &lt;br /&gt;
ción. Bajo las condiciones del régimen socialista, esto acelera todavia más &lt;br /&gt;
el ritmo de desarrollo de las fuerzas productivas e incrementa la riqueza &lt;br /&gt;
nacional del país. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cabe, pues, preguntarse si no será el crecimiento de la población el &lt;br /&gt;
factor fundamental que determina el carácter del régimen social y el &lt;br /&gt;
desarrollo de la sociedad. El materialismo histórico contesta negativa- &lt;br /&gt;
mente a esta pregunta. El crecimiento de la población facilita o entorpece &lt;br /&gt;
el desarrollo social, pero no es, en modo alguno, el factor fundamental, &lt;br /&gt;
determinante, del desarrollo de la sociedad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El crecimiento de la población, de por sí, no puede explicar ni la &lt;br /&gt;
estructura de la sociedad ni por qué, digamos, la sociedad feudal fué susti- &lt;br /&gt;
tuída concretamente por la sociedad capitalista y no por otra cualquiera &lt;br /&gt;
y por qué el capitalismo es desplazado precisamente por el socialismo, y &lt;br /&gt;
no por otro régimen social, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Si el crecimiento de la población fuese el factor determinante del &lt;br /&gt;
desarrollo social, a una mayor densidad de población tendría que corres- &lt;br /&gt;
ponder forzosamente, en la práctica, un tipo proporcionalmente más ele- &lt;br /&gt;
vado de régimen social. Pero, en la realidad, no ocurre así”.3 &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así, por ejemplo, la densidad de población de la India es mayor que &lt;br /&gt;
la de los EE. UU., a pesar de lo cual los EE. UU, están por encima de la &lt;br /&gt;
India, en cuanto al nivel de su desarrollo: la India es un país semifeudal, &lt;br /&gt;
al paso que los EE. UU, se hallan en la última fase del capitalismo. La &lt;br /&gt;
densidad de población de Bélgica es 19 veces mayor que la de los EE. &lt;br /&gt;
UU. y 26 veces mayor que la de la U. R. $. $, y, sin embargo, los EE. UU. &lt;br /&gt;
ocupan un nivel más alto que Bélgica desde el punto de vista del desarrollo &lt;br /&gt;
social, y tanto los EE. UU. como Bélgica se hallan por debajo de la U. R.5. 5. en toda una época histórica, por cuanto que en ambos países &lt;br /&gt;
sigue dominando el régimen capitalista, mientras que la U. R. S. S, ha &lt;br /&gt;
liquidado ya el capitalismo e instaurado en su territorio el régimen so- &lt;br /&gt;
cialista. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De donde se desprende que el crecimiento de la población no es ni &lt;br /&gt;
puede ser el factor fundamental en el desarrollo de la sociedad, el factor &lt;br /&gt;
que determina el carácter del régimen social, la fisonomía de la sociedad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En consonancia con el carácter del régimen social, el crecimiento de &lt;br /&gt;
la población puede influir de diverso modo sobre el desarrollo de la so- &lt;br /&gt;
ciedad. En la U, R. S. S., donde no existen explotadores, el crecimiento &lt;br /&gt;
de la población significa el aumento del número de trabajadores, de la &lt;br /&gt;
fuerza básica de producción de la sociedad. Esto explica por qué el cre- &lt;br /&gt;
cimiento de la población, en la U, R. S. S., acelera el desarrollo de la socie- &lt;br /&gt;
dad. En cambio, bajo las condiciones del capitalismo, con su paro forzoso &lt;br /&gt;
crónico, el crecimiento de la población no equivale, de por si, al incre- &lt;br /&gt;
mento de las fuerzas productivas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En contra de la opinión de los demógrafos y economistas burgueses, &lt;br /&gt;
el marxismo ha demostrado que el crecimiento de la población no es, en &lt;br /&gt;
modo alguno, independiente de las condiciones sociales del factor bioló- &lt;br /&gt;
gico, sino que se acelera o se amortigua con arreglo al carácter del ré- &lt;br /&gt;
gimen social y al grado de su desarrollo. Marx ha puesto de manifiesto, en &lt;br /&gt;
El Capital, que a cada régimen históricamente determinado de produc- &lt;br /&gt;
ción son inherentes sus leyes de población propias y especificas, El régimen &lt;br /&gt;
capitalista de producción, con la explotación y la miseria de las masas &lt;br /&gt;
que lleva consigo, con las crisis y el paro forzoso, especialmente bajo las &lt;br /&gt;
condiciones del capitalismo contemporáneo, amortigua el crecimiento de &lt;br /&gt;
la población, influye sobre ella en un sentido negativo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El capitalismo se revela como un sistema reaccionario, como un freno &lt;br /&gt;
para el desarrollo de la humanidad, ya por el mero hecho de oponer ba- &lt;br /&gt;
rreras al crecimiento de la población. “La humanidad —escribía Engels— &lt;br /&gt;
podría multiplicarse más rápidamente de lo que cabe exigir de la sociedad &lt;br /&gt;
burguesa contemporánea. Lo cual es para nosotros una condición más &lt;br /&gt;
para declarar que la sociedad burguesa constituye un obstáculo puesto &lt;br /&gt;
al progreso y que debe ser eliminado”.* &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por el contrario, las condiciones del socialismo, en que crecen de un &lt;br /&gt;
modo ininterrumpido las fuerzas productivas y el bienestar material de &lt;br /&gt;
las masas trabajadoras, estimulan por todos los medios el crecimiento de la &lt;br /&gt;
población. Según los datos de antes de la guerra, la Unión Soviética, &lt;br /&gt;
con una población de 170 millones de habitantes, arrojaba un crecimiento &lt;br /&gt;
natural de la población mayor que toda la Europa capitalista, cuyo censo &lt;br /&gt;
de población ascendía a 399 millones de personas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como resultado del constante desarrollo del bienestar material de los &lt;br /&gt;
trabajadores y de los éxitos de la sanidad pública en la U. R. S. $S., de &lt;br /&gt;
1913 a 1953 el coeficiente de mortalidad ha descendido en más. de tres &lt;br /&gt;
veces. Y el descenso de la mortalidad infantil es mayor aún. Esto hace &lt;br /&gt;
que el aumento anual medio de la población, en la U. R. S. $., sea ma- &lt;br /&gt;
yor que antes de la guerra. Ello es el resultado del régimen socialista, que ha venido a liberar a los trabajadores de las crisis, el paro forzoso y la miseria. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los sociólogos y economistas burgueses —partidarios de la tendencia &lt;br /&gt;
biológica— tratan de encontrar en el crecimiento de la población la clave &lt;br /&gt;
para la comprensión de las leyes y fuerzas motrices de la vida social. &lt;br /&gt;
Algunos de ellos (por ejemplo, H. Spencer) ven en el crecimiento de la &lt;br /&gt;
población la causa primordial que impulsa el desarrollo de la sociedad y &lt;br /&gt;
hace marchar a ésta hacia adelante. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otros sociólogos burgueses adscritos a la tendencia biológica conside- &lt;br /&gt;
ran el crecimiento de la población, por el contrario, como la fuerza que &lt;br /&gt;
frena el desarrollo de la sociedad, y tratan de explicar las guerras, el &lt;br /&gt;
paro forzoso, el incremento de la miseria y otras lacras del capitalismo &lt;br /&gt;
como consecuencias del crecimiento “desmedido” de la población. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como hemos visto más arriba, Malthus, economista inglés de fines &lt;br /&gt;
del siglo XvInr y comienzos del XIX, para justificar el régimen capitalista, &lt;br /&gt;
inventó una “ley” según la cual el crecimiento de la población rebasa, &lt;br /&gt;
según él, el incremento de la producción de medios de subsistencia. En &lt;br /&gt;
esta inventada “discordancia” entre el crecimiento de la población y el &lt;br /&gt;
de los medios de subsistencia ve Malthus la causa del hambre, de la &lt;br /&gt;
miseria, del paro forzoso y de otras calamidades de los trabajadores bajo &lt;br /&gt;
el capitalismo. Pero, en realidad, el desarrollo de los países capitalistas &lt;br /&gt;
en los siglos XIX y XX atestigua que, en contra de la llamada “ley” de &lt;br /&gt;
Malthus, las fuerzas productivas y la riqueza social crecen bastante más &lt;br /&gt;
aprisa que la población. Lo que ocurre es que los frutos de la creciente &lt;br /&gt;
productividad del trabajo no se los apropian los trabajadores, sino la &lt;br /&gt;
burguesía y los demás explotadores. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Marx ha demostrado que, bajo el capitalismo, es la burguesía la que &lt;br /&gt;
se aprovecha del progreso técnico en contra de los obreros, que el des- &lt;br /&gt;
arrollo de las fuerzas productivas desaloja del proceso de producción a &lt;br /&gt;
nuevos y nuevos grupos de obreros. Y, a consecuencia de esto, se forma &lt;br /&gt;
una superpoblación relativa y crece el ejército de reserva del trabajo, el &lt;br /&gt;
ejército de los parados. Los maltusianos tratan de presentar esta super- &lt;br /&gt;
población relativa, engendrada por el régimen capitalista, como una super- &lt;br /&gt;
población absoluta, inherente según ellos a toda sociedad y que responde &lt;br /&gt;
a una “ley natural”. Pero el marxismo ha puesto de manifiesto que las &lt;br /&gt;
causas del paro forzoso, de la miseria de las masas y del hambre no &lt;br /&gt;
radican en las leyes de la naturaleza, sino en el sistema del capitalismo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A pesar de que hace ya mucho tiempo que la ciencia y la misma vida &lt;br /&gt;
social se han encargado de refutar la reacionaria teoría de Malthus, los &lt;br /&gt;
ideólogos de la burguesía imperialista siguen defendiéndola y propagán- &lt;br /&gt;
dola. Se valen de ella para justificar las contradicciones y las lacras del &lt;br /&gt;
capitalismo y para fundamentar la política anexionista del imperialismo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Winston Churchill, en un discurso pronunciado en octubre de 1951, &lt;br /&gt;
trataba de explicar las dificultades de la Inglaterra capitalista y las cala- &lt;br /&gt;
midades de su pueblo por la superpoblación del país. “En una isla capaz &lt;br /&gt;
para alimentar a 30 millones —declaraba Churchill— viven 50 millones &lt;br /&gt;
de personas”. De este modo, el dirigente político de la burguesía inglesa &lt;br /&gt;
en el siglo xx busca la explicación a las contradicciones del capitalismo &lt;br /&gt;
en la necedad inventada en el siglo XV1H por su inspirador, el cura Malthus. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero aún más cínicas y repulsivas que en Inglaterra son las formas &lt;br /&gt;
que las teorias neomaltusianas adoptan en Norteamérica. En 1948 vio &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la luz en los EE. UU, un libro del fascista Wilhelm Vogt titulado El &lt;br /&gt;
camino de la salvación, en el que se dice: “La humanidad se encuentra &lt;br /&gt;
en trance difícil. Debemos darnos cuenta de ello y dejar de lamentarnos &lt;br /&gt;
de los sistemas económicos, del tiempo, del fracaso y de la insensibili- &lt;br /&gt;
dad de los santos. Esto será el comienzo de la sabiduría y el primer paso &lt;br /&gt;
por nuestro largo camino. El segundo consistirá en la limitación de la &lt;br /&gt;
natalidad y en la restauración de los recursos”. Vogt declara que los &lt;br /&gt;
recursos naturales son limitados y la natalidad es excesiva. Uno de los ca- &lt;br /&gt;
pítulos de su libro se titula: “Demasiados norteamericanos”. Sobran, &lt;br /&gt;
según él, 45 millones de norteamericanos. La fuente de las calamidades &lt;br /&gt;
de los pueblos de las colonias y países dependientes se halla, según- Vogt &lt;br /&gt;
y las gentes de su mentalidad, no en el yugo colonial imperialista, sino &lt;br /&gt;
en la “superpoblación”. | &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El neomaltusianismo postula la implantación coactiva de medidas en- &lt;br /&gt;
caminadas a restringir la natalidad, a poner en práctica la esterilización. &lt;br /&gt;
Y considera como los medios más apetecibles para restringir la natalidad &lt;br /&gt;
la guerra y las epidemias. Estos monstruos reputan las malas cosechas, el &lt;br /&gt;
hambre y las epidemias, no como azotes, sino como bendiciones. Para &lt;br /&gt;
los neomaltusianos, la medicina y la sanidad pública no son un bien, &lt;br /&gt;
sino un mal, por cuanto que reducen la mortalidad y contribuyen al cre- &lt;br /&gt;
cimiento de la población. ¿No habrá demasiados niños?, es el título de &lt;br /&gt;
un libro del neomaltusiano francés P. Rebou (París, 1951). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La burguesía imperialista se vale de las ideas seudocientíficas del &lt;br /&gt;
maltusianismo, al igual que de los desvaríos de la “geopolítica”, en su po- &lt;br /&gt;
lítica exterior, como medio para justificar su dominación sobre las colonias &lt;br /&gt;
y cohonestar el atraso y la miseria escandalosas de los trabajadores. He &lt;br /&gt;
aquí, por ejemplo, lo que escribe el experto en economía de la burguesía &lt;br /&gt;
inglesa W, Ensti: “¿Dónde está el Malthus indio que se alce contra la &lt;br /&gt;
aparición en masa de los niños hindúes que devastan el país?” En todos &lt;br /&gt;
los escritos de los neomaltusianos, lo mismo que en las obras del propio &lt;br /&gt;
Malthus, se falsifican los datos acerca del crecimiento de la población &lt;br /&gt;
y de los medios de subsistencia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En su libro La India de hoy, Palme Dutt, basándose en una cantidad &lt;br /&gt;
inmensa de datos incontrovertibles, púlveriza los desvaríos neomaltusia- &lt;br /&gt;
nos; difundidos para justificar la dominación de los imperialistas ingleses, &lt;br /&gt;
norteamericanos y otros en los países de Asia, Africa y Sudamérica. En &lt;br /&gt;
contra de lo que sostienen los neomaltusianos, el aumento de la produc- &lt;br /&gt;
ción de medios de sustento, en la India y en todo el mundo, supera al &lt;br /&gt;
crecimiento de la población; el mal está en que los víveres y otros bienes, &lt;br /&gt;
.en los países capitalistas, no se hallan a disposición del pueblo, sino de &lt;br /&gt;
los explotadores. Como consecuencia de la aterradora mortalidad, el cre- &lt;br /&gt;
cimiento de la población en la India es considerablemente más bajo que &lt;br /&gt;
en Inglaterra y Europa. Así, el censo de población de la India es de 389 &lt;br /&gt;
millones de habitantes, en comparación con los 100 millones con que el &lt;br /&gt;
país contaba en el siglo xvi. El crecimiento de la población, en término &lt;br /&gt;
de tres siglos, ha sido, por tanto, solamente de 3,8 veces. La población de &lt;br /&gt;
Inglaterra y País de Gales, que en 1700 era de 5,1 millones de habitantes, &lt;br /&gt;
asciende actualmente a 40,4 millones,&amp;quot; lo que quiere decir que ha aumentado en 8 veces, durante un período de dos siglos y medio. Así se derrumba la &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
leyenda del “desmedido” crecimiento de la población en la India. Y, con &lt;br /&gt;
ella, la reaccionaria teoría neomaltusiana que atribuye al crecimiento de &lt;br /&gt;
la población la miseria de las masas, el hambre y el paro forzoso engen- &lt;br /&gt;
drados por el capitalismo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sólo el materialismo histórico nos ofrece una explicación científica &lt;br /&gt;
del crecimiento de la población y de lo que significa en el desarrollo de la &lt;br /&gt;
sociedad. El crecimiento de la población constituye una de las condicio- &lt;br /&gt;
nes de la vida material de la sociedad, que influye en el desarrollo de &lt;br /&gt;
ésta, pero que no determina ni puede determinar la estructura de la so- &lt;br /&gt;
ciedad de que se trata ni su paso de una formación social a otra. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;nowiki&amp;gt;*&amp;lt;/nowiki&amp;gt; Según las manifestaciones de Churchill más arriba citadas, a so millones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== El modo de producción, factor determinante  del desarrollo social. ===&lt;br /&gt;
¿Cuál es, entonces, el factor determinante del desarrollo social, la &lt;br /&gt;
causa. fundamental que determina la estructura de la sociedad y el paso &lt;br /&gt;
de un régimen social a otro? El materialismo histórico enseña que el &lt;br /&gt;
factor fundamental, determinante, del desarrollo de la sociedad es el modo &lt;br /&gt;
de producción de los bienes materiales, del alimento, el vestido, el calzado, &lt;br /&gt;
la vivienda, el combustible y los instrumentos de producción, necesarios &lt;br /&gt;
para que la sociedad pueda vivir y desarrollarse. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para vivir, los hombres necesitan alimento, vestido, calzado, tienen que &lt;br /&gt;
disponer de un techo y de combustible, etc. Para llegar a poseer estos &lt;br /&gt;
bienes que su vida hace indispensables, necesitan producirlos. Y la produc- &lt;br /&gt;
ción de bienes materiales requiere, a su vez, instrumentos de producción &lt;br /&gt;
y la capacidad necesaria para crearlos y utilizarlos en la lucha con la &lt;br /&gt;
naturaleza. La producción de bienes materiales constituye la base perma- &lt;br /&gt;
nente e imprescindible de vida de la sociedad. Si la producción cesase, la &lt;br /&gt;
sociedad desaparecería, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El hombre se remontó sobre el mundo animal y comenzó a ser hombre &lt;br /&gt;
gracias a la producción. En este sentido, dice Engels que el trabajo creó &lt;br /&gt;
al hombre mismo. Los animales se comportan pasivamente con la natu- &lt;br /&gt;
raleza exterior. Dependen totalmente, en su existencia y desarrollo, de lo &lt;br /&gt;
que la naturaleza circundante les brinda. La sociedad humana, por el &lt;br /&gt;
contrario, mantiene una lucha activa con la naturaleza y, por medio de &lt;br /&gt;
los instrumentos de producción, la hace servir a sus propias necesidades. &lt;br /&gt;
Valiéndose de las fuerzas y los objetos de la naturaleza exterior, la socie- &lt;br /&gt;
dad crea los productos, los bienes materiales necesarios para su existen- &lt;br /&gt;
cia, que la naturaleza no le ofrece ya acabados. | &lt;br /&gt;
Al producir los medios necesarios para su vida, los hombres producen &lt;br /&gt;
también, simultáneamente, su propia vida material. De aquí que la exis- &lt;br /&gt;
tencia y el desarrollo de la sociedad humana dependan integramente de &lt;br /&gt;
la producción de los bienes materiales, del desarrollo de la producción. La &lt;br /&gt;
producción es condición permanente de existencia del hombre, una ne- &lt;br /&gt;
cesidad natural eterna; sin producción, sería imposible el intercambio de &lt;br /&gt;
materias entre el hombre y la naturaleza, es decir, sería imposible la &lt;br /&gt;
misma vida humana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Marx define el proceso de producción, considerado bajo su forma ge- &lt;br /&gt;
neral y común a todas las fases de desarrollo de la sociedad, como la actividad del hombre encaminada a un fin y que crea los valores de uso, como el proceso con que el hombre, mediante su actividad, facilita, regula &lt;br /&gt;
y controla el intercambio de materias entre él mismo y la naturaleza. &lt;br /&gt;
“El hombre pone en acción las fuerzas naturales que forman su corporei- &lt;br /&gt;
dad, los brazos y las piernas, la cabeza y las manos, para de ese modo asi- &lt;br /&gt;
milarse, bajo una forma útil para su propiá vida, las materias que la natu- &lt;br /&gt;
raleza le brinda, y a la par que de ese modo actúa sobre la naturaleza &lt;br /&gt;
exterior a él y la transforma, transforma su propia naturaleza, desarrollan- &lt;br /&gt;
do las potencias que dormitan en él y sometiendo el juego de sus fuerzas &lt;br /&gt;
a su propia disciplina”.* &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A diferencia de los actos instintivos de los animales, el trabajo. hu- &lt;br /&gt;
mano es una actividad encaminada a un fin. Como tal, el trabajo es pro- &lt;br /&gt;
pio y exclusivo del hombre. La araña, escribe Marx, realiza operaciones &lt;br /&gt;
parecidas a las del telar, y la abeja, al construir sus panales, podría servir &lt;br /&gt;
de ejemplo a muchos arquitectos. “Pero hay algo en que el peor maestro &lt;br /&gt;
de obras aventaja, desde luego, a la peor abeja, y es el hecho de que, an- &lt;br /&gt;
tes de ejecutar la construcción, la proyecta en su cerebro. Al final del pro- &lt;br /&gt;
ceso de trabajo, brota un resultado que antes de comenzar el proceso exis- &lt;br /&gt;
tía ya en la mente del obrero, es decir, un resultado que tenía ya existencia &lt;br /&gt;
ideal. El obrero no se limita a hacer cambiar de forma la materia que le &lt;br /&gt;
brinda la naturaleza, sino que al mismo tiempo realiza con ello su fin, fin &lt;br /&gt;
que él sabe que rige como una ley las modalidades de su actuación y al &lt;br /&gt;
cual tiene necesariamente que supeditar su voluntad”.* &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
_ El trabajo humano, en cuanto actividad encaminada a un fin, en cuan- &lt;br /&gt;
to proceso de acción activa sobre la naturaleza, presupone como condición &lt;br /&gt;
necesaria la creación y el empleo de instrumentos de producción. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todo proceso de trabajo, todo proceso de producción, incluye los tres &lt;br /&gt;
factores siguientes: 1) una actividad del hombre encaminada a un fin, &lt;br /&gt;
que es el trabajo; 2) un objeto sobre el que el trabajo recae; 3) instru- &lt;br /&gt;
mentos de producción con ayuda de los cuales actúa el hombre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El proceso de producción surge cuando el hombre comienza a crear &lt;br /&gt;
instrumentos de producción. Ántes de crear instrumentos de producción, &lt;br /&gt;
siquiera fuesen lós más primitivos, a la manera de la piedra afilada o del &lt;br /&gt;
palo con ayuda de los cuales atacaba a las fieras o derribaba los frutos &lt;br /&gt;
del árbol, el mono antropoide antepasado del hombre no llezó a destacarse &lt;br /&gt;
todavía del reino animal. El mono antropoide remontóse sobre el mundo &lt;br /&gt;
animal y se transformó en el hombre a partir del momento en que comenzó &lt;br /&gt;
a crear instrumentos de producción. Con ayuda de éstos —de sus órganos &lt;br /&gt;
artificiales— prolongó, por así decirlo, las proporciones naturales de su &lt;br /&gt;
cuerpo y comenzó a someter a su poder la naturaleza. La producción y &lt;br /&gt;
el empleo de medios de producción “caracterizan el proceso de trabajo &lt;br /&gt;
especificamente humano”.* &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También el mono antropoide emplea, a veces, el palo y la piedra como &lt;br /&gt;
medios de defensa o de ataque. Pero ningún mono, ningún animal, llega &lt;br /&gt;
a producir ni el más rudimentario instrumento de trabajo. Los animales &lt;br /&gt;
de todas las especies, hasta las más altas, se limitan a utilizar lo que la naturaleza les ofrece. El único que crea sus instrumentos de producción es el hombre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La creación y el empleo por el hombre de instrumentos de trabajo, la &lt;br /&gt;
aparición de la producción, marca el comienzo de un nuevo tipo de des- &lt;br /&gt;
arrollo, el paso del reino animal a la sociedad humana. Esta se caracteriza &lt;br /&gt;
por la vigencia de nuevas leyes específicas y nuevas formas de desarrollo, &lt;br /&gt;
radicalmente distintas de las biológicas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el proceso del trabajo se transforma, no sólo la naturaleza, sino &lt;br /&gt;
también el propio hombre: se perfeccionan sus órganos naturales, se refina &lt;br /&gt;
su inteligencia, el hombre adquiere destreza y perspicacia. Gracias al tra- &lt;br /&gt;
bajo y a la producción, van progresando a lo largo de los milenios, de &lt;br /&gt;
generación en generación, los dos principales órganos naturales del hom- &lt;br /&gt;
bre, la mano y el cerebro. Por virtud principalmente del trabajo, la mano &lt;br /&gt;
humana alcanza tal perfección, que es capaz de crear obras inmortales &lt;br /&gt;
de la pintura como los cuadros de Rafael, de Tiziano, de Surikov, de &lt;br /&gt;
Repin, de Chishkin y de Levitán, o grandiosos monumentos arquitectóni- &lt;br /&gt;
cos, como las severas y esbeltas torres del Kremlin de Moscú. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El trabajo fué la condición decisiva para la aparición y el desarrollo &lt;br /&gt;
de la lengua, del lenguaje articulado. Sólo gracias al trabajo pudo la in- &lt;br /&gt;
teligencia del hombre alcanzar un grado tal de desarrollo que le permi- &lt;br /&gt;
tiera llegar a descifrar las innumerables cualidades de la materia, des: &lt;br /&gt;
cubrir los nexos internos entre los fenómenos de la naturaleza, penetrar &lt;br /&gt;
en sus leyes y, basándose en ellas, dominar las fuerzas naturales y obli- &lt;br /&gt;
garlas a actuar las unas sobre las otras, en consonancia con los fines, las &lt;br /&gt;
necesidades y las aspiraciones de la sociedad, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Paralelamente con el desarrollo de la mano, paso a paso, fué des- &lt;br /&gt;
arrollándose también la cabeza; surgió, primeramente, la conciencia de las &lt;br /&gt;
condiciones de resultados útiles de carácter práctico, y posteriormente, a &lt;br /&gt;
base de esto, en los pueblos que se encontraban en una situación más favo- &lt;br /&gt;
rable, el hombre llegó a comprender las leyes de la naturaleza que las hacian &lt;br /&gt;
posibles. Y, a la par con la comprensión sin cesar creciente de las leyes &lt;br /&gt;
naturales, se desarrollaron, a su vez, los medios para actuar sobre la natu- &lt;br /&gt;
raleza. Por medio de la mano solamente, jamás habría llegado el hombre a &lt;br /&gt;
inventar la máquina de vapor, si a la vez que la mano, paralelamente con &lt;br /&gt;
ella, y en parte gracias también a ella, no se hubiese desarrollado, asimismo, &lt;br /&gt;
congruentemente, el cerebro del hombre”.** &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La experiencia, la destreza y la perspicacia acumiladas en el proceso &lt;br /&gt;
de trabajo fueron plasmadas por el hombre en los instrumentos de pro- &lt;br /&gt;
ducción. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Instrumentos de producción son el objeto o el conjunto de objetos de &lt;br /&gt;
que el hombre trabajador se vale para actuar sobre el objeto del trabajo. &lt;br /&gt;
El hombre pone a contribución, en el proceso de trabajo, las propiedades &lt;br /&gt;
mecánicas, físicas y químicas de los cuerpos, para obligar a unos *cuerpos &lt;br /&gt;
a actuar sobre otros, en consonancia con el fin perseguido. Entre los ins- &lt;br /&gt;
trumentos de producción incluye Marx, ante todo, los medios mecánicos &lt;br /&gt;
de trabajo, el conjunto de los cuales llama “el sistema óseo y muscular de &lt;br /&gt;
la producción”. Estos medios de trabajo eran, en la época del feudalismo, el arado con reja de hierro, el molino de viento y una serie de instrumentos manuales, tales como el telar de mano y otros. Bajo el capitalismo, &lt;br /&gt;
encuentran la máxima difusión toda clase de máquinas y sistemas de &lt;br /&gt;
máquinas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En consonancia con los cambios operados en los instrumentos de pro- &lt;br /&gt;
ducción cambia también la fuerza de trabajo y cambian los hombres lla- &lt;br /&gt;
mados a poner en acción aquellos instrumentos. De aquí que los instru- &lt;br /&gt;
mentos de producción históricamente determinados sean la medida del &lt;br /&gt;
grado de desarrollo de la fuerza de trabajo humana. La producción a base &lt;br /&gt;
de máquinas de nuestros días presupone el correspondiente grado de des- &lt;br /&gt;
arrollo de los hombres, de los trabajadores productores de bienes mate- &lt;br /&gt;
riales y a quienes su experiencia productiva y sus hábitos de trabajo &lt;br /&gt;
capacitan para producir estas máquinas y manejarlas. Al surgir nuevos &lt;br /&gt;
instrumentos de producción, cambian también el carácter y el grado de &lt;br /&gt;
desarrollo de la fuerza de trabajo. Primero, cambian los instrumentos &lt;br /&gt;
de producción; después, y a tono con ello, cambian los hombres, los tra- &lt;br /&gt;
bajadores que los ponen en movimiento. Mientras no existieron locomo- &lt;br /&gt;
toras, no podía haber maquinistas. Los tractoristas y conductores de sega- &lt;br /&gt;
doras-trilladoras surgieron al aparecer los tractores y la maquinaria agrí- &lt;br /&gt;
cola. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los instrumentos de producción no son solamente la medida y el cri- &lt;br /&gt;
terio del grado de desarrollo de la fuerza de trabajo; son, además, el &lt;br /&gt;
exponente del nivel de desarrollo económico alcanzado por la sociedad. “Y &lt;br /&gt;
así como la estructura y armazón de los. restos de huesos tienen una gran &lt;br /&gt;
importancia para reconstruir la organización de especies animales desapa- &lt;br /&gt;
recidas, los vestigios de instrumentos de trabajo nos sirven para apreciar &lt;br /&gt;
antiguas formaciones económicas de la sociedad ya sepultada”. “Lo que &lt;br /&gt;
distingue a las épocas económicas unas de otras no es lo que se hace, sino &lt;br /&gt;
el cómo se hace, con qué instrumentos de trabajo se hace”. Las épocas eco- &lt;br /&gt;
nómicas no se distinguen solamente por lo que se produce, sino por el &lt;br /&gt;
modo cómo se produce, por los medios de trabajo que para ello se em- &lt;br /&gt;
plean”.*? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero, por muy grande que sea la importancia de los instrumentos de &lt;br /&gt;
trabajo, en el proceso de producción de los bienes materiales y en el &lt;br /&gt;
desarrollo de la sociedad, de por sí, desligados de los hombres, no consti- &lt;br /&gt;
tuyen nunca la fuerza de producción social. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Una máquina que no presta servicio en el proceso de trabajo es una &lt;br /&gt;
máquina inútil. Y no sólo es inútil, sino que además cae bajo la acción &lt;br /&gt;
destructora del intercambio natural de materias. El hierro se oxida, la &lt;br /&gt;
madera se pudre. La hebra no tejida o devanada es algodón echado a &lt;br /&gt;
perder. El trabajo vivo tiene que hacerse cargo de estas eosas, resucitarlas &lt;br /&gt;
Je entre los muertos, convertirlas de valores de uso potenciales en valo- &lt;br /&gt;
res de uso reales y activos”.1% | &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los instrumentos de producción los crean y ponen en movimiento los &lt;br /&gt;
hombres, los productores de los bienes materiales. Las fuerzas productivas &lt;br /&gt;
de la sociedad no consisten, por tanto, solamente en los instrumentos de &lt;br /&gt;
producción, sino también, y sobre todo, en los hombres llamados a utilizarlos en los procesos productivos. La fuerza productiva más importante son los trabajadores. “Los obreros, los trabajadores, son la primordial &lt;br /&gt;
fuerza productiva de toda la humanidad”.* &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las fuerzas productivas de la sociedad son, por tanto, los instrumentos &lt;br /&gt;
de producción mediante los cuales se producen los bienes materiales, y &lt;br /&gt;
los hombres que los ponen en movimiento, llevando a cabo la producción &lt;br /&gt;
de dichos bienes, gracias a su experiencia y a sus hábitos de trabajo. &lt;br /&gt;
Estos dos elementos, considerados en conjunto e integrando una unidad, &lt;br /&gt;
forman las fuerzas productivas de la sociedad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ahora bien, las fuerzas productivas no son más que uno de los as- &lt;br /&gt;
pectos del modo de producción. Constituyen la actitud activa de la socie- &lt;br /&gt;
dad ante la naturaleza, ante los objetos y las fuerzas naturales de que la &lt;br /&gt;
sociedad se vale para la producción de los bienes materiales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El segundo aspecto necesario de todo modo de producción son las &lt;br /&gt;
relaciones de producción entre los hombres. Los hombres dedicados a pro- &lt;br /&gt;
ducir no mantienen determinadas relaciones solamente con la naturaleza, &lt;br /&gt;
sino también los unos con los otros. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“En la producción —dice Marx—, los hombres no actúan solamente &lt;br /&gt;
sobre la naturaleza, sino que actúan también los unos sobre los otros, No &lt;br /&gt;
pueden producir sin asociarse de un cierto modo, para actuar en común y &lt;br /&gt;
establecer un intercambio de actividades. Para producir, los hombres con- &lt;br /&gt;
traen determinados vínculos y relaciones, y a través de estos vínculos y rela- &lt;br /&gt;
ciones sociales, y sólo a través de ellos, es cómo se relacionan con la natu- &lt;br /&gt;
raleza y cómo se efectúa la producción”.*5 &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La producción de los bienes materiales es siempre, en todas las fases &lt;br /&gt;
de desarrollo de la humanidad, una producción social, El hombre es un &lt;br /&gt;
ser social. No puede vivir al margen de la sociedad, al margen de las &lt;br /&gt;
relaciones de producción con los demás hombres. Estos no pueden ocuparse &lt;br /&gt;
de la producción aisladamente, de un modo individual, independiente- &lt;br /&gt;
mente los unos de los otros. La figura y el mito de Robinson no son sino &lt;br /&gt;
el fruto de la imaginación de los literatos y de los economistas burgueses. &lt;br /&gt;
En la realidad, los hombres se han ocupado siempre de la producción y &lt;br /&gt;
han librado la lucha con la naturaleza, no aisladamente, sino conjunta- &lt;br /&gt;
mente, en grupos, en sociedades. Por eso, en la producción, los hombres &lt;br /&gt;
establecen siempre entre sí determinadas relaciones de producción, inde- &lt;br /&gt;
pendientes de su voluntad. Los mismos campesinos y artesanos, cuyo trabajo &lt;br /&gt;
se basa en la propiedad privada sobre los medios de producción y que &lt;br /&gt;
crean sus productos individualmente, por su cuenta y riesgo, se hallan &lt;br /&gt;
enlazados, de hecho, con la producción social. Su producción tiene carác- &lt;br /&gt;
ter social, porque se hallan vinculados con el resto de la sociedad, con los &lt;br /&gt;
demás productores de bienes materiales, por medio de la división social &lt;br /&gt;
del trabajo. Y, en particular, los instrumentos de producción empleados &lt;br /&gt;
por los campesinos y los artesanos, no los han creado ellos mismos, sino &lt;br /&gt;
otros hombres, los encargados de extraer el mineral de hierro, de con- &lt;br /&gt;
vertirlo en hierro fundido y en acero, en arados, hoces y guadañas, en &lt;br /&gt;
trilladoras, clavos, etc. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las relaciones de producción forman, en cada sociedad, una red muy &lt;br /&gt;
complicada de nexos y relaciones entre los hombres que toman parte en &lt;br /&gt;
la producción. Tomemos como ejemplo la sociedad capitalista. En ella &lt;br /&gt;
existen, ante todo, la propiedad capitalista sobre los medios de produc- &lt;br /&gt;
ción y, a base de ella, las relaciones de explotación de los obreros por &lt;br /&gt;
los capitalistas. Del campo de las relaciones de producción forman también &lt;br /&gt;
parte las relaciones entre los hombres que se ocupar. en las diversas ramas &lt;br /&gt;
de la producción. La división del trabajo entre la ciudad y el campo, la &lt;br /&gt;
explotación capitalista de la aldea por la ciudad, caen también dentro &lt;br /&gt;
del campo de las relaciones de producción. Como son, asimismo, rela- &lt;br /&gt;
ciones económicas, de producción, todas las que forman la complicada &lt;br /&gt;
red de las relaciones del mercado, las relaciones de la compraventa y la &lt;br /&gt;
concurrencia. Entre todos estos tipos de relaciones de producción existe &lt;br /&gt;
un nexo, una interdependencia, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para poder comprender la vida social, hay que buscar la base sobre &lt;br /&gt;
que descansa este complejo sistema de relaciones de producción. Esta &lt;br /&gt;
base, que determina el carácter del modo de producción y la fisonomía de &lt;br /&gt;
toda la sociedad, es la relación entre los hombres y los medios de produc- &lt;br /&gt;
ción; dicho en otros términos, la forma de propiedad que sobre éstos &lt;br /&gt;
recae. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Si el estado de las fuerzas productivas responde a la pregunta de &lt;br /&gt;
con qué instrumentos de producción crean los hombres los bienes mate- &lt;br /&gt;
riales que les son necesarios, el estado de las relaciones de producción &lt;br /&gt;
responde ya a otra pregunta: ¿en poder de quién están los medios de &lt;br /&gt;
producción (la tierra, los bosques, las aguas, el subsuelo, las materias pri- &lt;br /&gt;
mas, las herramientas y los edificios dedicados a la producción, las vías &lt;br /&gt;
y medios de comunicación, etc.), a disposición de quién se hallan los me- &lt;br /&gt;
dios de producción: a disposición de toda la sociedad, o a disposición de &lt;br /&gt;
determinados individuos, grupos o clases, que los emplean para explotar a. &lt;br /&gt;
otros individuos, grupos o clases ?”** &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las formas de propiedad sobre los medios de producción determinan &lt;br /&gt;
todas las demás relaciones vigentes en la sociedad de que se trata; la &lt;br /&gt;
situación de los distintos grupos sociales en el campo de la producción, sus &lt;br /&gt;
relaciones mutuas, las formas de distribución de los productos: todas &lt;br /&gt;
estas relaciones dependen íntegramente del carácter de la propiedad sobre &lt;br /&gt;
los medios de producción. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La propiedad sobre los medios de producción no es, simplemente, una &lt;br /&gt;
relación entre hombres y cosas: es una relación social entre hombres, &lt;br /&gt;
que se expresa por intermedio de las cosas, a través de la relación con &lt;br /&gt;
los medios de producción: la clase de los hombres a la que pertenecen los &lt;br /&gt;
medios de producción (los capitalistas y terratenientes) domina a los hom- &lt;br /&gt;
bres carentes total o parcialmente de medios de producción (a los proleta- &lt;br /&gt;
rios y los campesinos). En la fábrica capitalista, por ejemplo, las relacio- &lt;br /&gt;
nes entre el capitalista y el obrero es una relación de explotación, de &lt;br /&gt;
dominación y de sometimiento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los economistas y sociólogos burgueses, al definir las relaciones eco- &lt;br /&gt;
nómicas entre los hombres, destacan lo que aparece en la superficie, a &lt;br /&gt;
saber: las relaciones de distribución de los productos. Tratan de esfumar, en cambio, lo esencial, lo fundamental: la forma de la propiedad, la relación con los medios de producción, que determina la situación y el lugar &lt;br /&gt;
que en la producción ocupan los hombres, dentro de la sociedad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Criticando la superficialidad de las concepciones burguesas acerca de &lt;br /&gt;
las relaciones económicas entre los hombres, escribe Marx: “Antes de ser &lt;br /&gt;
distribución de los productos, la distribución es: 1) distribución de los &lt;br /&gt;
instrumentos de producción, y 2), lo que sólo representa una caracteriza- &lt;br /&gt;
ción distinta de la relación anterior, distribución de los miembros de la &lt;br /&gt;
sociedad entre los distintos tipos de producción (clasificación de los in- &lt;br /&gt;
dividuos entre las relaciones de producción determinadas). La distribución &lt;br /&gt;
de los productos no es, evidentemente, sino el resultado de esta distri- &lt;br /&gt;
bución que va implícita en el proceso mismo de producción y que deter- &lt;br /&gt;
mina la estructura de ésta”.*” &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así, pues, la forma de la propiedad sobre los medios de producción &lt;br /&gt;
es lo principal, lo fundamental, lo que determina la naturaleza, el carác- &lt;br /&gt;
ter de las relaciones de producción imperantes en la sociedad de que &lt;br /&gt;
se trata. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las relaciones de producción entre los hombres son relaciones mate- &lt;br /&gt;
riales. A diferencia de las relaciones ideológicas, existen al margen de la &lt;br /&gt;
conciencia e independientemente de la voluntad de los hombres. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los falsificadores del marxismo, idealistas del tipo de Max Adler y A. &lt;br /&gt;
Bogdanov, y sus continuadores, por el estilo de un E, Báse (en la Ale- &lt;br /&gt;
mania occidental), tratan de presentar las relaciones de producción como &lt;br /&gt;
relaciones psíquicas, espirituales, identificando el ser social con la con- &lt;br /&gt;
ciencia social. Se basan para ello en el hecho de que los hombres inter- &lt;br /&gt;
vienen en la producción como seres dotados de conciencia, de que la &lt;br /&gt;
actividad productiva es una actividad consciente; de donde, según ellos, &lt;br /&gt;
se deduce que también las relaciones creadas en el campo de la produc- &lt;br /&gt;
ción se establecen por medio de la conciencia, son relaciones de carácter &lt;br /&gt;
psíquico, espiritual. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero el hecho de que los hombres entren en relaciones los unos con &lt;br /&gt;
los otros como seres conscientes no significa, ni mucho menos, que las &lt;br /&gt;
relaciones de producción se identifiquen con la conciencia social, He aquí &lt;br /&gt;
lo que acerca de esto dice Lenin: “Al entrar en relaciones, los hombres, &lt;br /&gt;
en todas las formaciones sociales más o menos complejas —y, especial. &lt;br /&gt;
mente, én la formación social capitalista—, no tienen conciencia de &lt;br /&gt;
cuáles son las relaciones sociales que así se plasman, de las leyes con arre- &lt;br /&gt;
elo a las cuales se desarrollan, etc.”?8 &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El granjero canadiense, por ejemplo, al vender su trigo, entra en &lt;br /&gt;
determinadas relaciones de producción con los productores de trigo del &lt;br /&gt;
mercado mundial, con los hacendados argentinos, los granjeros de los &lt;br /&gt;
EE. UU., los de Dinamarca, etc., pero no tiene conciencia de ello, ni se &lt;br /&gt;
apercibe de las relaciones sociales de producción que con este motivo se &lt;br /&gt;
establecen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los revisionistas, al afirmar que las relaciones de producción tienen &lt;br /&gt;
un carácter inmaterial, se remiten a la tesis de Marx de que las relacio- &lt;br /&gt;
nes de valor son relaciones de producción, pero sin que el valor contenga ni un átomo de la materia de que están formadas las mercancías, Y así és, en efecto: el valor de la mercancía es distinto de la forma na- &lt;br /&gt;
tural de ésta, Pero es una relación social de producción de carácter &lt;br /&gt;
material, objetiva e independiente de la conciencia de los hombres. El &lt;br /&gt;
concepto de “relación material” no se reduce a las relaciones entre cosas. &lt;br /&gt;
También son relaciones materiales, existentes al margen de la conciencia, &lt;br /&gt;
las relaciones creadas entre los hombres en el proceso de la producción. &lt;br /&gt;
Y tienen como base las relaciones de propiedad sobre los medios de pro- &lt;br /&gt;
ducción, sobre las fábricas e industrias, sobre la tierra; relaciones de &lt;br /&gt;
cuya materialidad sólo pueden dudar quienes no estén en su sano juicio o &lt;br /&gt;
se hallen prisioneros de la filosofía idealista burguesa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las relaciones de explotación del hombre por el hombre son también, &lt;br /&gt;
evidentemente, relaciones objetivas, materiales: la clase obrera de los &lt;br /&gt;
países capitalistas siente sobre sí, todos los días y a todas horas, el yugo &lt;br /&gt;
de esta explotación. Ve y comprende la diferencia radical que existe en- &lt;br /&gt;
tre la realidad de la explotación y los bienes ilusorios en el “otro mundo” &lt;br /&gt;
que le prometen los ideólogos de la burguesía, los curas cristianos, los &lt;br /&gt;
musulmanes, los socialdemócratas y otros. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las relaciones de producción entre los hombres que históricamente &lt;br /&gt;
han existido y las que existen pueden revestir una de dos formas: pueden &lt;br /&gt;
ser relaciones de cooperación y ayuda mutua entre hombres libres de &lt;br /&gt;
toda explotación, o relaciones de dominación y sometimiento. Así, bajo &lt;br /&gt;
las condiciones de la esclavitud, del feudalismo y el capitalismo, las rela- &lt;br /&gt;
ciones de producción revisten la forma de relaciones de dominación y &lt;br /&gt;
sometimiento, de relaciones entre explotadores y explotados. Son relaciones &lt;br /&gt;
de producción que se expresan en la dominación de una clase por otra, &lt;br /&gt;
relaciones basadas en la propiedad privada sobre los medios de producción &lt;br /&gt;
y en el divorcio entre los medios de producción y los productores directos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por el contrario, bajo las condiciones de la sociedad socialista, que &lt;br /&gt;
destruye la propiedad privada sobre los medios de producción y acaba con &lt;br /&gt;
la explotación del hombre por el hombre, las relaciones de producción en- &lt;br /&gt;
tre los hombres son relaciones de fraternal cooperación y ayuda mutua so- &lt;br /&gt;
cialista, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las relaciones de producción revisten una forma u otra según a quién &lt;br /&gt;
pertenezcan los medios de producción y, consiguientemente, con arreglo &lt;br /&gt;
al modo como los medios de producción se enlacen con los productores &lt;br /&gt;
directos. ? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Cualesquiera que sean las formas sociales de la producción, sus facto- &lt;br /&gt;
res son siempre los medios de producción y los obreros. Pero tanto unos &lt;br /&gt;
como otros son solamente, mientras se hallan separados, factores potenciales &lt;br /&gt;
de producción. Para poder producir en realidad, tienen que combinarse. &lt;br /&gt;
Sus distintas combinaciones distinguen las diversas épocas económicas de &lt;br /&gt;
la estructura social”.** &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El modo capitalista de producción se caracteriza por el divorcio entre &lt;br /&gt;
los productores directos, los obreros, y los medios de producción, por la &lt;br /&gt;
transformación de los trabajadores en proletarios. Para poder existir, &lt;br /&gt;
para no morirse de hambre, los obreros tienen que vender su fuerza de &lt;br /&gt;
trabajo al capitalista, al propietario de los medios de producción. Por donde, bajo el régimen capitalista, la unión de los obreros con los medios de producción sólo puede llevarse a cabo mediante la venta de la fuerza de &lt;br /&gt;
trabajo al capitalista. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cambio, en la sociedad socialista, los trabajadores se unen directa- &lt;br /&gt;
mente con los medios de producción. Bajo este régimen, los medios de &lt;br /&gt;
producción pertenecen a los mismos trabajadores, razón por la cual no &lt;br /&gt;
se conocen aquí las relaciones de dominación y sometimiento, la explo- &lt;br /&gt;
tación del hombre por el hombre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La historia nos habla también de ciertas relaciones de transición de &lt;br /&gt;
una forma de relaciones de producción a otra. Una de estas formas &lt;br /&gt;
de transición fueron, por ejemplo, las relaciones de producción creadas &lt;br /&gt;
al desintegrarse el régimen de la comunidad primitiva. A esta fase de &lt;br /&gt;
transición del régimen de la comunidad primitiva al régimen esclavista &lt;br /&gt;
engendrado en su seno podemos referir, en particular, las relaciones eco- &lt;br /&gt;
nómicas de la Grecia de Homero, cuya imagen nos transmite la Odisea. &lt;br /&gt;
En la época de la instauración de la sociedad de clase, eran relaciones &lt;br /&gt;
transitorias de producción las creadas en el seno de la comunidad agraria &lt;br /&gt;
(la “marca”, entre los germanos, y el “mir” entre los eslavos), que vi- &lt;br /&gt;
nieron a sustituir a la comunidad gentilicia. Rasgo característico de la &lt;br /&gt;
comunidad agraria era la coexistencia en ella de las superviviencias de &lt;br /&gt;
la propiedad comunal junto a la propiedad privada. Según la expresión &lt;br /&gt;
de Marx, la comunidad rural fué “la fase de transición a la formación de &lt;br /&gt;
segundo grado, es decir, el tránsito de la sociedad basada en la propie- &lt;br /&gt;
dad colectiva a la sociedad basada en la propiedad privada”.* &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También en el período de transición del capitalismo, con sus relaciones &lt;br /&gt;
de dominación y sometimiento, al socialismo, en el que prevalecen las re- &lt;br /&gt;
laciones de fraternal cooperación y ayuda mutua entre hombres libres &lt;br /&gt;
de toda explotación, ocupan su lugar las relaciones transitorias de pro- &lt;br /&gt;
ducción. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las relaciones socialistas de producción no surgen de repente, bajo &lt;br /&gt;
una forma acabada y definitiva. Estas nuevas formas de relaciones &lt;br /&gt;
económicas entre los hombres van plasmándose, desarrollándose y afian- &lt;br /&gt;
zándose a lo largo de todo el periodo de transición del capitalismo al socia- &lt;br /&gt;
lismo. En la economía del período de transición del capitalismo al so- &lt;br /&gt;
cialismo, según la definición de Lenin, se combinan los rasgos del régimen &lt;br /&gt;
capitalista, ya liquidado, pero aún no destruído, y los del régimen socia- &lt;br /&gt;
lista, que nace y va desarrollándose.? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero, cualquiera que sea el carácter de las relaciones de producción, &lt;br /&gt;
éstas constituyen siempre, en todas y cada una de las fases de desarrollo &lt;br /&gt;
de la sociedad, un elemento tan necesario de la producción como las &lt;br /&gt;
fuerzas productivas. El modo de producción es la unidad de las fuerzas &lt;br /&gt;
productivas y las relaciones de producción, en el proceso de producción &lt;br /&gt;
de los bienes materiales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El modo de producción de los bienes materiales determina la estruc- &lt;br /&gt;
tura de la sociedad. Al modo de producción imperante en la sociedad de &lt;br /&gt;
que se trata, corresponde el régimen social. El modo de producción determina la presencia o la ausencia de las clases sociales, el carácter de las relaciones inutuas entre estas clases, el carácter de la ideología dominante &lt;br /&gt;
y de las instituciones políticas y jurídicas vigentes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por ejemplo, el modo capitalista, basado en la propiedad privada sobre &lt;br /&gt;
los medios de producción, determina la división de la sociedad en dos &lt;br /&gt;
clases antagónicas, el proletariado y la burguesía, Todas las relaciones &lt;br /&gt;
sociales de la sociedad capitalista, incluyendo las concepciones políticas, &lt;br /&gt;
jurídicas, religiosas y artísticas, así como las instituciones sociales, polí- &lt;br /&gt;
ticas, jurídicas y de otro tipo, se hallan condicionadas por el modo ca- &lt;br /&gt;
pitalista de producción. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“El modo de producción de la vida material condiciona los procesos &lt;br /&gt;
de la vida social, política y espiritual, en general”.?2 La estructura de la &lt;br /&gt;
sociedad no. depende de los deseos ni las intenciones de los hombres, de &lt;br /&gt;
las ideas o las teorías, de las forma del Estado y del derecho. El carácter &lt;br /&gt;
y la estructura de toda sociedad se hallan determinados por el modo de &lt;br /&gt;
producción imperante. Al cambiar el modo de producción, cambia tam- &lt;br /&gt;
bién todo el régimen social, cambian las ideas políticas, jurídicas, reli- &lt;br /&gt;
giosas, artísticas, filosóficas, y cambian las instituciones políticas, jurídicas, &lt;br /&gt;
etc., de la sociedad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Son los cambios operados en el modo de producción de los bienes &lt;br /&gt;
materiales, y no las ideas y teorías, ni el medio geográfico, ni el creci- &lt;br /&gt;
miento de la población, los que permiten explicar el carácter del régimen &lt;br /&gt;
social, de sus ideas e instituciones, comprender por qué un régimen social &lt;br /&gt;
es desplazado por otro, y por qué precisamente por éste y no por otro &lt;br /&gt;
cualquiera; por qué, por ejemplo, el régimen social capitalista es des- &lt;br /&gt;
plazado, concretamente, por el régimen socialista. La explicación cientí- &lt;br /&gt;
fica, materialista, del desarrollo de la sociedad ha permitido establecer &lt;br /&gt;
las leyes determinadas, objetivas, no dependientes de la voluntad de los &lt;br /&gt;
hombres, que rigen el cambio de una formación social por otra, el cam- &lt;br /&gt;
bio de las formaciones sociales inferiores por las superiores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Resumen ==&lt;br /&gt;
Por tanto, la fuente de que nacen las ideas sociales, las concepcio- &lt;br /&gt;
nes sociales, las teorías e instituciones políticas, debe buscarse en &lt;br /&gt;
las condiciones de la vida material de la sociedad. Y, dentro del sis- &lt;br /&gt;
tema de las condiciones de la vida material de la sociedad, el factor &lt;br /&gt;
que determina la estructura y el desarrollo de ésta es el modo de pro- &lt;br /&gt;
ducción de los bienes materiales. Ál modo de producción imperante &lt;br /&gt;
en la sociedad de que se trata corresponden el tipo de sociedad, su &lt;br /&gt;
estructura, y las clases existentes en la sociedad dada, sus ideas, sus &lt;br /&gt;
concepciones y sus instituciones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para no equivocarse en política, el partido del proletariado debe &lt;br /&gt;
atenerse, en su actuación, no a los principios abstractos dela razón &lt;br /&gt;
humana, sino a las condiciones concretas de la vida material de la &lt;br /&gt;
sociedad y, en particular, a las del desarrollo de los modos de pro- &lt;br /&gt;
ducción, como factor determinante del desarrollo social. Los partidos &lt;br /&gt;
políticos que hacen caso omiso de la función determinante de las condiciones de la vida material en el desarrollo de la sociedad, están irremisiblemente condenados a fracasar. La bancarrota de los socialistas &lt;br /&gt;
utópicos, de los populistas, de los socialrevolucionarios y de los anar- &lt;br /&gt;
quistas se explica por el hecho de que, volviéndose de espaldas al papel &lt;br /&gt;
predominante de las condiciones de vida material de la sociedad, ca- &lt;br /&gt;
yeron en el idealismo y basaron su actuación, no de acuerdo con las &lt;br /&gt;
exigencias del desarrollo de la vida material de la sociedad, sino par- &lt;br /&gt;
tiendo de proyectos y planes abstractos y arbitrarios, desconectados &lt;br /&gt;
de la realidad. | &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La grandiosa fuerza vital del partido marxista-leninista reside en &lt;br /&gt;
que se basa siempre, para su actuación, en la comprensión cientifica &lt;br /&gt;
de las exigencias del desarrollo de la vida material de la sociedad, sin &lt;br /&gt;
apartarse jamás de la vida real, de los intereses de la clase obrera, de &lt;br /&gt;
los intereses de las masas populares.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Ledlecreeper27</name></author>
	</entry>
	<entry>
		<id>https://es.prole.wiki/w/index.php?title=Biblioteca:El_Materialismo_Hist%C3%B3rico&amp;diff=8356</id>
		<title>Biblioteca:El Materialismo Histórico</title>
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		<updated>2024-09-14T21:21:14Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Ledlecreeper27: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{Obra de biblioteca&lt;br /&gt;
| titulo = El Materialismo Histórico&lt;br /&gt;
| autor= Fyodor Vasilyevich Konstantinov&lt;br /&gt;
| lugar_de_publicacion = Ciudad de México&lt;br /&gt;
| fecha_de_publicacion = 1951&lt;br /&gt;
| fecha_de_edicion = 1966&lt;br /&gt;
| num_ed = 15&lt;br /&gt;
| traductor = Wenceslao Roces&lt;br /&gt;
| editora = Editorial Grijalbo&lt;br /&gt;
| isbn = 968-419-269-X&lt;br /&gt;
|fuente=https://archive.org/details/konstantinov.-el-materialismo-historico-ocr-1957/mode/1up| tipo = Libro&lt;br /&gt;
}}&lt;br /&gt;
{{Biblioteca:El Materialismo Histórico/Prólogo}}&lt;br /&gt;
{{Biblioteca:El Materialismo Histórico/Capitulo I}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Categoría:Documentos de biblioteca de la Unión Sovietica]]&lt;br /&gt;
[[Categoría:Obras de biblioteca sobre filosofía]]&lt;br /&gt;
[[Categoría:Obras de biblioteca sobre economía]]&lt;br /&gt;
[[Categoría:Obras de biblioteca sobre geopolítica]]&lt;br /&gt;
{{DEFAULTSORT:Materialismo_Histórico}}&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Ledlecreeper27</name></author>
	</entry>
	<entry>
		<id>https://es.prole.wiki/w/index.php?title=Biblioteca:El_Materialismo_Hist%C3%B3rico&amp;diff=8355</id>
		<title>Biblioteca:El Materialismo Histórico</title>
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		<updated>2024-09-14T21:14:24Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Ledlecreeper27: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{Obra de biblioteca&lt;br /&gt;
| titulo = El Materialismo Histórico&lt;br /&gt;
| autor= Fyodor Vasilyevich Konstantinov&lt;br /&gt;
| lugar_de_publicacion = Ciudad de México&lt;br /&gt;
| fecha_de_publicacion = 1951&lt;br /&gt;
| fecha_de_edicion = 1966&lt;br /&gt;
| num_ed = 15&lt;br /&gt;
| traductor = Wenceslao Roces&lt;br /&gt;
| editora = Editorial Grijalbo&lt;br /&gt;
| isbn = 968-419-269-X&lt;br /&gt;
|fuente=https://archive.org/details/konstantinov.-el-materialismo-historico-ocr-1957/mode/1up| tipo = Libro&lt;br /&gt;
}}&lt;br /&gt;
==Prólogo a la segunda edición rusa==&lt;br /&gt;
{{Biblioteca:El Materialismo Histórico/Prólogo}}&lt;br /&gt;
==La cienca del materialismo histórico==&lt;br /&gt;
{{Biblioteca:El Materialismo Histórico/Capitulo I}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Categoría:Documentos de biblioteca de la Unión Sovietica]]&lt;br /&gt;
[[Categoría:Obras de biblioteca sobre filosofía]]&lt;br /&gt;
[[Categoría:Obras de biblioteca sobre economía]]&lt;br /&gt;
[[Categoría:Obras de biblioteca sobre geopolítica]]&lt;br /&gt;
{{DEFAULTSORT:Materialismo_Histórico}}&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Ledlecreeper27</name></author>
	</entry>
	<entry>
		<id>https://es.prole.wiki/w/index.php?title=Biblioteca:Trabajo_asalariado_y_capital&amp;diff=6999</id>
		<title>Biblioteca:Trabajo asalariado y capital</title>
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		<updated>2024-05-04T18:16:14Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Ledlecreeper27: Página creada&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{Obra de biblioteca|titulo=Trabajo asalariado y capital|autor=Karl Marx|escrito en=1849}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De diversas partes se nos ha reprochado el que no hayamos expuesto las &#039;&#039;relaciones económicas&#039;&#039; que forman la base material de la lucha de clases y de las luchas nacionales de nuestros días. Sólo hemos examinado intencionadamente estas relaciones allí donde se imponían directamente en las colisiones políticas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tratábase, principalmente, de seguir la lucha de clases en la historia cotidiana, y demostrar empíricamente, con los materiales históricos existentes y con los que iban apareciendo todos los días, que con el sojuzgamiento de la clase obrera, protagonista de febrero y marzo, fueron vencidos, al propio tiempo, sus adversarios: en Francia, los republicanos burgueses, y en todo el continente europeo, las clases burguesas y campesinas en lucha contra el absolutismo feudal; que el triunfo de la «república honesta» en Francia fue, al mismo tiempo, la derrota de las naciones que habían respondido a la revolución de febrero con heroicas guerras de independencia; y, finalmente, que con la derrota de los obreros revolucionarios, Europa ha vuelto a caer bajo su antigua doble esclavitud: la esclavitud &#039;&#039;anglo-rusa&#039;&#039;. La batalla de junio en París, la caída de Viena, la tragicomedia del noviembre berlinés de 1848, los esfuerzos desesperados de Polonia, Italia y Hungría, el sometimiento de Irlanda por el hambre: tales fueron los acontecimientos principales en que se resumió la lucha europea de clases entre la burguesía y la clase obrera, y a través de los cuales hemos demostrado que todo levantamiento revolucionario, por muy alejada que parezca estar su meta de la lucha de clases, tiene necesariamente que fracasar mientras no triunfe la clase obrera revolucionaria, que toda reforma social no será más que una utopía mientras la revolución proletaria y la contrarrevolución feudal no midan sus armas en una &#039;&#039;guerra mundial&#039;&#039;. En nuestra descripción lo mismo que en la realidad, &#039;&#039;Bélgica&#039;&#039; y &#039;&#039;Suiza&#039;&#039; eran estampas de género, caricaturescas y tragicómicas en el gran cuadro histórico: una, el Estado modelo de la monarquía burguesa; la otra, el Estado modelo de la república burguesa, y ambas, Estados que se hacen la ilusión de estar tan libres de la, lucha de clases como de la revolución europea.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ahora que nuestros lectores han visto ya desarrollarse la lucha de clases, durante el año 1848, en formas políticas gigantescas, ha llegado el momento de analizar más de cerca las relaciones económicas en que descansan por igual la existencia de la burguesía y su dominación de clase, así como la esclavitud de los obreros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Expondremos en tres grandes apartados:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
1) La relación entre &#039;&#039;el trabajo asalariado y el capital&#039;&#039;, la esclavitud del obrero, la dominación del capitalista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
2) &#039;&#039;La inevitable ruina, bajo el sistema actual, de las clases medias burguesas y del llamado estamento campesino&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
3) &#039;&#039;El sojuzgamiento y la explotación comercial de las clases burguesas de las distintas naciones europeas por Inglaterra&#039;&#039;, el déspota del mercado mundial.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nos esforzaremos por conseguir que nuestra exposición sea lo más sencilla y popular posible, sin dar por supuestas ni las nociones más elementales de la Economía Política. Queremos que los obreros nos entiendan. Además, en Alemania reinan una ignorancia y una confusión de conceptos verdaderamente asombrosas acerca de las relaciones económicas más simples, que van desde los defensores patentados del orden de cosas existente hasta los &#039;&#039;taumaturgos socialistas&#039;&#039; y los &#039;&#039;genios políticos incomprendidos&#039;&#039;, que en la desmembrada Alemania abundan todavía más que los «padres de la Patria».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pasemos, pues, al primer problema:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;¿Qué es el salario? ¿Cómo se determina?&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si preguntamos a los obreros qué salario perciben, uno nos contestará: «Mi burgués me paga un marco por la jornada de trabajo»; el otro: «Yo recibo dos marcos», etc. Según las distintas ramas del trabajo a que pertenezcan, nos indicarán las distintas cantidades de dinero que los burgueses respectivos les pagan por la ejecución de una tarea determinada, v.gr., por tejer una vara de lienzo o por componer un pliego de imprenta. Pero, pese a la diferencia de datos, todos coinciden en un punto: el salario es la cantidad de dinero que el capitalista paga por un determinado tiempo de trabajo o por la ejecución de una tarea determinada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por tanto, diríase que el capitalista les &#039;&#039;compra&#039;&#039; con dinero el trabajo de los obreros. Estos le &#039;&#039;venden&#039;&#039; por dinero su trabajo. Pero esto no es más que la apariencia. Lo que en realidad venden los obreros al capitalista por dinero es su &#039;&#039;fuerza&#039;&#039; de trabajo. El capitalista compra esta fuerza de trabajo por un día, una semana, un mes, etc. Y, una vez comprada, la consume, haciendo que los obreros trabajen durante el tiempo estipulado. Con el mismo dinero con que les compra su fuerza de trabajo, por ejemplo, con los dos marcos, el capitalista podría comprar dos libras de azúcar o una determinada cantidad de otra mercancía cualquiera. Los dos marcos con los que compra dos libras de azúcar son el &#039;&#039;precio&#039;&#039; de las dos libras de azúcar. Los dos marcos con los que compra doce horas de uso de la fuerza de trabajo son el precio de un trabajo de doce horas. La fuerza de trabajo es, pues, una mercancía, ni más ni menos que el azúcar. Aquélla se mide con el reloj, ésta, con la balanza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los obreros cambian su mercancía, la fuerza de trabajo, por la mercancía del capitalista, por el dinero y este cambio se realiza guardándose una determinada proporción: tanto dinero por tantas horas de uso de la fuerza de trabajo. Por tejer durante doce horas, dos marcos. Y estos dos marcos, ¿no representan todas las demás mercancías que pueden adquirirse por la misma cantidad de dinero? En realidad, el obrero ha cambiado su mercancía, la fuerza de trabajo, por otras mercancías de todo género, y siempre en una determinada proporción. Al entregar dos marcos, el capitalista le entrega, a cambio de su jornada de trabajo, la cantidad correspondiente de carne, de ropa, de leña, de luz, etc. Por tanto, los dos marcos expresan la proporción en que la fuerza de trabajo se cambia por otras mercancías, o sea el &#039;&#039;valor de cambio&#039;&#039; de la fuerza de trabajo. Ahora bien, el valor de cambio de una mercancía, expresado en &#039;&#039;dinero&#039;&#039;, es precisamente su &#039;&#039;precio&#039;&#039;. Por consiguiente, el &#039;&#039;salario&#039;&#039; no es más que un nombre especial con que se designa el precio de la fuerza de trabajo, o lo que suele llamarse &#039;&#039;precio del trabajo&#039;&#039;, el nombre especial de esa peculiar mercancía que sólo toma cuerpo en la carne y la sangre del hombre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tomemos un obrero cualquiera, un tejedor, por ejemplo. El capitalista le suministra el telar y el hilo. El tejedor se pone a trabajar y el hilo se convierte en lienzo. El capitalista se adueña del lienzo y lo vende en veinte marcos, por ejemplo. ¿Acaso el salario del tejedor representa una &#039;&#039;parte&#039;&#039; del lienzo, de los veinte marcos, del producto de su trabajo? Nada de eso. El tejedor recibe su salario mucho antes de venderse el lienzo, tal vez mucho antes de que haya acabado el tejido. Por tanto, el capitalista no paga este salario con el dinero que ha de obtener del lienzo, sino de un fondo de dinero que tiene en reserva. Las mercancías entregadas al tejedor a cambio de la suya, de la fuerza de trabajo, no son productos de su trabajo, del mismo modo que no lo son el telar y el hilo que el burgués le ha suministrado. Podría ocurrir que el burgués no encontrase ningún comprador para su lienzo. Podría ocurrir también que no se reembolsase con el producto de su venta ni el salario pagado. Y puede ocurrir también que lo venda muy ventajosamente, en comparación con el salario del tejedor. Al tejedor todo esto le tiene sin cuidado. El capitalista, con una parte de la fortuna de que dispone, de su capital, compra la fuerza de trabajo del tejedor, exactamente lo mismo que con otra parte de la fortuna ha comprado las materias primas —el hilo— y el instrumento de trabajo —el telar—. Una vez hechas estas compras, entre las que figura la de la fuerza de trabajo necesaria para elaborar el lienzo, el capitalista produce ya &#039;&#039;con materias primas e instrumentos de trabajo de su exclusiva pertenencia&#039;&#039;. Entre los instrumentos de trabajo va incluido también, naturalmente, nuestro buen tejedor, que participa en el producto o en el precio del producto en la misma medida que el telar; es decir, absolutamente en nada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;Por tanto, el salario no es la parte del obrero en la mercancía por él producida. El salario es la parte de la mercancía ya existente, con la que el capitalista compra una determinada cantidad de fuerza de trabajo productiva&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La fuerza de trabajo es, pues, una mercancía que su propietario, el obrero asalariado, vende al capital. ¿Para qué la vende? Para vivir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ahora bien, la fuerza de trabajo en acción, el trabajo mismo, es la propia actividad vital del obrero, la manifestación misma de su vida. Y esta &#039;&#039;actividad vital&#039;&#039; la vende a otro para asegurarse los &#039;&#039;medios de vida&#039;&#039; necesarios. Es decir, su actividad vital no es para él más que un medio para poder existir. Trabaja para vivir. El obrero ni siquiera considera el trabajo parte de su vida; para él es más bien un sacrificio de su vida. Es una mercancía que ha adjudicado a un tercero. Por eso el producto de su actividad no es tampoco el fin de esta actividad. Lo que el obrero produce para sí no es la seda que teje ni el oro que extrae de la mina, ni el palacio que edifica. Lo que produce para sí mismo es el &#039;&#039;salario&#039;&#039;; y la seda, el oro y el palacio se reducen para él a una determinada cantidad de medios de vida, si acaso a una chaqueta de algodón, unas monedas de cobre y un cuarto en un sótano. Y para el obrero que teje, hila, taladra, tornea, construye, cava, machaca piedras, carga, etc., por espacio de doce horas al día, ¿son estas doce horas de tejer, hilar, taladrar, tornear, construir, cavar y machacar piedras la manifestación de su vida, su vida misma? Al contrario. Para él, la vida comienza allí donde terminan estas actividades, en la mesa de su casa, en el banco de la taberna, en la cama. Las doce horas de trabajo no tienen para él sentido alguno en cuanto a tejer, hilar, taladrar, etc., sino solamente como medio para &#039;&#039;ganar&#039;&#039; el dinero que le permite sentarse a la mesa o en el banco de la taberna y meterse en la cama. Si el gusano de seda hilase para ganarse el sustento como oruga, sería un auténtico obrero asalariado. La fuerza de trabajo no ha sido siempre una &#039;&#039;mercancía&#039;&#039;. El trabajo no ha sido siempre trabajo asalariado, es decir, &#039;&#039;trabajo libre&#039;&#039;. El &#039;&#039;esclavo&#039;&#039; no vendía su fuerza de trabajo al esclavista, del mismo modo que el buey no vende su trabajo al labrador. El esclavo es vendido de una vez y para siempre, con su fuerza de trabajo, a su dueño. Es una mercancía que puede pasar de manos de un dueño a manos de otro. El es una mercancía, pero su fuerza de trabajo no es una mercancía &#039;&#039;suya&#039;&#039;. El &#039;&#039;siervo de la gleba&#039;&#039; sólo vende una parte de su fuerza de trabajo. No es él quien obtiene un salario del propietario del suelo; por el contrario, es éste, el propietario del suelo, quien percibe de él un tributo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El siervo de la gleba es un atributo del suelo y rinde frutos al dueño de éste. En cambio, el &#039;&#039;obrero libre&#039;&#039; se vende él mismo y además, se vende en partes. Subasta 8, 10, 12, 15 horas de su vida, día tras día, entregándolas al mejor postor, al propietario de las materias primas, instrumentos de trabajo y medios de vida; es decir, al capitalista. El obrero no pertenece a ningún propietario ni está adscrito al suelo, pero las 8, 10, 12, 15 horas de su vida cotidiana pertenecen a quien se las compra. El obrero, en cuanto quiera, puede dejar al capitalista a quien se ha alquilado, y el capitalista le despide cuando se le antoja, cuando ya no le saca provecho alguno o no le saca el provecho que había calculado. Pero el obrero, cuya única fuente de ingresos es la venta de su fuerza de trabajo, no puede desprenderse de &#039;&#039;toda la clase de los compradores&#039;&#039;, es decir, &#039;&#039;de la clase de los capitalistas&#039;&#039;, sin renunciar a su existencia. No pertenece a tal o cual capitalista, sino a la &#039;&#039;clase capitalista en conjunto&#039;&#039;, y es incumbencia suya encontrar un patrono, es decir, encontrar dentro de esta clase capitalista un comprador.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Antes de pasar a examinar más de cerca la relación entre el capital y el trabajo asalariado, expondremos brevemente los factores más generales que intervienen en la determinación del salario.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El &#039;&#039;salario&#039;&#039; es, como hemos visto, el &#039;&#039;precio&#039;&#039; de una determinada mercancía, de la fuerza de trabajo. Por tanto, el salario se halla determinado por las mismas leyes que determinan el precio de cualquier otra mercancía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ahora bien, nos preguntamos: ¿&#039;&#039;Cómo se determina el precio de una mercancía&#039;&#039;?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;¿Qué es lo que determina el precio de una mercancía?&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es la competencia entre compradores y vendedores, la relación entre la demanda y la oferta, entre la apetencia y la oferta. La competencia que determina el precio de una mercancía tiene &#039;&#039;tres aspectos&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La misma mercancía es ofrecida por diversos vendedores. Quien venda mercancías de igual calidad a precio más barato, puede estar seguro de que eliminará del campo de batalla a los demás vendedores y se asegurará mayor venta. Por tanto, los vendedores se disputan mutuamente la venta, el mercado. Todos quieren vender, vender lo más que puedan, y, si es posible, vender ellos solos, eliminando a los demás. Por eso unos venden más barato que otros. Tenemos, pues, una &#039;&#039;competencia entre vendedores&#039;&#039;, que &#039;&#039;abarata&#039;&#039; el precio de las &#039;&#039;mercancías&#039;&#039; puestas a la venta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero hay también una &#039;&#039;competencia entre compradores&#039;&#039;, que a su vez, &#039;&#039;hace subir&#039;&#039; el precio de las mercancías puestas a la venta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y, finalmente, hay la &#039;&#039;competencia entre compradores y vendedores&#039;&#039;; unos quieren comprar lo más barato posible, otros vender lo más caro que puedan. El resultado de esta competencia entre compradores y vendedores dependerá de la relación existente entre los dos aspectos de la competencia mencionada más arriba; es decir, de que predomine la competencia entre las huestes de los compradores o entre las huestes de los vendedores. La industria lanza al campo de batalla a dos ejércitos contendientes, en las filas de cada uno de los cuales se libra además una batalla intestina. El ejército cuyas tropas se pegan menos entre sí es el que triunfa sobre el otro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Supongamos que en el mercado hay 100 balas de algodón y que existen compradores para 1.000 balas. En este caso, la demanda es, como vemos, diez veces mayor que la oferta. La competencia entre los compradores será, por tanto, muy grande; todos querrán conseguir una bala, y si es posible las cien. Este ejemplo no es ninguna suposición arbitraria. En la historia del comercio hemos asistido a períodos de mala cosecha algodonera, en que unos cuantos capitalistas coligados pugnaban por comprar, no ya cien balas, sino todas las reservas de algodón de la tierra. En el caso que citamos, cada comprador procurará, por tanto, desalojar al otro, ofreciendo un precio relativamente mayor por cada bala de algodón. Los vendedores, que ven a las fuerzas del ejército enemigo empeñadas en una rabiosa lucha intestina y que tienen segura la venta de todas sus cien balas, se guardarán muy mucho de irse a las manos para hacer bajar los precios del algodón, en un momento en que sus enemigos se desviven por hacerlos subir. Se hace, pues, a escape, la paz entre las huestes de los vendedores. Estos se enfrentan como &#039;&#039;un solo&#039;&#039; hombre con los compradores, se cruzan olímpicamente de brazos. Y sus exigencias no tendrían límite si no lo tuvieran, y muy concreto, hasta las ofertas de los compradores más insistentes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por tanto, cuando la oferta de una mercancía es inferior a su demanda, la competencia entre los vendedores queda anulada o muy debilitada. Y en la medida en que se atenúa esta competencia, crece la competencia entablada entre los compradores. Resultado: alza más o menos considerable de los precios de las mercancías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con mayor frecuencia se da, como es sabido, el caso inverso, y con inversos resultados: exceso considerable de la oferta sobre la demanda; competencia desesperada entre los vendedores; falta de compradores; lanzamiento de las mercancías al malbarato.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero, ¿qué significa eso del alza y la baja de los precios? ¿Qué quiere decir precios altos y precios bajos? Un grano de arena es alto si se le mira al microscopio, y, comparada con una montaña. una torre resulta baja. Si el precio está determinado por la relación entre la oferta y la demanda, ¿qué es lo que determina esta relación entre la oferta y la demanda?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntemos al primer burgués que nos salga al paso. No separará a meditar ni un instante, sino que, cual nuevo Alejandro Magno, cortará este nudo metafísico [1] con la tabla de multiplicar. Nos dirá: si el fabricar la mercancía que vendo me ha costado cien marcos y la vendo por 110 —pasado un año, se entiende—, esta ganancia es una ganancia moderada, honesta y decente. Si obtengo, a cambio de esta mercancía, 120, 130 marcos, será ya una ganancia alta; y si consigo hasta 200 marcos, la ganancia será extraordinaria, enorme. ¿Qué es lo que le sirve a nuestro burgués de criterio para medir la ganancia? El &#039;&#039;coste de producción&#039;&#039; de su mercancía. Si a cambio de esta mercancía obtiene una cantidad de otras mercancías cuya producción ha costado menos, pierde. Si a cambio de su mercancía obtiene una cantidad de otras mercancías cuya producción ha costado más, gana. Y calcula la baja o el alza de su ganancia por los grados que el valor de cambio de su mercancía acusa por debajo o por encima de cero, por debajo o por encima del &#039;&#039;coste de producción&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hemos visto que la relación variable entre la oferta y la demanda lleva aparejada tan pronto el alza como la baja de los precios determina tan pronto precios altos como precios bajos. Si el precio de una mercancía sube considerablemente, porque la oferta baje o porque crezca desproporcionadamente la demanda, con ello necesariamente bajará en proporción el precio de cualquier otra mercancía, pues el precio de una mercancía no hace más que expresar en dinero la proporción en que otras mercancías se entregan a cambio de ella. Si, por ejemplo, el precio de una vara de seda sube de cinco marcos a seis, bajará el precio de la plata en relación con la seda, y asimismo disminuirá, en proporción con ella, el precio de todas las demás mercancías que sigan costando igual que antes. Para obtener la misma cantidad de seda ahora habrá que dar a cambio una cantidad mayor de aquellas otras mercancías. ¿Qué ocurrirá al subir el precio de una mercancía? Una masa de capitales afluirá a la rama industrial floreciente, y esta afluencia de capitales al campo de la industria favorecida durará hasta que arroje las ganancias normales; o más exactamente, hasta que el precio de sus productos descienda, empujado por la superproducción, por debajo del coste de producción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y viceversa. Si el precio de una mercancía desciende por debajo de su coste de producción, los capitales se retraerán de la producción de esta mercancía. Exceptuando el caso en que una rama industrial no corresponda ya a la época, y, por tanto, tenga que desaparecer, esta huida de los capitales irá reduciendo la producción de aquella mercancía, es decir, su oferta, hasta que corresponda a la demanda, y, por tanto, hasta que su precio vuelva a levantarse al nivel de su coste de producción, o, mejor dicho, hasta que la oferta sea inferior a la demanda; es decir, hasta que su precio rebase nuevamente su coste de producción, &#039;&#039;pues el precio corriente de una mercancía es siempre inferior o superior a su coste de producción&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vemos que los capitales huyen o afluyen constantemente del campo de una industria al de otra. Los precios altos determinan una afluencia excesiva, y los precios bajos, una huida exagerada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Podríamos demostrar también, desde otro punto de vista, cómo el coste de producción determina, no sólo la oferta, sino también la demanda. Pero esto nos desviaría demasiado de nuestro objetivo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acabamos de ver cómo las oscilaciones de la oferta y la demanda vuelven a reducir siempre el precio de una mercancía a su coste de producción. &#039;&#039;Es cierto que el precio real de una mercancía es siempre superior o inferior al coste de producción, pero el alza y la baja se compensan mutuamente&#039;&#039;, de tal modo que, dentro de un determinado período de tiempo, englobando en el cálculo el flujo y el reflujo de la industria, puede afirmarse que las mercancías se cambian unas por otras con arreglo a su coste de producción, y su precio se determina, consiguientemente, por aquél.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta determinación del precio por el coste de producción no debe entenderse en el sentido en que la entienden los economistas. Los economistas dicen que el &#039;&#039;precio medio&#039;&#039; de las mercancías equivale al coste de producción; que esto es la &#039;&#039;ley&#039;&#039;. Ellos consideran como obra del azar el movimiento anárquico en que el alza se nivela con la baja y ésta con el alza. Con el mismo derecho podría considerarse, como lo hacen en efecto otros economistas, que estas oscilaciones son la ley, y la determinación del precio por el coste de producción, fruto del azar. En realidad, si se las examina de cerca. se ve que estas oscilaciones acarrean las más espantosas desolaciones y son como terremotos que hacen estremecerse los fundamentos de la sociedad burguesa. son las únicas que en su curso determinan el precio por el coste de producción. El movimiento conjunto de este desorden es su orden. En el transcurso de esta anarquía industrial, en este movimiento cíclico, la concurrencia se encarga de compensar, como si dijésemos, una extravagancia con otra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vemos, pues, que el precio de una mercancía se determina por su coste de producción, de modo que las épocas en que el precio de esta mercancía rebasa el coste de producción se compensan con aquellas en que queda por debajo de este coste de producción, y viceversa. Claro está que esta norma no rige para un producto industrial concreto, sino solamente para la rama industrial entera. No rige tampoco, por tanto, para un solo industrial, sino únicamente para la clase entera de los industriales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La determinación del precio por el coste de producción equivale a la determinación del precio por el tiempo de trabajo necesario para la producción de una mercancía, pues el coste de producción está formado:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
1) por las materias primas y el desgaste de los instrumentos, es decir, por productos industriales cuya fabricación ha costado una determinada cantidad de jornadas de trabajo y que representan, por tanto, una determinada cantidad de tiempo de trabajo. y&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
2) por el trabajo directo; cuya medida es también el tiempo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las mismas leyes generales que regulan el precio de las mercancías en general regulan también, naturalmente, el &#039;&#039;salario&#039;&#039;, el &#039;&#039;precio del trabajo&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La remuneración del trabajo subirá o bajará según la relación entre la demanda y la oferta, según el cariz que presente la competencia entre los compradores de la fuerza de trabajo, los capitalistas, y los vendedores de la fuerza de trabajo, los obreros. A las oscilaciones de los precios de las mercancías en general les corresponden las oscilaciones del salario. &#039;&#039;Pero, dentro de estas oscilaciones, el precio del trabajo se hallará determinado por el coste de producción, por el tiempo de trabajo necesario para producir esta mercancía, que es la fuerza de trabajo&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;Ahora bien, ¿cuál es el coste de producción de la fuerza de trabajo?&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;Es lo que cuesta sostener al obrero como tal obrero y educarlo para este oficio&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por tanto, cuanto menos tiempo de aprendizaje exija un trabajo, menor será el coste de producción del obrero, más bajo el precio de su trabajo, su salario. En las ramas industriales que no exigen apenas tiempo de aprendizaje, bastando con la mera existencia corpórea del obrero, el coste de producción de éste se reduce casi exclusivamente a las mercancías necesarias para que aquél pueda vivir en condiciones de trabajar. Por tanto, aquí el &#039;&#039;precio de su trabajo&#039;&#039; estará determinado por el &#039;&#039;precio de los medios de vida indispensables&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero hay que tener presente, además, otra circunstancia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El fabricante, al calcular su coste de producción, y con arreglo a él el precio de los productos, incluye en el cálculo el desgaste de los instrumentos de trabajo. Si una máquina le cuesta, por ejemplo, mil marcos y se desgasta totalmente en diez años, agregará cien marcos cada año al precio de las mercancías fabricadas, para, al cabo de los diez años, poder sustituir la máquina ya agotada, por otra nueva. Del mismo modo hay que incluir en el coste de producción de la fuerza de trabajo simple el coste de procreación que permite a la clase obrera estar en condiciones de multiplicarse y de reponer los obreros agotados por otros nuevos. El desgaste del obrero entra, por tanto, en los cálculos, ni más ni menos que el desgaste de las máquinas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por tanto, el coste de producción de la fuerza de trabajo simple se cifra siempre en los &#039;&#039;gastos de existencia y reproducción del obrero&#039;&#039;. El precio de este coste de existencia y reproducción es el que forma el salario. El salario así determinado es lo que se llama el &#039;&#039;salario mínimo&#039;&#039;. Al igual que la determinación del precio de las mercancías en general por el coste de producción, este salario mínimo no rige para el &#039;&#039;individuo&#039;&#039;, sino para la &#039;&#039;especie&#039;&#039;. Hay obreros, millones de obreros, que no ganan lo necesario para poder vivir y procrear; &#039;&#039;pero el salario de la clase obrera en conjunto&#039;&#039; se nivela, dentro de sus oscilaciones, sobre la base de este mínimo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ahora, después de haber puesto en claro las leyes generales que regulan el salario, al igual que el precio de cualquier otra mercancía, ya podemos entrar de un modo más concreto en nuestro tema.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El capital está formado por materias primas, instrumentos de trabajo y medios de vida de todo género que se emplean para producir nuevas materias primas, nuevos instrumentos de trabajo y nuevos medios de vida. Todas estas partes integrantes del capital son hijas del trabajo, productos del trabajo, &#039;&#039;trabajo acumulado&#039;&#039;. El trabajo acumulado que sirve de medio de nueva producción es el capital.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así dicen los economistas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Qué es un esclavo negro? Un hombre de la raza negra. Una explicación vale tanto como la otra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un negro es un negro. Sólo en determinadas condiciones se convierte en esclavo. Una máquina de hilar algodón es una máquina para hilar algodón. Sólo en determinadas condiciones se convierte en &#039;&#039;capital&#039;&#039;. Arrancada a estas condiciones, no tiene nada de capital, del mismo modo que el oro no es de por &#039;&#039;sí dinero&#039;&#039;, ni el azúcar el precio del azúcar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la producción, los hombres no actúan solamente sobre la naturaleza, sino que actúan también los unos sobre los otros. No pueden producir sin asociarse de un cierto modo, para actuar en común y establecer un intercambio de actividades. Para producir los hombres contraen determinados vínculos y relaciones, y a través de estos vínculos y relaciones sociales, y sólo a través de ellos, es cómo se relacionan con la naturaleza y cómo se efectúa la producción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estas relaciones sociales que contraen los productores entre sí, las condiciones en que intercambian sus actividades y toman parte en el proceso conJunto de la producción variarán, naturalmente según el carácter de los medios de producción. Con la invención de un nuevo instrumento de guerra, el arma de fuego, hubo de cambiar forzosamente toda la organización interna de los ejércitos. cambiaron las relaciones dentro de las cuales formaban los individuos un ejército y podían actuar como tal, y cambió también la relación entre los distintos ejércitos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las relaciones sociales en las que los individuos producen, &#039;&#039;las relaciones sociales de producción, cambian, por tanto, se transforman, al cambiar y desarrollarse los medios materiales de producción, las fuerzas productivas&#039;&#039;. &#039;&#039;Las relaciones de producción forman en conjunto lo que se llaman las relaciones sociales, la sociedad, y concretamente, una sociedad con un determinado grado de desarrollo histórico&#039;&#039;, una sociedad de carácter peculiar y distintivo. La sociedad &#039;&#039;antigua&#039;&#039;, la sociedad &#039;&#039;feudal&#039;&#039;, la sociedad &#039;&#039;burguesa&#039;&#039;, son otros tantos conjuntos de relaciones de producción, cada uno de los cuales representa, a la vez, un grado especial de desarrollo en la historia de la humanidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También el &#039;&#039;capital&#039;&#039; es una relación social de producción. &#039;&#039;Es una relación burguesa de producción&#039;&#039;, una relación de producción de la sociedad burguesa. Los medios de vida, los instrumentos de trabajo, las materias primas que componen el capital, ¿no han sido producidos y acumulados bajo condiciones sociales dadas, en determinadas relaciones sociales? ¿No se emplean para un nuevo proceso de producción bajo condiciones sociales dadas, en determinadas relaciones sociales? ¿Y no es precisamente este carácter social determinado el que convierte &#039;&#039;en capital&#039;&#039; los productos destinados a la nueva producción?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El capital no se compone solamente de medios de vida, instrumentos de trabajo y materias primas, no se compone solamente de productos materiales; se compone igualmente de &#039;&#039;valores de cambio&#039;&#039;. Todos los productos que lo integran son &#039;&#039;mercancías&#039;&#039;. El capital no es, pues, solamente una suma de productos materiales; es una suma de mercancías, de valores de cambio, de &#039;&#039;magnitudes sociales&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El capital sigue siendo el mismo, aunque sustituyamos la lana por algodón, el trigo por arroz, los ferrocarriles por vapores, a condición de que el algodón, el arroz y los vapores —el cuerpo del capital— tengan el mismo valor de cambio, el mismo precio que la lana, el trigo y los ferrocarriles en que antes se encarnaba. El cuerpo del capital es susceptible de cambiar constantemente, sin que por eso sufra el capital la menor alteración.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero, si todo capital es una suma de mercancías, es decir, de valores de cambio, no toda suma de mercancías, de valores de cambio, es capital.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Toda suma de valores de cambio es un valor de cambio. Todo valor de cambio concreto es una suma de valores de cambio. Por ejemplo, una casa que vale mil marcos es un valor de cambio de mil marcos. Una hoja de papel que valga un pfennig, es una suma de valores de cambio de fennig.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los productos susceptibles de ser cambiados por otros productos son &#039;&#039;mercancías&#039;&#039;. La proporción concreta en que pueden cambiarse constituye su &#039;&#039;valor de cambio&#039;&#039;, o, si se expresa en dinero, su &#039;&#039;precio&#039;&#039;. La cantidad de estos productos no altera para nada su destino de mercancías, de ser un valor de cambio o de tener un determinado precio. Sea grande o pequeño, un árbol es siempre un árbol. Por el hecho de cambiar hierro por otros productos en medias onzas o en quintales, ¿cambia su carácter de mercancía, de valor de cambio? Lo único que hace el volumen es dar a una mercancía mayor o menor valor, un precio más alto o más bajo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ahora bien, ¿cómo se convierte en capital una suma de mercancías, de valores de cambio?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por el hecho de que, en cuanto &#039;&#039;fuerza&#039;&#039; social independiente, es decir, en cuanto fuerza en poder de &#039;&#039;una parte de la sociedad&#039;&#039;, se conserva y aumenta por medio del &#039;&#039;intercambio con la fuerza de trabajo inmediata, viva&#039;&#039;. La existencia de una clase que no posee nada más que su capacidad de trabajo es una premisa necesaria para que exista el capital.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sólo el dominio del trabajo acumulado, pretérito, materializado sobre el trabajo inmediato, vivo, convierte el trabajo acumulado en capital.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El capital no consiste en que el trabajo acumulado sirva al trabajo vivo como medio para nueva producción. Consiste en que el trabajo vivo sirva al trabajo acumulado como medio para conservar y aumentar su valor de cambio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Qué acontece en el intercambio entre el capitalista y el obrero asalariado?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El obrero obtiene a cambio de su fuerza de trabajo medios de vida, pero, a cambio de estos medios de vida de su propiedad, el capitalista adquiere trabajo, la actividad productiva del obrero, la fuerza creadora con la cual el obrero no sólo repone lo que consume, sino que &#039;&#039;da al trabajo acumulado un mayor valor del que antes poseía&#039;&#039;. El obrero recibe del capitalista una parte de los medios de vida existentes. ¿Para qué le sirven estos medios de vida? Para su consumo inmediato. Pero, al consumir los medios de vida de que dispongo, los pierdo irreparablemente, a no ser que emplee el tiempo durante el cual me mantienen estos medios de vida en producir otros, en crear con mi trabajo, mientras los consumo, en vez de los valores destruidos al consumirlos, otros nuevos. Pero esta noble fuerza reproductiva del trabajo es precisamente la que el obrero cede al capital, a cambio de los medios de vida que éste le entrega. Al cederla, se queda, pues, sin ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pongamos un ejemplo. Un granjero abona a su jornalero cinco silbergroschen por día. Por los cinco silbergroschen el jornalero trabaja la tierra del granjero durante un día entero, asegurándole con su trabajo un ingreso de diez silbergroschen. El granjero no sólo recobra los valores que cede al jornalero, sino que los duplica. Por tanto, invierte, consume de un modo fecundo, productivo. los cinco silbergroschen que paga al jornalero. Por estos cinco silbergroschen compra precisamente el trabajo y la fuerza del jornalero, que crean productos del campo por el doble de valor y convierten los cinco silbergroschen en diez. En cambio, el jornalero obtiene en vez de su fuerza productiva, cuyos frutos ha cedido al granjero, cinco silbergroschen, que cambia por medios de vida, los cuales se han consumido de dos modos: &#039;&#039;reproductivamente&#039;&#039; para el capital, puesto que éste los cambia por una fuerza de trabajo [*] que produce diez silbergroschen; &#039;&#039;improductivamente&#039;&#039; para el obrero, pues los cambia por medios de vida que desaparecen para siempre y cuyo valor sólo puede recobrar repitiendo el cambio anterior con el granjero. &#039;&#039;Por consiguiente, el capital presupone el trabajo asalariado, y éste, el capital&#039;&#039;. &#039;&#039;Ambos se condicionan y se engendran recíprocamente&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un obrero de una fábrica algodonera ¿produce solamente tejidos de algodón? No, produce capital. Produce valores que sirven de nuevo para mandar sobre su trabajo y crear, por medio de éste, nuevos valores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El capital sólo puede aumentar cambiándose por fuerza de trabajo, engendrando el trabajo asalariado. Y la fuerza de trabajo del obrero asalariado sólo puede cambiarse por capital acrecentándolo, fortaleciendo la potencia de que es esclava. &#039;&#039;El aumento del capital es, por tanto, aumento del proletariado, es decir, de la clase obrera&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El interés del capitalista y del obrero es, por consiguiente, &#039;&#039;el mismo&#039;&#039;, afirman los burgueses y sus economistas. En efecto, el obrero perece si el capital no le da empleo. El capital perece si no explota la fuerza de trabajo, y, para explotarla, tiene que comprarla. Cuanto más velozmente crece el capital destinado a la producción, el capital productivo, y, por consiguiente, cuanto más próspera es la industria, cuanto más se enriquece la burguesía, cuanto mejor marchan los negocios, más obreros necesita el capitalista y más caro se vende el obrero.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por consiguiente, la condición imprescindible para que la situación del obrero sea tolerable es que &#039;&#039;crezca con la mayor rapidez posible el capital productivo&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero, ¿qué significa el crecimiento del capital productivo? Significa el crecimiento del poder del trabajo acumulado sobre el trabajo vivo. El aumento de la dominación de la burguesía sobre la clase obrera. Cuando el trabajo asalariado produce la riqueza extraña que le domina, la potencia enemiga suya, el capital, refluyen a él, emanados de éste, medios de trabajo, es decir, medios de vida, a condición de que se convierta de nuevo en parte integrante del capital, en palanca que le haga crecer de nuevo con ritmo acelerado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;Decir que los intereses del capital y los intereses de los obreros son los mismos, equivale simplemente a decir que el capital y el trabajo asalariado son dos aspectos de una misma relación&#039;&#039;. &#039;&#039;El uno se halla condicionado por el otro, como el usurero por el derrochador, y viceversa&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mientras el obrero asalariado es obrero asalariado, su suerte depende del capital. He ahí la tan cacareada comunidad de intereses entre el obrero y el capitalista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al crecer el capital, crece la masa del trabajo asalariado, crece el número de obreros asalariados; en una palabra, la dominación del capital se extiende a una masa mayor de individuos. Y, suponiendo el caso más favorable: al crecer el capital productivo, crece la demanda de trabajo y crece también, por tanto, el precio del trabajo, el salario.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sea grande o pequeña una casa, mientras las que la rodean son también pequeñas cumple todas las exigencias sociales de una vivienda, pero, si junto a una casa pequeña surge un palacio, la que hasta entonces era casa se encoge hasta quedar convertida en una choza. La casa pequeña indica ahora que su morador no tiene exigencias, o las tiene muy reducidas; y, por mucho que, en el transcurso de la civilización, su casa gane en altura, si el palacio vecino sigue creciendo en la misma o incluso en mayor proporción, el habitante de la casa relativamente pequeña se irá sintiendo cada vez más desazonado, más descontento, más agobiado entre sus cuatro paredes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un aumento sensible del salario presupone un crecimiento veloz del capital productivo. A su vez, este veloz crecimiento del capital productivo provoca un desarrollo no menos veloz de riquezas, de lujo, de necesidades y goces sociales. Por tanto, aunque los goces del obrero hayan aumentado, la satisfacción social que producen es ahora menor, comparada con los goces mayores del capitalista, inasequibles para el obrero, y con el nivel de desarrollo de la sociedad en general. Nuestras necesidades y nuestros goces tienen su fuente en la sociedad y los medimos, consiguientemente, por ella, y no por los objetos con que los satisfacemos. Y como tienen carácter social, son siempre relativos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El salario no se determina solamente, en general, por la cantidad de mercancías que pueden obtenerse a cambio de él. Encierra diferentes relaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo que el obrero percibe, en primer término, por su fuerza de trabajo, es una determinada cantidad de dinero. ¿Acaso el salario se halla determinado exclusivamente por este precio en dinero?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el siglo XVI, a consecuencia del descubrimiento en América de minas más ricas y más fáciles de explotar, aumentó el volumen de oro y plata que circulaba en Europa. El valor del oro y la plata bajó, por tanto, en relación con las demás mercancías. Los obreros seguían cobrando por su fuerza de trabajo la misma cantidad de plata acuñada. El precio en dinero de su trabajo seguía siendo el mismo, y, sin embargo, su salario había disminuido, pues a cambio de esta cantidad de plata, obtenían ahora una cantidad menor de otras mercancías. Fue ésta una de las circunstancias que fomentaron el incremento del capital y, el auge de la burguesía en el siglo XVI.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tomemos otro caso. En el invierno de 1847, a consecuencia de una mala cosecha, subieron considerablemente los precios de los artículos de primera necesidad: el trigo, la carne, la mantequilla, el queso, etc. Suponiendo que los obreros hubiesen seguido cobrando por su fuerza de trabajo la misma cantidad de dinero que antes, ¿no habrían disminuido sus salarios? Indudablemente. A cambio de la misma cantidad de dinero obtenían menos pan, menos carne, etc. Sus salarios bajaron, no porque hubiese disminuido el valor de la plata, sino porque aumentó el valor de los víveres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Finalmente, supongamos que la expresión monetaria del precio del trabajo siga siendo el mismo, mientras que todas las mercancías agrícolas y manufacturadas bajan de precio, merced a la aplicación de nueva maquinaria, a la estación más favorable, etc. Ahora, por el mismo dinero los obreros podrán comprar más mercancías de todas clases. Su salario, por tanto, habrá aumentado, precisamente por no haberse alterado su valor en dinero.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como vemos, la expresión monetaria del precio del trabajo, el salario nominal, no coincide con el salario real, es decir, con la cantidad de mercancías que se obtienen realmente a cambio del salario. Por consiguiente, cuando hablamos del alza o de la baja del salario. no debemos fijarnos solamente en la expresión monetaria del precio del trabajo, en el salario nominal.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero, ni el salario nominal, es decir, la suma de dinero por la que el obrero se vende al capitalista, ni el salario real, o sea, la cantidad de mercancías que puede comprar con este dinero, agotan las relaciones que encierra el salario.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El salario se halla determinado, además y sobre todo, por su relación con la ganancia, con el beneficio obtenido por el capitalista: es un salario relativo, proporcional.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El salario real expresa el precio del trabajo en relación con el precio de las demás mercancías; el salario relativo acusa, por el contrario, la parte del nuevo valor creado por el trabajo, que percibe el trabajo directo, en proporción a la parte del valor que se incorpora al trabajo acumulado, es decir, al capital.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Decíamos más arriba, en la pág. 14: «El salario no es la parte del obrero en la mercancía por él producida. El salario es la parte de la mercancía ya existente, con la que el capitalista compra una determinada cantidad de fuerza de trabajo productiva. Pero el capitalista tiene que reponer nuevamente este salario, incluyéndolo en el precio por el que vende el producto creado por el obrero; y tiene que reponerlo de tal modo, que, después de cubrir el coste de producción desembolsado, le quede además, por regla general, un remanente, una ganancia. El precio de venta de la mercancía producida por el obrero se divide para el capitalista en tres partes: la &#039;&#039;primera&#039;&#039;, para reponer el precio desembolsado en comprar materias primas, así como para reponer el desgaste de las herramientas, máquinas y otros instrumentos de trabajo adelantados por él; la &#039;&#039;segunda&#039;&#039;, para reponer los salarios por él adelantados, y la &#039;&#039;tercera&#039;&#039;, el remanente que queda después de saldar las dos partes anteriores, la ganancia del capitalista. Mientras que la primera parte se limita a reponer &#039;&#039;valores que ya existían&#039;&#039;, es evidente que tanto la suma destinada a reembolsar los salarios abonados como el remanente que forma la ganancia del capitalista salen en su totalidad &#039;&#039;del nuevo valor creado por el trabajo del obrero&#039;&#039; y añadido a las materias primas. En &#039;&#039;este sentido&#039;&#039;, podemos considerar tanto el salario como la ganancia, para compararlos entre sí, como partes del producto del obrero.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Puede ocurrir que el salario real continúe siendo el mismo e incluso que aumente, y, no obstante, disminuya el salario relativo. Supongamos, por ejemplo, que el precio de todos los medios de vida baja en dos terceras partes, mientras que el salario diario sólo disminuye en un tercio, de tres marcos a dos, v. gr. Aunque el obrero, con estos dos marcos, podrá comprar una cantidad mayor de mercancías que antes con tres, su salario habrá disminuido, en relación con la ganancia obtenida por el capitalista. La ganancia del capitalista (por ejemplo, del fabricante) ha aumentado en un marco; es decir, que ahora el obrero, por una cantidad menor de valores de cambio, que el capitalista le entrega, tiene que producir una cantidad mayor de estos mismos valores. La parte obtenida por el capital aumenta en comparación con la del trabajo. La distribución de la riqueza social entre el capital y el trabajo es ahora todavía más desigual que antes. El capitalista manda con el mismo capital sobre una cantidad mayor de trabajo. El poder de la clase de los capitalistas sobre la clase obrera ha crecido, la situación social del obrero ha empeorado, ha descendido un grado más en comparación con la del capitalista .&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;¿Cuál es la ley general que rige el alza y la baja del salario y la ganancia, en sus relaciones mutuas?&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;Se hallan en razón inversa&#039;&#039;. &#039;&#039;La parte de que se apropia el capital, la ganancia, aumenta en la misma proporción en que disminuye la parte que le toca al trabajo, el salario, y viceversa. La ganancia aumenta en la medida en que disminuye el salario y disminuye en la medida en que éste aumenta&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se objetará acaso que el capital puede obtener ganancia cambiando ventajosamente sus productos con otros capitalistas, cuando aumenta la demanda de su mercancía, sea mediante la apertura de nuevos mercados, sea al aumentar momentáneamente las necesidades en los mercados antiguos. etc.; que, por tanto. las ganancias de un capitalista pueden aumentar a costa de otros capitalistas, independientemente del alza o baja del salario, del valor de cambio de la fuerza de trabajo; que las ganancias del capitalista pueden aumentar también mediante el perfeccionamiento de los instrumentos de trabajo, la nueva aplicación de las fuerzas naturales, etc.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En primer lugar, se reconocerá que el resultado sigue siendo el mismo, aunque se alcance por un camino inverso. Es cierto que la ganancia no habrá aumentado porque haya disminuido el salario. pero el salario habrá disminuido por haber aumentado la ganancia. Con la misma cantidad de trabajo ajeno, el capitalista compra ahora una suma mayor de valores de cambio, sin que por ello pague el trabajo más caro; es decir, que el trabajo resulta peor remunerado, en relación con los ingresos netos que arroja para el capitalista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Además, recordamos que, pese a las oscilaciones de los precios de las mercancías, el precio medio de cada mercancía, la proporción en que se cambia por otras mercancías, se determina por su &#039;&#039;coste de producción&#039;&#039;. Por tanto, los lucros conseguidos por unos capitalistas a costa de otros dentro de la clase capitalista se nivelan necesariamente entre sí. El perfeccionamiento de la maquinaria, la nueva aplicación de las fuerzas naturales al servicio de la producción, permiten crear en un tiempo de trabajo dado y con la misma cantidad de trabajo y capital una masa mayor de productos, pero no, ni mucho menos, una masa mayor de valores de cambio. Si la aplicación de la máquina de hilar me permite fabricar en una hora el doble de hilado que antes de su invención, por ejemplo, cien libras en vez de cincuenta, a cambio de estas cien libras de hilado no obtendré a la larga más mercancías que antes a cambio de las cincuenta, porque el coste de producción se ha reducido a la mitad o porque, ahora, con el mismo coste puedo fabricar el doble del producto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Finalmente, cualquiera que sea la proporción en que la clase capitalista, la burguesía, bien la de un solo país o la del mercado mundial entero, se reparta los ingresos netos de la producción, la suma global de estos ingresos netos no será nunca otra cosa que la suma en que el trabajo vivo incrementa en bloque el trabajo acumulado. Por tanto, esta suma global crece en la proporción en que el trabajo incrementa el capital; es decir, en la proporción en que crece la ganancia, en comparación con el salario.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vemos, pues, que, aunque nos circunscribimos &#039;&#039;a las relaciones entre el capital y el trabajo asalariado, los intereses del trabajo asalariado y los del capital son diametralmente opuestos&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un aumento rápido del capital equivale a un rápido aumento de la ganancia. La ganancia sólo puede crecer rápidamente si el precio del trabajo, el salario relativo, disminuye con la misma rapidez. El salario relativo puede disminuir aunque aumente el salario real simultáneamente con el salario nominal, con la expresión monetaria del valor del trabajo, siempre que éstos no suban en la misma proporción que la ganancia. Si, por ejemplo, en una época de buenos negocios, el salario aumenta en un cinco por ciento y la ganancia en un treinta por ciento, el salario relativo, proporcional, no habrá &#039;&#039;aumentado&#039;&#039;, sino &#039;&#039;disminuido&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por tanto, si, con el rápido incremento del capital, aumentan los ingresos del obrero, al mismo tiempo se ahonda el abismo social que separa al obrero del capitalista, y crece, a la par, el poder del capital sobre el trabajo, la dependencia de éste con respecto al capital.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Decir que el obrero está interesado en el rápido incremento del capital, sólo significa que cuanto más aprisa incrementa el obrero la riqueza ajena, más sabrosas migajas le caen para él, más obreros pueden encontrar empleo y ser echados al mundo, más puede crecer la masa de los esclavos sujetos al capital.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hemos visto, pues:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Que, incluso la &#039;&#039;situación más favorable&#039;&#039; para la clase obrera, el &#039;&#039;incremento más rápido posible del capital&#039;&#039;, por mucho que mejore la vida material del obrero, no suprime el antagonismo entre sus intereses y los intereses del burgués, los intereses del capitalista. &#039;&#039;Ganancia y salario&#039;&#039; seguirán hallándose, exactamente lo mismo que antes, &#039;&#039;en razón inversa&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Que si el capital crece rápidamente, pueden aumentar también los salarios, pero que aumentarán con rapidez incomparablemente mayor las ganancias del capitalista. La situación material del obrero habrá mejorado, pero a costa de su situación social. El abismo social que le separa del capitalista se habrá ahondado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y, finalmente:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Que el decir que la condición más favorable para el trabajo asalariado es el incremento más rápido posible del capital productivo, sólo significa que cuanto más rápidamente la clase obrera aumenta y acrecienta el poder enemigo, la riqueza ajena que la domina, tanto mejores serán las condiciones en que podrá seguir laborando por el incremento de la riqueza burguesa, por el acrecentamiento del poder del capital, contenta con forjar ella misma las cadenas de oro con las que le arrastra a remolque la burguesía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;El incremento del capital productivo y el aumento del salario&#039;&#039;, ¿son realmente dos cosas tan inseparablemente enlazadas como afirman los economistas burgueses? No debemos creerles simplemente de palabra. No debemos siquiera creerles que cuanto más engorde el capital, mejor cebado estará el esclavo. La burguesía es demasiado instruida. demasiado calculadora, para compartir los prejuicios del señor feudal, que alardeaba con el brillo de sus servidores. Las condiciones de existencia de la burguesía la obligan a ser calculadora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Deberemos, pues, investigar más de cerca lo siguiente: &#039;&#039;¿Cómo influye el crecimiento del capital productivo sobre el salario?&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si crece el capital productivo de la sociedad burguesa en bloque, se produce una acumulación &#039;&#039;más multilateral&#039;&#039; de trabajo. Crece el número y el volumen de capitales. &#039;&#039;El aumento&#039;&#039; del número de capitales hace aumentar la &#039;&#039;concurrencia entre los capitalistas&#039;&#039;. &#039;&#039;El mayor volumen de los capitales permite lanzar al campo de batalla industrial ejércitos obreros más potentes, con armas de guerra más gigantescas&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sólo vendiendo más barato pueden unos capitalistas desalojar a otros y conquistar sus capitales. Para poder vender más barato sin arruinarse, tienen que producir mas barato; es decir, aumentar todo lo posible la fuerza productiva del trabajo. Y lo que sobre todo aumenta esta fuerza productiva es &#039;&#039;una mayor división del trabajo&#039;&#039;, la aplicación en mayor escala y el constante perfeccionamiento de la &#039;&#039;maquinaria&#039;&#039;. Cuanto mayor es el ejército de obreros entre los que se divide el trabajo, cuanto más gigantesca es la escala en que se aplica la maquinaria, más disminuye relativamente el coste de producción, más fecundo se hace el trabajo. De aquí que entre los capitalistas se desarrolle una rivalidad en todos los aspectos para incrementar la división del trabajo y la maquinaria y explotarlos en la mayor escala posible.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si un capitalista, mediante una mayor división del trabajo, empleando y perfeccionando nuevas máquinas, explotando de un modo más provechoso y más extenso las fuerzas naturales. encuentra los medios para fabricar, con la misma cantidad de trabajo o de trabajo acumulado, una suma mayor de productos, de mercancías, que sus competidores; si, por ejemplo, en el mismo tiempo de trabajo en que sus competidores tejen media vara de lienzo. él produce una vara entera, ¿cómo procederá este capitalista?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Podría seguir vendiendo la media vara de lienzo al mismo precio a que venía cotizándose anteriormente en el mercado, pero esto no sería el medio más adecuado para desalojar a sus adversarios de la liza y extender sus propias ventas. Sin embargo, en la misma medida en que se dilata su producción, se dilata para él la necesidad de mercado. Los medios de producción, más potentes y más costosos que ha puesto en pie, le &#039;&#039;permiten&#039;&#039; vender su mercancía mas barata, pero al mismo tiempo &#039;&#039;le obligan a vender más mercancías&#039;&#039;, a conquistar para éstas un mercado incomparablemente &#039;&#039;mayor&#039;&#039;; por tanto, nuestro capitalista venderá la media vara de lienzo más barata que sus competidores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero, el capitalista no venderá una vara entera de lienzo por el mismo precio a que sus competidores venden la media vara, aunque a él la producción de una vara no le cueste más que a los otros la media. Si lo hiciese así, no obtendría ninguna ganancia extraordinaria; sólo recobraría por el trueque el coste de producción. Por tanto, aunque obtuviese ingresos mayores, éstos provendrían de haber puesto en movimiento un capital mayor, pero no de haber logrado que su capital aumentase más que los otros. Además, el fin que persigue, lo alcanza fijando el precio de su mercancía tan sólo unos puntos más bajo que sus competidores. &#039;&#039;Bajando el precio&#039;&#039;, los desaloja y les arrebata por lo menos una parte del mercado. Y, finalmente, recordamos que el precio corriente es siempre &#039;&#039;superior o inferior al coste de producción&#039;&#039;, según que la venta de una mercancía coincida con la temporada favorable o desfavorable de una rama industrial. Los puntos que el capitalista, que aplica nuevos y más fecundos medios de producción, puede añadir a su coste real de producción, al fijar el precio de su mercancía, dependerán de que el precio de una vara de lienzo en el mercado sea superior o inferior a su anterior coste habitual de producción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero el &#039;&#039;privilegio&#039;&#039; de nuestro capitalista no es de larga duración; otros capitalistas, en competencia con él, pasan a emplear las mismas máquinas, la misma división del trabajo y en una escala igual o mayor, hasta que esta innovación acaba por generalizarse tanto, que el precio del lienzo queda &#039;&#039;por debajo, no ya del antiguo&#039;&#039;, sino incluso de &#039;&#039;su nuevo coste de producción&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los capitalistas vuelven a encontrarse, pues, unos frente a otros, en la misma situación en que se encontraban &#039;&#039;antes&#039;&#039; de emplear los nuevos medios de producción; y si, con estos medios, podían suministrar por el mismo precio el doble de producto que antes, &#039;&#039;ahora&#039;&#039; se ven obligados a entregar el doble de producto por &#039;&#039;menos&#039;&#039; del precio antiguo. Y comienza la misma historia, sobre la base de este nuevo coste de producción. Más división del trabajo, más maquinaria en una escala mayor. Y la competencia vuelve a reaccionar, exactamente igual que antes, contra este resultado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vemos, pues, cómo se subvierten, se revolucionan incesantemente el modo de producción y los medios de producción, &#039;&#039;cómo la división del trabajo acarrea necesariamente otra división mayor del trabajo, la aplicación de la maquinaria, otra aplicación mayor de la maquinaria, la producción en gran escala, una producción en otra escala mayor&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tal es la ley que saca constantemente de su viejo cauce a la producción burguesa y obliga al capital a tener constantemente en tensión las fuerzas productivas del trabajo, &#039;&#039;por&#039;&#039; haberlas puesto antes en tensión; la ley que no le deja punto de sosiego y le susurra incesantemente al oído: ¡Adelante! ¡Adelante!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta ley no es sino la que, dentro de las oscilaciones de los períodos comerciales, &#039;&#039;nivela&#039;&#039; necesariamente el precio de una mercancía &#039;&#039;con su coste de producción&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por potentes que sean los medios de producción que un capitalista arroja a la liza, la concurrencia se encargará de generalizar el empleo de estos medios de producción, y, a partir del momento en que se hayan generalizado, el único fruto de la mayor fecundidad de su capital es que ahora tendrá que dar &#039;&#039;por el mismo precio&#039;&#039; diez, veinte, cien veces más producto que antes. Pero como, para compensar con la cantidad mayor del producto vendido el precio más bajo de venta, tendrá que vender acaso mil veces más, porque ahora necesita una venta en masa, no sólo para ganar más, sino para reponer el coste de producción, ya que los propios instrumentos de producción van siendo, como hemos visto, cada vez más caros, y como esta venta en masa no es una cuestión vital solamente para él, sino también para sus rivales, la vieja contienda se desencadena con &#039;&#039;tanta mayor violencia cuanto más fecundos son los medios de producción ya inventados&#039;&#039;. &#039;&#039;Por tanto, la división del trabajo y la aplicación de maquinaria seguirán desarrollándose de nuevo, en una escala incomparablemente mayor&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cualquiera que sea la potencia de los medios de producción empleados, la competencia procura arrebatar al capital los frutos de oro de esta potencia, reduciendo el precio de las mercancías al coste de producción, y, por tanto, convirtiendo en una ley imperativa el que en la medida en que pueda producirse más barato, es decir, en que pueda producirse más con la misma cantidad de trabajo, haya que abaratar la producción, que suministrar cantidades cada vez mayores de productos por el mismo precio. Por donde el capitalista, como fruto de sus propios desvelos, sólo saldría ganando la obligación de rendir más en el mismo tiempo de trabajo; en una palabra, &#039;&#039;condiciones más difíciles para el aumento del valor de su capital&#039;&#039;. Por tanto, mientras que la concurrencia le persigue constantemente con su ley del coste de producción, y todas las armas que forja contra sus rivales se vuelven contra él mismo, el capitalista se esfuerza por burlar constantemente la competencia empleando sin descanso, en lugar de las antiguas, nuevas máquinas, que, aunque más costosas, producen más barato e implantando nuevas divisiones del trabajo en sustitución de las antiguas, sin esperar a que la competencia haga envejecer los nuevos medios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Representémonos esta agitación febril proyectada al mismo tiempo sobre &#039;&#039;todo el mercado mundial&#039;&#039;, y nos formaremos una idea de cómo el incremento, la acumulación y concentración del capital trae consigo una división del trabajo, una aplicación de maquinaria nueva y un perfeccionamiento de la antigua en una carrera atropellada e ininterrumpida, en escala cada vez más gigantesca.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ahora bien, &#039;&#039;¿cómo influyen estos factores, inseparables del incremento del capital productivo, en la determinación del salario?&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una mayor &#039;&#039;división del trabajo&#039;&#039; permite a &#039;&#039;un&#039;&#039; obrero realizar el trabajo de cinco, diez o veinte; aumenta, por tanto, la competencia entre los obreros en cinco, diez o veinte veces. Los obreros no sólo compiten entre sí vendiéndose unos más barato que otros, sino que compiten también cuando &#039;&#039;uno solo&#039;&#039; realiza el trabajo de cinco, diez o veinte; y la &#039;&#039;división del trabajo&#039;&#039;, implantada y constantemente reforzada por el capital, obliga a los obreros a hacerse esta clase de competencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Además, en la medida en que aumenta la &#039;&#039;división del trabajo&#039;&#039;, &#039;&#039;éste se simplifica&#039;&#039;. La pericia especial del obrero no sirve ya de nada. Se le convierte en una fuerza productiva simple y monótona, que no necesita poner en juego ningún recurso físico ni espiritual. Su trabajo es ya un trabajo asequible a cualquiera. Esto hace que afluyan de todas partes competidores; y, además, recordamos que cuanto más sencillo y más fácil de aprender es un trabajo, cuanto menor coste de producción supone el asimilárselo, más disminuye el salario, ya que éste se halla determinado, como el precio de toda mercancía, por el coste de producción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;Por tanto, a medida que el trabajo va haciéndose más desagradable, más repelente, aumenta la competencia y disminuye el salario&#039;&#039;. El obrero se esfuerza por sacar a flote el volumen de su salario trabajando más; ya sea trabajando más horas al día o produciendo más en cada hora. Es decir, que, acuciado por la necesidad, acentúa todavía más los fatales efectos de la división del trabajo. El resultado es que, &#039;&#039;cuanto más trabaja, menos jornal gana&#039;&#039;; por la sencilla razón de que en la misma medida hace la competencia a sus compañeros, y convierte a éstos, por consiguiente, en otros tantos competidores suyos, que se ofrecen al patrono en condiciones tan malas como él; es decir, porque, en última instancia, &#039;&#039;se hace la competencia a sí mismo, en cuanto miembro de la clase obrera&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;La maquinaria&#039;&#039; produce los mismos efectos en una escala mucho mayor, al sustituir los obreros diestros por obreros inexpertos, los hombres por mujeres, los adultos por niños, y porque, además, la maquinaria, dondequiera que se implante por primera vez, lanza al arroyo a masas enteras de obreros manuales, y, donde se la perfecciona, se la mejora o se la sustituye por máquinas más productivas, va desalojando a ;los obreros en pequeños pelotones. Más arriba, hemos descrito a grandes rasgos la guerra industrial de unos capitalistas con otros. &#039;&#039;Esta guerra presenta la particularidad de que en ella las batallas no se ganan tanto enrolando a ejércitos obreros, como licenciándolos&#039;&#039;. &#039;&#039;Los generales, los capitalistas rivalizan a ver quién licencia más soldados industriales&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los economistas nos dicen, ciertamente, que los obreros a quienes la maquinaria hace innecesarios encuentran &#039;&#039;nuevas&#039;&#039; ramas en que trabajar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No se atreven a afirmar directamente que los mismos obreros desalojados encuentran empleo en nuevas ramas de trabajo, pues los hechos hablan demasiado alto en contra de esta mentira. Sólo afirman, en realidad, que se abren nuevas posibilidades de trabajo para &#039;&#039;otros sectores de la clase obrera&#039;&#039;; por ejemplo, para aquella parte de la generación obrera juvenil que estaba ya preparada para ingresar en la rama industrial desaparecida. Es, naturalmente, un gran consuelo para los obreros eliminados. A los señores capitalistas no les faltarán carne y sangre fresca explotables y dejarán que los muertos entierren a sus muertos. Pero esto servirá de consuelo más a los propios burgueses que a los obreros. Si la maquinaria destruyese íntegra la clase de los obreros asalariados, ¡que espantoso sería esto para el capital, que sin trabajo asalariado dejaría de ser capital!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero, supongamos que los obreros directamente desalojados del trabajo por la maquinaria y toda la parte de la nueva generación que aguarda la posibilidad de colocarse en la misma rama &#039;&#039;encuentren nuevo empleo&#039;&#039;. ¿Se cree que por este nuevo trabajo se les habría de pagar tanto como por el que perdieron? &#039;&#039;Esto estaría en contradicción con todas las leyes de la economía&#039;&#039;. Ya hemos visto cómo la industria moderna lleva siempre consigo la sustitución del trabajo complejo y superior por otro más simple y de orden inferior.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Cómo, pues, una masa de obreros expulsados por la maquinaria de una rama industrial va a encontrar refugio en otra, a no ser con &#039;&#039;salarios más bajos, peores&#039;&#039;?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se ha querido aducir como una excepción a los obreros que trabajan directamente en la fabricación de maquinaria. Visto que la industria exige y consume más maquinaria, se nos dice, las máquinas tienen, necesariamente, que aumentar, y con ellas su fabricación, y, por tanto, los obreros empleados en la fabricación de la maquinaria; además, los obreros que trabajan en esta rama industrial son obreros expertos, incluso instruidos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde el año 1840, esta afirmación, que ya antes sólo era exacta a medias, ha perdido toda apariencia de verdad, pues en la fabricación de maquinaria se emplean cada vez en mayor escala máquinas, ni más ni menos que para la fabricación de hilo de algodón, y los obreros que trabajan en las fábricas de maquinaria sólo pueden desempeñar el papel de máquinas extremadamente imperfectas, al lado de las complicadísimas que se utilizan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero, ¡en vez del hombre adulto desalojado por la máquina, la fábrica da empleo tal vez a &#039;&#039;tres&#039;&#039; niños y a &#039;&#039;una&#039;&#039; mujer! ¿Y acaso el salario del hombre no tenía que bastar para sostener a los tres niños y a la mujer? ¿No tenía que bastar el salario mínimo para conservar y multiplicar el género? ¿Qué prueba, entonces, este favorito tópico burgués? Prueba únicamente que hoy, para pagar el sustento de &#039;&#039;una&#039;&#039; familia obrera, la industria consume cuatro vidas obreras por una que consumía antes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Resumiendo: &#039;&#039;cuanto más crece el capital productivo, mas se extiende la división del trabajo y la aplicación de maquinaria&#039;&#039;. &#039;&#039;Y cuanto más se extiende la división del trabajo y la aplicación de la maquinaria, más se acentúa la competencia entre los obreros y más se reduce su salario&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Además, la clase obrera se recluta también entre &#039;&#039;capas más altas de la sociedad&#039;&#039;. Hacia ella va descendiendo una masa de pequeños industriales y pequeños rentistas, para quienes lo más urgente es ofrecer sus brazos junto a los brazos de los obreros. Y así, el bosque de brazos que se extienden y piden trabajo es cada vez más espeso, al paso que los brazos mismos que lo forman son cada vez más flacos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De suyo se entiende que el pequeño industrial no puede hacer frente a esta lucha, una de cuyas primeras condiciones es producir en una escala cada vez mayor, es decir, ser precisamente un gran y no un pequeño industrial.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Que el interés del capital disminuye en la misma medida que aumentan la masa y el número de capitales. en la que crece el capital, y que, por tanto, el pequeño rentista no puede seguir viviendo de su renta y tiene que lanzarse a la industria, ayudando de este modo a engrosar las filas de los pequeños industriales. y, con ello las de los candidatos a proletarios, es cosa que tampoco requiere más explicación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Finalmente, a medida que los capitalistas se ven forzados, por el proceso que exponíamos más arriba, a explotar en una escala cada vez mayor los gigantescos medios de producción ya existentes, viéndose obligados para ello a poner en juego todos los resortes del crédito, aumenta la frecuencia de los terremotos industriales, en los que el mundo comercial sólo logra mantenerse a flote sacrificando a los dioses del averno una parte de la riqueza, de los productos y hasta de las fuerzas productivas; aumentan, en una palabra, las &#039;&#039;crisis&#039;&#039;. Estas se hacen más frecuentes y más violentas, ya por el solo hecho de que. a medida que crece la masa de producción y, por tanto, la necesidad de mercados más extensos, el mercado mundial va reduciéndose más y más, y quedan cada vez menos mercados nuevos que explotar, pues cada crisis anterior somete al comercio mundial un mercado no conquistado todavía o que el comercio sólo explotaba superficialmente. Pero el capital no &#039;&#039;vive&#039;&#039; sólo del trabajo. Este amo, a la par distinguido y bárbaro, arrastra consigo a la tumba los cadáveres de sus esclavos, hecatombes enteras de obreros que sucumben en las crisis. Vemos, pues, que, &#039;&#039;si el capital crece rápidamente, crece con rapidez incomparablemente&#039;&#039; &#039;&#039;mayor todavía la competencia entre los obreros, es decir, disminuyen tanto más, relativamente, los medios de empleo y los medios de vida de la clase obrera; y, no obstante esto, el rápido incremento del capital es la condición más favorable para el trabajo asalariado&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Escrito por C. Marx; sobre la base de las conferencias&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pronunciadas en la segunda quincena de diciembre de 1847.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se publica de acuerdo con el texto del folleto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Traducido del alemán.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Ledlecreeper27</name></author>
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		<id>https://es.prole.wiki/w/index.php?title=Biblioteca:La_lucha_de_clases:_Una_historia_pol%C3%ADtica_y_filos%C3%B3fica&amp;diff=6940</id>
		<title>Biblioteca:La lucha de clases: Una historia política y filosófica</title>
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		<updated>2024-04-28T16:27:04Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Ledlecreeper27: Creada&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{Obra de biblioteca|titulo=La lucha de clases: Una historia política y filosófica|autor=Domenico Losurdo|escrito en=2013|fuente=[https://cloudflare-ipfs.com/ipfs/bafykbzaceby4fb7ijmahkxuel2rrf4enbcphcs4r5hyutptpxoi4j5ehxvtri?filename=Domenico%20Losurdo%20-%20La%20lucha%20de%20clases.%20Una%20historia%20pol%C3%ADtica%20y%20filos%C3%B3fica-El%20Viejo%20Topo%20%282013%29.pdf PDF]}}&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Ledlecreeper27</name></author>
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		<title>Biblioteca:Para ser un buen comunista</title>
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		<updated>2024-03-17T16:25:50Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Ledlecreeper27: Página creada&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;Camaradas, quisiera hablaros de la educación de los miembros del Partido Comunista mediante sus propios esfuerzos. El tratar ahora esta cuestión será útil para la edificación y consolidación del Partido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Por qué es necesario que los comunistas emprendan su educación ==&lt;br /&gt;
¿Por qué los comunistas deben emprender su propia educación?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para vivir, el hombre debe luchar contra la naturaleza y explotarla a fin de producir bienes materiales. La producción material es siempre una producción social, sean cualesquiera sus condiciones. Se sigue de ahí que, al comprometerse en la producción en un estadio cualquiera del desarrollo social, los hombres deben entrar en tales o cuales relaciones mutuas de producción. En su lucha continua contra la naturaleza, no dejan de transformarla y, al mismo tiempo, de transformarse a sí mismos y de transformar las relaciones que existen entre ellos. Los hombres mismos, sus relaciones sociales, sus formas de organización social y su conciencia se transforman y progresan sin cesar, en el curso de la larga lucha contra la naturaleza que ellos llevan a cabo en cuanto seres sociales. En lo stiempos antiguos, el modo de vida de los hombres, sus formas de organización social y su conciencia eran diferentes de lo que son hoy, y en el futuro serán también diferentes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La humanidad, la sociedad humana siguen un proceso de desarrollo histórico. Cuando la sociedad humana alcanzó un estadio histórico determinado, aparecieron las clases y la lucha de clases. En una sociedad de clases, todo hombre existe en cuanto miembro de una clase dada y vive en las condiciones dadas de la lucha de clases. La existencia social de los hombres determina su conciencia. En una sociedad de clases, la ideología de los miembros de las diferentes clases refleja las posiciones y los intereses de éstas. La lucha es continua entre estas clases con posiciones diferentes, con intereses diferentes y con ideologías diferentes. Así, no es sólo en la lucha contra la naturaleza, sino que es también en la lucha entre las clases sociales, donde los hombres transforman la naturaleza, transforman la sociedad y al mismo tiempo se transforman a sí mismos. Marx y Engels decían:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;“Tanto para engendrar en masa esta conciencia comunista como para llevar adelante la cosa misma, es necesaria una transformación en masa de los hombres, que sólo podrá conseguirse mediante un movimiento práctico, mediante una revolución; y, por consiguiente, la revolución no sólo es necesaria porque la clase dominante no puede ser derrocada de otro modo, sino también porque únicamente por medio de una revolución logrará la clase que derriba salir del cieno en que está hundida y volverse capaz de fundar la sociedad sobre nuevas bases.”&#039;&#039; [1]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto significa que el proletariado debe comprometerse conscientemente a largas luchas sociales revolucionarias y que, en el curso de esas luchas, debe transformar la sociedad y transformarse a sí mismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Debemos, pues, considerar que es necesario y posible el transformarnos. No deberíamos considerarnos inmutables, perfectos y sacrosantos, ni pensar que no tenemos necesidad y que no somos capaces de transformarnos. Asignarse la tarea de transformarse en el curso de la lucha social no tiene nada de degradante; las leyes objetivas del desarrollo social lo exigen. Si no lo hacemos, no podremos progresar ni transformar la sociedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nosotros, comunistas, somos los revolucionarios más avanzados de la historia moderna; somos nosotros, hoy día, los que asumimos la tarea de transformar la sociedad y el mundo, y los que somos la fuerza motriz de esta transformación. Al combatir sin descanso a los contrarrevolucionarios y a los reformistas, los comunistas transforman la sociedad y el mundo, y, al mismo tiempo, se transforman a sí mismos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando decimos que los comunistas deben transformarse a sí mismos al combatir a los contrarrevolucionarios y a los reformistas en todos los terrenos, entendemos por eso que en el curso de este combate deben realizar progresos personales y elevar sus cualidades y capacidades de revolucionarios. Un revolucionario sin experiencia debe pasar por un largo proceso para su formación y su educación revolucionarias, antes de convertirse en un revolucionario maduro y acabado, capaz de captar y de aplicar con maestría las leyes de la revolución. Pues, en primer lugar, un revolucionario inexperto, que ha nacido y se ha criado en la sociedad antigua, ha conservado, de un modo totalmente natural, de aquella sociedad vestigios ideológicos diversos (prejuicios, costumbres y tradiciones) y, en segundo lugar, no ha pasado por un largo período de práctica revolucionaria; por tanto, no le ha sido posible tener ya un conocimiento verdaderamente profundo del enemigo, de nosotros mismos o de las leyes que rigen el desarrollo social y la lucha revolucionaria. Para poner fin a esta situación, deberá, al mismo tiempo que estudia la experiencia revolucionaria del pasado (la práctica de nuestros predecesores), participar él mismo en la práctica revolucionaria de su tiempo; y en esta práctica revolucionaria, en la lucha centra los diferentes elementos contrarrevolucionarios y reformistas, será necesario que desarrolle su actividad consciente y que redoble los esfuerzos en el estudio y en la propia educación. Sólo así podrá adquirir gradualmente una comprensión y un conocimiento más profundos de las leyes del desarrollo social y de las leyes de la lucha revolucionaria, conocer verdaderamente a fondo al enemigo y a nosotros mismos, descubrir y corregir sus ideas erróneas, sus malas costumbres y sus prejuicios, y mediante eso elevar el nivel de su conciencia política, cultivar sus cualidades revolucionarias y mejorar sus métodos revolucionarios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un ejemplo. Diversos miembros del Partido toman parte en una lucha revolucionaria de masa y se encuentran comprometidos en la práctica revolucionaria, en unas circunstancias y condiciones más o menos idénticas. Esta lucha común puede ejercer sobre ellos un influjo completamente diferente. Unos harán progresos muy rápidos y ciertos, y los que iban a remolque, conseguirán  incluso ponerse en cabeza. Otros avanzarán muy lentamente. Habrá incluso quienes comiencen a flojear en la lucha y, en lugar de ser empujados hacia adelante por la práctica revolucionaria, se quedarán atrás. ¿Por qué esto?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otro ejemplo. Muchos miembros de nuestro Partido han hecho la Larga Marcha; fue una dura prueba, en el curso de la cual la inmensa mayoría de ellos ha realizado notables progresos. Sin embargo, la Larga Marcha ha tenido sobre ciertos miembros del Partido un efecto completamente diferente: tuvieron miedo ante una lucha tan áspera y algunos incluso intentaron esquivarla o huir de ella; y más tarde, sucumbiendo a las tentaciones del exterior, desertaron efectivamente de las filas de la revolución. Muchos miembros del Partido han tomado parte en la Larga Marcha y, sin embargo, ¡qué diferencias hubo para ellos en sus efectos y en sus consecuencias! Una vez más, ¿por qué ocurre esto?.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el fondo, estos fenómenos reflejan en las filasde la revolución las luchas de clases de la sociedad. Las diferencias en el origen social de los miembros de nuestro Partido, la diversidad de los influjos que han experimentado en la sociedad, hacen que notodos tengan las mismas cualidades. Difieren en la actitud, en la posición y en la comprensión con respecto a la práctica revolucionaria, y el desarrollo de ellos en el curso de esa práctica toma direcciones diferentes. Esto se advierte claramente en vuestro mismo Instituto. Recibís todos aquí la misma enseñanza y la misma formación; sin embargo, como hay diferencias entre unos y otros por vuestras cualidades y vuestra experiencia, por la intensidad de vuestros esfuerzos personales y por vuestra voluntad de educaros, podéis obtener resultados diferentes, incluso opuestos. Por tanto, para que un revolucionario se transforme él mismo y eleve su propio nivel, es esencial, es absolutamente indispensable, que aporte un esfuerzo personal, que se eduque en el curso de la lucha revolucionaria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para llegar a ser un buen revolucionario, políticamente maduro, completamente comunista, sea que participe en la revolución desde hace poco o que se consagre a ella desde hace años, debe pasar por la prueba de un largo periodo de lucha revolucionaria; debe aguerrirse en la lucha revolucionaria de masas y en medio de toda clase de dificultades y deprivaciones; debe hacer el balance de las experiencias adquiridas en la práctica, redoblar lo sesfuerzos en su educación, elevar su nivel ideológicoy adquirir una competencia más grande, y no debe dejar embotarse su sentido de lo nuevo. Solamente así se convertirá en un revolucionario políticamente inquebrantable, con unas cualidades morales elevadas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Confucio decía:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;“Cuando tenía quince años, me dedicaba al estudio. A los treinta, llegaba a la seguridad. A los cuarenta, había vencido la duda. A los cincuenta, reconocía la voluntad del Cielo. A los sesenta,nada de lo que escuchaba podía turbarme. A lossetenta, podía ajustarme a los deseos de mi corazón sin transgredir lo que es justo.”&#039;&#039; [2]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este pensador de la época feudal refiere aquí el proceso de su propia educación; él no se considerabacomo un “sabio” de nacimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otro pensador de la época feudal, Mencius, decía que nadie había realizado una “gran misión” ni había desempeñado un papel en la historia sin pasar primero por un periodo de duras pruebas. Pasar por un período así supone “probar su alma mediante el sufrimiento, romper sus músculos y sus huesos con la fatiga, torturar su cuerpo con el hambre, ser reducido a la miseria, ver destrozadas sus empresas, y mediante todo eso tener su espíritu aguijoneado, su carácter templado y sus capacidades acrecentadas”. [3]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Puesto que los comunistas tienen que asumir la “gran misión” de transformar el mundo, misión sin igual en la historia, es necesario que estén tanto más atentos aformarse y a educarse a sí mismos en el curso de la lucha revolucionaria.  Es indispensable a los revolucionarios proletariosque hagan su propia educación comunista. Esta educación no debe nunca separarse de la práctica revolucionaria o del movimiento revolucionario efectivo de las grandes masas trabajadoras, en particular de las masas proletarias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El camarada Mao Tse-tung ha dicho:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;“Descubrir la verdad a través de la práctica y, nuevamente a través de la práctica, comprobarla y desarrollarla. Partir del conocimiento sensorial y desarrollarlo activamente convirtiéndolo en conocimiento racional; luego, partir del conocimiento racional y guiar activamente la práctica revolucionaria para transformar el mundo subjetivo y el mundo objetivo. Practicar, conocer, practicar otra vez y conocer de nuevo. Esta forma se repite en infinitos ciclos, y, con cada ciclo, el contenido de la práctica y del conocimiento se eleva a un nivel más alto. Esta es en su conjunto la teoría materialista dialéctica del conocimiento, y ésta es la teoría materialista dialéctica de la unidad entre el saber y el hacer.”&#039;&#039; [4]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los miembros de nuestro Partido deben aguerrirse y reforzar su propia educación en la práctica revolucionaria no sólo cuando ésta es ardua, difícil, sin éxito, sino también cuando es fácil, coronada por el éxito, victoriosa. Ciertos miembros del Partido se dejan embriagar por los éxitos y las victorias, la cabeza les da vuelta, se convierten en insolentes, arrogantes, burocráticos, e incluso se tambalean, se dejan corromper y degeneran, habiendo perdido por completo su espíritu revolucionario. Casos individuales de este género no son raros entre los miembros de nuestro Partido. Un fenómeno así en el seno del Partido debe ser para nuestros miembros un serio objeto de preocupación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Antiguamente, antes de la entrada en escena de los revolucionarios proletarios, casi todos los revolucionarios se dejaban corromper y degeneraban, desde que habían conseguido la victoria y habían  visto triunfar su empresa. Perdían el espíritu revolucionario que les animaba y se convertían en obstáculos al desarrollo ulterior de la revolución. Sabemos que en China, en el curso de los cien últimos años, o, para coger una época más reciente, en el curso de los cincuenta últimos años, muchos revolucionarios burgueses o pequeños burgueses se han dejado corromper y han degenerado desde que habían conseguido algún éxito y habían llegado al poder. Esto estaba determinado por la base de clase de estos revolucionarios y por la naturaleza de las revoluciones de antaño. Antes de la Gran Revolución socialista de Octubre en Rusia, todas las revoluciones en el mundo terminaban invariablemente por la sustitución de la dominación de una clase explotadora por otra. Así, los revolucionarios de antaño, en cuanto se convertían en la clase dominante, perdían su espíritu revolucionario y se volvían contra las masas explotadas para oprimirlas. Esto era una ley inexorable.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero no puede ser nunca de ese modo para la revolución proletaria, para el Partido comunista. La revolución proletaria apunta a la abolición de toda explotación, de toda opresión y de todas las clases. El proletariado, que representa el Partido comunista, es explotado pero no explota a nadie; está, pues, en condiciones de conducir la revolución hasta el final, suprimir definitivamente toda explotación en la sociedad humana y desterrar de ella todo lo que es corrupción y degeneración. Es capaz de fundar un partido provisto de una organización y de una disciplina rigurosas, instaurar un aparato de Estado a la vez centralizado y democrático; mediante este partido y mediante este aparato de Estado, es capaz, a la cabeza de grandes masas populares, de llevar a cabo una lucha intransigente contra toda forma de corrupción y de degeneración, depurar sin cesar el Partido y el aparato de Estado de todos los elementos que se hubieran corrompido y que hubieran degenerado (por muy elevado que fuere el puesto que ocupan), a fin de preservar su integridad. Este rasgo característico de la revolución proletaria y del partido revolucionario proletario no existía ni podía existir en ninguna revolución, en ningún partido revolucionario del pasado. Los miembros de nuestro Partido deben comprender claramente este rasgo, y en particular cuando la revolución triunfa y cuando gozan de la confianza y del apoyo crecientes de las masas,es cuando deben aguzar su vigilancia, intensificar su educación ideológica proletaria y guardar siempre intactas en ellos las cualidades revolucionarias del proletariado, sin caer en los senderos de los revolucionarios del pasado, que degeneraban en el momento del éxito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La formación y la educación propia por medio de la práctica revolucionaria y de la ideología proletaria son importantes para cada comunista, sobre todo después de la toma de poder. Nuestro Partido no ha caído del cielo, ha nacido en la sociedad china. Cada miembro del Partido proviene de esta sociedad, vive todavía en ella, permanece en contacto permanente con todo lo que hay en ella de sórdido. No es, pues, extraño que los comunistas, sean de origen proletario o no proletario, veterano o nuevo, hayan conservado más o menos en ellos las ideas y las costumbres de la antigua sociedad. Para conservar intactas nuestras virtudes de combatientes de vanguardia del proletariado, lo mismo que para elevar nuestras cualidades revolucionarias y nuestra capacidad de trabajo, es necesario que cada miembro del Partido redoble sus esfuerzos para formarse y educarse en todos los aspectos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tales son las razones por las que los comunistas deben emprender su educación. Voy a hablar ahora de los criterios que la rigen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Seamos dignos discípulos de Marx y de Lenin ==&lt;br /&gt;
Según las disposiciones de los estatutos, puede ser miembro de nuestro Partido toda persona que acepte su programa y los estatutos, pague sus cuotas y milite en una de las organizaciones del Partido. Ninguno puede convertirse en miembro de él si no cumple estas condiciones. Pero ningún comunista debe  contentarse con este mínimum; cada uno debe procurar, como lo estipulan los estatutos, hacer progresos, elevar sin cesar el nivel de su conciencia política y estudiar asiduamente el marxismo-leninismo. Debemos, para nuestra formación y nuestra educación, tomar ejemplo en las palabras y en los actos, en la obra y en las virtudes que han ilustrado la vida de los grandes fundadores del  marxismo-leninismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando de Marx, decía Engels:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;“...Marx fue ante todo un revolucionario. Su verdadera vocación vital fue colaborar, en esta o en aquella forma, en la destrucción de la sociedad capitalista y de las instituciones estatales creadas por ella, colaborar en la liberación del moderno proletariado, al que él, por primera vez, había dado la conciencia de su propia situación y de sus necesidades, la conciencia de las condiciones de su emancipación. La lucha fue su elemento, y él luchó con una pasión, con una tenacidad y con un éxito como pocos.&amp;quot;&#039;&#039;[5]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Engels decía también de Marx:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;“Ninguno de nosotros tiene la visión, con la que él en un determinado momento, en el que había que actuar rápidamente, acertaba siempre con lo adecuado, e inmediatamente se lanzaba sobre el punto decisivo.”&#039;&#039;[6]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Stalin decía, a propósito de la necesidad de seguir el ejemplo de Lenin:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;“Acordaos de Ilich, amadlo, estudiadlo, a nuestro educador, a nuestro jefe. Luchad y triunfad de los enemigos de dentro y de fuera, como lo hacía Ilch. Edificad la vida nueva, las condiciones nuevasde existencia, la cultura nueva, tal como lo hacía Ilch. No despreciéis nunca las cosas pequeñas en el trabajo, pues de las cosas pequeñas nacen las grandes; ese es uno de los preceptos esenciales de Ilich.” [7]&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en otra ocasión dijo Stalin:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;“Los electores, el pueblo, deben exigir de sus diputados que permanezcan a la altura de sus tareas; que en su trabajo no desciendan al nivel vulgar de pequeños burgueses; que permanezcan en su puesto de hombres políticos de tipo leninista; que sean hombres políticos tan lúcidos y tan determinados, como lo era Lenin; que sean intrépidos en el combate, tan implacables con los enemigos del pueblo, como lo era Lenin; que  estén exentos de todo pánico, de toda sombra de pánico, cuando las cosas comienzan a complicarse y se dibuja en el horizonte un peligro cualquiera, que estén tan exentos de toda sombra de pánico, como lo estaba Lenin; que sean tan prudentes y  tan ajenos a toda precipitación, como lo era Lenin, cuando se trate de resolver problemas complejos, a propósito de los cuales hay que saber orientarse exactamente y tener en cuenta ampliamente todos los inconvenientes y todas las ventajas: que sean tan rectos y tan honestos como lo era Lenin; que amen a su pueblo como lo amaba Lenin.”&#039;&#039; [8]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así es como Engels caracterizó en algunos rasgos a Marx, y Stalin a Lenin. Así es como cada miembro de nuestro Partido debe asimilarse el pensamiento y las cualidades de Marx y de Lenin, para convertirse en un discípulo digno de estos maestros.   Algunos dicen que es imposible adquirir el pensamiento y las cualidades de estos grandes genios  revolucionarios, de los fundadores del marxismo-leninismo; que es imposible elevar nuestro pensamiento y nuestras cualidades hasta la altura de  la de ellos. Consideran a los fundadores del marxismo-leninismo como genios natos, como seres misteriosos. ¿Es correcto este punto de vista? Pienso que no.   Es verdad que nuestros camaradas, por regla general, están lejos de tener el gran talento y los vastos conocimientos científicos de los fundadores del marxismo-leninismo, y que la mayoría no puede alcanzar, en la teoría de la revolución proletaria, una erudición tan profunda y tan extensa. Pero nuestros camaradas son perfectamente capaces de poseer la teoría y el método del marxismo-leninismo, adquirir el estilo de Marx y de Lenin en su trabajo y en su lucha, elevar sin cesar el nivel de sus cualidades  revolucionarias y convertirse en hombres políticos del tipo de Marx y de Lenin, si tienen verdaderamente la voluntad de ellos, si toman una postura verdaderamente consciente y firme decombatientes de vanguardia del proletariado, si hacen verdaderamente suya la concepción comunista del mundo, no se aíslan nunca del grande y profundo  movimiento revolucionario actual del proletariado y del conjunto de las masas trabajadoras y se aplican al  estudio, a su formación y a su educación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Mencius, hay una frase que dice: “Cualquiera puede ser un Yao o un Chuen.”[9] Pienso que esto es correcto. Todo comunista debe hacer con honestidady seriedad lo que emprende, buscar la verdad en los hechos, trabajar duramente en su formación, proseguir conscientemente su educación y hacer todo lo posible por mejorar sin cesar su pensamiento y sus cualidades. No debe considerar el pensamiento y las cualidades de los grandes revolucionarios, fundadores del marxismo-leninismo, como inaccesibles, no debe abandonar sus esfuerzos ni temer el ir adelante. Se convertiría en un “vulgar pequeño burgués” o en una “madera podrida”, que no se podría esculpir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Debemos, por supuesto, adoptar una actitud correcta, cuando se trata de adquirir las cualidades delos fundadores del marxismo-leninismo y de estudiar el marxismo-leninismo. En caso contrario, no llegaríamos a nada, al menos a nada bueno. De hecho, hay en nuestras filas diferentes categorías de personas, que tienen actitudes diferentes a este respecto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hay quienes estudian a Marx y a Lenin sin saber asimilar la esencia del marxismo-leninismo; no hacen sino aprender superficialmente las palabras y las frases. Han leído la literatura marxista-leninista, pero los principios y las conclusiones marxistas-leninistas que contiene esa literatura, ellos son incapaces de utilizarlos como guía para la acción, y son incapaces de aplicarlos a los problemas concretos, prácticos, de la realidad viva. Se quedan satisfechos con saber recitar algunos principios y conclusiones aisladas; se consideran incluso marxistas-leninistas “auténticos”, pero de ninguna manera son marxistas-leninistas auténticos, y sus acciones y métodos son diametralmente opuestos al marxismo-leninismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No hemos tenido pocos de esta clase en el Partido Comunista chino. Y algunos representantes del dogmatismo lo hacían, en cierta época, peor aún. No habiendo comprendido absolutamente nada del marxismo-leninismo y sin saber otra cosa más que recitar frases marxistas-leninistas, se consideraban, sin embargo, como “los Marx y los Lenin de China”, se las daban de tales en el seno del Partido y tenían el descaro de exigir a los miembros de nuestro Partido el que se les respetara como se respeta a Marx y a Lenin, el que se los elevaran a las funciones de “jefes” y el que se mostraran leales y fieles para con ellos. Se atrevieron incluso a designarse a sí mismos como “jefes”, sin que se les nombrase, se encaramaron a los puestos responsables y lanzaron órdenes al Partido como patriarcas, intentaron hacer la moral a nuestro Partido, denigrando todo, atacando a sus miembros, o infligiendo sanciones, como bien les parecía, y llevándolos con la vara. No tenían en modo alguno la intención seria de estudiar el marxismo-leninismo o de luchar por la realización del comunismo; eran simplemente arribistas en el Partido, termitas del movimiento comunista. Evidentemente, tales gentes estaban destinadas a ser combatidos, desenmascarados, rechazados en el seno del Partido por la masa de sus miembros. Y, en efecto, eso fue lo que les ocurrió. ¿Pero podemos decir con toda seguridad que no habrá nunca gente así en nuestro Partido? No, no podemos decirlo todavía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después, están los que son de una categoría completamente diferente. Se consideran, ante todo, discípulos de los fundadores del marxismo-leninismo, estudian conscientemente la teoría y el método del marxismo-leninismo y tratan de captar su espíritu y su esencia. Admiran el gran carácter y las cualidades de revolucionarios proletarios que tenían sus fundadores, y en el curso de la lucha revolucionaria, hacen conscientemente su educación y se examinan para ver si su comportamiento hacia el trabajo, hacia los demás y hacia ellos mismos está conforme con el espíritu del marxismo-leninismo. Leen y releen las obras del marxismo-leninismo, dedicándose al mismo tiempo a la investigación y al análisis de la realidad viva, a estudiar las particularidades de la época y todos los aspectos de la situación que afronta el proletariado de su país, a unir la verdad universal del marxismo-leninismo con la práctica concreta de la revolución en su propio país. No se contentan con retener los principios y las conclusiones del marxismo-leninismo toman una firme posición marxista-leninista, adoptan el método marxista-leninista, actúan en consecuencia, dirigen con flexibilidad todas las luchas revolucionarias y transforman así el estado de cosas existentes, al mismo tiempo que se transforman ellos mismos. Todas sus actividades están guiadas por los principios generales del marxismo-leninismo y no tienen otro objetivo que la victoria de la causa del proletariado, la liberación de la nación y de la humanidad entera, el triunfo del comunismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su actitud es la única correcta. Sólo adoptando esta actividad ante el estudio del marxismo-leninismo y ante la adquisición de las virtudes de sus fundadores, se convertirá uno en un revolucionario proletario, comunista, del tipo de Marx y Lenin.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El que se aplique realmente a su educación y se haga discípulo fiel de los fundadores del marxismo-leninismo, procurará seguir el ejemplo de sus maestros, mantener la posición marxista-leninista y servirse del punto de vista y del método del marxismo-leninismo para resolver los diferentes problemas del movimiento revolucionario dirigido por el proletariado. No se preocupará en absoluto por su posición o por su prestigio dentro del Partido, no pretenderá nunca ser un Marx o un Lenin y no esperará ni reclamará de los otros el que le testimonien el mismo respeto que a Marx y a Lenin, pues no piensa tener para eso el menor derecho. Pero precisamente porque él actúa de esta manera, por ser Para ser un buen comunista siempre honesto y leal, animoso y firme, y por dar pruebas de una notable capacidad en la lucha revolucionaria, gozará siempre del respeto y del apoyo espontáneo de la masa de los miembros del Partido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ciertamente, no es cosa fácil tomar como modelos a los fundadores del marxismo-leninismo ni convertirse en sus discípulos más fieles y mejores. Pero podemos llegar a serlo si tenemos la firme voluntad y la determinación de luchar con energía por la causa del comunismo, si nos aplicamos al estudio del marxismo-leninismo en el curso de la gran lucha revolucionaria de las masas, si sabemos hacer el balance de nuestra experiencia, si emprendemos nuestra formación y nuestra educación bajo todos los aspectos y si nos entregamos durante toda nuestra vida a la causa comunista del proletariado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== La autoeducación de los comunistas y la práctica revolucionaria de las masas ==&lt;br /&gt;
Para llegar a ser los más fieles y los mejores discípulos de los fundadores del marxismo-leninismo, debemos realizar nuestra educación bajo todos los aspectos en el curso de la grande y larga lucha revolucionaria del proletariado y de las masas. Es decir, necesitamos estudiar la teoría marxista leninista; aprender a examinar y a resolver los problemas, colocándonos en la posición y en el punto de vista del marxismo-leninismo y sirviéndonos de su método; asimilarnos la estrategia y la táctica revolucionarias del proletariado; penetrarnos de la ideología y de la moral proletarias; defender sin cesar la unidad del Partido, practicar la crítica y la autocrítica, y observar la disciplina del Partido; desarrollar un estilo de trabajo compuesto de labor dura y de áspera lucha; reforzar nuestros lazos con las masas; adquirir conocimientos en las diversas ramas de la ciencia, etcétera. Todos somos miembros del Partido Comunista y todos debemos, por consiguiente, sin excepción, realizar nuestra educación bajo los aspectos arriba indicados. Pero como los miembros de nuestro Partido difieren los unos de los otros por su grado de conciencia política, por su experiencia en la lucha, por las funciones que ocupan, por el nivel de su cultura y por las condiciones en las que realizan su trabajo, existen naturalmente algunas diferencias entre ellos en lo que concierne a los aspectos de su educación, a los que deben prestar una atención especial o consagrar esfuerzos particulares. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando, en la antigüedad, Tsengtse decía: “Me examino cada día en tres cosas”[10], insistía en el examen de conciencia. El libro de las odas [11 ], en estos versos célebres: “Como se trabaja con el buril el marfil, se pule la piedra y se talla el jade”, hace alusión a la necesidad de la mutua ayuda y critica entre amigos. Todo esto muestra que, para hacer progresos, hay que desplegar grandes esfuerzos en la educación de sí mismo y concederle a eso una gran importancia. Sin embargo, lo que los antiguos denominaban educación de sí mismo era, en la mayoría de los casos, una cosa idealista, formal, abstracta, sin lazos con la práctica social. Exageraban el papel de lo subjetivo, se imaginaban que su “buena voluntad” abstracta bastaría para hacerlos capaces de transformar el estado de cosas existente, para transformar la sociedad y transformarse a sí mismos. Esto es evidentemente absurdo. No debemos educarnos de esa manera. Somos materialistas revolucionarios, y la educación que nos damos a nosotros mismos no puede estar desprendida de la práctica revolucionaria de las masas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo esencial para nosotros es no aislarnos jamás de las luchas revolucionarias llevadas a cabo continuamente por las masas populares, sino asociarnos a ellas para estudiar, resumir y aplicar las experiencias revolucionarias del pasado. Esto significa que debemos hacer nuestra educación y formarnos en el curso de la práctica revolucionaria misma, y hacerlo con el único fin de servir al pueblo, de contribuir por nuestra parte a la práctica revolucionaria. Significa también que debemos con toda modestia aprender a adquirir la postura, el punto de vista y el método del marxismo-leninismo, las nobles cualidades proletarias de sus fundadores, y que debemos aplicar todo esto a nuestra propia práctica, a nuestra vida cotidiana, a nuestras palabras, a nuestros actos y a nuestro trabajo, corrigiendo o eliminando sin cesar todo lo que, en nuestra ideología, se oponga a ello, y reforzando así nuestra ideología y nuestras cualidades proletarias, comunistas. Significa, finalmente, que debemos prestar un oído atento a los consejos y a las críticas de nuestros camaradas y de las masas, estudiar minuciosamente los problemas prácticos que se plantean en la vida y en el trabajo, recapitular con cuidado las experiencias y las lecciones recogidas en el curso de nuestro trabajo y, a la luz de todo esto, verificar si hemos comprendido bien el marxismo-leninismo y si hemos aplicado correctamente su método, descubrir, para corregirlas enseguida, nuestras insuficiencias y nuestros errores, y mejorar nuestro trabajo. Por otra parte, necesitamos, partiendo de experiencias nuevas, examinar si no hay alguna conclusión o aspecto del marxismo-leninismo que se pueda completar, enriquecer y desarrollar. En una palabra, debemos unir la verdad universal del marxismo-leninismo con la práctica concreta de la revolución.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tal debe ser el método de los comunistas para realizar su educación. Este método marxista-leninista de educación de sí mismo no tiene nada en común con los métodos idealistas, separados de la práctica revolucionaria de las masas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para aplicar con consecuencia este método marxista-leninista de educación de uno mismo, debemos combatir resueltamente y eliminar por completo uno de los mayores males que nos ha legado la antigua sociedad en el terreno de la educación y de los estudios: el divorcio entre la teoría y la práctica. En la antigua sociedad mucha gente, al instruirse, pensaban que no era necesario ni incluso posible el actuar de acuerdo con lo que aprendían y, al mismo tiempo que predicaban la justicia y la virtud en sus escritos y en sus discursos, eran en el fondo unos bribones empedernidos. Los reaccionarios del Kuomintang leían y releían &#039;&#039;los Tres principios del pueblo&#039;&#039;[12 ] y , recitaban &#039;&#039;el Testamento de Sun Yat-sen&#039;&#039; [13], pero, de hecho, aplastaban al pueblo con impuestos, se entregaban a la corrupción y a las matanzas, oprimían a las masas, se mostraban hostiles a las “naciones del mundo que nos tratan en pie de igualdad”, corrían precisamente a entenderse con el enemigo de la nación, es decir, a entregarse a él. Un viejo sieutsai [14 ]me dijo un día que de todos los preceptos de Confucio él sólo podía aplicar uno solo: “El arroz no será nunca demasiado puro, la carne no estará nunca cortada demasiado fina” [15]. En cuanto a los otros, él no podía observarlos y, por otra parte, tampoco tuvo nunca la intención de hacerlo. Si esto era así, ¿con qué fin querían todavía mantener escuelas y estudiar las “enseñanzas de los sabios”? Para conseguir honores y enriquecerse. Se trataba de hacer uso de las “enseñanzas de los sabios” para oprimir a los explotados y de hacer profesión de justicia y de virtud para engañar al pueblo. Ese fue la actitud de las clases explotadoras de la antigua sociedad hacia los sabios que esas clases “reverenciaban”. Es inútil decir que nosotros, comunistas, nunca debemos adoptar una actitud parecida cuando estudiamos el marxismo-leninismo y lo que hay de mejor en la herencia histórica de nuestro país. Lo que nosotros aprendemos, debemos ponerlo en práctica. Nosotros, revolucionarios proletarios con intenciones honestas y puras, no queremos ni engañarnos a nosotros mismos ni engañar al pueblo ni traicionar a nuestros antepasados. Este es un rasgo característico y uno de los grandes méritos de los comunistas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este mal de la antigua sociedad, ¿es posible que no tenga influencia alguna en nosotros? No, eso no es posible. Ciertamente, entre vosotros no hay nadie que estudie el marxismo-leninismo para llegar a funciones elevadas, para hacer fortuna o para oprimir a los explotados. ¿Pero se puede afirmar que nadie de vosotros tiene nunca la idea de que sus pensamientos, sus palabras, sus actos y su vida no tienen necesariamente que ser guiadas por los principios del marxismo-leninismo o que no es necesario aplicar todos los principios que se aprende? ¿Nadie de vosotros piensa nunca que, si estudia el marxismo-leninismo, si hace estudios teóricos más avanzados, es para conseguir un éxito personal, para sacar de ahí vanidad o para convertirse en una celebridad? No puede asegurar que no existe nadie entre vosotros que tenga estas ideas. Esta manera de pensar no es conforme al marxismo-leninismo, va contra su principio fundamental: la unión de la teoría y de la práctica. Ciertamente, debemos estudiar la teoría, pero también aplicar lo que hemos aprendido; y es para aplicarla, es para el Partido, para el pueblo y para la victoria de la revolución, para lo que estudiamos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El camarada Mao Tse-tung ha dicho:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;“La gran fuerza del marxismo-leninismo está precisamente en su vinculación con la práctica revolucionaria concreta de cada país. Para el Partido Comunista de China, eso supone aprender a aplicar la teoría del marchina. Si los comunistas chinos, que son parte de la gran nación china, carne de su carne y sangre de su sangre, hablasen del marxismo separándolo de las características de China, su marxismo no pasaría de ser abstracto y vacío. Por ello, el problema que todo el Partido hade comprender y resolver con urgencia es cómo aplicar el marxismo concretamente en China, de modo que todas sus manifestaciones tengan un carácter inequívocamente chino, es decir, aplicar el marxismo a la luz de las características de nuestro país. Debe eliminarse el estilo de cliché extranjero&#039;&#039; [16,] &#039;&#039;debe haber menos cantinelas abstractas y vacías, y debe mandarse a descansar al dogmatismo, dando paso al estilo y espíritu chinos llenos de vida y lozanía, que gustan a la gente sencilla de nuestro país.”&#039;&#039; [17]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En su estudio del marxismo-leninismo, nuestros camaradas deben seguir el método indicado por el camarada Mao Tse-tung.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== La unidad del estudio teórico y de la autoeducación ideológica ==&lt;br /&gt;
Nosotros, comunistas, no debemos separar el estudio teórico de la educación ideológica que nos damos a nosotros mismos. Debemos transformarnos y consolidar nuestra ideología proletaria no sólo en la práctica de la revolución, sino también en el curso del estudio de la teoría del marxismo-leninismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Está bastante difundida entre ciertos miembros de nuestro Partido la idea de que una posición proletaria y comunista, firme e irreprochable, no tiene nada que ver con la comprensión y la perfecta posesión de la teoría y del método del marxismo-leninismo. Creen que se puede comprender a fondo y poseer realmente la teoría y el método del marxismo-leninismo, incluso si no se tiene una posición proletaria muy firme ni una ideología bien pura (es decir, si se guardan todavía vestigios de la ideología no proletaria). Piensan que se puede aprender perfectamente la teoría y el método del marxismo-leninismo con sólo estudiarlos en los libros. Esta manera de pensar es errónea.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El marxismo-leninismo es la ciencia de la revolución proletaria, la ciencia con la que la clase obrera construye el socialismo y el comunismo. Sólo los que tienen una posición proletaria consecuente y los que hacen suyos los ideales del proletariado, pueden comprenderlo y poseerlo a fondo. Sin la posición firme y los ideales puros del proletariado, ninguno puede comprender a fondo ni poseer realmente esta ciencia del marxismo-leninismo. Esta no es en absoluto útil al que no es un revolucionario auténtico, un revolucionario consecuente del proletariado, al que no desee realizar el socialismo y el comunismo en el mundo entero y liberar a toda la humanidad, al que no quiera hacer la revolución o quiera detenerse a medio camino sin proseguirla hasta el final.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con frecuencia hemos encontrado comunistas de origen obrero, y de los mejores, que, poco versados en la teoría del marxismo-leninismo, tal vez no llegarían más lejos que los otros si tuvieran que citar, en un examen, pasajes o fórmulas sacadas de las obras marxistas-leninistas. Pero cuando estudian la teoría marxista-leninista, muestran muy a menudo, con tal que se les explique esta teoría en un lenguaje accesible, un interés más vivo y una comprensión más profunda que miembros del Partido que provienen de un medio intelectual. Por ejemplo, la parte de El capital que trata de la plusvalía les resulta difícil de comprender a ciertos miembros del Partido, pero no a los miembros de origen obrero. Ya que en el proceso de producción y en la lucha contra los capitalistas, los obreros aprenden demasiado bien cómo los capitalistas calculan los salarios y las horas de trabajo, cómo los capitalistas los explotan, para obtener ganancias, cómo los oprimen. Ocurre, pues, con frecuencia que nuestros miembros de origen obrero están en condiciones de comprender mejor la teoría de Marx sobre la plusvalía que algunos de nuestros miembros surgidos de otras clases. Cuando decimos que muchos miembros del Partido provenientes de la clase obrera se asimilan con más facilidad el marxismo-leninismo, no entendemos por eso por supuesto, que hayan nacido marxistas-leninistas a causa de su origen social. Queremos decir que, con la condición de estudiar la teoría marxista-leninista con modestia y aplicación, y de saber efectivamente buscar la verdad en los hechos, todos los camaradas que tienen una posición firmemente y puramente proletaria y que están libres de prejuicios o de otros defectos, sabrán con seguridad examinar y resolver los problemas prácticos con más prontitud y exactitud que otros camaradas. En la lucha se mostrarán más aptos para discernir la verdad, más entusiastas para sostenerla, sin desconcertarse con vanos escrúpulos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También con frecuencia hemos advertido que los miembros de origen no proletario llegan a resultados diferentes según la actitud que adoptan con respecto a la relación entre el estudio de la teoría del marxismo-leninismo y su propia educación ideológica. De una manera general, en el momento en que se unen a la revolución, estos miembros no tienen una posición proletaria muy firme, muy neta, ni una ideología muy correcta y pura; todavía conservan, en grados diferentes, toda clase de ideas no proletarias que provienen de la antigua sociedad. Es evidente que estas ideas entran en conflicto directo con los principios del marxismo-leninismo. Y como esos camaradas han tomado actitudes diferentes, los resultados del conflicto difieren igualmente. En el estudio del marxismo-leninismo, unos unen correctamente el estudio teórico con su educación ideológica, sirviéndose de los principios del marxismo-leninismo para combatir y vencer lo que hay de atrasado en su espíritu; de este modo afianza su posición proletaria, purifican su ideología y aprenden a aplicar los principios del marxismo-leninismo a la solución de los problemas prácticos. Nuestro Partido posee muchos miembros que están en este caso. Otros, por el contrario, siguen un camino opuesto; han acumulado en ellos un montón de antiguallas -costumbres invertebradas, prejuicios, apetencias, segundas intenciones- y no están decididos a transformarse a sí mismos. Cuando estudian el marxismo-leninismo, no utilizan sus principios para criticar y repudiar lo que ellos tienen de atrasado en su espíritu; tratan, por el contrario, de servirse de esos principios como de un arma para fines personales; consiguen precisamente desnaturalizar, a causa de sus prejuicios, los principios del marxismo-leninismo; si bien ellos no se encuentran en un estado capaz de comprender convenientemente estos principios y de compenetrarse con el espíritu y con la esencia del marxismo-leninismo. Cuando tratan los diferentes problemas prácticos de la lucha revolucionaria, las costumbres y los prejuicios que han conservado de la antigua sociedad y sus cálculos individualistas los llevan a considerar todo desde el ángulo de sus ventajas personales, se muestran importantes para pensar en todo, quedan irresolutos y vacilantes. Incapaces de ir al fondo de las cosas, libremente y sin violencia, y de sostener la verdad con coraje, disimulan y desnaturalizan la verdad inconscientemente o incluso conscientemente. Estas personas son absolutamente incapaces de aplicar correctamente los principios del marxismo-leninismo a la conducta de su vida y de resolver los diferentes problemas prácticos con prontitud, corrección y realismo, de acuerdo con dichos principios. Ocurre incluso que ellos adoptan una actitud negativa, cuando los problemas prácticos han quedado ya resueltos correctamente de acuerdo con esos principios por la organización del Partido o por otros camaradas que no son ellos. Tales casos no son ni raros ni extraños, son muy corrientes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así, podemos decir de un miembro del Partido que no tiene una posición proletaria neta y firme, ni una ideología proletaria correcta y pura, que no será capaz de comprender a fondo o de poseer realmente la teoría y el método del marxismo-leninismo, y de hacer de ella un arma en la lucha revolucionaria. En otros términos, un comunista que quiere adquirir una buena formación teórica en el marxismo-leninismo debe adoptar la noble posición del proletariado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por otra parte, debemos decir igualmente que un miembro del Partido no puede mantenerse firmemente en la posición del proletariado y hacerse la expresión concreta de la ideología proletaria en las diversas luchas de la revolución, si no se esfuerza por estudiar la teoría y el método del marxismo-leninismo, si no hace del marxismo-leninismo el guía de su pensamiento y de su acción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hay también miembros del Partido que piensan esto: poco importa que se estudie o no la teoría del marxismo-leninismo, que se perfeccione o no en ella, con tal que se tenga decisión en la revolución y coraje en la lucha. Ciertos camaradas se figuran incluso que un origen o una pertenencia de clase irreprochables bastan para hacer de ellos combatientes de vanguardia del proletariado sin que tengan que estudiar el marxismo-leninismo. Otros, finalmente, no han estudiado nunca con seriedad el marxismo-leninismo en el curso de su trabajo y de su lucha, aunque reconocen en general la importancia de la teoría. Está claro que todas estas actitudes son erróneas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La teoría del marxismo-leninismo es el arma que utilizamos para examinar todos los fenómenos y resolver todos los problemas, en particular los fenómenos y los problemas sociales. Si no sabemos manejar el arma de la teoría marxista-leninista, no podremos conocer bien ni resolver, como hace falta, los diferentes problemas que se plantean en la lucha revolucionaria; corremos el riesgo de extraviarnos, de alejarnos de la posición revolucionaria del proletariado, e incluso de convertirnos, consciente o inconscientemente, en oportunistas de una clase o de otra, en prisioneros y en simples ecos de la burguesía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La firmeza en la revolución y el coraje en la lucha son las cualidades preciosas que debe poseer todo comunista. Además de estas cualidades, los comunistas deben saber cómo conducir la revolución y cómo dirigir la lucha en los períodos históricos  y condiciones diferentes, si quieren hacer triunfar la revolución y realizar el ideal supremo del comunismo. Sólo aplicando el marxismo-leninismo resolveremos correctamente cuestiones tan importantes en la lucha revolucionaria como la cuestión de saber sobre quién hay que apoyarse, con quién hay que unirse y a quién hay que destruir; la cuestión de saber quiénes son nuestros aliados directos, quién es nuestro enemigo principal y quiénes son nuestros enemigos secundarios; la cuestión de la concentración de todos los aliados posibles, comprendiendo ahí, en ciertas condiciones, a los enemigos secundarios, para vencer al enemigo principal y la cuestión del cambio de estrategia y de táctica en el momento adecuado para responder a los cambios ocurridos en la situación. Sin saber manejar el arma del marxismo-leninismo, sin tener una buena formación marxista-leninista, es totalmente imposible mantener una firme y correcta posición proletaria cada vez que uno se encuentre ante un problema importante de la lucha revolucionaria; es imposible también, cuando se enfrenta a situaciones complejas y a cambios bruscos y cuando es necesario tomar un camino sinuoso, determinar la orientación política más ventajosa para la causa de la revolución proletaria, o representar el interés general y a largo plazo de la lucha revolucionaria del proletariado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Consideremos la experiencia de nuestro Partido en la aplicación de la política del frente unido nacional contra el Japón. Antes del incidente del 7 de julio [18], algunos camaradas no comprendían que la contradicción entre la nación china y el imperialismo japonés se había convertido en la contradicción principal, mientras que la contradicción entre los diferentes grupos políticos del país quedaba relegada a un segundo plano; por eso se oponían a la política del Partido tendente a formar un frente unido nacional anti-japonés, tendente a agrupar a todas las clases y estratos sociales patrióticos, todos los partidos y grupos sociales patrióticos en la lucha común contra el Japón, y, en particular, se oponían a la política de alianza del Partido con el Kuomintang en esta lucha. Al oponerse a la justa política del Partido, estos camaradas creían mantenerse firmemente en la posición del proletariado; en realidad, se apartaban de ella y se hundían en el sectarismo, en la actitud de “puerta cerrada”. Si hubiéramos actuado según el punto de vista de ellos, el proletariado y su Partido no hubieran podido unir todas las clases y estratos sociales patrióticos, todos los partidos y grupos sociales patrióticos, y conducirlos a la victoria en la lucha contra el imperialismo japonés; en lugar de eso, las fuerzas del frente unido nacional contra el Japón habrían quedado debilitadas, el proletariado y su Partido habrían quedado aislados, en detrimento de la lucha entablada contra el Japón y por la salvación de la patria. Después del incidente del 7 de julio, cuando nuestro Partido hubo establecido con el Kuomintang el frente unido nacional anti-japonés, ciertos camaradas se fueron al otro extremo: creían que, al participar también el Kuomintang en la residencia, no había ya diferencia alguna entre éste y el Partido Comunista. Adoptaban una política de capitulación, de arreglos con los grandes propietarios terratenientes y con la alta burguesía, lo mismo que con el Kuomintang, y se oponían a la política de independencia del Partido en el seno del frente unido; sobrestimaban la fuerza del Kuomintang, tenían una confianza excesiva en él y referían todas sus esperanzas a él en cuanto a la resistencia frente al Japón y en cuanto a la salvación de la patria; no tenían confianza en la fuerza del Partido Comunista y del pueblo y no colocaban sus esperanzas en el Partido Comunista; por ello no se atrevía a desarrollar con atrevimiento el Partido y las fuerzas revolucionarias anti-japonesas del pueblo, ni a luchar resueltamente contra la política del Kuomintang, tendente a combatir y a contener al Partido Comunista. Los camaradas que tenían este punto de vista se vanagloriaban de ser representantes auténticos del proletariado, pero, en realidad, su política habría puesto al proletariado bajo la dependencia y al remolque de la burguesía, le habría hecho perder su papel dirigente en el frente unido nacional anti-japonés. Estos errores “de izquierda” y de derecha son ejemplos sorprendentes del desfallecimiento que sufren los que en el momento en que ocurren grandes cambios en la situación política, no saben mantenerse firmemente en la posición del proletariado, a fin de reconocer la vía correcta en la que hay que plantear la revolución para que progrese.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El proletariado no puede limitarse a emanciparse a sí mismo; no podrá liberarse definitivamente más que luchando por la liberación de todos los trabajadores de la nación y de la humanidad entera. No obtendrá su emancipación verdadera y definitiva más que librando de una vez para siempre a la sociedad humana de la explotación, de la opresión y de la lucha de clases. Por consiguiente, una firme postura proletaria debe distinguirse rigurosamente de la actitud de puerta cerrada y de sectarismo. En la lucha, el proletariado y su Partido deben establecer un lazo estrecho con la gran masa de los trabajadores, formar alianzas revolucionarias con otras clases y partidos revolucionarios y asegurarse la dirección de la gran masa de los trabajadores y de todos sus aliados para que vayan juntos adelante; deben hacerse los intérpretes de los intereses de la gran masa de los trabajadores, de todas las clases revolucionarias y de la nación, es decir, de los intereses de más del noventa por ciento de la población del país. Tener una firme postura proletaria significa representar, en cada momento y en cada circunstancia, el interés supremo de la inmensa mayoría de la población, comprender que este interés representa también el supremo interés de clase del proletariado. Por otra parte, una firme postura proletaria debe distinguirse rigurosamente de la complacencia y de la capitulación. En la lucha revolucionaria el proletariado y su Partido deben distinguirse netamente no sólo de la clase de los terratenientes y de la burguesía, sino también de los demócratas revolucionarios de la pequeña burguesía; deben incluso, en una cierta medida, distinguirse de las masas trabajadoras. En la lucha revolucionaria, deben siempre mantener su independencia y preservarse de todo influjo de la burguesía y de otras clases no proletarias. En cada época del desarrollo de la revolución, deben unir los intereses particulares con los intereses del conjunto, unir los intereses inmediatos con los intereses a largo plazo. Como decían Marx y Engels de los comunistas:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;“1. En las diferentes luchas nacionales de los proletarios, destacan y hacen valer los intereses comunes a todo el proletariado, independientemente de la nacionalidad.&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;2. Y por otra parte, en las diferentes fases de desarrollo por que pasa la lucha entre el proletariado y la burguesía, representan siempre los intereses del movimiento en su conjunto.”&#039;&#039;[19]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando luchaba por la organización de un partido proletario del siglo XIX, Lenin decía:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;“La conciencia de las masas obreras no puede ser una verdadera conciencia de clase si los obreros no aprenden, a base de hechos y acontecimientos políticos concretos y, además, necesariamente de actualidad, a observar a cada una de las otras clases sociales, en todas las manifestaciones de la vida intelectual, moral y política de esas clases; si no aprenden a aplicar en la práctica el análisis materialista y la apreciación materialista de todos los aspectos de la actividad y de la vida de todas las clases, capas y grupos de la población.”&#039;&#039;[20]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y Lenin añadía: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&amp;quot;El ideal del socialdemócrata no debe ser el secretario de trade unión, sino el tributo popular, que sabe reaccionar contra toda manifestación de arbitrariedad y de opresión, dondequiera que sea la capa o la clase social a que afecte; que sabe sintetizar todos estos hechos para trazar un cuadro de conjunto de la brutalidad policíaca y de la explotación capitalista; que sabe aprovechar el menor detalle para exponer ante todos sus convicciones socialistas y sus reivindicaciones democráticas, para explicar a todos y a cada uno la importancia histórico-mundial de la lucha emancipadora del proletariado.”&#039;&#039;[21]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para cumplir las condiciones exigidas por Lenin en los dos pasajes citados, nosotros, comunistas, debemos, por supuesto, tomar parte sin cesar en la práctica revolucionaria para acrecentar el conocimiento sensible y acumular experiencia práctica. Pero, hay que destacar que el conocimiento sensible y la experiencia práctica no bastan por sí solos. Como lo dice el camarada Mao Tse-tung:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;“Para reflejar plenamente una cosa en su totalidad, para reflejar su esencia y sus leyes internas, hay que proceder a una operación mental, someter los ricos datos suministrados por las sensaciones a una elaboración que consiste en desechar la cáscara para quedarse con el grano, descartar lo falso para conservar lo verdadero, pasar de un aspecto a otro y de lo externo a lo interno, formando así un sistema de conceptos y teorías; es necesario dar un salto del conocimiento sensorial al racional.”&#039;&#039;[22]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así, en el curso de la práctica revolucionaria, debemos estudiar con el mayor cuidado la teoría y el método del marxismo-leninismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La teoría del marxismo-leninismo es la suma de la experiencia del movimiento obrero internacional, se ha formado en el curso de la práctica revolucionaria y se pone a su vez al servicio de ésta. Si estudiamos, aplicamos y poseemos bien esta teoría, uniéndola estrechamente con la práctica revolucionaria, sabremos captar los lazos internos de los cambios que se producen alrededor de nosotros y sabremos comprender cómo y en qué sentido evolucionan y evolucionarán las clases; sabremos determinar nuestra línea de conducta y tendremos confianza en el porvenir del movimiento revolucionario.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Precisamente porque la teoría del marxismo-leninismo desempeña un papel tan importante decía Lenin: “sólo un partido dirigido por una teoría de vanguardia puede cumplir la misión de combatiente de vanguardia”[23]. Los comunistas deben ligar estrechamente el estudio de la teoría y del método del marxismo-leninismo con sus esfuerzos por educarse y por aguerrirse desde el punto de vista ideológico; no deben en ningún caso separar una cosa de otra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El camarada Mao Tse-tung ha subrayado muchísimas veces qué importancia extrema tiene el adquirir una formación marxista-leninista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ha dicho:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&amp;quot;Para el marxismo, la teoría es importante, y su importancia está plenamente expresada en la siguiente frase de Lenin: &amp;quot;Sin teoría revolucionaria, no puede haber tampoco movimiento revolucionario.&amp;quot;&#039;&#039;[24] &#039;&#039;Pero el marxismo subraya la importancia de la teoría precisa y únicamente porque ella puede servir de guía para la acción.”&#039;&#039;[25]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El camarada Mao Tse-tung ha recomendado siempre a todos los comunistas, en cuanto sean un poco capaces de hacerlo, estudiar la teoría marxista-leninista, las condiciones reales del movimiento presente, la historia de nuestro país y la historia del mundo, aprender a guiar su acción por la teoría del marxismo-leninismo y ayudar a los camaradas cuyo nivel cultural y teórico es más bajo. Nuestro Partido entero debe tener constantemente en su espíritu esta recomendación del camarada Mao Tse-tung.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== El comunismo es la obra más grandiosa y más ardua de la historia de la humanidad ==&lt;br /&gt;
Voy ahora a proseguir mi exposición hablando de la educación ideológica que deben darse los miembros del Partido Comunista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Qué se entiende por esta educación ideológica? A mi modo de ver, se trata esencialmente de la lucha que cada miembro del Partido debe entablar para combatir sus ideas no proletarias mediante la ideología proletaria, para combatir sus concepciones no comunistas del mundo, sean las que fueren, mediante la concepción comunista del mundo, y para combatir su individualismo mediante el principio de la primacía de los intereses del proletariado, del pueblo y del Partido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se trata de una lucha entre ideas que son incompatibles, se trata del reflejo en nosotros de la lucha de clases en la sociedad. Para un comunista, esta lucha debe tener como solución el triunfo de la ideología proletaria sobre todas las ideologías no proletarias y, finalmente, la supresión de éstas; el triunfo de la concepción comunista del mundo sobre todas las concepciones no comunistas del mundo y, finalmente, la supresión de éstas; y el triunfo de las ideas ligadas a los intereses y a los fines generales del Partido, de la revolución, de la emancipación del proletariado y de toda la humanidad sobre las ideas individualistas y, finalmente, la supresión de éstas. Si ocurriera lo contrario, es decir, si las ideas no proletarias, las concepciones del mundo no comunistas y las ideas individualistas tomasen la primacía en un camarada, éste retrocedería y perdería hasta su cualidad de miembro del Partido. Para un comunista esto supondría un resultado terrible y desastroso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nosotros, comunistas, nos aguerrimos ideológicamente en el curso de todas las luchas en el interior y en el exterior del Partido, no dejamos de recapitular y de asimilar las experiencias adquiridas en la práctica revolucionaria, y examinamos nuestras propias ideas para ver si son totalmente conformes con el marxismo-leninismo y con los intereses de la lucha por la emancipación del proletariado. En el curso de este estudio, de estas reflexiones, de este examen personal eliminamos todos los vestigios de ideas erróneas y ahogamos en germen toda idea incompatible con los intereses del comunismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como sabéis, el hombre está guiado en sus palabras y en sus actos por su ideología, la cual es con frecuencia inseparable de su concepción del mundo. La concepción del mundo de nosotros, comunistas, no puede ser otra que la concepción comunista. Esta concepción del mundo es el sistema ideológico del proletariado, es también nuestra metodología. Es un asunto que ha sido tratado abundantemente en la literatura marxista-leninista, en particular en las obras filosóficas de los fundadores del marxismo-leninismo; por otra parte, vosotros lo habéis estudiado y no me extenderé en eso hoy. Me limitaré aquí a deciros brevemente en qué consiste nuestra causa comunista y cómo debemos trabajar para ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Cuál es para nosotros, comunistas, nuestro deber fundamental? El de realizar el comunismo. Para los diferentes partidos comunistas, esto consiste en transformar sus países respectivos mediante sus propios esfuerzos y mediante los del pueblo, para que el mundo se transforme poco a poco en un mundo comunista. ¿Será éste bueno? Todos nosotros sabemos que lo será. En un mundo así, no habrá más explotadores ni opresores, no habrá más terratenientes ni capitalistas, no habrá más imperialistas ni fascistas, no habrá más oprimidos ni explotados, ni nada de estas tinieblas, de esta ignorancia, de este estado retrasado que engendra el sistema de explotación. En una sociedad así, la producción de los valores materiales y morales tomará un impulso prodigioso y alcanzará un nivel tal que estará en condiciones de satisfacer las necesidades más variadas de todos los miembros de la sociedad. En ese momento, los hombres se convertirán, todos, en trabajadores comunistas desinteresados e inteligentes, de un nivel cultural y técnico elevado; la ayuda mutua y la fraternidad prevalecerán entre ellos; y la sospecha y el engaño mutuo, las ofensas recíprocas, las luchas fratricidas, las guerras y otras cosas absurdas dejarán de existir. Será, con toda evidencia, la sociedad mejor, la más avanzada de la historia de la humanidad. ¿Quién puede negar que una sociedad así sea buena? ¿Pero es posible una sociedad comunista tan perfecta? Nosotros decimos que es posible y que se realizará. La teoría del marxismo-leninismo da una explicación científica de ello que no deja ningún lugar a duda. Por otra parte, la victoria de la Gran Revolución de Octubre y el éxito de la edificación socialista en la Unión Soviética nos han aportado una prueba de hecho. Nuestro deber es, pues, el de hacer avanzar sin cesar, conformándonos a las leyes del desarrollo de la sociedad humana, la causa del socialismo y del comunismo, para que la sociedad socialista y la sociedad comunista se conviertan en una realidad lo más pronto posible. Ahí está nuestro ideal.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero la causa del socialismo y del comunismo tiene enemigos poderosos que hará falta vencer completa y definitivamente en todos los terrenos, para que la sociedad socialista y la sociedad comunista puedan convertirse en una realidad. La causa del comunismo no triunfará más que al precio de una lucha larga y ardua. Sin esta lucha, no puede haber victoria para el comunismo. Naturalmente, esta lucha no es, como algunos han dicho, un fenómeno social “fortuito” o una invención de algunos comunistas. Se trata de un fenómeno inevitable en el desarrollo de una sociedad de clases, se trata de una lucha de clases ineludible del nacimiento del Partido Comunista y el hecho de que los comunistas participen en esta lucha, la organicen y la dirijan, son también fenómenos ineludibles, conformes a las leyes del desarrollo social. En su aplastante mayoría, los hombres están explotados y oprimidos por los imperialistas, los fascistas, los capitalistas y los terratenientes -en una palabra, por todos los explotadores y opresores-, hasta tal punto que apenas pueden subsistir. Están obligados a unirse para combatir esta explotación y esta opresión, porque el progreso y la vida misma no son posibles para ellos más que a este precio. Por consiguiente, es completamente natural, es inevitable, que lleven a cabo esta lucha.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por una parte, debemos comprender que el comunismo es la obra más grandiosa que existe en la historia de la humanidad y que hará desaparecer para siempre la explotación de los hombres, suprimirá las clases, emancipará la humanidad entera y conducirá a la sociedad humana a una era de felicidad, radiante y hermosa, como nunca antes ha conocido. Pero, por otra parte, debemos también comprender que la causa del comunismo es la más ardua de la historia humana y que necesitamos, para vencer el formidable poder de nuestros enemigos, para vencer todas las clases explotadoras, pasar por las vicisitudes de una lucha larga y dura; y que incluso después de nuestra victoria, necesitaremos todavía proceder, durante mucho tiempo y con paciencia, a la transformación social, económica, ideológica y cultural, sin la cual no se puede desembarazar el pueblo de todos los influjos, convenciones y costumbres de las clases explotadas ni instaurar un nuevo sistema social y económico, una cultura y una moral nuevas, comunistas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Apoyándose en el proletariado y en la gran masa de los explotados y de los oprimidos, utilizando el marxismo-leninismo para guiar la lucha revolucionaria de las grandes masas y para hacer avanzar la sociedad hacia el gran fin del comunismo, el Partido Comunista está seguro de la victoria final. Esta es la razón: en virtud de leyes históricas, que regulan su desarrollo, la sociedad humana se encamina indefectiblemente hacia el comunismo; en el seno del proletariado y de la masa de otros explotados y oprimidos del mundo se incuban fuerzas revolucionarias extremadamente poderosas que, una vez movilizadas, unidas y organizadas, son capaces de vencer a todas las fuerzas reaccionarias de las clases explotadoras y del imperialismo; el Partido Comunista y el proletariado son fuerzas nacientes y que se desarrollan; ahora bien, todo lo que nace y se desarrolla es invencible. La historia del Partido Comunista Chino y la historia del movimiento mundial proporcionan bastantes pruebas de ello. En cuanto a la situación actual, es la siguiente: el socialismo ha conseguido ya una gran victoria en una sexta parte del globo, en la Unión Soviética; partidos comunistas militantes, armados con la teoría del marxismo-leninismo, se han organizado en numerosos países; el movimiento comunista mundial se acrecienta y se desarrolla rápidamente; y luchas incesantes movilizan y unen rápidamente a las fuerzas del proletariado y a la masa de otros explotados y oprimidos del mundo. Actualmente, el movimiento comunista se ha convertido, en el mundo entero, en una fuerza poderosa e invencible. No hay la menor duda de que la causa del comunismo va a desarrollarse y a progresar hasta conseguir la victoria definitiva y total. Sin embargo, debemos comprender que la reacción internacional y las clases explotadoras son hoy por hoy todavía más fuertes que nosotros, que son, por el momento, superiores a nosotros en muchos terrenos y que, para vencerlas, debemos pasar por las vicisitudes de una lucha larga y ardua.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En una sociedad en la que la propiedad privada de los medios de producción existe desde hace millares de años, las clases explotadoras han construido, gracias a su dominación, un poder colosal que se extiende a todos los terrenos y se han apoderado de todo lo que existe bajo el sol. Su larga dominación ha sido la causa del estado atrasado de la sociedad humana, de la ignorancia, del egoísmo, de la sospecha y del engaño mutuo, de las ofensas mutuas y de las luchas fratricidas, que han reinado a través de los tiempos. Ha ejercido así sobre la masa de los explotados y sobre otros miembros de la sociedad un influjo de lo más pernicioso. Eso es una consecuencia inevitable de los esfuerzos de las clases explotadoras por preservar sus intereses y su dominio de clase. En efecto, no pueden mantener su dominio más que teniendo a la masa de los explotados y a los pueblos coloniales en un estado atrasado, desorganizado y dividido. Así, para conseguir la victoria, debemos no sólo sostener un rudo combate contra las clases explotadoras, sino también luchar contra el influjo que ellas han ejercido desde hace mucho tiempo sobre las masas, contra las ideas retrasadas y otros fenómenos retrógrados que se encuentran entre las masas, pues sólo esto nos permitirá elevar su conciencia política y unirlos para vencer a las clases explotadoras, Ahí se encuentra nuestra dificultad en el curso de la realización del comunismo. ¡Camaradas! Si, como algunos se lo figuran, las masas fueran políticamente conscientes, unidas, apartadas del influjo de las clases explotadoras y desembarazadas de los fenómenos atrasados, ¿qué dificultad habría entonces para hacer la revolución?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este influjo de las clases explotadoras existe antes de la victoria de la revolución y continuará existiendo todavía por mucho tiempo, después que las clases explotadoras hayan sido arrojadas de su posición dominante. Reflexionad un poco sobre cuántos rodeos tenemos que dar, qué tarea y qué luchas tan arduas nos esperan, si queremos vencer definitivamente a las clases explotadoras y borrar su influjo sobre el pueblo, liberar y transformar la humanidad entera, reeducar a decenas de millones de pequeños productores de mercancías, suprimir definitivamente las clases, transformar paso a paso a la humanidad, que ha vivido durante millares de años en una sociedad de clases, bajo el imperio de viejas costumbres y convenciones, transformarla hasta que se convierta en una humanidad comunista, inteligente y desinteresada, con un nivel cultural y técnico elevado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lenin decía:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;“Suprimir las clases no sólo significa expulsar a los terratenientes y a los capitalistas -esto lo hemos hecho nosotros con relativa facilidad-, sino también suprimir los pequeños productores de mercancías; pero a éstos no se les puede expulsar, no se les puede aplastar; con ellos hay que convivir, y sólo se puede (y se debe) transformarlos, reeducarlos mediante una labor de organización muy larga, lenta y prudente. Estos pequeños productores cercan al proletariado por todas partes de elemento pequeñoburgués, lo impregnan de este elemento, lo corrompen con él, provocan constantemente en el seno del proletariado recaídas de pusilanimidad pequeñoburguesa, de atomización, de individualismo, de oscilación entre la exaltación yel abatimiento. Para hacer frente a eso, para permitir que el proletariado ejerza acertada, eficaz y victoriosamente su función organizadora (que es su función principal), son necesarias una centralización y una disciplina severísimas en el partido político del proletariado... La fuerza de la costumbre de millones y decenas de millones de hombres es la fuerza más terrible... Es mil veces más fácil vencer a la gran burguesía centralizada que &amp;quot;vencer&amp;quot; a millones de pequeños patronos, los cuales, con su labor corruptora invisible, inaprehensible, cotidiana, producen los mismos resultados que necesita la burguesía, que determinan la restauración de ésta.”&#039;&#039;[26]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lenin decía también:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;“...contra la burguesía, cuya resistencia se ve decuplicada por su derrocamiento (aunque no sea más que en un país) y cuya potencia consiste no sólo en la fuerza del capital internacional, en la fuerza y la solidez de los vínculos internacionales de la burguesía, sino, además, en la fuerza de la costumbre, en la fuerza de la pequeña producción. Porque, por desgracia, queda todavía en el mundo, muchísima pequeña producción, y la pequeña producción engendra capitalismo y burguesía constantemente, cada día, cada hora, de modo espontáneo y en masa. Por todos estos motivos,... la victoria sobre la burguesía es imposible sin un aguerra que exige serenidad, disciplina, firmeza, inflexibilidad y una voluntad única.”&#039;&#039;[27]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De este modo, incumbe todavía al proletariado, después de la victoria de la revolución, una tarea extremadamente difícil. La revolución del proletariado es diferente de las otras revoluciones de la historia. La revolución burguesa, por ejemplo, se concluye generalmente con la toma del poder. Pero para el proletariado, la victoria y la emancipación en el plano político significan sólo el comienzo de la revolución: queda por hacer un trabajo gigantesco después de la victoria de la revolución y de la toma del poder.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La causa del comunismo es, como decimos, “una tarea para cien años”, que no se puede realizar “de un solo golpe”. En países diferentes, será necesario pasar por fases diferentes y vencer enemigos diferentes, antes que se haya podido establecer gradualmente una sociedad comunista. Por ejemplo, China está todavía en la fase de la revolución democrática burguesa, tiene como enemigos al imperialismo agresor y a las fuerzas feudales y a los compradores que están de acuerdo con él. Necesitamos vencer a estos enemigos para llevar a buen fin la revolución democrática burguesa en nuestro país. Después de la victoria de esta revolución, necesitaremos todavía hacer la revolución socialista y trabajar durante un período prolongado en la transformación y en la edificación socialistas, antes de poder pasar gradualmente a la sociedad comunista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El fin último de nuestra lucha es el comunismo, y el deber que se nos impone como comunistas es el de superar, de un modo totalmente natural, las diversas dificultades que se atravesarán en nuestro camino. Precisamente porque el comunismo es una obra tan grandiosa y tan ardua, se encuentran todavía hoy personas que, aunque aspiran al progreso social, permanecen escépticos y no están convencidos de la posibilidad de realizarlo. No creen que, bajo la dirección del proletariado y de su partido, la humanidad pueda desarrollarse y transformarse en una humanidad comunista de calidad verdaderamente pura ni que las dificultades que surjan en el curso de la revolución y de la construcción puedan ser superadas. O bien no han previsto estas dificultades, o bien se convierten en pesimistas y se desengañan cuando las encuentran realmente; ocurre incluso en tales casos que algunos miembros del Partido vacilan y desertan de las filas comunistas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nosotros, comunistas, debemos tener el mayor atrevimiento en nuestra concepción y la voluntad revolucionaria más firme. Cada miembro del Partido debe tomar, con gozo y seriedad, la resolución de asumir esta tarea de una grandeza y de una dificultad sin precedente en la historia humana: la realización del comunismo. Vemos claramente las dificultades que surgen en el camino del comunismo, pero no nos intimidamos en absoluto por ellas, pues comprendemos, de un modo igualmente claro, que estas dificultades serán superadas con toda seguridad cuando las innumerables masas se unan a nosotros en la revolución. Fuertes con el apoyo de las amplias masas populares, estamos plenamente convencidos de que nuestra generación realizará una gran parte de la tarea de la construcción del comunismo, y que las generaciones futuras concluirán esta obra magnífica. Los héroes de las otras clases en los anales de la historia no han podido tener la gran elevación de espíritu y el atrevimiento de concepción de los comunistas. Con respecto a eso, tenemos toda la razón para estar orgullosos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me acuerdo que un biógrafo burgués de Europa occidental [28], al visitar la Unión Soviética, en una conversación con el camarada Stalin, se había puesto a cotejar personalidades históricas. El camarada Stalin le dijo en esta ocasión que Lenin era un océano, mientras que Pedro el Grande no era más que una gota en el mar. Ese es el lugar ocupado en la historia por un dirigente de la causa comunista del proletariado, comparado con el lugar de un dirigente de la causa de la clase de los terratenientes y de la clase naciente de los comerciantes. Esta comparación nos hace comprender lo grande que es el dirigente que combate por el éxito del comunismo y de la obra emancipadora de la humanidad y lo pequeño que es el que combate por la causa de las clases explotadoras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nosotros, comunistas, debemos tener el ideal más noble y el objetivo de lucha más elevado, al mismo tiempo que tenemos el sentido práctico y que hacemos un trabajo práctico efectivo. Estos son nuestros rasgos característicos. Si se contenta uno con abrazar un ideal grande y sublime, sin tener el sentido práctico y sin hacer un trabajo práctico efectivo, no se es un buen comunista, sino sólo un soñador, un fabricante de frases o un pedante. Si, por el contrario, sólo se hace trabajo práctico, sin tener el ideal grande y sublime del comunismo, tampoco se es un buen comunista; se es exactamente un vulgar hombre práctico. El buen comunista es aquel que une el ideal grande y sublime del comunismo con el trabajo práctico y con el sentido práctico. En esto se mide la cualidad de un buen comunista, como lo ha resaltado frecuentemente el camarada Mao Tse-tung, guía de nuestro Partido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El ideal comunista es tan hermoso como fea es la realidad del mundo capitalista. Precisamente porque el mundo capitalista es feo, la aplastante mayoría de los hombres quiere cambiarlo y considera que es necesario cambiarlo. Para cambiar el mundo, no debemos despegarnos de la realidad ni ignorarla y, todavía menos, huir de ella; tampoco debemos inclinarnos ante esa realidad tan horrible. La realidad debemos mirarla a la cara, conocerla, vivir y crecer en ella, luchar contra su fealdad y transformarla, a fin de realizar paso a paso nuestro ideal. Y debemos ponernos a nuestra gran tarea comunista de transformación del mundo comenzando por nuestro entorno inmediato, por la gente que está en contacto directo con nosotros y por el trabajo que podemos emprender de modo inmediato. Conviene aquí criticar el defecto, frecuente entre los jóvenes camaradas, de tratar de huir de la realidad o de ignorarla. Está muy bien que tengan un ideal elevado; pero con frecuencia se lamentan del lugar de trabajo y del género de trabajo que se les encarga. Se pasan todo el tiempo buscando el sitio “ideal” y el trabajo “ideal” que les daría la posibilidad de “transformar el mundo” sin dificultad. Pero este sitio y este trabajo no existen más que en su imaginación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La causa del comunismo es para nosotros la tarea de toda la vida. Todas nuestras actividades, durante nuestra vida entera, se realizan en interés de esta causa y de ninguna otra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Subordinación incondicional del interés personal del comunista al interés de su partido ==&lt;br /&gt;
Se debe subordinar el interés personal al interés del Partido, el interés de la organización local del Partido al interés de todo el Partido, el interés parcial al interés general y el interés temporal al interés a largo plazo: tal es el principio marxista-leninista que debe observar todo comunista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un comunista debe tener una idea clara de la relación correcta de su interés personal con el interés del Partido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Partido Comunista es el partido del proletariado y no tiene ningún interés propio fuera del de la emancipación del proletariado. La emancipación final del proletariado es necesariamente la emancipación de toda la humanidad. El proletariado no podría emanciparse completamente si no emancipara a la humanidad entera. La causa de la emancipación del proletariado es idéntica a la causa de la emancipación de todos los trabajadores, de todas las naciones oprimidas, de toda la humanidad, y es inseparable de ella. Por consiguiente, el interés del Partido Comunista es la emancipación del proletariado y de toda la humanidad, es el comunismo y el progreso social. Decir que el interés personal de un comunista está subordinado al interés del Partido supone decir que está subordinado a la causa de la emancipación de la clase y de la nación, al interés del comunismo y del progreso social.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El camarada Mao Tse-tung ha dicho:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&amp;quot;En ningún momento y en ninguna circunstancia puede un comunista poner en primer plano sus intereses personales; al contrario, debe subordinarlos a los intereses de la nación y de las masas populares. De ahí que el egoísmo, la desgana en el trabajo, la corrupción, el afán de figurar, etc., sean lo más despreciable, mientras que merezcan respeto el desinterés, el entusiasmo y la energía en el trabajo, la completa dedicación al deber público y el esfuerzo concienzudo y tenaz.&amp;quot;&#039;&#039;[29]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para juzgar de la fidelidad de un comunista al Partido, a la revolución, a la causa del comunismo, es necesario ver, si es capaz o no, en todas las circunstancias, de subordinar absoluta e incondicionalmente su interés personal al interés del Partido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En todo momento y en toda cuestión, un comunista debe considerar ante todo el interés general del Partido y colocarlo en primer plano, por encima de sus problemas y de su interés personal. El interés del Partido por encima de todo, ése es el supremo principio que rige el pensamiento y la acción de un comunista. De acuerdo con este principio, cada comunista debe asegurarse de que, en sus pensamientos lo mismo que en sus actos, su interés personal se identifique completamente con el interés del Partido. Debe ser capaz, si hay conflicto entre ellos, de someter el primero al segundo, de sacrificarlo sin la menor vacilación y sin la menor repugnancia. Estar dispuesto a sacrificar sin vacilación alguna su interés personal e incluso su vida por el Partido y el proletariado, por la liberación nacional y la liberación de toda la humanidad, es la manifestación de lo que denominamos habitualmente tener el “espíritu de Partido”, la “noción de Partido” o el “punto de vista de la organización”. Es la manifestación más elevada de la moral comunista, del espíritu de principio del partido proletario y de la conciencia más pura de clase proletaria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los miembros de nuestro Partido no deben tener fines personales que sean independientes del interés del Partido. Sus fines personales deben siempre estar de acuerdo con el interés del Partido. Si el fin que se proponen es de estudiar la teoría marxista-leninista, acrecentar su capacidad de trabajo, crear organizaciones revolucionarias y guiar a las masas en las luchas revolucionarias victoriosas, si su fin es hacer más por el Partido, entonces este fin está en consonancia con el interés del Partido. Eso son los miembros y los cuadros que se necesitan en gran cantidad para el Partido. Pero fuera de este fin, los miembros del Partido no deben tener fines personales independientes, como adquirir una posición o adquirir gloria, hacer de héroes o ligarse a cualquier otra consideración individual; si no, se apartarían del interés del Partido y se convertirían incluso en arribistas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si un miembro del Partido no tiene en su cabeza más que el interés y los fines comunistas del Partido, si es verdaderamente desinteresado y no tiene ni consideraciones ni fines personales que estén divorciados del interés del Partido, si se dedica sin cesar a educar su conciencia política en la práctica revolucionaria y al estudio del marxismo-leninismo, los efectos serán los siguientes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En primer lugar, habrá una excelente moral comunista. Al tener una postura proletaria neta y firme, se mostrará leal hacia todos los camaradas, hacia todos los revolucionarios y hacia todo el pueblo trabajador y les testimoniará afecto, les ayudará sin reserva, los tratará en pie de igualdad y no se permitirá nunca el dañar a ninguno de ellos por interés. Sabrá sentir lo que sienten los otros, considerar los problemas de los demás poniéndose en su lugar, penetrar en sus dificultades. Por otra parte, sabrá combatir resueltamente a las termitas que corroen la humanidad, y sabrá luchar con perseverancia por la defensa de los intereses del Partido, del proletariado, de la liberación nacional y de la liberación de la humanidad. Será “el primero en preocuparse y el último en alegrarse”[30]. Sea en el Partido o en el seno del pueblo, será el primero en soportar los sufrimientos y el último en concederse algún placer, nunca comparará las condiciones materiales que le han dado con las que han acordado a otros, sino que se medirá con ellos en el trabajo revolucionario y en la resistencia en la lucha. En la adversidad, se lanzará audazmente adelante; en los momentos difíciles, hará su deber lo mejor que pueda. Tendrá la firmeza y la integridad revolucionaria de “aquel que no se deja ni corromper por las riquezas y los honores, ni envilecer por la pobreza y la humillación, ni someter por la autoridad y la fuerza”.[31]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En segundo lugar, será capaz del más grande coraje revolucionario. Libre de todo egoísmo, no tendrá nada que temer. No habiendo nunca “actuado contra su conciencia”, podrá desvelar y corregir con atrevimiento sus errores y sus insuficiencias, que serán como los “eclipses de sol o de luna”[32]. Seguro de la causa justa que defiende, no tendrá nunca miedo a la verdad; la sostendrá con coraje, la hará conocer a los otros y combatirá por ella. Si al actuar así sufriera daño por algún tiempo y, en la defensa de la verdad, se expusiera a toda clase de ataques, se atrajera la oposición y la crítica de la mayoría de la gente y se encontrara por ello reducido a un aislamiento temporal (y honorable), si tuviera que arriesgar incluso su vida, sabrá todavía, para defender la verdad, resistir a la corriente, sin dejarse arrastrar por ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En tercer lugar, sabrá mejor que nadie asimilarse la teoría y el método del marxismo-leninismo. Sabrá servirse de ellos para examinar los problemas con penetración, para captar y transformar la realidad. Al tener una postura proletaria clara y firme, y una formación marxista-leninista, estará libre de todo temor y de toda pretensión personal, de manera que nada vendrá a perturbar su observación de las cosas o a deformar su comprensión de la verdad. Buscará la verdad en los hechos, pondrá a prueba todas las teorías y distinguirá lo verdadero de lo falso en el curso de la práctica revolucionaria. Su manera de abordar el marxismo-leninismo no será ni dogmática ni empírica, unirá la verdad universal del marxismo-leninismo con la práctica concreta de la revolución.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cuarto lugar, será el más sincero, el más franco y el más dichoso de los hombres. Al no tener deseos egoístas, al no tener nada que ocultar al Partido, “nada que no pueda decir a los otros”, no se preocupará de las ganancias o pérdidas personales y no tendrá otra preocupación que la relativa a los intereses del Partido y de la revolución. Incluso cuando trabaje con toda independencia, sin ningún control, encontrándose así en condiciones de actuar mal, sabrá “vigilarse a sí mismo estando solo”[33], y no hará nada perjudicial. El trabajo que habrá hecho podrá siempre ser verificado, no temerá de ninguna manera el control. No tendrá miedo a la crítica y, al mismo tiempo, sabrá criticar a los otros con valor y con sinceridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En quinto lugar, tendrá el mayor respeto hacia sí mismo y el mayor amor propio. Por la causa del Partido y de la revolución, se mostrará, frente a los camaradas, como el más indulgente y el más tolerante, y estará dispuesto a “tolerar una injusticia por el interés general”. Si esto es necesario, soportará incluso toda clase de malentendidos y de humillaciones, sin experimentar la menor amargura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No tendrá ni fines personales ni intenciones particulares que le lleven a adular a los otros, y no deseará tampoco que los otros lo adulen. Sabrá solucionar perfectamente sus problemas por sí mismo y no tendrá necesidad alguna de rebajarse a implorar la asistencia de los demás. Sabrá también, en interés del Partido y de la revolución, tener cuidado de sí mismo, elevar su nivel teórico y acrecentar sus capacidades. Pero si es necesario soportar humillaciones y asumir responsabilidades pesadas, para conseguir ciertos fines importantes del Partido, se encargará sin la menor duda de las tareas más difíciles y más importantes; no dejará nunca las dificultades a los otros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un comunista debe poseer las virtudes más grandes y más nobles del hombre, y mantenerse neta y firmemente en la posición del Partido y del proletariado (es decir, poseer el espíritu del Partido y el espíritu de clase). Nuestra moral es elevada precisamente porque es proletaria y comunista. Esta moral no está fundada en la salvaguardia de los intereses de tal o cual individuo o de un pequeño número de explotadores, sino en el interés del proletariado y de la gran masa de los trabajadores, en el interés de las grandes causas: la emancipación definitiva de toda la humanidad, la liberación del mundo de todos los males del capitalismo, la edificación de un mundo comunista dichoso y bello; está blindada en la teoría marxista-leninista del comunismo científico. A los ojos de un comunista, nada es más vano, nada se justifica menos que el consentir sacrificios por el interés de un individuo o de una pequeña minoría, pero nada hay más meritorio, nada hay más justificable que el consentir sacrificios por el Partido, por el proletariado, por la liberación de la nación, por la liberación de toda la humanidad, por el progreso social, por los intereses supremos de la inmensa mayoría del pueblo. Innumerables miembros de nuestro Partido han afrontado así, tranquilamente, la muerte, aceptando el último sacrificio sin la menor vacilación. La mayoría de los comunistas consideran que es completamente natural morir por una causa noble y dar su vida por la justicia, cuando lo exigen las circunstancias. Y no los empuja a ello un fanatismo revolucionario o una sed de gloria, sino su comprensión científica del desarrollo social y su alta conciencia política. En una sociedad de clases, no existe ninguna moral comparable a esta elevada y noble moral comunista. Una moral que pretende ser universal y al margen de las clases no es más que una mistificación; es, de hecho, una moral destinada a salvaguardar los intereses del pequeño número de explotadores. Esta concepción de la moral es siempre idealista. Sólo nosotros, comunistas, fundamos nuestra moral sobre la base científica del materialismo histórico y proclamamos públicamente que el fin de una tal moral es la de salvaguardar los intereses del proletariado y de la humanidad en la lucha por su emancipación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Partido comunista representa los intereses generales y a largo plazo del proletariado y de toda la humanidad en lucha por su emancipación; el interés del Partido representa esta causa bajo una forma condensada. No se debe considerar nunca al Partido comunista como un pequeño grupo corporativo que trata de satisfacer los intereses de sus miembros. El que tenga una opinión así no es un comunista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un miembro del Partido tiene sus intereses propios que pueden, en ciertos momentos, encontrarse en contradicción con el interés del Partido e incluso convertirse en antagónicos. En esos casos, debe sacrificar sus propios intereses sometiéndose sin reserva al interés del Partido; no debe alegar excusa alguna, no debe dar ningún pretexto para sacrificar el interés del Partido a sus propios intereses. En todo momento y en todas las circunstancias, debe luchar, con una completa entrega por el interés y el desarrollo del Partido; debe considerar como suyo todo éxito y toda victoria del Partido y del proletariado. Debe esforzarse por acrecentar sus capacidades y desarrollar sus talentos para ponerles al servicio del pueblo. Ahora bien, no puede hacerlo más que en la lucha por el progreso, por el éxito y por la victoria de la causa del Partido, y no puede trabajar en su desarrollo personal separándose de la lucha para hacer avanzar la causa del Partido. Por otra parte, los hechos han probado que sólo comprometiéndose en esta lucha con una completa dedicación es como un miembro del Partido puede esperar acrecentar sus capacidades y desarrollar sus talentos. De otra manera le es absolutamente imposible progresar y elevar su nivel. Así, el interés personal de un miembro del Partido debe y puede identificarse con el interés del Partido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un miembro de nuestro Partido no es un simple particular. Es un combatiente de vanguardia y consciente del proletariado. Debe ser el representante consciente de los intereses de clase y de la ideología de clase del proletariado. No debe, pues, nunca colocar su interés personal por encima del interés, del Partido y del proletariado. En cuanto a los cuadros y a los dirigentes del Partido, con más razón es necesario que sean encarnaciones vivientes de los intereses generales del Partido y del proletariado, y que funden por completo su interés personal en el interés y en los fines generales del Partido y del proletariado. En China, en las circunstancias actuales, el proletariado solo representa del modo mejor posible los intereses de la liberación nacional; los miembros de nuestro Partido deben, pues, ser los mejores campeones del interés de la nación en su conjunto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los miembros del Partido deben subordinar su interés personal al interés del Partido, y se exige de ellos que lo sacrifiquen por el interés del Partido, si fuese necesario. Sin embargo, esto no significó de ninguna manera que nuestro Partido no reconozca o quiera negar el interés personal de sus miembros, o incluso que tenga la intención de ahogar la personalidad de ellos. Cada uno de nuestros miembros tiene problemas personales que resolver y, además, tiene la necesidad de desarrollarse según su personalidad y sus aptitudes. Mientras que el interés del partido no quede lesionado, un miembro del Partido puede, pues, tener una vida privada y familiar, desarrollar su personalidad y sus aptitudes. Además, en la medida de lo posible, el Partido ayudará a sus miembros a desarrollar su personalidad y sus aptitudes conforme a su interés, les dará un trabajo apropiado, lo mismo que condiciones adecuadas, y les otorgará incluso recompensas. Y, en cuanto sea posible, el Partido tomará en consideración y protegerá los intereses esenciales de sus miembros; por ejemplo, les dará la posibilidad de instruirse y de estudiar, les ayudará a resolver los problemas que concernientes a su salud y a su familia y, en caso de necesidad, renunciará incluso a ciertas actividades, a fin de garantizar la seguridad de los camaradas que trabajan bajo un régimen reaccionario. Pero todo esto no tiene otra finalidad que el interés general del Partido. Para realizar las tareas del Partido, es necesario, en efecto, asegurar a sus miembros las condiciones indispensables de vida material, de trabajo y de instrucción que les permitan dedicarse a su tarea con toda tranquilidad y con entusiasmo. Al inclinarse sobre los problemas de los miembros del Partido, los responsables deben dirigir su atención a todos estos puntos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Resumamos. Cada miembro del Partido debe, por su parte, someterse sin reserva al interés del Partido y consagrarse con abnegación a la cosa pública. No debe tener ni consideraciones ni fines personales que se opongan al interés del Partido. No debe pensar sólo en sí mismo, acosar al Partido con demandas personales o quejarse de que no se le haya hecho avanzar o que no le hayan concedido recompensas. En todas las circunstancias, debe estudiar con asiduidad, tratar de hacer progresos, luchar con coraje, elevar sin cesar su conciencia política y profundizar sin descanso en su comprensión del marxismo-leninismo, a fin de aportar una contribución más grande al Partido y a la revolución. Las organizaciones y los responsables del Partido deben, por su parte, darse cuenta, al examinar los problemas referentes a sus miembros, de las condiciones en las que éstos trabajan, viven y se instruyen, y darles la posibilidad de trabajar mejor por el Partido, de desarrollarse constantemente y de elevar sin cesar su conciencia política en el curso de las luchas revolucionarias del proletariado. En particular, hay que conceder una mayor atención a los camaradas que están realmente consagrados a la cosa pública. Sólo utilizando este camino, es decir, prestando atención a estos dos aspectos y armonizándolos, se podrá servir del mejor modo posible al interés del Partido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Ejemplos de ideas erróneas en el partido ==&lt;br /&gt;
Después de lo que ya hemos dicho, si tomamos la comprensión de lo que es el comunismo y el establecimiento de una relación correcta entre el interés personal y el interés del Partido como criterios para juzgar a los miembros y a los cuadros del Partido, constataremos que muchos de ellos responden a estos criterios y pueden servirnos de modelos, pero que otros no responden a estos criterios y tienen además, más o menos, diversas ideas falsas. No será sin duda inútil llamar aquí la atención de nuestros camaradas sobre estas ideas falsas, esbozándolas a grandes rasgos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Cuáles son las ideas fundamentalmente falsas que se encuentran entre camaradas de nuestro Partido?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En primer lugar, los que se adhieren a nuestro Partido no difieren solamente entre sí por su origen y su pertenencia de clase, sino que también vienen con fines y móviles diferentes. Por supuesto, la mayoría ha entrado en el Partido a fin de combatir por la realización del comunismo, para alcanzar el gran fin de la emancipación del proletariado y del género humano; sin embargo, hay algunos que han venido al Partido por otras razones, con otros fines. Por ejemplo, algunos camaradas de origen campesino se imaginan que “el derribar a los déspotas locales y la distribución de las tierras” es el comunismo. No comprenden el verdadero significado del comunismo al adherirse al Partido. Actualmente, hay también mucha gente para los cuales la principal razón de su agrupamiento con el Partido consiste en que este Partido opone una resistencia resuelta al Japón y preconiza un frente unido nacional anti-japonés. Algunos han venido al Partido porque estaban completamente cegados con su prestigio o porque vagamente se daban cuenta de que podía salvar a China. Otros, principalmente, para encontrar una salida a su situación personal, salida que les rehusaba la sociedad: no tenían ocupación fija, no tenían trabajo, no tenían ningún medio de instruirse, o bien querían librarse de la influencia familiar, escapar a un matrimonio forzado, etc. Otros, finalmente, han venido al Partido porque contaban con él para pagar menos impuestos, porque esperaban convertirse más tarde en personas influyentes o porque los habían introducido sus parientes o amigos, etc. Es muy natural que tales camaradas no tengan una noción muy clara, muy definida de la concepción comunista del mundo, que no comprenden la grandeza y las dificultades de la causa comunista y que sean incapaces de tomar una postura proletaria firme. Es también completamente natural que en ciertos momentos críticos, en ciertas condiciones, algunos de ellos hayan flaqueado o cambiado. Al entrar en el Partido, han introducido allí toda clase de ideas; es, pues, extremadamente importante que se instruyan, se eduquen y se formen. En caso contrario, no podrían convertirse en combatientes revolucionarios del proletariado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, no se trata en todo eso de un problema muy grave. Después de todo, no es malo que ciertas personas busquen apoyo en el Partido Comunista, que vengan a él para encontrar una salida a su situación y que ellos aprueben su política. Con excepción de los espías, traidores, arribistas y ambiciosos, a todos los acogemos bien. Pueden ser admitidos, si aceptan y están dispuestos a observar el programa y los estatutos del Partido, a militar en una organización del Partido y a pagar las cuotas. En cuanto al estudio más avanzado y la comprensión más profunda del comunismo, lo mismo que del programa y de los estatutos del Partido, llegarán a eso después de haberse adherido al Partido y, sobre la base de los conocimientos que hayan adquirido previamente, se formarán y se educarán en la lucha revolucionaría; tendrán así todas las oportunidades de convertirse en excelentes comunistas. A decir verdad, comprender bien el comunismo, lo mismo que el programa y los estatutos del Partido, es para muchos una cosa imposible antes de su adhesión al Partido. Por esa razón ponemos como condición para la admisión al Partido la aceptación de su programa y de sus estatutos y no su perfecta comprensión. Incluso si no han comprendido a fondo el comunismo antes de adherirse al Partido, mucha gente puede, sin embargo, convertirse en combatientes activos en el movimiento comunista y revolucionario de la actualidad. Pueden convertirse en comunistas conscientes, a condición de que se entreguen al estudio después de su entrada en el Partido. Además, los estatutos de nuestro Partido estipulan que sus miembros son libres de retirarse del Partido (no se discute la libertad de adhesión). Si un miembro no tiene una profunda confianza en el comunismo, si no puede soportar el rigor de la vida en el seno del Partido, o por la razón que fuera, es libre de declarar al Partido que se retira y éste le permite abandonar sus filas. Después de su partida, y mientras no divulgue los secretos del Partido, no lleve a cabo ninguna actividad de zapa contra él, el Partido lo dejará tranquilo. En cuanto a los arribistas y a los espías que se hayan infiltrado en el Partido, naturalmente serán expulsados. Es el único medio de preservar la pureza de nuestro Partido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En segundo lugar, algunos miembros del Partido tienen todavía un individualismo y un egoísmo relativamente pronunciados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El individualismo se manifiesta de diversos modos:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Algunos camaradas tienen la costumbre de hacer pasar su interés personal por delante del interés del Partido, cuando se trata de resolver un problema concreto. Preocupados únicamente por sus ganancias o sus pérdidas propias, todo lo reducen a su interés personal; o bien, convirtiéndolo todo en su propio provecho, se benefician del trabajo del Partido para alcanzar ciertos fines personales; o también, bajo pomposos pretextos de principio o de interés del Partido, satisfacen su rencor contra algunos camaradas atacándolos mediante represalias. En cuanto que se llega a las cuestiones de sueldo, de confort y de otros asuntos concernientes a la vida privada, siempre quieren más que los otros, se comparan a los que gozan de un trato mejor, redoblan sus esfuerzos para tener las mismas ventajas y, cantan victoria cuando las obtienen. Pero cuando se trata del trabajo, se comparan con los menos capaces. Si hay que cumplir tareas arduas, intentan eludirlas. En el momento de peligro, intentan escaparse. En cuanto al personal de servicio, siempre necesitan más. Su alojamiento tiene que ser siempre de los mejores. Les gusta la ostentación y quieren que la gloria del Partido se refleje en ellos. Tratan de acaparar todo lo que es interesante, pero cuando se trata de “cosas desagradables”, prefieren no encontrarse nunca en el trance. Esta gente tiene la cabeza atiborrada de la ideología de las clases explotadoras. Creen en las máximas: “Cada uno para sí, o es castigado por el Cielo y la Tierra”, “El hombre es un animal egoísta” y “Nadie en el mundo es verdaderamente desinteresado, a no ser un tonto o un memo”. Con estas trivialidades de clases explotadoras, llegan hasta justificar su egoísmo y su individualismo. Gente de esta calaña se encuentra efectivamente en nuestro Partido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Frecuentemente, este individualismo egoísta se traduce también, en el interior del Partido, en querellas sin principios, en luchas de fracciones, en sectarismo y en espíritu de camarilla; encuentra igualmente su expresión en la inobservancia o en la violación voluntaria de la disciplina del Partido. La mayoría de las luchas sin principios tienen por motivo el interés personal. Los que hacen la lucha de fracciones o dan lugar al sectarismo colocan habitualmente el interés del individuo o de una minoría por encima del interés del Partido. En su lucha de fracciones sin principios socaban con frecuencia conscientemente la organización y la disciplina del Partido, entregándose a unos ataques deliberados contra tal o cual, mientras que entablan amistades con otros sin que estén basadas en principios, con el propósito de evitar las ofensas, de cubrirse y de alabarse mutuamente, etc.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cuanto al espíritu de camarilla en el Partido, surge principalmente porque ciertos camaradas ven tan sólo los intereses parciales, es decir, el trabajo de su propio sector o región, sin ver los intereses del conjunto, es decir, el interés de todo el Partido y el trabajo de otros sectores y otras regiones. Desde el punto de vista político e ideológico, éste se parece al corporativismo. Los que tienen el espíritu de camarilla, no siempre han sido empujados a eso por el individualismo, pero los que tienen el espíritu individualista, caen con frecuencia en el error del espíritu de camarilla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En tercer lugar, la presunción, la concepción individualista del heroísmo, el deseo de parecer, etc., subsisten todavía, más o menos, en el espíritu de un buen número de camaradas del Partido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La gente que tienen estas ideas se preocupa ante todo por su posición en el Partido. Les gusta pavonearse, oír que se les adula y se les alaba. Son ambiciosos, se las dan de competentes, se atribuyen el mérito de todo, les gusta hacerse notar y tener las riendas de todo; su estilo de trabajo no es democrático. Están llenos de vanidad, rehúsan sudar sobre su obra, les repugna el ocuparse de los asuntos corrientes o de un trabajo técnico. Son altivos y, al menor éxito, se convierten en arrogantes y creen que nadie vale tanto como ellos; tratan de eclipsar a los demás y no pueden decidirse a tratarlos en pie de igualdad, con modestia y cortesía. Están llenos de ellos mismos, tienen la manía de adoctrinar, de sermonear, de tutelar y prueban siempre a encaramarse por encima de la cabeza de los demás, sin dignarse aprender cualquier cosa de otro, en particular de las masas, sin escuchar las opiniones y las críticas bien fundadas. Están hechos para “subir” y no para “descender”, para “los días serenos” y no para la “mala suerte”, no puede soportar una injusticia. Agitados por un deseo de renombre profundamente enraizado, tratan de hacerse pasar por “grandes hombres” y por “héroes” de la causa comunista, e incluso no retroceden ante nada para satisfacer su ambición. Si no consiguen alcanzar su fin, si son víctimas de una injusticia, corren el peligro de ceder. La historia del Partido conoce buen número de gente que nos han dejado a consecuencia de debilidades de este tipo. Esta gente tiene todavía ideas procedentes de las clases explotadoras; no comprenden la grandeza del comunismo, no tienen la amplitud de mira de un comunista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los comunistas no deben mostrarse ni suficientes ni presuntuosos. Admitamos que algunos de nuestros camaradas sean muy capaces, que hayan hecho un buen trabajo y que hayan obtenido importantes éxitos, éxitos que se podría calificar de “grandes” y de los que tendrían el derecho de estar orgullosos (por ejemplo, los comandantes de nuestro ejército que han conseguido victorias a la cabeza de millares y millares de hombres, los dirigentes de nuestro Partido y de nuestro trabajo de masa que, en diversos lugares, han sabido crear mediante su acción situaciones mucho mejores). Pero, después de todo, ¿qué supone la grandeza de estos éxitos comparada con el conjunto de la causa del comunismo? Para cualquiera que posee la concepción comunista del mundo, ¿qué hay allí de lo que uno se pueda glorificar tanto?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un miembro del Partido que ha realizado correctamente su trabajo y que lo ha llevado a cabo bien, no ha hecho más que su deber. Debe guardarse de la suficiencia y de la presunción, y hacer todo lo posible para no cometer errores o para cometer los menos posibles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Cómo puede valer la situación personal para que un miembro del Partido se preocupe de ella? Esa situación no podría ser más elevada que la de un emperador. Ahora bien, ¿qué es un emperador comparado con un combatiente de la causa del comunismo? “Una gota en el mar”, como ha dicho el camarada Stalin. ¿Qué hay, pues, en definitiva, en una situación personal, que merezca que se preocupe de ella o que se vanaglorie de ella?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es exacto que nuestro Partido, que la causa comunista, tienen necesidad de innumerables héroes del comunismo, de numerosos dirigentes de masas que gocen de prestigio. En la hora actual, tenemos verdaderamente demasiados pocos, y necesitamos todavía formar y templar un gran número de buenos dirigentes y de héroes revolucionarios comunistas en todos los terrenos. Esto es ciertamente un punto muy importante para nuestra causa y no hay que descuidarlo en absoluto. El que lo subestime no comprende nada de la manera de hacer avanzar la causa comunista. Para hacerla avanzar, es necesario que reforcemos considerablemente el espíritu de empresa revolucionaria en los miembros de nuestro Partido y que pongamos plenamente en juego su dinamismo. Estamos obligados a admitir que actualmente no hacemos bastante en este aspecto. Es un hecho, por ejemplo, que ciertos miembros del&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Partido no estudian con bastante asiduidad y no muestran por la política y por la teoría un interés suficiente. Por eso, si nos oponemos al heroísmo individual y a la ostentación, no estamos de ninguna manera contra el espíritu de empresa de nuestros miembros. El deseo de hacer progresos en interés del pueblo es la cualidad más preciosa de un comunista. Pero el espíritu de empresa proletario y comunista es totalmente diferente del “espíritu de empresa” individualista. El primero busca la verdad, la mantiene y combate por ella de la manera más eficaz. Es de carácter progresista y tiene ante sí unas perspectivas de desarrollo ilimitadas, mientras que el segundo no ofrece ningún porvenir incluso para el individuo. Pues el interés personal por lo general impulsa a los que tienen una concepción individualista a negar, a disimular o a desfigurar deliberadamente la verdad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestros camaradas deben comprender que un dirigente o un héroe verdadero de la causa comunista nunca en un dirigente o un héroe individualista y que no debería nunca atribuirse esos títulos o designarse él mismo con ellos. El que se otorga el título de dirigente o aspira a convertirse en eso, nunca será un dirigente en nuestro Partido. La masa de los miembros de nuestro Partido no quiere ser dirigida por individuos, engreídos de sí mismos, que se dejan arrastrar al heroísmo individual, a la ostentación, a la ambición personal y a la vanidad. Ningún comunista tiene el derecho de exigir de la masa de los miembros del Partido que lo eleven a la posición de dirigente o que lo mantengan en ella. Solamente los comunistas que no tienen ninguna intención personal y están consagrados por completo al Partido, sólo los que poseen en alto grado la moralidad y las cualidades comunistas, los que se han asimilado la teoría y el método del marxismo-leninismo, los que se muestran competentes en la práctica, los que son capaces de dirigir directamente el trabajo del Partido, y los que estudian asiduamente y no dejan de hacer progresos, solamente estos comunistas, repito, están en condiciones de ganar la confianza del Partido, de obtener la audiencia y el apoyo de la masa de los miembros del Partido y de convertirse así en los dirigentes y en los héroes de la causa comunista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestros camaradas deben comprender también que un miembro del Partido, un dirigente, un héroe, sea el que sea, no puede efectuar más que una pequeña parte del trabajo y no puede asumir más que una parte de la responsabilidad en la causa comunista. El comunismo es una empresa que exige los esfuerzos colectivos de millones y millones de hombres durante un largo período; ningún individuo, por sí solo, está en condiciones de hacerla triunfar. Incluso los grandes hombres como Marx, Engels, Lenin y Stalin no han podido realizar más que una parte del trabajo de la causa comunista. La obra en la que han trabajado exige todavía los esfuerzos conjuntos y sostenidos de millones y millones de hombres como nosotros. Nosotros, simples miembros del Partido, efectuamos también una parte del trabajo de la causa comunista y asumimos también una parte de responsabilidad. Nuestra parte es ciertamente mucho más pequeña que la de Marx, Engels, Lenin y Stalin. Sin embargo, también tenemos nuestra parte; sea grande o pequeña, es siempre “una parte” de la misma gran causa. Así pues, si hacemos bien nuestra parte de trabajo, podemos considerar que hemos hecho nuestro deber. Naturalmente, debemos hacer todo lo posible para trabajar más, pero si no podemos, si sólo podemos hacer un poco, sigue siendo útil e igualmente honorable. En todo caso, lo menos que podemos hacer es no dificultar el progreso de la causa del comunismo, asumir nuestra parte de responsabilidad, pequeña o grande, y cumplir nuestra tarea, sea ligera o pesada. Tal es la actitud correcta que debe adoptar un comunista. Los camaradas que rehúsan efectuar un trabajo técnico, piensan que este trabajo ahogaría sus talentos, los privaría de los medios de convertirse en célebres (en realidad, no es ese el caso: Stajanov, por ejemplo, salió de las filas de los obreros cualificados), les impediría rendir plenamente y, consiguientemente, les haría perder, aunque fuera poco, ese espíritu de empresa que todo miembro del Partido debe poseer. Ese punto de vista es erróneo. El trabajo técnico ocupa un lugar extremadamente importante en el trabajo de nuestro Partido y los camaradas que se ocupan de él asumen su parte de responsabilidad en la causa del comunismo lo mismo que los camaradas encargados de cualquier otro tipo de trabajo. Hacer lo que nos pide el Partido y, agrade o no agrade el trabajo, hacerlo de buen grado y del mejor modo posible, es la actitud de un comunista con respecto al trabajo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por supuesto, al asignar un trabajo a los miembros del Partido, la organización y los responsables del Partido deben, en todo lo posible, tomar en consideración las inclinaciones y las aptitudes personales de sus miembros, desarrollar sus talentos y estimular sus deseos de hacer progresos. Pero un miembro del Partido no debe, por razones de preferencia personal, rehusar el trabajo que quiere encomendarle el Partido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cuarto lugar, un pequeño número de camaradas están completamente imbuidos de la ideología de las clases explotadoras. No tienen, por lo general, ningún escrúpulo en su manera de tratar a los camaradas o de resolver los problemas del Partido; les falta por completo el grande y sincero espíritu proletario y comunista de ayuda mutua y de solidaridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los que tienen esa ideología tratan siempre de resaltar en el Partido su propio mérito y, para llegar ahí, atacan a los demás y son injustos con ellos. Tienen celos de los que son más capaces que ellos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tratan siempre de hacer retroceder a los que les aventajan. No soportan el desempeñar un papel de segundo plano y no piensan más que en ellos mismos sin ocuparse de los demás. Cuando ven a los camaradas cogidos por las dificultades o sorprendidos por los reveses, triunfan con su desgracia, sacan un gozo maligno de allí y carecen por completo de la simpatía que debe existir entre camaradas. Se las arreglan incluso para hacer daño a los camaradas, “arrojan piedras a los que ya se encuentran en el fondo del pozo” se aprovechan de sus puntos débiles y de sus dificultades para golpearlos y hacerles daño. Se aprovechan de la menor laguna, explotan y agravan todos los defectos en la organización y en el trabajo del Partido, para sacar una ventaja personal. Les gusta suscitar diferencias en el seno del Partido, decir mal de unos y de otros a sus espaldas y se dedican a intrigar para sembrar la discordia. Les gusta mezclarse en toda lucha sin principios que pueda surgir en el Partido; hasta tal punto están interesados en este género de querellas sin principios. Y se dedican a suscitar estas querellas, a atizarlas, sobre todo cuando el Partido se encuentra en dificultades. En resumen, están profundamente corrompidos y carecen de toda rectitud. ¿No sería absurdo pensar que gente así pueda asimilar la teoría y el método del marxismo-leninismo y reflejar la ideología proletaria? Con toda evidencia, no hacen más que reflejar la ideología de las clases explotadoras en decadencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los explotadores, para prosperar, forzosamente hacen daño a los otros. Para acrecentar sus propias riquezas o para evitar la quiebra en una crisis económica, el capitalista está obligado a eliminar un gran número de capitalistas más pequeños que él, está obligado a reducir al hambre a innumerables obreros. Para enriquecerse, los terratenientes deben explotar a los campesinos y desposeer a mucha gente de sus tierras. La expansión de los países fascistas, como Alemania, Italia y Japón, no se ha podido ni se puede hacer más que a costa de otros países, mediante la conquista de Austria, de Checoslovaquia, de Abisinia, etc., y mediante la agresión contra China. Dañar a los demás y arruinarlos son desde siempre las condiciones indispensables para el desarrollo de los explotadores, cuya felicidad está fundada en los sufrimientos de los demás. Es, pues, imposible que haya entre los explotadores una solidaridad verdaderamente durable, una mutua ayuda verdadera, una verdadera simpatía de hombre a hombre. Inevitablemente recurren a intrigas, a procedimientos llenos de disimulo, a fin de precipitar a los demás en la ruina. Sin embargo, están obligados a mentir y a hacerse pasar ante las masas por santos, por defensores de la justicia. Esas son las características de todas las clases explotadoras decadentes. Para ellas, esas características son casi los criterios de una moral “superior”, pero a los ojos del proletariado y de las masas populares no son más que las reglas más criminales de conducta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El proletariado es totalmente diferente de todas las clases explotadoras. No explota a las otras, sino que es explotado. No tiene conflictos de intereses fundamentales ni en sus filas ni entre él y las otras masas trabajadoras oprimidas y explotadas. Para desarrollarse y para emanciparse, no sólo no tiene necesidad el proletariado de dañar el interés y el desarrollo de las otras masas trabajadoras, sino que debe unirse a ellas en la lucha común. Si se quiere emancipar a sí mismo, debe emancipar al mismo tiempo a todos los trabajadores y a la humanidad entera. La emancipación de un solo obrero o de un grupo separado de obreros es cosa imposible. El proletariado debe proseguir hasta el final la emancipación de la humanidad y luchar paso a paso para que se realice. Le es imposible detenerse y transigir a medio camino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta situación objetiva del proletariado determina la ideología de los obreros conscientes, ideología diametralmente opuesta a la de los explotadores. Los comunistas son los combatientes de vanguardia del proletariado que se han armado con el marxismo-leninismo; despiadados en su lucha contra los enemigos del pueblo, no lo son nunca en sus relaciones con sus hermanos y camaradas de las clases trabajadoras. Hacen una distinción rigurosa entre las actitudes y los métodos que deben ser adoptados frente al enemigo o con respecto a los camaradas y a los amigos. Tienen una amistad, un afecto y una simpatía tan grandes como sinceros para con sus hermanos de clase y para con todos los trabajadores oprimidos y explotados, y muestran en sus relaciones con ellos un magnifico espíritu de ayuda mutua, de solidaridad constante y de verdadera igualdad. Se oponen absolutamente a que cualquiera posea un privilegio, rechazan para ellos mismos toda idea de privilegios, y consideran que es una cosa impensable, que sería una verdadera afrenta para ellos el ocupar una posición privilegiada en el seno del pueblo. Si quieren avanzar ellos mismos y mejorar su condición, sólo pueden llegar ahí trabajando por el progreso de los demás y elevando la situación de toda la clase trabajadora. En el terreno de la ideología, en política o en el trabajo, procuran no dejarse aventajar y manifiestan un magnífico espíritu de empresa; al mismo tiempo, estiman, aman y ayudan a los que les son superiores en estas materias, y, sin envidiarles en absoluto, se esfuerzan por tomarlos por maestros. Sienten un profundo interés por los sufrimientos y las privaciones que sufren su propia clase y los trabajadores de todos los países, siguen con atención la lucha liberadora de los trabajadores en todas las regiones del mundo, sus victorias y sus fracasos, que consideran como propios, en cualquier lugar en que se produzcan, y manifiestan así la solidaridad más grande. Estiman que se equivocarían permaneciendo indiferentes con respecto a la lucha emancipadora de los trabajadores y de los oprimidos, que sería criminal alegrarse de sus desgracias. Aman a sus camaradas y a sus hermanos; critican con franqueza y sinceridad sus debilidades y sus errores (esto es, en efecto, un testimonio de verdadero afecto). En materia de principio, no les hacen concesiones y no transigen nunca con ellos; con mayor razón, no estimulan jamás sus errores y sus debilidades (el pasar por esos errores o el fomentarlos no sería amar a los camaradas con un afecto verdadero). Se consagran con todos los medios a la ayuda de sus camaradas, para que se sobrepongan a estas debilidades y para que corrijan estos errores, que ellos nunca explotan ni agravan, de modo que coloquen a los camaradas en una situación enfadosa, es decir, de modo que conviertan sus faltas en irremediables. Devuelven bien por mal, ayudan a sus camaradas y a sus hermanos a corregir los errores sin alimentar nunca el menor deseo de represalias. Severos para con ellos mismos, son indulgentes para con los demás. Se mantienen firmes y estrictos en una posición de principio, y adoptan una actitud franca, recta y seria, no hacen ninguna concesión de principio, no toleran ningún ataque al interés del Partido, no admiten tampoco que se le insulte; tienen un desprecio particular para los que les prodigan, contrariamente a todo principio, alabanzas, adulaciones, lisonjas. Se oponen a todas las luchas sin principios, no se dejan arrastrar a ellas, y si se les critica a su espalda de manera irresponsable y al azar, no se dejan influir o irritar hasta el punto de apartarlos de su posición de principio, hasta el punto de no poder reflexionar con calma o de perder su sangre fría. Tales son las virtudes proletarias que todo comunista debe tratar de conseguir y de desarrollar. Los grandes fundadores del marxismo-leninismo las encarnan bajo la forma más condensada, la más típica y la más concreta. Estas virtudes constituyen la conciencia moral en la sociedad actual y es el Partido Comunista el que encarna esta conciencia. Nos pertenece el promover y exaltar esta conciencia moral proletaria triunfando de toda perversión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En quinto lugar, la pequeñez de espíritu, la mezquindad, el desconocimiento del interés general son los defectos que se encuentran todavía entre algunos camaradas de nuestro Partido. Les falta la envergadura y la amplitud de visión de un comunista; ciegos ante las grandes cuestiones, se apasionan por las cosas pequeñas que están bajo sus narices. No se interesan en absoluto por los problemas vitales, por los acontecimientos de la mayor importancia para el Partido y para la revolución, pero discuten frecuentemente por naderías, argumentan con gravedad e incansablemente sobre minucias por las que se atormentan de una manera excesiva. Esta gente se dejan, por otra parte, ganar fácilmente mediante pequeños favores. Tienen esta estrechez de espíritu que caracteriza al pequeño productor de la sociedad rural.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por otra parte, algunos no toman siempre posiciones claras y definidas en la vida del Partido; para ellos, todo podría marchar igual de bien con esto que con aquello. De hecho, los hay de dos categorías: para unos, es una cuestión de conocimiento, para otros, es una cuestión de cualidades morales. Estos últimos tratan siempre de especular con las circunstancias, llevar adelante las cosas más dispares, agradar a todo el mundo. Sus características consisten en usar un lenguaje diferente según las personas y las circunstancias, girar como una veleta, no tener principio alguno. A veces, se parecen claramente al murciélago de Esopo[34] y están siempre dispuestos a pasarse al lado del vencedor. Esas personas que no son ni carne ni pescado, esas personas con doble rostro no son algo completamente desconocido en nuestras filas. Tienen los rasgos del comisionista de la antigua moda. Además, algunos sucumben a las seducciones de las clases explotadoras de la antigua sociedad. Ante el espectáculo de este mundo centelleante, ante todo este oro, ante la belleza, comienzan a vacilar, giran malamente y pueden llegar incluso hasta traicionar al Partido y a la revolución.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Finalmente, la impetuosidad y el carácter inconsistente, propios de la pequeña burguesía, la inclinación a la destrucción del lumpen proletariado y de los campesinos arruinados se reflejan a menudo en la ideología de ciertos camaradas. Pero no me extenderé aquí en esta cuestión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En resumen, nuestro Partido representa la ideología grande y poderosa, comunista, del proletariado. Pero hay que subrayar que las diversas ideas no proletarias e incluso las de las clases explotadoras en decadencia encuentran todavía un eco más o menos grande en algunos de nuestros camaradas. A veces esas ideas existen en un estado latente en el Partido y no se revelan más que a propósito de ciertos problemas menores de la vida cotidiana. A veces se reaniman y se manifiestan sistemáticamente en cuestiones de principio, en cuestiones políticas importantes o en cuestiones de la lucha en el interior del Partido. Ciertos sectores ciertos eslabones de la organización del Partido pueden también estar dominados o corroídos por estas ideas erróneas. Cuando se desarrollan en su grado más alto, como por ejemplo, en la época en que gentes como Tchen Tu-sieu y Tchan Kuo-tao tenían el poder en el Partido, consiguen subyugar temporalmente los órganos dirigentes importantes del Partido. Pero en épocas normales, son mantenidas a raya por la ideología proletaria correcta. De ahí la lucha entre la ideología proletaria y la ideología no proletaria en el interior del Partido. Ocurre lo mismo con algunos miembros del Partido tomados individualmente. Algunas veces, una idea errónea dormita en ellos, pero está dominada. Sin embargo, en otros momentos, esa idea se desarrolla hasta el punto de gobernar sus actos. De ahí las contradicciones y las luchas que estallan en un miembro del Partido entre la ideología proletaria y la ideología no proletaria. Al hacer su educación ideológica, un miembro del Partido se propone superar, eliminar conscientemente todas las ideas erróneas y no proletarias por medio de la ideología proletaria y de la concepción comunista del mundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Origen de las diversas ideas erróneas en el partido ==&lt;br /&gt;
El Partido comunista representa el lado más luminoso, el más progresista de la sociedad humana de nuestro tiempo; es el medio en el que extiende sus raíces y se desarrolla la ideología más alta de la humanidad: el marxismo-leninismo. Los hombres más conscientes, los más progresistas, los más sanos del mundo, los que poseen en el más alto grado el sentido de la virtud y de la justicia están reunidos en el Partido comunista; ellos llevan a cabo un combate inflexible contra todas las fuerzas tenebrosas, por el porvenir radiante de la sociedad humana y por su emancipación definitiva. El Partido Comunista chino es uno de los mejores partidos comunistas del mundo. Guiados por nuestro jefe, el camarada Mao Tse-tung, nuestro partido está poderosamente armado con la teoría marxista-leninista y, al mismo tiempo, ha heredado hermosas tradiciones de pensadores progresistas y de revolucionarios que ha producido la nación china en las diferentes épocas de su historia. Representa lo que hay de más progresista y de más luminoso en la sociedad china, y agrupa en su organización a los mejores hijos e hijas de la nación china. Está comprometido en una larga lucha contra las fuerzas tenebrosas de la sociedad china, ha sufrido duras pruebas y ha acumulado una rica experiencia de lucha revolucionaria. Nosotros, los comunistas, tenemos derecho a estar orgullosos de todo esto. Tenemos ciertamente fundamento para creer que conseguiremos la victoria final y el éxito definitivo. Sin embargo, nuestra organización no es enteramente perfecta, no está exenta de insuficiencias y de errores. Existen, además, en nuestras filas elementos malsanos e incluso malos elementos capaces de todas las infamias. En otros términos, en nuestro glorioso Partido hay todavía cosas indeseables, sombras en el cuadro; las he enumerado anteriormente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una vez que se ha admitido un yerno desagradable o se ha introducido una nuera muy fea en la familia, no se los puede mantener de todos modos apartados de los invitados. Incluso si quisiéramos ocultar estas cosas indeseables y tomar el partido de lavar nuestra ropa sucia en familia, no lo podríamos hacer. Las grandes masas populares están en contacto constante con nuestro Partido, nuestros simpatizantes quieren venir a visitarnos, la gente que tienen consideración para con nosotros, y entre ellos muchos jóvenes, quieren venir a nosotros para estudiar o para adherirse a nuestro Partido. Al llegar a nosotros, verán las cosas, las “personas de la familia” que son progresistas, hermosas y atrayentes, pero con toda seguridad verán también a nuestro yerno desagradable o a nuestra nuera vulgar, que dirán o harán en público cosas molestas o darán un espectáculo ante los ojos atónitos de nuestros visitantes o de nuestros nuevos adictos. “El Partido Comunista, se preguntarán entonces, ¿no defiende él todo lo que es justo? ¿No son los comunistas los hombres mejores? ¿Por qué existen todavía en el Partido Comunista personas tan miserables y cosas tan feas? ¿No es esto extraño?” Antes de adherirse al Partido, ciertos jóvenes camaradas estaban profundamente descontentos con la sociedad tal como es, veían bien que no encontrarían solución en ninguna parte y que solamente el Partido Comunista les ofrecía una esperanza luminosa. Pensaban que todo iría a su gusto, que todo marcharía según los deseos, desde que se hubieran adherido al Partido. Pero, después de haberlo hecho o de haber llegado a las bases revolucionarias, han constatado que en el Partido también había insuficiencias y errores, y que no todo podía satisfacerles en la vida práctica (pues muchas cosas de las que les hubieran satisfecho no están conformes con el interés del Partido y de la revolución). Así, han encontrado que la realidad no se correspondía exactamente con lo que se habían figurado y algunos de ellos han comenzado a dudar ya extrañarse. Se han preguntado: “¿Por qué ocurren también tales cosas en el Partido Comunista?” Hay personas que, antes de venir a Yenan y entrar en la Escuela militar y política anti-japonesa, pensaban que todo era allí tan perfecto como se lo habían imaginado. Pero, después de su llegada a Yenan y de su entrada en la Escuela, han descubierto que todo no marchaba a su satisfacción. Entonces, se han admirado a su vez: “¿Por qué ocurren cosas decepcionantes en Yenan y en la Escuela?”, y al no encontrar respuesta a su cuestión, algunos incluso se han entregado al pesimismo y a la desesperación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estas cuestiones despiertan nuestra vigilancia. Son para los miembros y los cuadros de nuestro Partido una lección que debe comprometerles a presentar una seria atención a la manera de tratar y de guiar a los nuevos partidarios y a todos nuestros simpatizantes y a hacer de manera que no queden influenciados desfavorablemente. Pero, por otra parte, nos obliga a dar una explicación a los camaradas tanto del interior como del exterior del Partido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Por qué existen todavía cosas indeseables en nuestro glorioso Partido? La razón, pienso yo, es muy simple. Nuestro Partido no ha caído del cielo, ha nacido de la sociedad china. En general, los miembros de nuestro Partido son los mejores hijos e hijas de China, la vanguardia del proletariado chino, pero provienen de todas las capas de la antigua sociedad, y en China actualmente existen todavía clases explotadoras y existe su influjo: egoísmo, intrigas, burocracia y otras cosas sórdidas. Muchos de nuestros miembros, los mejores, no están para nada afectados por tales influencias, pero también tenemos adeptos que traen consigo o reflejan en el Partido algunas de las cosas sórdidas de la antigua sociedad; ¿hay de qué extrañarse? Una persona que sale del fango tiene el cuerpo manchado de barro, ¿es eso algo extraño? Ciertamente que no. Es del todo natural. Sería, más bien, sorprendente y extremadamente inconcebible que no hubiera absolutamente cosas sórdidas en las filas del Partido Comunista. Podemos decir que, mientras existan en la sociedad cosas sórdidas, clases, influjo de las clases explotadoras, existirán necesariamente, en una determinada medida, cosas parecidas en el Partido. Precisamente porque hay cosas sórdidas tanto en la sociedad como en el Partido, éste tiene por tarea el transformar la sociedad, y es necesario que sus miembros se transformen, se eduquen y se acostumbren a la lucha. Así, debemos proseguir no sólo la lucha contra todo lo que es tenebroso y retrógrado en la sociedad, sino también debemos proseguir la lucha en el interior del Partido, contra los elementos vacilantes, oscilantes, que reflejan todo eso en el Partido. Esa es la fuente de las contradicciones y de las luchas en el seno del Partido. Debemos, pues, recurrir a las diferentes luchas en el interior y en el exterior del Partido para transformar la sociedad, desembarazarla progresivamente de lo que es tenebroso y retrógrado, y para transformar al mismo tiempo, resolviendo nuestras contradicciones internas, a nuestro Partido y a sus miembros, a fin de que se conviertan en más sanos y más firmes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Stalin decía:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&amp;quot;…las fuentes de las contradicciones en el interior de los partidos proletarios residen en dos circunstancias. ¿Cuáles son estas circunstancias?&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;En primer lugar, la presión ejercida por la burguesía y la ideología burguesa en el proletariado y en su partido en el cuadro de la lucha de clases; presión a las que se prestan con bastante frecuencia las capas menos estables del proletariado y, consiguientemente, las capas menos estables del partido proletario. No se puede decir que el proletariado esté completamente aislado de la sociedad, que esté colocado al margen de la sociedad. El proletariado es parte integrante de la sociedad, parte ligada a sus diversas capas por numerosos lazos. Pero el partido es una fracción del proletariado. De ese modo, tampoco él puede estar libre de los lazos y del influjo de las capas diversas de la sociedad burguesa.&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;La presión ejercida por la burguesía y por su ideología en el proletariado y en su partido se traduce en que las ideas burguesas, las costumbres, los hábitos, el estado de ánimo penetran frecuentemente en el proletariado y en su partido mediante ciertas capas del proletariado ligadas de una manera o de otra a la sociedad burguesa.&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;En segundo lugar, se debe al carácter dispar de la clase obrera, a la existencia de diversas capas en el interior de la clase obrera.&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;Se encuentra, ante todo, la masa fundamental del proletariado, su núcleo, su parte permanente, es la masa del proletarios “pura sangre”, que desde hace tiempo rompió con la clase de los capitalistas. Esta categoría del proletariado es el apoyo más seguro del marxismo.&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;La segunda categoría la componen los que han salido recientemente de las clases no proletarias, del campesinado, de las filas de la pequeña burguesía, de los intelectuales. Provenientes de otras clases, se han integrado recientemente al proletariado, aportando a la clase obrera sus tradiciones, sus costumbres, sus vacilaciones, sus fluctuaciones. Esta categoría ofrece el terreno más propicio a toda clase de agrupaciones anarquistas, semi-anarquistas y “ultraizquierdistas”.&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;Finalmente, la tercera categoría la compone la aristocracia obrera, la cúspide de la clase obrera, la parte más acomodada del proletariado, con su tendencia al compromiso con respecto a la burguesía, con su estado de ánimo dominante inclinado a adaptarse a los poderosos del mundo, a “ir por su camino”. Esta categoría ofrece el terreno más propicio a los reformistas y oportunistas declarados.”&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Actitudes con respecto a las ideas erróneas y a la lucha en el seno del partido ==&lt;br /&gt;
El influjo de las clases explotadoras y de la pequeña burguesía, la existencia de capas diferentes en el seno de la clase obrera y las diferencias de origen de clase de nuestros miembros engendran entre ellos ideas diferentes, ciertas diferencias en sus puntos de vista, en sus costumbres y en sus sentimientos, en sus concepciones del mundo y de la moral, y diferencias en su manera de considerar y de pensar las cosas y los fenómenos en general, y los problemas de la revolución en concreto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En nuestro Partido, algunos son capaces de observar las cosas y los fenómenos en su desarrollo y en su interrelación; otros están acostumbrados a considerarlos como si estuvieran aislados y estáticos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los primeros están dispuestos a considerarlos en su conjunto y de una manera objetiva y, consecuentemente, a sacar de ahí conclusiones correctas que puedan guiarnos adecuadamente en la acción. Entre los últimos, unos destacan solamente o exageran tal aspecto de las cosas, mientras que otros ven o exageran otro aspecto; de modo que ni los unos ni los otros consideran las cosas en su conjunto y de una manera objetiva, de acuerdo con las leyes del desarrollo y de la interconexión de los fenómenos objetivos, sino tan sólo de una manera unilateral y subjetiva, por lo que ni pueden sacar conclusiones correctas ni pueden dar una buena dirección a nuestras acciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sus modos diferentes de considerar los problemas conducen a los miembros del Partido a resolverlos según métodos diferentes y hacen surgir en el seno del Partido divergencias en las concepciones y en las opiniones, controversias y luchas. Bajo el influjo de las clases explotadoras y de su ideología, es inevitable que estas divergencias y controversias se conviertan en algo cada vez más agudo con cada momento crítico de la revolución, como consecuencia de la intensificación de la lucha y el acrecentamiento de nuestras dificultades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El nudo de la cuestión no es el de saber si hay divergencias de ideas y de opiniones, pues existen siempre; se trata de saber cómo resolver las contradicciones en el seno del Partido, cómo allanar estas divergencias, cómo triunfar de las ideas erróneas no proletarias. Evidentemente, sólo la lucha en el interior del Partido nos permitirá resolver estas contradicciones, allanar estas divergencias y triunfar de las ideas erróneas. Como dijo Engels: “Las contradicciones no se pueden difuminar por mucho tiempo. Ellas se regulan por la lucha.”[36]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con respecto a las insuficiencias, a los errores y a todo lo que es indeseable en el Partido, diferentes categorías de camaradas profesan opiniones diferentes y adoptan actitudes diferentes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hay una primera categoría de camaradas que no ven o no quieren ver que hay en el Partido insuficiencias, errores y otros fenómenos indeseables; creen ciegamente que no se encuentra en él nada así, porque ellos aflojan en su vigilancia y dejan debilitar su lucha contra estos fenómenos. Una segunda categoría entre ellos no ve más que, o nada más que, las insuficiencias, los errores y las cosas indeseables. No ven lo que hay correcto y luminoso en el Partido; por eso se abandonan al pesimismo, se encuentran decepcionados, pierden su confianza; o bien, la vista de estos fenómenos indeseables los deja atónitos y desconcertados. Estos modos de ver las cosas son, todos ellos, incorrectos y unilaterales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra manera de ver propia difiere de la una y de la otra. Por una parte, sabemos que nuestro Partido es el partido del proletariado, el partido más progresista y el más revolucionario que existe en China. Por otra parte, sabemos bien que, en nuestro Partido, existen todavía, en grados diferentes, insuficiencias, errores, cosas indeseables. Al mismo tiempo, conocemos claramente su origen, el camino a seguir para corregirlos y eliminarlos progresivamente y nos aplicamos sin descanso a formarnos, redoblamos los esfuerzos en el trabajo y llevamos a cabo las luchas necesarias para hacer progresar nuestro Partido y la revolución.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Puesto que los hombres difieren por su posición de clase y sus puntos de vista, adoptan actitudes diferentes con respecto a lo que es indeseable en el Partido. La primera actitud es la de los elementos extraños a la clase obrera y la de los elementos hostiles que se han introducido en el Partido. La segunda es la de nuestros partidarios que no tienen una posición proletaria firme y cuyo modo de pensares erróneo. La tercera es la de los miembros del Partido que se mantienen firmemente en los principios del marxismo-leninismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los elementos extraños a la clase obrera y los elementos hostiles que se han introducido en el Partido se alegran con las insuficiencias, con los errores y con otras cosas indeseables que ven en nuestro Partido. Sacan de ahí un goce maligno, explotan nuestras lagunas y tratan por todos los medios de utilizar y de agrandar tales o cuales insuficiencias, errores y otras cosas indeseables, a fin de poder minar nuestro Partido. A veces, incluso aparentan luchar contra algunos errores y mantener la línea del Partido, con el fin de extremar las cosas hasta hacer cometer los errores opuestos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la primera categoría se encuentran los casos siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
1. Ciertos miembros del Partido aprueban y comparten ideas erróneas y siguen los malos ejemplos de otros afiliados para satisfacer sus ambiciones y deseos personales. Consideran que la existencia de ciertas insuficiencias y errores en el Partido es provechoso para ellos, y por eso favorecen consciente o inconscientemente su desarrollo, para aprovecharse de ellas a continuación. Es la actitud que adoptan en el Partido los arribistas y los afiliados de un natural muy maleado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
2. Ciertos miembros del Partido cierran los ojos ante las insuficiencias, los errores, las cosas indeseables, y las abandonan a su curso. Se acomodan a todo, eluden la lucha contra estos defectos. Temen la lucha y la autocrítica en el interior del Partido, las consideran como perjudiciales, como algo que de ninguna manera favorece al Partido; o bien permanecen insensibles a estos fenómenos indeseables y no quieren reconocerlos; o también, no los combaten más que formalmente y están dispuestos al compromiso. Esa es la actitud de los miembros que no tienen más que un sentido débil de su deber para con el Partido, que se encuentran imbuidos de liberalismo o que son culpables de burocratismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
3. Ciertos miembros del Partido “se horrorizan” ante las insuficiencias y los errores, y también ante los camaradas cuyas ideas no son siempre muy correctas. Rompen a la ligera con los camaradas que han cometido una falta y tratan de golpe y porrazo de obtener su exclusión. Si no lo consiguen al primer intento, sufren un desaire, arrojan el mango detrás del hacha, caen en el pesimismo y en el abatimiento; o bien, “permanecen en su pureza”, se mantienen aparte y se separan incluso de manera clara del Partido. Esta actitud exagerada se traduce también en la manera mecánica que tienen algunos de comprender la lucha y la autocrítica en el seno del Partido. Los que la adoptan piensan que la lucha interior debe ser desarrollada en no importa qué condiciones, y que cuanto más frecuente y encarnizada sea, tanto mas vale. Consideran la menor baratera como una cuestión “de principio”, y califican de “oportunismo” político a las faltas más pequeñas. No llevan a cabo la lucha en el interior del Partido de una manera apropiada y concreta, según las necesidades de la realidad y las leyes objetivas del desarrollo de las cosas, sino que “luchan” de una manera mecánica, subjetivamente, violentamente, sin preocuparse de las consecuencias. Es la actitud adoptada por los miembros del Partido que no comprenden el origen de las contradicciones en el seno del Partido, que no saben cómo hacer frente a las divergencias en el Partido o que no tienen más que una concepción mecánica de la lucha en el interior del Partido. Durante un cierto tiempo, esta actitud exagerada con respecto a la lucha interna ha sido explotada por los oportunistas “de izquierda”. Estos últimos han promovido esta lucha mecánica y excesiva hasta buscar deliberadamente “blancos de lucha” en el seno del Partido, hasta suscitar deliberadamente luchas internas y castigar a camaradas abusando de las medidas disciplinarias previstas por el Partido, es decir, recurriendo contra ellos a medidas destinadas a las luchas exteriores; mediante tales “luchas” y mediante tales “medidas disciplinarias” es como intentaban hacer avanzar el trabajo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La actitud que debemos adoptar es la del proletariado, la del marxismo-leninismo. En contra de las actitudes erróneas mencionadas anteriormente, preconizamos lo que sigue:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
1. Entre los diversos fenómenos, ideas, opiniones y puntos de vista aparecidos en el Partido, reconocer y distinguir ante todo lo que es correcto y provechoso para el Partido y para la revolución y lo que no lo es, o bien ver si las partes en litigio no se encuentran, ambas, en el error y si la verdad no se encuentra en una tercera opinión. Después de haber analizado y considerado todo con serenidad, tomar una actitud neta y ponerse del lado correcto. No seguir ciegamente a los demás ni dejarse arrastrar por la corriente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
2. Inspirarse en todos los buenos ejemplos y en todos los actos de honradez en el Partido para estimularlos y multiplicarlos; sostener activamente todos los puntos de vista y todas las opiniones correctas; no seguir los malos ejemplos ni dejarse influir por ideas erróneas, sean las que fueren.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
3. No adoptar una actitud liberal, ni temer la lucha necesaria en el interior del Partido. Llevar adelante una lucha intransigente contra todas las ideas u opiniones que constituyen errores de principios, contra todos los fenómenos indeseables en el Partido, de manera que podamos siempre triunfar de ellos; no dejarlos nunca desarrollarse en detrimento del Partido y de la revolución.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
4. No adoptar una actitud mecánica y exagerada. Combinar como hace falta el rigor y la claridad en materia de principios con la flexibilidad y la persuasión paciente en los métodos de lucha, para educar, criticar, templar y transformar, en el curso de un período de lucha prolongado, a los camaradas que han cometido faltas, pero que no son incorregibles. Entablar, de una manera concreta y apropiada, las luchas ideológicas indispensables en los diversos momentos, referentes a las diversas cuestiones de principio, pero no comprometerse de una manera subjetiva, mecánica y gratuita en una lucha sin discriminación en el interior del Partido; no convertirse en un maníaco de la “lucha”,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
5. Consolidar la unidad del Partido, reforzar su disciplina y elevar su prestigio en el curso de la lucha en el interior del Partido. Infringir sanciones de acuerdo con los estatutos a los elementos incorregibles, o incluso excluirlos del Partido. Considerar como nuestro deber supremo el defender la unidad del Partido, preservar la pureza de su ideología y reforzar su organización.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tal es la actitud que adoptan todos los buenos comunistas. Es la única actitud marxista-leninista correcta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No hay nada extraño en que nuestros enemigos se sirvan de todas nuestras insuficiencias y de todos nuestros errores para minar a nuestro Partido. Además de ser nuestro deber el aguzar constantemente nuestra vigilancia, debemos dar la menor ocasión posible al enemigo cada vez que surjan insuficiencias y errores en el seno del Partido. Ese es el deber de todo camarada ligado al Partido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si, en el curso de la lucha en el interior del Partido, un miembro descuida este punto, si sólo sigue su capricho, si llega hasta unirse a malos elementos en lugar de rechazar su asistencia, o recurre incluso a la ayuda de fuerzas exteriores para alcanzar un cierto fin en el interior del Partido, cometerá una falta política imperdonable, una infracción imperdonable a la disciplina del Partido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestros miembros deben reflejar la ideología correcta en el Partido y ajustarse a los buenos ejemplos: las ideas erróneas y los malos ejemplos, deben combatirlos y no seguirlos. Pero lo que ocurre de hecho en el Partido es que algunos camaradas que, en general, tienen ideas correctas y siguen los buenos ejemplos, reflejan a veces ideas erróneas, siguen a veces malos ejemplos. En cuanto a otros, parece que les es fácil aprender lo que es malo, pero les resulta difícil aprender lo que es bueno. Esto merece por nuestra parte una seria atención. Estos camaradas, cuando se han cometido ciertos errores en el Partido, se inclinan frecuentemente a fomentarlos o a agravarlos, con intención o sin ella. En las luchas internas del Partido, se colocan con frecuencia del lado de los que están en el error o bien se unen con los que lo arrastran, sin preocuparse de lo que es verdadero o falso. Estos camaradas no harán ningún progreso si no se someten a una crítica severa y a una formación rigurosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cuanto a los camaradas que adoptan en el Partido una actitud liberal o burocrática con respecto a las insuficiencias, errores y a otros fenómenos indeseables, tienen, por supuesto, una actitud igualmente errónea. Pienso que esto está muy claro para vosotros, estudiantes del Instituto de marxismo-leninismo. En efecto, en el curso sobre la Edificación del Partido, que habéis estudiado, la necesidad de la autocrítica y de la lucha ideológica en el seno del Partido es explicada claramente y a fondo; podéis consultar con lo dicho allí, yo no me extenderé en ese punto. Sin embargo, lo que pretendo resaltar es que los camaradas del Partido que adoptan esta actitud liberal son todavía bastante numerosos. Con frecuencia, nos falta esta crítica y esta autocrítica, hechas con un sentido real de la responsabilidad, con toda sinceridad y de acuerdo con los principios de organización del Partido, que se dirigen a denunciar, corregir y eliminar las insuficiencias, los errores y los otros fenómenos indeseables; en particular, la crítica desde abajo hacia arriba y la autocrítica faltan todavía con bastante frecuencia y deben ser desarrolladas grandemente. Por el contrario, hay en el Partido, a propósito de tal persona o de tal cuestión, cantidad de críticas irresponsables y contrarias a nuestros principios de organización, lo mismo que murmuraciones y habladurías a espalda de los interesados. Esas son las dos formas de expresión del liberalismo en el Partido. Eso demuestra que ciertos camaradas no son lo bastante maduros políticamente, que les falta valor en la lucha revolucionaria y que la democracia en el interior del Partido no ha alcanzado todavía un desarrollo conveniente. Ciertos camaradas no se atreven a desafiar las conveniencias ni a ofender a la gente, por miedo de incurrir en su animosidad o en sus contra críticas: prefieren dejar subsistir las insuficiencias y los errores; su actitud es la de acomodarse a todo, tener los menores contratiempos posibles y arreglar las cosas por pura fórmula. Y, sin embargo, critican a los demás a sus espaldas. Todo esto hace daño al Partido, en lugar de aprovecharle. Las críticas y los dichos irresponsables pueden provocar en el Partido diferencias sin principios y disensiones, pero no servirán nunca a corregir en él las insuficiencias y los errores. Estamos en favor de una crítica y una autocrítica responsables, provechosas para el Partido y conformes a sus principios de organización.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Puesto que existen insuficiencias y faltas en el Partido, al mismo tiempo que ideas erróneas no proletarias, cada una de las cuales se puede convertir, en ciertos momentos, en una tendencia y dar nacimiento a divergencias de principio y afectar la unidad de acción del Partido, no seremos capaces de educar correctamente al Partido, al proletariado y a las masas, si, en lugar de desarrollar la crítica y la autocrítica, de denunciar y de corregir constantemente las insuficiencias y los errores, de triunfar sobre todas las ideas erróneas y de entablar una lucha en el interior del Partido para allanar allí las divergencias, nosotros adoptamos una actitud conciliadora y una línea “media”, si nos acomodamos en todo y si sólo intentamos salir del asunto como sea.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El liberalismo en la lucha interior del Partido se manifiesta, además, de otra forma. Cuando una controversia estalla en el Partido, numerosos camaradas abandonan su trabajo para pasar días y meses en vanas discusiones, o no conocen limites en esas discusiones, de manera que la unidad del Partido se encuentra relajada, su disciplina debilitada y su prestigio comprometido, y las organizaciones y organismos militantes del Partido se convierten en lugares de chismorreo. Estas cosas se han producido más de una vez en ciertas organizaciones de nuestro Partido. No tienen nada en común con la crítica y la autocrítica que preconizamos. Si recurrimos a la crítica y a la autocrítica, no es para mermar el prestigio del Partido, minar su disciplina y debilitar su dirección, sino para realzar el prestigio del Partido, consolidar su disciplina y reforzar su dirección.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se equivocan, pues, adoptando una actitud liberal o burocrática con respecto a las insuficiencias, errores y fenómenos indeseables. Debemos desarrollar la crítica y la autocrítica y llevar a cabo correctamente la lucha en el interior del Partido, a fin de combatir todos los fenómenos indeseables y allanar las divergencias. Sólo así podrá consolidarse, desarrollarse y progresar el Partido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los camaradas que adopten una actitud exagerada en la lucha dentro del Partido están igualmente en el error.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La actitud extrema es la antítesis exacta del liberalismo. Los que la adoptan lo hacen porque no comprenden que las ideas erróneas en el Partido tienen raíces profundas en la sociedad y no podrían de ninguna manera ser eliminadas de un solo golpe. Muchos camaradas nuestros pueden, en diferentes momentos y en grados diversos, reflejar ideas erróneas que existen en la sociedad y, bajo el influjo de ideas no proletarias, cometer algunos errores en su trabajo; esto no lo puede evitar por completo ningún camarada. Si hay que rehusar el admitir o el tolerar, si hay que rechazar absolutamente o incluso excluir del Partido a todos los camaradas que reflejan, en grados diversos, ideas no proletarias o que han cometido errores pero que no son incorregibles, entonces la tarea de nuestro Partido, que consiste en educar a sus miembros y en consolidar sus organizaciones, quedará vacía de todo objetivo. Si nuestro Partido siguiese esa política exagerada, los camaradas que la adoptan terminarían ellos mismos por ser excluidos. En particular, esos camaradas no comprenden que la realización del comunismo lleva consigo la inmensa y difícil tarea de transformar a todos los hombres en ciudadanos desinteresados de la sociedad comunista, transformar, mediante un largo proceso de formación y de educación en el curso de la lucha misma, a todos los hombres, con todas sus debilidades, en comunistas altamente cultivados. Sise dan cuenta de esto, deben comprender que nuestro Partido tiene la importante y constante tarea de educar y de reformar a los que son ya sus miembros, pero que tienen todavía, en mayor o menor grado, ideas no proletarias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Naturalmente, educar a estos camaradas y reformar su ideología es una tarea ardua que exige largos y pacientes esfuerzos. Sin embargo, si nos repugna afrontar esta tarea, si retrocedemos ya ante estas dificultades, ¿cómo podemos hablar de transformar el mundo y el género humano? Y puesto que estamos decididos a emprender esta ardua tarea, sin procedente, que es la transformación del mundo y del género humano, sin retroceder ante las dificultades, ¿qué otra tarea en el mundo nos podría asustar? Los miembros del Partido que tienen la concepción comunista del mundo son hombres sin temor, que no retroceden ante ninguna tarea, por difícil y ardua que sea, y ellos comprenden que el desarrollo de las cosas sigue un curso sinuoso. Los camaradas que adoptan una actitud exagerada no comprenden que es necesario recorrer un camino penoso y sinuoso para llegar al comunismo, temen las dificultades, desean seguir un camino derecho, quieren eliminar de un solo golpe todo lo que les contraria y saltar inmediatamente a su universo ideal. Con esta manera de pensar y de actuar, se golpearán con seguridad la cabeza contra el muro. Y frecuentemente, después de haberse roto las narices, se convertirán en pesimistas, se desanimarán, perderán su confianza en el futuro del comunismo. Pasarán así de la extrema “izquierda” a la extrema derecha, desvelando completamente el fondo de su ideología no proletaria. Es lamentable que haya todavía en nuestro Partido tantos camaradas que vienen a caer más o menos en esta actitud exagerada y errónea con respecto a las insuficiencias y a los errores en el Partido, a pesar de que esa actitud es extremadamente dañosa al Partido, a sus camaradas y a ellos mismos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si la lucha interior es necesaria, no es que subjetivamente nos agrade luchar o meternos en controversias, sino porque en el curso del desarrollo del Partido y de la lucha del proletariado han surgido divergencias de principio en el Partido. En tales momentos, “no se puede eliminar las contradicciones más que luchando por tales o cuales principios, portales o cuales objetivos de la lucha, por tales o cuales métodos de lucha conducentes al objetivo”[37]. Ningún compromiso sirve de nada. Esto significa que, cuando una controversia recae sobre una cuestión de principio, a la que sólo la lucha puede poner término, debemos, para llegar ahí, llevar a cabo la lucha en el interior del Partido, sin tratar nunca de eludirla; y esto no quiere decir que en todos los asuntos corrientes, en todos los problemas de orden puramente práctico, tengamos que entablar, con rostro severo, una lucha en el interior del Partido y rechazar todo compromiso, de modo que se suscite una tempestad en un vaso de agua. “Se puede y se debe aceptar toda clase de acuerdos con los que, en el interior del Partido, piensan de modo diferente en cuanto a los problemas de política corriente, en cuanto a los problemas de orden puramente práctico.”[38]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando aparezcan ideas oportunistas y divergencias de principios en el Partido, debemos, por supuesto, luchar contra esas ideas y esos errores de principio para triunfar sobre ellos. Esto no significa de ninguna manera que, cuando no existan divergencias de principio e ideas oportunistas, debamos todavía intentar agrandar las divergencias de opinión entre los camaradas respecto a los problemas de orden puramente práctico, hasta el punto de hacer de ellos “divergencias de principio”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El camarada Mao Tse-tung dijo:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;“...el partido debe llevar a cabo, por un lado, una seria lucha contra las ideas erróneas y, por otro, dar a los camaradas que han cometido errores plena oportunidad para que adquieran conciencia. En estas circunstancias, una lucha excesiva es obviamente inadecuada.”&#039;&#039;[39]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es necesario dirigir críticas severas o incluso infligir sanciones de acuerdo con los estatutos a los camaradas que, habiendo cometido errores de principio o habiendo manifestado ideas oportunistas, se hacen sordos a la persuasión y a las críticas, persisten en sus errores, se atrincheran en una obstinación irreductible, saltan contra la política del Partido o mantienen una actitud llena de duplicidad. Pero si estos camaradas no persisten en sus errores, si están dispuestos, después de una discusión, de tentativas de persuasión y de críticas en una atmósfera de calma, a corregir sus errores, a renunciar a sus puntos de vista anteriores, o bien si reflexionan con calma en sus errores y los discuten sin pasión con otros camaradas, nosotros debemos alegrarnos del menor progreso que hayan hecho y no infligirles sanciones sin discernimiento. Al preconizar la crítica y la lucha en el interior del Partido, no queremos decir que cuanto más severos sean nuestros rostros y cuanto más castiguemos a nuestros camaradas, tanto mejor resultará; nuestro objetivo más elevado es el de llegar verdaderamente a educar a los camaradas que han cometido errores, ayudarlos a corregirse de ellos, educar a todos los miembros y reforzar el Partido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La actitud de los oportunistas “de izquierda” con respecto a la lucha en el interior del Partido era manifiestamente errónea. Según esa gente, que se diría que están dementes, toda paz en el interior del Partido sería algo condenable, incluso la que resultase del acuerdo unánime en los principios y en la línea política. A falta de divergencias de principio en el Partido, ellos se dedican deliberadamente a “la caza” de blancos, calificando de “oportunistas” a ciertos camaradas y tomándolos por “maniquíes de paja” en su lucha en el interior del Partido. Veían en estas luchas erróneas, en estos tiros contra “maniquíes de paja” las fórmulas mágicas para desarrollar al Partido y para conseguir la victoria en la lucha revolucionaria del proletariado. Creían que el único medio para merecer el calificativo de “bolchevique” era el de “levantar tempestades en un mar tranquilo” y provocar intencionadamente la lucha en el interior del Partido. Con toda seguridad, no es esa la forma de llevar a cabo esa lucha de modo serio, eso es burlarse del Partido y transformar en un juego esta lucha que tiene un carácter extremadamente serio. Los que preconizan este modo de actuar no son “bolcheviques”, sino elementos cuasi incorregibles o arribistas que usurpan el nombre de “bolchevique”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo que se acaba de decir se refiere a la actitud que debemos adoptar con respecto a las insuficiencias, errores y otros fenómenos indeseables en el Partido. Mediante la lucha contra las tinieblas en el interior y en el exterior del Partido es como transformamos al mundo y al género humano, lo mismo que a nuestro Partido y a nosotros mismos. La lucha interna es el reflejo en el seno del Partido de las contradicciones que existen en la sociedad entre las clases y entre lo antiguo y lo nuevo. En el curso de la lucha de clases en el exterior del Partido -de la lucha revolucionaria de las masas- el Partido se acostumbra a la pelea, se desarrolla y se refuerza y, al mismo tiempo, mediante la lucha en el interior del Partido, realiza su consolidación y su unidad, que le permiten asegurarse una dirección más sistemática, más adecuada y más enérgica en la lucha revolucionaria de las masas. Por esa razón adoptar una actitud liberal con respecto a las insuficiencias, errores y otros fenómenos indeseables que existen en el Partido, tratar de ignorar las divergencias de principio, disimular las contradicciones en el seno del Partido, eludir la lucha en el interior del Partido y arreglar las cosas sólo en cuanto a la forma y como por compromiso, sería algo enteramente erróneo, provechoso para el enemigo, contrario a las leyes del desarrollo de la lucha de clases e incompatible con nuestro punto de vista fundamental: transformar el mundo y el género humano mediante la lucha. Es igualmente erróneo separar la lucha en el interior del Partido de la lucha de clases en el exterior del Partido o del movimiento revolucionario de masas y transformar la lucha en el interior del Partido en vanas habladurías. Pues el Partido no podría aguerrirse en modo alguno ni desarrollarse ni reforzarse, si estuviera cortado de la lucha revolucionaria de las masas. Sin embargo, sería igualmente erróneo y contrario a las leyes del desarrollo del Partido el que pasáramos de un extremo a otro y que adoptáramos una actitud exagerado con respecto a todos los camaradas que presentan insuficiencias y que cometen errores, pero que no son incorregibles, o que no hagamos distinción alguna entre ellos y los enemigos, llevando a cabo de una manera mecánica y exagerada la lucha en el interior del Partido o incluso suscitándola de un modo deliberado. No debemos romper con los camaradas que han cometido errores, pero que son leales; debemos, al mismo tiempo que les testimoniamos afecto y simpatía, persuadirlos, educarlos, ayudarlos a fortalecerse y a transformarse a sí mismos en la lucha. Si no persisten en sus errores, si no son incorregibles, no debemos castigarlos o excluirlos del Partido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque existan todavía ciertas, insuficiencia y errores, ciertos fenómenos indeseables, aislados y parciales, en nuestro Partido, tenernos la firme convicción de que podremos eliminarlos y que los eliminaremos de hecho en el curso del desarrollo del movimiento obrero y en la gran lucha revolucionaria de las masas. La historia de la lucha emprendida por el Partido Comunista chino desde hace casi veinte años, los grandes progresos que ha realizado y la historia del desarrollo del movimiento obrero en los diferentes países del mundo son a este respecto absolutamente convincentes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La lucha en el interior del Partido es un componente esencial, indispensable de la lucha revolucionaria en su conjunto. Por eso nuestros camaradas deben aguerrirse y educarse tanto en la lucha en el exterior del Partido como en la lucha en dos frentes en el seno del Partido. Sin embargo, buen número de nuestros camaradas no comprenden todavía perfectamente esta lucha interior y carecen de la formación y de la educación de sí mismos necesarias para eso. Se manifiesta no sólo en las luchas incesantes y sin principios entabladas por algunos camaradas del Partido, sino también por el hecho de que algunos de nuestros camaradas, incluso los que tienen un largo pasado de lucha militante, no soportan ser criticados o ser juzgados desfavorablemente. En el combate librado contra la contrarrevolución, no han vacilado nunca, no se han quejado nunca, no se han desanimado nunca, por muy cruel y ardua que fuese la lucha, por muy severos que fuesen los golpes que tuvieron que soportar. Pero en la lucha en el interior del Partido, estos camaradas no pueden soportar la menor crítica, el menor ataque, la menor injusticia, ni siquiera una palabra desagradable. O bien sospechan que los demás hacen alusiones malévolas con respecto a ellos, se quejan por esa razón y se deprimen por completo. Este es un hecho que debe retener nuestra atención.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hay que decir que se trata en esos casos, por lo general, de camaradas muy buenos, que han combatido resueltamente la contrarrevolución y que consideran al Partido como una madre llena de efecto. Cuando vuelven a los brazos de su tierna madre, después de duros combates, esperan encontrar no ataques e injusticias, sino el aliento, los consuelos y el afecto que merecen. Tales esperanzas son por completa naturales. Sin embargo, hay algo que no tienen en cuenta, al menos plenamente, y es que existen todavía en el Partido insuficiencias, errores y luchas internas, y todo camarada debe pasar por estas luchas. Si el Partido critica y combate las insuficiencias y los errores, no es en modo alguno porque el Partido sea despiadado, sino porque no puede dejar de hacerlo en el curso de su lucha revolucionaria. Es indispensable que en la lucha en el interior del Partido cada uno reciba críticas bien fundadas: esto es provechoso para él mismo, para los demás camaradas y para todo el Partido. Por otra parte, es inevitable que ciertos camaradas reciban, en determinados momentos y en determinados asuntos, críticas mal fundadas, que soporten ataques, e incluso vejaciones e injusticias. Por no tener todo esto en cuenta, los camaradas de los que hemos hablado caen de las nubes, cuando les ocurren tales cosas inesperadamente y se sienten muy desgraciados y abatidos por ello.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A este respecto, pienso que nuestros camaradas deben, por una parte, velar por la unión con los otros camaradas, tratarlos con franqueza y sinceridad, procurar no herirlos con observaciones hechas a la ligera o con dichos sarcásticos y mordaces, y, sobre todo, no criticarlos de modo irresponsable a sus espaldas. Con respecto a los errores del camarada que sea, la actitud que conviene adoptar es la de darle consejos con sinceridad y criticarlo en su presencia, con un espíritu preventivo y servicial. Todos debemos estar atentos a eso, y en particular los camaradas que tienen una cierta responsabilidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por otra parte, pienso que nuestros camaradas deben siempre estar preparados moralmente para la lucha en el interior del Partido, deben aceptar sinceramente todas las críticas bien fundadas y deben tener, al mismo tiempo, el coraje de soportar los malentendidos, los ataques, e incluso las vejaciones y las injusticias; sobre todo, no deben encolerizarse por las críticas irresponsables, injustificadas, por falsos ruidos. Aparte de la crítica practicada correctamente entre camaradas por el camino de la organización del Partido, se puede, si es necesario, dar una explicación completa o proporcionar algunas explicaciones en respuesta a los menosprecios o a las críticas irresponsables; pero si estas explicaciones permanecen sin efecto, no queda otra solución que dejar que hable la gente, desde el momento en que se tiene una ideología correcta y un comportamiento sin reproche. Recordemos estos dos dichos chinos. “¿Sobre qué cosa no se hacen habladurías a su espalda y quién no cae en habladurías sobre los demás?” “¡Qué importa la tempestad! ¡Siéntate tranquilamente en tu barca de pesca!” Nadie en este mundo puede evitar enteramente el ser mal comprendido; tarde o temprano, se disiparán los malentendidos. Debemos ser capaces de soportar un malentendido sin comprometemos nunca en luchas sin principios. Al mismo tiempo, debemos mantenemos constantemente alerta y vigilar nuestros pensamientos y nuestro comportamiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dicho de otra manera: si hay que evitar el herir a los camaradas con observaciones descorteses, hay que ser capaces, por su parte, de soportar los dichos ofensivos de los demás.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nos oponemos absolutamente a las controversias sin principios en el Partido. Puesto que son sin principios, son inútiles y perjudiciales al Partido, y no es posible, en general, distinguir en ellas lo correcto y lo falso, lo bueno y lo malo. No intentemos, pues, descubrir en una lucha sin principios quién se equivoca y quién tiene razón, quién es el bueno y quién es el malo; esto es un asunto que no se podría aclarar. Lo que podemos hacer es oponemos absolutamente a este género de lucha y pedir a los camaradas que se han comprometido en ella que la dejen incondicionalmente y que vuelvan a las cuestiones de principio. Esa es la regla que debemos observar con respecto a las controversias y a las luchas sin principios. Pero, ¿qué haremos si surgen estas controversias, si un gran número de ellas se encuentran implicadas con ciertas luchas de principio? ¿O qué haremos si estas controversias vienen a nuestro encuentro y nos encontramos mezclados en ellas? También en este caso, todo lo que podemos hacer es poner el acento en cuestiones de principio, evitando ponerlo en cuestiones que no comprometen principio alguno. Como lo exige la línea de conducta definida más arriba, debemos tratar estas controversias sin principios con el rigor necesario, sin dejarnos arrastrar a ellas y permanecer siempre firmes en nuestra posición de principio. Cuando alguien sea injusto con vosotros, no respondáis haciéndole injusticia. Estad siempre del lado de lo que es justo y oponeos a la injusticia que os hacen. No es fácil a ciertos camaradas comportarse de este modo, lo que demuestra que hay que vigilar particularmente en la formación y en la educación de uno mismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al emprender la educación ideológica, los comunistas tienen por objetivo el aguerrirse, a fin de convertirse en miembros y en cuadros modelos del Partido, fieles y puros, siempre en continuo progreso. Este objetivo nos impone los deberes siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
1. Adquirir la concepción comunista del mundo y la firme posición del Partido y del proletariado mediante el estudio del marxismo-leninismo y mediante la participación en la lucha revolucionaria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
2. Examinar nuestro pensamiento y nuestro comportamiento, corregir todas nuestras ideas erróneas y, al mismo tiempo, juzgar las cuestiones y los camaradas bajo el ángulo de la concepción comunista del mundo y bajo el ángulo de la firme posición del Partido y del proletariado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
3. Adoptar constantemente una actitud correcta y métodos apropiados en la lucha contra las ideas erróneas en el Partido, especialmente contra aquellas ideas que afectan la lucha revolucionaria de los momentos actuales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
4. Dominarse rigurosamente en sus pensamientos, en sus palabras y en sus acciones, sobre todo cuando ellos revisten un carácter político y se refieren a la lucha revolucionaria presente, tomando una posición firme y adhiriéndose a los principios correctos. Además, es bueno el ser escrupuloso para consigo mismo hasta en las “menudencias” (vida privada, comportamiento, etc.). Pero con los otros camaradas, salvo en las cuestiones de principio y en las cuestiones políticas importantes, no hay que mostrarse demasiado exigente ni molestarles por “menudencias”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así es como, a mi modo de ver, hay que entender esencialmente la educación ideológica de los comunistas mediante sus propios esfuerzos.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Ledlecreeper27</name></author>
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		<title>Biblioteca:Los problemas económicos del socialismo en la URSS</title>
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		<updated>2024-03-10T18:55:01Z</updated>

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&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;PDF: https://www.marxists.org/espanol/stalin/1951/problemas-economicos-del-socialismo.pdf&lt;br /&gt;
[[Categoría:Obras de biblioteca de Joseph Stalin]]&lt;/div&gt;</summary>
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		<title>Biblioteca:Los problemas económicos del socialismo en la URSS</title>
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		<updated>2024-03-10T18:54:32Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Ledlecreeper27: Creada&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;PDF: https://www.marxists.org/espanol/stalin/1951/problemas-economicos-del-socialismo.pdf&lt;br /&gt;
[[Categoría:Obras de biblioteca de Iósif Stalin]]&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Ledlecreeper27</name></author>
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		<title>República de Cuba</title>
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		<updated>2024-03-02T19:45:41Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Ledlecreeper27: Añadí texto del ensayo de Ismael&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{Infobox País|name=República de Cuba|native_name=República de Cuba|image_flag=Flag of Cuba.svg|image_coat=Coat of arms of Cuba.svg|image_map=Orthographic map of Cuba.svg|map_width=220px|largest_city=capital|capital=[[La Habana]]|mode_of_production=[[Socialismo]]|government_type=[[Estado socialista]] [[Marxista-Leninista]]|leader_title1=Primer/a Secretario/a,&amp;lt;br/&amp;gt;Presidente/a|leader_name1=[[Miguel Díaz-Canel]]|leader_title2=Presidente/a de la Asamblea Nacional del Poder Popular|leader_name2=Esteban Lazo Hernández|leader_title3=Presidente/a del Consejo de Ministros|leader_name3=Manuel Marrero Cruz|established_event1=Victoria de la [[Revolución Cubana]]|established_date1=1 de enero de 1959|population_estimate=11.193.470|population_estimate_year=2019}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Cuba&#039;&#039;&#039;, oficialmente la &#039;&#039;&#039;República de Cuba,&#039;&#039;&#039;&amp;lt;ref name=&amp;quot;:0&amp;quot;&amp;gt;Asamblea Nacional del Poder Popular, &#039;&#039;Constitución de la República&#039;&#039;, proclamada el 10 de abril de 2019. En &#039;&#039;Gaceta Oficial&#039;&#039; No. 5 Extraordinaria de 10 de abril de 2019 [[https://www.gacetaoficial.gob.cu/sites/default/files/goc-2019-ex5.pdf PDF]]&amp;lt;/ref&amp;gt; es un país [[Socialismo|socialista]] [[América Latina|latinoamericano]] compuesto por la isla de Cuba, además de la Isla de la Juventud y varios archipiélagos menores. Está ubicado en el [[Mar Caribe]] y fue liberado en la [[Revolución Cubana]] contra el dictador proestadounidense [[Fulgencio Batista]].&amp;lt;ref name=&amp;quot;:0&amp;quot; /&amp;gt; Guiada por la ideología [[Marxista-Leninista]], cuba está liderada por el [[Partido Comunista de Cuba]] (PCC), la [[vanguardia]] de la [[Proletariado|clase trabajadora]] cubana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La República de Cuba es uno de los cinco Estados [[Socialismo|socialistas]] del mundo actual (junto con [[Vietnam]], [[Laos]], [[República Popular Democrática de Corea|Corea Popular]] y [[China]]). Comenzó como una economía planificada al estilo [[Unión Soviética|soviético]], pero tras el derrocamiento de la Unión Soviética y la consiguiente pérdida de influencia del [[Pacto de Varsovia|bloque socialista]], Cuba se hizo más vulnerable al [[Embargo de Estados Unidos contra Cuba|embargo]] [[Estados Unidos de América|estadounidense]] y dependiente del comercio y el capital extranjeros. Desde entonces, se han promovido amplias reformas de mercado.&amp;lt;ref&amp;gt;{{Referencia|author=[[Partido Comunista de Cuba]]|year=1997|title=Resolución económica del V Congreso del Partido&lt;br /&gt;
Comunista de Cuba|pdf=https://www.pcc.cu/sites/default/files/tesis-resoluciones/2020-07/resolucion_economica_v_congreso.pdf|city=La Habana}}&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La sanidad cubana goza de gran prestigio en todo el mundo, con éxitos en prácticamente todas las áreas críticas de la salud pública y la medicina. Cuba también promueve una diplomacia sanitaria enviando médicos a naciones subdesarrolladas que carecen de sistemas sanitarios avanzados, así como una impresionante innovación en biotecnología y productos farmacéuticos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Historia ==&lt;br /&gt;
{{Ensayo:Historia económica de la Cuba socialista}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Referencias ==&lt;br /&gt;
[[Categoría:Países]]&lt;br /&gt;
[[Categoría:Países socialistas]]&lt;br /&gt;
[[Categoría:Artículos necesitados de limpieza]]&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Ledlecreeper27</name></author>
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		<id>https://es.prole.wiki/w/index.php?title=Biblioteca:Mosc%C3%BA_o_Pek%C3%ADn&amp;diff=5860</id>
		<title>Biblioteca:Moscú o Pekín</title>
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		<updated>2024-02-10T22:22:45Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Ledlecreeper27: Página creada con «PDF: https://ppsdemexico.org.mx/download/70/ Categoría:Obras vacías de biblioteca»&lt;/p&gt;
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[[Categoría:Obras vacías de biblioteca]]&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Ledlecreeper27</name></author>
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		<id>https://es.prole.wiki/w/index.php?title=Biblioteca:Lecciones_de_pol%C3%ADtica_para_p%C3%A1rvulos&amp;diff=5859</id>
		<title>Biblioteca:Lecciones de política para párvulos</title>
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		<updated>2024-02-10T22:21:27Z</updated>

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[[Categoría:Obras vacías de biblioteca]]&lt;/div&gt;</summary>
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		<title>Biblioteca:La perspectiva de México: Una democracia del pueblo</title>
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		<summary type="html">&lt;p&gt;Ledlecreeper27: Página creada con «PDF: https://ppsdemexico.org.mx/download/66/ Categoría:Obras vacías de biblioteca»&lt;/p&gt;
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&lt;div&gt;PDF: https://ppsdemexico.org.mx/download/66/&lt;br /&gt;
[[Categoría:Obras vacías de biblioteca]]&lt;/div&gt;</summary>
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		<title>Biblioteca:La Izquierda en la historia de México</title>
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		<summary type="html">&lt;p&gt;Ledlecreeper27: Página creada con «PDF: https://ppsdemexico.org.mx/download/64/ Categoría:Obras vacías de biblioteca»&lt;/p&gt;
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&lt;div&gt;PDF: https://ppsdemexico.org.mx/download/64/&lt;br /&gt;
[[Categoría:Obras vacías de biblioteca]]&lt;/div&gt;</summary>
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		<id>https://es.prole.wiki/w/index.php?title=Biblioteca:Frente_Nacional_Democr%C3%A1tico&amp;diff=5856</id>
		<title>Biblioteca:Frente Nacional Democrático</title>
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		<updated>2024-02-10T22:18:24Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Ledlecreeper27: Creada&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;PDF: https://ppsdemexico.org.mx/download/54/&lt;br /&gt;
[[Categoría:Obras vacías de biblioteca]]&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Ledlecreeper27</name></author>
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		<id>https://es.prole.wiki/w/index.php?title=Partido_Popular_Socialista_de_M%C3%A9xico&amp;diff=5855</id>
		<title>Partido Popular Socialista de México</title>
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		<updated>2024-02-10T22:12:12Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Ledlecreeper27: Creada&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;El &#039;&#039;&#039;Partido Popular Socialista de México&#039;&#039;&#039; (&#039;&#039;&#039;PPSM&#039;&#039;&#039;) es un partido [[Marxismo-Leninismo|marxista-leninista]] y [[Socialismo científico|socialista científico]] en [[México]].&amp;lt;ref&amp;gt;{{Referencia web|newspaper=Partido Socialista de México|title=Declaración de Principios|url=https://ppsdemexico.org.mx/principios/|retrieved=2024-02-10}}&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Referencias ==&lt;br /&gt;
[[Categoría:Partidos comunistas]]&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Ledlecreeper27</name></author>
	</entry>
	<entry>
		<id>https://es.prole.wiki/w/index.php?title=PPSM&amp;diff=5854</id>
		<title>PPSM</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://es.prole.wiki/w/index.php?title=PPSM&amp;diff=5854"/>
		<updated>2024-02-10T22:08:04Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Ledlecreeper27: Redirecciona&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;#REDIRECCIÓN [[Partido Popular Socialista de México]]&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Ledlecreeper27</name></author>
	</entry>
	<entry>
		<id>https://es.prole.wiki/w/index.php?title=Biblioteca:Programa_pol%C3%ADtico_de_la_Organizaci%C3%B3n_Socialista_Camino_de_la_Libertad&amp;diff=5849</id>
		<title>Biblioteca:Programa político de la Organización Socialista Camino de la Libertad</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://es.prole.wiki/w/index.php?title=Biblioteca:Programa_pol%C3%ADtico_de_la_Organizaci%C3%B3n_Socialista_Camino_de_la_Libertad&amp;diff=5849"/>
		<updated>2023-12-29T19:20:39Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Ledlecreeper27: Creada&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{DISPLAYTITLE:&#039;&#039;Programa política de la Organización Socialista Camino de la Libertad&#039;&#039;}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
https://frso.org/el-programa-en-espanol/&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Ledlecreeper27</name></author>
	</entry>
	<entry>
		<id>https://es.prole.wiki/w/index.php?title=Biblioteca:El_imperialismo,_fase_superior_del_capitalismo&amp;diff=5750</id>
		<title>Biblioteca:El imperialismo, fase superior del capitalismo</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://es.prole.wiki/w/index.php?title=Biblioteca:El_imperialismo,_fase_superior_del_capitalismo&amp;diff=5750"/>
		<updated>2023-07-24T18:22:30Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Ledlecreeper27: Capítulo 1&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{DISPLAYTITLE:&#039;&#039;El imperialismo, fase superior del capitalismo&#039;&#039;, por Lenin}}&lt;br /&gt;
{{Biblioteca:El imperialismo, fase superior del capitalismo/NOTA DEL EDITOR}}&lt;br /&gt;
{{Biblioteca:El imperialismo, fase superior del capitalismo/PROLOGO|PROLOGO}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Prologo a las ediciones francesa y alemana ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== 1 ===&lt;br /&gt;
Este libro, como ha quedado dicho en el prólogo de la edición rusa, fue escrito en 1916, teniendo en cuenta la censura zarista. Actualmente, no tengo la posibilidad de rehacer todo el texto; por otra parte, sería inútil, ya que el fin principal del libro, hoy como ayer, consiste en ofrecer, con ayuda de los datos generales irrefutables de la estadística burguesa y de las declaraciones de los sabios burgueses de todos los países, un cuadro de conjunto de la economía mundial capitalista en sus relaciones internacionales, a comienzos del siglo XX, en vísperas de la primera guerra mundial imperialista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hasta cierto grado será incluso útil a muchos comunistas de los países capitalistas avanzados persuadirse por el ejemplo de este libro, legal, desde et punto de vista de la censura zarista, de que es posible -- y necesario -- aprovechar hasta esos pequeños resquicios de legalidad que todavía les quedan a éstos, por ejemplo, en la América actual o en Francia, después de los recientes encarcelamientos de casi todos los comunistas, para demostrar todo el embuste de las concepciones y de las esperanzas socialpacifistas en cuanto a la &amp;quot;democracia mundial&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Intentaré dar en este prólogo los complementos más indispensables a este libro censurado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== 2 ===&lt;br /&gt;
En esta obra hemos probado que la guerra de 1914-1918 ha sido, de ambos lados beligerantes, una guerra imperialista (esto es, una guerra de conquista, de bandidaje y de robo), una guerra por el reparto del mundo, por la partición y el nuevo reparto de las colonias, de las &amp;quot;esferas de influencia&amp;quot; del capital financiero, etc.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues la prueba del verdadero carácter social o, mejor dicho, del verdadero carácter de clase de una guerra no se encontrará, claro está, en la historia diplomática de la misma, sino en el análisis de la situación objetiva de las clases dirigentes en todas las potencias beligerantes. Para reflejar esa situación objetiva, no hay que tomar ejemplos y datos aislados (dada la infinita complejidad de los fenómenos de la vida social, se puede siempre encontrar un número cualquiera de ejemplos o datos aislados, susceptibles de confirmar cualquier tesis), sino indefectiblemente el conjunto de los datos sobre los fundamentos de la vida económica de todas las potencias beligerantes y del mundo entero.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me he apoyado precisamente en estos datos generales irrefutables al describir el reparto del mundo en 1876 y en 1914 (§ VI) y el reparto de los ferrocarriles en todo el globo en 1890 y en 1913 (§ VII). Los ferrocarriles constituyen el pág. 5 balance de las principales ramas de la industria capitalista, de la industria del carbón y del hierro; el balance y el índice más notable del desarrollo del comercio mundial y de la civilización democráticoburguesa. En los capítulos precedentes de este libro, exponemos la conexión entre los ferrocarriles y la gran producción, los monopolios, los sindicatos patronales, los cartels, los trusts, los bancos y la oligarquía financiera. La distribución de la red ferroviaria, la desigualdad de esa distribución y de su desarrollo, constituyen el balance del capitalismo moderno, monopolista, en la escala mundial. Y este balance demuestra la absoluta inevitabilidad de las guerras imperialistas sobre esta base económica, en tanto que subsista la propiedad privada de los medios de producción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La construcción de ferrocarriles es en apariencia una empresa simple, natural, democrática, cultural, civilizadora: se presenta como tal ante los ojos de los profesores burgueses, pagados para embellecer la esclavitud capitalista, y ante los ojos de los filisteos pequeñoburgueses. En realidad, los múltiples lazos capitalistas, por medio de los cuales esas empresas se hallan ligadas a la propiedad privada sobre los medios de producción en general, han transformado esa construcción en un medio para oprimir a mil millones de seres (en las colonias y en las semicolonias), es decir, a más de la mitad de la población de la tierra en los países dependientes y a los esclavos asalariados del capital en los países &amp;quot;civilizados&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La propiedad privada fundada en el trabajo del pequeño patrono, la libre concurrencia, la democracia, todas esas consignas por medio de las cuales los capitalistas y su prensa engañan a los obreros y a los campesinos, pertenecen a un pasado lejano. El capitalismo se ha transformado en un pág. 6 sistema universal de opresión colonial y de estrangulacion financiera de la inmensa mayoría de la población del planeta por un puñado de países &amp;quot;avanzados&amp;quot;. Este &amp;quot;botín&amp;quot; se reparte entre dos o tres potencias rapaces de poderío mundial, armadas hasta los dientes (Estados Unidos, Inglaterra, Japón), que, por el reparto de su botín, arrastran a su guerra a todo el mundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== 3 ===&lt;br /&gt;
La paz de Brest-Litovsk, dictada por la monárquica Alemania, y la paz aún más brutal e infame de Versalles, impuesta por las repúblicas &amp;quot;democráticas&amp;quot; de América y de Francia y por la &amp;quot;libre&amp;quot; Inglaterra, han prestado un servicio extremadamente útil a la humanidad, al desenmascarar al mismo tiempo a los coolíes de la pluma a sueldo del imperialismo y a los pequeños burgueses reaccionarios -- aunque se llamen pacifistas y socialistas --, que celebraban el &amp;quot;wilsonismo&amp;quot; y trataban de hacer ver que la paz y las reformas son posibles bajo el imperialismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Decenas de millones de cadáveres y de mutilados, víctimas de la guerra -- esa guerra que se hizo para resolver la cuestión de si el grupo inglés o alemán de bandoleros financieros recibiría una mayor parte del botín --, y encima, estos dos &amp;quot;tratados de paz&amp;quot; hacen abrir, con una rapidez desconocida hasta ahora, los ojos de millones y decenas de millones de hombres atemorizados, aplastados, embaucados y engañados por la burguesía. Sobre la ruina mundial creada por la guerra, se agranda así la crisis revolucionaria mundial, que, por largas y duras que sean las peripecias que atraviese, no podrá terminar sino con la revolución proletaria y su victoria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Manifiesto de Basilea de la II Internacional, que, en 1912, caracterizó precisamente la guerra que estalló en 1914 y no la guerra en general (hay diferentes clases de guerra; hay también guerras revolucionarias), ha quedado como un monumento que denuncia toda la vergonzosa bancarrota, toda la traición de los héroes de la II Internacional.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por eso, uno el texto de ese Manifiesto como apéndice a esta edición, advirtiendo una y otra vez a los lectores que los héroes de la II Internacional rehuyen con empeño todos los pasajes del Manifiesto que hablan precisa, clara y directamente de la relación entre esta guerra que se avecinaba y la revolución proletaria, con el mismo empeño con que un ladrón evita el lugar donde cometió el robo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== 4 ===&lt;br /&gt;
Hemos prestado en este libro una atención especial a la crítica del &amp;quot;kautskismo&amp;quot;, esa corriente ideológica internacional representada en todos los países del mundo por los &amp;quot;teóricos más eminentes&amp;quot;, por los jefes de la II Internacional (Otto Bauer y Cía. en Austria, Ramsay MacDonald y otros en Ingíaterra, Albert Thomas en Francia, etc., etc.) y por un número infinito de socialistas, de reformistas, de pacifistas, de demócratas burgueses y de clérigos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esa corriente ideológica, de una parte, es el producto de la descomposición, de la putrefacción de la II Internacional y, de otra parte, es el fruto inevitable de la ideología de los pequeños burgueses, a quienes todo el ambiente los hace prisioneros de los prejuicios burgueses y democráticos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Kautsky y las gentes de su calaña, tales concepciones significan precisamente la abjuración completa de los funda- pág. 8 mentos revolucionarios del marxismo, defendidos por Kautsky durante decenas de años, sobre todo, dicho sea de paso, en la lucha contra el oportunismo socialista (de Bernstein, Millerand, Hyndman, Gompers, etc.). Por eso, no es un hecho casual que los &amp;quot;kautskistas&amp;quot; de todo el mundo se hayan unido hoy, práctica y políticamente, a los oportunistas más extremos (a través de la II Internacional o Internacional amarilla) y a los gobiernos burgueses (a través de los gobiernos de coalición burgueses con participación socialista).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El movimiento proletario revolucionario en general, que crece en todo el mundo, y el movimiento comunista en particular, no puede dejar de analizar y desenmascarar los errores teóricos del &amp;quot;kautskismo&amp;quot;. Esto es tanto más necesario cuanto que el pacifismo, y el &amp;quot;democratismo&amp;quot; en general -- que no sienten pretensiones de marxismo, pero que, enteramente al igual que Kautsky y Cía., disimulan la profundidad de las contradicciones del imperialismo y la ineluctabilidad de la crisis revolucionaria engendrada por éste -- son corrientes que se hallan todavía extraordinariamente extendidas por todo el mundo. La lucha contra tales tendencias es el deber del partido del proletariado, que debe arrancar a la burguesía los pequeños propietarios que ella engaña y los millones de trabajadores cuyas condiciones de vida son más o menos pequeñoburguesas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== 5 ===&lt;br /&gt;
Es menester decir unas palabras a propósito del capítulo VIII: &amp;quot;El parasitismo y la descomposición del capitalismo&amp;quot;. Como lo hacemos ya constar en este libro, Hilferding, antiguo &amp;quot;marxista&amp;quot;, actualmente compañero de armas de Kautsky y pág. 9 uno de los principales representantes de la política burguesa, reformista, en el seno del &amp;quot;Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania&amp;quot;[4], ha dado en esta cuestión un paso atrás con respecto al inglés Hobson, pacifista y reformista declarado. La escisión internacional de todo el movimiento obrero aparece ahora de una manera plena (II y III Internacional). La lucha armada y la guerra civil entre las dos tendencias es también un hecho evidente: en Rusia, apoyo de Kolchak y de Denikin por los mencheviques y los &amp;quot;socialistas-revolucionarios&amp;quot; contra los bolcheviques; en Alemania, Scheidemann, Noske y Cía. con la burguesía contra los espartaquistas[5]; y lo mismo en Finlandia, en Polonia, en Hungria, etc. ¿Dónde está la base económica de este fenómeno histórico-mundial? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se encuentra precisamente en el parasitismo y en la descomposición del capitalismo, inherentes a su fase histórica superior, es decir, al imperialismo. Como lo demostramos en este libro, el capitalismo ha destacado ahora un puñado (menos de una décima parte de la población de la tierra, menos de un quinto, calculando &amp;quot;por todo lo alto&amp;quot;) de Estados particularmente ricos y poderosos, que saquean a todo el mundo con el simple &amp;quot;recorte del cupón&amp;quot;. La exportación de capital da ingresos que se elevan a ocho o diez mil millones de francos anuales, de acuerdo con los precios de antes de la guerra y según las estadísticas burguesas de entonces. Naturalmente, ahora eso representa mucho más.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es evidente que una superganancia tan gigantesca (ya que los capitalistas se apropian de ella, además de la que exprimen a los obreros de su &amp;quot;propio&amp;quot; país) permite corromper a los dirigentes obreros y a la capa superior de la aristocracia obrera. Los capitalistas de los países &amp;quot;avanzados&amp;quot; los pág. 10 corrompen, y lo hacen de mil maneras, directas e indirectas, abiertas y ocultas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta capa de obreros aburguesados o de &amp;quot;aristocracia obrera&amp;quot;, completamente pequeños burgueses en cuanto a su manera de vivir, por la cuantía de sus emolumentos y por toda su mentalidad, es el apoyo principal de la Segunda Internacional, y, hoy día, el principal apoyo social (no militar) de la burguesía. Pues éstos son los verdaderos agentes de la burguesía en el seno del movimiento obrero, los lugartenientes obreros de la clase capitalista (labour lieutenants of the capitalist class), los verdaderos portadores del reformismo y del chovinismo. En la guerra civil entre el proletariado y la burguesía se ponen inevitablemente, en número no despreciable, al lado de la burguesía, al lado de los &amp;quot;versalleses&amp;quot; contra los &amp;quot;comuneros&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin haber comprendido las raíces económicas de ese fenómeno, sin haber alcanzado a ver su importancia política y social, es imposible dar el menor paso hacia la solución de las tareas prácticas del movimiento comunista y de la revolución social que se avecina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El imperialismo es el preludio de la revolución social del proletariado. Esto ha sido confirmado, en una escala mundial, desde 1917.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Durante los últimos quince o veinte años, sobre todo después de la guerra hispano-americana (1898) y de la anglo-boer (1899-1902), la literatura económica, así como la política, del Viejo y del Nuevo Mundo, consagra una atención creciente al concepto de &amp;quot;imperialismo&amp;quot; para caracterizar la época que atravesamos. En 1902, apareció en Londres y Nueva York la obra del economista inglés J. A. Hobson, &amp;quot;El imperialismo&amp;quot;. El autor, que está situado en el punto de vista del socialreformismo y del pacifismo burgueses -- punto de vista que coincide, en el fonda, con la posición actual del ex-marxista C. Kautsky -- hace una descripción excelente y detallada de las particularidades económicas y políticas fundamentales del imperialismo. En 1910, se publicó en Viena la obra del marxista austriaco Rudolf Hilferding, &amp;quot;El capital financiero&amp;quot; (traducción rusa: Moscú 1912). A pesar del error del autor en la cuestión de la teoría del dinero y de cierta tendencia a conciliar el marxismo con el oportunismo, la obra mencionada constituye un análisis tebrico extremadamente valioso de la &amp;quot;fase moderna de desarrollo del capitalismo&amp;quot; (así está concebido el subtítulo de la obra de Hilferding). En el fondo, lo que se ha dicho acerca del imperialismo durante estos últimos años -- sobre todo en el número inmenso de artículos sobre este tema publicados en pág. 12 periódicos y revistas, así como en las resoluciones tomadas, por ejemplo, en los Congresos de Chemnitz y de Basilea, que se celebraron en otoño de 1912 -- salía apenas del círculo de ideas expuestas o, para decirlo mejor, resumidas en los dos trabajos mencionados. . .&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En las páginas que siguen nos proponemos exponer someramente, en la forma más popular posible, el lazo y la correlación entre las particularidades económicas fundamentales del imperialismo. No nos detendremos, tanto como lo merece, en el aspecto no económico de la cuestión. Las indicaciones bibliográficas y otras notas que no a todos los lectores pueden interesar, las damos al final del folleto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== La concentración de la producción y los monopolos ==&lt;br /&gt;
El incremento enorme de la industria y el proceso notablemente rápido de concentración de la producción en empresas cada vez más grandes constituyen una de las particularidades más características del capitalismo. Las estadísticas industriales modernas suministran los datos más completos y exactos sobre este proceso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Alemania, por ejemplo, de cada mil empresas industriales, en 1882, tres eran empresas grandes, es decir, que contaban con más de 50 obreros; en 1895, seis, y en 1907, nueve. De cada cien obreros les correspondían, respectivamente, 22, 30 y 37. Pero la concentración de la producción es mucho más intensa que la de los obreros, pues el trabajo en las grandes empresas es mucho más productivo, como lo indican los datos relativos a las máquinas de vapor y a los motores eléctricos. Si tomamos lo que en Alemania se llama pág. 13 industria en el sentido amplio de esta palabra, es decir, incluyendo el comercio, las vías de comunicación, etc., obtendremos el cuadro siguiente: grandes empresas, 30.588 sobre un total de 3.265.623, es decir, el 0,9% . En ellas están empleados 5,7 millones de obreros sobre un total de 14,4 millones, es decir, el 39,4%; caballos de fuerza de vapor, 6,6 millones sobre 8,8, es decir, el 75,3%; de fuerza eléctrica 1,2 millones de kilovatios sobre 1,5 millones, o sea el 77,2%. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡Menos de una centésima parte de las empresas tienen más de 3/4 de la cantidad total de la fuerza de vapor y eléctrica! ¡A los 2,97 millones de pequeñas empresas (hasta 5 obreros asalariados) que constituyen el 91% de todas las empresas, corresponde únicamente el 7% de la fuerza eléctrica y de vapor! Las decenas de miles de grandes empresas lo son todo; los millones de pequeñas empresas no son nada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En 1907, había en Alemania 586 establecimientos que contaban con mil obreros y más. A esos establecimientos corres pondía casi la décima parte (1,38 millones) del número total de obreros y casi el tercio (32%) del total de la fuerza eléctrica y de vapor*. El capital monetario y los bancos, como veremos, hacen todavía más aplastante este predominio de un puñado de grandes empresas, y decimos aplastante en el sentido más literal de la palabra, es decir, que millones de pequeños, medianos e incluso una parte de los grandes &amp;quot;patronos&amp;quot; se hallan de hecho completamente sometidos a unos pocos centenares de financieros millonarios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En otro país avanzado del capitalismo contemporáneo, en los Estados Unidos, el incremento de la concentración de la producción es todavía más intenso. En este país, la estadística considera aparte a la industria en la acepción estrecha de la palabra y agrupa los establecimientos de acuerdo con el valor de la producción anual. En 1904, había 1.900 grandes empresas (sobre 216.180, es decir, el 0,9%), con una producción de 1 millón de dólares y más; en ellas, el número de obreros era de 1,4 millones (sobre 5,5 millones, es decir el 25,6%), y la producción, de 5.600 millones (sobre 14.800 millones, o sea, el 38%). Cinco años después, en 1909, las cifras correspondientes eran las siguientes: 3.060 estableci mientos (sobre 268.491, es decir, el 1,1%) con dos millones de obreros (sobre 6,6 millones, es decir el 30,5%) y 9.000 millones de producción anual (sobre 20.700 millones, o sea el 43,8%)[*] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡Casi la mitad de la producción global de todas las empresas del país en las manos de la centésima parte del número total de empresas! Y esas tres mil empresas gigantescas abrazan 258 ramas industriales. De aquí se deduce claramente que la concentración, al llegar a un grado determinado de su desarrollo, por sí misma conduce, puede decirse, de lleno al monopolio, ya que a unas cuantas decenas de em presas gigantescas les resulta fácil ponerse de acuerdo entre sí, y, por otra parte, la competencia, que se hace cada vez más difícil, y la tendencia al monopolio, nacen precisamente de las grandes proporciones de las empresas. Esta transformación de la competencia en monopolio constituye de por sí uno de los fenómenos más importantes -- por no decir el más importante -- de la economía del capitalismo moderno, y es necesario que nos detengamos a estudiarlo con mayor detaile Pero antes debemos eliminar un equívoco posible.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La estadística norteamericana dice: 3.000 empresas gigantescas en 250 ramas industriales. Al parecer, corresponden 12 grandes empresas a cada rama de la producción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero no es así. No en cada rama de la industria hay grandes empresas; por otra parte, una particularidad extremadamente importante del capitalismo, que ha alcanzado su más alto grado de desarrollo, es la llamada combinación, o sea la reunión, en una sola empresa, de distintas ramas de la industria que representan en sí o bien fases sucesivas de la elaboración de una materia prima (por ejemplo, la fundición del mineral de hierro, la transformación del hierro en acero y, en ciertos casos, la elaboración de tales o cuales productos de acero), o bien distintas ramas que desempeñan unas con relación a otras un papel auxiliar (por ejemplo, la utilización de los residuos o de los productos accesorios, producción de artículos de embalaje, etc.).&amp;lt;blockquote&amp;gt;&amp;quot;La combinación -- dice Hilferding -- nivela las diferencias de coyuntura y garantiza, por tanto, a la empresa combinada una norma de beneficio más estable. En segundo lugar, la combinación determina la eliminación del comercio. En tercer lugar, hace posible el perfeccionamiento técnico y, por consiguiente, la obtención de ganancias suplementarias en comparación con las empresas &#039;puras&#039; (es decir, no combinadas). En cuarto lugar, consolida la posición de la empresa combinada en comparación con la &#039;pura&#039;, la refuer~a en la lucha de competencia durante las fuertes depresiones (estancamiento de los negocios, crisis), cuando la disminución del precio de la materia prima va a la zaga con respecto a la disminución de los precios de los artículos manufacturados&amp;quot;*.&amp;lt;/blockquote&amp;gt;El economista burgués alemán Heymann, que ha consagrado una obra especial a las empresas &amp;quot;mixtas&amp;quot; o combinadas en la industria siderúrgica alemana, dice: &amp;quot;Las empresas puras perecen, aplastadas por el precio elevado de los materiales y el bajo precio de los artículos manufacturados&amp;quot;. Resulta lo siguiente: &amp;lt;blockquote&amp;gt;&amp;quot;Por una parte, han quedado grandes compañías hulleras, con una extracción de carbón que se cifra en varios millones de toneladas, sólidamente organizadas en su sindicato hullero; luego, estrechamente ligadas a ellas, las grandes fundiciones de acero con su sindicato. Estas empresas gigantescas, con una producción de acero de 400.000 toneladas por año, con una extracción inmensa de mineral de hierro y de hulla, con la producción de artículos de acero, con 10.000 obreros alojados en los cuarteles de las colonias obreras, que cuentan a veces con ferrocarriles y puertos propios, son los representantes típicos de la industria siderúrgica alemana. Y la concentración continúa avanzando sin cesar. Las empresas van ganando en importancia cada día; cada vez es mayor el número de establecimientos de una o varias ramas de la industria que se agrupan en empresas gigantescas, apoyadas y dirigidas por media docena de grandes bancos berlineses. En lo que se refiere a la industria minera alemana, ha sido demostrada con exactitud la doctrina de Carlos Marx sobre la concentración; es verdad que esto se refiere a un país en el cual la industria se halla defendida por derechos arancelarios proteccionistas y por las tarifas de transporte. La industria minera de Alemania está madura para la expropiación&amp;quot;*.&amp;lt;/blockquote&amp;gt;Tal es la conclusión a que se vio obligado a llegar un economista burgués, concienzudo, por excepción. Hay que observar que considera a Alemania como un caso especial a consecuencia de la protección de su industria por elevadas tarifas arancelarias. Pero esta circunstancia no ha podido más que acelerar la concentración y la constitución de asociaciones monopolistas patronales, cartels, sindicatos, etc. Es extraordinariamente importante hacer notar que, en el país del librecambio, en Inglaterra, la concentración conduce también al monopolio, aunque un poco más tarde y acaso en otra forma. He aquí lo que escribe el profesor Hermann Levy, en su estudio especial sobre los &amp;quot;Monopolios, cartels y trusts&amp;quot;, hecho a base de los datos del desarrollo económico de la Gran Bretaña:&amp;lt;blockquote&amp;gt;&amp;quot;En la Gran Bretaña, precisamente las grandes proporciones de las empresas y su alto nivel técnico son las que traen aparejada la tendencia al monopolio. Por una parte, la concentración ha determinado el empleo de enormes sumas de capitaí en las empresas; por eso, las nuevas empresas se hallan ante exigencias cada vez más elevadas en lo que concierne a la cuantía del capital necesario, y esta circunstancia dificulta su aparición. Pero por otra parte (y este punto lo consideramos como el más importante), cada nueva empresa que quiere mantenerse al nivel de las empresas gigantescas, creadas por la concentración, representa un aumento tan enorme de la oferta de mercancías, que su venta lucrativa es posible sólo a condición de un aumento extraordinario de la demanda, pues, en caso contrario, esa abundancia de productos rebaja su precio a un nivel desventajoso para la nueva fábrica y para las asocia ciones monopolistas&amp;quot;. En Inglaterra, las asociaciones monopolistas de patronos, cartels y trusts, surgen en la mayor parte de los casos -- a diferencia de los otros países, en los que los aranceles proteccionistas facilitan la cartelización -- únicamente cuando el número de las principales empresas competidoras se reduce a &amp;quot;un par de docenas&amp;quot; . . . &amp;quot;La influencia de la concentración en el nacimiento de los monopolios en la gran industria aparece en este caso con una claridad cristalina&amp;quot;[*].&amp;lt;/blockquote&amp;gt;Medio siglo atrás, cuando Marx escribió &amp;quot;El Capital&amp;quot;, la libre concurrencia era considerada por la mayor parte de los economistas como una &amp;quot;ley natural&amp;quot;. La ciencia oficial intentó aniquilar por la conspiración del silencio la obra de Marx, el cual había demostrado, por medio del análisis teórico e histórico del capitalismo, que la libre concurrencia engendra la concentración de la producción, y que dicha concentración, en un cierto grado de su desarrollo, conduce al monopolio. Ahora el monopolio es un hecho. Los economistas escriben montañas de libros en los cuales describen manifestaciones aisladas del monopolio y siguen declarando a coro que &amp;quot;el marxismo ha sido refutado&amp;quot;. Pero los hechos son testarudos -- como dice un refrán inglés -- y, de grado o por fuerza, hay que tenerlos en cuenta. Los hechos demuestran que las diferencias entre los diversos países capitalistas, por ejemplo, en lo que se refiere al proteccionismo o al librecambio, condicionan únicamente diferencias no esenciales en la forma de los monopolios o en el momento de su aparición, pero que el engendramiento del monopolio por la concentración de la producción es una ley general y fundamental de la fase actual de desarrollo del capitalismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por lo que a Europa se refiere, se puede fijar con bastante exactitud el momento en que se produjo la sustitución definitiva del viejo capitalismo por el nuevo: fue precisamente a principios del siglo XX. En uno de los trabajos de recopilación más recientes sobre la historia de la &amp;quot;formación de los monopolios&amp;quot;, leemos:&amp;lt;blockquote&amp;gt;&amp;quot;Se pueden citar algunos ejemplos de monopolios capitalistas de la época anterior a 1860; se pueden descubrir en ellos los gérmenes de las formas que son tan corrientes en la actualidad; pero esto constituye indiscutibler~ente la época prehistórica de los cartels. El verdadero comienzo de los monopolios contemporáneos lo hallamos no antes de la década de 1860. El primer gran período de desarrollo del monopolio empieza con la depresión internacional de la industria en la década del 70, y se prolonga hasta principios de la última década del siglo&amp;quot;. &amp;quot;Si se examina la cuestión en lo que se refiere a Europa, la libre concurrencia alcanza el punto culminante de desarrollo en los años 1860-1880. Por aquel entonces, Inglaterra terminaba la edificación de su organización capitalista de viejo estilo. En Alemania, dicha organización entablaba una lucha decidida contra la industria artesana y doméstica, y empezaba a crear sus formas de existencia&amp;quot;. &amp;quot;Empieza una transformación profunda con el crac de 1873, o más exactamente, con la depresión que le siguió y que -- con una pausa apenas perceptible, a principios de la década del 80, y con un auge extraordinariamente vigoroso, pero breve, hacia 1889 -- llena veintidós años de la historia económica europea&amp;quot;. &amp;quot;Durante el corto período de auge de 1889-1890, fueron utilizados en gran escala los cartels para aprovechar la coyuntura. Una política irreflexiva elevaba los precios todavía con mayor rapidez y aun en mayores proporciones de lo que hubiera sucedido sin los cartels, y casi todos esos cartels perecieron sin gloria &#039;enterrados en la fosa del crac&#039;. Transcurrieron otros cinco años de malos negocios y precios bajos, pero en la industria reinaba ya un estado de espíritu distinto del anterior: la depresión no era considerada ya como una cosa natural, sino, sencillamente, como una pausa ante una nueva coyuntura favorable&amp;quot;. &amp;quot;Y el movimiento de los cartels entró en su segunda época. En vez de ser un fenómeno pasajero, los cartels se convierten en una de las bases de toda la vida económica, conquistan una esfera industrial tras otra, y, en primer lugar, la de la transformación de materias primas. Ya a principios de la década del 90, los cartels consiguieron en la organización del sindicato del cok, el que sirvió de modelo al sindicato hullero, una técnica tal de los cartels, que, en esencia, no ha sido sobrepasada por el movimiento. El gran auge de fines del siglo XIX y la crisis de 1900 a 1903 se desarrollan ya enteramente por primera vez -- al menos en lo que se refiere a las industrias minera y siderúrgica -- bajo el signo de los cartels. Y si entonces esto parecía aún algo nuevo, ahora es una verdad evidente para todo el mundo que grandes sectores de la vida económica son, por regla general, sustraídos a la libre concurrencia&amp;quot;*.&amp;lt;/blockquote&amp;gt;Así, pues, el balance principal de la historia de los monopolios es el siguiente: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
# 1860-1880, punto culminante de desarrollo de la libre concurrencia. Los monopolios no constituyen más que gérmenes apenas perceptibles.&lt;br /&gt;
# Después de la crisis de 1873, largo período de desarrollo de los cartels, pero éstos constituyen todavia una excepción, no son aún sólidos, aun representan un fenómeno pasajero.&lt;br /&gt;
# Auge de fines del siglo XIX y crisis de 1900-1903; los cartels se convierten en una de las bases de toda la vida económica. El capitalismo se ha transformado en imperialismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los cartels se ponen de acuerdo entre sí respecto a las condiciones de venta, a los plazos de pago, etc. Se reparten los mercados de venta. Fijan la cantidad de productos a fabricar. Establecen los precios. Distribuyen las ganancias entre las distintas empresas, etc.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El número de cartels era en Alemania aproximadamente de 250 en 1896, y de 385, en 1905, abarcando cerca de 12.000 establecimientos*. Pero todo el mundo reconoce que estas cifras son inferiores a la realidad. De los datos de la esta dística de la industria alemana de 1907 que hemos citado más arriba se deduce que hasta esos 12.000 grandes establecimientos concentran seguramente más de la mitad de toda la fuerza motriz de vapor y eléctrica. En los Estados Unidos, el número de trusts era, en 1900, de 185; en 1907, de 250. La estadística norteamericana divide todas las empresas industriales en empresas pertenecientes a personas aisladas, a firmas y a corporaciones. A las últimas pertenecían, en 1904, el 23,6%; en 1909, el 25,9%, es decir, más de la cuarta parte del total de las empresas. En dichos establecimientos estaban ocupados, en 1904, el 70,6% de obreros; en 1909, el 75,6%, las tres cuartas partes del número total. La cuantía de la producción era, respectivamente, de 10,9 y de 16,3 mil millones de dólares, o sea el 73,7% y el 79% de la suma total.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En las manos de los cartels y trusts se encuentran a menudo las siete o las ocho décimas partes de toda la producción de una rama industrial determinada; el sindicato hullero del Rhin y Westfalia, en el momento de su constitución, en 1893, concentraba el 86,7% de toda la producción del carbón en aquella cuenca, y en 1910, el 95,4%*. El monopolio constituido en esta forma proporciona beneficios gigantescos y conduce a la creación de unidades técnicas de producción de proporciones inmensas. El famoso trust del petróleo de Estados Unidos (&amp;quot;Standard Oil Company&amp;quot;) fue fundado en 1900.&amp;lt;blockquote&amp;gt;&amp;quot;Su capital era de 150 millones de dólares. Fueron emitidas acciones ordinarias por valor de 100 millones de dólares y acciones privilegiadas por valor de 106 millones de dólares. Estas últimas percibieron los siguientes dividendos: en el período 1900-1907: 48, 48, 45, 44, 36, 40, 40, 40% o sea, en total, 367 millones de dólares. Desde 1882 a 1907, obtuviéronse 889 millones de dólares de beneficio neto de los que 606 millones fueron distribuidos en dividendos, y el resto pasó al capital de reserva&amp;quot;[*]. &amp;quot;En todas las empresas del trust del acero (&amp;quot;United States Steel Corporation&amp;quot;) estaban ocupados, en 1907, no menos de 210.180 obreros y empleados. La empresa más importante de la industria minera alemana, la Sociedad Minera de Gelsenkirchen (&amp;quot;Gelsenkirchener Bergwerksgesellschaft&amp;quot;) tenía, en 1908, 46.048 obreros y empleados&amp;quot;[**].&amp;lt;/blockquote&amp;gt;Ya en 1902, el trust del acero producía 9 millones de toneladas de acero[***]. Su producción constituía, en 1901, el 66,3% y, en 1908, el 56,1 % de toda la producción de acero de los Estados Unidos[****]. Sus extracciones de mineral de hierro, el 43,9% y el 46,3%, respectivamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El informe de la comisión gubernamental norteamericana sobre los trusts dice: &amp;lt;blockquote&amp;gt;&amp;quot;La superioridad de los trusts sobre sus competidores se basa en las grandes proporciones de sus empresas y en su excelente instalación técnica. El trust del tabaco, desde el momento mismo de su fundación, consagró todos sus esfuerzos a sustituir en todas partes en vasta escala el trabajo manual por el trabajo mecánico. Con este objeto, adquirió todas las patentes que tenían una relación cualquiera con la elaboración del tabaco y empleó para esto sumas enormes. Muchas patentes resultaban al principio inservibles y tuvieron que ser modificadas por los ingenieros que se hallaban al servicio del trust. A fines de 1906, fueron constituidas dos sociedades filiales con el único objeto de adquirir patentes. Con este mismo objeto, el trust creó fundiciones, fábricas de construcción de maquinaria y talleres de reparación propios. Uno de dichos establecimientos, en Brooklyn, da ocupación, por término medio, a 300 obreros; en él se experimentan y se perfeccionan los inventos relacionados con la producción de cigarrillos, cigarros pequeños, tabaco rapé, papel de estaño para el embalaje, cajas, etc.&amp;quot;*. &amp;quot;Hay otros trusts que tienen también a su servicio a los llamados developping engineers (ingenieros para el desarrollo de la técnica), cuya misión consiste en inventar nuevos procedimientos de producción y en comprobar los perfeccionamientos técnicos. El trust del acero abona a sus ingenieros y obreros premios importantes por los inventos susceptibles de elevar la técnica o reducir los gastos&amp;quot;**.&amp;lt;/blockquote&amp;gt;Del mismo modo está organizado todo cuanto se refiere a los perfeccionamientos técnicos en la gran industria alemana por ejemplo, en la industria química, la cual se ha desarro llado en proporciones gigantescas durante estas últimas décadas. El proceso de concentración de la producción creó ya en l908 en dicha industria dos &amp;quot;grupos&amp;quot; principales, que, a su manera, evolucionaban hacia el monopolio. Al principio, esos grupos constituían &amp;quot;alianzas dobles&amp;quot; de dos pares de grandes fabricas con un capital de 20 a 21 millones de marcos cada una; de una parte, la antigua fábrica de Meister, en * Report of the Commissioner of Corporations on the Tobacco Industry, Washington, 1909, pág. 266. Citado del libro del Dr. Paul Tafel: &amp;quot;Die nordamerikanischen Trusts und ihre Wirkungen auf den Fortschritt des Technik&amp;quot; Stuttg., 1913, pág. 48. ** Ibid., pág. 49. pág. 25 Höchst, y la de Cassella, en Francfort del Main; de otra parte, la fábrica de anilina y sosa en Ludwigshafen y la antigua fábrica de Bayer, en Elberfeld. Uno de los grupos en 1905 y el otro en 1908 se pusieron de acuerdo, cada uno por su cuenta, con otra gran fábrica, a consecuencia de lo cual resultaron dos &amp;quot;alianzas triples&amp;quot; con un capital de 40 a 50 millones de marcos cada una, y entre las cuales se inició ya una &amp;quot;aproximación&amp;quot;, se estipularon &amp;quot;acuerdos&amp;quot; sobre los precios, etc.[*]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La competencia se convierte en monopolio. De aquí resulta un gigantesco progreso de la socialización de la producción. Se efectúa también, en particular, la socialización del proceso de inventos y perfeccionamientos técnicos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto no tiene ya nada que ver con la antigua libre concurrencia de patronos dispersos, que no se conocían entre sí y que producían para un mercado ignorado. La concentración ha llegado hasta tal punto, que se puede hacer un cálculo aproximado de todas las fuentes de materias primas (por ejemplo, yacimientos de minerales de hierro) en un país, y aun, como veremos, en varios países, en todo el mundo. No sólo se realiza este cálculo, sino que asociaciones monopolistas gigantescas se apoderan de dichas fuentes. Se efectúa el cálculo aproximado del mercado, el que, según el acuerdo estipulado, las asociaciones mencionadas se &amp;quot;reparten&amp;quot; entre sí. Se monopoliza la mano de obra calificada, se toman los mejores ingenieros, y las vías y los medios de comunicación -- las líneas férreas en América, las compañías navieras en Europa y América -- van a parar a manos de los * Riesser, obra cit., págs. 547 y siguientes de la tercera edición. Los periódicos dan cuenta (junio de 1916) de la constitucion de un nuevo trust gigantesco, que agrupa a la industria quimica de Alemania. pág. 26 monopolios citados. El capitalismo, en su fase imperialista conduce de lleno a la socialización de la producción en sus más variados aspectos; arrastra, por decirlo así, a pesar de su voluntad y conciencia, a los capitalistas a un cierto nuevo régimen social, de transición entre la plena libertad de concurrencia y la socialización completa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La producción pasa a ser social, pero la apropiación continúa siendo privada. Los medios sociales de producción siguen siendo propiedad privada de un número reducido de individuos. El marco general de la libre concurrencia formalmente reconocida persiste, y el yugo de un grupo poco numeroso de monopolistas sobre el resto de la población se hace cien veces más duro, más sensible, más insoportable.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El economista alemán Kestner ha consagrado una obra especial a la &amp;quot;lucha entre los cartels y los outsiders&amp;quot;, es decir, empresarios que no formaban parte de los cartels. El autor ha titulado dicha obra: &amp;quot;La organización forzosa&amp;quot;, cuando hubiera debido hablar, naturalmente, para no embellecer el capitalismo, de la subordinación forzosa a las asociaciones monopolistas. Es instructivo echar una simple ojeada aunque no sea más que a la enumeración de los medios a que acuden dichas asociaciones en la lucha moderna, novísima civilizada por la &amp;quot;organización&amp;quot;: 1) privación de las materias primas (. . . &amp;quot;uno de los procedimientos más importantes para obligar a entrar en el cartel&amp;quot;); 2) privación de mano de obra mediante &amp;quot;alianzas&amp;quot; (esto es, mediante acuerdos entre los capitalistas y los sindicatos obreros para que estos últimos acepten trabajo solamente en las empresas cartelizadas); 3) privación de medios de transporte; 4) privación de mercados; 5) acuerdo con los compradores para sostener relaciones comerciales únicamente con los cartels; 6) disminución siste- pág. 27 mática de los precios (con objeto de arruinar a los &amp;quot;outsiders&amp;quot;, es decir, a las empresas que no se someten a los monopolistas, se gastan millones para vender, durante un tiempo determinado, a precios inferiores al coste: en la industria de la bencina se ha dado el caso de bajar el precio de 40 a 22 marcos, es decir, ¡casi a la mitad!); 7) privación de crédito; 8) declaración del boicot.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nos hallamos en presencia, no ya de una lucha de competencia entre grandes y pequeñas empresas, entre establecimientos técnicamente atrasados y establecimientos de técnica avanzada. Nos hallamos ante la estrangulación, por los monopolistas, de todos aquellos que no se someten al monopolio, a su yugo, a su arbitrariedad. He aquí cómo se refleja este proceso en la conciencia de un economista burgués.&amp;lt;blockquote&amp;gt;&amp;quot;Aun en el terreno de la actividad económica pura -- escribe Kestner --, se produce cierto desplazamiento de la actividad comercial, en el sentido tradicional de la palabra, hacia una actividad organizadora especulativa. Consigue los mayores éxitos, no el comerciante que, basándose en su experiencia técnica y comercial, sabe determinar mejor las necesidades del comprador, encontrar y, por decirlo así, &amp;quot;descubrir&amp;quot; la demanda que se halla en estado latente, sino el genio [?!] especulador que por anticipado sabe tener en cuenta o intuir el desenvolvimiento en el terreno de la organización, la posibilidad de determinados lazos entre las diferentes empresas y los bancos&amp;quot; . . .&amp;lt;/blockquote&amp;gt;Traducido al lenguaje común, esto significa: el desarrollo del capitalismo ha llegado a un punto tal, que, aunque la producción de mercancías sigue &amp;quot;reinando&amp;quot; como antes y pág. 28 siendo considerada como la base de toda la economía, en realidad se halla ya quebrantada, y las ganancias principales van a parar a los &amp;quot;genios&amp;quot; de las maquinaciones financieras. En la base de estas maquinaciones y de estos chanchullos se halla la socialización de la producción; pero el inmenso progreso logrado por la humanidad, que ha llegado a dicha socialización, beneficia . . . a los especuladores. Más adelante veremos cómo, &amp;quot;basándose en esto&amp;quot;, la crítica pequeñoburguesa y reaccionaria del imperialismo capitalista sueña con volver atrás, a la concurrencia &amp;quot;libre&amp;quot;, &amp;quot;pacífica&amp;quot;, &amp;quot;honrada&amp;quot;.&amp;lt;blockquote&amp;gt;&amp;quot;La elevación persistente de los precios, como resultado de la constitución de los cartels -- dice Kestner --, hasta ahora se ha observado sólo en lo que se refiere a los principales medios de producción, sobre todo a la hulla, el hierro, la potasa, y, por el contrario, no se ha observado nunca en lo que se refiere a los artículos manufacturados. Como consecuencia de ello, el aumento de los beneficios se ha limitado igualmente a la industria de los medios de producción. Hay que completar esta observación con la de que la industria de transformación de las materias primas (y no de productos semimanufacturados) no sólo obtiene, como resultado de la constitución de cartels, ventajas en forma de las ganancias elevadas, en perjuicio de la industria dedicada a la transformación ulterior de los productos semimanufacturados, sino que ha pasado a mantener, con respecto a esta última industria, relaciones de dominación, que no existían bajo la libre concurrencia&amp;quot;*.&amp;lt;/blockquote&amp;gt;Las palabras subrayadas por nosotros muestran el fondo de la cuestión, que de tan mala gana y sólo de vez en cuando reconocen los economistas burgueses y que se empeñan tanto en no ver y pasar por alto los defensores actuales del oportunismo, con C. Kautsky al frente. Las relaciones de dominación y de violencia -- violencia que va ligada a dicha dominación --: he aquí lo típico en la &amp;quot;nueva fase del desarrollo del capitalismo&amp;quot;, he aquí lo que inevitablemente tenía que derivarse y se ha derivado de la constitución de los monopolios económicos todopoderosos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Citaremos otro ejemplo de los manejos de los cartels. Allí donde es posible apoderarse de todas o de las más importantes fuentes de materias primas, la aparición de cartels y la constitución de monopolios es sobremanera fácil. Pero sería un error pensar que los monopolios no surgen también en otras ramas de la producción en las cuales la conquista de todas las fuentes de materias primas es imposible. En la industria del cemento, la materia prima existe en todas partes. Sin embargo, también esta industria está extremadamente cartelizada en Alemania. Las fábricas se han agrupado en sindicatos regionales: el de Alemania del Sur, el renanowestfaliano, etc. Los precios establecidos son precios de monopolio: ¡de 230 a 280 marcos por vagón, cuando el valor de coste es de 180 marcos! Las empresas dan dividendos del 12 al 16%; además, no hay que olvidar que los &amp;quot;genios&amp;quot; de la especulación contemporánea saben canalizar hacia sus bolsillos grandes sumas de ganancias, aparte de las que se reparten en concepto de dividendo. Para eliminar la competencia en una industria tan lucrativa, los monopolistas se valen incluso de artimañas diversas: hacen circular rumores falsos sobre la mala situación de la industria; publican en los periódicos anuncios anónimos: &amp;quot;¡Capitalistas! ¡No colo- pág. 30 quéis vuestros capitales en la industria del cemento!&amp;quot;; por ultimo, compran empresas &amp;quot;outsiders&amp;quot; (es decir, que no forman parte de los sindicatos), abonando 60, 80, 150 mil marcos al que &amp;quot;cede&amp;quot;[*]. El monopolio se abre camino en todas partes, valiéndose de todos los medios, empezando por el pago de una &amp;quot;modesta&amp;quot; indemnización al que cede y terminando por el &amp;quot;procedimiento&amp;quot; americano del empleo de la dinamita contra el competidor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La supresión de las crisis por los cartels es una fábula de los economistas burgueses, los cuales lo que hacen es embellecer el capitalismo a toda costa. Al revés, el monopolio que se crea en varias ramas de la industria aumenta y agrava el caos propio de todo el sistema de la producción capitalista en su conjunto. La desproporción entre el desarrollo de la agricultura y el de la industria, desproporción que es característica del capitalismo en general, se acentúa aún más. La situación privilegiada en que se halla la industria más cartelizada, la llamada industria pesada, particularmente el hierro y la hulla, determina en las demás ramas de la industria &amp;quot;la falta mayor aún de coordinación sistemática&amp;quot;, como lo reconoce Jeidels, autor de uno de los mejores trabajos sobre &amp;quot;las relaciones entre los grandes bancos alemanes y la industria&amp;quot;**.&amp;lt;blockquote&amp;gt;&amp;quot;Cuanto más desarrollada está la economía nacional -- escribe Liefmann, defensor acérrimo del capitalismo -- tanto más se entrega a empresas arriesgadas o, en el extranjero, a empresas que exigen largo tiempo para su desarrollo o, finalmente, a las que sólo tienen una importancia local&amp;quot;[*].&amp;lt;/blockquote&amp;gt;El aumento del riesgo es consecuencia, al fin y al cabo, del aumento gigantesco de capital, el cual, por decirlo así, desborda el vaso y se vierte hacia el extranjero, etc. Y junto con esto 106 progresos extremadamente rápidos de la técnica traen aparejados consigo cada vez más elementos de desproporción entre las distintas partes de la economía nacional, de caos, de crisis.&amp;lt;blockquote&amp;gt;&amp;quot;Probablemente -- se ve obligado a reconocer el mismo Liefmann -- la humanidad asistirá en un futuro próximo a nuevas y grandes revoluciones en el terreno de la técnica, que harán sentir sus efectos también sobre la organización de la economía nacional . . . [la electricidad, la navegación aérea]. Habitualmente, y por regla general, en estos períodos de radicales transformaciones económicas se desarrolla una fuerte especulación&amp;quot; . . .**&amp;lt;/blockquote&amp;gt;Y las crisis -- las crisis de toda clase, sobre todo las crisis económicas, pero no sólo éstas -- aumentan a su vez en proporciones enormes la tendencia a la concentración y al monopolio. He aquí unas reflexiones extraordinariamente instructivas de Jeidels sobre la significación de la crisis de 1900, la cual, como sabemos, desempeñó el papel de punto crucial en la historia de los monopolios modernos:&amp;lt;blockquote&amp;gt;&amp;quot;La crisis de 1900 se produjo en un momento en que, al lado de gigantescas empresas en las ramas principales de la industria, existían todavía muchos establecimientos con una organización anticuada, según el criterio actual, establecimientos &#039;puros&#039; [esto es, no combinados], que se habían elevado sobre las olas del auge industrial. La baja de los precios, la disminución de la demanda, llevaron a esas empresas &#039;puras&#039; a una situación calamitosa que o no conocieron en modo alguno las gigantescas empresas combinadas o que sólo conocieron durante un breve período. Como consecuencia de esto, la crisis de 1900 determinó la concentración de la industria en proporciones incomparablemente mayores que la crisis de 1873, la cual efectuó también una determinada selección de las mejores empresas, pero, dado el nivel técnico de entonces, esta selección no pudo crear un monopolio de las empresas que habían conseguido salir victoriosas de la crisis. Precisamente de un tal monopolio persistente, y, además, en un alto grado, gozan las empresas gigantescas de la industria siderúrgica y eléctrica actuales, gracias a su técnica complicadísima, a su extensa organización, a la potencia de su capital, y, en menor grado, también las empresas de construcción de máquinas, determinadas ramas de la industria metalúrgica, las vías de comunicación, etc.&amp;quot;*.&amp;lt;/blockquote&amp;gt;El monopolio es la última palabra de la &amp;quot;fase más reciente del desarrollo del capitalismo&amp;quot;. Pero nuestro concepto de la fuerza efectiva y de la significación de los monopolios contemporáneos sería en extremo insuficiente, incompleto, reducido, si no tomáramos en consideración el papel de los bancos.&lt;br /&gt;
[[Categoría:Obras de biblioteca de Vladimir Lenin]]&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Ledlecreeper27</name></author>
	</entry>
	<entry>
		<id>https://es.prole.wiki/w/index.php?title=Biblioteca:El_imperialismo,_fase_superior_del_capitalismo&amp;diff=5749</id>
		<title>Biblioteca:El imperialismo, fase superior del capitalismo</title>
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		<updated>2023-07-24T18:07:18Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Ledlecreeper27: Prologos&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{DISPLAYTITLE:&#039;&#039;El imperialismo, fase superior del capitalismo&#039;&#039;, por Lenin}}&lt;br /&gt;
{{Biblioteca:El imperialismo, fase superior del capitalismo/NOTA DEL EDITOR}}&lt;br /&gt;
{{Biblioteca:El imperialismo, fase superior del capitalismo/PROLOGO|PROLOGO}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Prologo a las ediciones francesa y alemana ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== 1 ===&lt;br /&gt;
Este libro, como ha quedado dicho en el prólogo de la edición rusa, fue escrito en 1916, teniendo en cuenta la censura zarista. Actualmente, no tengo la posibilidad de rehacer todo el texto; por otra parte, sería inútil, ya que el fin principal del libro, hoy como ayer, consiste en ofrecer, con ayuda de los datos generales irrefutables de la estadística burguesa y de las declaraciones de los sabios burgueses de todos los países, un cuadro de conjunto de la economía mundial capitalista en sus relaciones internacionales, a comienzos del siglo XX, en vísperas de la primera guerra mundial imperialista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hasta cierto grado será incluso útil a muchos comunistas de los países capitalistas avanzados persuadirse por el ejemplo de este libro, legal, desde et punto de vista de la censura zarista, de que es posible -- y necesario -- aprovechar hasta esos pequeños resquicios de legalidad que todavía les quedan a éstos, por ejemplo, en la América actual o en Francia, después de los recientes encarcelamientos de casi todos los comunistas, para demostrar todo el embuste de las concepciones y de las esperanzas socialpacifistas en cuanto a la &amp;quot;democracia mundial&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Intentaré dar en este prólogo los complementos más indispensables a este libro censurado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== 2 ===&lt;br /&gt;
En esta obra hemos probado que la guerra de 1914-1918 ha sido, de ambos lados beligerantes, una guerra imperialista (esto es, una guerra de conquista, de bandidaje y de robo), una guerra por el reparto del mundo, por la partición y el nuevo reparto de las colonias, de las &amp;quot;esferas de influencia&amp;quot; del capital financiero, etc.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues la prueba del verdadero carácter social o, mejor dicho, del verdadero carácter de clase de una guerra no se encontrará, claro está, en la historia diplomática de la misma, sino en el análisis de la situación objetiva de las clases dirigentes en todas las potencias beligerantes. Para reflejar esa situación objetiva, no hay que tomar ejemplos y datos aislados (dada la infinita complejidad de los fenómenos de la vida social, se puede siempre encontrar un número cualquiera de ejemplos o datos aislados, susceptibles de confirmar cualquier tesis), sino indefectiblemente el conjunto de los datos sobre los fundamentos de la vida económica de todas las potencias beligerantes y del mundo entero.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me he apoyado precisamente en estos datos generales irrefutables al describir el reparto del mundo en 1876 y en 1914 (§ VI) y el reparto de los ferrocarriles en todo el globo en 1890 y en 1913 (§ VII). Los ferrocarriles constituyen el pág. 5 balance de las principales ramas de la industria capitalista, de la industria del carbón y del hierro; el balance y el índice más notable del desarrollo del comercio mundial y de la civilización democráticoburguesa. En los capítulos precedentes de este libro, exponemos la conexión entre los ferrocarriles y la gran producción, los monopolios, los sindicatos patronales, los cartels, los trusts, los bancos y la oligarquía financiera. La distribución de la red ferroviaria, la desigualdad de esa distribución y de su desarrollo, constituyen el balance del capitalismo moderno, monopolista, en la escala mundial. Y este balance demuestra la absoluta inevitabilidad de las guerras imperialistas sobre esta base económica, en tanto que subsista la propiedad privada de los medios de producción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La construcción de ferrocarriles es en apariencia una empresa simple, natural, democrática, cultural, civilizadora: se presenta como tal ante los ojos de los profesores burgueses, pagados para embellecer la esclavitud capitalista, y ante los ojos de los filisteos pequeñoburgueses. En realidad, los múltiples lazos capitalistas, por medio de los cuales esas empresas se hallan ligadas a la propiedad privada sobre los medios de producción en general, han transformado esa construcción en un medio para oprimir a mil millones de seres (en las colonias y en las semicolonias), es decir, a más de la mitad de la población de la tierra en los países dependientes y a los esclavos asalariados del capital en los países &amp;quot;civilizados&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La propiedad privada fundada en el trabajo del pequeño patrono, la libre concurrencia, la democracia, todas esas consignas por medio de las cuales los capitalistas y su prensa engañan a los obreros y a los campesinos, pertenecen a un pasado lejano. El capitalismo se ha transformado en un pág. 6 sistema universal de opresión colonial y de estrangulacion financiera de la inmensa mayoría de la población del planeta por un puñado de países &amp;quot;avanzados&amp;quot;. Este &amp;quot;botín&amp;quot; se reparte entre dos o tres potencias rapaces de poderío mundial, armadas hasta los dientes (Estados Unidos, Inglaterra, Japón), que, por el reparto de su botín, arrastran a su guerra a todo el mundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== 3 ===&lt;br /&gt;
La paz de Brest-Litovsk, dictada por la monárquica Alemania, y la paz aún más brutal e infame de Versalles, impuesta por las repúblicas &amp;quot;democráticas&amp;quot; de América y de Francia y por la &amp;quot;libre&amp;quot; Inglaterra, han prestado un servicio extremadamente útil a la humanidad, al desenmascarar al mismo tiempo a los coolíes de la pluma a sueldo del imperialismo y a los pequeños burgueses reaccionarios -- aunque se llamen pacifistas y socialistas --, que celebraban el &amp;quot;wilsonismo&amp;quot; y trataban de hacer ver que la paz y las reformas son posibles bajo el imperialismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Decenas de millones de cadáveres y de mutilados, víctimas de la guerra -- esa guerra que se hizo para resolver la cuestión de si el grupo inglés o alemán de bandoleros financieros recibiría una mayor parte del botín --, y encima, estos dos &amp;quot;tratados de paz&amp;quot; hacen abrir, con una rapidez desconocida hasta ahora, los ojos de millones y decenas de millones de hombres atemorizados, aplastados, embaucados y engañados por la burguesía. Sobre la ruina mundial creada por la guerra, se agranda así la crisis revolucionaria mundial, que, por largas y duras que sean las peripecias que atraviese, no podrá terminar sino con la revolución proletaria y su victoria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Manifiesto de Basilea de la II Internacional, que, en 1912, caracterizó precisamente la guerra que estalló en 1914 y no la guerra en general (hay diferentes clases de guerra; hay también guerras revolucionarias), ha quedado como un monumento que denuncia toda la vergonzosa bancarrota, toda la traición de los héroes de la II Internacional.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por eso, uno el texto de ese Manifiesto como apéndice a esta edición, advirtiendo una y otra vez a los lectores que los héroes de la II Internacional rehuyen con empeño todos los pasajes del Manifiesto que hablan precisa, clara y directamente de la relación entre esta guerra que se avecinaba y la revolución proletaria, con el mismo empeño con que un ladrón evita el lugar donde cometió el robo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== 4 ===&lt;br /&gt;
Hemos prestado en este libro una atención especial a la crítica del &amp;quot;kautskismo&amp;quot;, esa corriente ideológica internacional representada en todos los países del mundo por los &amp;quot;teóricos más eminentes&amp;quot;, por los jefes de la II Internacional (Otto Bauer y Cía. en Austria, Ramsay MacDonald y otros en Ingíaterra, Albert Thomas en Francia, etc., etc.) y por un número infinito de socialistas, de reformistas, de pacifistas, de demócratas burgueses y de clérigos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esa corriente ideológica, de una parte, es el producto de la descomposición, de la putrefacción de la II Internacional y, de otra parte, es el fruto inevitable de la ideología de los pequeños burgueses, a quienes todo el ambiente los hace prisioneros de los prejuicios burgueses y democráticos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Kautsky y las gentes de su calaña, tales concepciones significan precisamente la abjuración completa de los funda- pág. 8 mentos revolucionarios del marxismo, defendidos por Kautsky durante decenas de años, sobre todo, dicho sea de paso, en la lucha contra el oportunismo socialista (de Bernstein, Millerand, Hyndman, Gompers, etc.). Por eso, no es un hecho casual que los &amp;quot;kautskistas&amp;quot; de todo el mundo se hayan unido hoy, práctica y políticamente, a los oportunistas más extremos (a través de la II Internacional o Internacional amarilla) y a los gobiernos burgueses (a través de los gobiernos de coalición burgueses con participación socialista).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El movimiento proletario revolucionario en general, que crece en todo el mundo, y el movimiento comunista en particular, no puede dejar de analizar y desenmascarar los errores teóricos del &amp;quot;kautskismo&amp;quot;. Esto es tanto más necesario cuanto que el pacifismo, y el &amp;quot;democratismo&amp;quot; en general -- que no sienten pretensiones de marxismo, pero que, enteramente al igual que Kautsky y Cía., disimulan la profundidad de las contradicciones del imperialismo y la ineluctabilidad de la crisis revolucionaria engendrada por éste -- son corrientes que se hallan todavía extraordinariamente extendidas por todo el mundo. La lucha contra tales tendencias es el deber del partido del proletariado, que debe arrancar a la burguesía los pequeños propietarios que ella engaña y los millones de trabajadores cuyas condiciones de vida son más o menos pequeñoburguesas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== 5 ===&lt;br /&gt;
Es menester decir unas palabras a propósito del capítulo VIII: &amp;quot;El parasitismo y la descomposición del capitalismo&amp;quot;. Como lo hacemos ya constar en este libro, Hilferding, antiguo &amp;quot;marxista&amp;quot;, actualmente compañero de armas de Kautsky y pág. 9 uno de los principales representantes de la política burguesa, reformista, en el seno del &amp;quot;Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania&amp;quot;[4], ha dado en esta cuestión un paso atrás con respecto al inglés Hobson, pacifista y reformista declarado. La escisión internacional de todo el movimiento obrero aparece ahora de una manera plena (II y III Internacional). La lucha armada y la guerra civil entre las dos tendencias es también un hecho evidente: en Rusia, apoyo de Kolchak y de Denikin por los mencheviques y los &amp;quot;socialistas-revolucionarios&amp;quot; contra los bolcheviques; en Alemania, Scheidemann, Noske y Cía. con la burguesía contra los espartaquistas[5]; y lo mismo en Finlandia, en Polonia, en Hungria, etc. ¿Dónde está la base económica de este fenómeno histórico-mundial? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se encuentra precisamente en el parasitismo y en la descomposición del capitalismo, inherentes a su fase histórica superior, es decir, al imperialismo. Como lo demostramos en este libro, el capitalismo ha destacado ahora un puñado (menos de una décima parte de la población de la tierra, menos de un quinto, calculando &amp;quot;por todo lo alto&amp;quot;) de Estados particularmente ricos y poderosos, que saquean a todo el mundo con el simple &amp;quot;recorte del cupón&amp;quot;. La exportación de capital da ingresos que se elevan a ocho o diez mil millones de francos anuales, de acuerdo con los precios de antes de la guerra y según las estadísticas burguesas de entonces. Naturalmente, ahora eso representa mucho más.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es evidente que una superganancia tan gigantesca (ya que los capitalistas se apropian de ella, además de la que exprimen a los obreros de su &amp;quot;propio&amp;quot; país) permite corromper a los dirigentes obreros y a la capa superior de la aristocracia obrera. Los capitalistas de los países &amp;quot;avanzados&amp;quot; los pág. 10 corrompen, y lo hacen de mil maneras, directas e indirectas, abiertas y ocultas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta capa de obreros aburguesados o de &amp;quot;aristocracia obrera&amp;quot;, completamente pequeños burgueses en cuanto a su manera de vivir, por la cuantía de sus emolumentos y por toda su mentalidad, es el apoyo principal de la Segunda Internacional, y, hoy día, el principal apoyo social (no militar) de la burguesía. Pues éstos son los verdaderos agentes de la burguesía en el seno del movimiento obrero, los lugartenientes obreros de la clase capitalista (labour lieutenants of the capitalist class), los verdaderos portadores del reformismo y del chovinismo. En la guerra civil entre el proletariado y la burguesía se ponen inevitablemente, en número no despreciable, al lado de la burguesía, al lado de los &amp;quot;versalleses&amp;quot; contra los &amp;quot;comuneros&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin haber comprendido las raíces económicas de ese fenómeno, sin haber alcanzado a ver su importancia política y social, es imposible dar el menor paso hacia la solución de las tareas prácticas del movimiento comunista y de la revolución social que se avecina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El imperialismo es el preludio de la revolución social del proletariado. Esto ha sido confirmado, en una escala mundial, desde 1917.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Durante los últimos quince o veinte años, sobre todo después de la guerra hispano-americana (1898) y de la anglo-boer (1899-1902), la literatura económica, así como la política, del Viejo y del Nuevo Mundo, consagra una atención creciente al concepto de &amp;quot;imperialismo&amp;quot; para caracterizar la época que atravesamos. En 1902, apareció en Londres y Nueva York la obra del economista inglés J. A. Hobson, &amp;quot;El imperialismo&amp;quot;. El autor, que está situado en el punto de vista del socialreformismo y del pacifismo burgueses -- punto de vista que coincide, en el fonda, con la posición actual del ex-marxista C. Kautsky -- hace una descripción excelente y detallada de las particularidades económicas y políticas fundamentales del imperialismo. En 1910, se publicó en Viena la obra del marxista austriaco Rudolf Hilferding, &amp;quot;El capital financiero&amp;quot; (traducción rusa: Moscú 1912). A pesar del error del autor en la cuestión de la teoría del dinero y de cierta tendencia a conciliar el marxismo con el oportunismo, la obra mencionada constituye un análisis tebrico extremadamente valioso de la &amp;quot;fase moderna de desarrollo del capitalismo&amp;quot; (así está concebido el subtítulo de la obra de Hilferding). En el fondo, lo que se ha dicho acerca del imperialismo durante estos últimos años -- sobre todo en el número inmenso de artículos sobre este tema publicados en pág. 12 periódicos y revistas, así como en las resoluciones tomadas, por ejemplo, en los Congresos de Chemnitz y de Basilea, que se celebraron en otoño de 1912 -- salía apenas del círculo de ideas expuestas o, para decirlo mejor, resumidas en los dos trabajos mencionados. . .&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En las páginas que siguen nos proponemos exponer someramente, en la forma más popular posible, el lazo y la correlación entre las particularidades económicas fundamentales del imperialismo. No nos detendremos, tanto como lo merece, en el aspecto no económico de la cuestión. Las indicaciones bibliográficas y otras notas que no a todos los lectores pueden interesar, las damos al final del folleto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Categoría:Obras de biblioteca de Vladimir Lenin]]&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Ledlecreeper27</name></author>
	</entry>
	<entry>
		<id>https://es.prole.wiki/w/index.php?title=Biblioteca:El_imperialismo,_fase_superior_del_capitalismo/PROLOGO&amp;diff=5748</id>
		<title>Biblioteca:El imperialismo, fase superior del capitalismo/PROLOGO</title>
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		<updated>2023-07-24T17:57:48Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Ledlecreeper27: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;&amp;lt;h2&amp;gt;Prologo&amp;lt;ref&amp;gt;&amp;quot;El imperialismo, fase superior del capitalismo&amp;quot; fue escrito en la primera mitad de 1916. El estudio de publicaciones de distintos países acerca del imperialismo lo inició Lenin en Berna, en 1915; el libro empezó a escribirlo en enero de 1916. A finales de este mes, Lenin se trasladó a Zurich y siguió trabajando en el libro, en la biblioteca cantonal de esa ciudad. Los extractos, apuntes, observaciones y cuadros que Lenin hizo de centenares de libros, revistas, periódicos y resúmenes estadísticos extranjeros componen más de 40 pliegos de imprenta. Estos materiales fueron publicados en edición aparte en 1939 bajo el título de &#039;&#039;Cuadernos sobre el imperialismo&#039;&#039;. El 19 de junio (2 de julio) de 1916, Lenin terminó el trabajo y envió el manuscrito a la Editorial Parus. Los elementos mencheviques atrincherados en la Editorial suprimieron de él la dura crítica que se hacia de las teorias oportunistas de Kautsky y de los mencheviques rusos (Mártov,etc.). Cuando Lenin  decía &amp;quot;transformación&amp;quot; (del capitalismo en imperialismo capitalista) ellos pusieron &amp;quot;conversión&amp;quot;, el &amp;quot;carácter reaccionario&amp;quot; (de la teoría del &amp;quot;ultraimperialismo&amp;quot;) lo sustituyeron por el &amp;quot;carácter atrasado&amp;quot;, etc. Con el título de &#039;&#039;El imperialismo, etapa contemporánea del capitalismo&#039;&#039; la Editorial Parus lo imprimió a principios de 1917 en Petrogrado. A su llegada a Rusia, Lenin escribió el prologo del libro, que vio la luz en septiembre de 1917. Con respecto a la significación del libro &#039;&#039;El imperialismo, fase superior del capitalismo&#039;&#039;, véase el &#039;&#039;[[Biblioteca:Historia del Partido Comunista (Bolchevique) de la URSS|Compendio de Historia del Partido Comunista (bolchevique) de la URSS]]&#039;&#039;.&amp;lt;/ref&amp;gt;&amp;lt;/h2&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El folleto que ofrezco a la atención del lector fue escrito en Zurich durante la primavera de 1916. En las condiciones en que me veía obligado a trabajar tuve que tropezar, naturalmente, con una cierta insuficiencia de materiales franceses e ingleses y con una gran carestía de materiales rusos. Sin embargo, la obra inglesa más importante sobre el imperialismo, el libro de J. A. Hobson, ha sido utilizada con la atención que, a mi juicio, merece.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El folleto está escrito teniendo en cuenta la censura zarista. Por esto, no solo me vi precisado a limitarme estrictamente a un análisis exclusivamente teórico —sobre todo económico—, sino también a formular las indispensable y poco numerosas observaciones de carácter político con una extraordinaria prudencia, por medio de alusiones, del lenguaje a lo Esopo, maldito lenguaje al cual el zarismo obligaba a recurrir a todos los revolucionarios cuando tomaban la pluma para escribir algo con destino a la literatura &amp;quot;legal&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Produce pena releer ahora, en lo días de libertad, los pasajes del folleto desnaturalizados, comprimidos, contenidos en un anillo de hierro por la preocupación de la censura zarista. Para decir que el imperialismo es el preludio de la revolución socialista, que el socialchovinismo (socialismo de palabra, chovinismo de hecho) es una traición completa al socialismo, el paso completo al lado de la burguesía, que esa escisión del movimiento obrero está relacionada con las condiciones objetivas del imperialismo, etc., me vi obligado a hablar en un lenguaje servil, y por esto no tengo más remedio que remitir a los lectores que se interesen por el problema a la colección de mis artículos de 1914-1917, publicados en el extranjero, que serán reeditados en breve. Vale la pena, particularmente, señalar un pasaje de las paginas 119-120&amp;lt;ref&amp;gt;Véase: págs. 156-157 del presente folleto.&amp;lt;/ref&amp;gt;: para hacer comprender al lector, en forma adaptada a la censura, el modo indecoroso de cómo mienten los capitalistas y los socialchovinistas que se han pasado al lado de aquellos (y contra los cuales lucha con tanta inconsecuencia Kautsky), en lo que se refiere a la cuestión de las anexiones, el descaro con que &#039;&#039;encubren&#039;&#039; las anexiones de &#039;&#039;sus&#039;&#039; capitalistas, me vi precisado a tomar el ejemplo... ¡del Japón! El lector atento sustituirá fácilmente el Japón por Rusia, y Corea, por Finlandia, Polonia, Curlandia, Ucrania, Jiva, Bujará, Estlandia y otros territorios del imperio zarista no poblados por grandes rusos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quiero abrigar la esperanza de que mi folleto ayudará a orientar en la cuestión económica fundamental, sin cuyo estudio es imposible comprender nada en la apreciación de la guerra y de la política actuales, a saber: la cuestión de la esencia económica del imperialismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{{right|&#039;&#039;&#039;EL AUTOR&#039;&#039;&#039;}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{{left|Petrogrado, 26 de abril de 1917}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Notas ==&lt;br /&gt;
&amp;lt;references /&amp;gt;&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Ledlecreeper27</name></author>
	</entry>
	<entry>
		<id>https://es.prole.wiki/w/index.php?title=Biblioteca:El_imperialismo,_fase_superior_del_capitalismo/PROLOGO&amp;diff=5747</id>
		<title>Biblioteca:El imperialismo, fase superior del capitalismo/PROLOGO</title>
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		<updated>2023-07-24T17:53:45Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Ledlecreeper27: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;&amp;lt;h2&amp;gt;El Imperialismo Fase Superior del Capitalismo&amp;lt;ref&amp;gt;&amp;quot;El imperialismo, fase superior del capitalismo&amp;quot; fue escrito en la primera mitad de 1916. El estudio de publicaciones de distintos países acerca del imperialismo lo inició Lenin en Berna, en 1915; el libro empezó a escribirlo en enero de 1916. A finales de este mes, Lenin se trasladó a Zurich y siguió trabajando en el libro, en la biblioteca cantonal de esa ciudad. Los extractos, apuntes, observaciones y cuadros que Lenin hizo de centenares de libros, revistas, periódicos y resúmenes estadísticos extranjeros componen más de 40 pliegos de imprenta. Estos materiales fueron publicados en edición aparte en 1939 bajo el título de &#039;&#039;Cuadernos sobre el imperialismo&#039;&#039;. El 19 de junio (2 de julio) de 1916, Lenin terminó el trabajo y envió el manuscrito a la Editorial Parus. Los elementos mencheviques atrincherados en la Editorial suprimieron de él la dura crítica que se hacia de las teorias oportunistas de Kautsky y de los mencheviques rusos (Mártov,etc.). Cuando Lenin  decía &amp;quot;transformación&amp;quot; (del capitalismo en imperialismo capitalista) ellos pusieron &amp;quot;conversión&amp;quot;, el &amp;quot;carácter reaccionario&amp;quot; (de la teoría del &amp;quot;ultraimperialismo&amp;quot;) lo sustituyeron por el &amp;quot;carácter atrasado&amp;quot;, etc. Con el título de &#039;&#039;El imperialismo, etapa contemporánea del capitalismo&#039;&#039; la Editorial Parus lo imprimió a principios de 1917 en Petrogrado. A su llegada a Rusia, Lenin escribió el prologo del libro, que vio la luz en septiembre de 1917. Con respecto a la significación del libro &#039;&#039;El imperialismo, fase superior del capitalismo&#039;&#039;, véase el &#039;&#039;[[Biblioteca:Historia del Partido Comunista (Bolchevique) de la URSS|Compendio de Historia del Partido Comunista (bolchevique) de la URSS]]&#039;&#039;.&amp;lt;/ref&amp;gt;&amp;lt;/h2&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El folleto que ofrezco a la atención del lector fue escrito en Zurich durante la primavera de 1916. En las condiciones en que me veía obligado a trabajar tuve que tropezar, naturalmente, con una cierta insuficiencia de materiales franceses e ingleses y con una gran carestía de materiales rusos. Sin embargo, la obra inglesa más importante sobre el imperialismo, el libro de J. A. Hobson, ha sido utilizada con la atención que, a mi juicio, merece.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El folleto está escrito teniendo en cuenta la censura zarista. Por esto, no solo me vi precisado a limitarme estrictamente a un análisis exclusivamente teórico —sobre todo económico—, sino también a formular las indispensable y poco numerosas observaciones de carácter político con una extraordinaria prudencia, por medio de alusiones, del lenguaje a lo Esopo, maldito lenguaje al cual el zarismo obligaba a recurrir a todos los revolucionarios cuando tomaban la pluma para escribir algo con destino a la literatura &amp;quot;legal&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Produce pena releer ahora, en lo días de libertad, los pasajes del folleto desnaturalizados, comprimidos, contenidos en un anillo de hierro por la preocupación de la censura zarista. Para decir que el imperialismo es el preludio de la revolución socialista, que el socialchovinismo (socialismo de palabra, chovinismo de hecho) es una traición completa al socialismo, el paso completo al lado de la burguesía, que esa escisión del movimiento obrero está relacionada con las condiciones objetivas del imperialismo, etc., me vi obligado a hablar en un lenguaje servil, y por esto no tengo más remedio que remitir a los lectores que se interesen por el problema a la colección de mis artículos de 1914-1917, publicados en el extranjero, que serán reeditados en breve. Vale la pena, particularmente, señalar un pasaje de las paginas 119-120&amp;lt;ref&amp;gt;Véase: págs. 156-157 del presente folleto.&amp;lt;/ref&amp;gt;: para hacer comprender al lector, en forma adaptada a la censura, el modo indecoroso de cómo mienten los capitalistas y los socialchovinistas que se han pasado al lado de aquellos (y contra los cuales lucha con tanta inconsecuencia Kautsky), en lo que se refiere a la cuestión de las anexiones, el descaro con que &#039;&#039;encubren&#039;&#039; las anexiones de &#039;&#039;sus&#039;&#039; capitalistas, me vi precisado a tomar el ejemplo... ¡del Japón! El lector atento sustituirá fácilmente el Japón por Rusia, y Corea, por Finlandia, Polonia, Curlandia, Ucrania, Jiva, Bujará, Estlandia y otros territorios del imperio zarista no poblados por grandes rusos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quiero abrigar la esperanza de que mi folleto ayudará a orientar en la cuestión económica fundamental, sin cuyo estudio es imposible comprender nada en la apreciación de la guerra y de la política actuales, a saber: la cuestión de la esencia económica del imperialismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{{right|&#039;&#039;&#039;EL AUTOR&#039;&#039;&#039;}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{{left|Petrogrado, 26 de abril de 1917}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Notas ==&lt;br /&gt;
&amp;lt;references /&amp;gt;&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Ledlecreeper27</name></author>
	</entry>
	<entry>
		<id>https://es.prole.wiki/w/index.php?title=Biblioteca:El_imperialismo,_fase_superior_del_capitalismo/NOTA_DEL_EDITOR&amp;diff=5746</id>
		<title>Biblioteca:El imperialismo, fase superior del capitalismo/NOTA DEL EDITOR</title>
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		<updated>2023-07-24T17:53:15Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Ledlecreeper27: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;Se ha tomado como base de la presente edición de &#039;&#039;El imperialismo, fase superior del capitalismo&#039;&#039; el texto de la edición española de las &#039;&#039;Obras Escogidas de Lenin&#039;&#039;, en dos tomos, publicadas por Ediciones en Lenguas Extranjeras, de Moscú, en 1948. Este folleto ha sido editado después de haber sido confrontado con la versión china, publicada por la Editorial del Pueblo, Pekín, en septiembre de 1964, y consultado el original ruso de las &#039;&#039;Obras Completas de Lenin&#039;&#039;, t. XXII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las notas incluidas al final del folleto han sido redactadas y traducidas según las de la edición china, publicada por la Editorial del Pueblo, Pekín.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;center&amp;gt;Impreso en República Popular China&amp;lt;/center&amp;gt;&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Ledlecreeper27</name></author>
	</entry>
	<entry>
		<id>https://es.prole.wiki/w/index.php?title=Biblioteca:De_la_autoridad&amp;diff=5614</id>
		<title>Biblioteca:De la autoridad</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://es.prole.wiki/w/index.php?title=Biblioteca:De_la_autoridad&amp;diff=5614"/>
		<updated>2023-06-24T16:23:23Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Ledlecreeper27: Ledlecreeper27 trasladó la página ProleWiki:De la autoridad a Biblioteca:De la autoridad&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;Algunos socialistas han emprendido últimamente una verdadera cruzada contra lo que ellos llaman principio de autoridad. Basta con que se les diga que este o el otro acto es autoritario para que lo condenen. Hasta tal punto se abusa de este método sumario de proceder, que no hay más remedio que examinar la cosa un poco más de cerca. Autoridad, en el sentido de que se trata, quiere decir: imposición de la voluntad de otro a la nuestra; autoridad supone, por otra parte, subordinación. Ahora bien; por muy mal que suenen estas dos palabras y por muy desagradable que sea para la parte subordinada la relación que representan, la cuestión está en saber si hay medio de prescindir de ella, si -dadas las condiciones actuales de la sociedad- podemos crear otro régimen social en el que esta autoridad no tenga ya objeto y en el que, por consiguiente, deba desaparecer. Examinando las condiciones económicas, industriales y agrícolas, que constituyen la base de la actual sociedad burguesa, nos encontramos con que tienden a reemplazar cada vez más la acción aislada por la acción combinada de los individuos. La industria moderna, con grandes fábricas y talleres, en los que centenares de obreros vigilan la marcha de máquinas complicadas movidas a vapor, ha venido a ocupar el puesto del pequeño taller del productor aislado: los coches y los carros para grandes distancias han sido sustituidos por el ferrocarril, como las pequeñas goletas y falúas lo han sido por los barcos a vapor. La misma agricultura va cayendo poco a poco bajo el dominio de la máquina y del vapor, los cuales remplazan, lenta pero inexorablemente, a los pequeños propietarios por grandes capitalistas, que cultivan, con ayuda de obreros asalariados, grandes extensiones de tierra. La acción coordinada, la complicación de los procedimientos, supeditados los unos a los otros, desplaza en todas partes a la acción independiente de los individuos. Y quien dice acción coordinada dice organización. Ahora bien, ¿cabe organización sin autoridad?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Supongamos que una revolución social hubiera derrocado a los capitalistas, cuya autoridad dirige hoy la producción y la circulación de la riqueza. Supongamos, para colocarnos por entero en el punto de vista de los antiautoritarios, que la tierra y los instrumentos de trabajo se hubieran convertido en propiedad colectiva de los obreros que los emplean. ¿Habría desaparecido la autoridad, o no habría hecho más que cambiar de forma? Veamos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tomemos, a modo de ejemplo, una fábrica de hilados de algodón. El algodón, antes de convertirse en hilo, tiene que pasar, por lo menos, por seis operaciones sucesivas; operaciones que se ejecutan, en su mayor parte, en diferentes naves. Además, para mantener las máquinas en movimiento, se necesita un ingeniero que vigile la máquina de vapor, mecánicos para las reparaciones diarias y, además, muchos peones destinados a transportar los productos de un lugar a otro, etc. Todos estos obreros, hombres, mujeres y niños están obligados a empezar y terminar su trabajo a la hora señalada por la autoridad del vapor, que se burla de la autonomía individual. Lo primero que hace falta es, pues, que los obreros se pongan de acuerdo sobre las horas de trabajo; a estas horas, una vez fijadas, quedan sometidos todos sin ninguna excepción. Después, en cada lugar y a cada instante surgen cuestiones de detalle sobre el modo de producción, sobre la distribución de los materiales, etc., cuestiones que tienen que ser resueltas al instante, so pena de que se detenga inmediatamente toda la producción. Bien se resuelvan por la decisión de un delegado puesto al frente de cada rama de producción o bien por el voto de la mayoría, si ello fuese posible, la voluntad de alguien tendrá siempre que subordinarse; es decir, que las cuestiones serán resueltas autoritariamente. El mecanismo automático de una gran fábrica es mucho más tiránico que lo han sido nunca los pequeños capitalistas que emplean obreros. En la puerta de estas fábricas, podría escribirse, al menos en cuanto a las horas de trabajo se refiere: &#039;&#039;Lasciate ogni autonomia, voi che entrate!&#039;&#039;* Si el hombre, con la ciencia y el genio inventivo, somete a las fuerzas de la naturaleza, éstas se vengan de él sometiéndolo, mientras las emplea, a un verdadero despotismo, independientemente de toda organización social. Querer abolir la autoridad en la gran industria, es querer abolir la industria misma, es querer destruir las fábricas de hilados a vapor para volver a la rueca.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tomemos, para poner otro ejemplo, un ferrocarril. También aquí es absolutamente necesaria la cooperación de una infinidad de individuos, cooperación que debe tener lugar a horas muy precisas, para que no se produzcan desastres. También aquí, la primera condición para que la empresa marche es una voluntad dominante que zanje todas las cuestiones secundarias. Esta voluntad puede estar representada por un solo delegado o por un comité encargado de ejecutar los acuerdos de una mayoría de interesados. Tanto en uno como en otro caso existe autoridad bien pronunciada. Más aún: ¿qué pasaría con el primer tren que arrancara, si se aboliese la autoridad de los empleados del ferrocarril sobre los señores viajeros?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero, donde más salta a la vista la necesidad de la autoridad, y de una autoridad imperiosa, es en un barco en alta mar. Allí, en el momento de peligro, la vida de cada uno depende de la obediencia instantánea y absoluta de todos a la voluntad de uno solo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando he puesto parecidos argumentos a los más furiosos antiautoritarios, no han sabido responderme más que esto: «¡Ah! eso es verdad, pero aquí no se trata de que nosotros demos al delegado una autoridad, sino ¡de un encargo!» Estos señores creen cambiar la cosa con cambiarle el nombre. He aquí cómo se burlan del mundo estos profundos pensadores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hemos visto, pues, que, de una parte, cierta autoridad, delegada como sea, y de otra, cierta subordinación, son cosas que, independientemente de toda organización social, se nos imponen con las condiciones materiales en las que producimos y hacemos circular los productos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y hemos visto, además, que las condiciones materiales de producción y de circulación se extienden inevitablemente con la gran industria y con la gran agricultura, y tienden cada vez más a ensanchar el campo de esta autoridad. Es, pues, absurdo hablar del principio de autoridad como de un principio absolutamente malo y del principio de autonomía como de un principio absolutamente bueno. La autoridad y la autonomía son cosas relativas, cuyas esferas verían en las diferentes fases del desarrollo social. Si los autonomistas se limitasen a decir que la organización social del porvenir restringirá la autoridad hasta el límite estricto en que la hagan inevitable las condiciones de la producción, podríamos entendernos; pero, lejos de esto, permanecen ciegos para todos los hechos que hacen necesaria la cosa y arremeten con furor contra la palabra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Por qué los antiautoritarios no se limitan a clamar contra la autoridad política, contra el Estado? Todos los socialistas están de acuerdo en que el Estado político, y con él la autoridad política, desaparecerán como consecuencia de la próxima revolución social, es decir, que las funciones públicas perderán su carácter político, trocándose en simples funciones administrativas, llamadas a velar por los verdaderos intereses sociales. Pero los antiautoritarios exigen que el Estado político autoritario sea abolido de un plumazo, aun antes de haber sido destruidas las condiciones sociales que lo hicieron nacer. Exigen que el primer acto de la revolución social sea la abolición de la autoridad. ¿No han visto nunca una revolución estos señores? Una revolución es, indudablemente, la cosa más autoritaria que existe; es el acto por medio del cual una parte de la población impone su voluntad a la otra parte por medio de fusiles, bayonetas y cañones, medios autoritarios si los hay; y el partido victorioso, si no quiere haber luchado en vano, tiene que mantener este dominio por medio del terror que sus armas inspiran a los reaccionarios. ¿La Comuna de París habría durado acaso un solo día, de no haber empleado esta autoridad de pueblo armado frente a los burgueses? ¿No podemos, por el contrario, reprocharle el no haberse servido lo bastante de ella?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así pues, una de dos: o los antiautoritarios no saben lo que dicen, y en este caso no hacen más que sembrar la confusión; o lo saben, y en este caso traicionan el movimiento del proletariado. En uno y otro caso, sirven a la reacción.&lt;br /&gt;
[[Categoría:Obras de biblioteca de Friedrich Engels]]&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Ledlecreeper27</name></author>
	</entry>
	<entry>
		<id>https://es.prole.wiki/w/index.php?title=MediaWiki:Citizen-footer-tagline&amp;diff=5541</id>
		<title>MediaWiki:Citizen-footer-tagline</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://es.prole.wiki/w/index.php?title=MediaWiki:Citizen-footer-tagline&amp;diff=5541"/>
		<updated>2023-06-10T13:33:58Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Ledlecreeper27: Página creada con «¡Proletarios de todos los países, uníos!»&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;¡Proletarios de todos los países, uníos!&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Ledlecreeper27</name></author>
	</entry>
	<entry>
		<id>https://es.prole.wiki/w/index.php?title=MediaWiki:Citizen-footer-desc&amp;diff=5540</id>
		<title>MediaWiki:Citizen-footer-desc</title>
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		<updated>2023-06-10T13:31:40Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Ledlecreeper27: Traducido el texto inglés a español&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;ProleWiki es una proyecta colaborativa Marxista-Leninista que intenta construir una enciclopedia comunista y antiimperialista con informaciones sobre eventos actuales, partidos comunistas en todo el mundo, paises y además una biblioteca de textos importantes para el movimiento comunista internacional.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Ledlecreeper27</name></author>
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		<id>https://es.prole.wiki/w/index.php?title=Capital&amp;diff=5522</id>
		<title>Capital</title>
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		<updated>2023-04-22T18:11:35Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Ledlecreeper27: Borré la redirreción&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Ledlecreeper27</name></author>
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		<title>Capital</title>
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		<updated>2023-04-22T18:08:57Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Ledlecreeper27: Ledlecreeper27 trasladó la página Capital a Revolución: El artículo habla sobre revoluciones&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;#REDIRECCIÓN [[Revolución]]&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Ledlecreeper27</name></author>
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		<title>Revolución</title>
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		<updated>2023-04-22T18:08:57Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Ledlecreeper27: Ledlecreeper27 trasladó la página Capital a Revolución: El artículo habla sobre revoluciones&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;Una &#039;&#039;&#039;revolución&#039;&#039;&#039; es un proceso mediante el cual una [[clase social]] derroca violentamente a otra y ocupa su lugar como [[clase opresora]] mediante el control del [[Estado]]. Toda revolución exitosa se enfrenta a una [[contrarrevolución]], ya que las fuerzas anteriormente dominantes, como los [[Burguesía|capitalistas]] o los [[Feudalismo|señores feudales]], intentan ejercer la fuerza que les queda. En China, el [[Kuomintang]] dirigió la contrarrevolución contra el [[Partido Comunista de China]], mientras que en [[Laos]] y [[República Socialista de Vietnam|Vietnam]] la agresión y la guerra de los reaccionarios [[Estados Unidos de América|estadounidenses]] caracterizaron su contrarrevolución.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las revoluciones requieren que se den las siguientes condiciones: que la clase dominante no pueda seguir gobernando a la vieja usanza, que las condiciones de las clases oprimidas hayan empeorado y que haya una mayor actividad de las masas. No todas las situaciones revolucionarias conducen a la revolución, y la clase revolucionaria debe actuar para derrocar con éxito al viejo Estado.&amp;lt;ref&amp;gt;{{Referencia|author=[[Vladímir Lenin]]|year=1915|title=The Collapse of the Second International|chapter=II|city=[[Moscú]]|mia=https://www.marxists.org/archive/lenin/works/1915/csi/index.htm|chapter-url=https://www.marxists.org/archive/lenin/works/1915/csi/ii.htm#v21pp74h-212}}&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Ledlecreeper27</name></author>
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		<title>ProleWiki:Página principal</title>
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		<updated>2023-01-20T20:08:27Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Ledlecreeper27: SEO&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
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		<author><name>Ledlecreeper27</name></author>
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	<entry>
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		<title>Anti-imperialismo</title>
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		<updated>2023-01-08T14:09:05Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Ledlecreeper27: Ledlecreeper27 trasladó la página Anti-imperialismo a Antiimperialismo: No se necesita -&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;#REDIRECCIÓN [[Antiimperialismo]]&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Ledlecreeper27</name></author>
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		<title>Antiimperialismo</title>
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		<updated>2023-01-08T14:09:05Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Ledlecreeper27: Ledlecreeper27 trasladó la página Anti-imperialismo a Antiimperialismo: No se necesita -&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;El &#039;&#039;&#039;Antiimperialismo&#039;&#039;&#039; en el contexto del [[Marxismo-Leninismo]] es la oposición a estados que cumplen la definición de [[Vladimir Lenin|Lenin]] de [[imperialismo]] tal como expone en su obra, &#039;&#039;El imperialismo, fase superior del capitalismo&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las personas que se categorizan a sí mismas como antiimperialistas suelen afirmar que se oponen al colonialismo, los imperios coloniales, la hegemonía, el imperialismo y la expansión territorial de un país más allá de sus fronteras establecidas.&amp;lt;ref&amp;gt;Richard Koebner y Helmut Schmidt, &#039;&#039;Imperialism: The Story and Significance of a Political Word, 1840–1960&#039;&#039; (2010).&amp;lt;/ref&amp;gt; La expresión se generalizó tras la [[Segunda Guerra Mundial]] y al inicio de la [[Guerra Fría]], cuando los movimientos políticos de las colonias de las potencias europeas promovieron la soberanía nacional. Algunos grupos antiimperialistas que se oponían a [[Estados Unidos]] apoyaron el poder de la [[Unión Soviética]], como puede ser el [[Guevarismo]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Referencias ==&lt;br /&gt;
&amp;lt;references /&amp;gt;&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Ledlecreeper27</name></author>
	</entry>
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		<id>https://es.prole.wiki/w/index.php?title=ProleWiki:C%C3%B3mo_contribuir&amp;diff=5484</id>
		<title>ProleWiki:Cómo contribuir</title>
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		<updated>2022-12-26T16:30:41Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Ledlecreeper27: Puse fuentes hispanohablantes en la página&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{DISPLAYTITLE:&#039;&#039;Cómo contribuir a ProleWiki&#039;&#039;}}&lt;br /&gt;
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* &#039;&#039;[https://www.liberationnews.org/category/espanol/ Liberation News Español]&#039;&#039;&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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[[Categoría:Contribuye a ProleWiki]]&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Ledlecreeper27</name></author>
	</entry>
	<entry>
		<id>https://es.prole.wiki/w/index.php?title=Biblioteca:El_estado_y_la_revoluci%C3%B3n&amp;diff=5170</id>
		<title>Biblioteca:El estado y la revolución</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://es.prole.wiki/w/index.php?title=Biblioteca:El_estado_y_la_revoluci%C3%B3n&amp;diff=5170"/>
		<updated>2022-08-04T13:03:03Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Ledlecreeper27: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{DISPLAYTITLE:&#039;&#039;El estado y la revolución&#039;&#039;, por Vladímir Lenin}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Prólogo a la Primera Edición ==&lt;br /&gt;
La cuestión del Estado adquiere actualmente una importancia singular, tanto en el aspecto teórico como en el aspecto político práctico. La guerra imperialista ha acelerado y agudizado extraordinariamente el proceso de transformación del capitalismo monopolista en capitalismo monopolista de Estado. La opresión monstruosa de las masas trabajadoras por el Estado, que se va fundiendo cada vez más estrechamente con las asociaciones omnipotentes de los capitalistas, cobra proporciones cada vez mas monstruosas. Los países adelantados se convierten -- y al decir esto nos referimos a su &amp;quot;retaguardia&amp;quot; -- en presidios militares para los obreros. Los inauditos horrores y calamidades de esta guerra interminable hacen insoportable la situación de ías masas, aumentando su indignación. Va fermentando a todas luces la revolución proletaria internacional. La cuestión de la actitud de ésta hacia el Estado adquiere una importancia práctica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los elementos de oportunismo acumulados durante décadas de desarrollo relativamente pacífico crearon la corriente de socialchovinismo imperante en los partidos socialistas oficiales del mundo entero. Esta corriente (Plejánov, Pótresov, Breshkóvskaia, Rubanóvich y luego, bajo una forma levemente velada, los señores Tsereteli, Chernov y Cía., en Rusia; Scheidemann, Legien, David y otros en Alemania; Renaudel, Guesde, Vandervelde, en Francia y en Bélgica; Hyndman y los fabianos, en Inglaterra, etc., etc.), socialismo de palabra y chovinismo de hecho, se distingue por la adaptación vil y lacayuna de los &amp;quot;jefes&amp;quot; del &amp;quot;socialismo&amp;quot;, no sólo a los intereses de &amp;quot;su&amp;quot; burguesía nacional, sino, precisamente, a los intereses de &amp;quot;su&amp;quot; Estado, pues la mayoría de las llamadas grandes potencias hace ya largo tiempo que explotan y esclavizan a muchas nacionalidades pequeñas y débiles. Y la guerra imperialista es precisamente una guerra por la partición y el reparto de esta clase de botín. La lucha por arrancar a las masas trabajadoras de la influencia de la burguesía en general y de la burguesía imperialista en particular, es imposible sin una lucha contra los prejuicios oportunistas relativos al &amp;quot;Estado&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Comenzamos examinando la doctrina de Marx y Engels sobre el Estado, deteniéndonos de manera especialmente minuciosa en los aspectos de esta doctrina olvidados o tergiversados de un modo oportunista. Luego, analizaremos especialmente la posición del principal representante de estas tergiversaciones, Carlos Kautsky, el líder más conocido de la II Internacional (1889-1914), que tan lamentable bancarrota ha sufrido durante la guerra actual. Finalmente, haremos el balance fundamental de la experiencia de la revolución rusa de 1905 y, sobre todo, de la de 1917. Esta última cierra, evidentemente, en los momentos actuales (comienzos de agosto de 1917), la primera fase de su desarrollo; pero toda esta revolución, en términos generales, sólo puede comprenderse como uno de los eslabones de la cadena de las revoluciones proletarias socialistas suscitadas por la guerra imperialista. La cuestión de la actitud de la revolución socialista del proletariado ante el Estado adquiere, así, no solo una importancia política práctica, sino la importancia más candente como cuestión de explicar a las masas qué deberán hacer para liberarse, en un porvenir inmediato, del yugo del capital.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== La Sociedad de Clases y el Estado ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== El Estado, Producto del Caracter Irreconcible de las Contradicciones de Clase ===&lt;br /&gt;
Ocurre hoy con la doctrina de Marx lo que ha solido ocurrir en la historia repetidas veces con las doctrinas de los pensadores revolucionarios y de los jefes de las clases oprimidas en su lucha por la liberación. En vida de los grandes revolucionarios, las clases opresoras les someten a constantes persecuciones, acogen sus doctrinas con la rabia más salvaje, con el odio más furioso, con la campaña más desenfrenada de mentiras y calumnias. Después de su muerte, se intenta convertirlos en iconos inofensivos, canonizarlos, por decirlo así, rodear sus nombres de una cierta aureola de gloria para &amp;quot;consolar&amp;quot; y engañar a las clases oprimidas, castrando el contenido de su doctrina revolucionaria, mellando su filo revolucionario, envileciéndola. En semejante &amp;quot;arreglo&amp;quot; del marxismo se dan la mano actualmente la burguesía y los portunistas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dentro del movimiento obrero. Olvidan, re legan a un segundo plano, tergiversan el aspecto revolucionario de esta doctrina, su espíritu revolucionario. Hacen pasar a primer plano, ensalzan lo que es o parece ser aceptable para la burguesía. Todos los socialchovinistas son hoy -- ¡bromas aparte! -- &amp;quot;marxistas&amp;quot;. Y cada vez con mayor frecuencia los sabios burgueses alemanes, que ayer todavía eran especialistas en pulverizar el marxismo, hablan hoy ¡de un Marx &amp;quot;nacional-alemán&amp;quot; que, según ellos, educó estas asociaciones obreras tan magníficamente organizadas para llevar a cabo la guerra de rapiñal!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ante esta situación, ante la inaudita difusión de las tergiversaciones del marxismo, nuestra misión consiste, ante todo, en restaurar la verdadera doctrina de Marx sobre el Estado. Para esto es necesario citar toda una serie de pasajes largos de las obras mismas de Marx y Engels. Naturalmente, las citas largas hacen la exposición pesada y en nada contribuyen a darle un carácter popular. Pero es de todo punto imposible prescindir de ellas. No hay más remedio que citar del modo más completo posible todos los pasajes, o, por lo menos, todos los pasajes decisivos, de las obras de Marx y Engels sobre la cuestión del Estado, para que el lector pueda formarse por su cuenta una noción del conjunto de las ideas de los fundadores del socialismo científico y del desarrollo de estas ideas, así como también para probar documentalmente y patentizar con toda claridad la tergiversación de estas ideas por el &amp;quot;kautskismo&amp;quot; hoy imperante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Comencemos por la obra más conocida de F. Engels: &amp;quot;El origen de la familia, de la propiedad privada y del Estado&amp;quot;, de la que ya en 1894 se publicó en Stuttgart la sexta&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
edición. Conviene traducir las citas de los originales alemanes, pues las traducciones rusas, con ser tan numerosas, son en gran parte incompletas o están hechas de un&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
modo muy defectuoso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;El Estado -- dice Engels, resumiendo su análisis histórico -- no es, en modo alguno, un Poder impuesto desde fuera a la sociedad; ni es tampoco &#039;la realidad de la idea moral&#039;, &#039;la imagen y la realidad de la razón&#039;, como afirma Hegel. El Estado es, más bien, un producto de la sociedad al llegar a una determinada fase de desarrollo; es la confesión de que esta sociedad se ha enredado con sigo misma en una contradicción insoluble, se ha dividido en antagonismos irreconciliables, que ella es impotente para conjurar. Y para que estos antagonismos, estas clases con intereses económicos en pugna, no se devoren a sí mismas y no devoren a la sociedad en una lucha estéril, para eso hízose necesario un Poder situado, aparentemente, por encima de la sociedad y llamado a amortiguar el conflicto, a mantenerlo dentro de los límites del &#039;orden&#039;. Y este Poder, que brota de la sociedad, pero que se coloca por encima de ella y que se divorcia cada vez más de ella, es el Estado&amp;quot; (págs. 177 y 178 de la sexta edición alemana).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí aparece expresada con toda claridad la idea fundamental del marxismo en punto a la cuestión del papel histórico y de la significación del Estado. EI Estado es el producto y la manifestación del carácter irreconciliable de las contradicciones de clase.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Estado surge en el sitio, en el momento y en el grado en que las contradicciones de clase no pueden, objetivamente, conciliarse. Y viceversa: la existencia del Estado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
demuestra que las contradicciones de clase son irreconciliables.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En torno a este punto importantísimo y cardinal comienza precisamente la tergiversación del marxismo, tergiversación que sigue dos direcciones fundamentales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De una parte, los ideólogos burgueses y especialmente los pequeñoburgueses, obligados por la presión de hechos históricos indiscutibles a reconocer que el Estado sólo existe allí donde existen las contradicciones de clase y la lucha de clases, &amp;quot;corrigen&amp;quot; a Marx de manera que el Estado resulta ser el órgano de la conciliación de clases. Según Marx, el Estado no podría ni surgir ni mantenerse si fuese posible la conciliación de las clases. Para los profesores y publicistas mezquinos y filisteos -- ¡que invocan a cada paso en actitud benévola a Marx! -- resulta que el Estado es precisamente el que concilia las clases. Según Marx, el Estado es un órgano de dominación de clase, un órgano de opresión de una clase por otra, es la creación del &amp;quot;orden&amp;quot; que legaliza y afianza esta opresión, amortiguando los choques entre las clases. En opinión de los políticos pequeñoburgueses, el orden es precisamente la conciliación de las clases y no la opresión de una clase por otra. Amortiguar los choques significa para ellos conciliar y no privar a las clases oprimidas de ciertos medios y procedimientos de lucha para el derrocamiento de los opresores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por ejemplo, en la revolución de 1917, cuando la cuestión de la significación y del papel del Estado se planteó precisamente en toda su magnitud, en el terreno práctico,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
como una cuestión de acción inmediata, y además de acción de masas, todos los socialrevolucionarios y todos los mencheviques cayeron, de pronto y por entero, en la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
teoría pequeñoburguesa de la &amp;quot;conciliación&amp;quot; de las clases &amp;quot;por el Estado&amp;quot;. Hay innumerables resoluciones y artículos de los políticos de estos dos partidos saturados de esta teoría mezquina y filistea de la &amp;quot;conciliación&amp;quot;. Que el Estado es el órgano de dominación de una determinada clase, la cual no puede conciliarse con su antípoda&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(con la clase contrapuesta a ella), es algo que esta democracia pequeñoburguesa no podrá jamás comprender, La actitud ante el Estado es uno de los síntomas más patentes de que nuestros socialrevolucionarios y mencheviques no son en manera alguna socialistas (lo que nosotros, los bolcheviques, siempre hemos demostrado), sino demócratas pequeñoburgueses con una fraseología casi socialista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De otra parte, la tergiversación &amp;quot;kautskiana&amp;quot; del marxismo es bastante más sutil.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;Teóricamente&amp;quot;, no se niega ni que el Estado sea el órgano de dominación de clase, ni que las contradicciones de clase sean irreconciliables. Pero se pasa por alto u oculta lo siguiente: si el Estado es un producto del carácter irreconciliable de las contradicciones de clase, si es una fuerza que está por encima de la sociedad y que &amp;quot;se divorcia cada vez más de la sociedad&amp;quot;, es evidente que la liberación de la clase oprimida es imposible, no sólo sin una revolución violenta, sino también sin la destrucción del aparato del Poder estatal que ha sido creado por la clase dominante y en el que toma cuerpo aquel &amp;quot;divorcio&amp;quot;. Como veremos más abajo, Marx llegó a esta conclusión, teóricamente clara por si misma, con la precisión más completa, a base del análisis histórico concreto de las tareas de la revolución. Y esta conclusión es precisamente -- como expondremos con todo detalle en las páginas siguientes -- la que Kautsky . . . ha&amp;quot;olvidado&amp;quot; y falseado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Los Destacamentos Especiales de Fuerzas Armadas, las Carceles, etc. ===&lt;br /&gt;
&amp;quot;En comparación con las antiguas organizaciones gentilicias (de tribu o de clan) -- prosigue Engels --, el Estado se caracteriza, en primer lugar, por la agrupación de sus&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
súbditos según las divisiones territoriales&amp;quot;. . . A nosotros, esta agrupación nos parece &#039;natural&#039;, pero ella exigió una larga lucha contra la antigua organización en &#039;gens&#039; o en tribus.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;La segunda caracteristica es la instauración de un Poder público, que ya no coincide directamente con la población organizada espontáneamente como fuerza armada. Este Poder público especial hácese necesario porque desde la división de la sociedad en clases es ya imposible una organización armada espontánea de la población. . Este Poder público existe en todo Estado; no está formado solamente por hombres armados, sino también por aditamentos materiales, las cárceles y las instituciones coercitivas de todo género, que la sociedad gentilicia no conocía. . .&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Engels desarrolla la noción de esa &amp;quot;fuerza&amp;quot; a que se da el nombre de Estado, fuerza que brota de la sociedad, pero que se sitúa por encima de ella y que se divorcia cada vez más de ella. ¿En qué consiste, fundamentalmente, esta fuerza? En destacamentos especiales de hombres armados, que tienen a su disposición cárceles y otros elementos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenemos derecho a hablar de destacamentos especiales de hombres armados, pues el Poder público propio de todo Estado &amp;quot;no coincide directamente&amp;quot; con la población&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
armada, con su &amp;quot;organización armada espontánea&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como todos los grandes pensadores revolucionarios, Engels se esfuerza en dirigir la atención de los obreros conscientes precisamente hacia aquello que el filisteísmo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dominante considera como lo menos digno de atención, como lo más habitual, santificado por prejuicios no ya sólidos, sino podríamos decir que petrificados El ejército permanente y la policía son los instrumentos fundamentales de la fuerza del Poder del Estado. Pero ¿puede acaso ser de otro modo?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde el punto de vista de la inmensa mayoría de los europeos de fines del siglo XIX, a quienes se dirigía Engels y que no habían vivido ni visto de cerca ninguna gran&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
revolución, esto no podía ser de otro modo. Para ellos, era completamente incomprensible esto de una &amp;quot;organización armada espontánea de la población&amp;quot;. A la pregunta de por qué ha surgido la necesidad de destacamentos especiales de hombres armados (policía y ejército permanente) situados por encima de la sociedad y divorciados de ella, el filisteo del Occidente de Europa y el filisteo ruso se inclinaban a contestar con un par de frases tomadas de prestado de Spencer o de Mijailovski,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
remitiéndose a la complejidad de la vida social, a la diferenciación de funciones, etc.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estas referencias parecen &amp;quot;científicas&amp;quot; y adormecen magníficamente al filisteo, velando lo principal y fundamental: la división de la sociedad en clases enemigas irreconciliables.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si no existiese esa división, la &amp;quot;organización armada espontánea de la población&amp;quot; se diferenciaría por su complejidad, por su elevada técnica, etc., de la organización&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
primitiva de la manada de monos que manejan el palo, o de la del hombre prehistórico, o de la organización de los hombres agrupados en la sociedad del clan;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pero semejante organización sería posible.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si es imposible, es porque la sociedad civilizada se halla dividida en clases enemigas, y además irreconciliablemente enemigas, cuyo armamento &amp;quot;espontáneo&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
conduciría a la lucha armada entre ellas. Se forma el Estado, se crea una fuerza especial, destacamentos especiales de hombres armados, y cada revolución, al destruir&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el aparato del Estado, nos indica bien visiblemente cómo la clase dominante se esfuerza por restaurar los destacamentos especiales de hombres armados a s u&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
servicio, cómo la clase oprimida se esfuerza en crear una nueva organización de este tipo, que sea capaz de servir no a los explotadores, sino a los explotados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el pasaje citado, Engels plantea teóricamente la misma cuestión que cada gran revolución plantea ante nosotros prácticamente de un modo palpable y, además, sobre un plano de acción de masas, a saber: la cuestión de las relaciones mutuas entre los destacamentos &amp;quot;especiales&amp;quot; de hombres armados y la &amp;quot;organización armada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
espontánea de la población&amp;quot;. Hemos de ver cómo ilustra de un modo concreto esta cuestión la experiencia de las revoluciones europeas y rusas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero volvamos a la exposición de Engels.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Engels señala que, a veces, por ejemplo, en algunos sitios de Norteamérica, este Poder público es débil (se trata aquí de excepciones raras dentro de la socíedad capitalista y de aquellos sitios de Norteamérica en que imperaba, en el período preimperialista, el colono libre), pero que, en términos generales, se fortalece:&amp;quot;. . . Este Poder público se fortalece a medida que los antagonismos de clase se agudizan dentro del Estado y a medida que se hacen más grandes y más poblados los Estados colindantes; basta fijarse en nuestra Europa actual, donde la lucha de clases y el pugilato de conquistas han encumbrado al Poder público a una altura en que amenaza con devorar a toda la sociedad y hasta al mismo Estado&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto fue escrito no más tarde que a comienzos de la década del 90 del siglo pasado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El último prólogo de Engels lleva la fecha del 16 de junio de 1891. Por aquel entonces, comenzaba apenas en Francia, y más tenuemente todavía en Norteamérica y en&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Alemania, el viraje hacia el imperialismo, tanto en el sentido de la dominación completa de los trusts, como en el sentido de la omnipotencia de los grandes bancos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en el sentido de una grandiosa política colonial, etc. Desde entonces, el &amp;quot;pugilato de conquistas&amp;quot; ha experimentado un avance gigantesco, tanto más cuanto que a&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
comienzos de la segunda década del siglo XX el planeta ha resultado estar definitivamente repartido entre estos &amp;quot;conquistadores en pugilato&amp;quot;, es decir, entre las grandes potencias rapaces. Desde entonces, los armamentos terrestres y marítimos han crecido en proporciones increíbles, y la guerra de pillaje de 1914 a 1917 por la dominación de Inglaterra o Alemania sobre el mundo, por el reparto del botín, ha llevado al borde de una catástrofe completa la &amp;quot;absorción&amp;quot; de todas las fuerzas de la sociedad por un Poder estatal rapaz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya en 1891, Engels supo señalar el &amp;quot;pugilato de conquistas&amp;quot; como uno de los más importantes rasgos distintivos de la política exterior de las grandes potencias. ¡Y los&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
canallas socialchovinistas de los años 1914-1917, en que precisamente este pugilato, agudizándose más y más, ha engendrado la guerra imperialista, encubren la defensa de los intereses rapaces de &amp;quot;su&amp;quot; burguesía con frases sobre la &amp;quot;defensa de la patria&amp;quot;, sobre la &amp;quot;defensa de la república y de la revolución&amp;quot; y con otras frases por el estilo!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== El Estado, Arma de Explotación de la Clase Oprimida ===&lt;br /&gt;
Para mantener un Poder público aparte, situado por encima de la sociedad, son necesarios los impuestos y las deudas del Estado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;Los funcionarios, pertrechados con el Poder público y con el derecho a cobrar impuestos, están situados -- dice Engels --, como órganos de la sociedad, por encima de la sociedad. A ellos ya no les basta, aun suponiendo que pudieran tenerlo, con el respeto libre y voluntario que se les tributa a los órganos del régimen gentilicio. . .&amp;quot; Se&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dictan leyes de excepción sobre la santidad y la inviolabilidad de los funcionarios. &amp;quot;El más despreciable polizonte&amp;quot; tiene más &amp;quot;autoridad&amp;quot; que los representantes del clan;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pero incluso el jefe del poder militar de un Estado civilizado podría envidiar a un jefe de clan por &amp;quot;el respeto espontáneo&amp;quot; que le profesaba la sociedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí se plantea la cuestión de la situación privilegiada de los funcionarios como órganos del Poder del Estado. Lo fundamental es saber: ¿qué los coloca por encima de&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la sociedad? Veamos cómo esta cuestión teórica fue resuelta prácticamente por la Comuna de París en 1871 y cómo la esfumó reaccionariamente Kautsky en 1912:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;Como el Estado nació de la necesidad de tener a raya los antagonismos de clase, y como, al mismo tiempo, nació en medio del conflicto de estas clases, el Estado lo es, por regla general, de la clase más poderosa, de la clase económicamente dominante, que con ayuda de él se convierte también en la clase políticamente dominante,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
adquiriendo así nuevos medios para la represión y explotación de la clase oprimida. . .&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No fueron sólo el Estado antiguo y el Estado feudal órganos de explotación de los esclavos y de los campesinos siervos y vasallos: también &amp;quot;el moderno Estado representativo es instrumento de explotación del trabajo asalariado por el capital. Sin embargo, excepcionalmente, hay períodos en que las clases en pugna se equilibran&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hasta tal punto, que el Poder del Estado adquiere momentáneamente, como aparente mediador, una cierta independencia respecto a ambas&amp;quot;. . . Tal aconteció con la monarquía absoluta de los siglos XVII y XVIII, con el bonapartismo del primero y del segundo Imperio en Francia, y con Bismarck en Alemania.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y tal ha acontecido también -- agregamos nosotros -- con el gobierno de Kerenski, en la Rusia republicana, después del paso a las persecuciones del proletariado revolucionario, en un momento en que los Soviets, como consecuencia de hallar se dirigidos por demócratas pequeñoburgueses, son ya impotentes, y la burguesía no es&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
todavía lo bastante fuerte para disolverlos pura y simplemente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la república democrática -- prosigue Engels -- &amp;quot;la riqueza ejerce su poder indirectamente, pero de un modo tanto más seguro&amp;quot;, y lo ejerce, en primer lugar, mediante la &amp;quot;corrupción directa de los funcionarios&amp;quot; (Norteamérica), y, en segundo lugar, mediante la &amp;quot;alianza del gobierno con la Bolsa&amp;quot; (Francia y Norteamérica).En la actualidad, el imperialismo y la dominación de los Bancos han &amp;quot;desarrollado&amp;quot;, hasta convertirlos en un arte extraordinario, estos dos métodos adecuados paradefender y llevar a la práctica la omnipotencia de la riqueza en las repúblicas democráticas, sean cuales fueren. Si, por ejemplo, en los primeros meses de la república democrática rusa, en los meses que podemos llamar de la luna de miel de los &amp;quot;socialistas&amp;quot; -- socialrevolucionarios y mencheviques -- con la burguesía, en el gobierno de coalición, el señor Palchinski saboteó todas las medidas de restricción contra los capitalistas y sus latrocinios, contra sus actos de saqueo en detrimento del fisco mediante los suministros de guerra, y si, al salir del ministerio, el señor Palchinski (sustituido, naturalmente, por otro Palchinski exactamente igual) fue &amp;quot;recompensado&amp;quot; por los capitalistas con un puestecito de 120.000 rublos de sueldo al año, ¿qué significa esto? ¿Es un soborno directo o indirecto? ¿Es una alianza del gobierno con los consorcios o son &amp;quot;solamente&amp;quot; lazos de amistad? ¿Qué papel desempeñan los Chernov y los Tsereteli, los Avkséntiev y los Skóbelev? ¿El de aliados &amp;quot;directos&amp;quot; o solamente indirectos de los millonarios malversadores de los fondos públicos?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La omnipotencia de la &amp;quot;riqueza&amp;quot; es más segura en las repúblicas democráticas, porque no depende de la mala envoltura política del capitalismo. La república democrática es la mejor envoltura política de que puede revestirse el capitalismo, y por lo tanto el capital, al dominar (a través de los Pakhinski, los Chernov, los Tsereteli y Cía.) esta envoltura, que es la mejor de todas, cimenta su Poder de un modo tan seguro, tan firme, que ningún cambio de personas, ni de instituciones, ni de partidos, dentro de la república democrática burguesa, hace vacilar este Poder.Hay que advertir, además, que Engels, con la mayor precisión, llama al sufragio universal arma de dominación de la burguesía. El sufragio universal, dice Engels, sacando evidentemente las enseñanzas de la larga experiencia de la socialdemocracia alemana, es &amp;quot;el índice que sirve para medir la madurez de la clase obrera. No puede ser más ni será nunca más, en el Estado actual&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los demócratas pequeñoburgueses, por el estilo de nuestros socialrevolucionarios y mencheviques, y sus hermanos carnales, todos los socialchovinistas y oportunistas de la Europa occidental, esperan, en efecto, &amp;quot;más&amp;quot; del sufragio universal.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Comparten ellos mismos e inculcan al pueblo la falsa idea de que el sufragio universal es, &amp;quot;en el Estado actual &amp;quot;, un medio capaz de expresar realmente la voluntad de la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mayoría de los trabajadores y de garantizar su efectividad práctica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí no podemos hacer más que señalar esta idea mentirosa, poner de manifiesto que esta afirmación de Engels completamente clara, precisa y concreta, se falsea a&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cada paso en la propaganda y en la agitación de los partidos socialistas &amp;quot;oficiales&amp;quot; (es decir, oportunistas). Una explicación minuciosa de toda la falsedad de esta idea,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
rechazada aquí por Engels, la encontraremos más adelante, en nuestra exposición de los puntos de vista de Marx y Engels sobre el Estado &amp;quot;actual &amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la más popular de sus obras, Engels traza el resumen general de sus puntos de vista en los siguientes términos:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;Por tanto, el Estado no ha existido eternamente. Ha habido sociedades que se las arreglaron sin él, que no tuvieron la menor noción del Estado ni del Poder estatal. Al&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
llegar a una determinada fase del desarrollo económico, que estaba ligada necesariamente a la división de la sociedad en clases, esta división hizo que el Estado se convirtiese en una necesidad. Ahora nos acercamos con paso veloz a una fase de desarrollo de la producción en que la existencia de estas clases no sólo deja de ser una necesidad, sino que se convierte en un obstáculo directo para la producción. Las clases desaparecerán de un modo tan inevitable como surgieron en su día. Con la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
desaparición de las clases, desaparecerá inevitablemente el Estado. La sociedad, reorganizando de un modo nuevo la producción sobre la base de una asociación libre e&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
igual de productores, enviará toda la máquina del Estado al lugar que entonces le ha de corresponder: al museo de antiguedades, junto a la rueca y al hacha de bronce&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No se encuentra con frecuencia esta cita en las obras de propaganda y agitación de la socialdemocracia contemporánea. Pero incluso cuando nos encontramos con ella es, casi siempre, como si se hiciesen reverencias ante un icono; es decir, para rendir un homenaje oficial a Engels, sin el menor intento de analizar qué amplitud y profundidad revolucionarias supone esto de &amp;quot;enviar toda la máquina del Estado al museo de antiguedades&amp;quot;. No se ve, en la mayoría de los casos, ni siquiera la comprensión de lo que Engels llama la máquina del Estado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== La &amp;quot;Extinción&amp;quot; del Estado y la Revolución Violenta ===&lt;br /&gt;
Las palabras de Engels sobre la &amp;quot;extinción&amp;quot; del Estado gozan de tanta celebridad y se citan con tanta frecuencia, muestran con tanto relieve dónde está el quid de la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
adulteración corriente del marxismo por la cual éste es adaptado al oportunismo, que se hace necesario detenerse a examinarlas detalladamente. Citaremos todo el pasaje donde figuran estas palabras:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;El proletariado toma en sus manos el Poder del Estado y comienza por convertir los medios de producción en propiedad del Estado. Pero con este mismo acto se destruye a sí mismo como proletariado y destruye toda diferencia y todo antagonismo de clases, y, con ello mismo, el Estado como tal. La sociedad hasta el presente, movida entre los antagonismos de clase, ha necesitado del Estado, o sea de una organización de la correspondiente clase explotadora para mantener las condiciones exteriores de producción, y por tanto, particularmente para mantener por la fuerza a la clase explotada en las condiciones de opresión (la esclavitud, la servidumbre o el vasallaje y el trabajo asalariado), determinadas por el modo de producción existente. El Estado era el representante oficial de toda la sociedad, su síntesis en un cuerpo social visible; pero lo era sólo como Estado de la clase que en su época representaba a toda la sociedad: en la antigüedad era el Estado de los ciudadanos esclavistas; en la Edad Media el de la nobleza feudal; en nuestros tiempos es el de la burguesía. Cuando el Estado se convierta finalmente en representante efectivo de toda la sociedad, será por sí mismo superfluo. Cuando ya no exista ninguna clase social a la que haya que mantener en la opresión; cuando desaparezcan, junto con la dominación de clase, junto con la lucha por la existencia individual, engendrada por la actual anarquía de la producción, los choques y los excesos resultantes de esta lucha, no habra ya nada que reprimir ni hará falta, por tanto, esa fuerza especial de represión, el Estado. El primer acto en que el Estado se manifiesta efectivamente como representante de toda la sociedad: la toma de posesión de los medios de producción en nombre de la sociedad, es a la par su último acto independiente como Estado. La intervención de la autoridad del Estado en las relaciones sociales se hará superflua en un campo tras otro de la vida social y se adormecerá por sí misma. El gobierno sobre las personas es sustituido por la administración de las cosas y por la dirección de los procesos de producción. El Estado no será &#039;abolido&#039;; se extingue. Partiendo de esto es como hay que juzgar el valor de esa frase sobre el &#039;Estado popular libre&#039; en lo que toca a su justificación provisional como consigna de agitación y en lo que se refiere a su falta absoluta de fundamento científico. Partiendo de esto es también como debe ser considerada la exigencia de los llamados anarquistas de que el Estado sea abolido de la noche a la mañana&amp;quot; (&amp;quot;Anti-Dühring &amp;quot; o &amp;quot;La subversión de la ciencia por el señor Eugenio Dühring&amp;quot;, págs. 301-303 de la tercera edición alemana).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin temor a equivocarnos, podemos decir que de estos pensamientos sobremanera ricos, expuestos aquí por Engels, lo único que ha pasado a ser verdadero patrimonio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del pensamiento socialista, en los partidos socialistas actuales, es la tesis de que el Estado, según Marx, &amp;quot;se extingue&amp;quot;, a diferencia de la doctrina anarquista de la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;abolición&amp;quot; del Estado. Truncar así el marxismo equivale a reducirlo al oportunismo, pues con esta &amp;quot;interpretación&amp;quot; no queda en pie más que una noción confusa de un&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cambio lento, paulatino, gradual, sin saltos ni tormentas, sin revoluciones. Hablar de &amp;quot;extinción&amp;quot; del Estado, en un sentido corriente, generalizado, de masas, si cabe decirlo así, equivale indudablemente a esfumar, si no a negar, la revolución.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Además, semejante &amp;quot;interpretación&amp;quot; es la más tosca tergiversación del marxismo, tergiversación que sólo favorece a la burguesía y que descansa teóricamente en la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
omisión de circunstancias y consideraciones importantísimas que se indican, por ejemplo, en el &amp;quot;resumen&amp;quot; contenido en el pasaje de Engels, citado aquí por nosotros en&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
su integridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En primer lugar, Engels dice en el comienzo mismo de este pasaje que, al tomar el Poder del Estado, el proletaria do &amp;quot;destruye, con ello mismo, el Estado como tal&amp;quot;. &amp;quot;No es uso&amp;quot; pararse a pensar qué significa esto. Lo corriente es ignorarlo en absoluto o considerarlo algo así como una &amp;quot;debilidad hegeliana&amp;quot; de Engels. En realidad, en estas palabras se expresa concisamente la experiencia de una de las más grandes revoluciones proletarias, la experiencia de la Comuna de París de 1871, de la cual&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hablaremos detalladamente en su lugar. En realidad, Engels habla aquí de la &amp;quot;destrucción&amp;quot; del Estado de la burguesía por la revolución proletaria, mientras que las&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
palabras relativas a la extinción del Estado se refieren a los restos del Estado proletario después de la revolución socialista. El Estado burgués no se &amp;quot;extingue&amp;quot;, según Engels, sino que &amp;quot;e s d e s t r u i d o &amp;quot; por el proletariado en la revolución. El que se extingue, después de esta revolución, es el Estado o semi-Estado proletario.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En segundo lugar, el Estado es una &amp;quot;fuerza especial de represión&amp;quot;. Esta magnífica y profundísima definición de Engels es dada aquí por éste con la más completa claridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y de ella se deduce que la &amp;quot;fuerza especial de represión&amp;quot; del proletariado por la burguesía, de millones de trabajadores por un puñado de ricachos, debe sustituirse por&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
una &amp;quot;fuerza especial de represión&amp;quot; de la burguesía por el proletariado (dictadura del proletariado). En esto consiste precisamente la &amp;quot;destrucción del Estado como tal&amp;quot;. En&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
esto consiste precisamente el &amp;quot;acto&amp;quot; de la toma de posesión de los medios de producción en nombre de la sociedad. Y es de suyo evidente que semejante sustitución&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de una &amp;quot;fuerza especial&amp;quot; (la burguesa) por otra (la proletaria) ya no puede operarse, en modo alguno, bajo la forma de &amp;quot;extinción&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En tercer lugar, Engels, al hablar de la &amp;quot;extinción&amp;quot; y -- con frase todavía más plástica y colorida -- del &amp;quot;adormecimiento&amp;quot; del Estado, se refiere con absoluta claridad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y precisión a la época posterior a la &amp;quot;toma de posesión de los medios de producción por el Estado en nombre de toda la sociedad&amp;quot;, es decir, posterior a a la revolución&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
socialista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos nosotros sabemos que la forma política del &amp;quot;Estado&amp;quot;, en esta época, es la democracia más completa. Pero a ninguno de los oportunistas que tergiversan&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
desvergonzadamente el marxismo se le viene a las mientes la idea de que, por consiguiente, Engels hable aquí del &amp;quot;adormecimiento&amp;quot; y de la &amp;quot;extinción&amp;quot; de la d e m o&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
c r a c i a. Esto parece, a primera vista, muy extraño. Pero esto sólo es &amp;quot;incomprensible&amp;quot; para quien no haya comprendido que la democracia t a m b i é n es&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
un Estado y que, consiguientemente, la democracia también desaparecerá cuando desaparezca el Estado. El Estado burgués sólo puede ser &amp;quot;destruido&amp;quot; por la revolución.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Estado en general, es decir, la más completa democracia, sólo puede &amp;quot;extinguirse&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cuarto lugar, al establecer su notable tesis de la &amp;quot;extinción del Estado&amp;quot;, Engels declara a renglón seguido, de un modo concreto, que esta tesis se dirige tanto contra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
los oportunistas, como contra los anarquistas. Además, Engels coloca en primer plano la conclusión que, derivada de su tesis sobre la &amp;quot;extinción del Estado&amp;quot;, se dirige contra los oportunistas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Podría apostarse que de diez mil hombres que hayan leído u oído hablar acerca de la &amp;quot;extinción&amp;quot; del Estado, nueve mil novecientos noventa no saben u olvidan en&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
absoluto que Engels no dirigió solamente contra los anarquistas sus conclusiones derivadas de esta tesis. Y de las diez personas restantes, lo más probable es que&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
nueve no sepan qué es el &amp;quot;Estado popular libre&amp;quot; y por qué el atacar esta consigna significa atacar a los oportunistas. ¡Así se escribe la Historia! Así se adapta de un modo imperceptible la gran doctrina revolucionaria al filisteísmo dominante. La conclusión contra los anarquistas se ha repetido miles de veces, se ha vulgarizado, se ha&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
inculcado en las cabezas del modo más simplificado, ha adquirido la solidez de un prejuicio. ¡Pero la conclusión contra los oportunistas la han esfumado y &amp;quot;olvidado&amp;quot;!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El &amp;quot;Estado popular libre&amp;quot; era una reivindicación programática y una consigna corriente de los socialdemócratas alemanes en la década del 70. En esta consigna no&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hay el menor contenido político, fuera de una filistea y enfática descripción de la noción de democracia. Engels estaba dispuesto a &amp;quot;justificar&amp;quot;, &amp;quot;por el momento&amp;quot;, esta&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
consigna desde el punto de vista de la agitación, por cuanto con ella se insinuaba legalmente la república democrática. Pero esta consigna era oportunista, porque&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
expresaba no sólo el embellecimiento de la democracia burguesa, sino también la incomprensión de la crítica socialista de todo Estado en general. Nosotros somos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
partidarios de la república democrática, como la mejor forma de Estado para el proletariado bajo el capitalismo, pero no tenemos ningún derecho a olvidar que la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
esclavitud asalariada es el destino reservado al pueblo, incluso bajo la república burguesa más democrática. Más aún. Todo Estado es una &amp;quot;fuerza especial para la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
represión&amp;quot; de la clase oprimida. Por eso, todo Estado ni es libre ni es popular. Marx y Engels explicaron esto reiteradamente a sus camaradas de partido en la década del 70.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En quinto lugar, en esta misma obra de Engels, de la que todos citan el pasaje sobre la extinción del Estado, se contiene un pasaje sobre la importancia de la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
revolución violenta. El análisis histórico de su papel lo convierte Engels en un verdadero panegírko de la revolución violenta. Esto &amp;quot;nadie lo recuerda&amp;quot;. Sobre la importancia de este pensamiento, no es uso hablar ni siquiera pensar en los partidos socialistas contemporáneos estos pensamientos no desempeñan ningún papel en la propaganda ni en la agitación cotidianas entre las masas. Y, sin embargo, se hallan indisolublemente unidos a la &amp;quot;extinción&amp;quot; del Estado y forman con ella un todo armónico.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
He aquí el pasaje de Engels:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;. . . De que la violencia desempeña en la historia otro papel [además del de agente del mal], un papel revolucionario; de que, según la expresión de Marx, es la partera de toda vieja sociedad que lleva en sus entrañas otra nueva; de que la violencia es el instrumento con la ayuda del cual el movimiento social se abre camino y rompe las&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
formas políticas muertas y fosilizadas, de todo eso no dice una palabra el señor Dühring. Sólo entre suspiros y gemidos admite la posibilidad de que para derrumbar el&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sistema de explotación sea necesaria acaso la violencia, desgraciadamente, afirma, pues el empleo de la misma, según él, desmoraliza a quien hace uso de ella. ¡Y esto se dice, a pesar del gran avance moral e intelectual, resultante de toda revolución victoriosa! Y esto se dice en Alemania, donde la colisión violenta que puede ser&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
impuesta al pueblo tendría, cuando menos, la ventaja de destruir el espíritu de servilismo que ha penetrado en la conciencia nacional como consecuencia de la humillación de la Guerra de los Treinta años. ¿Y estos razonamientos turbios, anodinos, impotentes, propios de un párroco rural, se pretende imponer al partido más&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
revolucionario de la historia?&amp;quot; (Lugar citado, pág. 193, tercera edición alemana, final del IV capítulo, II parte).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Cómo es posible conciliar en una sola doctrina este panegírico de la revolución violenta, presentado con insistencia por Engels a los socialdemócratas alemanes desde&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
1878 hasta 1894, es decir, hasta los últimos días de su vida, con la teoría de la &amp;quot;extinción&amp;quot; del Estado?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Generalmente se concilian ambos pasajes con ayuda del eclecticismo, desgajando a capricho (o para complacer a los detentadores del Poder), sin atenerse a los principios o de un modo sofístico, ora uno ora otro argumento y haciendo pasar a primer plano, en el noventa y nueve por ciento de los casos, si no en más, precisamente la tesis de la &amp;quot;extinción&amp;quot;. Se suplanta la dialéctica por el eclecticismo: es la actitud más usual y más generalizada ante el marxismo en la literatura socialdemócrata oficial de nuestros días. Estas suplantaciones no tienen, ciertamente, nada de nuevo; pueden observarse incluso en la historia de la filosofía clásica griega. Con la suplantación del marxismo por el oportunismo, el eclecticismo presentado como dialéctica engaña más fácilmente a las masas, les da una aparente satisfacción, parece tener en cuenta todos los aspectos del proceso, todas las tendencias del desarrollo, todas las influencias contradictorias, etc., cuando en realidad no da ninguna noción completa y revolucionaria del proceso del desarrollo social.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya hemos dicho más arriba, y demostraremos con mayor detalle en nuestra ulterior exposición, que la doctrina de Marx y Engels sobre el carácter inevitable de la revolución violenta se refiere al Estado burgués. Este no puede sustituirse por el Estado proletario (por la dictadura del proletariado) mediante la &amp;quot;extinción&amp;quot;, sino sólo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por regla general, mediante la revolución violenta. El panegírico que dedica Engels a ésta, y que coincide plenamente con reiteradas manifestaciones de Marx (recordaremos el final de &amp;quot;Miseria de la Filosofía&amp;quot; y del &amp;quot;Manifiesto Comunista&amp;quot; con la declaración orgullosa y franca sobre el carácter inevitable de la revolución violenta;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
recordaremos la crítica del Programa de Gotha, en 1875, cuando ya habían pasado casi treinta años, y en la que Marx fustiga implacablemente el oportunismo de este&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
programa), este panegírico no tiene nada de &amp;quot;apasionamiento&amp;quot;, nada de declamatorio, nada de arranque polémico. La necesidad de educar sistemáticamente a las masas en esta, precisamente en esta idea sobre la revolución violenta, es algo básico en toda la doctrina de Marx y Engels. La traición cometida contra su doctrina por las corrientes socialchovinista y kautskiana hoy imperantes se manifiesta con singular relieve en el olvido por unos y otros de esta propaganda, de esta agitación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La sustitución del Estado burgués por el Estado proletario es imposible sin una revolución violenta. La supresión del Estado proletario, es decir, la supresión de todo Estado, sólo es posible por medio de un proceso de &amp;quot;extinción&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Marx y Engels desarrollaron estas ideas de un modo minucioso y concreto, estudiando cada situación revolucionaria por separado, analizando las enseñanzas sacadas de la experiencia de cada revolución. Y esta parte de su doctrina, que es, incuestionablemente, la más importante, es la que pasamos a analizar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== La Experiencia de los Años 1848–1851 ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== En Visperas de la Revolución ===&lt;br /&gt;
Las primeras obras del marxismo maduro, &amp;quot;Miseria de la Filosofía&amp;quot; y el &amp;quot;Manifiesto Comunista&amp;quot;, datan precisamente de la víspera de la revolución de 1848. Esta circunstancia hace que en estas obras se contenga, hasta cierto punto, además de una exposición de los fundamentos generales del marxismo, el reflejo de la situación&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
revolucionaria concreta de aquella época; por eso será, quizás, más conveniente examinar lo que los autores de esas obras dicen acerca del Estado, inmediatamente&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
antes de examinar las conclusiones sacadas por ellos de la experiencia de los anos 1848-1851.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;En el transcurso del desarrollo, la clase obrera -- escribe Marx en &#039;Miseria de la Filosofía&#039; -- sustituirá la antigua sociedad burguesa por una asociación que excluya a las clases y su antagonismo; y no existirá ya un Poder político propiamente dicho, pues el Poder político es precisamente la expresión oficial del antagonismo de clase dentro de la sociedad burguesa&amp;quot; (pág. 182 de la edición alemana de 1885).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es interesante confrontar con esta exposición general de la idea de la desparición del Estado después de la supresión de las clases, la exposición que contiene el &amp;quot;Manifiesto Comunista&amp;quot;, escrito por Marx y Engels algunos meses después, a saber, en noviembre de 1847:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;Al esbozar las fases más generales del desarrollo del proletariado, hemos seguido la guerra civil más o menos latente que existe en el seno de la sociedad vigente, hasta el momento en que se transforma en una revolución abierta y el proletariado, derrocando por la violencia a la burguesía, instaura su dominación. . .&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;. . . Ya dejamos dicho que el primer paso de la revolución obrera será la transformación [literalmente: elevación] del proletariado en clase dominante, la conquista de la democracia&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;El proletariado se valdrá de su dominación política para ir arrancando gradualmente a la burguesía todo el capital, para centralizar todos los instrumentos de producción en manos del Estado, es decir, del proletariado organizado como clase dominante, y para aumentar con la mayor rapidez posible las fuerzas productivas&amp;quot; (págs. 31 y 37 de la 7a edición alemana, de 1906).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vemos aquí formulada una de las ideas más notables y más importantes del marxismo en la cuestión del Estado, a saber: la idea de la &amp;quot;dictadura del proletariado&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(como comenzaron a denominarla Marx y Engels después de la Comuna de París) y asimismo la definición del Estado, interesante en el más alto grado, que se cuenta&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
también entre las &amp;quot;palabras olvidadas&amp;quot; del marxismo: &amp;quot;El Estado, es decir, el proletariado organizado como clase dominante &amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta definición del Estado no sólo no se explicaba nunca en la literatura imperante de propaganda y agitación de los partidos socialdemócratas oficiales, sino que, además, se la ha entregado expresamente al olvido, pues es del todo inconciliable con el reformismo y se da de bofetadas con los prejuicios oportunistas corrientes y las&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ilusiones filisteas con respecto al &amp;quot;desarrollo pacífico de la democracia&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El proletariado necesita el Estado, repiten todos los oportunistas, socialchovinistas y kautskianos asegurando que tal es la doctrina de Marx y &amp;quot;olvidándose &amp;quot; de añadir,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
primero, que, según Marx, el proletariado sólo necesita un Estado que se extinga, es decir, organizado de tal modo, que comience a extinguirse inmediatamente y que no pueda por menos de extinguirse; y, segundo, que los trabajadores necesitan un &amp;quot;Estado&amp;quot;, &amp;quot;es decir, el proletariado organizado como clase dominante&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Estado es una organización especial de la fuerza, es una organización de la violencia para la represión de una clase cualquiera. ¿Qué clase es la que el proletariado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tiene que reprimir? Sólo es, naturalmente, la clase explotadora, es decir, la burguesía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los trabajadores sólo necesitan el Estado para aplastar la resistencia de los explotadores, y este aplastamiento sólo puede dirigirlo, sólo puede llevarlo a la práctica el proletariado, como la única clase consecuentemente revolucionaria, como la única clase capaz de unir a todos los trabajadores y explotados en la lucha contra la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
burguesía, por la completa eliminación de ésta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las clases explotadoras necesitan la dominación política para mantener la explotación, es decir, en interés egoísta de una minoría insignificante contra la mayoría&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
inmensa del pueblo. Las clases explotadas necesitan la dominación política para destruir completamente toda explotación, es decir, en interés de la mayoría inmensa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del pueblo contra la minoría insignificante de los esclavistas modernos, es decir, los terratenientes y capitalistas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los demócratas pequeñoburgueses, estos seudosocialistas que han sustituido la lucha de clases por sueños sobre la armonía de las clases, se han imaginado la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
transformación socialista también de un modo soñador, no como el derrocamiento de la dominación de la clase explotadora, sino como la sumisión pacífica de la minoría a la mayoría, que habrá adquirido conciencia de su misión. Esta utopía pequeñoburguesa, que va inseparablemente unida al reconocimiento de un Estado situado por encima de las clases, ha conducido en la práctica a la traición contra los intereses de las clases trabajadoras, como lo ha demostrado, por ejemplo, la historia de las revoluciones francesas de 1848 y 1871, y como lo ha demostrado la experiencia de la participación &amp;quot;socialista&amp;quot; en ministerios burgueses en Inglaterra, Francia, Italia y otros países a fines del siglo XIX y comienzos del XX.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Marx luchó durante toda su vida contra este socialismo pequeñoburgués, que hoy vuelve a renacer en Rusia en los partidos socialrevolucionario y menchevique. Marx&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
des arrolló consecuentemente la doctrina de la lucha de clases hasta llegar a establecer la doctrina sobre el Poder político, sobre el Estado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El derrocamiento de la dominación de la burguesía sólo puede llevarlo a cabo el proletariado, como clase especial cuyas condiciones económicas de existencia le preparan para ese derrocamiento y le dan la posibilidad y la fuerza de efectuarlo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mientras la burguesía desune y dispersa a los campesinos y a todas las capas pequeñoburguesas, cohesiona, une y organiza al proletariado. Sólo el proletariado -- en virtud de su papel económico en la gran producción -- es capaz de ser el jefe de todas las masas trabajadoras y explotadas, a quienes con frecuencia la burguesía&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
explota, esclaviza y oprime no menos, sino más que a los proletarios, pero que no son capaces de luchar por su cuenta para alcanzar su propia liberación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La doctrina de la lucha de clases, aplicada por Marx a la cuestión del Estado y de la revolución socialista, conduce necesariamente al reconocimiento de la dominación&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
política del proletariado, de su dictadura, es decir, de un Poder no compartido con nadie y apoyado directamente en la fuerza armada de las masas. El derrocamiento de&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la burguesía sólo puede realizarse mediante la transformación del proletariado en clase dominante, capaz de aplastar la resistencia inevitable y desesperada de la burguesía y de organizar para el nuevo régimen económico a todas las masas trabajadoras y explotadas. El proletariado necesita el Poder del Estado, organización centralizada de la fuerza, organización de la violencia, tanto para aplastar la resistencia de los explotadores como para dirigir a la enorme masa de la población, a los campesinos, a la pequeña burguesía, a los semiproletarios, en la obra de &amp;quot;poner en marcha&amp;quot; laeconomía socialista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Educando al Partido obrero, el marxismo educa a la vanguardia del proletariado, vanguardia capaz de tomar el Poder y de conducir a todo el pueblo al socialismo, de&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dirigir y organizar el nuevo régimen, de ser el maestro, el dirigente, el jefe de todos los trabajadores y explotados en la obra de construir su propia vida social sin burguesía y contra la burguesía. Por el contrario, el oportunismo hoy imperante educa en sus partidos obreros a los representantes de los obreros mejor pagados, que están apartados de las masas y se &amp;quot;arreglan&amp;quot; pasablemente bajo el capitalismo, vendiendo por un plato de lentejas su derecho de primogenitura, es decir, renunciando al papel de jefes revolucionarios del pueblo contra la burguesía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;El Estado, es decir, el proletariado organizado como clase dominante&amp;quot;: esta teoría de Marx se halla inseparablemente vinculada a toda su doctrina acerca de la misión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
revolucionaria del proletariado en la historia. El coronamiento de esta su misión es la dictacdura proletaria, la dominación política del proletariacdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero si el proletariado necesita el Estado como organización especial de la violencia contra la burguesía, de aquí se desprende por sí misma la conclusión de si es&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
concebible que pueda crearse una organización semejante sin destruir previamente, sin aniquilar aquella máquina estatal creada para sí por la burguesía. A esta conclusión lleva directamente el &amp;quot;Manifiesto Comunista&amp;quot;, y Marx habla de ella al hacer el balance de la experiencia de la revolución de 1848-1851.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== El Balance de la Revolución ===&lt;br /&gt;
En el siguiente pasaje de su obra &amp;quot;El 18 Brumario de Luis Bonaparte&amp;quot;, Marx hace el balance de la revolución de 1848-1851, respecto a la cuestión del Estado, que es el&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que aquí nos interesa:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;Pero la revolución es radical. Está pasando todavía por el purgatorio. Cumple su tarea con método. Hasta el 2 de diciembre de 1851 [día del golpe de Estado de Luis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Bonaparte] había terminado la mitad de su labor preparatoria; ahora, termina la otra mitad. Lleva primero a la perfección el Poder parlamentario, para poder derrotarlo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ahora, conseguido ya esto, lleva a la perfección el Poder ejecutivo, lo reduce a su más pura expresión, lo aísla, se enfrenta con él, con el único objeto de concentrar contra él todas las fuerzas de destrucción [subrayado por nosotros]. Y cuando la revolución haya llevado a cabo esta segunda parte de su labor preliminar, Europa se levantará y gritará jubilosa: ¡bien has osado, viejo topo!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este Poder ejecutivo, con su inmensa organización burocrática y militar, con su compleja y artificiosa maquinaria de Estado, un ejército de funcionarios que suma&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
medio millón de hombres, junto a un ejército de otro medio millón de hombres, este espantoso organismo parasitario que se ciñe como una red al cuerpo de la sociedad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
francesa y la tapona todos los poros, surgió en la época de la monarquía absoluta, de la decadencia del régimen feudal, que dicho organismo contribuyó a acelerar&amp;quot;. La&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
primera revolución francesa desarrolló la centralización, &amp;quot;pero al mismo tiempo amplió el volumen, las atribuciones y el número de servidores del Poder del gobierno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Napoleón perfeccionó esta máquina del Estado&amp;quot;. La monarquía legítima y la monarquía de julio &amp;quot;no añadieron nada más que una mayor división del trabajo. . .&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;. . . Finalmente, la república parlamentaria, en su lucha contra la revolución, vióse obligada a fortalecer, junto con las medidas represivas, los medios y la centralización&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del Poder del gobierno. Todas las revoluciones perfeccionaban esta máquina, en vez de destrozarla [subrayado por nosotros]. Los partidos que luchaban alternativamente por la dominación, consideraban la toma de posesión de este inmenso edificio del Estado como el botín principal del vencedor&amp;quot; (&amp;quot;El 18 Brumario de Luis Bonaparte&amp;quot;, págs. 98-99, 4a ed., Hamburgo, 1907).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este notable pasaje, el marxismo avanza un trecho enorme en comparación con el &amp;quot;Manifiesto Comunista&amp;quot;. Allí, la cuestión del Estado planteábase todavía de un modo extremadamente abstracto, operando con las nociones y las expresiones más generales. Aquí, la cuestión se plantea ya de un modo concreto, y la conclusión a que se llega es extraordinariamente precisa, definida, prácticamente tangible: todas las revoluciones anteriores perfeccionaron la máquina del Estado, y lo que hace falta es romperla, destruirla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta conclusión es lo principal, lo fundamental, en la doctrina del marxismo sobre el Estado Y precisamente esto, que es lo fundamental, es lo que no sólo ha sido olvidado completamente por los partidos socialdemócratas oficiales imperantes, sino lo que ha sido evidentemente tergiversado (como veremos más abajo) por el más destacado teórico de la II Internacional, C. Kautsky.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el &amp;quot;Manifiesto Comunista&amp;quot; se resumen los resultados generales de la historia, que nos obligan a ver en el Estado un órgano de dominación de clase y nos llevan a la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
conclusión necesaria de que el proletariado no puede derrocar a la burguesía si no empieza por conquistar el Poder político, si no logra la dominación política, si no&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
transforma el Estado en el &amp;quot;proletariado organizado como clase dominante&amp;quot;, y de que este Estado proletario comienza a extinguirse inmediatamente después de su triunfo, pues en una sociedad sin contradicciones de clase el Estado es innecesario e imposible.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero aquí no se plantea la cuestión de cómo deberá realizarse -- desde el punto de vista del desarrollo histórico -- esta sustitución del Estado burgués por el Estado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
proletario.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta cuestión es precisamente la que Marx plantea y resuelve en 1852. Fiel a su filosofía del materialismo dialéctico, Marx toma como base la experiencia histórica de&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
los grandes años de la revolución, de los años 1848-1851. Aquí, como siempre, la doctrina de Marx es un resumen de la experiencia, iluminado por una profunda concepción filosófica del mundo y por un rico conocimiento de la historia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La cuestión del Estado se plantea de un modo concreto: ¿cómo ha surgido históricamente el Estado burgués, la máquina del Estado que necesita para su dominación la burguesía? ¿Cuáles han sido sus cambios, cuál su evolución en el transcurso de las revoluciones burguesas y ante las acciones independientes de las clases oprimidas? ¿Cuáles son las tareas del proletariado en lo tocante a esta máquina del Estado?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Poder estatal centralizado, característico de la sociedad burguesa, surgió en la época de la caída del absolutismo. Dos son las instituciones más características de esta máquina del Estado: la burocracia y el ejército permanente. En las obras de Marx y Engels se habla reiteradas veces de los miles de hilos que vinculan a estas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
instituciones precisamente con la burguesía. La experiencia de todo obrero revela estos vínculos de un modo extraordinariamente evidente y sugeridor. La clase obrera&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
aprende en su propia carne a comprender estos vínculos, por eso, capta tan fácilmente y se asimila tan bien la ciencia del carácter inevitable de estos vínculos, ciencia que los demócratas pequeñoburgueses niegan por ignorancia y por frivolidad, o reconocen, todavía de un modo más frívolo, &amp;quot;en términos generales&amp;quot;, olvidándose de sacar las conclusiones prácticas correspondientes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La burocracia y el ejército permanente son un &amp;quot;parásito&amp;quot; adherido al cuerpo de la sociedad burguesa, un parásito engendrado por las contradicciones internas que&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dividen a esta sociedad, pero, precisamente, un parásito que &amp;quot;tapona&amp;quot; los poros vitales. El oportunismo kautskiano imperante hoy en la socialdemocracia oficial considera patrimonio especial y exclusivo del anarquismo la idea del Estado como un organismo parasitario. Se comprende que esta tergiversación del marxismo sea extraordinariamente ventajosa para esos filisteos que han llevado el socialismo a la ignominia inaudita de justificar y embellecer la guerra imperialista mediante la aplicación a ésta del concepto de la &amp;quot;defensa de la patria&amp;quot;, pero es, a pesar de todo, una tergiversación indiscutible.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A través de todas las revoluciones burguesas vividas en gran número por Europa desde los tiempos de la caída del feudalismo, este aparato burocrático y militar va&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
desarrollándose, perfeccionándose y afianzándose. En particular, es precisamente la pequeña burguesía la que se pasa al lado de la gran burguesía y se somete a ella en una medida considerable por medio de este aparato, que suministra a las capas altas de los campesinos, pequeños artesanos, comerciantes, etc., puestecitos relativamente cómodos, tranquilos y honorables, que colocan a sus poseedores por encima del pueblo. Fijaos en lo ocurrido en Rusia en el medio año transcurrido desde el 27 de febrero de 1917: los cargos burocráticos, que antes se adjudicaban preferentemente a los miembros de las centurias negras, se han convertido en botín de kadetes, mencheviques y socialrevolucionarios. En el fondo, no se pensaba en ninguna reforma seria, esforzándose por aplazadas &amp;quot;hasta la Asamblea Constituyente&amp;quot;, y aplazando poco a poco la Asamblea Constituyente ¡hasta el final de la guerra! ¡Pero para el reparto del botín, para la ocupación de los puestecitos de ministros, subsecretarios, gobernadores generales, etc., etc., no se dio largas ni se esperó a ninguna Asamblea Constituyente! El juego en torno a combinaciones para formar gobierno no era, en el fondo, más que la expresión de este reparto y reajuste del &amp;quot;botín&amp;quot;, que se hacía arriba y abajo, por todo el país, en toda la administración, central y local. El balance, un balance objetivo, del medio año que va desde el 27 de febrero al 27 de agosto de 1917 es indiscutible: las reformas se aplazaron, se efectuó el reparto de los puestecitos burocráticos, y los &amp;quot;errores&amp;quot; del reparto se corrigieron mediante algunos reajustes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero cuanto más se procede a estos &amp;quot;reajustes&amp;quot; del aparato burocrático entre los distintos partidos burgueses y pequeñoburgueses (entre los kadetes, socialrevolucionarios y mencheviques, si nos atenemos al ejemplo ruso), con tanta mayor claridad ven las clases oprimidas, y a la cabeza de ellas el proletariado, su hostilidad irreconciliable contra toda la sociedad burguesa. De aquí la necesidad, para todos los partidos burgueses, incluyendo a los más democráticos y revolucionariodemocráticos&amp;quot;, de reforzar la represión contra el proletariado revolucionario, de fortalecer el aparato de represión, es decir, la misma máquina del Estado. Esta marcha de los acontecimientos obliga a la revolución &amp;quot;a concentrar todas las fuerzas de destrucción &amp;quot; contra el Poder estatal, la obliga a proponerse como objetivo, no el perfeccionar la máquina del Estado, sino el destruirla, el aplastarla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No fue la deducción lógica, sino el desarrollo real de los acontecimientos, la experiencia viva de los años 1848-1851, lo que condujo a esta manera de plantear la cuestión. Hasta qué punto se atiene Marx rigurosamente a la base efectiva de la experiencia histórica, se ve teniendo en cuenta que en 1852 Marx no plantea todavía el problema concreto de saber con qué se va a sustituir esta máquina del Estado que ha de ser destruida. La experiencia no suministraba todavía entonces los materiales para esta cuestión, que la historia puso al orden del día más tarde, en 1871. En 1852, con la precisión del observador que investiga la historia natural, sólo podía registrarse una cosa: que la revolución proletaria había de abordar la tarea de &amp;quot;concentrar todas las fuerzas de destrucción&amp;quot; contra el Poder estatal, la tarea de &amp;quot;romper&amp;quot; la máquina del Estado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí puede surgir esta pregunta: ¿Es justo generalizar la experiencia, las observaciones y las conclusiones de Marx, aplicándolas a zonas más amplias que la historia de Francia en los tres años que van de 1848 a 1851? Para examinar esta pregunta, comenzaremos recordando una observación de Engels y pasaremos luego a los hechos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;Francia -- escribía Engels en el prólogo a la tercera edición del &#039;18 Brumario&#039; -- es el país en el que las luchas históricas de clases se han llevado cada vez a su término decisivo más que en ningún otro sitio y donde, por tanto, las formas políticas variables dentro de las que se han movido estas luchas cde clases y en las que han encontrado su expresión los resultados de las mismas, y en las que se condensan sus resultados, adquieren también los contornos más acusados. Centro del feudalismo en la Edad Media y país modelo de la monarquía unitaria corporativa desde el Renacimiento, Francia pulverizó el feudalismo en la gran revolución e instauró la dominación pura de la burguesía bajo una forma clásica como ningún otro país de Europa. También la lucha del proletariado que se alza contra la burguesía dominante reviste aquí una forma violenta, desconocida en otros países&amp;quot; (pág. 4, ed. de 1907)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La última observación está anticuada, ya que a partir de 1871 se ha operado una interrupción en la lucha revolucionaria del proletariado francés, si bien esta interrupción, por mucho que dure, no excluye, en modo alguno, la posibilidad de que, en la próxima revolución proletaria, Francia se revele como el país clásico de la lucha de clases hasta su final decisivo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero echemos una ojeada general a la historia de los países adelantados a fines del siglo XIX y comienzos del XX. Veremos que, de un modo más lento, más variado, y en un campo de acción mucho más extenso, se desarrolla el mismo proceso: de una parte, la formación del &amp;quot;Poder parlamentario&amp;quot;, lo mismo en los países republicanos (Francia, Norteamérica, Suiza) que en los monárquicos (Inglaterra, Alemania hasta cierto punto, Italia, los Países Escandinavos, etc.); de otra parte, la lucha por el Poder entre los distintos partidos burgueses y pequeñoburgueses, que se reparten y se vuelven a repartir el &amp;quot;botín&amp;quot; de los puestos burocráticos, dejando intangibles las bases del régimen burgués; y finalmente, el perfeccionamiento y fortalecimiento del &amp;quot;Poder ejecutivo&amp;quot;, de su aparato burocrático y militar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No cabe la menor duda de que éstos son los rasgos generales que caracterizan toda la evolución moderna de los Estados capitalistas en general. En el transcurso de tres años, de 1848 a 1851, Francia reveló, en una forma rápida, tajante, concentrada, los mismos procesos de desarrollo característicos de todo el mundo capitalista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en particular el imperialismo, la época del capital bancario, la época de los gigantescos monopolios capitalistas, la época de transformación del capitalismo monopolista en capitalismo monopolista de Estado, revela un extraordinario fortalecimiento de la &amp;quot;máquina del Estado&amp;quot;, un desarrollo inaudito de su aparato burocrático y militar, en relación con el aumento de la represión contra el proletariado, así en los países monárquicos como en los países republicanos más libres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Indudablemente, en la actualidad, la historia del mundo conduce, en proporciones incomparablemente más amplias que en 1852, a la &amp;quot;concentración de todas las fuerzas&amp;quot; de la revolución proletaria para la &amp;quot;destrucción&amp;quot; de la máquina del Estado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Con qué ha de sustituir el proletariado esta máquina? La Comuna de París nos suministra los materiales más instructivos a este respecto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Como Planteaba Marx la Cuestión en 1852 ===&lt;br /&gt;
En 1907, publicó Mehring en la revista &amp;quot;Neue Zeit&amp;quot; (XXV, 2, pág. 164) extractos de una carta de Marx a Weydemeyer, del 5 de marzo de 1852. Esta carta contiene, entre otros, el siguiente notable pasaje:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;Por lo que a mí se refiere, no me caben ni el mérito de haber descubierto la existencia de las clases en la so ciedad moderna, ni el de haber descubierto la lucha entre ellas. Mucho antes que yo, algunos historiadores burgueses habían expuesto el desarrollo histórico de esta lucha de clases y algunos economistas burgueses la anatomía económica de las clases. Lo que yo aporté de nuevo fue demostrar: 1) que la existencia de las clases sólo va unida a determinadas fases históricas de desarrollo de la producción (historische Entwicklungsphasen der Produktion ); 2) que la lucha de clases conduce, necesariamente, a la dictadura del proletariado; 3) que esta misma dictadura no es de por sí más que el tránsito hacia la abolición de todas las clases y hacia una sociedad sin clases&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En estas palabras, Marx consiguió expresar de un modo asombrosamente claro dos cosas: primero, la diferencia fundamental y cardinal entre su doctrina y las doctrinas de los pensadores avanzados y más profundos de la burguesía, y segundo, la esencia de su teoría del Estado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo fundamental en la doctrina de Marx es la lucha de clases. Así se dice y se escribe con mucha frecuencia. Pero esto no es exacto. De esta inexactitud se deriva con gran frecuencia la tergiversación oportunista del marxismo, su falseamiento en un sentido aceptable para la burguesía. En efecto, la doctrina de la lucha de clases no fue creada por Marx, sino por la burguesía, antes de Marx, y es, en términos generales, aceptable para la burguesía. Quien reconoce solamente la lucha de clases no es aún marxista, puede mantenerse todavía dentro del marco del pensamiento burgués y de la política burguesa. Circunscribir el marxismo a la doctrina de la lucha de clases es limitar el marxismo, bastardearlo, reducirlo a algo que la burguesía puede aceptar. Marxista sólo es el que hace extensivo el reconocimiento de la lucha de clases al reconocimiento de la dictadura del proletariado. En esto es en lo que estriba la más profunda diferencia entre un marxista y un pequeño (o un gran) burgués adocenado. En esta piedra de toque es en la que hay que contrastar la comprensión y el reconocimiento real del marxismo. Y no tiene nada de sorprendente que cuando la historia de Europa ha colocado prácticamente a la clase obrera ante esta cuestión, no sólo todos los oportunistas y reformistas, sino también todos los &amp;quot;kautskianos&amp;quot; (gentes que vacilan entre el reformismo y el marxismo) hayan resultado ser miserables filisteos y demócratas pequeñoburgueses, que niegan la dictadura del proletariado. El folleto de Kautsky &amp;quot;La dictadura del proletariado&amp;quot;, publicado en agosto de 1918, es decir, mucho después de aparecer la primera edición del presente libro, es un modelo de tergiversación filistea del marxismo, del que de hecho se reniega ignominiosamente, aunque se le acate hipócritamente de palabra. (Véase mi folleto &amp;quot;La revolución proletaria y el renegado Kautsky&amp;quot;, Petrogrado y Moscú, 1918.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El oportunismo de nuestros días, personificado por su principal representante, el exmarxista C. Kautsky, cae de lleno dentro de la característica de la posición burguesa que traza Marx y que hemos citado, pues este oportunismo circunscribe el terreno del reconocimiento de la lucha de clases al terreno de las relaciones burguesas. (¡Y dentro de este terreno, dentro de este marco, ningún liberal culto se negaría a reconocer, &amp;quot;en principio&amp;quot;, la lucha de clases!) El oportunismo no extiende el reconocimiento de la lucha de clases precisamente a lo más fundamental, al período de transición del capitalismo al comunismo, al período de derrocamiento de la burguesía y de completa destrucción de ésta. En realidad, este período es inevitablemente un período de lucha de clases de un encarnizamiento sin precedentes, en que ésta reviste formas agudas nunca vistas, y, por consiguiente, el Estado de este período debe ser inevitablemente un Estado democrático de una manera nueva (para los proletarios y los desposeídos en general) y dictatorial de una manera nueva (contra la burguesía).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Además, la esencia de la teoría de Marx sobre el Estado sólo la ha asimilado quien haya comprendido que la dictadura de una clase es necesaria, no sólo para toda sociedad de clases en general, no sólo para el proletariado después de derrocar a la burguesía, sino también para todo el período histórico que separa al capitalismo de la &amp;quot;sociedad sin clases&amp;quot;, del comunismo. Las formas de los Estados burgueses son extraordinariamente diversas, pero su esencia es la misma: todos esos Estados son, bajo una forma o bajo otra, pero, en último resultado, necesariamente, una dictadura de la burguesía. La transición del capitalismo al comunismo no puede, naturalmente, por menos de proporcionar una enorme abundancia y diversidad de formas políticas, pero la esencia de todas ellas será, necesariamente, una: la dictadura del proletariado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== La Experiencia de la Comuna de París de 1871. El Análisis de Marx ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== ¿En Qué Consiste el Heroismo de la Tentativa de los Comuneros? ===&lt;br /&gt;
Es sabido que algunos meses antes de la Comuna, en el otoño de 1870, Marx previno a los obreros de París; demostrándoles que la tentativa de derribar el gobierno sería un disparate dictado por la desesperación. Pero cuando en marzo de 1871 se impuso a los obreros el combate decisivo y ellos lo aceptaron, cuando la insurrección fue un hecho, Marx saludó la revolución proletaria con el más grande entusiasmo, a pesar de todos los malos augurios. Marx no se aferró a la condena pedantesca de un movimiento &amp;quot;extemporáneo&amp;quot;, como el tristemente célebre renegado ruso del marxismoPlejánov, que en noviembre de 1905 había escrito alentando a la lucha a los obreros y campesinos y que después de diciembre de 1905 se puso a gritar como un liberal cualquiera: &amp;quot;¡No se debía haber empuñado las armas!&amp;quot;Marx, por el contrario, no se contentó con entusiasmarse ante el heroísmo de los comuneros, que, según sus palabras, &amp;quot;tomaban el cielo por asalto&amp;quot;. Marx veía en aquelmovimiento revolucionario de masas, aunque éste no llegó a alcanzar sus objetivos, una experiencia histórica de grandiosa importancia, un cierto paso hacia adelante de larevolución proletaria mundial, un paso práctico más importante que cientos de programas y de raciocinios. Analizar esta experiencia, sacar de ella las enseñanzastácticas, revisar a la luz de ella su teoría: he aquí cómo concebía su misión Marx.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La única &amp;quot;corrección&amp;quot; que Marx consideró necesario introducir en el &amp;quot;Manifiesto Comunista&amp;quot; fue hecha por él a base de la experiencia revolucionaria de los comuneros de París.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El último prólogo a la nueva edición alemana del &amp;quot;Manifiesto Comunista&amp;quot;, suscrito por sus dos autores, lleva la fecha de 24 de junio de 1872. En este prólogo, los autores, Carlos Marx y Federico Engels, dicen que el programa del &amp;quot;Manifiesto Comunista&amp;quot; está &amp;quot;ahora anticuado en ciertos puntos&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;. . . La Comuna ha demostrado, sobre todo -- continúan --, que *la clase obrera no puede simplemente tomar posesión de la máquina estatal existente y ponerla en marcha para sus propios fines. . .* &amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las palabras puestas entre asteriscos, en esta cita, fueron tomadas por sus autores de la obra de Marx &amp;quot;La guerra civil en Francia&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así, pues, Marx y Engels atribuían una importancia tan gigantesca a esta enseñanza fundamental y principal de la Comuna de Paris, que la introdujeron como corrección&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
esencial en el &amp;quot;Manifiesto Comunista&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es sobremanera característico que precisamente esta corrección esencial haya sido tergiversada por los oportunistas y que su sentido sea, probablemente, desconocido de las nueve décimas partes, si no del noventa y nueve por ciento de los lectores del &amp;quot;Manifiesto Comunista&amp;quot;. De esta tergiversación trataremos en detalle más abajo, en el capítulo consagrado especialmente a las tergiversaciones. Aquí, bastará señalar que la manera corriente, vulgar, de &amp;quot;entender&amp;quot; las notables palabras de Marx citadas por nosotros consiste en suponer que Marx subraya aquí la idea del desarrollo lento, por oposición a la toma del Poder por la violencia, y otras cosas por el estilo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En realidad, es precisamente lo contrario. El pensamiento de Marx consiste en que la clase obrera debe destruir, romper la &amp;quot;máquina estatal existente&amp;quot; y no limitarse simplemente a apoderarse de ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El 12 de abril de 1871, es decir, justamente en plena Comuna, Marx escribió a Kugelmann:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;Si te fijas en el último capítulo de mi &#039;18 Brumario&#039;, verás que expongo como próxima tentativa de la revolución francesa, no hacer pasar de unas manos a otras la máquina burocrático-militar, como se venia haciendo hasta ahora, sino r o m p e r l a [subrayado por Marx; en el original zerbrechen], y ésta es justamente la condición previa de toda verdadera revolución popular en el continente. En esto, precisamente, consiste la tentativa de nuestros heroicos camaradas de Paris&amp;quot; (pág. 709 de la revista &amp;quot;Neue Zeit&amp;quot;, t. XX, I, año 1901-1902). (Las cartas de Marx a Kugelmann han sido publicadas en ruso no menos que en dos ediciones, una de ellas redactada por mi y con un prólogo mío.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En estas palabras: &amp;quot;romper la máquina burocrático-militar del Estado&amp;quot;, se encierra, concisamente expresada, la enseñanza fundamental del marxismo en punto a la cuestión de las tareas del proletariado en la revolución respecto al Estado. ¡Y esta enseñanza es precisamente la que no sólo olvida en absoluto, sino que tergiversa directamente la &amp;quot;interpretación&amp;quot; imperante, kautskiana, del marxismo!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cuanto a la referencia de Marx al &amp;quot;18 Brumario&amp;quot;, más arriba hemos citado en su integridad el pasaje correspondiente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Interesa señalar especialmente dos lugares en el mencionado pasaje de Marx. En primer término, Marx limita su conclusión al continente. Esto era lógico en 1871, cuando Inglaterra era todavía un modelo de país netamente capitalista, pero sin militarismo y, en una medida considerable, sin burocracia. Por eso, Marx excluía a Inglaterra, donde la revolución, e incluso una revolución popular, se consideraba y era entonces posible sin la condición previa de destruir &amp;quot;la máquina estatal existente&amp;quot;. Hoy, en 1917, en la época de la primera gran guerra imperialista, esta limitación hecha por Marx no tiene razón de ser. Inglaterra y Norteamérica, los más grandes y los ultimos representantes -- en el mundo entero -- de la &amp;quot;libertad&amp;quot; anglosajona, en el sentido de ausencia de militarismo y de burocratismo, han ido rodando completamente&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
al inmundo y sangriento pantano, común a toda Europa, de las instituciones burocrático-militares, que todo lo someten y lo aplastan. Hoy, también en Inglaterra y en Norteamérica es &amp;quot;condición previa de toda revolución verdaderamente popular&amp;quot; el romper, el destruirla &amp;quot;máquina estatal existente&amp;quot; (y que allí ha alcanzado, en los años de 1914 a 1917, la perfección &amp;quot;europea&amp;quot;, la perfección común al imperialismo).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En segundo lugar, merece especial atención la observación extraordinariamente profunda de Marx de que la destrucción de la máquina burocrático-militar del Estado es&amp;quot;condición previa de toda revolución verdaderamente popular&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este concepto de revolución &amp;quot;popular &amp;quot; parece extraño en boca de Marx, y los plejanovistas y mencheviques rusos, estos secuaces de Struve que quieren hacerse pasar por marxistas, podrían tal vez explicar esta expresión de Marx como un &amp;quot;lapsus&amp;quot;. Han reducido el marxismo a una deformación liberal tan mezquina, que, para ellos, no&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
existe más que la antítesis entre revolución burguesa y proletaria, y hasta esta antítesis la comprenden de un modo increíblemente escolástico.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si tomamos como ejemplos las revoluciones del siglo XX, tendremos que reconocer como burguesas, naturalmente, también las revoluciones portuguesa y turca. Pero ni&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la una ni la otra son revoluciones &amp;quot;populares&amp;quot;, pues ni en la una ni en la otra actúa perceptiblemente, de un modo activo, por propia iniciativa, con sus propias reivindicaciones económicas y políticas, la masa del pueblo, la inmensa mayoría de éste. En cambio, la revolución burguesa rusa de 1905 a 1907, aunque no registrase&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
éxitos tan &amp;quot;brillantes&amp;quot; como los que alcanzaron en ciertos momentos ías revoluciones portuguesa y turca, fue, sin duda, una revolución &amp;quot;verdaderamente popular&amp;quot;, pues la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
masa del pueblo, la mayoría de éste, las &amp;quot;más bajas capas&amp;quot; sociales, aplastadas por el yugo y la explotación, levantáronse por propia iniciativa, estamparon en todo el curso de la revolución el sello de sus reivindicaciones, de sus intentos de construir a su modo una nueva sociedad en lugar de la sociedad vieja que era destruida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la Europa de 1871, el proletariado no formaba la mayoría ni en un solo país del continente. Una revolución &amp;quot;popular&amp;quot;, que arrastrase al movimiento verdaderamente a la mayoría, sólo podía serlo aquella que abarcase tanto al proletariado como a los campesinos. Ambas clases formaban en aquel entonces el &amp;quot;pueblo&amp;quot;. Ambas clases están unidas por el hecho de que la &amp;quot;máquina burocrático-militar del Estado&amp;quot; las oprime, las esclaviza, las explota. Destruir, romper esta máquina: tal es el verdadero interés del &amp;quot;pueblo&amp;quot;, de su mayoría, de los obreros y de la mayoría de los campesinos, tal es la &amp;quot;condición previa&amp;quot; para una alianza libre de los campesinos pobres con los proletarios, sin cuya alianza la democracia será precaria, y la transformación socialista, imposible.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hacia esta alianza precisamente se abría camino, como es sabido, la Comuna de París, si bien no alcanzó su objetivo por una serie de causas de carácter interno y externo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Consiguientemente, al hablar de una &amp;quot;revolución verdaderamente popular&amp;quot;, Marx, sin olvidar para nada las características de la pequeña burguesía (de las cuales habló mucho y con frecuencia), tenía en cuenta con la mayor precisión la correlación efectiva de clases en la mayoría de los Estados continentales de Europa, en 1871. Y, de otra parte, constataba que la &amp;quot;destrucción&amp;quot; de la máquina estatal responde a los intereses de los obreros y campesinos, los une, plantea ante ellos la tarea común de suprimir al &amp;quot;parásito&amp;quot; y sustituirlo por algo nuevo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Pero con qué sustituirlo concretamente?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== ¿Con Qué Sustituir la Mquina del Estado una Vez Destruida? ===&lt;br /&gt;
En 1847, en el &amp;quot;Manifiesto Comunista&amp;quot;, Marx daba a esta pregunta una respuesta todavía completamente abstracta, o, más exactamente, una respuesta que señalaba las tareas, pero no los medios para resolverlas. Sustituir la máquina del Estado, una vez destruida, por la &amp;quot;organización del proletariado como clase dominante&amp;quot;, &amp;quot;por la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
conquista de la democracia&amp;quot;: tal era la respuesta del &amp;quot;Manifiesto Comunista&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin perderse en utopías, Marx esperaba de la experiencia del movimiento de masas la respuesta a la cuestión de qué formas concretas habría de revestir esta organización del proletariado como clase dominante y de qué modo esta organización habría de coordinarse con la &amp;quot;conquista de la democracia&amp;quot; más completa y más consecuente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En su &amp;quot;Guerra civil en Francia&amp;quot;, Marx somete al análisis más atento la experiencia de la Comuna, por breve que esta experiencia haya sido. Citemos los pasajes más importantes de esta obra:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el siglo XIX, se desarrolló, procedente de la Edad Media, &amp;quot;el poder centralizado del Estado, con sus órganos omnipresentes: el ejército permanente, la policía, la burocracia, el clero y la magistratura&amp;quot;. Con el desarrollo del antagonismo de clase entre el capital y el trabajo, &amp;quot;el Poder del Estado fue adquiriendo cada vez más el carácter de un poder público para la opresión del trabajo, el carácter de una máquina de dominación de clase. Después de cada revolución, que marcaba un paso adelante en la lucha de clases, se acusaba con rasgos cada vez más salientes el carácter puramente opresor del Poder del Estado&amp;quot;. Después de la revolución de 1848-1849, el Poder del Estado se convierte en un &amp;quot;arma nacional de guerra del capital contra el trabajo&amp;quot;. El Segundo Imperio lo consolida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;La antítesis directa del Imperio era la Comuna&amp;quot;. &amp;quot;Era la forma definida&amp;quot; &amp;quot;de aquella república que no había de abolir tan sólo la forma monárquica de la dominación de clase, sino la dominación misma de clase. . .&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿En qué había consistido, concretamente, esta forma &amp;quot;definida&amp;quot; de la república proletaria, socialista? ¿Cuál era el Estado que había comenzado a crear?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;. . . El primer decreto de la Comuna fue . . . la supresión del ejército permanente para sustituirlo por el pueblo armado. . .&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta reivindicación figura hoy en los programas de todos los partidos que deseen llamarse socialistas. ¡Pero lo que valen sus programas nos lo dice mejor que nada la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
conducta de nuestros socialrevolucionarios y mencheviques, que precisamente después de la revolución del 27 de febrero han renunciado de hecho a poner en práctica esta reivindicación!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;. . . La Comuna estaba formada por los consejeros municipales elegidos por sufragio universal en los diversos distritos de París. Eran responsables y podían ser revocados en todo momento. La mayoría de sus miembros eran, naturalmente, obreros o representantes reconocidos de la clase obrera. . . La policía, que hasta entonces había sido instrumento del gobierno central, fue despojada inmediatamente de todos sus atributos políticos y convertida en instrumento de la Comuna, responsable ante ésta y revocable en todo momento. . . Y lo mismo se hizo con los funcionarios de todas las demás ramas de la administración. . . Desde los miembros de la Comuna para abajo, todos los que desempeñaban cargos públicos lo hacían por el salario de un obrero. Todos los privilegios y los gastos de representación de los altos dignatarios del Estado desaparecieron junto con éstos. . . Una vez suprimidos el ejército permanente y la policía, instrumentos de la fuerza material del antiguo gobierno, ia Comuna se apresuró a destruir también la fuerza de opresión espiritual, el poder de los curas. .. Los funcionarios judiciales perdieron su aparente independencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
. . En el futuro debían ser elegidos públicamente, ser responsables y revocables. . .&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por tanto, la Comuna sustituye la máquina estatal destruida, aparentemente &amp;quot;sólo&amp;quot; por una democracia más completa: supresión del ejército permanente y completa elegibilidad y amovilidad de todos los funcionarios. Pero, en realidad, este &amp;quot;sólo&amp;quot; representa un cambio gigantesco de unas instituciones por otras de un tipo distinto por&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
principio. Aquí estamos precisamente ante uno de esos casos de &amp;quot;transformación de la cantidad en calidad&amp;quot;: la democracia, llevada a la práctica del modo más completo y consecuente que puede concebirse, se convierte de democracia burguesa en democracia proletaria, de un Estado (fuerza especial para la represión de una determinada clase) en algo que ya no es un Estado propiamente dicho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todavía es necesario reprimir a la burguesía y vencer su resistencia. Esto era especialmente necesario para la Comuna, y una de las causas de su derrota está en no haber hecho esto con suficiente decisión. Pero aquí el órgano represor es ya la mayoría de la población y no una minoría, como había sido siempre, lo mismo bajo la esclavitud y la servidumbre que bajo la esclavitud asalariada. ¡Y, desde el momento en que es la mayoría del pueblo la que reprime por sí misma a sus opresores, no es ya necesaria una &amp;quot;fuerza especial&amp;quot; de represión! En este sentido, el Estado comienza a extinguirse.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En vez de instituciones especiales de una minoría privilegiada (la burocracia privilegiada, los jefes del ejército permanente), puede llevar a efecto esto directamente la mayoría, y cuanto más intervenga todo el pueblo en la ejecución de las funciones propias del Poder del Estado tanto menor es la necesidad de dicho Poder.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este sentido, es singularmente notable una de las medidas decretadas por la Comuna, que Marx subraya: la abolición de todos los gastos de representación, de todos los privilegios pecuniarios de los funcionarios, la reducción de los sueldos de todos los funcionarios del Estado al nivel del &amp;quot;salario de un obrero &amp;quot;. Aquí es precisamente donde se expresa de un modo más evidente el viraje de la democracia burguesa a la democracia proletaria, de la democracia de la clase opresora a la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
democracia de las clases oprimidas, del Estado como &amp;quot;fuerza especial &amp;quot; para la represión de una determinada clase a la represión de los opresores por la fuerza conjunta de la mayoría del pueblo, de los obreros y los campesinos. ¡Y es precisamente en este punto tan evidente -- tal vez el más importante, en lo que se refiere a la cuestión del Estado -- en el que las enseñanzas de Marx han sido más relegadas al olvido! En los comentarios de popularización -- cuya cantidad es innumerable -- no se habla de esto. &amp;quot;Es uso&amp;quot; guardar silencio acerca de esto, como si se tratase de una &amp;quot;ingenuidad&amp;quot; pasada de moda, algo así como cuando los cristianos, después de convertirse el cristianismo en religión del Estado, se &amp;quot;olvidaron&amp;quot; de las &amp;quot;ingenuidades&amp;quot; del cristianismo primitivo y de su espíritu democrático-revolucionario.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La reducción de los sueldos de los altos funcionarios del Estado parece &amp;quot;simplemente&amp;quot; la reivindicación de un democratismo ingenuo, primitivo. Uno de los &amp;quot;fundadores&amp;quot; del oportunismo moderno, el ex-socialdemócrata E. Bernstein, se ha dedicado más de una vez a repetir esas burlas burguesas triviales sobre el democratismo &amp;quot;primitivo&amp;quot;. Como todos los oportunistas, como los actuales kautskianos, no comprendía en absoluto, en primer lugar, que el paso del capitalismo al socialismo es imposible sin un cierto &amp;quot;retorno&amp;quot; al democratismo &amp;quot;primitivo&amp;quot; (pues ¿cómo, si no, pasar a la ejecución de las funciones del Estado por la mayoría de la población, por toda la población en bloque?); y, en segundo lugar, que este &amp;quot;democratismo primitivo&amp;quot;, basado en el capitalismo y en la cultura capitalista, no es el democratismo primitivo de los tiempos prehistóricos o de la época precapitalista. La cultura capitalista ha creado la gran producción, fábricas, ferrocarriles, el correo y el teléfono, etc., y sobre esta base, una enorme mayoría de las funciones del antiguo &amp;quot;Poder del Estado&amp;quot; se han simplificado tanto y pueden reducirse a operaciones tan sencillísimas de registro, contabilidad y control, que estas funciones son totalmente asequibles a todos los que saben leer y escribir, que pueden ejecutarse en absoluto por el &amp;quot;salario corriente de un obrero&amp;quot;, que se las puede (y se las debe) despojar de toda sombra de algo privilegiado y &amp;quot;jerárquico&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La completa elegibilidad y la amovibilidad en cualquier momento de todos los funcionarios sin excepción; la reducción de su sueldo a los límites del &amp;quot;salario corriente de un obrero&amp;quot;: estas medidas democráticas, sencillas y &amp;quot;evidentes por sí mismas&amp;quot;, al mismo tiempo que unifican en absoluto los intereses de los obreros y de la mayoría de&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
los campesinos, sirven de puente que conduce del capitalismo al socialismo. Estas medidas atañen a la reorganización del Estado, a la reorganización puramente política de la sociedad, pero es evidente que sólo adquieren su pleno sentido e importancia en conexión con la &amp;quot;expropiación de los expropiadores&amp;quot; ya en realización o en&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
preparación, es decir, con la transformación de la propiedad privada capitalista sobre los medios de producción en propiedad social.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;Al suprimir las dos mayores partidas de gastos, el ejército y la burocracia, la Comuna -- escribe Marx -- convirtió en realidad la consigna de todas las revoluciones burguesas: un gobierno barato&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre los campesinos, al igual que en las demás capas de la pequeña burguesía, sólo &amp;quot;prospera&amp;quot;, sólo &amp;quot;se abre paso&amp;quot; en sentido burgués, es decir, se convierten en gentes acomodadas, en burgueses o en funcionarios con una situación garantizada y privilegiada, una minoría insignificante. La inmensa mayoría de los campesinos de&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
todos los países capitalistas en que existe una masa campesina (y estos países capitalistas forman la mayoría), se halla oprimida por el gobierno y ansía derrocarlo, ansía un gobierno &amp;quot;barato&amp;quot;. Esto puede realizarlo sólo el proletariado, y, al realizarlo, da al mismo tiempo un paso hacia la transformación socialista del Estado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== La Abolición de Parlamentarismo ===&lt;br /&gt;
&amp;quot;La Comuna -- escribió Marx -- debía ser, no una corporación parlamentaria, sino una corporación de trabajo, legislativa y ejecutiva al mismo tiempo. . .&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;. . . En vez de decidir una vez cada tres o cada seis años qué miembros de la clase dominante han de representar y aplastar [ver-und zertreten ] al pueblo en el parlamento, el sufragio universal debía servir al pueblo, organizado en comunas, de igual modo que el sufragio individual sirve a los patronos para encontrar obreros, inspectores y contables con destino a sus empresas&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta notable crítica del parlamentarismo, trazada en 1871, figura también hoy, gracias al predominio del socialchovinismo y del oportunismo, entre las &amp;quot;palabras olvidadas&amp;quot; del marxismo. Los ministros y parlamentarios profesionales, los traidores al proletariado y los &amp;quot;mercachifles&amp;quot; socialistas de nuestros días han dejado integramente a los anarquistas la crítica del parlamentarismo, y sobre esta base asombrosamente juiciosa han declarado toda crítica del parlamentarismo ¡¡como &amp;quot;anarquismo&amp;quot;!! No tiene nada de extraño que el proletariado de los países parlamentarios &amp;quot;adelantados&amp;quot;, asqueado de &amp;quot;socialistas&amp;quot; como los Scheidemann, David, Legien, Sembat, Renaudel, Henderson, Vandervelde, Stauning, Branting, Bissolati y Cía., haya puesto cada vez más sus simpatías en el anarcosindicalismo, a pesar de que éste es hermano carnal del oportunismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero para Marx la dialéctica revolucionaria no fue nunca esa vacua frase de moda, esa bagatela en que la han convertido Plejánov, Kautsky y otros. Marx sabía romper&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
implacablemente con el anarquismo por su incapacidad para aprovecharse hasta del &amp;quot;establo&amp;quot; del parlamentarismo burgués -- sobre todo cuando se sabe que no se está&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ante situaciones revolucionarias --, pero, al mismo tiempo, sabía también hacer una crítica auténticamente revolucionario-proletaria del parlamentarismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Decidir una vez cada cierto número de años qué miembros de la clase dominante han de oprimir y aplastar al pueblo en el parlamento: he aquí la verdadera esencia del&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
parlamentarismo burgués, no sólo en las monarquías constitucionales parlamentarias, sino también en las repúblicas más democráticas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero si planteamos la cuestión del Estado, si enfocamos el parlamentarismo como una de las instituciones del Estado, desde el punto de vista de las tareas del&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
proletariado en este terreno, ¿dónde está entonces la salida del parlamentarismo? ¿Cómo es posible prescindir de él?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hay que decir, una y otra vez, que ]as enseñanzas de Marx, basadas en la experiencia de la Comuna, están tan olvidadas, que para el &amp;quot;socialdemócrata&amp;quot; moderno (léase: para los actuales traidores al socialismo) es sencillamente incomprensible otra crítica del parlamentarismo que no sea la anarquista o la reaccionaria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La salida del parlamentarismo no está, naturalmente, en la abolición de las instituciones representativas y de la elegibilidad, sino en transformar las instituciones representativas de lugares de charlatanería en corporaciones &amp;quot;de trabajo&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;La Comuna debía ser, no una corporación parlamentaria, sino una corporación de trabajo, legislativa y ejecutiva al mismo tiempo&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;No una corporación parlamentaria, sino una corporación de trabajo&amp;quot;: ¡este tiro va derecho al corazón de los parlamentarios modernos y de los &amp;quot;perrillos falderos&amp;quot; parlamentarios de la socialdemocracia! Fijaos en cualquier país parlamentario, de Norteamérica a Suiza, de Francia a Inglaterra, Noruega, etc.: la verdadera labor &amp;quot;de&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estado&amp;quot; se hace entre bastidores y la ejecutan los ministerios, las oficinas, los Estados Mayores. En los parlamentos no se hace más que charlar, con la finalidad especial de embaucar al &amp;quot;vulgo&amp;quot;. Y tan cierto es esto, que hasta en la república rusa, república democráticoburguesa, antes de haber conseguido crear un verdadero parlamento, se han puesto de manifiesto en seguida todos estos pecados del parlamentarismo. Héroes del filisteísmo podrido como los Skóbelev y los Tsereteli, los Chernov y los Avkséntiev se las han arreglado para envilecer hasta a los Soviets, según el patrón del más sórdido parlamentarismo burgués, convirtiéndolos en vacuos lugares de charlatanería.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En los Soviets, los señores ministros &amp;quot;socialistas&amp;quot; engañan a los ingenuos aldeanos con frases y con resoluciones. En el gobierno, se desarrolla un rigodón permanente, de una parte para &amp;quot;cebar&amp;quot; con puestecitos bien retribuidos y honrosos al mayor número posible de socialrevolucionarios y mencheviques, y, de otra parte, para &amp;quot;distraer la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
atención&amp;quot; del pueblo. ¡Mientras tanto, en las oficinas y en los Estados Mayores &amp;quot;se desarrolla&amp;quot; la labor &amp;quot;del Estado&amp;quot;!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El &amp;quot;Dielo Naroda&amp;quot;, órgano del partido gobernante de los &amp;quot;socialistas revolucionarios&amp;quot;, reconocía no hace mucho en un editorial -- con esa sinceridad inimitable de las gentes de la &amp;quot;buena sociedad&amp;quot; en la que &amp;quot;todos&amp;quot; ejercen la prostitución política -- que hasta en los ministerios regentados por &amp;quot;socialistas&amp;quot; (¡perdonad la expresión!), que hasta en estos ministerios ¡subsiste sustancialmente todo el viejo aparato burocrático, funcionando a la antigua y saboteando con absoluta &amp;quot;libertad&amp;quot; las iniciativas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
revolucionarias! Y aunque no tuviésemos esta confesión, ¿acaso la historia real de la participación de los socialrevolucionarios y los mencheviques en el gobierno no&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
demuestra esto? Lo único que hay de característico en esto es que los señores Chernov, Rusánov, Sensínov y demás redactores del &amp;quot;Dielo Naroda&amp;quot;, asociados en el&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ministerio con los kadetes, han perdido el pudor hasta tal punto, que no se avergüenzan de contar públicamente, sin rubor, como si se tratase de una pequeñez, ¡¡que en &amp;quot;sus&amp;quot; ministerios todo está igual que antes!! Para engañar a los campesinos ingenuos, frases revolucionario-democráticas, y para &amp;quot;complacer&amp;quot; a los capitalistas, el laberinto burocrático-oficinesco: he ahí la esencia de la &amp;quot;honorable&amp;quot; coalición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La Comuna sustituye el parlamentarismo venal y podrido de la sociedad burguesa por instituciones en las que la libertad de crítica y de examen no degenera en engaño,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues aquí los parlamentarios tienen que trabajar ellos mismos, tienen que ejecutar ellos mismos sus leyes, tienen que comprobar ellos mismos los resultados, tienen que responder directamente ante sus electores. Las instituciones representativas continúan, pero desaparece el parlamentarismo como sistema especial, como división&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del trabajo legislativo y ejecutivo, como situación privilegiada para los diputados. Sin instituciones representativas no puede concebirse la democracia, ni aun la democracia proletaria; sin parlamentarismo, sí puede y debe concebirse, si la crítica de la sociedad burguesa no es para nosotros una frase vacua, si la aspiración de derrocar la dominación de la burguesía es en nosotros una aspiración seria y sincera y no una frase &amp;quot;electoral&amp;quot; para cazar los votos de los obreros, como es en los labios de los mencheviques y los socialrevolucionarios, como es en los labios de los Scheidemann y Legien, los Sembat y Vandervelde.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es sobremanera instructivo que, al hablar de las funciones de aquella burocracia que necesita también la Comuna y la democracia proletaria, Marx tome como punto de&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
comparación a los empleados de &amp;quot;cualquier otro patrono&amp;quot;, es decir, una empresa capitalista corriente, con &amp;quot;obreros, inspectores y contables&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Marx no hay ni rastro de utopismo, en el sentido de que invente y fantasee sobre la &amp;quot;nueva&amp;quot; sociedad. No, Marx estudia como un proceso histórico-natural cómo nace la nueva sociedad d e la antigua, estudia las formas de transición de la antigua a la nueva sociedad. Toma la experiencia real del movimiento proletario de masas y se&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
esfuerza en sacar las enseñanzas prácticas de ella. &amp;quot;Aprende&amp;quot; de la Comuna, como todos los grandes pensadores revolucionarios no temieron aprender de la experiencia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de los grandes movimientos de la clase oprimida, no dirigiéndoles nunca &amp;quot;sermones&amp;quot; pedantescos (por el estilo del &amp;quot;no se debía haber empuñado las armas&amp;quot;, de Plejánov, o de la frase de Tsereteli: &amp;quot;una clase debe saber moderarse&amp;quot;).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No cabe hablar de la abolición repentina de la burocracia, en todas partes y hasta sus últimas raíces. Esto es una utopía. Pero el destruir de golpe la antigua máquina&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
burocrática y comenzar a construir inmediatamente otra nueva, que permita ir&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El capitalismo simplifica las funciones de la administración del &amp;quot;Estado&amp;quot;, permite desterrar la &amp;quot;administración burocrática&amp;quot; y reducirlo todo a una organización de los&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
proletarios (como clase dominante) que toma a su servicio, en nombre de toda la sociedad, a &amp;quot;obreros, inspectores y contables&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nosotros no somos utopistas. No &amp;quot;soñamos&amp;quot; en cómo podrá prescindirse de golpe de todo gobierno, de toda subordinación, estos sueños anarquistas, basados en la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
incomprensión de las tareas de la dictadura del proletariado, son fundamentalmente ajenos al marxismo y, de hecho, sólo sirven para aplazar la revolución socialista hasta el momento en que los hombres sean distintos. No, nosotros queremos la revolución socialista con hombres como los de hoy, con hombres que no puedan arreglárselas sin subordinación, sin control, sin &amp;quot;inspectores y contables&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero a quien hay que someterse es a la vanguardia armada de todos los explotados y trabajadores: al proletariado. La &amp;quot;administración burocrática&amp;quot; específica de los&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
funcionarios del Estado, puede y debe comenzar a sustituirse inmediatamente, de la noche a la mañana, por las simples funciones de &amp;quot;inspectores y contables&amp;quot;, funciones que ya hoy son plenamente accesibles al nivel de desarrollo de los habitantes de las ciudades y que pueden ser perfectamente desempeñadas por el &amp;quot;salario de un obrero&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Organizaremos la gran producción nosotros mismos, los obreros, partiendo de lo que ha sido creado ya por el capitalismo, basándonos en nuestra propia experiencia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
obrera, estableciendo una disciplina rigurosísima, férrea, mantenida por el Poder estatal de los obreros armados; reduciremos a los funcionarios del Estado a ser simples ejecutores de nuestras directivas, &amp;quot;inspectores y contables&amp;quot; responsables, amovibles y modestamente retribuidos (en unión, naturalmente, de técnicos de todas clases, de todos los tipos y grados): he ahí nuestra tarea proletaria, he ahí por dónde se puede y se debe empezar al llevar a cabo la revolución proletaria. Este comienzo, sobre la base de la gran producción, conduce por sí mismo a la &amp;quot;extinción&amp;quot; gradual de toda burocracia, a la creación gradual de un orden -- orden sin comillas, orden que no&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
se parecerá en nalda a la esclavitud asalariada --, de un orden en que las funciones de inspección y de contabilidad, cada vez más simplificadas, se ejecutarán por todos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
siguiendo un turno, acabarán por convertirse en costumbre, y, por fin, desaparecerán como funciones especiales de una capa especial de la sociedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un ingenioso socialdemócrata alemán de la década del 70 del siglo pasado, dijo que el correo era un modelo de economía socialista. Esto es muy exacto. Hoy, el correo es una empresa organizada según el patrón de un monopolio capitalista de Estado. El imperialismo va convirtiendo poco a poco todos los trusts en organizaciones de este tipo. En ellos vemos esa misma burocracia burguesa, entronizada sobre los &amp;quot;simples&amp;quot; trabajadores, agobiados de trabajo y hambrientos. Pero el mecanismo de la gestión social está ya preparado en estas organizaciones. No hay más que derrocar a los capitalistas, destruir, por la mano férrea de los obreros armados, la resistencia de estos explotadores, romper la máquina burocrática del Estado moderno, y tendremos ante nosotros un mecanismo de alta perfección técnica, libre del &amp;quot;parásito&amp;quot; y&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
perfectamente susceptible de ser puesto en marcha por los mismos obreros unidos, dando ocupación a técnicos, inspectores y contables y retribuyendo el trabajo de todos éstos, como el de todos los funcionarios del &amp;quot;Estado&amp;quot; en general, con el salario de un obrero. He aquí una tarea concreta, una tarea práctica que es ya inmediatamente realizable con respecto a todos los trusts, que libera a los trabajadores de la explotación y que tiene en cuenta la experiencia ya iniciada prácticamente (sobre todo en el terreno de la organización del Estado) por la Comuna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Organizar toda la economía nacional como lo está el correo para que los técnicos, los inspectores, los contables y todos los funcionarios en general perciban sueldos que no sean superiores al &amp;quot;salario de un obrero&amp;quot;, bajo el control y la dirección del proletariado armado: he ahí nuestro objetivo inmediato. He ahí el Estado que nosotros necesitamos y la base económica sobre la que este Estado tiene que descansar. He ahí lo que darán la abolición del parlamentarismo y la conservación de las instituciones representativas, he ahí lo que librará a las clases trabajadoras de la prostitución de estas instituciones por la burguesía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Organización de la Unidad de la Nación ===&lt;br /&gt;
&amp;quot;. . . En el breve esbozo de organización nacional que la Comuna no tuvo tiempo de desarrollar, se dice claramente que la Comuna debía ser. . . la forma política hasta de&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la aldea más pequeña del país&amp;quot;. . . Las comunas elegirían la &amp;quot;delegación nacional&amp;quot; de París.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;. . . Las pocas, pero importantes funciones que aun quedarían entonces al gobierno central no se suprimirían, como falseando conscientemente la verdad se ha dicho, sino que serían desempeñadas por funcionarios comunales, es decir, rigurosamente responsables. . .&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;. . . No se trataba de destruir la unidad de la nación, sino por el contrario, de organizarla mediante un régimen comunal. La unidad de la nación debía convertirse en&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
una realidad mediante la destrucción de aquel Poder del Estado que pretendía ser la encarnación de esta unidad, pero quería ser independiente de la nación y estar situado por encima de ella. De hecho, este Poder del Estado no era más que una excrescencia parasitaria en el cuerpo de la nación. . .&amp;quot; &amp;quot;La tarea consistía en amputar los órganos puramente represivos del viejo Poder estatal y arrancar sus legítimas funciones de manos de una autoridad que pretende colocarse sobre la sociedad, para restituirlas a los servidores responsables de ésta&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hasta qué punto los oportunistas de la socialdemocracia actual no han comprendido -- tal vez fuera más exacto decir que no han querido comprender -- estos razonamientos de Marx, lo revela mejor que nada el libro herostráticamente célebre del renegado Bernstein: &amp;quot;Las premisas del socialismo y las tareas de la socialdemocracia&amp;quot;. Refiriéndose precisamente a las citadas palabras de Marx, Bernstein escribía que en ellas se desarrolla un programa &amp;quot;que, por su contenido político,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
presenta, en todos sus rasgos esenciales, la mayor semejanza con el federalismo de Proudhon. . . Pese a todas las demás diferencias que separan a Marx y al &#039;pequeñoburgués&#039; Proudhon [Bernstein pone esta palabra entre comillas, queriendo darle una intención irónica], en estos puntos el curso de las ideas es el más afín que&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cabe en ambos&amp;quot;. Naturalmente, prosigue Bernstein, que la importancia de las municipalidades va en aumento, pero &amp;quot;a mí me parece dudo so que esta abolición [Auflösung -- literalmente: disolución] de los Estados modernos y la transformación completa [Umwandlung : cambio radical] de su organización, tal como Marx y Proudhon la describen (formación de la Asamblea Nacional con delegados de las asambleas provinciales o regionales, integradas a su vez por delegados de las comunas), tendría que ser la obra inicial de la democracia, desapareciendo, por tanto, todas las formas anteriores de las representaciones nacionales&amp;quot; (Bernstein &amp;quot;Las premisas del socialismo&amp;quot;, págs. 134 y 136, edición alemana de 1899).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto es sencillamente monstruoso: ¡Confundir las concepciones de Marx sobre la &amp;quot;destrucción del Poder estatal, del parásito&amp;quot;, con el federalismo de Proudhonl Pero esto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no es casual, pues al oportunista no se le pasa siquiera por las mientes pensar que aquí Marx no habla en manera alguna del federalismo por oposición al centralismo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sino de la destrucción de la antigua máquina burguesa del Estado, existente en todos los países burgueses.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al oportunista sólo se le viene a las mientes lo que ve en torno suyo, en medio del filisteísmo mezquino y del estancamiento &amp;quot;reformista&amp;quot;, a saber: ¡sólo las &amp;quot;municipalidades&amp;quot;!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El oportunista ha perdido la costumbre del pensar siquiera en la revolución del proletariado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto es ridículo. Pero lo curioso es que nadie haya contendido con Bernstein acerca de este punto. Bernstein fue refutado por muchos, especialmente por Plejánov en la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
literatura rusa y por Kautsky en la europea, pero ni uno ni otro han hablado de esta tergiversación de Marx por Bernstein.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El oportunista se ha desacostumbrado hasta tal punto de pensar en revolucionario y de reflexionar acerca de la revolución, que atribuye a Marx el &amp;quot;federalismo&amp;quot;, confundiéndole con el fundador del anarquismo, Proudhon. Y Kautsky y Plejánov, que quieren pasar por marxistas ortodoxos y defender la doctrina del marxismo revolucionario, ¡guardan silencio acerca de esto! Nos encontramos aquí con una de las raíces de ese extraordinario bastardeamiento de las ideas acerca de la diferencia entre marxismo y anarquismo, que es característico tanto de los kautskianos como de los oportunistas y del que habremos de hablar todavía más.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En los citados pasajes de Marx sobre la experiencia de la Comuna, no hay ni rastro de federalismo. Marx coincide con Proudhon precisamente en algo que no ve el&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
oportunista Bernstein. Marx discrepa de Proudhon precisamente en aquello en que Bernstein ve una afinidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Marx coincide con Proudhon en que ambos abogan por la &amp;quot;destrucción&amp;quot; de la máquina moderna del Estado. Esta coincidencia del marxismo con el anarquismo (tanto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con el de Proudhon como con el de Bakunin) no quieren verla ni los oportunistas ni los kautskianos, pues ambos han desertado del marxismo en este punto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Marx discrepa de Proudhon y de Bakunin precisamente en la cuestión del federalismo (para no hablar siquiera de la dictadura del proletariado). El federalismo es una derivación de principio de las concepciones pequeñoburguesas del anarquismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Marx es centralista. En los pasajes suyos citados más arriba, no se contiene la menor desviación del centralismo. ¡Sólo quienes se hallen poseídos de la &amp;quot;fe supersticiosa&amp;quot; del filisteo en el Estado pueden confundir la destrucción de la máquina del Estado burgués con la destrucción del centralismo!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y bien, si el proletariado y los campesinos pobres toman en sus manos el Poder del Estado, se organizan de un modo absolutamente libre en comunas y unifican la acción de todas las comunas para dirigir los golpes contra el capital, para aplastar la resistencia de los capitalistas, para entregar a toda la nación, a toda la sociedad, la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
propiedad privada sobre los ferrocarriles, las fábricas, la tierra, etc., ¿acaso esto no será el centralismo? ¿Acaso esto no será el más consecuente centralismo democrático, y además un centralismo proletario?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A Bernstein no le cabe, sencillamente, en la cabeza que sea posible un centralismo voluntario, una unión voluntaria de las comunas en la nación, una fusión voluntaria de&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las comunas proletarias para aplastar la dominación burguesa y la máquina burguesa del Estado. Para Bernstein, como para todo filisteo, el centralismo es algo que sólo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
puede venir de arriba, que sólo puede ser impuesto y mantenido por la burocracia y el militarismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Marx subraya intencionadamente, como previendo la posibilidad de que sus ideas fuesen tergiversadas, que el acusar a la Comuna de querer destruir la unidad de la nación, de querer suprimir el Poder central, es una falsedad consciente. Marx usa intencionadamente la expresión &amp;quot;organizar la unidad de la nación&amp;quot;, para contraponer el&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
centralismo consciente, democrático, proletario, al centralismo burgués, militar, burocrático.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero . . . no hay peor sordo que el que no quiere oir. Y los oportunistas de la socialdemocracia actual no quieren, en efecto, oir hablar de la destrucción del Poder del Estado, de la eliminación del parásito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== La Destrucción del Estado Parásito ===&lt;br /&gt;
Hemos citado ya, y vamos a completarlas aquí, las palabras de Marx relativas a este punto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;Generalmente, las nuevas creaciones históricas están destinadas a que se las tome por una reproducción de las formas viejas, y aun ya caducas, de vida social con las&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cuales las nuevas instituciones presentan cierta semejanza. Así, también esta nueva Comuna, que viene a destruir [bricht -- romper] el Poder estatal moderno, ha sido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
considerada como una resurrección de las Comunas medievales. . . , como una federación de pequeños Estados, con arreglo al sueño de Montesquieu y los girondinos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
. . , como una forma exagerada de la vieja lucha contra el excesivo centralismo. . .&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;. . . Por el contrario, el régimen comunal habría devuelto al organismo social todas las fuerzas que hasta entonces venía devorando el &#039;Estado&#039;, parásito que se nutre a&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
expensas de la sociedad y entorpece su libre movimiento. Con este solo hecho habría iniciado la regeneración de Francia. . .&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;. . . El régimen comunal habría colocado a los productores rurales bajo la dirección ideológica de las capitales de sus provincias y les habría ofrecido aquí, en los obreros&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de la ciudad, los representantes naturales de sus intereses. La sola existencia de la Comuna implicaba, como algo evidente, un régimen de autonomía local, pero no ya&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
como contrapeso a un Poder del Estado que ahora sería superfluo. . .&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;Destrucción del Poder estatal&amp;quot;, que era una &amp;quot;excrescencia parasitaria&amp;quot;, su &amp;quot;amputación&amp;quot;, su &amp;quot;aplastamiento&amp;quot;, el &amp;quot;Poder del Estado que ahora sería superfluo&amp;quot;: he aquí cómo se expresa Marx al hablar del Estado, valorando y analizando la experiencia de la Comuna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todo esto fue escrito hace poco menos de medio siglo, pero hoy hay que proceder a verdaderas excavaciones para llevar a la conciencia de las grandes masas un marxismo no falseado. Las conclusiones deducidas de la observación de la última gran revolución vivida por Marx fueron dadas al olvido precisamente al llegar el momento de las siguientes grandes revoluciones del proletariado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;. . . La variedad de interpretaciones a que ha sido sometida la Comuna y la variedad de intereses que han encontrado su expresión en ella demuestran que era una forma política perfectamente flexible, a diferencia de las formas anteriores de gobierno, que habían sido todas esencialmente represivas. He aquí su verdadero secreto: la Comuna era en esencia el gobierno de la clase obrera, fruto de la lucha de la clase productora contra la clase apropiadora, la forma política, descubierta, al fin, bajo la cual podía llevarse a cabo la emancipación económica del trabajo. . .&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;Sin esta última condición el régimen comunal habría sido una imposibilidad y una impostura&amp;quot;. . .&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los utopistas habíanse dedicado a &amp;quot;descubrir&amp;quot; las formas políticas bajo las cuales debía producirse la transformación socialista de la sociedad. Los anarquistas se&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
desentendían del problema de las formas políticas en general. Los oportunistas de la socialdemocracia actual tomaron las formas políticas burguesas del Estado democrático parlamentario como el límite del que no podía pasarse y se rompieron la frente de tanto prosternarse ante este &amp;quot;modelo&amp;quot;, considerando como anarquismo toda aspiración a romper estas formas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Marx dedujo de toda la historia del socialismo y de las luchas políticas que el Estado deberá desaparecer y que la forma transitoria para su desaparición (la forma de&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
transición del Estado al no Estado) será &amp;quot;el proletariado organizado como clase dominante&amp;quot;. Pero Marx no se proponía descubrir las formas políticas de este futuro. Se&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
limitó a la investigación precisa de la historia francesa, a su análisis y a la conclusión a que llevó el año 1851: se avecina la destrucción de la máquina del Estado burgués.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y cuando estalló el movimiento revolucionario de masas del proletariado, Marx, a pesar del revés sufrido por este movimiento, a pesar de su fugacidad y de su patente&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
debilidad, se puso a estudiar qué formas había revelado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La Comuna es la forma, &amp;quot;descubierta, al fin&amp;quot;, por la revolución proletaria, bajo la cual puede lograrse la emancipación económica del trabajo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La Comuna es el primer intento de la revolución proletaria de destruir la máquina del Estado burgués, y la forma política, &amp;quot;descubierta, al fin&amp;quot;, que puede y debe sustituir&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a lo destruido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Más adelante, en el curso de nuestra exposición, veremos que las revoluciones rusas de 1905 y 1917 prosiguen, en otras circunstancias, bajo condiciones diferentes, la obra de la Comuna, y confirman el genial análisis histórico de Marx.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Continuación. Acclaraciones Complementarias de Engels ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== &amp;quot;La Cuestión de la Vivienda&amp;quot; ===&lt;br /&gt;
En su obra sobre la cuestión de la vivienda (1872), Engels pone ya a contribución la experiencia de la Comuna, deteniéndose varias veces en las tareas de la revolución&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
respecto al Estado. Es interesante ver cómo, sobre un tema concreto, se ponen de relieve, de una parte, los rasgos de coincidencia entre el Estado proletario y el Estado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
actual -- rasgos que nos dan la base para hablar de Estado en ambos casos --, y, de otra parte, los rasgos de diferencia o la transición hacia la destrucción del Estado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;¿Cómo, pues, resolver la cuestión de la vivienda? En la sociedad actual, exactamente lo mismo que otra cuestión social cualquiera: por la nivelación económica gradual de la oferta y la demanda, solución que reproduce constantemente la cuestión y que, por tanto, no es tal solución. La forma en que una revolución social resolvería esta cuestión no depende solamente de las circunstancias de tiempo y lugar, sino que, además, se relaciona con cuestiones de gran alcance, entre las cuales figura, como&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
una de las más esenciales, la supresión del contraste entre la ciudad y el campo. Como nosotros no nos ocupamos en construir ningún sistema utópico para la organización de la sociedad del futuro, sería más que ocioso detenerse en esto. Lo cierto, sin embargo, es que ya hoy existen en las grandes ciudades edificios suficientes para remediar en seguida, si se les diese un empleo racional, toda verdadera &#039;escasez de vivienda&#039;: Esto sólo puede lograrse, naturalmente, expropiando a los actuales poseedores y alojando en sus casas a los obreros que carecen de vivienda o a los que viven hacinados en la suya. Y tan pronto como el proletariado conquiste el Poder político, esta medida, impuesta por los intereses del bien público, será de tan fácil ejecución como lo son hoy las otras expropiaciones y las requisas de viviendas que lleva a cabo el Estado actual&amp;quot; (página 22 de la edición alemana de 1887).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí Engels no analiza el cambio de forma del Poder estatal, sino sólo el contenido de sus actividades. La expropiación y la requisa de viviendas son efectuadas también&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por orden del Estado actual. Desde el punto de vista formal, también el Estado proletario &amp;quot;ordenará&amp;quot; requisar viviendas y expropiar edificios. Pero es evidente que el&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
antiguo aparato ejecutivo, la burocracia, vinculada con la burguesía, sería sencillamente inservible para llevar a la práctica las órdenes del Estado proletario.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;. . . Hay que hacer constar que la &#039;apropiación efectiva&#039; de todos los instrumentos de trabajo, la ocupación de toda la industria por el pueblo trabajador, es precisamente&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lo contrario del &#039;rescate&#039; proudhoniano. En éste, es cada obrero el que pasa a ser propietario de su vivienda, de su campo, de su instrumento de trabajo; en la primera,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en cambio, es el &#039;pueblo trabajador&#039; el que pasa a ser propietario colectivo de los edificios, de las fábricas y de los instrumentos de trabajo, y es poco probable que su&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
disfrute se conceda, sin indemnización de los gastos, a los individuos o a las sociedades, por lo menos durante el período de transición. Exactamente lo mismo que&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la abolición de la propiedad territorial no implica la abolición de la renta del suelo, sino su transferencia a la sociedad, aunque sea con ciertas modificaciones. La apropiación efectiva de todos los instrumentos de trabajo por el pueblo trabajador no excluye, por tanto, en modo alguno, la conservación de los alquileres y arrendamientos&amp;quot; (ídem, pág. 68).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La cuestión esbozada en este pasaje, a saber: la cuestión de las bases económicas de la extinción del Estado, será examinada por nosotros en el capítulo siguiente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Engels se expresa con extremada cautela, diciendo que &amp;quot;es poco probable&amp;quot; que el Estado proletario conceda gratis las viviendas, &amp;quot;por lo menos durante el período de&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
transición&amp;quot;. El arrendamiento de viviendas de propiedad de todo el pueblo a distintas familias mediante un alquiler supone el cobro de estos alquileres, un cierto control y&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
una determinada regulación para el reparto de las viviendas. Todo esto exige una cierta forma de Estado, pero no reclama en modo alguno un aparato militar y&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
burocrático especial, con funcionarios que disfruten de una situación privilegiada. La transición a un estado de cosas en que sea posible asignar las viviendas gratuitamente se halla vinculada a la &amp;quot;extinción&amp;quot; completa del Estado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando de cómo los blanquistas, después de la Comuna y bajo la acción de su experiencia, se pasaron al campo de los principios marxistas, Engels formula de&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pasada esta posición en los términos siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;. . . Necesidad de la acción política del proletariado y de su dictadura, como paso hacia la supresión de las clases y, con ellas, del Estado. . .&amp;quot; (pág. 55).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Algunos aficionados a la crítica literal o ciertos &amp;quot;exterminadores&amp;quot; burgueses del marxismo encontrarán quizá una contradicción entre este reconocimiento de la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;supresión del Estado&amp;quot; y la negación de semejante fórmula, por anarquista, en el pasaje del &amp;quot;Anti-Dühring&amp;quot; citado más arriba. No tendría nada de extraño que los&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
oportunistas clasificasen también a Engels entre los &amp;quot;anarquistas&amp;quot;, ya que hoy se va generalizando cada vez más entre los socialchovinistas la tendencia de acusar a los&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
internacionalistas de anarquismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Que a la par con la supresión de las clases se producirá también la supresión del Estado, lo ha sostenido siempre el marxismo. El tan conocido pasaje del &amp;quot;Anti-Dühring&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
acerca de la &amp;quot;extinción del Estado&amp;quot; no acusa a los anarquistas simplemente de abogar por la supresión del Estado, sino de predicar la posibilidad de suprimir el Estado &amp;quot;de la noche a la mañana&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como la doctrina &amp;quot;socialdemócrata&amp;quot; hoy imperante ha tergiversado completamente la actitud del marxismo ante el anarquismo en lo tocante a la cuestión de la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
destrucción del Estado, será muy útil recordar aquí una polémica de Marx y Engels con los anarquistas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Polémica con los Anarquistas ===&lt;br /&gt;
Esta polémica tuvo lugar en el año 1873. Marx y Engels escribieron para un almanaque socialista italiano unos artículos contra los proudhonianos, &amp;quot;autonomistas&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
o &amp;quot;antiautoritarios&amp;quot;, artículos que no fueron publicados en traducción alemana hasta 1913, en la revista &amp;quot;Neue Zeit&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;Si la lucha política de la clase obrera -- escribió Marx, ridiculizando a los anarquistas y su negación de la política -- asume formas revolucionarias, si los obreros&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sustituyen la dictadura de la clase burguesa con su dictadura revolucionaria, cometen un terrible delito de leso principio, porque para satisfacer sus míseras necesidades&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
materiales de cada día, para vencer la resistencia de la burguesía, dan al Estado una forma revolucionaria y transitoria en vez de deponer las armas y abolirlo. . .&amp;quot; (&amp;quot;Neue&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Zeit&amp;quot;, 1913-1914, año 32, t. I, pág. 40).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡He ahí contra qué &amp;quot;abolición&amp;quot; del Estado se manifestaba, exclusivamente, Marx, al refutar a los anarquistas! No era, ni mucho menos, contra el hecho de que el Estado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
desaparezca con la desaparición de las clases o sea suprimido al suprimirse éstas, sino contra el hecho de que los obreros renuncien al empleo de las armas, a la violencia organizada, es decir, al Estado, llamado a servir para &amp;quot;vencer la resistencia de la burguesía&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Marx subraya intencionadamente -- para que no se tergiverse el verdadero sentido de su lucha contra el anarquismo -- la &amp;quot;forma revolucionaria y transitoria &amp;quot; del Estado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que el proletariado necesita. El proletariado sólo necesita el Estado temporalmente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nosotros no discrepamos en modo alguno de los anarquistas en cuanto al problema de la abolición del Estado, como meta final. Lo que afirmamos es que, para alcanzar esta meta, es necesario el empleo temporal de las armas, de los medios, de los métodos del Poder del Estado contra los explotadores, como para destruir las clases es&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
necesaria la dictadura temporal de la clase oprimida. Marx elige contra los anarquistas el planteamiento más tajante y más claro del problema: después de derrocar el yugo de los capitalistas, ¿deberán los obreros &amp;quot;deponer las armas&amp;quot; o emplearlas contra los capitalistas para vencer su resistencia? Y el empleo sistemático de las armas por una clase contra otra clase, ¿qué es sino una &amp;quot;forma transitoria&amp;quot; de Estado?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Que cada socialdemócrata se pregunte si es así como él ha planteado la cuestión del Estado en su polémica con los anarquistas, si es así como ha planteado esta cuestión la inmensa mayoría de los partidos socialistas oficiales de la II Internacional.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Engels expone estos pensamientos de un modo todavía más detallado y más popular. Ridiculiza, ante todo, el embrollo de pensamientos de los proudhonianos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quienes se llamaban &amp;quot;antiautoritarios&amp;quot;, es decir, negaban toda autoridad, toda subordinación, todo Poder. Tomad una fábrica, un ferrocarril, un barco en alta mar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dice Engels: ¿acaso no es evidente que sin una cierta subordinación y, por consiguiente, sin una cierta autoridad o Poder será imposible el funcionamiento de&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ninguna de estas complicadas empresas técnicas, basadas en el empleo de máquinas y en la cooperación de muchas personas con arreglo a un plan?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;. . . Cuando opongo parecidos argumentos a los mas furiosos antiautoritarios -- dice Engels -- no pueden responderme más que esto: ¡Ah! Eso es verdad, pero aquí no&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
se trata de una autoridad de que investimos a nuestros delegados, sino de un encargo determinado &#039;. Esta gente cree poder cambiar la cosa con cambiarle el nombre. . .&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Habiendo puesto así de manifiesto que la autoridad y la autonomía son conceptos relativos, que su radio de aplicación cambia con las distintas fases del desarrollo social, que es absurdo aceptar estos conceptos como algo absoluto, y después de añadir que el campo de la aplicación de las máquinas y de la gran industria se ensancha cada vez más, Engels pasa de las consideraciones generales sobre la autoridad al problema del Estado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;. . . Si los autonomistas -- escribe -- se limitaran a decir que la organización social futura tolerará la autoridad únicamente en los límites fijados inevitablemente por las&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
condiciones de la producción, sería posible entenderse con ellos. Pero se muestran ciegos con referencia a todos los hechos que hacen necesaria la autoridad y luchan&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
apasionadamente contra esta palabra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Por qué los antiautoritarios no se limitan a gritar contra la autoridad política, contra el Estado? Todos los socialistas están de acuerdo en que el Estado y, junto con él, la autoridad política desaparecerán como consecuencia de la futura revolución social, es decir, que las funciones públicas perderán su carácter político y se convertirán en funciones puramente aclministrativas, destinadas a velar por los intereses sociales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero los antiautoritarios exigen que el Estado político sea abolido de un golpe, antes de que sean abolidas las relaciones sociales que han dado origen al mismo: exigen que el primer acto de la revolución social sea la abolición de la autoridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Es que dichos señores han visto alguna vez una revolución? Indudablemente, no hay nada más autoritario que una revolución. La revolución es un acto durante el cual&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
una parte de la población impone su voluntad a la otra mediante los fusiles, las bayonetas, los cañones, esto es, mediante elementos extraordinariamente autoritarios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El partido triunfante se ve obligado a mantener su dominación por medio del temor que dichas armas infunden a los reaccionarios. Si la Comuna de París no se hubiera&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
apoyado en la autoridad del pueblo armado contra la burguesía, ¿habría subsistido más de un día? ¿No tenemos más bien, por el contrario, el derecho de censurar a la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Comuna por no haberse servido suficientemente de dicha autoridad? Así, pues, una de dos: o los antiautoritarios no saben lo que dicen, y en este caso no hacen más que sembrar la confusión, o lo saben y, en este caso, traicionan la causa del proletariado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tanto en uno como en otro caso sirven únicamente a la reacción&amp;quot; (pág. 39).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este pasaje se abordan cuestiones que conviene examinar en conexión con el tema de la correlación entre la política y la economía en el período de extinción del&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estado (tema tratado en el capítulo siguiente). Son cuestiones tales como la de la transformación de las funciones públicas, de funciones políticas en funciones&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
simplemente administrativas, y la del &amp;quot;Estado político&amp;quot;. Esta última expresión, especialmente expuesta a provocar equívocos, apunta al proceso de la extinción del&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estado: al llegar a una cierta fase de su extinción, puede calificarse al Estado moribundo de Estado no político.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También en este pasaje de Engels la parte más notable es el planteamiento de la cuestión contra los anarquistas. Los socialdemócratas que pretenden ser discípulos de&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Engels han discutido millones de veces con los anarquistas desde 1873, pero han discutido precisamente n o como pueden y deben discutir los marxistas. El concepto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
anarquista de la abolición del Estado es confuso y no revolucionario : así es como plantea la cuestión Engels. En efecto, los anarquistas no quieren ver la revolución en&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
su nacimiento y en su des arrollo, en sus tareas específicas con relación a la violencia, a la autoridad, al Poder y al Estado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La crítica corriente del anarquismo en los socialdemócratas de nuestros días ha degenerado en la más pura vulgaridad pequeñoburguesa: &amp;quot;¡nosotros reconocemos el&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estado; los anarquistas, no!&amp;quot; Se comprende que semejante vulgaridad tenga por fuerza que repugnar a obreros un poco reflexivos y revolucionarios. Engels se expresa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de otro modo: subraya que todos los socialistas reconocen la desaparición del Estado como consecuencia de la revolución socialista. Luego, plantea concretamente el&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
problema de la revolución, precisamente el problema que los socialdemócratas suelen soslayar en su oportunismo, cediendo, por decirlo así, la exclusiva de su &amp;quot;estudio&amp;quot; a los anarquistas, y, al plantear este problema, Engels agarra al toro por los cuernos: ¿no hubiera debido la Comuna emplear más abundantemente el Poder revolucionario del Estado, es decir, del proletariado armado, organizado como clase dominante?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por lo general, la socialdemocracia oficial imperante elude la cuestión de las tareas concretas del proletariado en la revolución, bien con simples burlas de filisteo, bien, en el mejor de los casos, con la frase sofística evasiva de &amp;quot;¡ya veremos!&amp;quot; Y los anarquistas tenían derecho a decir de esta socialdemocracia que traicionaba su misión de educar revolucionariamente a los obreros. Engels se vale de la experiencia de la última revolución proletaria, precisamente, para estudiar del modo más concreto qué es lo que debe hacer el proletariado y cómo, tanto con relación a los Bancos como en lo que respecta al Estado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Una Carta a Bebel ===&lt;br /&gt;
Uno de los pasajes más notables, si no el más notable de las obras de Marx y Engels respecto a la cuestión del Estado, es el siguiente, de una carta de Engels a Bebel de 18-28 de marzo de 1875. Carta que -- dicho entre paréntesis -- fue publicada por vez primera, que nosotros sepamos, por Bebel en el segundo tomo de sus memorias (&amp;quot;De mi vida&amp;quot;), que vieron la luz en 1911, es decir, 36 años después de escrita y enviada aquella carta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Engels escribió a Bebel criticando aquel mismo proyecto de programa de Gotha, que Marx criticó en su célebre carta a Bracke. Y, por lo que se refiere especialmente a la cuestión del Estado, le decía lo siguiente:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;El Estado popular libre se ha convertido en el Estado libre. Gramaticalmente hablando, un Estado libre es un Estado que es libre respecto a sus ciudadanos, es&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
decir, un Estado con un gobierno despótico. Habría que abandonar toda esa charlatanería acerca del Estado, sobre todo después de la Comuna, que no era ya un&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estado en el verdadero sentido de la palabra. Los anarquistas nos han echado en cara más de la cuenta eso del &#039;Estado popular&#039;, a pesar de que ya la obra de Marx contra Proudhon y luego el &#039;Manifiesto Comunista&#039; dicen expresamente que, con la implantación del régimen social socialista, el Estado se disolverá por sí mismo [sich&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
auflöst ] y desaparecerá. Siendo el Estado una institución meramente transitoria, que se utiliza en la lucha, en la revolución, para someter por la violencia a sus adversarios, es un absurdo hablar de un Estado libre del pueblo: mientras el proletariado necesite todavía del Estado, no lo necesitará en interés de la libertad, sino para someter a sus adversarios, y tan pronto como pueda hablarse de libertad, el Estado como tal dejará de existir. Por eso nosotros propondríamos decir siempre, en vez de la palabra Estado, la palabra &#039;Comunidad&#039; [Gemeinwesen ], una buena y antigua palabra alemana que equivale a la palabra francesa &#039;Commune&#039;&amp;quot; (pág. 322 del texto alemán).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hay que tener en cuenta que esta carta se refiere al programa del Partido, criticado por Marx en una carta escrita solamente varias semanas después de aquélla (carta de Marx de 5 de mayo de 1875), y que Engels vivía por aquel entonces en Londres, con Marx. Por eso, al decir en las últimas líneas de la carta &amp;quot;nosotros&amp;quot;, Engels,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
indudablemente, en su nombre y en el de Marx propone al jefe del Partido obrero alemán borrar del programa la palabra &amp;quot;Estado&amp;quot; y sustituirla por la palabra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;Comunidad &amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡Qué bramidos sobre &amp;quot;anarquismo&amp;quot; lanzarían los cabecillas del &amp;quot;marxismo&amp;quot; de hoy, un &amp;quot;marxismo&amp;quot; falsificado para uso de oportunistas, si se les propusiese semejante&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
corrección en su programa!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Que bramen cuanto quieran. La burguesía les elogiará por ello.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero nosotros continuaremos nuestra obra. Cuando revisemos el programa de nuestro Partido, deberemos tomar en consideración, sin falta, el consejo de Engels y&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Marx, para acercarnos más a la verdad, para restaurar el marxismo, purificándolo de tergiversaciones, para orientar más certeramente la lucha de la clase obrera por su&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
liberación. Entre los bolcheviques no habrá, probablemente, quien se oponga al consejo de Engels y Marx. La dificultad estará solamente, si acaso, en el término. En&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
alemán, hay dos palabras para expresar la idea de &amp;quot;comunidad&amp;quot;, de las cuales Engels eligió la que no indica una comunidad por separado, sino el conjunto de ellas, el&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sistema de comunas. En ruso, no existe una palabra semejante, y tal vez tendremos que emplear la palabra francesa &amp;quot;commune&amp;quot;, aunque esto tenga también sus&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
inconvenientes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;La Comuna no era ya un Estado en el verdadero sentido de la palabra&amp;quot;: he aquí la afirmación más importante de Engels, desde el punto de vista teórico. Después de lo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que dejamos expuesto más arriba, esta afirmación es absolutamente lógica. La Comuna había dejado de ser un Estado, toda vez que su papel no era reprimir a la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mayoría de la población, sino a la minoría (a los explotadores); había roto la máquina del Estado burgués; en vez de una fuerza especial para la represión, entró en escena la población misma. Todo esto era renunciar al Estado en su sentido estricto. Y si la Comuna se hubiera consolidado, habrían ido &amp;quot;extinguiéndose&amp;quot; en ella por sí mismas las huellas del Estado, no habría sido necesario &amp;quot;suprimir&amp;quot; sus instituciones: éstas habrían dejado de funcionar a medida que no tuviesen nada que hacer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;Los anarquistas nos han echado en cara más de la cuenta eso del &#039;Estado popular&#039;&amp;quot;. Al decir esto, Engels se refiere, principalmente, a Bakunin y a sus ataques&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
contra los socialdemócratas alemanes. Engels reconoce que estos ataques son justos en tanto en cuanto el &amp;quot;Estado popular&amp;quot; es un absurdo y un concepto tan divergente del socialismo como lo es el &amp;quot;Estado popular libre&amp;quot;. Engels se esfuerza en corregir la lucha de los socialdemócratas alemanes contra los anarquistas, en hacer de esta lucha una lucha ajustada a los principios, en depurar esta lucha de los prejuicios oportunistas relativos al &amp;quot;Estado&amp;quot;. ¡Trabajo perdido! La carta de Engels se pasó 36 años en el fondo de un cajón. Y más abajo veremos que, aun después de publicada esta carta, Kautsky sigue repitiendo tenazmente, en el fondo, los mismos errores contra los que precavía Engels.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Bebel contestó a Engels el 21 de septimbre de 1875, en una carta en la que escribía, entre otras cosas, que estaba &amp;quot;completamente de acuerdo&amp;quot; con sus juicios&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
acerca del proyecto de programa y que había reprochado a Liebknecht su transigencia (pág. 334 de la edición alemana de las memorias de Bebel, tomo II). Pero si abrimos el folleto de Bebel titulado &amp;quot;Nuestros objetivos&amp;quot;, nos encontramos en él con consideraciones absolutamente falsas acerca del Estado:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;El Estado debe convertirse de un Estado basado en la dominación de clase en un Estado popular &amp;quot; (&amp;quot;Nuestros objetivos&amp;quot;, edición alemana de 1886, pág. 14).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡Así aparece impreso en la novena (¡novena!) edición del folleto de Bebel! No es de extrañar que esta repetición tan obstinada de los juicios oportunistas sobre el Estado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
haya sido asimilada por la socialdemocracia alemana, sobre todo cuando las explicaciones revolucionarias de Engels se mantenían ocultas y las circunstancias todas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de la vida diaria la habían &amp;quot;desacostumbrado&amp;quot; para mucho tiempo de la acción revolucionaria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Crítica del Proyecio del Programa de Erfurt ===&lt;br /&gt;
La crítica del proyecto del programa de Erfurt, enviada por Engels a Kautsky el 29 de junio de 1891 y publicada sólo después de pasados diez años en la revista &amp;quot;Neue&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Zeit&amp;quot;, no puede pasarse por alto en un análisis de la doctrina del marxismo sobre el Estado, pues este documento se consagra de modo principal a criticar precisamente las concepciones oportunistas de la socialdemocracia en la cuestión de la organización del Estado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Señalaremos de paso que Engels hace también, en punto a los problemas económicos, una indicación importantísima, que demuestra cuán atentamente y con&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
qué profundidad seguía los cambios que se iban produciendo en el capitalismo moderno y cómo ello le permitía prever hasta cierto punto las tareas de nuestra época,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de la época imperialista. He aquí la indicación a que nos referimos: a propósito de las palabras &amp;quot;falta de planificación&amp;quot; (Planlosigkeit ), empleadas en el proyecto de programa para caracterizar al capitalismo, Engels escribe:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;Si pasamos de las sociedades anónimas a los trusts, que dominan y monopolizan ramas industriales enteras, vemos que aquí terminan no sólo la producción privada,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sino también la falta de planificación&amp;quot; (&amp;quot;Neue Zeit&amp;quot;, año 20, t. I, 1901-1902, pág. 8).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En estas palabras se destaca lo más fundamental en la valoración teórica del capitalismo moderno, es decir, del imperialismo, a saber: que el capitalismo se&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
convierte en un capitalismo monopolista. Conviene subrayar esto, pues el error más generalizado está en la afirmación reformista-burguesa de que el capitalismo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
monopolista o monopolista de Estado no es ya capitalismo, puede llamarse ya &amp;quot;socialismo de Estado&amp;quot;, y otras cosas por el estilo. Naturalmente, los trusts no&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
entrañan, no han entrañado hasta hoy ni pueden entrañar una completa sujeción a planes. Pero en tanto trazan planes, en tanto los magnates del capital calculan de&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
antemano el volumen de la producción en un plano nacional o incluso en un plano internacional, en tanto regulan la producción con arreglo a planes, seguimos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
moviéndonos, a pesar de todo, dentro del capitalismo, aunque en una nueva fase suya, pero que no deja, indudablemente, de ser capitalismo. La &amp;quot;proximidad&amp;quot; de tal&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
capitalismo al socialismo debe ser, para los verdaderos representantes del proletariado, un argumento a favor de la cercanía, de la facilidad, de la viabilidad y de&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la urgencia de la revolución socialista, pero no, en modo alguno, un argumento para mantener una actitud de tolerancia ante los que niegan esta revolución y ante los que&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
encubren las lacras del capitalismo, como hacen todos los reformistas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero volvamos a la cuestión del Estado. De tres clases son las indicaciones especialmente valiosas que hace aquí Engels: en primer lugar, las que se refieren a la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cuestión de la República; en segundo lugar, las que afectan a las relaciones entre la cuestión nacional y la estructura del Estado; en tercer lugar, las que se refieren al&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
régimen de autonomía local.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por lo que se refiere a la República, Engels hacía de esto el centro de gravedad de su crítica del proyecto del programa de Erfurt. Y, si tenemos en cuenta la significación&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
adquirida por el programa de Erfurt en toda la socialdemocracia internacional y cómo este programa se convirtió en modelo para toda la II Internacional, podremos decir sin exageración que Engels critica aquí el oportunismo de toda la II Internacional.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;Las reivindicaciones políticas del proyecto -- escribe Engels -- adolecen de un gran defecto. No se contiene en él [subrayado por Engels] lo que en realidad se debía haber dicho&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y más adelante se aclara que la Constitución alemana está, en rigor, calcada sobre la Constitución más reaccionaria de 18so; que el Reichstag no es, según la expresión de Guillermo Liebknecht, más que la &amp;quot;hoja de parra del absolutismo&amp;quot;, y que el pretender llevar a cabo la &amp;quot;transformación de todos los instrumentos de trabajo en propiedad común&amp;quot; a base de una Constitución en la que son legalizados los pequeños Estados y la federación de los pequeños Estados alemanes, es un &amp;quot;absurdo evidente&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;Tocar esto es peligroso&amp;quot;, añade Engels, que sabe perfectamente que en Alemania no se puede incluir legalmente en el programa la reivindicación de la República. No&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
obstante, Engels no se contenta sencillamente con esta evidente consideración, que satisface a &amp;quot;todos&amp;quot;. Engels prosigue: &amp;quot;Y, sin embargo, no hay más remedio que&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
abordar la cosa de un modo o de otro. Hasta qué punto es esto necesario, lo demuestra el oportunismo, que está difundiéndose [einreissende ] precisamente ahora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en una gran parte de la prensa socialdemócrata. Por miedo a que se renueve la ley contra los socialistas, o por el recuerdo de diversas manifestaciones hechas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
prematuramente bajo el imperio de aquella ley, se quiere que el Partido reconozca ahora que el orden legal vigente en Alemania es suficiente para realizar todas las&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
reivindicaciones de aquél por la vía pacífica. . .&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Engels destaca en primer plano el hecho fundamental de que los socialdemócratas alemanes obraban por miedo a que se renovase la ley de excepción, y califica esto, sin rodeos, de oportunismo, declarando como completamente absurdos los sueños acerca de una vía &amp;quot;pacífica&amp;quot;, precisamente por no existir en Alemania ni República ni&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
libertades. Engels es lo bastante cauto para no atarse las manos. Reconoce que en países con República o con una gran libertad &amp;quot;cabe imaginarse&amp;quot; (¡solamente&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;imaginarse&amp;quot;!) un desarrollo pacífico hacia el socialismo, pero en Alemania, repite:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;. . . En Alemania, donde el gobierno es casi omnipotente y el Reichstag y todas las demás instituciones representativas carecen de poder efectivo, el proclamar en&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Alemania algo semejante, y además sin necesidad alguna, significa quitarle al absolutismo la hoja de parra y colocarse uno mismo a cubrir la desnudez ajena. . .&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y, en efecto, la inmensa mayoría de los jefes oficiales del Partido Socialdemócrata alemán, partido que &amp;quot;archivó&amp;quot; estas indicaciones, resultaron ser encubridores del&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
absolutismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;. . . Semejante política sólo sirve para poner en el camino falso al propio partido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se hace pasar a primer plano las cuestiones políticas generales, abstractas, y de este modo se oculta las cuestiones concretas más inmediatas, aquellas que se ponen por sí mismas al orden del día al surgir los primeros grandes acontecimientos, en la primera crisis política. Y lo único que con esto se consigue es que, al llegar el momento decisivo, el partido se sienta de pronto desconcertado, que reinen en él la confusión y el desacuerdo acerca de las cuestiones decisivas, por no haber discutido nunca estas cuestiones. . .&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este olvido en que se deja las grandes, las fundamentales consideraciones en aras de los intereses momentáneos del día, esto de perseguir éxitos pasajeros y de luchar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por ellos sin fijarse en las consecuencias ulteriores, esto de sacrificar el porvenir del movimiento por su presente, podrá hacerse por motivos &#039;honrados&#039;, pero es y seguirá&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
siendo oportunismo, y el oportunismo &#039;honrado&#039; es quizá el más peligroso de todos. . .&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si hay algo indudable es que nuestro partido y la clase obrera sólo pueden llegar al Poder bajo la forma política de la República democrática. Esta es, incluso, la forma&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
específica para la dictadura del proletariado, como lo ha puesto ya de relieve la gran Revolución francesa. . .&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Engels repite aquí, en una forma especialmente plástica, aquella idea fundamental que va como hilo de engarce a través de todas las obras de Marx, a saber: que la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
República democrática es el acceso más próximo a la dictadura del proletariado. Pues esta República, que no suprime ni mucho menos la dominación del capital ni,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
consiguientemente, la opresión de las masas ni la lucha de clases, lleva inevitablemente a un ensanchamiento, a un despliegue, a una patentización y a una agudización tales de esta lucha, que, tan pronto como surge la posibilidad de satisfacer los intereses vitales de las masas oprimidas, esta posibilidad se realiza, inevitable y exclusivamente, en la dictadura del proletariado, en la dirección de estas masas por el proletariado. Para toda la II Internacional, éstas son también &amp;quot;palabras olvidadas&amp;quot; del marxismo, y este olvido se reveló de un modo extraordinariamente nítido en la historia del partido menchevique durante el primer medio año de la revolución rusa de 1917.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Respecto a la cuestión de la República federativa, en conexión con la composición nacional de la población escribía Engels:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;¿Qué es lo que debe ocupar el puesto de la actual Alemania?&amp;quot; [con su Constitución monárquico-reaccionaria y su sistema igualmente reaccionario de subdivisión en&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pequeños Estados, que eterniza la particularidad del &amp;quot;prusianismo&amp;quot;, en vez de disolverla en una Alemania formando un todo]. &amp;quot;A mi juicio, el proletariado sólo puede&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
emplear la forma de la República única e indivisible. La República federativa es todavía hoy, en conjunto, una necesidad en el territorio gigantesco de los Estados Unidos, si bien en las regiones del Este se ha convertido ya en un obstáculo. Representaría un progreso en Inglaterra, donde cuatro naciones pueblan las dos islas y donde, a pesar de no haber más que un parlamento, coexisten tres sistemas de legislación. En la pequeña Suiza, se ha convertido ya desde hace largo tiempo en un obstáculo, y si allí se puede todavía tolerar la República federativa, es debido únicamente a que Suiza se contenta con ser un miembro puramente pasivo en el sistema de los Estados europeos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para Alemania, un régimen federalista al modo del de Suiza significaría un enorme retroceso. Hay dos puntos que distinguen a un Estado federal de un Estado unitario, a&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
saber: que cada Estado que forma parte de la unión tiene su propia legislación civil y criminal y su propia organización judicial, y que además de cada parlamento particular existe una Cámara federal en la que vota como tal cada cantón, sea grande o pequeño&amp;quot;. En Alemania, el Estado federal es el tránsito hacia un Estado completamente unitario, y la &amp;quot;revolución desde arriba&amp;quot; de 1866 y 1870 no debe ser revocada, sino completada mediante un &amp;quot;movimiento desde abajo&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Engels no sólo no revela indiferencia en cuanto a la cuestión de las formas de Estado, sino que, por el contrario, se esfuerza en analizar con escrupulosidad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
extraordinaria precisa mente las formas de transición, para determinar, con arreglo a las particularidades históricas concretas de cada caso, de qué y hacia qué es transición la forma transitoria de que se trata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Engels, como Marx, defiende, desde el punto de vista del proletariado y de la revolución proletaria, el centralismo democrático, la República única e indivisible.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Considera la República federativa, bien como excepción y como obstáculo para el desarrollo, bien como transición de la monarquía a la República centralista, como un&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;progreso&amp;quot;, en determinadas circunstancias especiales. Y entre estas circunstancias especiales se destaca la cuestión nacional.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Engels como en Marx, a pesar de su crítica implacable del carácter reaccionario de los pequeños Estados y del encubrimiento de este carácter reaccionario por la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cuestión nacional en determinados casos concretos, no se encuentra en ninguna de sus obras ni rastro de tendencia a eludir la cuestión nacional, tendencia de que suelen pecar frecuentemente los marxistas holandeses y polacos al partir de la lucha legítima contra el nacionalismo filisteamente estrecho de &amp;quot;sus&amp;quot; pequeños Estados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hasta en Inglaterra, donde las condiciones geográficas, la comunidad de idioma y la historia de muchos siglos parece que debían haber &amp;quot;liquidado&amp;quot; la cuestión nacional en las distintas pequeñas divisiones territoriales del país; incluso aquí tiene en cuenta Engels el hecho claro de que la cuestión nacional no ha sido superada aún, razón por la cual reconoce que la República federativa representa &amp;quot;un progreso&amp;quot;. Se sobreentiende que en esto no hay ni rastro de renuncia a la crítica de los defectos de la República federativa ni a la propaganda y a la lucha más decidida en pro de la República unitaria, centralista-democrática.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero Engels no concibe en modo alguno el centralismo democrático en el sentido burocrático con que emplean este concepto los ideólogos burgueses y pequeñoburgueses, incluyendo entre éstos a los anarquistas. Para Engels, el centralismo no excluye, ni mucho menos, esa amplia autonomía local que, en la defensa voluntaria de la unidad del Estado por las &amp;quot;comunas&amp;quot; y las regiones, elimina en absoluto todo burocratismo y toda manía de &amp;quot;ordenar&amp;quot; desde arriba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;Así, pues, República unitaria -- escribe Engels, desarrollando las ideas programáticas del marxismo sobre el Estado --, pero no en el sentido de la República francesa actual, que no es más que el imperio sin emperador fundado en 1798. De 1792 a 1798, todo departamento francés, toda comuna [Gemeinde ] poseía completa autonomía, según el modelo norteamericano, y eso es lo que debemos tener también nosotros. Norteamérica y la primera República francesa nos demostraron, y hoy Canadá, Australia y otras colonias inglesas nos lo demuestran aún, cómo hay que organizar la autonomía y cómo se puede prescindir de la burocracia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esta autonomía provincial y municipal es mucho más libre que, por ejemplo, el federalismo suizo, donde el cantón goza, ciertamente, de gran independencia respecto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a la federación [es decir, respecto al Estado federativo en conjunto], pero también respecto al distrito y al municipio. Los gobiernos cantonales nombran jefes de policía&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de distrito y prefectos, cosa absolutamente desconocida en los países de habla inglesa y a lo que en el futuro también nosotros debemos oponernos decididamente, así como a los consejeros provinciales y gubernamentales prusianos&amp;quot; [los comisarios, los jefes de policía, los gobernadores, y en general, todos los funcionarios nombrados desde arriba].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De acuerdo con esto, Engels propone que el punto del programa sobre la autonomía se formule del modo siguiente:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;Completa autonomía para la provincia, distrito y municipio con funcionarios elegidos por sufragio universal. Supresión de todas las autoridades locales y provinciales nombradas por el Estado&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En &amp;quot;Pravda&amp;quot;, suspendida por el gobierno de Kerenski y otros ministros &amp;quot;socialistas&amp;quot; (núm. 68, del 28 de mayo de 1917), hube de señalar ya cómo, en este punto -- bien&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
entendido que no es, ni mucho menos, solamente en éste --, nuestros representantes seudosocialistas de una seudodemocracia seudorrevolucionaria se han desviado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
escandalosamente del democratismo. Se comprende que hombres que se han vinculado por una &amp;quot;coalición&amp;quot; a la burguesía imperialista hayan permanecido sordos a&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
estas indicaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es sobremanera importante señalar que Engels, con hechos a la vista, basándose en los ejemplos más precisos, refuta el prejuicio extraordinariamente extendido, sobre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
todo en la democracia pequeñoburguesa, de que la República federativa implica incuestionablemente mayor libertad que la República centralista. Esto es falso. Los&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hechos citados por Engels con referencia a la República centralista francesa de 1792 a 1798 y a la República federativa suiza desmienten este prejuicio. La República&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
centralista realmente democrática dio mayor libertad que la República federativa. O dicho en otros términos: la mayor libertad local, provincial, etc., que se conoce en la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
historia la ha dado la República centralista y no la República federativa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra propaganda y agitación de partido no ha consagrado ni consagra suficiente atención a este hecho, ni en general a toda la cuestión de la República federativa y&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
centralista y a la de la autonomía local.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Prólogo de 1891 a &amp;quot;La Guerra Civil&amp;quot; de Marx ===&lt;br /&gt;
En el prólogo a la tercera edición de &amp;quot;La guerra civil en Francia&amp;quot; -- este prólogo lleva la fecha de 18 de marzo de 1891 y fue publicado por vez primera en la revista &amp;quot;Neue&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Zeit&amp;quot; --, Engels, a la par que hace de paso algunas interesantes observaciones acerca de cuestiones relacionadas con la actitud hacia el Estado, traza, con notable relieve, un resumen de las enseñanzas de la Comuna. Este resumen, enriquecido por toda la experiencia del período de veinte años que separaba a su autor de la Comuna y dirigido especialmente contra la &amp;quot;fe supersticiosa en el Estado&amp;quot;, tan difundida en Alemania, puede ser llamado con justicia la última palabra del marxismo respecto a la cuestión que estamos examinando.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;En Francia -- señala Engels --, los obreros, después de cada revolución, estaban armados&amp;quot;; &amp;quot;por eso el desarme de los obreros era el primer mandamiento de los&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
burgueses que se hallaban al frente del Estado. De aquí el que, después de cada revolución ganada por los obreros, se llevara a cabo una nueva lucha que acababa con&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la derrota de estos. . .&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El balance de la experiencia de las revoluciones burguesas es tan corto como expresivo. El quid de la cuestión entre otras cosas también en lo que afecta a la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cuestión del Estado (¿tiene la clase oprimida armas? ), aparece enfocado aquí de un modo admirable. Este quid de la cuestión es precisamente el que eluden con mayor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
frecuencia lo mismo los profesores influidos por la ideología burguesa que los demócratas pequeñoburgueses. En la revolución rusa de 1917, correspondió al &amp;quot;menchevique&amp;quot; y &amp;quot;también marxista&amp;quot; Tsereteli el honor (un honor a lo Cavaignac) de descubrir este secreto de las revoluciones burguesas. En su discurso &amp;quot;histórico&amp;quot; del 11 de junio, a Tsereteli se le escapó el secreto de la decisión de la burguesia de desarmar a los obreros de Petrogrado, presentando, naturalmente, esta decisión ¡como suya y como necesidad &amp;quot;del Estado&amp;quot; en general!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El histórico discurso de Tsereteli del 11 de junio será, naturalmente, para todo historiador de la revolución de 1917, una de las pruebas más palpables de cómo el bloque de socialrevolucionarios y mencheviques, acaudillado por el señor Tsereteli, se pasó al lado de la burguesía contra el proletariado revolucionario.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra de las observaciones incidentales de Engels, relacionada también con la cuestión del Estado, se refiere a la religión. Es sabido que la socialdemocracia alemana, a medida que se hundía en la charca, haciéndose más y más oportunista, derivaba cada vez con mayor frecuencia a una torcida interpretación filistea de la célebre fórmula que declara la religión &amp;quot;asunto de incumbencia privada&amp;quot;. En efecto, esta fórmula se interpretaba como si la cuestión de la religión fuese un asunto de incumbencia privada ¡¡también para el Partido del proletariado revolucionario!! Contra esta traición completa al programa revolucionario del proletariado se levantó Engels, que en 1891 sólo podía observar los gérmenes más tenues de oportunismo en su Partido, y que, por tanto, se expresaba con la mayor cautela:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;Como los miembros de la Comuna eran todos, casi sin excepción, obreros o representantes reconocidos de Ios obreros, sus acuerdos se distinguían por un carácter marcadamente proletario. Una parte de sus decretos eran reformas que la burguesía republicana no se había atrevido a implantar por vil cobardía y que echaban los&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cimientos indispensables para la libre acción de la clase obrera, como, por ejemplo, la implantación del principio de que, con respecto al Estado, la religión es un asunto de incumbencia puramente privada; otros iban encaminados a salvaguardar directamente los intereses de la clase obrera, y en parte socavaban profundamente el viejo orden social. . .&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Engels subraya intencionadamente las palabras &amp;quot;con respecto al Estado&amp;quot;, asestando con ello un golpe certero al oportunismo alemán, que declaraba la religión un asunto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de incumbencia privada con respecto al Partido y con ello rebajaba el Partido del proletariado revolucionario al nivel del más vulgar filisteísmo &amp;quot;librepensador&amp;quot;,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dispuesto a tolerar el aconfesionalismo, pero que renuncia a la tarea del Partido de luchar contra el opio religioso que embrutece al pueblo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El futuro historiador de la socialdemocracia alemana, al investigar las raíces de su vergonzosa bancarrota en 1914, encontrará no pocos materiales interesantes sobre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
esta cuestión, comenzando por las evasivas declaraciones que se contienen en los artículos del jefe ideológico del Partido, Kautsky, en las que se abre de par en par las&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
puertas al oportunismo, y acabando por la actitud del Partido ante el &amp;quot;Los-von-der- Kirche-Bewegung&amp;quot; (movimiento en pro de la separación de los particulares de la Iglesia), en 1913.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero volvamos a cómo Engels, veinte años después de la Comuna, resumió sus enseñanzas para el proletariado militante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
He aquí las enseñanzas que Engels destaca en primer plano:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;. . . Precisamente la fuerza opresora del antiguo gobierno centralista: el ejército, la policía política y la burocracia, que Napoleón había creado en 1798 y que desde&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
entonces había sido heredada por todos los nuevos gobiernos como un instrumento grato, empleándolo contra sus enemigos; precisamente esta fuerza debía ser&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
derrumbada en toda Francia, como había sido derrumbada ya en París.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La Comuna tuvo que reconocer desde el primer momento que la clase obrera, al llegar al Poder, no puede seguir gobernando con la vieja máquina del Estado; que,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para no perder de nuevo su dominación recién conquistada, la clase obrera tiene, de una parte, que barrer toda la vieja máquina represiva utilizada hasta entonces contra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ella, y, de otra parte, precaverse contra sus propios diputados y funcionarios, declarándolos a todos, sin excepción revocables en cualquier momento. . .&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Engels subraya una y otra vez que no sólo bajo la monarquía, sino también bajo la República democrática, el Estado sigue siendo Estado, es decir, conserva su rasgo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
característico fundamental: convertir a sus funcionarios, &amp;quot;servidores de la sociedad&amp;quot;, órganos de ella, en señores situados por encima de ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;. . . Contra esta transformación del Estado y de los órganos del Estado de servidores de la sociedad en señores situados por encima de la sociedad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
transformación inevitable en todos los Estados anteriores, empleó la Comuna dos remedios infalibles. En primer lugar, cubrió todos los cargos administrativos, judiciales&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y de enseñanza por elección, mediante sufragio universal, concediendo a los electores el derecho a revocar en todo momento a sus elegidos. En segundo lugar, todos los&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
funcionarios, altos y bajos, sólo estaban retribuidos como los demás obreros. El sueldo máximo abonado por la Comuna no excedía de 6.000 francos. Con este sistema se ponía una barrera eficaz al arribismo y la caza de cargos, y esto aun sin contar los mandatos imperativos que introdujo la Comuna para los diputados a los organismos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
representativos. . .&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Engels llega aquí a este interesante límite en que la democracia consecuente se transforma, de una parte, en socialismo y, de otra parte, reclama el socialismo, pues&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para destruir el Estado es necesario transformar las funciones de la administración del Estado en operaciones de control y registro tan sencillas, que sean accesibles a la inmensa mayoría de la población, primero, y a toda la población, sin distinción, después. Y la supresión completa del arribismo exige que los cargos &amp;quot;honoríficos&amp;quot; del&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estado, aunque sean sin ingresos, n o puedan servir de trampolín para pasar a puestos altamente retribuidos en los Bancos y en las sociedades anónimas, como&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ocurre constantemente hoy hasta en los países capitalistas más libres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero Engels no incurre en el error en que incurren, por ejemplo, algunos marxistas en lo tocante a la cuestión del derecho de las naciones a la autodeterminación,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
creyendo que bajo el capitalismo este derecho es imposible, y, bajo el socialismo, superfluo. Semejante argumentación, que quiere pasar por ingeniosa, pero que en&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
realidad es falsa, podría repetirse a propósito de cualquier institución democrática, y a propósito también de los sueldos modestos de los funcionarios, pues un democratismo llevado hasta sus últimas consecuencias es imposible bajo el capitalismo, y, bajo el socialismo, toda democracia se extingue.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto es un sofisma parecido a aquel viejo chiste de si una persona comienza a quedarse calva cuando se le cae un pelo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El desarrollo de la democracia hasta sus últimas consecuencias, la indagación de las formas de este desarrollo, su comprobación en la práctica, etc.: todo esto forma parte integrante de las tareas de la lucha por la revolución social. Por separado, ningún democratismo da como resultante el socialismo, pero, en la práctica, el democratismo no se toma nunca &amp;quot;por separado&amp;quot;, sino que se toma siempre &amp;quot;en bloque&amp;quot;, influyendo también sobre la economía, acelerando su transformación y cayendo él mismo bajo la influencia del desarrollo económico, etc. Tal es la dialéctica de la historia viva Engels prosigue:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;. . . En el capítulo tercero de &#039;La guerra civil&#039; se describe con todo detalle esta labor encaminada a hacer saltar [Sprengung ] el viejo Poder estatal y sustituirlo por otro&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
nuevo realmente democrático. Sin embargo, era necesario detenerse a examinar aquí brevemente algunos de los rasgos de esta sustitución, por ser precisamente en&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Alemania donde la fe supersticiosa en el Estado se ha trasplantado del campo filosófico a la conciencia general de la burguesía e incluso a la de muchos obreros Según la concepción filosófica, el Estado es la &#039;realización de la idea&#039;, o sea, traducido al lenguaje filosófico, el reino de Dios sobre la tierra, el campo en que se hacen o deben&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hacerse realidad la eterna verdad y la eterna justicia. De aquí nace una veneración supersticiosa del Estado y de todo lo que con él se relaciona, veneración supersticiosa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que va arraigando en las conciencias con tanta mayor facilidad cuanto que la gente se acostumbra ya desde la infancia a pensar que los asuntos e intereses comunes a toda la sociedad no pueden gestionarse ni salvaguardarse de otro modo que como se ha venido haciendo hasta aquí, es decir, por medio del Estado y de sus funcionarios&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
retribuidos con buenos puestos. Y se cree haber dado un paso enormemente audaz con librarse de la fe en la monarquía hereditaria y entusiasmarse por la República&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
democrática. En realidad, el Estado no es más que una máquina para la opresión de una clase por otra, lo mismo en la República democrática que bajo la monarquía; y en el mejor de los casos, un mal que se transmite hereditariamente al proletariado que haya triunfado en su lucha por la dominación de clase. El proletariado victorioso, lo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mismo que lo hizo la Comuna, no podrá por menos de amputar inmediatamente los lados peores de este mal, entretanto que una generación futura, educada en&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
condiciones sociales nuevas y libres, pueda deshacerse de todo ese trasto viejo del Estado&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Engels prevenía a los alemanes para que, en caso de sustitución de la monarquía por la República, no olvidasen los fundamentos del socialismo sobre la cuestión del&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estado en general. Hoy, sus advertencias parecen una lección directa a los señores Tsereteli y Chernov, que en su práctica &amp;quot;coalicionista&amp;quot; ¡revelan una fe supersticiosa en el Estado y una veneración supersticiosa por él!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dos observaciones más. 1) Si Engels dice que bajo la República democrática el Estado sigue siendo, &amp;quot;lo mismo&amp;quot; que bajo la monarquía, &amp;quot;una máquina para la opresión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de una clase por otra&amp;quot;, esto no significa, en modo alguno, que la forma de opresión sea indiferente para el proletariado, como &amp;quot;enseñan&amp;quot; algunos anarquistas. Una forma&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de lucha de clases y de opresión de clase más amplia, más libre, más abierta facilita en proporciones gigantescas la misión del proletariado en la lucha por la destrucción de las clases en general.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
2) La cuestión de por qué solamente una nueva generación estará en condiciones de deshacerse en absoluto de todo este trasto viejo del Estado, es una cuestión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
relacionada con la superación de la democracia, que pasamos a examinar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Engels, Sobre la Superación de la Democracia ===&lt;br /&gt;
Engels se expresó acerca de esto en relación con la cuestión de la inexactitud científica de la denominación de &amp;quot;socialdemócrata&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el prólogo a la edición de sus artículos de la década de 1870 sobre diversos temas, predominantemente de carácter &amp;quot;internacional&amp;quot; [Internationales aus dem&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Volksstaat ], prólogo fechado el 3 de enero de 1894, es decir, escrito año y medio antes de morir Engels, éste escribía que en todos los artículos se emplea la palabra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;comunista&amp;quot; y no la de &amp;quot;socialdemócrata&amp;quot;, pues por aquel entonces socialdemócratas se llamaban los proudhonistas en Francia y los lassalleanos en Alemania.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;. . . Para Marx y para mí -- prosigue Engels -- era, por tanto, sencillamente imposible emplear, para denominar nuestro punto de vista especial, una expresión tan&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
elástica. En la actualidad, la cosa se presenta de otro modo, y esta palabra [&#039;socialdemócrata&#039;] puede, tal vez, pasar [mag passieren ], aunque sigue siendo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
inadecuada [unpassend ] para un partido cuyo programa económico no es un simple programa socialista en general, sino un programa directamente comunista, y cuya&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
meta política final es la superación total del Estado y, por consiguiente, también de la democracia. Pero los nombres de los verdaderos [subrayado por Engels] partidos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
políticos nunca son absolutamente adecuados; el partido se desarrolla y el nombre queda&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El dialéctico Engels, en el ocaso de su existencia, sigue siendo fiel a la dialéctica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Marx y yo -- nos dice -- teníamos un hermoso nombre, un nombre científicamente exacto, para el partido, pero no teníamos un verdadero partido, es decir, un Partido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
proletario de masas. Hoy (a fines del siglo XIX), existe un verdadero partido, pero su nombre es científicamente inexacto. No importa, &amp;quot;puede pasar&amp;quot;: ¡lo importante es que&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el Partido se desarrolle, lo que importa es que el Partido no desconozca la inexactitud científica de su nombre y que éste no le impida desarrollarse en la dirección certera!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tal vez haya algún bromista que quiera consolarnos también a nosotros, los bolcheviques, a la manera de Engels: nosotros tenemos un verdadero partido, que se&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
desarrolla excelentemente; puede &amp;quot;pasar&amp;quot;, por tanto, también una palabra tan sin sentido, tan monstruosa, como la palabra &amp;quot;bolchevique&amp;quot;, que no expresa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
absolutamente nada, fuera de la circunstancia puramente accidental de que en el Congreso de Bruselas-Londres de 1903 tuvimos nosotros la mayoría . . . Tal vez hoy,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en que las persecuciones de julio y de agosto contra nuestro Partido por parte de los republicanos y de la filistea democracia &amp;quot;revolucionaria&amp;quot; han rodeado la palabra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;bolchevique&amp;quot; de honor ante todo el pueblo, y en que, además, esas persecuciones han marcado un progreso tan enorme, un progreso histórico de nuestro Partido en su&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
desarrollo real, tal vez hoy, yo también dudaría, en cuanto a mi propuesta de abril de cambiar el nombre de nuestro Partido. Tal vez propondría a mis camaradas una&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;transacción&amp;quot;: llamarnos Partido Comunista y dejar entre paréntesis la palabra bolchevique. . .&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero la cuestión del nombre del Partido es incomparablemente menos importante que la cuestión de la posición del proletariado revolucionario con respecto al Estado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En las consideraciones corrientes acerca del Estado, se comete constantemente el error contra el que precave aquí Engels y que nosotros hemos señalado de paso en&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
nuestra anterior exposición, a saber: se olvida constantemente que la destrucción del Estado es también la destrucción de la democracia, que la extinción del Estado implica la extinción de la democracia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A primera vista, esta afirmación parece extraordinariamente extraña e incomprensible; tal vez en alguien surja incluso el temor de si esperamos el advenimiento de una organización social en que no se acate el principio de la subordinación de la minoría a la mayoría, ya que la democracia es, precisamente, el reconocimiento de este principio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No. La democracia n o es idéntica a la subordinación de la minoría a la mayoría.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Democracia es el Estado que reconoce la subordinación de la minoría a la mayoría, es decir, una organización llamada a ejercer la violencia sistemática de una clase contra otra, de una parte de la población contra otra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nosotros nos proponemos como meta final la destrucción del Estado, es decir, de toda violencia organizada y sistemática, de toda violencia contra los hombres en&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
general. No esperamos el advenimiento de un orden social en el que no se acate el principio de la subordinación de la minoría a la mayoría. Pero, aspirando al socialismo, estamos persuadidos de que éste se convertirá gradualmente en comunismo, y en relación con esto desaparecerá toda necesidad de violencia sobre los hombres en general, toda necesidad de subordinación de unos hombres a otros, de una parte de la población a otra, pues los hombres se habituarán a observar las reglas elementales de la convivencia social sin violencia y sin subordinación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para subrayar este elemento del hábito es para lo que Engels habla de una nueva generación que, &amp;quot;educada en condiciones sociales nuevas y libres, pueda deshacerse&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de todo este trasto viejo del Estado&amp;quot;, de todo Estado, inclusive el Estado democráticorepublicano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para explicar esto, es necesario analizar la cuestión de las bases económicas de la extinción del Estado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Las Bases Economicas de la Extinción del Estado ==&lt;br /&gt;
La explicación más detallada de esta cuestión nos la da Marx en su &amp;quot;Crítica del Programa de Gotha&amp;quot; (carta a Bracke, de 5 de mayo de 1875, que no fue publicada hasta 1891, en la revista &amp;quot;Neue Zeit&amp;quot;, IX, 1, y de la que se publicó en ruso una edición aparte). La parte polémica de esta notable obra, consistente en la crítica del lassalleanismo, ha dejado en la sombra, por decirlo así, su parte positiva, a saber: su análisis de la conexión existente entre el desarrollo del comunismo y la extinción del Estado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Planteamiento de la Cuestión por Marx ===&lt;br /&gt;
Comparando superficialmente la carta de Marx a Bracke, de 5 de mayo de 1875, con la carta de Engels a Bebel, de 28 de marzo de 1875 examinada más arriba, podría&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
parecer que Marx es mucho más &amp;quot;partidario del Estado&amp;quot; que Engels, y que entre las concepciones de ambos escritores acerca del Estado media una diferencia muy&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
considerable.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Engels aconseja a Bebel lanzar por la borda toda la charlatanería sobre el Estado y borrar completamente del programa la palabra Estado, sustituyéndola por la palabra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;comunidad&amp;quot;. Engels llega incluso a declarar que la Comuna no era ya un Estado, en el sentido estricto de la palabra. En cambio, Marx habla incluso del &amp;quot;Estado futuro de la sociedad comunista&amp;quot;, es decir, reconoce, al parecer, la necesidad del Estado hasta bajo el comunismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero semejante modo de concebir sería radicalmente falso. Examinándolo más atentamente, vemos que las concepciones de Marx y Engels sobre el Estado y su&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
extinción coinciden en absoluto, y que la citada expresión de Marx se refiere precisamente al Estado en extinción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es evidente que no puede hablarse de determinar el momento de la &amp;quot;extinción&amp;quot; futura del Estado, tanto más cuanto que se trata, como es sabido, de un proceso largo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La aparente diferencia entre Marx y Engels se explica por la diferencia de los temas por ellos tratados, de las tareas por ellos perseguidas. Engels se proponía la tarea de&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mostrar a Bebel de un modo palmario y tajante, a grandes rasgos, todo el absurdo de los prejuicios corrientes (compartidos también, en grado considerable, por Lassalle)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
acerca del Estado. Marx sólo toca de paso esta cuestión, interesándose por otro tema: el desarrollo de la sociedad comunista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Toda la teoría de Marx es la aplicación de la teoría del desarrollo — en su forma más consecuente, más completa, más profunda y más rica de contenido — al capitalismo moderno. Era natural que a Marx se le plantease, por tanto, la cuestión de aplicar esta teoría también a la inminente bancarrota del capitalismo y al desarrollo futuro del comunismo futuro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ahora bien, ¿a base de qué datos se puede plantear la cuestión del desarrollo futuro del comunismo futuro?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A base del hecho de que el comunismo procede del capitalismo, se desarrolla históricamente del capitalismo, es el resultado de la acción de una fuerza social&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
engendrada por el capitalismo. En Marx no encontramos ni rastro de intento de construir utopías, de hacer conjeturas en el aire respecto a cosas que no es posible&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
conocer. Marx plantea la cuestión del comunismo como el naturalista plantearía, por ejemplo, la cuestión del desarrollo de una nueva especie biológica, sabiendo que ha&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
surgido de tal y tal modo y se modifica en tal y tal dirección determinada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Marx descarta, ante todo, la confusión que el programa de Gotha siembra en la cuestión de las relaciones entre el Estado y la sociedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;La sociedad actual —escribe Marx — es la sociedad capitalista, que existe en todos los países civilizados, más o menos libre de aditamentos medievales, más o menos modificada por las particularidades del desarrollo histórico de cada país, más o menos desarrollada. Por el contrario, el &#039;Estado actual&#039; cambia con las fronteras de cada país.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el imperio prusiano-alemán es completamente distinto que en Suiza, en Inglaterra es completamente distinto que en los Estados Unidos. El &#039;Estado actual&#039; es, por tanto, una ficción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, pese a su abigarrada diversidad de formas, los diversos Estados de los diversos países civilizados tienen todos algo de común: que reposan sobre el terreno de la sociedad burguesa moderna, más o menos desarrollada en el sentido capitalista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tienen, por tanto, ciertas características esenciales comunes. En este sentido cabe hablar del &#039;Estado actual&#039; por oposición al del porvenir, en el que su raíz de hoy, la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sociedad burguesa, se extinguirá.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y cabe la pregunta: ¿qué transformación sufrirá el Estado en la sociedad comunista?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dicho en otros términos: ¿qué funciones sociales quedarán entonces en pie, análogas a las funciones actuales del Estado? Esta pregunta sólo puede contestarse&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
científicamente, y por mucho que se combine la palabra &#039;pueblo&#039; con la palabra &#039;Estado&#039;, no nos acercaremos lo más mínimo a la solución del problema. . .&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Poniendo en ridículo, como vemos, toda la charlatanería sobre el &amp;quot;Estado del pueblo&amp;quot;, Marx traza el planteamiento del problema y en cierto modo nos advierte que,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para resolverlo científicamente, sólo se puede operar con datos científicos sólidamente establecidos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y lo primero que ha sido establecido con absoluta precisión por toda la teoría de la evolución y por toda la ciencia en general —y lo que olvidaron los utopistas y olvidan&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
los oportunistas de hoy, que temen a la revolución socialista— es el hecho de que, históricamente, tiene que haber, sin ningún género de duda, una fase especial o una&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
etapa especial de transición del capitalismo al comunismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== La Transición del Capitalismo al Comunismo ===&lt;br /&gt;
&amp;quot;. . . Entre la sociedad capitalista y la sociedad comunista — prosigue Marx — media el período de la transformación revolucionaria de la primera en la segunda. A este&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
período corresponde también un período político de transición, y el Estado de este período no puede ser otro que la dictadura revolucionaria del proletariado&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta conclusión de Marx se basa en el análisis del papel que el proletariado desempeña en la sociedad capitalista actual, en los datos sobre el desarrollo de esta&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sociedad y en el carácter irreconciliable de los intereses antagónicos del proletariado y de la burguesía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Antes, la cuestión planteábase así: para conseguir su liberación, el proletariado debe derrocar a la burguesía, conquistar el Poder político e instaurar su dictadura&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
revolucionaria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ahora, la cuestión se plantea de un modo algo distinto: la transición de la sociedad capitalista, que se desenvuelve hacia el comunismo, a la sociedad comunista, es&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
imposible sin un &amp;quot;período político de transición&amp;quot;, y el Estado de este período no puede ser otro que la dictadura revolucionaria del proletariado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ahora bien, ¿cuál es la actitud de esta dictadura hacia la democracia?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Veíamos que el &amp;quot;Manifiesto Comunista&amp;quot; coloca sencillamente, a la par el uno del otro, dos conceptos: el de la &amp;quot;transformación del proletariado en clase dominante&amp;quot; y el&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de &amp;quot;la conquista de la democracia&amp;quot;. Sobre la base de todo lo arriba expuesto, se puede determinar con más precisión cómo se transforma la democracia en la transición del capitalismo al comunismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la sociedad capitalista, bajo las condiciones del desarrollo más favorable de esta sociedad, tenemos en la República democrática un democratismo más o menos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
completo. Pero este democratismo se halla siempre comprimido dentro de los estrechos marcos de la explotación capitalista y es siempre, en esencia, por esta razón, un democratismo para la minoría, sólo para las clases poseedoras, sólo para los ricos. La libertad de la sociedad capitalista sigue siendo, y es siempre, poco más o menos, lo que era la libertad en las antiguas repúblicas de Grecia: libertad para los esclavistas. En virtud de las condiciones de la explotación capitalista, los esclavos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
asalariados modernos viven tan agobiados por la penuria y la miseria, que &amp;quot;no están para democracias&amp;quot;, &amp;quot;no están para política&amp;quot;, y en el curso corriente y pacífico de los&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
acontecimientos, la mayoría de la población queda al margen de toda participación en la vida político-social.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Alemania es tal vez el país que confirma con mayor evidencia la exactitud de esta afirmación, precisamente porque en dicho Estado la legalidad constitucional se mantuvo durante un tiempo asombrosamente largo y persistente, casi medio siglo (1871-1914), y durante este tiempo la socialdemocracia supo hacer muchísimo más&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que en los otros países para &amp;quot;utilizar la legalidad&amp;quot; y organizar en partido político a una parte más considerable de los obreros que en ningún otro país del mundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues bien, ¿a cuánto asciende esta parte de los esclavos asalariados políticamente conscientes y activos, con ser la más elevada de cuantas encontramos en la sociedad capitalista? ¡De 15 millones de obreros asalariados, el partido socialdemócrata cuenta con un millón de miembros! ¡De 15 millones de obreros, hay tres millones&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sindicalmente organizados!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Democracia para una minoría insignificante, democracia para los ricos: he ahí el democratismo de la sociedad capitalista. Si nos fijamos más de cerca en el mecanismo de la democracia capitalista, veremos siempre y en todas partes, hasta en los &amp;quot;pequeños&amp;quot;, en los aparentemente pequeños, detalles del derecho de sufragio (requisito de residencia, exclusión de la mujer, etc.), en la técnica de las instituciones representativas, en los obstáculos reales que se oponen al derecho de reunión (¡los edificios públicos no son para los &amp;quot;de abajo&amp;quot;!), en la organización puramente capitalista de la prensa diaria, etc., etc., en todas partes veremos restricción tras restricción puesta al democratismo. Estas restricciones, excepciones, exclusiones y trabas para los pobres parecen insignificantes sobre todo para el que jamás ha sufrido la penuria ni&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
se ha puesto en contacto con las clases oprimidas en su vida de masas (que es lo que les ocurre a las nueve décimas partes, si no al noventa y nueve por ciento de los&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
publicistas y políticos burgueses), pero en conjunto estas restricciones excluyen, eliminan a los pobres de la política, de su participación activa en la democracia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Marx puso de relieve magníficamente esta esencia de la democracia capitalista, al decir, en su análisis de la experiencia de la Comuna, que a los oprimidos se les&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
autoriza para decidir una vez cada varios años ¡qué miembros de la clase opresora han de representarlos y aplastarlos en el parlamento!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero, partiendo de esta democracia capitalista —inevitablemente estrecha, que repudia por debajo de cuerda a los pobres y que es, por tanto, una democracia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
profundamente hipócrita y mentirosa— el desarrollo progresivo, no discurre de un modo sencillo, directo y tranquilo &amp;quot;hacia una democracia cada vez mayor&amp;quot;, como&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quieren hacernos creer los profesores liberales y los oportunistas pequeñoburgueses.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No, el desarrollo progresivo, es decir, el desarrollo hacia el comunismo pasa a través de la dictadura del proletariado, y no puede ser de otro modo, porque el proletariado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es el único que puede, y sólo por este camino, romper la resistencia de los explotadores capitalistas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero la dictadura del proletariado, es decir, la organización de la vanguardia de los oprimidos en clase dominante para aplastar a los opresores, no puede conducir tan&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sólo a la simple ampliación de la democracia. A la par con la enorme ampliación del democratismo, que por vez primr ra se convierte en un democratismo para los pobres, en un democratismo para el pueblo, y no en un democratismo para los ricos, la dictadura del proletariado implica una serie de restricciones puestas a la libertad de los opresores, de los explotadores, de los capitalistas. Debemos reprimir a éstos, para liberar a la humanidad de la esclavitud asalariada, hay que vencer por la fuerza su resistencia, y es evidente que allí donde hay represión, donde hay violencia no hay libertad ni hay democracia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Engels expresaba magníficamente esto en la carta a Bebel, al decir, como recordará el lector, que &amp;quot;mientras el proletariado necesite todavía del Estado, no lo necesitará en interés de la libertad, sino para someter a sus adversarios, y tan pronto como pueda hablarse de libertad, el Estado como tal dejará de existir&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Democracia para la mayoría gigantesca del pueblo y represión por la fuerza, es decir, exclusión de la democracia, para los explotadores, para los opresores del&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pueblo: he ahí la modificación que sufrirá la democracia en la transición del capitalismo al comunismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sólo en la sociedad comunista, cuando se haya roto ya definitivamente la resistencia de los capitalistas, cuando hayan desaparecido los capitalistas, cuando no&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
haya clases (es decir, cuando no haya diferencias entre los miembros de la sociedad por su relación hacia los medios sociales de producción), sólo entonces &amp;quot;desaparecerá el Estado y podrá hablarse de libertad &amp;quot;. Sólo entonces será posible y se hará realidad una democracia verdaderamente completa, una democracia que verdaderamente no implique ninguna restricción. Y sólo entonces la democracia comenzará a extinguirse, por la sencilla razón de que los hombres, liberados de la esclavitud capitalista, de los innumerables horrores, bestialidades, absurdos y vilezas de la explotación capitalista, se habituarán poco a poco a la observación de las reglas elementales de convivencia, conocidas a lo largo de los siglos y repetidas desde hace miles de años en todos los preceptos, a observarlas sin violencia, sin coacción, sin subordinación, sin ese aparato especial de coacción que se llama Estado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La expresión &amp;quot;el Estado se extingue&amp;quot; está muy bien elegida, pues señala el carácter gradual del proceso y su espontaneidad. Sólo la fuerza de la costumbre puede ejercer y ejercerá indudablemente esa influencia, pues en torno a nosotros observamos millones de veces con qué facilidad se habitúan los hombres a guardar las reglas de convivencia necesarias si no hay explotación, si no hay nada que indigne a los hombres y provoque protestas y sublevaciones, creando la necesidad de la represión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por tanto, en la sociedad capitalista tenemos una democracia amputada, mezquina, falsa, una democracia solamente para los ricos, para la minoría. La dictadura del&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
proletariado, el período de transición hacia el comunismo, aportará por primera vez la democracia para el pueblo, para la mayoría, a la par con la necesaria represión de la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
minoría, de los explotadores. Sólo el comunismo puede aportar una democracia verdaderamente completa, y cuanto más completa sea, antes dejará de ser necesaria&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y se extinguirá por sí misma.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dicho en otros términos: bajo el capitalismo, tenemos un Estado en el sentido estricto de la palabra, una máquina especial para la represión de una clase por otra, y,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
además, de la mayoría por la minoría. Se comprende que para que pueda prosperar una empresa como la represión sistemática de la mayoría de los explotados por una&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
minoría de explotadores, haga falta una crueldad extraordinaria, una represión bestial, hagan falta mares de sangre, a través de los cuales marcha precisamente la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
humanidad en estado de esclavitud, de servidumbre, de trabajo asalariado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ahora bien, en la transición del capitalismo al comunismo, la represión es todavía necesaria, pero ya es la represión de una minoría de explotadores por la mayoría de&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
los explotados. Es necesario todavía un aparato especial, una máquina especial para la represión, el &amp;quot;Estado&amp;quot;, pero éste es ya un Estado de transición, no es ya un Estado en el sentido estricto de la palabra, pues la represión de una minoría de explotadores por la mayoría de los esclavos asalariados de ayer es algo tan relativamente fácil, sencillo y natural, que costará muchísima menos sangre que la represión de las sublevaciones de los esclavos, de los siervos y de los obreros asalariados, que costará mucho menos a la humanidad. Y este Estado es compatible con la extensión de la democracia a una mayoría tan aplastante de la población, que la necesidad de una máquina especial para la represión comienza a desaparecer. Como es natural, los explotadores no pueden reprimir al pueblo sin una máquina complicadísima que les permita cumplir este cometido, pero el pueblo puede reprimir a los explotadores con una &amp;quot;máquina&amp;quot; muy sencilla, casi sin &amp;quot;máquina&amp;quot;, sin aparato especial, por la simple organización de las masas armadas (como los Soviets de Diputados Obreros y Soldados, digamos, adelantándonos un poco).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Finalmente, sólo el comunismo suprime en absoluto la necesidad del Estado, pues bajo el comunismo no hay nadie a quien reprimir, &amp;quot;nadie&amp;quot; en el sentido de clase, en el&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sentido de una lucha sistemática contra determinada parte de la población. Nosotros no somos utopistas y no negamos, en modo alguno, que es posible e inevitable que&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
algunos individuos cometan excesos, como tampoco negamos la necesidad de reprimir tales excesos. Poro, en primer lugar, para esto no hace falta una máquina especial, un aparato especial de represión, esto lo hará el mismo pueblo armado, con la misma sencillez y facilidad con que un grupo cualquiera de personas civilizadas, incluso en la sociedad actual, separa a los que se están peleando o impide que se maltrate a una mujer. Y, en segundo lugar, sabemos que la causa social más importante de los excesos, consistentes en la infracción de las reglas de convivencia, es la explotación de las masas, la penuria y la miseria de éstas. Al suprimirse esta causa fundamental, los excesos comenzarán inevitablemente a &amp;quot;extinguirse &amp;quot;. No sabemos con qué rapidez y gradación, pero sabemos que se extinguirán. Y, con ellos, se extinguirá también el Estado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Marx, sin dejarse llevar al terreno de las utopías, determinó en detalle lo que es posible determinar ahora respecto a este porvenir, a saber: la diferencia entre las&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
fases (grados o etapas) inferior y superior de la sociedad comunista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Primera Fase de la Sociedad Comunista ===&lt;br /&gt;
En la &amp;quot;Crítica del Programa de Gotha&amp;quot;, Marx refuta minuciosamente la idea lassalleana de que, bajo el socialismo, el obrero recibirá el &amp;quot;producto íntegro o completo del trabajo&amp;quot;. Marx demuestra que de todo el trabajo social de toda la sociedad habrá que descontar un fondo de reserva, otro fondo para ampliar la producción, para reponer las máquinas &amp;quot;gastadas&amp;quot;, etc., y, además, de los artículos de consumo, un fondo para los gastos de administración, escuelas, hospitales, asilos para ancianos, etc.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En vez de emplear la frase nebulosa, confusa y general de Lassalle (&amp;quot;dar al obrero el producto íntegro del trabajo&amp;quot;), Marx establece un cálculo sobrio de cómo precisamente la sociedad socialista se verá obligada a administrar. Marx aborda el análisis concreto de las condiciones de vida de esta sociedad en que no existirá el capitalismo, y dice:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;De lo que aquí [en el examen del programa del partido obrero] se trata no es de una sociedad comunista que se ha desarrollado sobre su propia base, sino de una que&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
acaba de salir precisamente de la sociedad capitalista y que, por tanto, presenta todavía en todos sus aspectos, en el económico, en el moral y en el intelectual, el sello&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de la vieja sociedad de cuya entraña procede&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta sociedad comunista, que acaba de salir de la entraña del capitalismo al mundo de Dios y que lleva en todos sus aspectos el sello de la sociedad antigua, es la que&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Marx llama &amp;quot;primera&amp;quot; fase o fase inferior de la sociedad comunista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los medios de producción han dejado de ser ya propiedad privada de los individuos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los medios de producción pertenecen a toda la sociedad. Cada miembro de la sociedad, al ejecutar una cierta parte del trabajo socialmente necesario, obtiene de la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sociedad un certificado acreditativo de haber realizado tal o cual cantidad de trabajo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por este certificado recibe de los almacenes sociales de artículos de consumo la cantidad correspondiente de productos. Deducida la cantidad de trabajo que pasa al&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
fondo social, cada obrero, por tanto, recibe de la sociedad lo que entrega a ésta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Reina, al parecer, la &amp;quot;igualdad&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero cuando Lassalle, refiriéndose a este orden social (al que se suele dar el nombre de socialismo, pero que Marx denomina la primera fase del comunismo), dice que esto es una &amp;quot;distribución justa&amp;quot;, que es &amp;quot;el derecho igual de cada uno al producto igual del trabajo&amp;quot;, Lassalle se equivoca, y Marx pone al descubierto su error.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;Aquí —dice Marx— tenemos realmente un &#039;derecho igual&#039;, pero esto es todavía &#039;un derecho burgués&#039;, que, como todo derecho, presupone la desigualdad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todo derecho significa la aplicación de un rasero i g u a l a hombres distintos, a hombres que en realidad no son idénticos, no son iguales entre sí; por tanto, el&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;derecho igual&#039; es una infracción de la igualdad y una injusticia&amp;quot;. En efecto, cada cual obtiene, si ejecuta una parte de trabajo social igual que el otro, la misma parte de&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
producción social (después de hechas las deducciones indicadas).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, los hombres no son todos iguales, unos son más fuertes y otros más débiles, unos son casados y otros solteros, unos tienen más hijos que otros, etc.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;. . . A igual trabajo —concluye Marx— y, por consiguiente, a igual participación en el fondo social de consumo, unos obtienen de hecho más que otros, unos son más&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ricos que otros, etc. Para evitar todos estos inconvenientes, el derecho tendría que ser no igual, sino desigual. . .&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Consiguientemente, la primera fase del comunismo no puede proporcionar todavía justicia ni igualdad: subsisten las diferencias de riqueza, diferencias injustas; pero no&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
será posible ya la explotación del hombre por el hombre, puesto que no será posible apoderarse, a título de propiedad privada, de los medios de producción, de las&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
fábricas, las máquinas, la tierra, etc. Pulverizando la frase confusa y pequeñoburguesa de Lassalle sobre la &amp;quot;igualdad&amp;quot; y la &amp;quot;justicia&amp;quot; en general, Marx muestra el curso de&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
desarrollo de la sociedad comunista, que en sus comienzos se verá obligada a destruir solamente aquella &amp;quot;injusticia&amp;quot; que consiste en que los medios de producción sean&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
usurpados por individuos aislados, pero que no estará en condiciones de destruir de golpe también la otra injusticia, consistente en la distribución de los artículos de&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
consumo &amp;quot;según el trabajo&amp;quot; (y no según las necesidades).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los economistas vulgares, incluyendo entre ellos a los profesores burgueses, entre los que se cuenta también &amp;quot;nuestro&amp;quot; Tugán, reprochan constantemente a los socialistas el olvidarse de la desigualdad de los hombres y el &amp;quot;soñar&amp;quot; con destruir esta desigualdad. Este reproche sólo demuestra, como vemos, la extrema ignorancia de los señores ideólogos burgueses.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Marx no solo tiene en cuenta del modo más preciso la inevitable desigualdad de los hombres, sino que tiene también en cuenta que el solo paso de los medios de&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
producción a propiedad común de toda la sociedad (el &amp;quot;socialismo&amp;quot;, en el sentido corriente de la palabra) no suprime los defectos de la distribución y la desigualdad del&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;derecho burgués&amp;quot;, el cual sigue imperando, por cuanto los productos son distribuidos &amp;quot;según el trabajo&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;. . . Pero estos defectos —prosigue Marx— son inevitables en la primera fase de la sociedad comunista, tal y como brota de la sociedad capitalista, tras largos dolores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para su alumbramiento. El derecho no puede ser nunca superior a la estructura económica y al desarrollo cultural de la sociedad por ella condicionado. . .&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así, pues, en la primera fase de la sociedad comunista (a la que suele darse el nombre de socialismo) el &amp;quot;derecho burgués&amp;quot; no se suprime completamente, sino sólo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
parcialmente, sólo en la medida de la transformación económica ya alcanzada, es decir, sólo en lo que se refiere a los medios de producción. El &amp;quot;derecho burgués&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
reconoce la propiedad privada de los individuos sobre los medios de producción. El socialismo los convierte en propiedad común. En este sentido —y sólo en este&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sentido— desaparece el &amp;quot;derecho burgués&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, este derecho persiste en otro de sus aspectos, persiste como regulador de la distribución de los productos y de la distribución del trabajo entre los miembros de la sociedad. &amp;quot;El que no trabaja, no come&amp;quot;: este principio socialista es ya una realidad; &amp;quot;a igual cantidad de trabajo, igual cantidad de productos&amp;quot;: también es ya una realidad este principio socialista. Sin embargo, esto no es todavía el comunismo, ni suprime todavía el &amp;quot;derecho burgués&amp;quot;, que da una cantidad igual de productos a hombres que no son iguales y por una cantidad desigual (desigual de hecho) de trabajo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto es un &amp;quot;defecto&amp;quot;, dice Marx, pero un defecto inevitable en la primera fase del comunismo, pues, sin caer en utopismo, no se puede pensar que, al derrocar el&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
capitalismo, los hombres aprenderán a trabajar inmediatamente para la sociedad sin sujeción a ninguna norma de derecho ; además, la abolición del capitalismo no sienta de repente tampoco las premisas económicas para este cambio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras normas, fuera de las del &amp;quot;derecho burgués&amp;quot;, no existen. Y, por tanto, persiste todavía la necesidad del Estado, que, velando por la propiedad común sobre los medios de producción, vele por la igualdad del trabajo y por la igualdad en la distribución de los productos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Estado se extingue en tanto que ya no hay capitalistas, que ya no hay clases y que, por lo mismo, no cabe reprimir a ninguna clase.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero el Estado no se ha extinguido todavía del todo, pues persiste aún la protección del &amp;quot;derecho burgués&amp;quot;, que sanciona la desigualdad de hecho. Para que el Estado se&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
extinga completamente, hace falta el comunismo completo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== La Fase Superior de la Sociedad Comunista ===&lt;br /&gt;
Marx prosigue:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;. . . En la fase superior de la sociedad comunista cuando haya desaparecido la subordinación esclavizadora de los individuos a la división del trabajo, y con ella, por&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tanto, el contraste entre el trabajo intelectual y el trabajo manual, cuando el trabajo no sea solamente un medio de vida, sino la primera necesidad de la vida; cuando, con&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el desarrollo múltiple de los individuos, crezcan también las fuerzas productivas y fluyan con todo su caudal los manantiales de la riqueza colectiva; sólo entonces podrá rebasarse totalmente el estrecho horizonte del derecho burgués y la sociedad podrá escribir en sus banderas &#039;de cada uno, según su capacidad; a cada uno, según sus&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
necesidades&#039;&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sólo ahora podemos apreciar toda la justeza de la observación de Engels, cuando se burlaba implacablemente de la absurda asociación de las palabras &amp;quot;libertad&amp;quot; y&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;Estado&amp;quot;. Mientras existe el Estado, no existe libertad. Cuando haya libertad, no habrá Estado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La base económica para la extinción completa del Estado es ese elevado desarrollo del comunismo en que desaparecerá el contraste entre el trabajo intelectual y el&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
trabajo manual, desapareciendo, por consiguiente, una de las fuentes más importantes de la desigualdad social moderna, fuente de desigualdad que no se puede suprimir en modo alguno, de repente, por el solo paso de los medios de producción a propiedad social, por la sola expropiación de los capitalistas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta expropiación dará la posibilidad de desarrollar en proporciones gigantescas las fuerzas productivas. Y, viendo cómo ya hoy el capitalismo entorpece increíblemente&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
este desarrollo y cuánto podríamos avanzar a base de la técnica actual, ya lograda, tenemos derecho a decir, con la más absoluta convicción, que la expropiación de los&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
capitalistas imprimirá inevitablemente un desarrollo gigantesco a las fuerzas productivas de la sociedad humana. Lo que no sabemos ni podemos saber es la rapidez con que avanzará este desarrollo, la rapidez con que discurrirá hasta romper con la división del trabajo, hasta suprimir el contraste entre el trabajo intelectual y el trabajo manual, hasta convertir el trabajo &amp;quot;en la primera necesidad de la vida&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por eso, tenemos derecho a hablar sólo de la extinción inevitable del Estado, subrayando la prolongación de este proceso, su supeditación a la rapidez con que se&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
desarrolle la fase superior del comunismo, y dejando completamente en pie la cuestión de los plazos o de las formas concretas de la extinción, pues no tenemos datos para poder resolver estas cuestiones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Estado podrá extinguirse por completo cuando la sociedad ponga en práctica la regla: &amp;quot;de cada uno, según su capacidad; a cada uno, según sus necesidades&amp;quot;; es&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
decir, cuando los hombres estén ya tan habituados a guardar las reglas fundamentales de la convivencia y cuando su trabajo sea tan productivo, que trabajen&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
voluntariamente según sus capacidades. El &amp;quot;estrecho horizonte del derecho burgués&amp;quot;, que obliga a calcular, con el rigor de un Shylock, para no trabajar ni media hora más que otro y para no percibir menos salario que otro, este estrecho horizonte quedará entonces rebasado. La distribución de los productos no obligará a la sociedad a regular la cantidad de los artículos que cada cual reciba; todo hombre podrá tomar libremente lo que cumpla a &amp;quot;sus necesidades&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde el punto de vista burgués, es fácil presentar como una &amp;quot;pura utopía&amp;quot; semejante régimen social y burlarse diciendo que los socialistas prometen a todos el derecho a obtener de la sociedad, sin el menor control del trabajo rendido por cada ciudadano, la cantidad que deseen de trufas de automóviles, de pianos, etc. Con estas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
burlas siguen contentándose todavía hoy la mayoría de los &amp;quot;sabios&amp;quot; burgueses, que sólo demuestran con ello su ignorancia y su defensa interesada del capitalismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su ignorancia, pues a ningún socialista se le ha pasado por las mientes &amp;quot;prometer&amp;quot; la llegada de la fase superior de desarrollo del comunismo, y el pronóstico de los&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
grandes socialistas de que esta fase ha de advenir, presupone una productividad del trabajo que no es la actual y hombres que no sean los actuales filisteos, capaces de&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dilapidar &amp;quot;a tontas y a locas&amp;quot; la riqueza social y de pedir lo imposible, como los seminaristas de Pomialovski.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mientras llega la fase &amp;quot;superior&amp;quot; del comunismo, los socialistas exigen el más riguroso control por parte de la sociedad y por parte del Estado sobre la medida de trabajo y la medida de consumo, pero este control sólo debe comenzar con la expropiación de los capitalistas, con el control de los obreros sobre los capitalistas, y no debe llevarse a cabo por un Estado de burócratas, sino por el Estado de los obreros armados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La defensa interesada del capitalismo por los ideólogos burgueses (y sus acólitos por el estilo de señores como los Tsereteli, los Chernov y Cía.) consiste precisamente&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en suplantar por discusiones y charlas sobre un remoto porvenir la cuestión más candente y más actual de la política de hoy : la expropiación de los capitalistas, la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
transformación de todos los ciudadanos en trabajadores y empleados de un gran &amp;quot;consorcio&amp;quot; único, a saber, de todo el Estado, y la subordinación completa de todo el&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
trabajo de todo este consorcio a un Estado realmente democrático, el Estado de los Soviets de Diputados Obreros y Soldados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el fondo, cuando los sabios profesores, y tras ellos los filisteos, y tras ellos señores como los Tsereteli y los Chernov, hablan de utopías descabelladas, de las&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
promesas demagógicas de los bolcheviques, de la imposibilidad de &amp;quot;implantar&amp;quot; el socialismo, se refieren precisamente a la etapa o fase superior del comunismo, que no&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sólo no ha prometido nadie, sino que nadie ha pensado en &amp;quot;implantar&amp;quot;, pues, en general, no se puede &amp;quot;implantar&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aquí llegamos a la cuestión de la diferencia científica existente entre el socialismo y el comunismo, cuestión a la que Engels aludió en el pasaje citado más arriba sobre la inexactitud de la denominación de &amp;quot;socialdemócrata&amp;quot;. Políticamente, la diferencia entre la primera fase o fase inferior y la fase superior del comunismo llegará a ser, con el tiempo, probablemente enorme; pero hoy, bajo el capitalismo, sería ridículo hacer resaltar esta diferencia, que sólo tal vez algunos anarquistas pueden destacar en primer plano (si es que entre los anarquistas quedan todavía hombres que no han aprendido nada después de la conversión &amp;quot;plejanovista&amp;quot; de los Kropotkin, los Grave, los Cornelissen y otras &amp;quot;lumbreras&amp;quot; del anarquismo en socialchovinistas o en anarquistas de trincheras, como los ha calificado Gue, uno de los pocos anarquistas que no han perdido el honor y la conciencia).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero la diferencia científica entre el socialismo y el comunismo es clara. A lo que se acostumbra a denominar socialismo, Marx lo llamaba la &amp;quot;primera&amp;quot; fase o la fase inferior de la sociedad comunista. En tanto que los medios de producción se convierten en propiedad común, puede emplearse la palabra &amp;quot;comunismo&amp;quot;, siempre y cuando que no se pierda de vista que éste no es el comunismo completo. La gran significación de la explicación de Marx está en que también aquí aplica consecuentemente la dialéctica materialista, la teoría del desarrollo, considerando el comunismo como algo que se desarrolla del capitalismo. En vez de definiciones escolásticas y artificiales, &amp;quot;imaginadas&amp;quot;, y de disputas estériles sobre palabras (qué es el socialismo, que es el comunismo), Marx traza un análisis de lo que podríamos llamar las fases de madurez económica del comunismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En su primera fase, en su primer grado, el comunismo no puede presentar todavía una madurez económica completa, no puede aparecer todavía completamente libre de&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las tradiciones o de las huellas del capitalismo. De aquí un fenómeno tan interesante como la subsistencia del &amp;quot;estrecho horizonte del derecho burgués &amp;quot; bajo el comunismo, en su primera fase. El derecho burgués respecto a la distribución de los artículos de consumo presupone también inevitablemente, como es natural, un Estado burgués, pues el derecho no es nada sin un aparato capaz de obligar a respetar las normas de aquel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De donde se deduce que bajo el comunismo no sólo subsiste durante un cierto tiempo el derecho burgués, sino que ¡subsiste incluso el Estado burgués, sin burguesía!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto podrá parecer una paradoja o un simple juego dialéctico de la inteligencia, que es de lo que acusan frecuentemente a los marxistas gentes que no se han impuesto ni el menor esfuerzo para estudiar el contenido extraordinariamente profundo del marxismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En realidad, la vida nos muestra a cada paso los vestigios de lo viejo en lo nuevo, tanto en la naturaleza como en la sociedad. Y Marx no trasplantó caprichosamente al&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
comunismo un trocito de &amp;quot;derecho burgués&amp;quot;, sino que tomó lo que es económica y políticamente inevitable en una sociedad que brota de la entraña del capitalismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La democracia tiene una enorme importancia en la lucha de la clase obrera contra los capitalistas por su liberación. Pero la democracia no es, en modo alguno, un límite&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
insuperable, sino solamente una de las etapas en el camino del feudalismo al capitalismo y del capitalismo al comunismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Democracia significa igualdad. Se comprende la gran importancia que encierra la lucha del proletariado por la igualdad y la consigna de la igualdad, si ésta se interpreta&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
exactamente, en el sentido de destrucción de las clases. Pero democracia significa solamente igualdad formal. E inmediatamente después de realizada la igualdad de&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
todos los miembros de la sociedad con respecto a la posesión de los medios de producción, es decir, la igualdad de trabajo y la igualdad de salario, surgirá&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
inevitablemente ante la humanidad la cuestión de seguir adelante, de pasar de la igualdad formal a la igualdad de hecho, es decir, a la aplicación de la regla: &amp;quot;de cada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
uno, según su capacidad; a cada uno, según sus necesidades&amp;quot;. A través de qué etapas, por medio de qué medidas prácticas llegará la humanidad a este elevado objetivo, es cosa que no sabemos ni podemos saber. Pero lo importante es comprender claramente cuán infinitamente mentirosa es la idea burguesa corriente que presenta al socialismo como algo muerto, rígido e inmutable, cuando en realidad solamente con el socialismo comienza un movimiento rápido y auténtico de progreso en todos los aspectos de la vida social e individual, un movimiento verdaderamente de masas en el que toma parte, primero, la mayoría de la población, y luego la población entera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La democracia es una forma de Estado, una de las variedades del Estado. Y, consiguientemente, representa, como todo Estado, la aplicación organizada y sistemática de la violencia sobre los hombres. Esto, de una parte. Pero, de otra, la democracia significa el reconocimiento formal de la igualdad entre los ciudadanos, el derecho igual de todos a determinar el régimen del Estado y a gobernar el Estado. Y esto, a su vez, se halla relacionado con que, al llegar a un cierto grado de desarrollo de la democracia, ésta, en primer lugar, cohesiona al proletariado, la clase revolucionaria frente al capitalismo, y le da la posibilidad de destruir, de hacer añicos, de barrer de la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
faz de la tierra la máquina del Estado burgués, incluso la del Estado burgués republicano, el ejército permanente, la policía, la burocracia, y de sustituirla por una&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
máquina más democrática, pero todavía estatal, bajo la forma de las masas obreras armadas, como paso hacia la participación de todo el pueblo en las milicias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí &amp;quot;la cantidad se transforma en calidad&amp;quot;: esta fase de democratismo se sale ya del marco de la sociedad burguesa, es ya el comienzo de su transformación socialista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si todos intervienen realmente en la dirección del Estado, el capitalismo no podrá ya sostenerse. Y, a su vez, el des arrollo del capitalismo crea las premisas para que&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;todos&amp;quot; realmente puedan intervenir en la dirección del Estado. Entre estas premisas se cuenta la instrucción general, conseguida ya por una serie de países capitalistas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
más adelantados, y además la &amp;quot;formación y la educación de la disciplina&amp;quot; de millones de obreros por el grande y complejo aparato socializado del correo, de los ferrocarriles, de las grandes fábricas, de las grandes empresas comerciales, de los bancos, etc., etc.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Existiendo estas premisas económicas, es perfectamente posible pasar inmediatamente, de la noche a la mañana, después de derrocar a los capitalistas y a&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
los burócratas, a sustituirlos en la obra del control sobre la producción y la distribución, en la obra del registro del trabajo y de los productos por los obreros armados, por todo el pueblo armado. (No hay que confundir la cuestión del control y del registro con la cuestión del personal científico de ingenieros, agrónomos, etc.: estos señores trabajan hoy subordinados a los capitalistas y trabajarán todavía mejor mañana, subordinados a los obreros armados.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Registro y control: he aquí lo principal, lo que hace falta para &amp;quot;poner en marcha&amp;quot; y para que funcione bien la primera fase de la sociedad comunista. Aquí, todos los&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ciudadanos se convierten en empleados a sueldo del Estado, que no es otra cosa que los obreros armados. Todos los ciudadanos pasan a ser empleados y obreros de un solo &amp;quot;consorcio&amp;quot; de todo el pueblo, del Estado. De lo que se trata es de que trabajen por igual, de que guarden bien la medida de su trabajo y de que ganen igual salario. El capitalismo ha simplificado extraordinariamente el registro de esto, el control sobre esto, lo ha reducido a operaciones extremadamente simples de inspección y anotación, accesibles a cualquiera que sepa leer y escribir y para las cuales basta con conocer las cuatro reglas aritméticas y con extender los recibos correspondientes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando la mayoría del pueblo comience a llevar por su cuenta y en todas partes este registro, este control sobre los capitalistas (que entonces se convertirán en empleados) y sobre los señores intelectualillos que conservan sus hábitos capitalistas, este control será realmente un control universal, general, del pueblo entero, y nadie podrá rehuirlo, pues &amp;quot;no habrá escapatoria posible&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Toda la sociedad será una sola oficina y una sola fábrica, con trabajo igual y salario igual.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero esta disciplina &amp;quot;fabril&amp;quot;, que el proletariado, después de triunfar sobre los capitalistas y de derrocar a los explotadores, hará extensiva a toda la sociedad, no es,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en modo alguno, nuestro ideal, ni nuestra meta final, sino sólo un escalón necesario para limpiar radicalmente la sociedad de la bajeza y de la infamia de la explotación&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
capitalista y para seguir avanzando.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A partir del momento en que todos los miembros de la sociedad, o por lo menos la inmensa mayoría de ellos, hayan aprendido a dirigir ellos mismos el Estado, hayan&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tomado ellos mismos este asunto en sus manos, hayan &amp;quot;puesto en marcha&amp;quot; el control sobre la minoría insignificante de capitalistas, sobre los señoritos que quieran seguir conservando sus hábitos capitalistas y sobre obreros profundamente corrompidos por el capitalismo, a partir de este momento comenzará a desaparecer la necesidad de todo gobierno en general. Cuanto más completa sea la democracia, más cercano estará el momento en que deje de ser necesaria. Cuanto más democrático sea el &amp;quot;Estado&amp;quot; formado por obreros armados y que &amp;quot;no será ya un Estado en el sentido estricto de la palabra&amp;quot;, más rápidamente comenzará a extinguirse todo Estado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues cuando todos hayan aprendido a dirigir y dirijan en realidad por su cuenta la producción social, a llevar por su cuenta el registro y el control de los haraganes, de&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
los señoritos, de los gandules y de toda esta ralea de &amp;quot;guardianes de las tradiciones del capitalismo&amp;quot;, entonces el escapar a este control y a este registro hecho por todo el pueblo será inevitablemente algo tan inaudito y difícil, una excepción tan extraordinariamente rara, provocará probablemente una sanción tan rápida y tan&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
severa (pues los obreros armados son hombres de realidades y no intelectualillos sentimentales, y será muy difícil que dejen que nadie juegue con ellos), que la necesidad de observar las reglas nada complicadas y fundamentales de toda con vivencia humana se convertirá muy pronto en una costumbre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y entonces quedarán abiertas de par en par las puertas para pasar de la primera fase de la sociedad comunista a la fase superior y, a la vez, a la extinción completa del Estado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== El Envilecimiento del Marxismo por las Oportunistas ==&lt;br /&gt;
La cuestión de las relaciones entre el Estado y la revolución social y entre ésta y el Estado, como en general la cuestión de la revolución, ha preocupado muy poco a los&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
más conocidos teóricos y publicistas de la II Internacional (1889-1914). Pero lo más característico, en este proceso de desarrollo gradual del oportunismo, que llevó a la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
bancarrota de la II Internacional en 1914, es que incluso cuando abordaban de lleno esta cuestión se esforzaban en eludirla o no la advertían.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En términos generales, puede decirse que de esta actitud evasiva ante la cuestión de las relaciones entre la revolución proletaria y el Estado, actitud evasiva favorable&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para el oportunismo y de la que se nutría éste, surgió la tergiversación del marxismo y su completo envilecimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fijémonos, para caracterizar, aunque sea brevemente, este proceso lamentable, en los teóricos más destacados del marxismo, en Plejánov y Kautsky.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== La Polémica de Plejánov y Kautsky ===&lt;br /&gt;
Plejánov consagró a la cuestión de las relaciones entre el anarquismo y el socialismo un folleto especial, titulado &amp;quot;Anarquismo y socialismo&amp;quot;, publicado en alemán en 1894.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Plejánov se las ingenió para tratar este tema eludiendo en absoluto el punto más actual y más candente, y el más esencial en el terreno político, de la lucha contra el&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
anarquismo: ¡precisamente las relaciones entre la revolución y el Estado y la cuestión del Estado en general! En su folleto descuellan dos partes. Una, histórico-literaria, con valiosos materiales referentes a la historia de las ideas de Stirner, Proudhon, etc. Otra, filistea, con torpes razonamientos en torno al tema de que un anarquista no se distingue de un bandido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La combinación de estos temas es en extremo curiosa y característica de toda la actuación de Plejánov en vísperas de la revolución y en el transcurso del período&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
revolucionario en Rusia: en efecto, en los años de 1905 a 1917, Plejanov se reveló como un semidoctrinario y un semifilisteo que en política marchaba a la zaga de la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
burguesía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hemos visto cómo Marx y Engels, polemizando con los anarquistas, aclaraban muy escrupulosamente sus puntos de vista acerca de la actitud de la revolución hacia el&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estado. Al editar en 1891 la &amp;quot;Crítica del Programa de Gotha&amp;quot;, de Marx, Engels escribió:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;Nosotros [es decir, Engels y Marx] nos encontrábamos entonces —pasados apenas dos años desde el Congreso de La Haya de la [Primera] Internacional— en pleno&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
apogeo de la lucha contra Bakunin y sus anarquistas&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En efecto, los anarquistas intentaban reivindicar como &amp;quot;suya&amp;quot;, por decirlo así, la Comuna de París, como una confirmación de su doctrina, sin comprender, en absoluto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las enseñanzas de la Comuna y el análisis de estas enseñanzas hecho por Marx. El anarquismo no ha aportado nada que se acerque siquiera a la verdad en punto a estas cuestiones políticas concretas: ¿hay que destruir la vieja máquina del Estado? ¿Y con qué sustituirla?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero hablar de &amp;quot;anarquismo y socialismo&amp;quot;, eludiendo toda la cuestión acerca del Estado, no advirtiendo todo el desarrollo del marxismo antes y después de la Comuna,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
significaba inevitablemente deslizarse hacia el oportunismo pues no hay nada, precisamente, que tanto interese al oportunismo como el no plantear en modo alguno&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las dos cuestiones que acabamos de señalar. Esto es ya una victoria del oportunismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== La Polémica de Kautsky con los Oportunistas ===&lt;br /&gt;
Al ruso se ha traducido, sin duda alguna, una cantidad incomparablemente mayor de obras de Kautsky que a ningún otro idioma. No en vano algunos socialdemócratas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
alemanes bromean diciendo que a Kautsky se le lee más en Rusia que en Alemania.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Dicho sea entre paréntesis: esta broma encierra un sentido histórico más profundo de lo que sospechan sus autores. Los obreros rusos, que en 1905 sentían una apetencia extraordinariamente grande, nunca vista, por las mejores obras de la mejor literatura socialdemócrata del mundo, y a quienes se suministró una cantidad jamás vista en otros países de traducciones y ediciones de estas obras, trasplantaban, por decirlo así, con ritmo acelerado, al terreno joven de nuestro movimiento proletario la formidable experiencia del país vecino, más adelantado).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A Kautsky se le conoce especialmente entre nosotros, aparte de por su exposición popular del marxismo, por su polémica contra los oportunistas, a la cabeza de los&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cuales figuraba Bernstein. Lo que apenas se conoce es un hecho que no puede silenciarse cuando se propone uno la tarea de investigar cómo Kautsky ha caído en esa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
confusión y en esa defensa increíblemente vergonzosas del socialchovinismo durante la profundísima crisis de los años 1914-1915. Es, precisamente, el hecho de que antes de enfrentarse contra los más destacados representantes del oportunismo en Francia (Millerand y Jaurés) y en Alemania (Bernstein), Kautsky dio pruebas de grandísimas vacilaciones. La revista marxista &amp;quot;Sariá&amp;quot;, que se editó en Stuttgart en 1901-1902 y que defendía las concepciones revolucionario-proletarias, viose obligada a polemizar con Kautsky y a calificar de &amp;quot;elástica&amp;quot; la resolución presentada por él en el Congreso socialista internacional de París en el año 1900, resolución evasiva, que se quedaba a mitad de camino y adoptaba ante los oportunistas una actitud conciliadora. Y en alemán han sido publicadas cartas de Kautsky que revelan las vacilaciones no menores que le asaltaron antes de lanzarse a la campaña contra Bernstein.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero aun encierra una significación mucho mayor la circunstancia de que en su misma polémica con los oportunistas, en su planteamiento de la cuestión y en su modo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de tratarla, advertimos hoy, cuando estudiamos la historia de la más reciente traición contra el marxismo cometida por Kautsky, una propensión sistemática al oportunismo en lo que toca precisamente a la cuestión del Estado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tomemos la primera obra importante de Kautsky contra el oportunismo, su libro &amp;quot;Bernstein y el programa socialdemócrata&amp;quot;. Kautsky refuta con todo detalle a&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Bernstein. Pero he aquí una cosa característica. En sus herostráticamente célebres &amp;quot;Premisas del socialismo&amp;quot;, Bernstein acusa al marxismo de &amp;quot;blanquismo &amp;quot; (acusación que desde entonces para acá han venido repitiendo miles de veces los oportunistas y los burgueses liberales en Rusia contra los representantes del marxismo revolucionario, los bolcheviques). Aquí Bernstein se detiene especialmente en &amp;quot;La Guerra civil en Francia&amp;quot;, de Marx, e intenta —muy poco afortunadamente, como hemos visto— identificar el punto de vista de Marx sobre las enseñanzas de la Comuna con el punto de vista de Proudhon. Bernstein consagra una atención especial a aquella conclusión de Marx que éste subrayó en su prólogo de 1872 al &amp;quot;Manifiesto Comunista&amp;quot; y que dice asi: &amp;quot;La clase obrera no puede limitarse a tomar simplemente posesión de la máquina estatal existente y a ponerla en marcha para sus propios fines&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A Bernstein le &amp;quot;gustó&amp;quot; tanto esta sentencia, que la repitió nada menos que tres veces en su libro, interpretándola en el sentido más tergiversado y oportunista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Marx quiere decir, como hemos visto, que la clase obrera debe destruir, romper, hacer saltar (Sprengung : hacer estallar, es la expresión que emplea Engels) toda la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
máquina del Estado. Pues bien: Bernstein presenta la cosa como si Marx precaviese a la clase obrera, con estas palabras, contra el revolucionarismo excesivo en la conquista del Poder.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No cabe imaginarse un falseamiento más grosero ni más escandaloso del pensamiento de Marx.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ahora bien, ¿qué hizo Kautsky en su minuciosa refutación de la bernsteiniada?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Rehuyó el analizar en toda su profundidad la tergiversación del marxismo por el oportunismo en este punto. Adujo el pasaje, citado por nosotros más arriba, del&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
prólogo de Engels a &amp;quot;La guerra civil&amp;quot; de Marx, diciendo que, según éste, la clase obrera no puede tomar simplemente posesión de la máquina del Estado existente, pero que en general si puede tomar posesión de ella, y nada más. Kautsky no dice ni una palabra de que Bernstein atribuye a Marx exactamente lo contrario del verdadero&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pensamiento de éste, ni dice que, desde 1852, Marx destacó como misión de la revolución proletaria el &amp;quot;destruir&amp;quot; la máquina del Estado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡Resulta, pues, que en Kautsky quedaba esfumada la diferencia más esencial entre el marxismo y el oportunismo en punto a la cuestión de las tareas de la revolución&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
proletaria!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;La solución de la cuestión acerca del problema de la dictadura proletaria —escribía Kautsky &amp;quot;contra &amp;quot; Bernstein— es cosa que podemos dejar con completa tranquilidad al porvenir&amp;quot; (pág. 172 de la edición alemana).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto no es una polémica contra Bernstein, sino que es, en el fondo, una concesión hecha a éste, una entrega de posiciones al oportunismo, pues, por el momento, nada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hay que tanto interese a los oportunistas como el &amp;quot;dejar con completa tranquilidad al porvenir&amp;quot; todas las cuestiones cardinales sobre las tareas de la revolución proletaria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde 1852 hasta 1891, a lo largo de cuarenta años, Marx y Engels enseñaron al proletariado que debía destruir la máquina del Estado. Pero Kautsky, en 1899, ante la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
traición completa de los oportunistas contra el marxismo en este punto, sustituye la cuestión de si es necesario destruir o no esta máquina por la cuestión de las formas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
concretas que ha de revestir la destrucción, y va a refugiarse bajo las alas de la verdad filistea &amp;quot;indiscutible&amp;quot; (y estéril) ¡¡de que estas formas concretas no podemos conocerlas de antemano!!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre Marx y Kautsky media un abismo, en su actitud ante la tarea del Partido proletario de preparar a la clase obrera para la revolución.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tomemos una obra posterior, más madura, de Kautsky consagrada también en gran parte a refutar los errores del oportunismo: su folleto &amp;quot;La revolución social&amp;quot;. El autor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
toma aquí como tema especial la cuestión de la &amp;quot;revolución proletaria&amp;quot; y del &amp;quot;régimen proletario&amp;quot;. El autor nos suministra muchas cosas muy valiosas, pero soslaya&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
precisamente la cuestión del Estado. En este folleto se habla constantemente de la conquista del Poder del Estado, y sólo de esto; es decir, se elige una fórmula que es&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
una concesión hecha al oportunismo, toda vez que éste admite la conquista del Poder sin destruir la máquina del Estado. Precisamente aquello que en 1872 Marx&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
consideraba como &amp;quot;anticuado&amp;quot; en el programa del &amp;quot;Manifiesto Comunista&amp;quot; es lo que Kautsky resucita en 1902.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En ese folleto se consagra un apartado especial a las &amp;quot;formas y armas de la revolución social&amp;quot;. Aquí se habla de la huelga política de masas, de la guerra civil, de&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
esos &amp;quot;medios de fuerza del gran Estado moderno que son la burocracia y el ejército&amp;quot;, pero no se dice ni una palabra de lo que ya enseñó a los obreros la Comuna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Evidentemente, Engels sabía lo que hacía cuando prevenía, especialmente a los socialistas alemanes, contra la &amp;quot;veneración supersticiosa&amp;quot; del Estado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Kautsky presenta la cosa así: el proletariado triunfante &amp;quot;convertirá en realidad el programa democrático&amp;quot;, y expone los puntos de éste. Ni una palabra se nos dice&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
acerca de lo que el año 1871 aportó como nuevo en punto a la cuestión de la sustitución de la democracia burguesa por la democracia proletaria. Kautsky se&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
contenta con banalidades tan &amp;quot;sólidamente&amp;quot; sonoras como ésta:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;Es de por sí evidente que no alcanzaremos la dominación bajo las condiciones actuales. La misma revolución presupone largas y profundas luchas que cambiarán ya&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
nuestra actual estructura política y social&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No hay duda de que esto es algo &amp;quot;de por sí evidente&amp;quot;, tan &amp;quot;evidente&amp;quot; como la verdad de que los caballos comen avena y de que el Volga desemboca en el mar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Caspio. Sólo es de lamentar que con frases vacuas y ampulosas sobre las &amp;quot;profundas&amp;quot; luchas se eluda la cuestión vital para el proletariado revolucionario, de saber en qué se revela la &amp;quot;profundidad&amp;quot; de su revolución respecto al Estado, respecto a la democracia, a diferencia de las revoluciones anteriores, de las revoluciones no proletarias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al eludir esta cuestión, Kautsky de hecho hace una concesión, en un punto tan esencial como éste, al oportunismo, al que había declarado una guerra tan terrible de&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
palabre, subrayando la importancia de la &amp;quot;idea de la revolución&amp;quot; (pero ¿vale algo esta &amp;quot;idea&amp;quot;, cuando se teme hacer entre los obreros propaganda de las enseñanzas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
concretas de la revolución?), o diciendo: &amp;quot;el idealismo revolucionario, ante todo&amp;quot;, o manifestando que los obreros ingleses no son ahora &amp;quot;apenas más que&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pequeñoburgueses&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;En una sociedad socialista —escribe Kautsky— pueden coexistir las más diversas formas de empresas: la burocrática [??], la tradeunionista, la cooperativa, la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
individual. . .&amp;quot; &amp;quot;Hay, por ejemplo, empresas que no pueden desenvolverse sin una organización burocrática [??] como ocurre con los ferrocarriles. Aquí la organización&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
democrática puede revestir la forma siguiente: los obreros eligen delegados, que constituyen una especie de parlamento llamado a establecer el régimen de trabajo y a&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
fiscalizar la administración del aparato burocrático. Otras empresas pueden entregarse a la administración de los sindicatos; otras, en fin, pueden ser organizadas sobre el principio del cooperativismo&amp;quot; (págs. 148 y 115 de la traducción rusa, editada en Ginebra en 1903).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estas consideraciones son falsas y representan un retroceso respecto a lo expuesto por Marx y Engels en la década del 70, sobre el ejemplo de las enseñanzas de la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Comuna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde el punto de vista de la pretendida necesidad de una organización &amp;quot;burocrática&amp;quot;, los ferrocarriles no se distinguen absolutamente en nada de todas las&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
empresas de la gran industria mecánica en general, de cualquier fábrica, de un gran almacén, de las grandes empresas agrícolas capitalistas. En todas las empresas de&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
esta índole, la técnica impone incondicionalmente una disciplina rigurosísima, la mayor puntualidad en la ejecución del trabajo asignado a cada uno, a riesgo de paralizar toda la empresa o de deteriorar el mecanismo o los productos. En todas estas empresas, los obreros procederán, naturalmente, a &amp;quot;elegir delegados, que constituirán una especie de parlamento &amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero todo el quid del asunto está precisamente en que esta &amp;quot;especie de parlamento&amp;quot; no será un parlamento en el sentido de las instituciones parlamentarias burguesas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todo el quid del asunto está en que esta &amp;quot;especie de parlamento&amp;quot; no se limitará a &amp;quot;establecer el régimen de trabajo y a fiscalizar la administración del aparato burocrático&amp;quot;, como se figura Kautsky, cuyo pensamiento no se sale del marco del parlamentarismo burgués. En la sociedad socialista, esta &amp;quot;especie de parlamento&amp;quot; de&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
diputados obreros tendrá como misión, naturalmente, &amp;quot;establecer el régimen de trabajo y fiscalizar la administración&amp;quot; del &amp;quot;aparato&amp;quot;, pero este aparato no será un&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
aparato &amp;quot;burocrático&amp;quot;. Los obreros, después de conquistar el Poder político, destruirán el viejo aparato burocrático, lo desmontarán hasta en sus cimientos, no dejarán de él piedra sobre piedra, lo sustituirán por otro nuevo, formado por los mismos obreros y empleados, c o n t r e cuya transformación en burócratas serán tomadas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
inmediatamente las medidas analizadas con todo detalle por Marx y Engels: 1) No sólo elegibilidad, sino amovilidad en todo momento; 2) sueldo no superior al salario de un obrero; 3) se pasará inmediatamente a que todos desempeñen funciones de control y de inspección, a que todos sean &amp;quot;burócratas&amp;quot; durante algún tiempo, para que, de este modo, n a d i e pueda convertirse en &amp;quot;burócrata&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Kautsky no se paró, en absoluto, a meditar las palabras de Marx: &amp;quot;la Comuna era, no una corporación parlamentaria, sino una corporación de trabajo, que dictaba leyes y&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
al mismo tiempo las ejecutaba&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Kautsky no comprendió, en absoluto, la diferencia entre el parlamentarismo burgués, que asocia la democracia (no para el pueblo ) al burocratismo (contra el&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pueblo ), y el democratismo proletario, que toma inmediatamente medidas para cortar de raíz el burocratismo y que estará en condiciones de llevar estas medidas hasta el final, hasta la completa destrucción del burocratismo, hasta la implantación completa de la democracia para el pueblo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Kautsky revela aquí la misma &amp;quot;veneración supersticiosa&amp;quot; hacia el Estado, la misma &amp;quot;fe supersticiosa&amp;quot; en el burocratismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pasemos a la última y la mejor obra de Kautsky contra los oportunistas, a su folleto titulado &amp;quot;El camino del Poder&amp;quot; (inédita, según creemos, en Rusia, ya que se publicó en pleno apogeo de la reacción en nuestro país, en 1909). Este folleto representa un gran paso adelante, ya que en él no se habla de un programa revolucionario en general, como en el folleto de 1899 contra Bernstein, no se habla de las tareas de la revolución social, desglosándolas del momento en que ésta estalla, como en el folleto &amp;quot;La revolución social&amp;quot;, de 1902, sino de las condiciones concretas que nos obligan a reconocer que comienza la &amp;quot;era de las revoluciones&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este folleto, el autor señala de un modo definido la agudización de las contradicciones de clase en general y el imperialismo, que desempeña un papel&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
singularmente grande en este sentido. Después del &amp;quot;período revolucionario de 1789 a 1871&amp;quot; en la Europa occidental, por el año 1905 comienza un período análogo para el&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oriente. La guerra mundial se avecina con amenazante celeridad. &amp;quot;El proletariado no puede hablar ya de una revolución prematura&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;Hemos entrado en un período revolucionario&amp;quot;. &amp;quot;La era revolucionaria comienza&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estas manifestaciones son absolutamente claras. Este folleto de Kautsky debe servir de medida para comparar lo que la socialdemocracia alemana prometía ser antes de la guerra imperialista y lo bajo que cayó (sin excluir al mismo Kautsky) al estallar la guerra. &amp;quot;La situación actual —escribía Kautsky, en el citado folleto— encierra el peligro de que a nosotros (es decir, a la socialdemocracia alemana) se nos pueda tomar fácilmente por más moderados de lo que somos en realidad&amp;quot;. ¡En realidad, el partido socialdemócrata alemán resultó ser incomparablemente más moderado y más oportunista de lo que parecía!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ante estas manifestaciones tan definidas de Kautsky a propósito de la era ya iniciada de las revoluciones, es tanto más característico que, en un folleto consagrado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
según sus propias palabras a analizar precisamente la cuestión de la &amp;quot;revolución politica &amp;quot;, se eluda absolutamente una vez más la cuestión del Estado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De la suma de estas omisiones de la cuestión, de estos silencios y de estas evasivas, resultó inevitablemente ese paso completo al oportunismo del que&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hablaremos en seguida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es como si la socialdemocracia alemana, en la persona de Kautsky, declarase:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mantengo mis concepciones revolucionarias (1899). Reconozco, en particular, el carácter inevitable de la revolución social del proletariado (1902). Reconozco que ha&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
comenzado la nueva era de las revoluciones (1909). Pero, a pesar de todo esto, retrocedo con respecto a lo que dijo Marx ya en 1852, tan pronto como se plantea la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cuestión de las tareas de la revolución proletaria en relación con el Estado (1912).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así, en efecto, se planteó de un modo tajante la cuestión en la polémica de Kautsky con Pannekoek.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== La Polémica de Kautsky con Pannekoek ===&lt;br /&gt;
Pannekoek se levantó contra Kautsky como uno de los representantes de aquella tendencia &amp;quot;radical de izquierda&amp;quot; que contaba en sus filas a Rosa Luxemburgo, a Carlos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Rádek y a otros, y que, defendiendo la táctica revolucionaria, abrigaban unánimemente la convicción de que Kautsky se pasaba a la posición del &amp;quot;centro&amp;quot;, el&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cual, vuelto de espaldas a los principios, vacilaba entre el marxismo y el oportunismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Que esta apreciación era exacta vino a demostrarlo plenamente la guerra, cuando la corriente del &amp;quot;centro&amp;quot; (erróneamente denominada marxista) o del &amp;quot;kautskismo&amp;quot; se&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
reveló en toda su repugnante miseria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el artículo &amp;quot;Las acciones de masas y la revolución&amp;quot; (&amp;quot;Neue Zeit&amp;quot;, 1912, XXX, 2), en el que se toca la cuestión del Estado, Pannekoek caracterizaba la posición de&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Kautsky como una posición de &amp;quot;radicalismo pasivo&amp;quot;, como la &amp;quot;teoría de esperar sin actuar&amp;quot;. &amp;quot;Kautsky no quiere ver el proceso de la revolución&amp;quot; (pág. 616). Planteando la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cuestión en estos términos, Pannekoek abordaba el tema que nos interesa aquí, o sea el de las tareas de la revolución proletaria respecto al Estado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;La lucha del proletariado —escribía— no es sencillamente una lucha contra la burguesía por el Poder del Estado, sino una lucha contra el Poder del Estado. . . El&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
contenido de la revolución proletaria es la destrucción y eliminación [literalmente:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
disolución, Auflösung ] de los medios de fuerza del Estado por los medios de fuerza del proletariado. . . La lucha cesa únicamente cuando se produce, como resultado final, la destrucción completa de la organización estatal. La organización de la mayoría demuestra su superioridad al destruir la organización de la minoría dominante&amp;quot; (pág. 548).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La formulación que da a sus pensamientos Pannekoek adolece de defectos muy grandes. Pero, a pesar de todo, la idea está clara, y es interesante ver cómo Kautsky&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la refuta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;Hasta aquí —escribe Kautsky— la diferencia entre los socialdemócratas y los anarquistas consistía en que los primeros quedan conquistar el Poder del Estado, y los&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
segundos, destruirlo. Pannekoek quiere las dos cosas&amp;quot; (pág. 724).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si en Pannekoek la exposición adolece de falta de claridad y no es lo bastante concreta (para no hablar aquí de otros defectos de su artículo, que no interesan al&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tema de que tratamos), Kautsky, en cambio, toma precisamente la esencia de principio de la cuestión sugerida por Pannekoek y en esta cuestión cardinal y de principio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Kautsky abandona entera mente la posición del marxismo y se pasa con armas y bagajes al oportunismo. La diferencia entre los socialdemócratas y los anarquistas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
aparece definida en él de un modo completamente falso, y el marxismo se ve definitivamente tergiversado y envilecido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La diferencia entre los marxistas y los anarquistas consiste en lo siguiente: 1) En que los primeros, proponiéndose como fin la destrucción completa del Estado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
reconocen que este fin sólo puede alcanzarse después que la revolución socialista haya destruido las clases, como resultado de la instauración del socialismo, que conduce a la extinción del Estado; mientras que los segundos quieren destruir completamente el Estado de la noche a la mañana, sin comprender las condiciones bajo las que puede lograrse esta destrucción. 2) En que ]os primeros reconocen la necesidad de que el proletariado, después de conquistar el Poder político, destruya completamente la vieja máquina del Estado, sustituyéndola por otra nueva, formada por la organización de los obreros armados, según el tipo de la Comuna; mientras que los segundos, abogando por la destrucción de la máquina del Estado, tienen una idea absolutamente confusa respecto al punto de con qué ha de sustituir esa máquina el proletariado y cómo éste ha de emplear el Poder revolucionario; los anarquistas niegan incluso el empleo del Poder estatal por el proletariado revolucionario, su dictadura revolucionaria. 3) En que los primeros exigen que el proletariado se prepare para la revolución utilizando el Estado moderno, mientras que los anarquistas niegan esto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En esta controversia, es precisamente Pannekoek quien representa al marxismo contra Kautsky, pues precisamente Marx nos enseñó que el proletariado no puede&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
limitarse sencillamente a conquistar el Poder del Estado, en el sentido de pasar a nuevas manos el viejo aparato estatal, sino que debe destruir, romper este aparato y&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sustituirlo por otro nuevo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Kautsky se pasa del marxismo al oportunismo, pues en él desaparece en absoluto precisamente esta destrucción de la máquina del Estado, completamente inaceptable&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para los oportunistas, y se les deja a éstos un portillo abierto, en el sentido de interpretar la &amp;quot;conquista&amp;quot; como una simple adquisición de la mayoría.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para encubrir su tergiversación del marxismo, Kautsky procede como un buen exégeta de los evangelios: nos dispara una &amp;quot;cita&amp;quot; del propio Marx. En 1850 Marx había&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
escrito acerca de la necesidad de una &amp;quot;resuelta centralización de la fuerza en manos del Poder del Estado&amp;quot;. Y Kautsky pregunta, triunfal: ¿Acaso pretende Pannekoek&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
destruir el &amp;quot;centralismo&amp;quot;?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este es ya, sencillamente, un juego de manos, parecido a la identificación que hace Bernstein del marxismo y del proudhonismo en sus puntos de vista sobre el&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
federalismo que él opone al centralismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La &amp;quot;cita&amp;quot; tomada por Kautsky es totalmente inadecuada al caso. El centralismo cabe tanto en la vieja como en la nueva máquina del Estado. Si los obreros unen&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
voluntariamente sus fuerzas armadas, esto será centralismo, pero un centralismo basado en la &amp;quot;completa destrucción&amp;quot; del aparato centralista del Estado, del ejército&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
permanente, de la policía, de la burocracia. Kautsky se comporta en absoluto como un estafador, al eludir los pasajes perfectamente conocidos de Marx y Engels sobre la Comuna y destacando una cita que no guarda ninguna relación con el asunto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;¿Acaso quiere Pannekoek abolir las funciones estatales de los funcionarios? -- prosigue Kautsky --. Pero ni en el Partido ni en los sindicatos, y no digamos en la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
administración pública, podemos prescindir de funcionarios. Nuestro programa no pide la supresión de los funcionarios del Estado, sino la elección de los funcionarios por el pueblo. . . De lo que en esta discusión se trata no es de saber qué estructura presentará el aparato administrativo del &#039;Estado del porvenir&#039;, sino de saber si -nuestra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lucha política destruirá [literalmente: disolverá, auflöst ] el Poder del Estado antes de haberlo conquistado nosotros [subrayado por Kautsky]. ¿Qué ministerio, con sus&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
funcionarios, podría suprimirse?&amp;quot; Y se enumeran los ministerios de Instrucción, de Justicia, de Hacienda, de Guerra. &amp;quot;No, con nuestra lucha política contra el gobierno no&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
eliminaremos ninguno de los actuales ministerios . . . Lo repito, para prevenir equívocos: aquí no se trata de la forma que dará al &#039;Estado del porvenir&#039; la socialdemocracia triunfante, sino de la que quiere dar al Estado actual nuestra oposición&amp;quot; (pág. 725).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto es una superchería manifiesta. Pannekoek había planteado precisamente la cuestión de la revolución. Así se dice con toda claridad en el título de su artículo y en&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
los pasajes citados. Al saltar a la cuestión de la &amp;quot;oposición&amp;quot;, Kautsky suplanta precisamente el punto de vista revolucio nario por el punto de vista oportunista. La&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cosa aparece, en él, planteada así: ahora estamos en la oposición; después de la conquista del Poder, ya veremos. ¡La revolución desaparece! Esto era precisamente lo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que exigían los oportunistas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí no se trata de la oposición ni de la lucha política en general, sino precisamente de la revolución. La revolución consiste en que el proletariado destruye el &amp;quot;aparato&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
administrativo&amp;quot; y todo el aparato del Estado, sustituyéndolo por otro nuevo, formado por los obreros armados. Kautsky revela una &amp;quot;veneración supersticiosa&amp;quot; de los&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;ministerios&amp;quot;, pero ¿por qué estos ministerios no han de poder sustituirse, supongamos, por comisiones de especialistas adjuntas a los Soviets soberanos y&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
todopoderosos de Diputados Obreros y Soldados?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La esencia de la cuestión no está, ni mucho menos, en saber si han de seguir los &amp;quot;ministerios&amp;quot; o si ha de haber &amp;quot;comisiones de especialistas&amp;quot; o cualesquiera otras&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
instituciones; esto es completamente secundario. La esencia de la cuestión está en si se mantiene la vieja máquina del Estado (enlazada por miles de hilos a la burguesía y empapada hasta el tuétano de rutina y de inercia), o si se la destruye, sustituyéndola por otra nueva. La revolución debe consistir, no en que la nueva clase mande y gobierne con ayuda de la vieja máquina del Estado, sino en que destruya esta máquina y mande, gobierne con ayuda de otra nueva : este pensamiento fundamental del marxismo se esfuma en Kautsky, o bien éste no lo ha comprendido en absoluto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La pregunta que hace a propósito de los funcionarios demuestra palpablemente que no ha comprendido las enseñanzas de la Comuna, ni la doctrina de Marx. &amp;quot;Ni en el&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Partido ni en los sindicatos podemos prescindir de funcionarios&#039; . . .&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No podemos prescindir de funcionarios bajo el capitalismo, bajo la dominación de la burguesía. El proletariado está oprimido, las masas trabajadoras están esclavizadas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por el capitalismo. Bajo el capitalismo, la democracia se ve coartada, cohibida, truncada, mutilada por todo el ambiente de la esclavitud asalariada, por la penuria y la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
miseria de las masas. Por esto, y solamente por esto, los funcionarios de nuestras organizaciones políticas y sindicales se corrompen (o, para decirlo más exactamente,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tienden a corromperse) bajo el ambiente del capitalismo y muestran la tendencia a convertirse en burócratas, es decir, en personas privilegiadas, divorciadas de las&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
masas, situadas por encima de las masas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En esto reside la esencia del burocratismo, y mientras los capitalistas no sean expropiados, mientras no se derribe a la burguesía, será inevitable una cierta burocratización&amp;quot; incluso de los funcionarios proletarios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Kautsky presenta la cosa así: puesto que sigue habiendo funcionarios electivos, esto quiere decir que bajo el socialismo sigue habiendo también burócratas, Ique sigue&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
habiendo burocracia! Y esto es precisamente lo que es falso. Precisamente sobre el ejemplo de la Comuna, Marx puso de manifiesto que bajo el socialismo los funcionarios dejan de ser &amp;quot;burócratas&amp;quot;, dejan de ser &amp;quot;funcionarios&amp;quot;, dejan de serlo a medida que se implanta, además de la elegibilidad, la amovilidad en todo momento, y, además de esto, los sueldos equiparados al salario medio de un obrero, y, además de esto, la sustitución de las instituciones parlamentarias por &amp;quot;instituciones de trabajo, es decir, que dictan leyes y las ejecutan&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el fondo, toda la argumentación de Kautsky contra Pannekoek, y especialmente su notable argumento de que tampoco en las organizaciones sindicales y del Partido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
podemos prescindir de funcionarios, revelan la repetición por parte de Kautsky de los viejos &amp;quot;argumentos&amp;quot; de Bernstein contra el marxismo en general. En su libro de&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
renegado &amp;quot;Las premisas del socialismo&amp;quot;, Bernstein combate las ideas de la democracia &amp;quot;primitiva&amp;quot;, lo que él llama &amp;quot;democratismo doctrinario&amp;quot;: mandatos imperativos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
funcionarios sin sueldo, una representación central impotente, etc. Como prueba de que este democratismo &amp;quot;primitivo&amp;quot; es inconsistente, Bernstein se refiere a la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
experiencia de las tradeuniones inglesas, en la interpretación de los esposos Webb.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Según ellos, en los setenta años que llevan de existencia, las tradeuniones, que se han desarrollado, a su decir, &amp;quot;en completa libertad&amp;quot; (página 137 de la edición alemana), se han convencido precisamente de la inutilidad del democratismo primitivo y han sustituido éste por el democratismo corriente: por el parlamentarismo, combinado con el burocratismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En realidad, las tradeuniones no se han desarrollado &amp;quot;en completa libertad&amp;quot;, sino en completa esclavitud capitalista, bajo la cual es lógico que &amp;quot;no pueda prescindirse&amp;quot; de&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
una serie de concesiones a los males imperantes, a la violencia, a la falsedad, a la exclusión de los pobres de los asuntos de la &amp;quot;alta&amp;quot; administración. Bajo el socialismo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
revive inevitablemente mucho de la democracia &amp;quot;primitiva&amp;quot;, pues por primera vez en la historia de las sociedades civilizadas la masa de la población se eleva para intervenir por cuenta propia no sólo en votaciones y en elecciones, sino también en la labor diaria de la administración. Bajo el socialismo, t o d o s intervendrán por turno en la dirección y se habituarán rápidamente a que ninguno dirija.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con su genial inteligencia crítico-analítica, Marx vio en las medidas prácticas de la Comuna aquel viraje que temen y no quieren reconocer los oportunistas por cobardía,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por no querer romper irrevocablemente con la burguesía, y que los anarquistas no quieren ver, o por precipitación o por incomprensión de las condiciones en que se&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
producen las transformaciones sociales de masas en general, &amp;quot;No hay ni que pensar en destruir la vieja máquina del Estado, pues ¿cómo vamos a arreglárnoslas sin&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ministerios y sin burócratas?&amp;quot;, razona el oportunista, infestado de filisteísmo hasta el tuétano y que, en el fondo no sólo no cree en la revolución, en la capacidad creadora de la revolución, sino que la teme como a la muerte (como la temen nuestros mencheviques y socialrevolucionarios).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;Sólo hay que pensar en destruir la vieja máquina del Estado, no hay por qué ahondar en las enseñanzas concretas de las anteriores revoluciones proletarias ni&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
analizar con qué y cómo sustituir lo destruido&amp;quot;, razonan los anarquistas (los mejores anarquistas, naturalmente, no los que van a la zaga de la burguesía tras los señores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Kropotkin y Cía.); de donde resulta, en los anarquistas, la táctica de la desesperación, y no la táctica de una labor revolucionaria sobre objetivos concretos, implacable y&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
audaz, y que al mismo tiempo, tenga en cuenta las condiciones prácticas del movimiento de masas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Marx nos enseña a evitar ambos errores, nos enseña a ser de una intrepidez sin límites en la destrucción de toda la vieja máquina del Estado, pero al mismo tiempo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
nos enseña a plantear la cuestión de un modo concreto: la Comuna pudo en unas cuantas semanas comenzar a construir una nueva máquina, una máquina proletaria de&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estado, implantando de este modo las medidas señaladas para ampliar el democratismo y desarraigar el burocratismo. Aprendamos de los comuneros la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
intrepidez revolucionaria, veamos en sus medidas prácticas un esbozo de las medidas prácticamente urgentes e inmediatamente aplicables, y entonces, siguiendo este&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
camino, llegaremos a la destrucción completa del burocratismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La posibilidad de esta destrucción está garantizada por el hecho de que el socialismo reduce la jornada de trabajo, eleva a las masas a una nueva vida, coloca a la mayoría te la población en condiciones que permiten a todos, sin excepción, ejercer las &amp;quot;funciones del Estado&amp;quot;, y esto conduce a la extinción completa de todo Estado en general.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;. . . La tarea de la huelga general -- prosigue Kautsky -- no puede ser nunca la de destruir el Poder del Estado, sino simplemente la de obligar a un gobierno a ceder en&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
un determinado punto o la de sustituir un gobierno hostil al proletariado por otro dispuesto a hacerle concesiones [entgegenkommende ]. . . Pero jamás, ni en modo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
alguno, puede esto [es decir, la victoria del proletariado sobre un gobierno hostil] conducir a la destrucción del Poder del Estado, sino pura y simplemente a un cierto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
desplazamiento [Verschiébung ] de la relación de fuerzas dentro del Poder del Estado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la meta de nuestra lucha política sigue siendo, con esto, la que ha sido hasta aquí:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
conquistar el Poder del Estado ganando la mayoría en el parlamento y hacer del parlamento el dueño del gobierno&amp;quot; (págs. 726, 721, 732).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto es ya el más puro y el más vil oportunismo, es ya renunciar de hecho a la revolución acatándola de palabra. El pensamiento de Kautsky no va más allá de &amp;quot;un gobierno dispuesto a hacer concesiones al proletariado&amp;quot;, lo que significa un paso atrás hacia el filisteísmo, en comparación con el año 1847, en que el &amp;quot;Manifiesto Comunista&amp;quot; proclamaba la &amp;quot;organización del proletariado en clase dominante&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Kautsky tendrá que realizar la &amp;quot;unidad&amp;quot;, tan preferida por él, con los Scheidemann, los Plejánov, los Vandervelde, todos los cuales están de acuerdo en luchar por un&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
gobierno &amp;quot;dispuesto a hacer concesiones al proletariado&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero nosotros iremos a la ruptura con estos traidores al socialismo y lucharemos por la destrucción de toda la vieja máquina del Estado, para que el mismo proletariado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
armado sea el gobierno. Son &amp;quot;dos cosas muy distintas&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Kautsky quedará en la grata compañía de los Legien y los David, los Plejánov, los Pótresov, los Tsereteli y los Chernov, que están completamente de acuerdo en luchar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por &amp;quot;un desplazamiento de la relación de fuerzas dentro del Poder del Estado&amp;quot;, por &amp;quot;ganar la mayoría en el parlamento y hacer del parlamento el dueño del gobierno&amp;quot;,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
nobilísimo fin en el que todo es aceptable para los oportunistas, todo permanece en el marco de la república parlamentaria burguesa. Pero nosotros iremos a la ruptura con los oportunistas; y todo el proletariado consciente estará con nosotros en la lucha, no por &amp;quot;el desplazamiento de la relación de fuerzas&amp;quot;, sino por el derrocamiento de la burguesía, por la destrucción del parlamentarismo burgués, por una República democrática del tipo de la Comuna o una República de los Soviets de Diputados&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Obreros y Soldados, por la dictadura revolucionaria del proletariado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Más a la derecha que Kautsky están situadas, en el socialismo internacional, corrientes como la de los &amp;quot;Cuadernos mensuales socialistas&amp;quot; en Alemania (Legien,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
David, Kolb y muchos otros, incluyendo a los escandinavos Stauning y Branting~, los jauresistas y Vandervelde en Francia y Bélgica, Turati, Treves y otros representantes del ala derecha del partido italiano, los fabianos y los &amp;quot;independientes&amp;quot; (&amp;quot;Partido Laborista Independiente&amp;quot;, que en realidad ha estado siempre bajo la dependencia de los liberales) en Inglaterra, etc. Todos estos señores, que desempeñan un papel enorme, no pocas veces predominante, en la labor parlamentaria y en la labor publicitaria del partido, niegan francamente la dictadura del proletariado y practican un oportunismo descarado. Para estos señores, la &amp;quot;dictadura&amp;quot; del proletariado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡¡&amp;quot;contradice&amp;quot; la democracia!! No se distinguen sustancialmente en nada serio de los demócratas pequeñoburgueses.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si tenemos en cuenta esta circunstancia, tenemos derecho a llegar a la conclusión de que la Segunda Internacional, en la aplastante mayoría de sus representantes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ofíciales, ila caído de lleno en el oportunismo. La experiencia de la Comuna no ka sido solamente olvidada, sino tergiversada. No sólo no se inculcó a las masas obreras que se acerca el día en que deberán levantarse y destruir la vieja máquina del Estado, sustituyéndola por una nueva y convirtiendo así su dominación política en base para la transformación socialista de la sociedad, sino que se les inculcó todo lo contrario y se presentó la &amp;quot;conquista del Poder&amp;quot; de tal modo, que se dejaban miles de portillos abiertos al oportunismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La tergiversación y el silenciamiento de la cuestión de la actitud de la revolución proletaria hacia el Estado no podían por menos de desempeñar un enorme papel en el&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
momento en que los Estados, con su aparato militar reforzado a consecuencia de la rivalidad imperialista, se convertían en monstruos guerreros, que devoraban a millones de hombres para dirimir el litigio de quién había de dominar el mundo: sí Inglaterra o Alemania, si uno u otro capital financiero.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== La Experiencia de las Revoluciones Rusas de 1905 y 1917 ==&lt;br /&gt;
El tema indicado en el título de este capítulo es tan enormemente vasto, que sobre él podrían y deberían escribirse tomos enteros. En este folleto, habremos de limitarnos, como es lógico, a las enseñanzas más importantes de la experiencia que guardan una relación directa con las tareas del proletariado en la revolución con respecto al Poder del Estado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Palabras Finales a la Primera Edición ==&lt;br /&gt;
Este folleto fue escrito en los meses de agosto y septiembre de 1917. Tenía ya trazado el plan del capítulo siguiente, del VII: &amp;quot;La experiencia de las revoluciones rusas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de 1905 y 1917&amp;quot;. Pero, fuera del título, no me fue posible escribir ni una sola línea de este capítulo: vino a &amp;quot;estorbarme&amp;quot; la crisis política, la víspera de la Revolución de&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Octubre de 1917. De &amp;quot;estorbos&amp;quot; así no tiene uno más que alegrarse. Pero la redacción de la segunda parte del folleto (dedicada a &amp;quot;La experiencia de las revoluciones rusas de 1905 y 1917&amp;quot;) habrá que aplazarla seguramente por mucho tiempo; es más agradable y más provechoso vivir la &amp;quot;experiencia de la revolución&amp;quot; que escribir acerca de ella.&lt;br /&gt;
[[Categoría:Obras de biblioteca de Vladímir Lenin]]&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Ledlecreeper27</name></author>
	</entry>
	<entry>
		<id>https://es.prole.wiki/w/index.php?title=Biblioteca:El_estado_y_la_revoluci%C3%B3n&amp;diff=5169</id>
		<title>Biblioteca:El estado y la revolución</title>
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		<updated>2022-08-04T12:56:21Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Ledlecreeper27: Página creada con «{{DISPLAYTITLE:&amp;#039;&amp;#039;El estado y la revolución&amp;#039;&amp;#039;, por Vladímir Lenin}}  == Prólogo a la Primera Edición == La cuestión del Estado adquiere actualmente una importancia singular, tanto en el aspecto teórico como en el aspecto político práctico. La guerra imperialista ha acelerado y agudizado extraordinariamente el proceso de transformación del capitalismo monopolista en capitalismo monopolista de Estado. La opresión monstruosa de las masas trabajadoras por el Esta…»&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{DISPLAYTITLE:&#039;&#039;El estado y la revolución&#039;&#039;, por Vladímir Lenin}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Prólogo a la Primera Edición ==&lt;br /&gt;
La cuestión del Estado adquiere actualmente una importancia singular, tanto en el aspecto teórico como en el aspecto político práctico. La guerra imperialista ha acelerado y agudizado extraordinariamente el proceso de transformación del capitalismo monopolista en capitalismo monopolista de Estado. La opresión monstruosa de las masas trabajadoras por el Estado, que se va fundiendo cada vez más estrechamente con las asociaciones omnipotentes de los capitalistas, cobra proporciones cada vez mas monstruosas. Los países adelantados se convierten -- y al decir esto nos referimos a su &amp;quot;retaguardia&amp;quot; -- en presidios militares para los obreros. Los inauditos horrores y calamidades de esta guerra interminable hacen insoportable la situación de ías masas, aumentando su indignación. Va fermentando a todas luces la revolución proletaria internacional. La cuestión de la actitud de ésta hacia el Estado adquiere una importancia práctica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los elementos de oportunismo acumulados durante décadas de desarrollo relativamente pacífico crearon la corriente de socialchovinismo imperante en los partidos socialistas oficiales del mundo entero. Esta corriente (Plejánov, Pótresov, Breshkóvskaia, Rubanóvich y luego, bajo una forma levemente velada, los señores Tsereteli, Chernov y Cía., en Rusia; Scheidemann, Legien, David y otros en Alemania; Renaudel, Guesde, Vandervelde, en Francia y en Bélgica; Hyndman y los fabianos, en Inglaterra, etc., etc.), socialismo de palabra y chovinismo de hecho, se distingue por la adaptación vil y lacayuna de los &amp;quot;jefes&amp;quot; del &amp;quot;socialismo&amp;quot;, no sólo a los intereses de &amp;quot;su&amp;quot; burguesía nacional, sino, precisamente, a los intereses de &amp;quot;su&amp;quot; Estado, pues la mayoría de las llamadas grandes potencias hace ya largo tiempo que explotan y esclavizan a muchas nacionalidades pequeñas y débiles. Y la guerra imperialista es precisamente una guerra por la partición y el reparto de esta clase de botín. La lucha por arrancar a las masas trabajadoras de la influencia de la burguesía en general y de la burguesía imperialista en particular, es imposible sin una lucha contra los prejuicios oportunistas relativos al &amp;quot;Estado&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Comenzamos examinando la doctrina de Marx y Engels sobre el Estado, deteniéndonos de manera especialmente minuciosa en los aspectos de esta doctrina olvidados o tergiversados de un modo oportunista. Luego, analizaremos especialmente la posición del principal representante de estas tergiversaciones, Carlos Kautsky, el líder más conocido de la II Internacional (1889-1914), que tan lamentable bancarrota ha sufrido durante la guerra actual. Finalmente, haremos el balance fundamental de la experiencia de la revolución rusa de 1905 y, sobre todo, de la de 1917. Esta última cierra, evidentemente, en los momentos actuales (comienzos de agosto de 1917), la primera fase de su desarrollo; pero toda esta revolución, en términos generales, sólo puede comprenderse como uno de los eslabones de la cadena de las revoluciones proletarias socialistas suscitadas por la guerra imperialista. La cuestión de la actitud de la revolución socialista del proletariado ante el Estado adquiere, así, no solo una importancia política práctica, sino la importancia más candente como cuestión de explicar a las masas qué deberán hacer para liberarse, en un porvenir inmediato, del yugo del capital.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== La Sociedad de Clases y el Estado ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== El Estado, Producto del Caracter Irreconcible de las Contradicciones de Clase ===&lt;br /&gt;
Ocurre hoy con la doctrina de Marx lo que ha solido ocurrir en la historia repetidas veces con las doctrinas de los pensadores revolucionarios y de los jefes de las clases oprimidas en su lucha por la liberación. En vida de los grandes revolucionarios, las clases opresoras les someten a constantes persecuciones, acogen sus doctrinas con la rabia más salvaje, con el odio más furioso, con la campaña más desenfrenada de mentiras y calumnias. Después de su muerte, se intenta convertirlos en iconos inofensivos, canonizarlos, por decirlo así, rodear sus nombres de una cierta aureola de gloria para &amp;quot;consolar&amp;quot; y engañar a las clases oprimidas, castrando el contenido de su doctrina revolucionaria, mellando su filo revolucionario, envileciéndola. En semejante &amp;quot;arreglo&amp;quot; del marxismo se dan la mano actualmente la burguesía y los portunistas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dentro del movimiento obrero. Olvidan, re legan a un segundo plano, tergiversan el aspecto revolucionario de esta doctrina, su espíritu revolucionario. Hacen pasar a primer plano, ensalzan lo que es o parece ser aceptable para la burguesía. Todos los socialchovinistas son hoy -- ¡bromas aparte! -- &amp;quot;marxistas&amp;quot;. Y cada vez con mayor frecuencia los sabios burgueses alemanes, que ayer todavía eran especialistas en pulverizar el marxismo, hablan hoy ¡de un Marx &amp;quot;nacional-alemán&amp;quot; que, según ellos, educó estas asociaciones obreras tan magníficamente organizadas para llevar a cabo la guerra de rapiñal!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ante esta situación, ante la inaudita difusión de las tergiversaciones del marxismo, nuestra misión consiste, ante todo, en restaurar la verdadera doctrina de Marx sobre el Estado. Para esto es necesario citar toda una serie de pasajes largos de las obras mismas de Marx y Engels. Naturalmente, las citas largas hacen la exposición pesada y en nada contribuyen a darle un carácter popular. Pero es de todo punto imposible prescindir de ellas. No hay más remedio que citar del modo más completo posible todos los pasajes, o, por lo menos, todos los pasajes decisivos, de las obras de Marx y Engels sobre la cuestión del Estado, para que el lector pueda formarse por su cuenta una noción del conjunto de las ideas de los fundadores del socialismo científico y del desarrollo de estas ideas, así como también para probar documentalmente y patentizar con toda claridad la tergiversación de estas ideas por el &amp;quot;kautskismo&amp;quot; hoy imperante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Comencemos por la obra más conocida de F. Engels: &amp;quot;El origen de la familia, de la propiedad privada y del Estado&amp;quot;, de la que ya en 1894 se publicó en Stuttgart la sexta&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
edición. Conviene traducir las citas de los originales alemanes, pues las traducciones rusas, con ser tan numerosas, son en gran parte incompletas o están hechas de un&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
modo muy defectuoso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;El Estado -- dice Engels, resumiendo su análisis histórico -- no es, en modo alguno, un Poder impuesto desde fuera a la sociedad; ni es tampoco &#039;la realidad de la idea moral&#039;, &#039;la imagen y la realidad de la razón&#039;, como afirma Hegel. El Estado es, más bien, un producto de la sociedad al llegar a una determinada fase de desarrollo; es la confesión de que esta sociedad se ha enredado con sigo misma en una contradicción insoluble, se ha dividido en antagonismos irreconciliables, que ella es impotente para conjurar. Y para que estos antagonismos, estas clases con intereses económicos en pugna, no se devoren a sí mismas y no devoren a la sociedad en una lucha estéril, para eso hízose necesario un Poder situado, aparentemente, por encima de la sociedad y llamado a amortiguar el conflicto, a mantenerlo dentro de los límites del &#039;orden&#039;. Y este Poder, que brota de la sociedad, pero que se coloca por encima de ella y que se divorcia cada vez más de ella, es el Estado&amp;quot; (págs. 177 y 178 de la sexta edición alemana).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí aparece expresada con toda claridad la idea fundamental del marxismo en punto a la cuestión del papel histórico y de la significación del Estado. EI Estado es el producto y la manifestación del carácter irreconciliable de las contradicciones de clase.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Estado surge en el sitio, en el momento y en el grado en que las contradicciones de clase no pueden, objetivamente, conciliarse. Y viceversa: la existencia del Estado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
demuestra que las contradicciones de clase son irreconciliables.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En torno a este punto importantísimo y cardinal comienza precisamente la tergiversación del marxismo, tergiversación que sigue dos direcciones fundamentales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De una parte, los ideólogos burgueses y especialmente los pequeñoburgueses, obligados por la presión de hechos históricos indiscutibles a reconocer que el Estado sólo existe allí donde existen las contradicciones de clase y la lucha de clases, &amp;quot;corrigen&amp;quot; a Marx de manera que el Estado resulta ser el órgano de la conciliación de clases. Según Marx, el Estado no podría ni surgir ni mantenerse si fuese posible la conciliación de las clases. Para los profesores y publicistas mezquinos y filisteos -- ¡que invocan a cada paso en actitud benévola a Marx! -- resulta que el Estado es precisamente el que concilia las clases. Según Marx, el Estado es un órgano de dominación de clase, un órgano de opresión de una clase por otra, es la creación del &amp;quot;orden&amp;quot; que legaliza y afianza esta opresión, amortiguando los choques entre las clases. En opinión de los políticos pequeñoburgueses, el orden es precisamente la conciliación de las clases y no la opresión de una clase por otra. Amortiguar los choques significa para ellos conciliar y no privar a las clases oprimidas de ciertos medios y procedimientos de lucha para el derrocamiento de los opresores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por ejemplo, en la revolución de 1917, cuando la cuestión de la significación y del papel del Estado se planteó precisamente en toda su magnitud, en el terreno práctico,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
como una cuestión de acción inmediata, y además de acción de masas, todos los socialrevolucionarios y todos los mencheviques cayeron, de pronto y por entero, en la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
teoría pequeñoburguesa de la &amp;quot;conciliación&amp;quot; de las clases &amp;quot;por el Estado&amp;quot;. Hay innumerables resoluciones y artículos de los políticos de estos dos partidos saturados de esta teoría mezquina y filistea de la &amp;quot;conciliación&amp;quot;. Que el Estado es el órgano de dominación de una determinada clase, la cual no puede conciliarse con su antípoda&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(con la clase contrapuesta a ella), es algo que esta democracia pequeñoburguesa no podrá jamás comprender, La actitud ante el Estado es uno de los síntomas más patentes de que nuestros socialrevolucionarios y mencheviques no son en manera alguna socialistas (lo que nosotros, los bolcheviques, siempre hemos demostrado), sino demócratas pequeñoburgueses con una fraseología casi socialista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De otra parte, la tergiversación &amp;quot;kautskiana&amp;quot; del marxismo es bastante más sutil.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;Teóricamente&amp;quot;, no se niega ni que el Estado sea el órgano de dominación de clase, ni que las contradicciones de clase sean irreconciliables. Pero se pasa por alto u oculta lo siguiente: si el Estado es un producto del carácter irreconciliable de las contradicciones de clase, si es una fuerza que está por encima de la sociedad y que &amp;quot;se divorcia cada vez más de la sociedad&amp;quot;, es evidente que la liberación de la clase oprimida es imposible, no sólo sin una revolución violenta, sino también sin la destrucción del aparato del Poder estatal que ha sido creado por la clase dominante y en el que toma cuerpo aquel &amp;quot;divorcio&amp;quot;. Como veremos más abajo, Marx llegó a esta conclusión, teóricamente clara por si misma, con la precisión más completa, a base del análisis histórico concreto de las tareas de la revolución. Y esta conclusión es precisamente -- como expondremos con todo detalle en las páginas siguientes -- la que Kautsky . . . ha&amp;quot;olvidado&amp;quot; y falseado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Los Destacamentos Especiales de Fuerzas Armadas, las Carceles, etc. ===&lt;br /&gt;
&amp;quot;En comparación con las antiguas organizaciones gentilicias (de tribu o de clan) -- prosigue Engels --, el Estado se caracteriza, en primer lugar, por la agrupación de sus&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
súbditos según las divisiones territoriales&amp;quot;. . . A nosotros, esta agrupación nos parece &#039;natural&#039;, pero ella exigió una larga lucha contra la antigua organización en &#039;gens&#039; o en tribus.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;La segunda caracteristica es la instauración de un Poder público, que ya no coincide directamente con la población organizada espontáneamente como fuerza armada. Este Poder público especial hácese necesario porque desde la división de la sociedad en clases es ya imposible una organización armada espontánea de la población. . Este Poder público existe en todo Estado; no está formado solamente por hombres armados, sino también por aditamentos materiales, las cárceles y las instituciones coercitivas de todo género, que la sociedad gentilicia no conocía. . .&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Engels desarrolla la noción de esa &amp;quot;fuerza&amp;quot; a que se da el nombre de Estado, fuerza que brota de la sociedad, pero que se sitúa por encima de ella y que se divorcia cada vez más de ella. ¿En qué consiste, fundamentalmente, esta fuerza? En destacamentos especiales de hombres armados, que tienen a su disposición cárceles y otros elementos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenemos derecho a hablar de destacamentos especiales de hombres armados, pues el Poder público propio de todo Estado &amp;quot;no coincide directamente&amp;quot; con la población&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
armada, con su &amp;quot;organización armada espontánea&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como todos los grandes pensadores revolucionarios, Engels se esfuerza en dirigir la atención de los obreros conscientes precisamente hacia aquello que el filisteísmo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dominante considera como lo menos digno de atención, como lo más habitual, santificado por prejuicios no ya sólidos, sino podríamos decir que petrificados El ejército permanente y la policía son los instrumentos fundamentales de la fuerza del Poder del Estado. Pero ¿puede acaso ser de otro modo?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde el punto de vista de la inmensa mayoría de los europeos de fines del siglo XIX, a quienes se dirigía Engels y que no habían vivido ni visto de cerca ninguna gran&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
revolución, esto no podía ser de otro modo. Para ellos, era completamente incomprensible esto de una &amp;quot;organización armada espontánea de la población&amp;quot;. A la pregunta de por qué ha surgido la necesidad de destacamentos especiales de hombres armados (policía y ejército permanente) situados por encima de la sociedad y divorciados de ella, el filisteo del Occidente de Europa y el filisteo ruso se inclinaban a contestar con un par de frases tomadas de prestado de Spencer o de Mijailovski,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
remitiéndose a la complejidad de la vida social, a la diferenciación de funciones, etc.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estas referencias parecen &amp;quot;científicas&amp;quot; y adormecen magníficamente al filisteo, velando lo principal y fundamental: la división de la sociedad en clases enemigas irreconciliables.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si no existiese esa división, la &amp;quot;organización armada espontánea de la población&amp;quot; se diferenciaría por su complejidad, por su elevada técnica, etc., de la organización&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
primitiva de la manada de monos que manejan el palo, o de la del hombre prehistórico, o de la organización de los hombres agrupados en la sociedad del clan;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pero semejante organización sería posible.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si es imposible, es porque la sociedad civilizada se halla dividida en clases enemigas, y además irreconciliablemente enemigas, cuyo armamento &amp;quot;espontáneo&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
conduciría a la lucha armada entre ellas. Se forma el Estado, se crea una fuerza especial, destacamentos especiales de hombres armados, y cada revolución, al destruir&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el aparato del Estado, nos indica bien visiblemente cómo la clase dominante se esfuerza por restaurar los destacamentos especiales de hombres armados a s u&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
servicio, cómo la clase oprimida se esfuerza en crear una nueva organización de este tipo, que sea capaz de servir no a los explotadores, sino a los explotados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el pasaje citado, Engels plantea teóricamente la misma cuestión que cada gran revolución plantea ante nosotros prácticamente de un modo palpable y, además, sobre un plano de acción de masas, a saber: la cuestión de las relaciones mutuas entre los destacamentos &amp;quot;especiales&amp;quot; de hombres armados y la &amp;quot;organización armada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
espontánea de la población&amp;quot;. Hemos de ver cómo ilustra de un modo concreto esta cuestión la experiencia de las revoluciones europeas y rusas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero volvamos a la exposición de Engels.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Engels señala que, a veces, por ejemplo, en algunos sitios de Norteamérica, este Poder público es débil (se trata aquí de excepciones raras dentro de la socíedad capitalista y de aquellos sitios de Norteamérica en que imperaba, en el período preimperialista, el colono libre), pero que, en términos generales, se fortalece:&amp;quot;. . . Este Poder público se fortalece a medida que los antagonismos de clase se agudizan dentro del Estado y a medida que se hacen más grandes y más poblados los Estados colindantes; basta fijarse en nuestra Europa actual, donde la lucha de clases y el pugilato de conquistas han encumbrado al Poder público a una altura en que amenaza con devorar a toda la sociedad y hasta al mismo Estado&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto fue escrito no más tarde que a comienzos de la década del 90 del siglo pasado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El último prólogo de Engels lleva la fecha del 16 de junio de 1891. Por aquel entonces, comenzaba apenas en Francia, y más tenuemente todavía en Norteamérica y en&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Alemania, el viraje hacia el imperialismo, tanto en el sentido de la dominación completa de los trusts, como en el sentido de la omnipotencia de los grandes bancos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en el sentido de una grandiosa política colonial, etc. Desde entonces, el &amp;quot;pugilato de conquistas&amp;quot; ha experimentado un avance gigantesco, tanto más cuanto que a&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
comienzos de la segunda década del siglo XX el planeta ha resultado estar definitivamente repartido entre estos &amp;quot;conquistadores en pugilato&amp;quot;, es decir, entre las grandes potencias rapaces. Desde entonces, los armamentos terrestres y marítimos han crecido en proporciones increíbles, y la guerra de pillaje de 1914 a 1917 por la dominación de Inglaterra o Alemania sobre el mundo, por el reparto del botín, ha llevado al borde de una catástrofe completa la &amp;quot;absorción&amp;quot; de todas las fuerzas de la sociedad por un Poder estatal rapaz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya en 1891, Engels supo señalar el &amp;quot;pugilato de conquistas&amp;quot; como uno de los más importantes rasgos distintivos de la política exterior de las grandes potencias. ¡Y los&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
canallas socialchovinistas de los años 1914-1917, en que precisamente este pugilato, agudizándose más y más, ha engendrado la guerra imperialista, encubren la defensa de los intereses rapaces de &amp;quot;su&amp;quot; burguesía con frases sobre la &amp;quot;defensa de la patria&amp;quot;, sobre la &amp;quot;defensa de la república y de la revolución&amp;quot; y con otras frases por el estilo!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== El Estado, Arma de Explotación de la Clase Oprimida ===&lt;br /&gt;
Para mantener un Poder público aparte, situado por encima de la sociedad, son necesarios los impuestos y las deudas del Estado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;Los funcionarios, pertrechados con el Poder público y con el derecho a cobrar impuestos, están situados -- dice Engels --, como órganos de la sociedad, por encima de la sociedad. A ellos ya no les basta, aun suponiendo que pudieran tenerlo, con el respeto libre y voluntario que se les tributa a los órganos del régimen gentilicio. . .&amp;quot; Se&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dictan leyes de excepción sobre la santidad y la inviolabilidad de los funcionarios. &amp;quot;El más despreciable polizonte&amp;quot; tiene más &amp;quot;autoridad&amp;quot; que los representantes del clan;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pero incluso el jefe del poder militar de un Estado civilizado podría envidiar a un jefe de clan por &amp;quot;el respeto espontáneo&amp;quot; que le profesaba la sociedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí se plantea la cuestión de la situación privilegiada de los funcionarios como órganos del Poder del Estado. Lo fundamental es saber: ¿qué los coloca por encima de&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la sociedad? Veamos cómo esta cuestión teórica fue resuelta prácticamente por la Comuna de París en 1871 y cómo la esfumó reaccionariamente Kautsky en 1912:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;Como el Estado nació de la necesidad de tener a raya los antagonismos de clase, y como, al mismo tiempo, nació en medio del conflicto de estas clases, el Estado lo es, por regla general, de la clase más poderosa, de la clase económicamente dominante, que con ayuda de él se convierte también en la clase políticamente dominante,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
adquiriendo así nuevos medios para la represión y explotación de la clase oprimida. . .&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No fueron sólo el Estado antiguo y el Estado feudal órganos de explotación de los esclavos y de los campesinos siervos y vasallos: también &amp;quot;el moderno Estado representativo es instrumento de explotación del trabajo asalariado por el capital. Sin embargo, excepcionalmente, hay períodos en que las clases en pugna se equilibran&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hasta tal punto, que el Poder del Estado adquiere momentáneamente, como aparente mediador, una cierta independencia respecto a ambas&amp;quot;. . . Tal aconteció con la monarquía absoluta de los siglos XVII y XVIII, con el bonapartismo del primero y del segundo Imperio en Francia, y con Bismarck en Alemania.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y tal ha acontecido también -- agregamos nosotros -- con el gobierno de Kerenski, en la Rusia republicana, después del paso a las persecuciones del proletariado revolucionario, en un momento en que los Soviets, como consecuencia de hallar se dirigidos por demócratas pequeñoburgueses, son ya impotentes, y la burguesía no es&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
todavía lo bastante fuerte para disolverlos pura y simplemente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la república democrática -- prosigue Engels -- &amp;quot;la riqueza ejerce su poder indirectamente, pero de un modo tanto más seguro&amp;quot;, y lo ejerce, en primer lugar, mediante la &amp;quot;corrupción directa de los funcionarios&amp;quot; (Norteamérica), y, en segundo lugar, mediante la &amp;quot;alianza del gobierno con la Bolsa&amp;quot; (Francia y Norteamérica).En la actualidad, el imperialismo y la dominación de los Bancos han &amp;quot;desarrollado&amp;quot;, hasta convertirlos en un arte extraordinario, estos dos métodos adecuados paradefender y llevar a la práctica la omnipotencia de la riqueza en las repúblicas democráticas, sean cuales fueren. Si, por ejemplo, en los primeros meses de la república democrática rusa, en los meses que podemos llamar de la luna de miel de los &amp;quot;socialistas&amp;quot; -- socialrevolucionarios y mencheviques -- con la burguesía, en el gobierno de coalición, el señor Palchinski saboteó todas las medidas de restricción contra los capitalistas y sus latrocinios, contra sus actos de saqueo en detrimento del fisco mediante los suministros de guerra, y si, al salir del ministerio, el señor Palchinski (sustituido, naturalmente, por otro Palchinski exactamente igual) fue &amp;quot;recompensado&amp;quot; por los capitalistas con un puestecito de 120.000 rublos de sueldo al año, ¿qué significa esto? ¿Es un soborno directo o indirecto? ¿Es una alianza del gobierno con los consorcios o son &amp;quot;solamente&amp;quot; lazos de amistad? ¿Qué papel desempeñan los Chernov y los Tsereteli, los Avkséntiev y los Skóbelev? ¿El de aliados &amp;quot;directos&amp;quot; o solamente indirectos de los millonarios malversadores de los fondos públicos?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La omnipotencia de la &amp;quot;riqueza&amp;quot; es más segura en las repúblicas democráticas, porque no depende de la mala envoltura política del capitalismo. La república democrática es la mejor envoltura política de que puede revestirse el capitalismo, y por lo tanto el capital, al dominar (a través de los Pakhinski, los Chernov, los Tsereteli y Cía.) esta envoltura, que es la mejor de todas, cimenta su Poder de un modo tan seguro, tan firme, que ningún cambio de personas, ni de instituciones, ni de partidos, dentro de la república democrática burguesa, hace vacilar este Poder.Hay que advertir, además, que Engels, con la mayor precisión, llama al sufragio universal arma de dominación de la burguesía. El sufragio universal, dice Engels, sacando evidentemente las enseñanzas de la larga experiencia de la socialdemocracia alemana, es &amp;quot;el índice que sirve para medir la madurez de la clase obrera. No puede ser más ni será nunca más, en el Estado actual&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los demócratas pequeñoburgueses, por el estilo de nuestros socialrevolucionarios y mencheviques, y sus hermanos carnales, todos los socialchovinistas y oportunistas de la Europa occidental, esperan, en efecto, &amp;quot;más&amp;quot; del sufragio universal.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Comparten ellos mismos e inculcan al pueblo la falsa idea de que el sufragio universal es, &amp;quot;en el Estado actual &amp;quot;, un medio capaz de expresar realmente la voluntad de la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mayoría de los trabajadores y de garantizar su efectividad práctica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí no podemos hacer más que señalar esta idea mentirosa, poner de manifiesto que esta afirmación de Engels completamente clara, precisa y concreta, se falsea a&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cada paso en la propaganda y en la agitación de los partidos socialistas &amp;quot;oficiales&amp;quot; (es decir, oportunistas). Una explicación minuciosa de toda la falsedad de esta idea,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
rechazada aquí por Engels, la encontraremos más adelante, en nuestra exposición de los puntos de vista de Marx y Engels sobre el Estado &amp;quot;actual &amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la más popular de sus obras, Engels traza el resumen general de sus puntos de vista en los siguientes términos:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;Por tanto, el Estado no ha existido eternamente. Ha habido sociedades que se las arreglaron sin él, que no tuvieron la menor noción del Estado ni del Poder estatal. Al&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
llegar a una determinada fase del desarrollo económico, que estaba ligada necesariamente a la división de la sociedad en clases, esta división hizo que el Estado se convirtiese en una necesidad. Ahora nos acercamos con paso veloz a una fase de desarrollo de la producción en que la existencia de estas clases no sólo deja de ser una necesidad, sino que se convierte en un obstáculo directo para la producción. Las clases desaparecerán de un modo tan inevitable como surgieron en su día. Con la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
desaparición de las clases, desaparecerá inevitablemente el Estado. La sociedad, reorganizando de un modo nuevo la producción sobre la base de una asociación libre e&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
igual de productores, enviará toda la máquina del Estado al lugar que entonces le ha de corresponder: al museo de antiguedades, junto a la rueca y al hacha de bronce&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No se encuentra con frecuencia esta cita en las obras de propaganda y agitación de la socialdemocracia contemporánea. Pero incluso cuando nos encontramos con ella es, casi siempre, como si se hiciesen reverencias ante un icono; es decir, para rendir un homenaje oficial a Engels, sin el menor intento de analizar qué amplitud y profundidad revolucionarias supone esto de &amp;quot;enviar toda la máquina del Estado al museo de antiguedades&amp;quot;. No se ve, en la mayoría de los casos, ni siquiera la comprensión de lo que Engels llama la máquina del Estado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== La &amp;quot;Extinción&amp;quot; del Estado y la Revolución Violenta ===&lt;br /&gt;
Las palabras de Engels sobre la &amp;quot;extinción&amp;quot; del Estado gozan de tanta celebridad y se citan con tanta frecuencia, muestran con tanto relieve dónde está el quid de la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
adulteración corriente del marxismo por la cual éste es adaptado al oportunismo, que se hace necesario detenerse a examinarlas detalladamente. Citaremos todo el pasaje donde figuran estas palabras:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;El proletariado toma en sus manos el Poder del Estado y comienza por convertir los medios de producción en propiedad del Estado. Pero con este mismo acto se destruye a sí mismo como proletariado y destruye toda diferencia y todo antagonismo de clases, y, con ello mismo, el Estado como tal. La sociedad hasta el presente, movida entre los antagonismos de clase, ha necesitado del Estado, o sea de una organización de la correspondiente clase explotadora para mantener las condiciones exteriores de producción, y por tanto, particularmente para mantener por la fuerza a la clase explotada en las condiciones de opresión (la esclavitud, la servidumbre o el vasallaje y el trabajo asalariado), determinadas por el modo de producción existente. El Estado era el representante oficial de toda la sociedad, su síntesis en un cuerpo social visible; pero lo era sólo como Estado de la clase que en su época representaba a toda la sociedad: en la antigüedad era el Estado de los ciudadanos esclavistas; en la Edad Media el de la nobleza feudal; en nuestros tiempos es el de la burguesía. Cuando el Estado se convierta finalmente en representante efectivo de toda la sociedad, será por sí mismo superfluo. Cuando ya no exista ninguna clase social a la que haya que mantener en la opresión; cuando desaparezcan, junto con la dominación de clase, junto con la lucha por la existencia individual, engendrada por la actual anarquía de la producción, los choques y los excesos resultantes de esta lucha, no habra ya nada que reprimir ni hará falta, por tanto, esa fuerza especial de represión, el Estado. El primer acto en que el Estado se manifiesta efectivamente como representante de toda la sociedad: la toma de posesión de los medios de producción en nombre de la sociedad, es a la par su último acto independiente como Estado. La intervención de la autoridad del Estado en las relaciones sociales se hará superflua en un campo tras otro de la vida social y se adormecerá por sí misma. El gobierno sobre las personas es sustituido por la administración de las cosas y por la dirección de los procesos de producción. El Estado no será &#039;abolido&#039;; se extingue. Partiendo de esto es como hay que juzgar el valor de esa frase sobre el &#039;Estado popular libre&#039; en lo que toca a su justificación provisional como consigna de agitación y en lo que se refiere a su falta absoluta de fundamento científico. Partiendo de esto es también como debe ser considerada la exigencia de los llamados anarquistas de que el Estado sea abolido de la noche a la mañana&amp;quot; (&amp;quot;Anti-Dühring &amp;quot; o &amp;quot;La subversión de la ciencia por el señor Eugenio Dühring&amp;quot;, págs. 301-303 de la tercera edición alemana).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin temor a equivocarnos, podemos decir que de estos pensamientos sobremanera ricos, expuestos aquí por Engels, lo único que ha pasado a ser verdadero patrimonio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del pensamiento socialista, en los partidos socialistas actuales, es la tesis de que el Estado, según Marx, &amp;quot;se extingue&amp;quot;, a diferencia de la doctrina anarquista de la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;abolición&amp;quot; del Estado. Truncar así el marxismo equivale a reducirlo al oportunismo, pues con esta &amp;quot;interpretación&amp;quot; no queda en pie más que una noción confusa de un&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cambio lento, paulatino, gradual, sin saltos ni tormentas, sin revoluciones. Hablar de &amp;quot;extinción&amp;quot; del Estado, en un sentido corriente, generalizado, de masas, si cabe decirlo así, equivale indudablemente a esfumar, si no a negar, la revolución.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Además, semejante &amp;quot;interpretación&amp;quot; es la más tosca tergiversación del marxismo, tergiversación que sólo favorece a la burguesía y que descansa teóricamente en la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
omisión de circunstancias y consideraciones importantísimas que se indican, por ejemplo, en el &amp;quot;resumen&amp;quot; contenido en el pasaje de Engels, citado aquí por nosotros en&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
su integridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En primer lugar, Engels dice en el comienzo mismo de este pasaje que, al tomar el Poder del Estado, el proletaria do &amp;quot;destruye, con ello mismo, el Estado como tal&amp;quot;. &amp;quot;No es uso&amp;quot; pararse a pensar qué significa esto. Lo corriente es ignorarlo en absoluto o considerarlo algo así como una &amp;quot;debilidad hegeliana&amp;quot; de Engels. En realidad, en estas palabras se expresa concisamente la experiencia de una de las más grandes revoluciones proletarias, la experiencia de la Comuna de París de 1871, de la cual&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hablaremos detalladamente en su lugar. En realidad, Engels habla aquí de la &amp;quot;destrucción&amp;quot; del Estado de la burguesía por la revolución proletaria, mientras que las&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
palabras relativas a la extinción del Estado se refieren a los restos del Estado proletario después de la revolución socialista. El Estado burgués no se &amp;quot;extingue&amp;quot;, según Engels, sino que &amp;quot;e s d e s t r u i d o &amp;quot; por el proletariado en la revolución. El que se extingue, después de esta revolución, es el Estado o semi-Estado proletario.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En segundo lugar, el Estado es una &amp;quot;fuerza especial de represión&amp;quot;. Esta magnífica y profundísima definición de Engels es dada aquí por éste con la más completa claridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y de ella se deduce que la &amp;quot;fuerza especial de represión&amp;quot; del proletariado por la burguesía, de millones de trabajadores por un puñado de ricachos, debe sustituirse por&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
una &amp;quot;fuerza especial de represión&amp;quot; de la burguesía por el proletariado (dictadura del proletariado). En esto consiste precisamente la &amp;quot;destrucción del Estado como tal&amp;quot;. En&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
esto consiste precisamente el &amp;quot;acto&amp;quot; de la toma de posesión de los medios de producción en nombre de la sociedad. Y es de suyo evidente que semejante sustitución&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de una &amp;quot;fuerza especial&amp;quot; (la burguesa) por otra (la proletaria) ya no puede operarse, en modo alguno, bajo la forma de &amp;quot;extinción&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En tercer lugar, Engels, al hablar de la &amp;quot;extinción&amp;quot; y -- con frase todavía más plástica y colorida -- del &amp;quot;adormecimiento&amp;quot; del Estado, se refiere con absoluta claridad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y precisión a la época posterior a la &amp;quot;toma de posesión de los medios de producción por el Estado en nombre de toda la sociedad&amp;quot;, es decir, posterior a a la revolución&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
socialista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos nosotros sabemos que la forma política del &amp;quot;Estado&amp;quot;, en esta época, es la democracia más completa. Pero a ninguno de los oportunistas que tergiversan&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
desvergonzadamente el marxismo se le viene a las mientes la idea de que, por consiguiente, Engels hable aquí del &amp;quot;adormecimiento&amp;quot; y de la &amp;quot;extinción&amp;quot; de la d e m o&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
c r a c i a. Esto parece, a primera vista, muy extraño. Pero esto sólo es &amp;quot;incomprensible&amp;quot; para quien no haya comprendido que la democracia t a m b i é n es&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
un Estado y que, consiguientemente, la democracia también desaparecerá cuando desaparezca el Estado. El Estado burgués sólo puede ser &amp;quot;destruido&amp;quot; por la revolución.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Estado en general, es decir, la más completa democracia, sólo puede &amp;quot;extinguirse&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cuarto lugar, al establecer su notable tesis de la &amp;quot;extinción del Estado&amp;quot;, Engels declara a renglón seguido, de un modo concreto, que esta tesis se dirige tanto contra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
los oportunistas, como contra los anarquistas. Además, Engels coloca en primer plano la conclusión que, derivada de su tesis sobre la &amp;quot;extinción del Estado&amp;quot;, se dirige contra los oportunistas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Podría apostarse que de diez mil hombres que hayan leído u oído hablar acerca de la &amp;quot;extinción&amp;quot; del Estado, nueve mil novecientos noventa no saben u olvidan en&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
absoluto que Engels no dirigió solamente contra los anarquistas sus conclusiones derivadas de esta tesis. Y de las diez personas restantes, lo más probable es que&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
nueve no sepan qué es el &amp;quot;Estado popular libre&amp;quot; y por qué el atacar esta consigna significa atacar a los oportunistas. ¡Así se escribe la Historia! Así se adapta de un modo imperceptible la gran doctrina revolucionaria al filisteísmo dominante. La conclusión contra los anarquistas se ha repetido miles de veces, se ha vulgarizado, se ha&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
inculcado en las cabezas del modo más simplificado, ha adquirido la solidez de un prejuicio. ¡Pero la conclusión contra los oportunistas la han esfumado y &amp;quot;olvidado&amp;quot;!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El &amp;quot;Estado popular libre&amp;quot; era una reivindicación programática y una consigna corriente de los socialdemócratas alemanes en la década del 70. En esta consigna no&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hay el menor contenido político, fuera de una filistea y enfática descripción de la noción de democracia. Engels estaba dispuesto a &amp;quot;justificar&amp;quot;, &amp;quot;por el momento&amp;quot;, esta&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
consigna desde el punto de vista de la agitación, por cuanto con ella se insinuaba legalmente la república democrática. Pero esta consigna era oportunista, porque&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
expresaba no sólo el embellecimiento de la democracia burguesa, sino también la incomprensión de la crítica socialista de todo Estado en general. Nosotros somos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
partidarios de la república democrática, como la mejor forma de Estado para el proletariado bajo el capitalismo, pero no tenemos ningún derecho a olvidar que la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
esclavitud asalariada es el destino reservado al pueblo, incluso bajo la república burguesa más democrática. Más aún. Todo Estado es una &amp;quot;fuerza especial para la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
represión&amp;quot; de la clase oprimida. Por eso, todo Estado ni es libre ni es popular. Marx y Engels explicaron esto reiteradamente a sus camaradas de partido en la década del 70.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En quinto lugar, en esta misma obra de Engels, de la que todos citan el pasaje sobre la extinción del Estado, se contiene un pasaje sobre la importancia de la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
revolución violenta. El análisis histórico de su papel lo convierte Engels en un verdadero panegírko de la revolución violenta. Esto &amp;quot;nadie lo recuerda&amp;quot;. Sobre la importancia de este pensamiento, no es uso hablar ni siquiera pensar en los partidos socialistas contemporáneos estos pensamientos no desempeñan ningún papel en la propaganda ni en la agitación cotidianas entre las masas. Y, sin embargo, se hallan indisolublemente unidos a la &amp;quot;extinción&amp;quot; del Estado y forman con ella un todo armónico.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
He aquí el pasaje de Engels:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;. . . De que la violencia desempeña en la historia otro papel [además del de agente del mal], un papel revolucionario; de que, según la expresión de Marx, es la partera de toda vieja sociedad que lleva en sus entrañas otra nueva; de que la violencia es el instrumento con la ayuda del cual el movimiento social se abre camino y rompe las&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
formas políticas muertas y fosilizadas, de todo eso no dice una palabra el señor Dühring. Sólo entre suspiros y gemidos admite la posibilidad de que para derrumbar el&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sistema de explotación sea necesaria acaso la violencia, desgraciadamente, afirma, pues el empleo de la misma, según él, desmoraliza a quien hace uso de ella. ¡Y esto se dice, a pesar del gran avance moral e intelectual, resultante de toda revolución victoriosa! Y esto se dice en Alemania, donde la colisión violenta que puede ser&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
impuesta al pueblo tendría, cuando menos, la ventaja de destruir el espíritu de servilismo que ha penetrado en la conciencia nacional como consecuencia de la humillación de la Guerra de los Treinta años. ¿Y estos razonamientos turbios, anodinos, impotentes, propios de un párroco rural, se pretende imponer al partido más&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
revolucionario de la historia?&amp;quot; (Lugar citado, pág. 193, tercera edición alemana, final del IV capítulo, II parte).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Cómo es posible conciliar en una sola doctrina este panegírico de la revolución violenta, presentado con insistencia por Engels a los socialdemócratas alemanes desde&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
1878 hasta 1894, es decir, hasta los últimos días de su vida, con la teoría de la &amp;quot;extinción&amp;quot; del Estado?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Generalmente se concilian ambos pasajes con ayuda del eclecticismo, desgajando a capricho (o para complacer a los detentadores del Poder), sin atenerse a los principios o de un modo sofístico, ora uno ora otro argumento y haciendo pasar a primer plano, en el noventa y nueve por ciento de los casos, si no en más, precisamente la tesis de la &amp;quot;extinción&amp;quot;. Se suplanta la dialéctica por el eclecticismo: es la actitud más usual y más generalizada ante el marxismo en la literatura socialdemócrata oficial de nuestros días. Estas suplantaciones no tienen, ciertamente, nada de nuevo; pueden observarse incluso en la historia de la filosofía clásica griega. Con la suplantación del marxismo por el oportunismo, el eclecticismo presentado como dialéctica engaña más fácilmente a las masas, les da una aparente satisfacción, parece tener en cuenta todos los aspectos del proceso, todas las tendencias del desarrollo, todas las influencias contradictorias, etc., cuando en realidad no da ninguna noción completa y revolucionaria del proceso del desarrollo social.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya hemos dicho más arriba, y demostraremos con mayor detalle en nuestra ulterior exposición, que la doctrina de Marx y Engels sobre el carácter inevitable de la revolución violenta se refiere al Estado burgués. Este no puede sustituirse por el Estado proletario (por la dictadura del proletariado) mediante la &amp;quot;extinción&amp;quot;, sino sólo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por regla general, mediante la revolución violenta. El panegírico que dedica Engels a ésta, y que coincide plenamente con reiteradas manifestaciones de Marx (recordaremos el final de &amp;quot;Miseria de la Filosofía&amp;quot; y del &amp;quot;Manifiesto Comunista&amp;quot; con la declaración orgullosa y franca sobre el carácter inevitable de la revolución violenta;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
recordaremos la crítica del Programa de Gotha, en 1875, cuando ya habían pasado casi treinta años, y en la que Marx fustiga implacablemente el oportunismo de este&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
programa), este panegírico no tiene nada de &amp;quot;apasionamiento&amp;quot;, nada de declamatorio, nada de arranque polémico. La necesidad de educar sistemáticamente a las masas en esta, precisamente en esta idea sobre la revolución violenta, es algo básico en toda la doctrina de Marx y Engels. La traición cometida contra su doctrina por las corrientes socialchovinista y kautskiana hoy imperantes se manifiesta con singular relieve en el olvido por unos y otros de esta propaganda, de esta agitación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La sustitución del Estado burgués por el Estado proletario es imposible sin una revolución violenta. La supresión del Estado proletario, es decir, la supresión de todo Estado, sólo es posible por medio de un proceso de &amp;quot;extinción&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Marx y Engels desarrollaron estas ideas de un modo minucioso y concreto, estudiando cada situación revolucionaria por separado, analizando las enseñanzas sacadas de la experiencia de cada revolución. Y esta parte de su doctrina, que es, incuestionablemente, la más importante, es la que pasamos a analizar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== La Experiencia de los Años 1848–1851 ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== En Visperas de la Revolución ===&lt;br /&gt;
Las primeras obras del marxismo maduro, &amp;quot;Miseria de la Filosofía&amp;quot; y el &amp;quot;Manifiesto Comunista&amp;quot;, datan precisamente de la víspera de la revolución de 1848. Esta circunstancia hace que en estas obras se contenga, hasta cierto punto, además de una exposición de los fundamentos generales del marxismo, el reflejo de la situación&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
revolucionaria concreta de aquella época; por eso será, quizás, más conveniente examinar lo que los autores de esas obras dicen acerca del Estado, inmediatamente&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
antes de examinar las conclusiones sacadas por ellos de la experiencia de los anos 1848-1851.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;En el transcurso del desarrollo, la clase obrera -- escribe Marx en &#039;Miseria de la Filosofía&#039; -- sustituirá la antigua sociedad burguesa por una asociación que excluya a las clases y su antagonismo; y no existirá ya un Poder político propiamente dicho, pues el Poder político es precisamente la expresión oficial del antagonismo de clase dentro de la sociedad burguesa&amp;quot; (pág. 182 de la edición alemana de 1885).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es interesante confrontar con esta exposición general de la idea de la desparición del Estado después de la supresión de las clases, la exposición que contiene el &amp;quot;Manifiesto Comunista&amp;quot;, escrito por Marx y Engels algunos meses después, a saber, en noviembre de 1847:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;Al esbozar las fases más generales del desarrollo del proletariado, hemos seguido la guerra civil más o menos latente que existe en el seno de la sociedad vigente, hasta el momento en que se transforma en una revolución abierta y el proletariado, derrocando por la violencia a la burguesía, instaura su dominación. . .&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;. . . Ya dejamos dicho que el primer paso de la revolución obrera será la transformación [literalmente: elevación] del proletariado en clase dominante, la conquista de la democracia&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;El proletariado se valdrá de su dominación política para ir arrancando gradualmente a la burguesía todo el capital, para centralizar todos los instrumentos de producción en manos del Estado, es decir, del proletariado organizado como clase dominante, y para aumentar con la mayor rapidez posible las fuerzas productivas&amp;quot; (págs. 31 y 37 de la 7a edición alemana, de 1906).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vemos aquí formulada una de las ideas más notables y más importantes del marxismo en la cuestión del Estado, a saber: la idea de la &amp;quot;dictadura del proletariado&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(como comenzaron a denominarla Marx y Engels después de la Comuna de París) y asimismo la definición del Estado, interesante en el más alto grado, que se cuenta&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
también entre las &amp;quot;palabras olvidadas&amp;quot; del marxismo: &amp;quot;El Estado, es decir, el proletariado organizado como clase dominante &amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta definición del Estado no sólo no se explicaba nunca en la literatura imperante de propaganda y agitación de los partidos socialdemócratas oficiales, sino que, además, se la ha entregado expresamente al olvido, pues es del todo inconciliable con el reformismo y se da de bofetadas con los prejuicios oportunistas corrientes y las&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ilusiones filisteas con respecto al &amp;quot;desarrollo pacífico de la democracia&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El proletariado necesita el Estado, repiten todos los oportunistas, socialchovinistas y kautskianos asegurando que tal es la doctrina de Marx y &amp;quot;olvidándose &amp;quot; de añadir,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
primero, que, según Marx, el proletariado sólo necesita un Estado que se extinga, es decir, organizado de tal modo, que comience a extinguirse inmediatamente y que no pueda por menos de extinguirse; y, segundo, que los trabajadores necesitan un &amp;quot;Estado&amp;quot;, &amp;quot;es decir, el proletariado organizado como clase dominante&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Estado es una organización especial de la fuerza, es una organización de la violencia para la represión de una clase cualquiera. ¿Qué clase es la que el proletariado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tiene que reprimir? Sólo es, naturalmente, la clase explotadora, es decir, la burguesía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los trabajadores sólo necesitan el Estado para aplastar la resistencia de los explotadores, y este aplastamiento sólo puede dirigirlo, sólo puede llevarlo a la práctica el proletariado, como la única clase consecuentemente revolucionaria, como la única clase capaz de unir a todos los trabajadores y explotados en la lucha contra la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
burguesía, por la completa eliminación de ésta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las clases explotadoras necesitan la dominación política para mantener la explotación, es decir, en interés egoísta de una minoría insignificante contra la mayoría&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
inmensa del pueblo. Las clases explotadas necesitan la dominación política para destruir completamente toda explotación, es decir, en interés de la mayoría inmensa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del pueblo contra la minoría insignificante de los esclavistas modernos, es decir, los terratenientes y capitalistas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los demócratas pequeñoburgueses, estos seudosocialistas que han sustituido la lucha de clases por sueños sobre la armonía de las clases, se han imaginado la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
transformación socialista también de un modo soñador, no como el derrocamiento de la dominación de la clase explotadora, sino como la sumisión pacífica de la minoría a la mayoría, que habrá adquirido conciencia de su misión. Esta utopía pequeñoburguesa, que va inseparablemente unida al reconocimiento de un Estado situado por encima de las clases, ha conducido en la práctica a la traición contra los intereses de las clases trabajadoras, como lo ha demostrado, por ejemplo, la historia de las revoluciones francesas de 1848 y 1871, y como lo ha demostrado la experiencia de la participación &amp;quot;socialista&amp;quot; en ministerios burgueses en Inglaterra, Francia, Italia y otros países a fines del siglo XIX y comienzos del XX.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Marx luchó durante toda su vida contra este socialismo pequeñoburgués, que hoy vuelve a renacer en Rusia en los partidos socialrevolucionario y menchevique. Marx&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
des arrolló consecuentemente la doctrina de la lucha de clases hasta llegar a establecer la doctrina sobre el Poder político, sobre el Estado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El derrocamiento de la dominación de la burguesía sólo puede llevarlo a cabo el proletariado, como clase especial cuyas condiciones económicas de existencia le preparan para ese derrocamiento y le dan la posibilidad y la fuerza de efectuarlo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mientras la burguesía desune y dispersa a los campesinos y a todas las capas pequeñoburguesas, cohesiona, une y organiza al proletariado. Sólo el proletariado -- en virtud de su papel económico en la gran producción -- es capaz de ser el jefe de todas las masas trabajadoras y explotadas, a quienes con frecuencia la burguesía&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
explota, esclaviza y oprime no menos, sino más que a los proletarios, pero que no son capaces de luchar por su cuenta para alcanzar su propia liberación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La doctrina de la lucha de clases, aplicada por Marx a la cuestión del Estado y de la revolución socialista, conduce necesariamente al reconocimiento de la dominación&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
política del proletariado, de su dictadura, es decir, de un Poder no compartido con nadie y apoyado directamente en la fuerza armada de las masas. El derrocamiento de&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la burguesía sólo puede realizarse mediante la transformación del proletariado en clase dominante, capaz de aplastar la resistencia inevitable y desesperada de la burguesía y de organizar para el nuevo régimen económico a todas las masas trabajadoras y explotadas. El proletariado necesita el Poder del Estado, organización centralizada de la fuerza, organización de la violencia, tanto para aplastar la resistencia de los explotadores como para dirigir a la enorme masa de la población, a los campesinos, a la pequeña burguesía, a los semiproletarios, en la obra de &amp;quot;poner en marcha&amp;quot; laeconomía socialista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Educando al Partido obrero, el marxismo educa a la vanguardia del proletariado, vanguardia capaz de tomar el Poder y de conducir a todo el pueblo al socialismo, de&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dirigir y organizar el nuevo régimen, de ser el maestro, el dirigente, el jefe de todos los trabajadores y explotados en la obra de construir su propia vida social sin burguesía y contra la burguesía. Por el contrario, el oportunismo hoy imperante educa en sus partidos obreros a los representantes de los obreros mejor pagados, que están apartados de las masas y se &amp;quot;arreglan&amp;quot; pasablemente bajo el capitalismo, vendiendo por un plato de lentejas su derecho de primogenitura, es decir, renunciando al papel de jefes revolucionarios del pueblo contra la burguesía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;El Estado, es decir, el proletariado organizado como clase dominante&amp;quot;: esta teoría de Marx se halla inseparablemente vinculada a toda su doctrina acerca de la misión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
revolucionaria del proletariado en la historia. El coronamiento de esta su misión es la dictacdura proletaria, la dominación política del proletariacdo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero si el proletariado necesita el Estado como organización especial de la violencia contra la burguesía, de aquí se desprende por sí misma la conclusión de si es&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
concebible que pueda crearse una organización semejante sin destruir previamente, sin aniquilar aquella máquina estatal creada para sí por la burguesía. A esta conclusión lleva directamente el &amp;quot;Manifiesto Comunista&amp;quot;, y Marx habla de ella al hacer el balance de la experiencia de la revolución de 1848-1851.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== El Balance de la Revolución ===&lt;br /&gt;
En el siguiente pasaje de su obra &amp;quot;El 18 Brumario de Luis Bonaparte&amp;quot;, Marx hace el balance de la revolución de 1848-1851, respecto a la cuestión del Estado, que es el&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que aquí nos interesa:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;Pero la revolución es radical. Está pasando todavía por el purgatorio. Cumple su tarea con método. Hasta el 2 de diciembre de 1851 [día del golpe de Estado de Luis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Bonaparte] había terminado la mitad de su labor preparatoria; ahora, termina la otra mitad. Lleva primero a la perfección el Poder parlamentario, para poder derrotarlo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ahora, conseguido ya esto, lleva a la perfección el Poder ejecutivo, lo reduce a su más pura expresión, lo aísla, se enfrenta con él, con el único objeto de concentrar contra él todas las fuerzas de destrucción [subrayado por nosotros]. Y cuando la revolución haya llevado a cabo esta segunda parte de su labor preliminar, Europa se levantará y gritará jubilosa: ¡bien has osado, viejo topo!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este Poder ejecutivo, con su inmensa organización burocrática y militar, con su compleja y artificiosa maquinaria de Estado, un ejército de funcionarios que suma&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
medio millón de hombres, junto a un ejército de otro medio millón de hombres, este espantoso organismo parasitario que se ciñe como una red al cuerpo de la sociedad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
francesa y la tapona todos los poros, surgió en la época de la monarquía absoluta, de la decadencia del régimen feudal, que dicho organismo contribuyó a acelerar&amp;quot;. La&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
primera revolución francesa desarrolló la centralización, &amp;quot;pero al mismo tiempo amplió el volumen, las atribuciones y el número de servidores del Poder del gobierno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Napoleón perfeccionó esta máquina del Estado&amp;quot;. La monarquía legítima y la monarquía de julio &amp;quot;no añadieron nada más que una mayor división del trabajo. . .&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;. . . Finalmente, la república parlamentaria, en su lucha contra la revolución, vióse obligada a fortalecer, junto con las medidas represivas, los medios y la centralización&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del Poder del gobierno. Todas las revoluciones perfeccionaban esta máquina, en vez de destrozarla [subrayado por nosotros]. Los partidos que luchaban alternativamente por la dominación, consideraban la toma de posesión de este inmenso edificio del Estado como el botín principal del vencedor&amp;quot; (&amp;quot;El 18 Brumario de Luis Bonaparte&amp;quot;, págs. 98-99, 4a ed., Hamburgo, 1907).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este notable pasaje, el marxismo avanza un trecho enorme en comparación con el &amp;quot;Manifiesto Comunista&amp;quot;. Allí, la cuestión del Estado planteábase todavía de un modo extremadamente abstracto, operando con las nociones y las expresiones más generales. Aquí, la cuestión se plantea ya de un modo concreto, y la conclusión a que se llega es extraordinariamente precisa, definida, prácticamente tangible: todas las revoluciones anteriores perfeccionaron la máquina del Estado, y lo que hace falta es romperla, destruirla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta conclusión es lo principal, lo fundamental, en la doctrina del marxismo sobre el Estado Y precisamente esto, que es lo fundamental, es lo que no sólo ha sido olvidado completamente por los partidos socialdemócratas oficiales imperantes, sino lo que ha sido evidentemente tergiversado (como veremos más abajo) por el más destacado teórico de la II Internacional, C. Kautsky.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el &amp;quot;Manifiesto Comunista&amp;quot; se resumen los resultados generales de la historia, que nos obligan a ver en el Estado un órgano de dominación de clase y nos llevan a la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
conclusión necesaria de que el proletariado no puede derrocar a la burguesía si no empieza por conquistar el Poder político, si no logra la dominación política, si no&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
transforma el Estado en el &amp;quot;proletariado organizado como clase dominante&amp;quot;, y de que este Estado proletario comienza a extinguirse inmediatamente después de su triunfo, pues en una sociedad sin contradicciones de clase el Estado es innecesario e imposible.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero aquí no se plantea la cuestión de cómo deberá realizarse -- desde el punto de vista del desarrollo histórico -- esta sustitución del Estado burgués por el Estado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
proletario.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta cuestión es precisamente la que Marx plantea y resuelve en 1852. Fiel a su filosofía del materialismo dialéctico, Marx toma como base la experiencia histórica de&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
los grandes años de la revolución, de los años 1848-1851. Aquí, como siempre, la doctrina de Marx es un resumen de la experiencia, iluminado por una profunda concepción filosófica del mundo y por un rico conocimiento de la historia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La cuestión del Estado se plantea de un modo concreto: ¿cómo ha surgido históricamente el Estado burgués, la máquina del Estado que necesita para su dominación la burguesía? ¿Cuáles han sido sus cambios, cuál su evolución en el transcurso de las revoluciones burguesas y ante las acciones independientes de las clases oprimidas? ¿Cuáles son las tareas del proletariado en lo tocante a esta máquina del Estado?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Poder estatal centralizado, característico de la sociedad burguesa, surgió en la época de la caída del absolutismo. Dos son las instituciones más características de esta máquina del Estado: la burocracia y el ejército permanente. En las obras de Marx y Engels se habla reiteradas veces de los miles de hilos que vinculan a estas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
instituciones precisamente con la burguesía. La experiencia de todo obrero revela estos vínculos de un modo extraordinariamente evidente y sugeridor. La clase obrera&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
aprende en su propia carne a comprender estos vínculos, por eso, capta tan fácilmente y se asimila tan bien la ciencia del carácter inevitable de estos vínculos, ciencia que los demócratas pequeñoburgueses niegan por ignorancia y por frivolidad, o reconocen, todavía de un modo más frívolo, &amp;quot;en términos generales&amp;quot;, olvidándose de sacar las conclusiones prácticas correspondientes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La burocracia y el ejército permanente son un &amp;quot;parásito&amp;quot; adherido al cuerpo de la sociedad burguesa, un parásito engendrado por las contradicciones internas que&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dividen a esta sociedad, pero, precisamente, un parásito que &amp;quot;tapona&amp;quot; los poros vitales. El oportunismo kautskiano imperante hoy en la socialdemocracia oficial considera patrimonio especial y exclusivo del anarquismo la idea del Estado como un organismo parasitario. Se comprende que esta tergiversación del marxismo sea extraordinariamente ventajosa para esos filisteos que han llevado el socialismo a la ignominia inaudita de justificar y embellecer la guerra imperialista mediante la aplicación a ésta del concepto de la &amp;quot;defensa de la patria&amp;quot;, pero es, a pesar de todo, una tergiversación indiscutible.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A través de todas las revoluciones burguesas vividas en gran número por Europa desde los tiempos de la caída del feudalismo, este aparato burocrático y militar va&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
desarrollándose, perfeccionándose y afianzándose. En particular, es precisamente la pequeña burguesía la que se pasa al lado de la gran burguesía y se somete a ella en una medida considerable por medio de este aparato, que suministra a las capas altas de los campesinos, pequeños artesanos, comerciantes, etc., puestecitos relativamente cómodos, tranquilos y honorables, que colocan a sus poseedores por encima del pueblo. Fijaos en lo ocurrido en Rusia en el medio año transcurrido desde el 27 de febrero de 1917: los cargos burocráticos, que antes se adjudicaban preferentemente a los miembros de las centurias negras, se han convertido en botín de kadetes, mencheviques y socialrevolucionarios. En el fondo, no se pensaba en ninguna reforma seria, esforzándose por aplazadas &amp;quot;hasta la Asamblea Constituyente&amp;quot;, y aplazando poco a poco la Asamblea Constituyente ¡hasta el final de la guerra! ¡Pero para el reparto del botín, para la ocupación de los puestecitos de ministros, subsecretarios, gobernadores generales, etc., etc., no se dio largas ni se esperó a ninguna Asamblea Constituyente! El juego en torno a combinaciones para formar gobierno no era, en el fondo, más que la expresión de este reparto y reajuste del &amp;quot;botín&amp;quot;, que se hacía arriba y abajo, por todo el país, en toda la administración, central y local. El balance, un balance objetivo, del medio año que va desde el 27 de febrero al 27 de agosto de 1917 es indiscutible: las reformas se aplazaron, se efectuó el reparto de los puestecitos burocráticos, y los &amp;quot;errores&amp;quot; del reparto se corrigieron mediante algunos reajustes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero cuanto más se procede a estos &amp;quot;reajustes&amp;quot; del aparato burocrático entre los distintos partidos burgueses y pequeñoburgueses (entre los kadetes, socialrevolucionarios y mencheviques, si nos atenemos al ejemplo ruso), con tanta mayor claridad ven las clases oprimidas, y a la cabeza de ellas el proletariado, su hostilidad irreconciliable contra toda la sociedad burguesa. De aquí la necesidad, para todos los partidos burgueses, incluyendo a los más democráticos y revolucionariodemocráticos&amp;quot;, de reforzar la represión contra el proletariado revolucionario, de fortalecer el aparato de represión, es decir, la misma máquina del Estado. Esta marcha de los acontecimientos obliga a la revolución &amp;quot;a concentrar todas las fuerzas de destrucción &amp;quot; contra el Poder estatal, la obliga a proponerse como objetivo, no el perfeccionar la máquina del Estado, sino el destruirla, el aplastarla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No fue la deducción lógica, sino el desarrollo real de los acontecimientos, la experiencia viva de los años 1848-1851, lo que condujo a esta manera de plantear la cuestión. Hasta qué punto se atiene Marx rigurosamente a la base efectiva de la experiencia histórica, se ve teniendo en cuenta que en 1852 Marx no plantea todavía el problema concreto de saber con qué se va a sustituir esta máquina del Estado que ha de ser destruida. La experiencia no suministraba todavía entonces los materiales para esta cuestión, que la historia puso al orden del día más tarde, en 1871. En 1852, con la precisión del observador que investiga la historia natural, sólo podía registrarse una cosa: que la revolución proletaria había de abordar la tarea de &amp;quot;concentrar todas las fuerzas de destrucción&amp;quot; contra el Poder estatal, la tarea de &amp;quot;romper&amp;quot; la máquina del Estado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí puede surgir esta pregunta: ¿Es justo generalizar la experiencia, las observaciones y las conclusiones de Marx, aplicándolas a zonas más amplias que la historia de Francia en los tres años que van de 1848 a 1851? Para examinar esta pregunta, comenzaremos recordando una observación de Engels y pasaremos luego a los hechos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;Francia -- escribía Engels en el prólogo a la tercera edición del &#039;18 Brumario&#039; -- es el país en el que las luchas históricas de clases se han llevado cada vez a su término decisivo más que en ningún otro sitio y donde, por tanto, las formas políticas variables dentro de las que se han movido estas luchas cde clases y en las que han encontrado su expresión los resultados de las mismas, y en las que se condensan sus resultados, adquieren también los contornos más acusados. Centro del feudalismo en la Edad Media y país modelo de la monarquía unitaria corporativa desde el Renacimiento, Francia pulverizó el feudalismo en la gran revolución e instauró la dominación pura de la burguesía bajo una forma clásica como ningún otro país de Europa. También la lucha del proletariado que se alza contra la burguesía dominante reviste aquí una forma violenta, desconocida en otros países&amp;quot; (pág. 4, ed. de 1907)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La última observación está anticuada, ya que a partir de 1871 se ha operado una interrupción en la lucha revolucionaria del proletariado francés, si bien esta interrupción, por mucho que dure, no excluye, en modo alguno, la posibilidad de que, en la próxima revolución proletaria, Francia se revele como el país clásico de la lucha de clases hasta su final decisivo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero echemos una ojeada general a la historia de los países adelantados a fines del siglo XIX y comienzos del XX. Veremos que, de un modo más lento, más variado, y en un campo de acción mucho más extenso, se desarrolla el mismo proceso: de una parte, la formación del &amp;quot;Poder parlamentario&amp;quot;, lo mismo en los países republicanos (Francia, Norteamérica, Suiza) que en los monárquicos (Inglaterra, Alemania hasta cierto punto, Italia, los Países Escandinavos, etc.); de otra parte, la lucha por el Poder entre los distintos partidos burgueses y pequeñoburgueses, que se reparten y se vuelven a repartir el &amp;quot;botín&amp;quot; de los puestos burocráticos, dejando intangibles las bases del régimen burgués; y finalmente, el perfeccionamiento y fortalecimiento del &amp;quot;Poder ejecutivo&amp;quot;, de su aparato burocrático y militar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No cabe la menor duda de que éstos son los rasgos generales que caracterizan toda la evolución moderna de los Estados capitalistas en general. En el transcurso de tres años, de 1848 a 1851, Francia reveló, en una forma rápida, tajante, concentrada, los mismos procesos de desarrollo característicos de todo el mundo capitalista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en particular el imperialismo, la época del capital bancario, la época de los gigantescos monopolios capitalistas, la época de transformación del capitalismo monopolista en capitalismo monopolista de Estado, revela un extraordinario fortalecimiento de la &amp;quot;máquina del Estado&amp;quot;, un desarrollo inaudito de su aparato burocrático y militar, en relación con el aumento de la represión contra el proletariado, así en los países monárquicos como en los países republicanos más libres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Indudablemente, en la actualidad, la historia del mundo conduce, en proporciones incomparablemente más amplias que en 1852, a la &amp;quot;concentración de todas las fuerzas&amp;quot; de la revolución proletaria para la &amp;quot;destrucción&amp;quot; de la máquina del Estado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Con qué ha de sustituir el proletariado esta máquina? La Comuna de París nos suministra los materiales más instructivos a este respecto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Como Planteaba Marx la Cuestión en 1852 ===&lt;br /&gt;
En 1907, publicó Mehring en la revista &amp;quot;Neue Zeit&amp;quot; (XXV, 2, pág. 164) extractos de una carta de Marx a Weydemeyer, del 5 de marzo de 1852. Esta carta contiene, entre otros, el siguiente notable pasaje:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;Por lo que a mí se refiere, no me caben ni el mérito de haber descubierto la existencia de las clases en la so ciedad moderna, ni el de haber descubierto la lucha entre ellas. Mucho antes que yo, algunos historiadores burgueses habían expuesto el desarrollo histórico de esta lucha de clases y algunos economistas burgueses la anatomía económica de las clases. Lo que yo aporté de nuevo fue demostrar: 1) que la existencia de las clases sólo va unida a determinadas fases históricas de desarrollo de la producción (historische Entwicklungsphasen der Produktion ); 2) que la lucha de clases conduce, necesariamente, a la dictadura del proletariado; 3) que esta misma dictadura no es de por sí más que el tránsito hacia la abolición de todas las clases y hacia una sociedad sin clases&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En estas palabras, Marx consiguió expresar de un modo asombrosamente claro dos cosas: primero, la diferencia fundamental y cardinal entre su doctrina y las doctrinas de los pensadores avanzados y más profundos de la burguesía, y segundo, la esencia de su teoría del Estado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo fundamental en la doctrina de Marx es la lucha de clases. Así se dice y se escribe con mucha frecuencia. Pero esto no es exacto. De esta inexactitud se deriva con gran frecuencia la tergiversación oportunista del marxismo, su falseamiento en un sentido aceptable para la burguesía. En efecto, la doctrina de la lucha de clases no fue creada por Marx, sino por la burguesía, antes de Marx, y es, en términos generales, aceptable para la burguesía. Quien reconoce solamente la lucha de clases no es aún marxista, puede mantenerse todavía dentro del marco del pensamiento burgués y de la política burguesa. Circunscribir el marxismo a la doctrina de la lucha de clases es limitar el marxismo, bastardearlo, reducirlo a algo que la burguesía puede aceptar. Marxista sólo es el que hace extensivo el reconocimiento de la lucha de clases al reconocimiento de la dictadura del proletariado. En esto es en lo que estriba la más profunda diferencia entre un marxista y un pequeño (o un gran) burgués adocenado. En esta piedra de toque es en la que hay que contrastar la comprensión y el reconocimiento real del marxismo. Y no tiene nada de sorprendente que cuando la historia de Europa ha colocado prácticamente a la clase obrera ante esta cuestión, no sólo todos los oportunistas y reformistas, sino también todos los &amp;quot;kautskianos&amp;quot; (gentes que vacilan entre el reformismo y el marxismo) hayan resultado ser miserables filisteos y demócratas pequeñoburgueses, que niegan la dictadura del proletariado. El folleto de Kautsky &amp;quot;La dictadura del proletariado&amp;quot;, publicado en agosto de 1918, es decir, mucho después de aparecer la primera edición del presente libro, es un modelo de tergiversación filistea del marxismo, del que de hecho se reniega ignominiosamente, aunque se le acate hipócritamente de palabra. (Véase mi folleto &amp;quot;La revolución proletaria y el renegado Kautsky&amp;quot;, Petrogrado y Moscú, 1918.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El oportunismo de nuestros días, personificado por su principal representante, el exmarxista C. Kautsky, cae de lleno dentro de la característica de la posición burguesa que traza Marx y que hemos citado, pues este oportunismo circunscribe el terreno del reconocimiento de la lucha de clases al terreno de las relaciones burguesas. (¡Y dentro de este terreno, dentro de este marco, ningún liberal culto se negaría a reconocer, &amp;quot;en principio&amp;quot;, la lucha de clases!) El oportunismo no extiende el reconocimiento de la lucha de clases precisamente a lo más fundamental, al período de transición del capitalismo al comunismo, al período de derrocamiento de la burguesía y de completa destrucción de ésta. En realidad, este período es inevitablemente un período de lucha de clases de un encarnizamiento sin precedentes, en que ésta reviste formas agudas nunca vistas, y, por consiguiente, el Estado de este período debe ser inevitablemente un Estado democrático de una manera nueva (para los proletarios y los desposeídos en general) y dictatorial de una manera nueva (contra la burguesía).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Además, la esencia de la teoría de Marx sobre el Estado sólo la ha asimilado quien haya comprendido que la dictadura de una clase es necesaria, no sólo para toda sociedad de clases en general, no sólo para el proletariado después de derrocar a la burguesía, sino también para todo el período histórico que separa al capitalismo de la &amp;quot;sociedad sin clases&amp;quot;, del comunismo. Las formas de los Estados burgueses son extraordinariamente diversas, pero su esencia es la misma: todos esos Estados son, bajo una forma o bajo otra, pero, en último resultado, necesariamente, una dictadura de la burguesía. La transición del capitalismo al comunismo no puede, naturalmente, por menos de proporcionar una enorme abundancia y diversidad de formas políticas, pero la esencia de todas ellas será, necesariamente, una: la dictadura del proletariado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== La Experiencia de la Comuna de París de 1871. El Análisis de Marx ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== ¿En Qué Consiste el Heroismo de la Tentativa de los Comuneros? ===&lt;br /&gt;
Es sabido que algunos meses antes de la Comuna, en el otoño de 1870, Marx previno a los obreros de París; demostrándoles que la tentativa de derribar el gobierno sería un disparate dictado por la desesperación. Pero cuando en marzo de 1871 se impuso a los obreros el combate decisivo y ellos lo aceptaron, cuando la insurrección fue un hecho, Marx saludó la revolución proletaria con el más grande entusiasmo, a pesar de todos los malos augurios. Marx no se aferró a la condena pedantesca de un movimiento &amp;quot;extemporáneo&amp;quot;, como el tristemente célebre renegado ruso del marxismoPlejánov, que en noviembre de 1905 había escrito alentando a la lucha a los obreros y campesinos y que después de diciembre de 1905 se puso a gritar como un liberal cualquiera: &amp;quot;¡No se debía haber empuñado las armas!&amp;quot;Marx, por el contrario, no se contentó con entusiasmarse ante el heroísmo de los comuneros, que, según sus palabras, &amp;quot;tomaban el cielo por asalto&amp;quot;. Marx veía en aquelmovimiento revolucionario de masas, aunque éste no llegó a alcanzar sus objetivos, una experiencia histórica de grandiosa importancia, un cierto paso hacia adelante de larevolución proletaria mundial, un paso práctico más importante que cientos de programas y de raciocinios. Analizar esta experiencia, sacar de ella las enseñanzastácticas, revisar a la luz de ella su teoría: he aquí cómo concebía su misión Marx.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La única &amp;quot;corrección&amp;quot; que Marx consideró necesario introducir en el &amp;quot;Manifiesto Comunista&amp;quot; fue hecha por él a base de la experiencia revolucionaria de los comuneros de París.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El último prólogo a la nueva edición alemana del &amp;quot;Manifiesto Comunista&amp;quot;, suscrito por sus dos autores, lleva la fecha de 24 de junio de 1872. En este prólogo, los autores, Carlos Marx y Federico Engels, dicen que el programa del &amp;quot;Manifiesto Comunista&amp;quot; está &amp;quot;ahora anticuado en ciertos puntos&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;. . . La Comuna ha demostrado, sobre todo -- continúan --, que *la clase obrera no puede simplemente tomar posesión de la máquina estatal existente y ponerla en marcha para sus propios fines. . .* &amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las palabras puestas entre asteriscos, en esta cita, fueron tomadas por sus autores de la obra de Marx &amp;quot;La guerra civil en Francia&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así, pues, Marx y Engels atribuían una importancia tan gigantesca a esta enseñanza fundamental y principal de la Comuna de Paris, que la introdujeron como corrección&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
esencial en el &amp;quot;Manifiesto Comunista&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es sobremanera característico que precisamente esta corrección esencial haya sido tergiversada por los oportunistas y que su sentido sea, probablemente, desconocido de las nueve décimas partes, si no del noventa y nueve por ciento de los lectores del &amp;quot;Manifiesto Comunista&amp;quot;. De esta tergiversación trataremos en detalle más abajo, en el capítulo consagrado especialmente a las tergiversaciones. Aquí, bastará señalar que la manera corriente, vulgar, de &amp;quot;entender&amp;quot; las notables palabras de Marx citadas por nosotros consiste en suponer que Marx subraya aquí la idea del desarrollo lento, por oposición a la toma del Poder por la violencia, y otras cosas por el estilo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En realidad, es precisamente lo contrario. El pensamiento de Marx consiste en que la clase obrera debe destruir, romper la &amp;quot;máquina estatal existente&amp;quot; y no limitarse simplemente a apoderarse de ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El 12 de abril de 1871, es decir, justamente en plena Comuna, Marx escribió a Kugelmann:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;Si te fijas en el último capítulo de mi &#039;18 Brumario&#039;, verás que expongo como próxima tentativa de la revolución francesa, no hacer pasar de unas manos a otras la máquina burocrático-militar, como se venia haciendo hasta ahora, sino r o m p e r l a [subrayado por Marx; en el original zerbrechen], y ésta es justamente la condición previa de toda verdadera revolución popular en el continente. En esto, precisamente, consiste la tentativa de nuestros heroicos camaradas de Paris&amp;quot; (pág. 709 de la revista &amp;quot;Neue Zeit&amp;quot;, t. XX, I, año 1901-1902). (Las cartas de Marx a Kugelmann han sido publicadas en ruso no menos que en dos ediciones, una de ellas redactada por mi y con un prólogo mío.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En estas palabras: &amp;quot;romper la máquina burocrático-militar del Estado&amp;quot;, se encierra, concisamente expresada, la enseñanza fundamental del marxismo en punto a la cuestión de las tareas del proletariado en la revolución respecto al Estado. ¡Y esta enseñanza es precisamente la que no sólo olvida en absoluto, sino que tergiversa directamente la &amp;quot;interpretación&amp;quot; imperante, kautskiana, del marxismo!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cuanto a la referencia de Marx al &amp;quot;18 Brumario&amp;quot;, más arriba hemos citado en su integridad el pasaje correspondiente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Interesa señalar especialmente dos lugares en el mencionado pasaje de Marx. En primer término, Marx limita su conclusión al continente. Esto era lógico en 1871, cuando Inglaterra era todavía un modelo de país netamente capitalista, pero sin militarismo y, en una medida considerable, sin burocracia. Por eso, Marx excluía a Inglaterra, donde la revolución, e incluso una revolución popular, se consideraba y era entonces posible sin la condición previa de destruir &amp;quot;la máquina estatal existente&amp;quot;. Hoy, en 1917, en la época de la primera gran guerra imperialista, esta limitación hecha por Marx no tiene razón de ser. Inglaterra y Norteamérica, los más grandes y los ultimos representantes -- en el mundo entero -- de la &amp;quot;libertad&amp;quot; anglosajona, en el sentido de ausencia de militarismo y de burocratismo, han ido rodando completamente&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
al inmundo y sangriento pantano, común a toda Europa, de las instituciones burocrático-militares, que todo lo someten y lo aplastan. Hoy, también en Inglaterra y en Norteamérica es &amp;quot;condición previa de toda revolución verdaderamente popular&amp;quot; el romper, el destruirla &amp;quot;máquina estatal existente&amp;quot; (y que allí ha alcanzado, en los años de 1914 a 1917, la perfección &amp;quot;europea&amp;quot;, la perfección común al imperialismo).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En segundo lugar, merece especial atención la observación extraordinariamente profunda de Marx de que la destrucción de la máquina burocrático-militar del Estado es&amp;quot;condición previa de toda revolución verdaderamente popular&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este concepto de revolución &amp;quot;popular &amp;quot; parece extraño en boca de Marx, y los plejanovistas y mencheviques rusos, estos secuaces de Struve que quieren hacerse pasar por marxistas, podrían tal vez explicar esta expresión de Marx como un &amp;quot;lapsus&amp;quot;. Han reducido el marxismo a una deformación liberal tan mezquina, que, para ellos, no&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
existe más que la antítesis entre revolución burguesa y proletaria, y hasta esta antítesis la comprenden de un modo increíblemente escolástico.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si tomamos como ejemplos las revoluciones del siglo XX, tendremos que reconocer como burguesas, naturalmente, también las revoluciones portuguesa y turca. Pero ni&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la una ni la otra son revoluciones &amp;quot;populares&amp;quot;, pues ni en la una ni en la otra actúa perceptiblemente, de un modo activo, por propia iniciativa, con sus propias reivindicaciones económicas y políticas, la masa del pueblo, la inmensa mayoría de éste. En cambio, la revolución burguesa rusa de 1905 a 1907, aunque no registrase&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
éxitos tan &amp;quot;brillantes&amp;quot; como los que alcanzaron en ciertos momentos ías revoluciones portuguesa y turca, fue, sin duda, una revolución &amp;quot;verdaderamente popular&amp;quot;, pues la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
masa del pueblo, la mayoría de éste, las &amp;quot;más bajas capas&amp;quot; sociales, aplastadas por el yugo y la explotación, levantáronse por propia iniciativa, estamparon en todo el curso de la revolución el sello de sus reivindicaciones, de sus intentos de construir a su modo una nueva sociedad en lugar de la sociedad vieja que era destruida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la Europa de 1871, el proletariado no formaba la mayoría ni en un solo país del continente. Una revolución &amp;quot;popular&amp;quot;, que arrastrase al movimiento verdaderamente a la mayoría, sólo podía serlo aquella que abarcase tanto al proletariado como a los campesinos. Ambas clases formaban en aquel entonces el &amp;quot;pueblo&amp;quot;. Ambas clases están unidas por el hecho de que la &amp;quot;máquina burocrático-militar del Estado&amp;quot; las oprime, las esclaviza, las explota. Destruir, romper esta máquina: tal es el verdadero interés del &amp;quot;pueblo&amp;quot;, de su mayoría, de los obreros y de la mayoría de los campesinos, tal es la &amp;quot;condición previa&amp;quot; para una alianza libre de los campesinos pobres con los proletarios, sin cuya alianza la democracia será precaria, y la transformación socialista, imposible.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hacia esta alianza precisamente se abría camino, como es sabido, la Comuna de París, si bien no alcanzó su objetivo por una serie de causas de carácter interno y externo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Consiguientemente, al hablar de una &amp;quot;revolución verdaderamente popular&amp;quot;, Marx, sin olvidar para nada las características de la pequeña burguesía (de las cuales habló mucho y con frecuencia), tenía en cuenta con la mayor precisión la correlación efectiva de clases en la mayoría de los Estados continentales de Europa, en 1871. Y, de otra parte, constataba que la &amp;quot;destrucción&amp;quot; de la máquina estatal responde a los intereses de los obreros y campesinos, los une, plantea ante ellos la tarea común de suprimir al &amp;quot;parásito&amp;quot; y sustituirlo por algo nuevo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Pero con qué sustituirlo concretamente?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== ¿Con Qué Sustituir la Mquina del Estado una Vez Destruida? ===&lt;br /&gt;
En 1847, en el &amp;quot;Manifiesto Comunista&amp;quot;, Marx daba a esta pregunta una respuesta todavía completamente abstracta, o, más exactamente, una respuesta que señalaba las tareas, pero no los medios para resolverlas. Sustituir la máquina del Estado, una vez destruida, por la &amp;quot;organización del proletariado como clase dominante&amp;quot;, &amp;quot;por la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
conquista de la democracia&amp;quot;: tal era la respuesta del &amp;quot;Manifiesto Comunista&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin perderse en utopías, Marx esperaba de la experiencia del movimiento de masas la respuesta a la cuestión de qué formas concretas habría de revestir esta organización del proletariado como clase dominante y de qué modo esta organización habría de coordinarse con la &amp;quot;conquista de la democracia&amp;quot; más completa y más consecuente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En su &amp;quot;Guerra civil en Francia&amp;quot;, Marx somete al análisis más atento la experiencia de la Comuna, por breve que esta experiencia haya sido. Citemos los pasajes más importantes de esta obra:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el siglo XIX, se desarrolló, procedente de la Edad Media, &amp;quot;el poder centralizado del Estado, con sus órganos omnipresentes: el ejército permanente, la policía, la burocracia, el clero y la magistratura&amp;quot;. Con el desarrollo del antagonismo de clase entre el capital y el trabajo, &amp;quot;el Poder del Estado fue adquiriendo cada vez más el carácter de un poder público para la opresión del trabajo, el carácter de una máquina de dominación de clase. Después de cada revolución, que marcaba un paso adelante en la lucha de clases, se acusaba con rasgos cada vez más salientes el carácter puramente opresor del Poder del Estado&amp;quot;. Después de la revolución de 1848-1849, el Poder del Estado se convierte en un &amp;quot;arma nacional de guerra del capital contra el trabajo&amp;quot;. El Segundo Imperio lo consolida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;La antítesis directa del Imperio era la Comuna&amp;quot;. &amp;quot;Era la forma definida&amp;quot; &amp;quot;de aquella república que no había de abolir tan sólo la forma monárquica de la dominación de clase, sino la dominación misma de clase. . .&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿En qué había consistido, concretamente, esta forma &amp;quot;definida&amp;quot; de la república proletaria, socialista? ¿Cuál era el Estado que había comenzado a crear?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;. . . El primer decreto de la Comuna fue . . . la supresión del ejército permanente para sustituirlo por el pueblo armado. . .&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta reivindicación figura hoy en los programas de todos los partidos que deseen llamarse socialistas. ¡Pero lo que valen sus programas nos lo dice mejor que nada la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
conducta de nuestros socialrevolucionarios y mencheviques, que precisamente después de la revolución del 27 de febrero han renunciado de hecho a poner en práctica esta reivindicación!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;. . . La Comuna estaba formada por los consejeros municipales elegidos por sufragio universal en los diversos distritos de París. Eran responsables y podían ser revocados en todo momento. La mayoría de sus miembros eran, naturalmente, obreros o representantes reconocidos de la clase obrera. . . La policía, que hasta entonces había sido instrumento del gobierno central, fue despojada inmediatamente de todos sus atributos políticos y convertida en instrumento de la Comuna, responsable ante ésta y revocable en todo momento. . . Y lo mismo se hizo con los funcionarios de todas las demás ramas de la administración. . . Desde los miembros de la Comuna para abajo, todos los que desempeñaban cargos públicos lo hacían por el salario de un obrero. Todos los privilegios y los gastos de representación de los altos dignatarios del Estado desaparecieron junto con éstos. . . Una vez suprimidos el ejército permanente y la policía, instrumentos de la fuerza material del antiguo gobierno, ia Comuna se apresuró a destruir también la fuerza de opresión espiritual, el poder de los curas. .. Los funcionarios judiciales perdieron su aparente independencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
. . En el futuro debían ser elegidos públicamente, ser responsables y revocables. . .&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por tanto, la Comuna sustituye la máquina estatal destruida, aparentemente &amp;quot;sólo&amp;quot; por una democracia más completa: supresión del ejército permanente y completa elegibilidad y amovilidad de todos los funcionarios. Pero, en realidad, este &amp;quot;sólo&amp;quot; representa un cambio gigantesco de unas instituciones por otras de un tipo distinto por&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
principio. Aquí estamos precisamente ante uno de esos casos de &amp;quot;transformación de la cantidad en calidad&amp;quot;: la democracia, llevada a la práctica del modo más completo y consecuente que puede concebirse, se convierte de democracia burguesa en democracia proletaria, de un Estado (fuerza especial para la represión de una determinada clase) en algo que ya no es un Estado propiamente dicho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todavía es necesario reprimir a la burguesía y vencer su resistencia. Esto era especialmente necesario para la Comuna, y una de las causas de su derrota está en no haber hecho esto con suficiente decisión. Pero aquí el órgano represor es ya la mayoría de la población y no una minoría, como había sido siempre, lo mismo bajo la esclavitud y la servidumbre que bajo la esclavitud asalariada. ¡Y, desde el momento en que es la mayoría del pueblo la que reprime por sí misma a sus opresores, no es ya necesaria una &amp;quot;fuerza especial&amp;quot; de represión! En este sentido, el Estado comienza a extinguirse.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En vez de instituciones especiales de una minoría privilegiada (la burocracia privilegiada, los jefes del ejército permanente), puede llevar a efecto esto directamente la mayoría, y cuanto más intervenga todo el pueblo en la ejecución de las funciones propias del Poder del Estado tanto menor es la necesidad de dicho Poder.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este sentido, es singularmente notable una de las medidas decretadas por la Comuna, que Marx subraya: la abolición de todos los gastos de representación, de todos los privilegios pecuniarios de los funcionarios, la reducción de los sueldos de todos los funcionarios del Estado al nivel del &amp;quot;salario de un obrero &amp;quot;. Aquí es precisamente donde se expresa de un modo más evidente el viraje de la democracia burguesa a la democracia proletaria, de la democracia de la clase opresora a la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
democracia de las clases oprimidas, del Estado como &amp;quot;fuerza especial &amp;quot; para la represión de una determinada clase a la represión de los opresores por la fuerza conjunta de la mayoría del pueblo, de los obreros y los campesinos. ¡Y es precisamente en este punto tan evidente -- tal vez el más importante, en lo que se refiere a la cuestión del Estado -- en el que las enseñanzas de Marx han sido más relegadas al olvido! En los comentarios de popularización -- cuya cantidad es innumerable -- no se habla de esto. &amp;quot;Es uso&amp;quot; guardar silencio acerca de esto, como si se tratase de una &amp;quot;ingenuidad&amp;quot; pasada de moda, algo así como cuando los cristianos, después de convertirse el cristianismo en religión del Estado, se &amp;quot;olvidaron&amp;quot; de las &amp;quot;ingenuidades&amp;quot; del cristianismo primitivo y de su espíritu democrático-revolucionario.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La reducción de los sueldos de los altos funcionarios del Estado parece &amp;quot;simplemente&amp;quot; la reivindicación de un democratismo ingenuo, primitivo. Uno de los &amp;quot;fundadores&amp;quot; del oportunismo moderno, el ex-socialdemócrata E. Bernstein, se ha dedicado más de una vez a repetir esas burlas burguesas triviales sobre el democratismo &amp;quot;primitivo&amp;quot;. Como todos los oportunistas, como los actuales kautskianos, no comprendía en absoluto, en primer lugar, que el paso del capitalismo al socialismo es imposible sin un cierto &amp;quot;retorno&amp;quot; al democratismo &amp;quot;primitivo&amp;quot; (pues ¿cómo, si no, pasar a la ejecución de las funciones del Estado por la mayoría de la población, por toda la población en bloque?); y, en segundo lugar, que este &amp;quot;democratismo primitivo&amp;quot;, basado en el capitalismo y en la cultura capitalista, no es el democratismo primitivo de los tiempos prehistóricos o de la época precapitalista. La cultura capitalista ha creado la gran producción, fábricas, ferrocarriles, el correo y el teléfono, etc., y sobre esta base, una enorme mayoría de las funciones del antiguo &amp;quot;Poder del Estado&amp;quot; se han simplificado tanto y pueden reducirse a operaciones tan sencillísimas de registro, contabilidad y control, que estas funciones son totalmente asequibles a todos los que saben leer y escribir, que pueden ejecutarse en absoluto por el &amp;quot;salario corriente de un obrero&amp;quot;, que se las puede (y se las debe) despojar de toda sombra de algo privilegiado y &amp;quot;jerárquico&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La completa elegibilidad y la amovibilidad en cualquier momento de todos los funcionarios sin excepción; la reducción de su sueldo a los límites del &amp;quot;salario corriente de un obrero&amp;quot;: estas medidas democráticas, sencillas y &amp;quot;evidentes por sí mismas&amp;quot;, al mismo tiempo que unifican en absoluto los intereses de los obreros y de la mayoría de&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
los campesinos, sirven de puente que conduce del capitalismo al socialismo. Estas medidas atañen a la reorganización del Estado, a la reorganización puramente política de la sociedad, pero es evidente que sólo adquieren su pleno sentido e importancia en conexión con la &amp;quot;expropiación de los expropiadores&amp;quot; ya en realización o en&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
preparación, es decir, con la transformación de la propiedad privada capitalista sobre los medios de producción en propiedad social.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;Al suprimir las dos mayores partidas de gastos, el ejército y la burocracia, la Comuna -- escribe Marx -- convirtió en realidad la consigna de todas las revoluciones burguesas: un gobierno barato&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre los campesinos, al igual que en las demás capas de la pequeña burguesía, sólo &amp;quot;prospera&amp;quot;, sólo &amp;quot;se abre paso&amp;quot; en sentido burgués, es decir, se convierten en gentes acomodadas, en burgueses o en funcionarios con una situación garantizada y privilegiada, una minoría insignificante. La inmensa mayoría de los campesinos de&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
todos los países capitalistas en que existe una masa campesina (y estos países capitalistas forman la mayoría), se halla oprimida por el gobierno y ansía derrocarlo, ansía un gobierno &amp;quot;barato&amp;quot;. Esto puede realizarlo sólo el proletariado, y, al realizarlo, da al mismo tiempo un paso hacia la transformación socialista del Estado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== La Abolición de Parlamentarismo ===&lt;br /&gt;
&amp;quot;La Comuna -- escribió Marx -- debía ser, no una corporación parlamentaria, sino una corporación de trabajo, legislativa y ejecutiva al mismo tiempo. . .&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;. . . En vez de decidir una vez cada tres o cada seis años qué miembros de la clase dominante han de representar y aplastar [ver-und zertreten ] al pueblo en el parlamento, el sufragio universal debía servir al pueblo, organizado en comunas, de igual modo que el sufragio individual sirve a los patronos para encontrar obreros, inspectores y contables con destino a sus empresas&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta notable crítica del parlamentarismo, trazada en 1871, figura también hoy, gracias al predominio del socialchovinismo y del oportunismo, entre las &amp;quot;palabras olvidadas&amp;quot; del marxismo. Los ministros y parlamentarios profesionales, los traidores al proletariado y los &amp;quot;mercachifles&amp;quot; socialistas de nuestros días han dejado integramente a los anarquistas la crítica del parlamentarismo, y sobre esta base asombrosamente juiciosa han declarado toda crítica del parlamentarismo ¡¡como &amp;quot;anarquismo&amp;quot;!! No tiene nada de extraño que el proletariado de los países parlamentarios &amp;quot;adelantados&amp;quot;, asqueado de &amp;quot;socialistas&amp;quot; como los Scheidemann, David, Legien, Sembat, Renaudel, Henderson, Vandervelde, Stauning, Branting, Bissolati y Cía., haya puesto cada vez más sus simpatías en el anarcosindicalismo, a pesar de que éste es hermano carnal del oportunismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero para Marx la dialéctica revolucionaria no fue nunca esa vacua frase de moda, esa bagatela en que la han convertido Plejánov, Kautsky y otros. Marx sabía romper&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
implacablemente con el anarquismo por su incapacidad para aprovecharse hasta del &amp;quot;establo&amp;quot; del parlamentarismo burgués -- sobre todo cuando se sabe que no se está&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ante situaciones revolucionarias --, pero, al mismo tiempo, sabía también hacer una crítica auténticamente revolucionario-proletaria del parlamentarismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Decidir una vez cada cierto número de años qué miembros de la clase dominante han de oprimir y aplastar al pueblo en el parlamento: he aquí la verdadera esencia del&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
parlamentarismo burgués, no sólo en las monarquías constitucionales parlamentarias, sino también en las repúblicas más democráticas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero si planteamos la cuestión del Estado, si enfocamos el parlamentarismo como una de las instituciones del Estado, desde el punto de vista de las tareas del&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
proletariado en este terreno, ¿dónde está entonces la salida del parlamentarismo? ¿Cómo es posible prescindir de él?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hay que decir, una y otra vez, que ]as enseñanzas de Marx, basadas en la experiencia de la Comuna, están tan olvidadas, que para el &amp;quot;socialdemócrata&amp;quot; moderno (léase: para los actuales traidores al socialismo) es sencillamente incomprensible otra crítica del parlamentarismo que no sea la anarquista o la reaccionaria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La salida del parlamentarismo no está, naturalmente, en la abolición de las instituciones representativas y de la elegibilidad, sino en transformar las instituciones representativas de lugares de charlatanería en corporaciones &amp;quot;de trabajo&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;La Comuna debía ser, no una corporación parlamentaria, sino una corporación de trabajo, legislativa y ejecutiva al mismo tiempo&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;No una corporación parlamentaria, sino una corporación de trabajo&amp;quot;: ¡este tiro va derecho al corazón de los parlamentarios modernos y de los &amp;quot;perrillos falderos&amp;quot; parlamentarios de la socialdemocracia! Fijaos en cualquier país parlamentario, de Norteamérica a Suiza, de Francia a Inglaterra, Noruega, etc.: la verdadera labor &amp;quot;de&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estado&amp;quot; se hace entre bastidores y la ejecutan los ministerios, las oficinas, los Estados Mayores. En los parlamentos no se hace más que charlar, con la finalidad especial de embaucar al &amp;quot;vulgo&amp;quot;. Y tan cierto es esto, que hasta en la república rusa, república democráticoburguesa, antes de haber conseguido crear un verdadero parlamento, se han puesto de manifiesto en seguida todos estos pecados del parlamentarismo. Héroes del filisteísmo podrido como los Skóbelev y los Tsereteli, los Chernov y los Avkséntiev se las han arreglado para envilecer hasta a los Soviets, según el patrón del más sórdido parlamentarismo burgués, convirtiéndolos en vacuos lugares de charlatanería.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En los Soviets, los señores ministros &amp;quot;socialistas&amp;quot; engañan a los ingenuos aldeanos con frases y con resoluciones. En el gobierno, se desarrolla un rigodón permanente, de una parte para &amp;quot;cebar&amp;quot; con puestecitos bien retribuidos y honrosos al mayor número posible de socialrevolucionarios y mencheviques, y, de otra parte, para &amp;quot;distraer la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
atención&amp;quot; del pueblo. ¡Mientras tanto, en las oficinas y en los Estados Mayores &amp;quot;se desarrolla&amp;quot; la labor &amp;quot;del Estado&amp;quot;!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El &amp;quot;Dielo Naroda&amp;quot;, órgano del partido gobernante de los &amp;quot;socialistas revolucionarios&amp;quot;, reconocía no hace mucho en un editorial -- con esa sinceridad inimitable de las gentes de la &amp;quot;buena sociedad&amp;quot; en la que &amp;quot;todos&amp;quot; ejercen la prostitución política -- que hasta en los ministerios regentados por &amp;quot;socialistas&amp;quot; (¡perdonad la expresión!), que hasta en estos ministerios ¡subsiste sustancialmente todo el viejo aparato burocrático, funcionando a la antigua y saboteando con absoluta &amp;quot;libertad&amp;quot; las iniciativas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
revolucionarias! Y aunque no tuviésemos esta confesión, ¿acaso la historia real de la participación de los socialrevolucionarios y los mencheviques en el gobierno no&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
demuestra esto? Lo único que hay de característico en esto es que los señores Chernov, Rusánov, Sensínov y demás redactores del &amp;quot;Dielo Naroda&amp;quot;, asociados en el&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ministerio con los kadetes, han perdido el pudor hasta tal punto, que no se avergüenzan de contar públicamente, sin rubor, como si se tratase de una pequeñez, ¡¡que en &amp;quot;sus&amp;quot; ministerios todo está igual que antes!! Para engañar a los campesinos ingenuos, frases revolucionario-democráticas, y para &amp;quot;complacer&amp;quot; a los capitalistas, el laberinto burocrático-oficinesco: he ahí la esencia de la &amp;quot;honorable&amp;quot; coalición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La Comuna sustituye el parlamentarismo venal y podrido de la sociedad burguesa por instituciones en las que la libertad de crítica y de examen no degenera en engaño,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues aquí los parlamentarios tienen que trabajar ellos mismos, tienen que ejecutar ellos mismos sus leyes, tienen que comprobar ellos mismos los resultados, tienen que responder directamente ante sus electores. Las instituciones representativas continúan, pero desaparece el parlamentarismo como sistema especial, como división&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del trabajo legislativo y ejecutivo, como situación privilegiada para los diputados. Sin instituciones representativas no puede concebirse la democracia, ni aun la democracia proletaria; sin parlamentarismo, sí puede y debe concebirse, si la crítica de la sociedad burguesa no es para nosotros una frase vacua, si la aspiración de derrocar la dominación de la burguesía es en nosotros una aspiración seria y sincera y no una frase &amp;quot;electoral&amp;quot; para cazar los votos de los obreros, como es en los labios de los mencheviques y los socialrevolucionarios, como es en los labios de los Scheidemann y Legien, los Sembat y Vandervelde.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es sobremanera instructivo que, al hablar de las funciones de aquella burocracia que necesita también la Comuna y la democracia proletaria, Marx tome como punto de&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
comparación a los empleados de &amp;quot;cualquier otro patrono&amp;quot;, es decir, una empresa capitalista corriente, con &amp;quot;obreros, inspectores y contables&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Marx no hay ni rastro de utopismo, en el sentido de que invente y fantasee sobre la &amp;quot;nueva&amp;quot; sociedad. No, Marx estudia como un proceso histórico-natural cómo nace la nueva sociedad d e la antigua, estudia las formas de transición de la antigua a la nueva sociedad. Toma la experiencia real del movimiento proletario de masas y se&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
esfuerza en sacar las enseñanzas prácticas de ella. &amp;quot;Aprende&amp;quot; de la Comuna, como todos los grandes pensadores revolucionarios no temieron aprender de la experiencia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de los grandes movimientos de la clase oprimida, no dirigiéndoles nunca &amp;quot;sermones&amp;quot; pedantescos (por el estilo del &amp;quot;no se debía haber empuñado las armas&amp;quot;, de Plejánov, o de la frase de Tsereteli: &amp;quot;una clase debe saber moderarse&amp;quot;).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No cabe hablar de la abolición repentina de la burocracia, en todas partes y hasta sus últimas raíces. Esto es una utopía. Pero el destruir de golpe la antigua máquina&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
burocrática y comenzar a construir inmediatamente otra nueva, que permita ir&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El capitalismo simplifica las funciones de la administración del &amp;quot;Estado&amp;quot;, permite desterrar la &amp;quot;administración burocrática&amp;quot; y reducirlo todo a una organización de los&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
proletarios (como clase dominante) que toma a su servicio, en nombre de toda la sociedad, a &amp;quot;obreros, inspectores y contables&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nosotros no somos utopistas. No &amp;quot;soñamos&amp;quot; en cómo podrá prescindirse de golpe de todo gobierno, de toda subordinación, estos sueños anarquistas, basados en la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
incomprensión de las tareas de la dictadura del proletariado, son fundamentalmente ajenos al marxismo y, de hecho, sólo sirven para aplazar la revolución socialista hasta el momento en que los hombres sean distintos. No, nosotros queremos la revolución socialista con hombres como los de hoy, con hombres que no puedan arreglárselas sin subordinación, sin control, sin &amp;quot;inspectores y contables&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero a quien hay que someterse es a la vanguardia armada de todos los explotados y trabajadores: al proletariado. La &amp;quot;administración burocrática&amp;quot; específica de los&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
funcionarios del Estado, puede y debe comenzar a sustituirse inmediatamente, de la noche a la mañana, por las simples funciones de &amp;quot;inspectores y contables&amp;quot;, funciones que ya hoy son plenamente accesibles al nivel de desarrollo de los habitantes de las ciudades y que pueden ser perfectamente desempeñadas por el &amp;quot;salario de un obrero&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Organizaremos la gran producción nosotros mismos, los obreros, partiendo de lo que ha sido creado ya por el capitalismo, basándonos en nuestra propia experiencia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
obrera, estableciendo una disciplina rigurosísima, férrea, mantenida por el Poder estatal de los obreros armados; reduciremos a los funcionarios del Estado a ser simples ejecutores de nuestras directivas, &amp;quot;inspectores y contables&amp;quot; responsables, amovibles y modestamente retribuidos (en unión, naturalmente, de técnicos de todas clases, de todos los tipos y grados): he ahí nuestra tarea proletaria, he ahí por dónde se puede y se debe empezar al llevar a cabo la revolución proletaria. Este comienzo, sobre la base de la gran producción, conduce por sí mismo a la &amp;quot;extinción&amp;quot; gradual de toda burocracia, a la creación gradual de un orden -- orden sin comillas, orden que no&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
se parecerá en nalda a la esclavitud asalariada --, de un orden en que las funciones de inspección y de contabilidad, cada vez más simplificadas, se ejecutarán por todos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
siguiendo un turno, acabarán por convertirse en costumbre, y, por fin, desaparecerán como funciones especiales de una capa especial de la sociedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un ingenioso socialdemócrata alemán de la década del 70 del siglo pasado, dijo que el correo era un modelo de economía socialista. Esto es muy exacto. Hoy, el correo es una empresa organizada según el patrón de un monopolio capitalista de Estado. El imperialismo va convirtiendo poco a poco todos los trusts en organizaciones de este tipo. En ellos vemos esa misma burocracia burguesa, entronizada sobre los &amp;quot;simples&amp;quot; trabajadores, agobiados de trabajo y hambrientos. Pero el mecanismo de la gestión social está ya preparado en estas organizaciones. No hay más que derrocar a los capitalistas, destruir, por la mano férrea de los obreros armados, la resistencia de estos explotadores, romper la máquina burocrática del Estado moderno, y tendremos ante nosotros un mecanismo de alta perfección técnica, libre del &amp;quot;parásito&amp;quot; y&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
perfectamente susceptible de ser puesto en marcha por los mismos obreros unidos, dando ocupación a técnicos, inspectores y contables y retribuyendo el trabajo de todos éstos, como el de todos los funcionarios del &amp;quot;Estado&amp;quot; en general, con el salario de un obrero. He aquí una tarea concreta, una tarea práctica que es ya inmediatamente realizable con respecto a todos los trusts, que libera a los trabajadores de la explotación y que tiene en cuenta la experiencia ya iniciada prácticamente (sobre todo en el terreno de la organización del Estado) por la Comuna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Organizar toda la economía nacional como lo está el correo para que los técnicos, los inspectores, los contables y todos los funcionarios en general perciban sueldos que no sean superiores al &amp;quot;salario de un obrero&amp;quot;, bajo el control y la dirección del proletariado armado: he ahí nuestro objetivo inmediato. He ahí el Estado que nosotros necesitamos y la base económica sobre la que este Estado tiene que descansar. He ahí lo que darán la abolición del parlamentarismo y la conservación de las instituciones representativas, he ahí lo que librará a las clases trabajadoras de la prostitución de estas instituciones por la burguesía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Organización de la Unidad de la Nación ===&lt;br /&gt;
&amp;quot;. . . En el breve esbozo de organización nacional que la Comuna no tuvo tiempo de desarrollar, se dice claramente que la Comuna debía ser. . . la forma política hasta de&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la aldea más pequeña del país&amp;quot;. . . Las comunas elegirían la &amp;quot;delegación nacional&amp;quot; de París.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;. . . Las pocas, pero importantes funciones que aun quedarían entonces al gobierno central no se suprimirían, como falseando conscientemente la verdad se ha dicho, sino que serían desempeñadas por funcionarios comunales, es decir, rigurosamente responsables. . .&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;. . . No se trataba de destruir la unidad de la nación, sino por el contrario, de organizarla mediante un régimen comunal. La unidad de la nación debía convertirse en&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
una realidad mediante la destrucción de aquel Poder del Estado que pretendía ser la encarnación de esta unidad, pero quería ser independiente de la nación y estar situado por encima de ella. De hecho, este Poder del Estado no era más que una excrescencia parasitaria en el cuerpo de la nación. . .&amp;quot; &amp;quot;La tarea consistía en amputar los órganos puramente represivos del viejo Poder estatal y arrancar sus legítimas funciones de manos de una autoridad que pretende colocarse sobre la sociedad, para restituirlas a los servidores responsables de ésta&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hasta qué punto los oportunistas de la socialdemocracia actual no han comprendido -- tal vez fuera más exacto decir que no han querido comprender -- estos razonamientos de Marx, lo revela mejor que nada el libro herostráticamente célebre del renegado Bernstein: &amp;quot;Las premisas del socialismo y las tareas de la socialdemocracia&amp;quot;. Refiriéndose precisamente a las citadas palabras de Marx, Bernstein escribía que en ellas se desarrolla un programa &amp;quot;que, por su contenido político,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
presenta, en todos sus rasgos esenciales, la mayor semejanza con el federalismo de Proudhon. . . Pese a todas las demás diferencias que separan a Marx y al &#039;pequeñoburgués&#039; Proudhon [Bernstein pone esta palabra entre comillas, queriendo darle una intención irónica], en estos puntos el curso de las ideas es el más afín que&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cabe en ambos&amp;quot;. Naturalmente, prosigue Bernstein, que la importancia de las municipalidades va en aumento, pero &amp;quot;a mí me parece dudo so que esta abolición [Auflösung -- literalmente: disolución] de los Estados modernos y la transformación completa [Umwandlung : cambio radical] de su organización, tal como Marx y Proudhon la describen (formación de la Asamblea Nacional con delegados de las asambleas provinciales o regionales, integradas a su vez por delegados de las comunas), tendría que ser la obra inicial de la democracia, desapareciendo, por tanto, todas las formas anteriores de las representaciones nacionales&amp;quot; (Bernstein &amp;quot;Las premisas del socialismo&amp;quot;, págs. 134 y 136, edición alemana de 1899).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto es sencillamente monstruoso: ¡Confundir las concepciones de Marx sobre la &amp;quot;destrucción del Poder estatal, del parásito&amp;quot;, con el federalismo de Proudhonl Pero esto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no es casual, pues al oportunista no se le pasa siquiera por las mientes pensar que aquí Marx no habla en manera alguna del federalismo por oposición al centralismo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sino de la destrucción de la antigua máquina burguesa del Estado, existente en todos los países burgueses.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al oportunista sólo se le viene a las mientes lo que ve en torno suyo, en medio del filisteísmo mezquino y del estancamiento &amp;quot;reformista&amp;quot;, a saber: ¡sólo las &amp;quot;municipalidades&amp;quot;!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El oportunista ha perdido la costumbre del pensar siquiera en la revolución del proletariado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto es ridículo. Pero lo curioso es que nadie haya contendido con Bernstein acerca de este punto. Bernstein fue refutado por muchos, especialmente por Plejánov en la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
literatura rusa y por Kautsky en la europea, pero ni uno ni otro han hablado de esta tergiversación de Marx por Bernstein.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El oportunista se ha desacostumbrado hasta tal punto de pensar en revolucionario y de reflexionar acerca de la revolución, que atribuye a Marx el &amp;quot;federalismo&amp;quot;, confundiéndole con el fundador del anarquismo, Proudhon. Y Kautsky y Plejánov, que quieren pasar por marxistas ortodoxos y defender la doctrina del marxismo revolucionario, ¡guardan silencio acerca de esto! Nos encontramos aquí con una de las raíces de ese extraordinario bastardeamiento de las ideas acerca de la diferencia entre marxismo y anarquismo, que es característico tanto de los kautskianos como de los oportunistas y del que habremos de hablar todavía más.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En los citados pasajes de Marx sobre la experiencia de la Comuna, no hay ni rastro de federalismo. Marx coincide con Proudhon precisamente en algo que no ve el&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
oportunista Bernstein. Marx discrepa de Proudhon precisamente en aquello en que Bernstein ve una afinidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Marx coincide con Proudhon en que ambos abogan por la &amp;quot;destrucción&amp;quot; de la máquina moderna del Estado. Esta coincidencia del marxismo con el anarquismo (tanto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con el de Proudhon como con el de Bakunin) no quieren verla ni los oportunistas ni los kautskianos, pues ambos han desertado del marxismo en este punto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Marx discrepa de Proudhon y de Bakunin precisamente en la cuestión del federalismo (para no hablar siquiera de la dictadura del proletariado). El federalismo es una derivación de principio de las concepciones pequeñoburguesas del anarquismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Marx es centralista. En los pasajes suyos citados más arriba, no se contiene la menor desviación del centralismo. ¡Sólo quienes se hallen poseídos de la &amp;quot;fe supersticiosa&amp;quot; del filisteo en el Estado pueden confundir la destrucción de la máquina del Estado burgués con la destrucción del centralismo!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y bien, si el proletariado y los campesinos pobres toman en sus manos el Poder del Estado, se organizan de un modo absolutamente libre en comunas y unifican la acción de todas las comunas para dirigir los golpes contra el capital, para aplastar la resistencia de los capitalistas, para entregar a toda la nación, a toda la sociedad, la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
propiedad privada sobre los ferrocarriles, las fábricas, la tierra, etc., ¿acaso esto no será el centralismo? ¿Acaso esto no será el más consecuente centralismo democrático, y además un centralismo proletario?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A Bernstein no le cabe, sencillamente, en la cabeza que sea posible un centralismo voluntario, una unión voluntaria de las comunas en la nación, una fusión voluntaria de&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las comunas proletarias para aplastar la dominación burguesa y la máquina burguesa del Estado. Para Bernstein, como para todo filisteo, el centralismo es algo que sólo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
puede venir de arriba, que sólo puede ser impuesto y mantenido por la burocracia y el militarismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Marx subraya intencionadamente, como previendo la posibilidad de que sus ideas fuesen tergiversadas, que el acusar a la Comuna de querer destruir la unidad de la nación, de querer suprimir el Poder central, es una falsedad consciente. Marx usa intencionadamente la expresión &amp;quot;organizar la unidad de la nación&amp;quot;, para contraponer el&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
centralismo consciente, democrático, proletario, al centralismo burgués, militar, burocrático.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero . . . no hay peor sordo que el que no quiere oir. Y los oportunistas de la socialdemocracia actual no quieren, en efecto, oir hablar de la destrucción del Poder del Estado, de la eliminación del parásito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== La Destrucción del Estado Parásito ===&lt;br /&gt;
Hemos citado ya, y vamos a completarlas aquí, las palabras de Marx relativas a este punto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;Generalmente, las nuevas creaciones históricas están destinadas a que se las tome por una reproducción de las formas viejas, y aun ya caducas, de vida social con las&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cuales las nuevas instituciones presentan cierta semejanza. Así, también esta nueva Comuna, que viene a destruir [bricht -- romper] el Poder estatal moderno, ha sido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
considerada como una resurrección de las Comunas medievales. . . , como una federación de pequeños Estados, con arreglo al sueño de Montesquieu y los girondinos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
. . , como una forma exagerada de la vieja lucha contra el excesivo centralismo. . .&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;. . . Por el contrario, el régimen comunal habría devuelto al organismo social todas las fuerzas que hasta entonces venía devorando el &#039;Estado&#039;, parásito que se nutre a&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
expensas de la sociedad y entorpece su libre movimiento. Con este solo hecho habría iniciado la regeneración de Francia. . .&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;. . . El régimen comunal habría colocado a los productores rurales bajo la dirección ideológica de las capitales de sus provincias y les habría ofrecido aquí, en los obreros&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de la ciudad, los representantes naturales de sus intereses. La sola existencia de la Comuna implicaba, como algo evidente, un régimen de autonomía local, pero no ya&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
como contrapeso a un Poder del Estado que ahora sería superfluo. . .&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;Destrucción del Poder estatal&amp;quot;, que era una &amp;quot;excrescencia parasitaria&amp;quot;, su &amp;quot;amputación&amp;quot;, su &amp;quot;aplastamiento&amp;quot;, el &amp;quot;Poder del Estado que ahora sería superfluo&amp;quot;: he aquí cómo se expresa Marx al hablar del Estado, valorando y analizando la experiencia de la Comuna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todo esto fue escrito hace poco menos de medio siglo, pero hoy hay que proceder a verdaderas excavaciones para llevar a la conciencia de las grandes masas un marxismo no falseado. Las conclusiones deducidas de la observación de la última gran revolución vivida por Marx fueron dadas al olvido precisamente al llegar el momento de las siguientes grandes revoluciones del proletariado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;. . . La variedad de interpretaciones a que ha sido sometida la Comuna y la variedad de intereses que han encontrado su expresión en ella demuestran que era una forma política perfectamente flexible, a diferencia de las formas anteriores de gobierno, que habían sido todas esencialmente represivas. He aquí su verdadero secreto: la Comuna era en esencia el gobierno de la clase obrera, fruto de la lucha de la clase productora contra la clase apropiadora, la forma política, descubierta, al fin, bajo la cual podía llevarse a cabo la emancipación económica del trabajo. . .&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;Sin esta última condición el régimen comunal habría sido una imposibilidad y una impostura&amp;quot;. . .&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los utopistas habíanse dedicado a &amp;quot;descubrir&amp;quot; las formas políticas bajo las cuales debía producirse la transformación socialista de la sociedad. Los anarquistas se&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
desentendían del problema de las formas políticas en general. Los oportunistas de la socialdemocracia actual tomaron las formas políticas burguesas del Estado democrático parlamentario como el límite del que no podía pasarse y se rompieron la frente de tanto prosternarse ante este &amp;quot;modelo&amp;quot;, considerando como anarquismo toda aspiración a romper estas formas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Marx dedujo de toda la historia del socialismo y de las luchas políticas que el Estado deberá desaparecer y que la forma transitoria para su desaparición (la forma de&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
transición del Estado al no Estado) será &amp;quot;el proletariado organizado como clase dominante&amp;quot;. Pero Marx no se proponía descubrir las formas políticas de este futuro. Se&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
limitó a la investigación precisa de la historia francesa, a su análisis y a la conclusión a que llevó el año 1851: se avecina la destrucción de la máquina del Estado burgués.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y cuando estalló el movimiento revolucionario de masas del proletariado, Marx, a pesar del revés sufrido por este movimiento, a pesar de su fugacidad y de su patente&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
debilidad, se puso a estudiar qué formas había revelado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La Comuna es la forma, &amp;quot;descubierta, al fin&amp;quot;, por la revolución proletaria, bajo la cual puede lograrse la emancipación económica del trabajo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La Comuna es el primer intento de la revolución proletaria de destruir la máquina del Estado burgués, y la forma política, &amp;quot;descubierta, al fin&amp;quot;, que puede y debe sustituir&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a lo destruido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Más adelante, en el curso de nuestra exposición, veremos que las revoluciones rusas de 1905 y 1917 prosiguen, en otras circunstancias, bajo condiciones diferentes, la obra de la Comuna, y confirman el genial análisis histórico de Marx.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Continuación. Acclaraciones Complementarias de Engels ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== &amp;quot;La Cuestión de la Vivienda&amp;quot; ===&lt;br /&gt;
En su obra sobre la cuestión de la vivienda (1872), Engels pone ya a contribución la experiencia de la Comuna, deteniéndose varias veces en las tareas de la revolución&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
respecto al Estado. Es interesante ver cómo, sobre un tema concreto, se ponen de relieve, de una parte, los rasgos de coincidencia entre el Estado proletario y el Estado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
actual -- rasgos que nos dan la base para hablar de Estado en ambos casos --, y, de otra parte, los rasgos de diferencia o la transición hacia la destrucción del Estado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;¿Cómo, pues, resolver la cuestión de la vivienda? En la sociedad actual, exactamente lo mismo que otra cuestión social cualquiera: por la nivelación económica gradual de la oferta y la demanda, solución que reproduce constantemente la cuestión y que, por tanto, no es tal solución. La forma en que una revolución social resolvería esta cuestión no depende solamente de las circunstancias de tiempo y lugar, sino que, además, se relaciona con cuestiones de gran alcance, entre las cuales figura, como&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
una de las más esenciales, la supresión del contraste entre la ciudad y el campo. Como nosotros no nos ocupamos en construir ningún sistema utópico para la organización de la sociedad del futuro, sería más que ocioso detenerse en esto. Lo cierto, sin embargo, es que ya hoy existen en las grandes ciudades edificios suficientes para remediar en seguida, si se les diese un empleo racional, toda verdadera &#039;escasez de vivienda&#039;: Esto sólo puede lograrse, naturalmente, expropiando a los actuales poseedores y alojando en sus casas a los obreros que carecen de vivienda o a los que viven hacinados en la suya. Y tan pronto como el proletariado conquiste el Poder político, esta medida, impuesta por los intereses del bien público, será de tan fácil ejecución como lo son hoy las otras expropiaciones y las requisas de viviendas que lleva a cabo el Estado actual&amp;quot; (página 22 de la edición alemana de 1887).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí Engels no analiza el cambio de forma del Poder estatal, sino sólo el contenido de sus actividades. La expropiación y la requisa de viviendas son efectuadas también&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por orden del Estado actual. Desde el punto de vista formal, también el Estado proletario &amp;quot;ordenará&amp;quot; requisar viviendas y expropiar edificios. Pero es evidente que el&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
antiguo aparato ejecutivo, la burocracia, vinculada con la burguesía, sería sencillamente inservible para llevar a la práctica las órdenes del Estado proletario.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;. . . Hay que hacer constar que la &#039;apropiación efectiva&#039; de todos los instrumentos de trabajo, la ocupación de toda la industria por el pueblo trabajador, es precisamente&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lo contrario del &#039;rescate&#039; proudhoniano. En éste, es cada obrero el que pasa a ser propietario de su vivienda, de su campo, de su instrumento de trabajo; en la primera,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en cambio, es el &#039;pueblo trabajador&#039; el que pasa a ser propietario colectivo de los edificios, de las fábricas y de los instrumentos de trabajo, y es poco probable que su&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
disfrute se conceda, sin indemnización de los gastos, a los individuos o a las sociedades, por lo menos durante el período de transición. Exactamente lo mismo que&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la abolición de la propiedad territorial no implica la abolición de la renta del suelo, sino su transferencia a la sociedad, aunque sea con ciertas modificaciones. La apropiación efectiva de todos los instrumentos de trabajo por el pueblo trabajador no excluye, por tanto, en modo alguno, la conservación de los alquileres y arrendamientos&amp;quot; (ídem, pág. 68).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La cuestión esbozada en este pasaje, a saber: la cuestión de las bases económicas de la extinción del Estado, será examinada por nosotros en el capítulo siguiente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Engels se expresa con extremada cautela, diciendo que &amp;quot;es poco probable&amp;quot; que el Estado proletario conceda gratis las viviendas, &amp;quot;por lo menos durante el período de&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
transición&amp;quot;. El arrendamiento de viviendas de propiedad de todo el pueblo a distintas familias mediante un alquiler supone el cobro de estos alquileres, un cierto control y&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
una determinada regulación para el reparto de las viviendas. Todo esto exige una cierta forma de Estado, pero no reclama en modo alguno un aparato militar y&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
burocrático especial, con funcionarios que disfruten de una situación privilegiada. La transición a un estado de cosas en que sea posible asignar las viviendas gratuitamente se halla vinculada a la &amp;quot;extinción&amp;quot; completa del Estado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando de cómo los blanquistas, después de la Comuna y bajo la acción de su experiencia, se pasaron al campo de los principios marxistas, Engels formula de&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pasada esta posición en los términos siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;. . . Necesidad de la acción política del proletariado y de su dictadura, como paso hacia la supresión de las clases y, con ellas, del Estado. . .&amp;quot; (pág. 55).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Algunos aficionados a la crítica literal o ciertos &amp;quot;exterminadores&amp;quot; burgueses del marxismo encontrarán quizá una contradicción entre este reconocimiento de la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;supresión del Estado&amp;quot; y la negación de semejante fórmula, por anarquista, en el pasaje del &amp;quot;Anti-Dühring&amp;quot; citado más arriba. No tendría nada de extraño que los&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
oportunistas clasificasen también a Engels entre los &amp;quot;anarquistas&amp;quot;, ya que hoy se va generalizando cada vez más entre los socialchovinistas la tendencia de acusar a los&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
internacionalistas de anarquismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Que a la par con la supresión de las clases se producirá también la supresión del Estado, lo ha sostenido siempre el marxismo. El tan conocido pasaje del &amp;quot;Anti-Dühring&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
acerca de la &amp;quot;extinción del Estado&amp;quot; no acusa a los anarquistas simplemente de abogar por la supresión del Estado, sino de predicar la posibilidad de suprimir el Estado &amp;quot;de la noche a la mañana&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como la doctrina &amp;quot;socialdemócrata&amp;quot; hoy imperante ha tergiversado completamente la actitud del marxismo ante el anarquismo en lo tocante a la cuestión de la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
destrucción del Estado, será muy útil recordar aquí una polémica de Marx y Engels con los anarquistas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Polémica con los Anarquistas ===&lt;br /&gt;
Esta polémica tuvo lugar en el año 1873. Marx y Engels escribieron para un almanaque socialista italiano unos artículos contra los proudhonianos, &amp;quot;autonomistas&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
o &amp;quot;antiautoritarios&amp;quot;, artículos que no fueron publicados en traducción alemana hasta 1913, en la revista &amp;quot;Neue Zeit&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;Si la lucha política de la clase obrera -- escribió Marx, ridiculizando a los anarquistas y su negación de la política -- asume formas revolucionarias, si los obreros&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sustituyen la dictadura de la clase burguesa con su dictadura revolucionaria, cometen un terrible delito de leso principio, porque para satisfacer sus míseras necesidades&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
materiales de cada día, para vencer la resistencia de la burguesía, dan al Estado una forma revolucionaria y transitoria en vez de deponer las armas y abolirlo. . .&amp;quot; (&amp;quot;Neue&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Zeit&amp;quot;, 1913-1914, año 32, t. I, pág. 40).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡He ahí contra qué &amp;quot;abolición&amp;quot; del Estado se manifestaba, exclusivamente, Marx, al refutar a los anarquistas! No era, ni mucho menos, contra el hecho de que el Estado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
desaparezca con la desaparición de las clases o sea suprimido al suprimirse éstas, sino contra el hecho de que los obreros renuncien al empleo de las armas, a la violencia organizada, es decir, al Estado, llamado a servir para &amp;quot;vencer la resistencia de la burguesía&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Marx subraya intencionadamente -- para que no se tergiverse el verdadero sentido de su lucha contra el anarquismo -- la &amp;quot;forma revolucionaria y transitoria &amp;quot; del Estado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que el proletariado necesita. El proletariado sólo necesita el Estado temporalmente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nosotros no discrepamos en modo alguno de los anarquistas en cuanto al problema de la abolición del Estado, como meta final. Lo que afirmamos es que, para alcanzar esta meta, es necesario el empleo temporal de las armas, de los medios, de los métodos del Poder del Estado contra los explotadores, como para destruir las clases es&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
necesaria la dictadura temporal de la clase oprimida. Marx elige contra los anarquistas el planteamiento más tajante y más claro del problema: después de derrocar el yugo de los capitalistas, ¿deberán los obreros &amp;quot;deponer las armas&amp;quot; o emplearlas contra los capitalistas para vencer su resistencia? Y el empleo sistemático de las armas por una clase contra otra clase, ¿qué es sino una &amp;quot;forma transitoria&amp;quot; de Estado?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Que cada socialdemócrata se pregunte si es así como él ha planteado la cuestión del Estado en su polémica con los anarquistas, si es así como ha planteado esta cuestión la inmensa mayoría de los partidos socialistas oficiales de la II Internacional.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Engels expone estos pensamientos de un modo todavía más detallado y más popular. Ridiculiza, ante todo, el embrollo de pensamientos de los proudhonianos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quienes se llamaban &amp;quot;antiautoritarios&amp;quot;, es decir, negaban toda autoridad, toda subordinación, todo Poder. Tomad una fábrica, un ferrocarril, un barco en alta mar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dice Engels: ¿acaso no es evidente que sin una cierta subordinación y, por consiguiente, sin una cierta autoridad o Poder será imposible el funcionamiento de&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ninguna de estas complicadas empresas técnicas, basadas en el empleo de máquinas y en la cooperación de muchas personas con arreglo a un plan?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;. . . Cuando opongo parecidos argumentos a los mas furiosos antiautoritarios -- dice Engels -- no pueden responderme más que esto: ¡Ah! Eso es verdad, pero aquí no&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
se trata de una autoridad de que investimos a nuestros delegados, sino de un encargo determinado &#039;. Esta gente cree poder cambiar la cosa con cambiarle el nombre. . .&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Habiendo puesto así de manifiesto que la autoridad y la autonomía son conceptos relativos, que su radio de aplicación cambia con las distintas fases del desarrollo social, que es absurdo aceptar estos conceptos como algo absoluto, y después de añadir que el campo de la aplicación de las máquinas y de la gran industria se ensancha cada vez más, Engels pasa de las consideraciones generales sobre la autoridad al problema del Estado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;. . . Si los autonomistas -- escribe -- se limitaran a decir que la organización social futura tolerará la autoridad únicamente en los límites fijados inevitablemente por las&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
condiciones de la producción, sería posible entenderse con ellos. Pero se muestran ciegos con referencia a todos los hechos que hacen necesaria la autoridad y luchan&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
apasionadamente contra esta palabra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Por qué los antiautoritarios no se limitan a gritar contra la autoridad política, contra el Estado? Todos los socialistas están de acuerdo en que el Estado y, junto con él, la autoridad política desaparecerán como consecuencia de la futura revolución social, es decir, que las funciones públicas perderán su carácter político y se convertirán en funciones puramente aclministrativas, destinadas a velar por los intereses sociales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero los antiautoritarios exigen que el Estado político sea abolido de un golpe, antes de que sean abolidas las relaciones sociales que han dado origen al mismo: exigen que el primer acto de la revolución social sea la abolición de la autoridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Es que dichos señores han visto alguna vez una revolución? Indudablemente, no hay nada más autoritario que una revolución. La revolución es un acto durante el cual&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
una parte de la población impone su voluntad a la otra mediante los fusiles, las bayonetas, los cañones, esto es, mediante elementos extraordinariamente autoritarios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El partido triunfante se ve obligado a mantener su dominación por medio del temor que dichas armas infunden a los reaccionarios. Si la Comuna de París no se hubiera&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
apoyado en la autoridad del pueblo armado contra la burguesía, ¿habría subsistido más de un día? ¿No tenemos más bien, por el contrario, el derecho de censurar a la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Comuna por no haberse servido suficientemente de dicha autoridad? Así, pues, una de dos: o los antiautoritarios no saben lo que dicen, y en este caso no hacen más que sembrar la confusión, o lo saben y, en este caso, traicionan la causa del proletariado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tanto en uno como en otro caso sirven únicamente a la reacción&amp;quot; (pág. 39).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este pasaje se abordan cuestiones que conviene examinar en conexión con el tema de la correlación entre la política y la economía en el período de extinción del&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estado (tema tratado en el capítulo siguiente). Son cuestiones tales como la de la transformación de las funciones públicas, de funciones políticas en funciones&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
simplemente administrativas, y la del &amp;quot;Estado político&amp;quot;. Esta última expresión, especialmente expuesta a provocar equívocos, apunta al proceso de la extinción del&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estado: al llegar a una cierta fase de su extinción, puede calificarse al Estado moribundo de Estado no político.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También en este pasaje de Engels la parte más notable es el planteamiento de la cuestión contra los anarquistas. Los socialdemócratas que pretenden ser discípulos de&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Engels han discutido millones de veces con los anarquistas desde 1873, pero han discutido precisamente n o como pueden y deben discutir los marxistas. El concepto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
anarquista de la abolición del Estado es confuso y no revolucionario : así es como plantea la cuestión Engels. En efecto, los anarquistas no quieren ver la revolución en&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
su nacimiento y en su des arrollo, en sus tareas específicas con relación a la violencia, a la autoridad, al Poder y al Estado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La crítica corriente del anarquismo en los socialdemócratas de nuestros días ha degenerado en la más pura vulgaridad pequeñoburguesa: &amp;quot;¡nosotros reconocemos el&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estado; los anarquistas, no!&amp;quot; Se comprende que semejante vulgaridad tenga por fuerza que repugnar a obreros un poco reflexivos y revolucionarios. Engels se expresa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de otro modo: subraya que todos los socialistas reconocen la desaparición del Estado como consecuencia de la revolución socialista. Luego, plantea concretamente el&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
problema de la revolución, precisamente el problema que los socialdemócratas suelen soslayar en su oportunismo, cediendo, por decirlo así, la exclusiva de su &amp;quot;estudio&amp;quot; a los anarquistas, y, al plantear este problema, Engels agarra al toro por los cuernos: ¿no hubiera debido la Comuna emplear más abundantemente el Poder revolucionario del Estado, es decir, del proletariado armado, organizado como clase dominante?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por lo general, la socialdemocracia oficial imperante elude la cuestión de las tareas concretas del proletariado en la revolución, bien con simples burlas de filisteo, bien, en el mejor de los casos, con la frase sofística evasiva de &amp;quot;¡ya veremos!&amp;quot; Y los anarquistas tenían derecho a decir de esta socialdemocracia que traicionaba su misión de educar revolucionariamente a los obreros. Engels se vale de la experiencia de la última revolución proletaria, precisamente, para estudiar del modo más concreto qué es lo que debe hacer el proletariado y cómo, tanto con relación a los Bancos como en lo que respecta al Estado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Una Carta a Bebel ===&lt;br /&gt;
Uno de los pasajes más notables, si no el más notable de las obras de Marx y Engels respecto a la cuestión del Estado, es el siguiente, de una carta de Engels a Bebel de 18-28 de marzo de 1875. Carta que -- dicho entre paréntesis -- fue publicada por vez primera, que nosotros sepamos, por Bebel en el segundo tomo de sus memorias (&amp;quot;De mi vida&amp;quot;), que vieron la luz en 1911, es decir, 36 años después de escrita y enviada aquella carta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Engels escribió a Bebel criticando aquel mismo proyecto de programa de Gotha, que Marx criticó en su célebre carta a Bracke. Y, por lo que se refiere especialmente a la cuestión del Estado, le decía lo siguiente:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;El Estado popular libre se ha convertido en el Estado libre. Gramaticalmente hablando, un Estado libre es un Estado que es libre respecto a sus ciudadanos, es&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
decir, un Estado con un gobierno despótico. Habría que abandonar toda esa charlatanería acerca del Estado, sobre todo después de la Comuna, que no era ya un&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estado en el verdadero sentido de la palabra. Los anarquistas nos han echado en cara más de la cuenta eso del &#039;Estado popular&#039;, a pesar de que ya la obra de Marx contra Proudhon y luego el &#039;Manifiesto Comunista&#039; dicen expresamente que, con la implantación del régimen social socialista, el Estado se disolverá por sí mismo [sich&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
auflöst ] y desaparecerá. Siendo el Estado una institución meramente transitoria, que se utiliza en la lucha, en la revolución, para someter por la violencia a sus adversarios, es un absurdo hablar de un Estado libre del pueblo: mientras el proletariado necesite todavía del Estado, no lo necesitará en interés de la libertad, sino para someter a sus adversarios, y tan pronto como pueda hablarse de libertad, el Estado como tal dejará de existir. Por eso nosotros propondríamos decir siempre, en vez de la palabra Estado, la palabra &#039;Comunidad&#039; [Gemeinwesen ], una buena y antigua palabra alemana que equivale a la palabra francesa &#039;Commune&#039;&amp;quot; (pág. 322 del texto alemán).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hay que tener en cuenta que esta carta se refiere al programa del Partido, criticado por Marx en una carta escrita solamente varias semanas después de aquélla (carta de Marx de 5 de mayo de 1875), y que Engels vivía por aquel entonces en Londres, con Marx. Por eso, al decir en las últimas líneas de la carta &amp;quot;nosotros&amp;quot;, Engels,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
indudablemente, en su nombre y en el de Marx propone al jefe del Partido obrero alemán borrar del programa la palabra &amp;quot;Estado&amp;quot; y sustituirla por la palabra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;Comunidad &amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡Qué bramidos sobre &amp;quot;anarquismo&amp;quot; lanzarían los cabecillas del &amp;quot;marxismo&amp;quot; de hoy, un &amp;quot;marxismo&amp;quot; falsificado para uso de oportunistas, si se les propusiese semejante&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
corrección en su programa!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Que bramen cuanto quieran. La burguesía les elogiará por ello.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero nosotros continuaremos nuestra obra. Cuando revisemos el programa de nuestro Partido, deberemos tomar en consideración, sin falta, el consejo de Engels y&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Marx, para acercarnos más a la verdad, para restaurar el marxismo, purificándolo de tergiversaciones, para orientar más certeramente la lucha de la clase obrera por su&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
liberación. Entre los bolcheviques no habrá, probablemente, quien se oponga al consejo de Engels y Marx. La dificultad estará solamente, si acaso, en el término. En&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
alemán, hay dos palabras para expresar la idea de &amp;quot;comunidad&amp;quot;, de las cuales Engels eligió la que no indica una comunidad por separado, sino el conjunto de ellas, el&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sistema de comunas. En ruso, no existe una palabra semejante, y tal vez tendremos que emplear la palabra francesa &amp;quot;commune&amp;quot;, aunque esto tenga también sus&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
inconvenientes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;La Comuna no era ya un Estado en el verdadero sentido de la palabra&amp;quot;: he aquí la afirmación más importante de Engels, desde el punto de vista teórico. Después de lo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que dejamos expuesto más arriba, esta afirmación es absolutamente lógica. La Comuna había dejado de ser un Estado, toda vez que su papel no era reprimir a la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mayoría de la población, sino a la minoría (a los explotadores); había roto la máquina del Estado burgués; en vez de una fuerza especial para la represión, entró en escena la población misma. Todo esto era renunciar al Estado en su sentido estricto. Y si la Comuna se hubiera consolidado, habrían ido &amp;quot;extinguiéndose&amp;quot; en ella por sí mismas las huellas del Estado, no habría sido necesario &amp;quot;suprimir&amp;quot; sus instituciones: éstas habrían dejado de funcionar a medida que no tuviesen nada que hacer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;Los anarquistas nos han echado en cara más de la cuenta eso del &#039;Estado popular&#039;&amp;quot;. Al decir esto, Engels se refiere, principalmente, a Bakunin y a sus ataques&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
contra los socialdemócratas alemanes. Engels reconoce que estos ataques son justos en tanto en cuanto el &amp;quot;Estado popular&amp;quot; es un absurdo y un concepto tan divergente del socialismo como lo es el &amp;quot;Estado popular libre&amp;quot;. Engels se esfuerza en corregir la lucha de los socialdemócratas alemanes contra los anarquistas, en hacer de esta lucha una lucha ajustada a los principios, en depurar esta lucha de los prejuicios oportunistas relativos al &amp;quot;Estado&amp;quot;. ¡Trabajo perdido! La carta de Engels se pasó 36 años en el fondo de un cajón. Y más abajo veremos que, aun después de publicada esta carta, Kautsky sigue repitiendo tenazmente, en el fondo, los mismos errores contra los que precavía Engels.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Bebel contestó a Engels el 21 de septimbre de 1875, en una carta en la que escribía, entre otras cosas, que estaba &amp;quot;completamente de acuerdo&amp;quot; con sus juicios&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
acerca del proyecto de programa y que había reprochado a Liebknecht su transigencia (pág. 334 de la edición alemana de las memorias de Bebel, tomo II). Pero si abrimos el folleto de Bebel titulado &amp;quot;Nuestros objetivos&amp;quot;, nos encontramos en él con consideraciones absolutamente falsas acerca del Estado:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;El Estado debe convertirse de un Estado basado en la dominación de clase en un Estado popular &amp;quot; (&amp;quot;Nuestros objetivos&amp;quot;, edición alemana de 1886, pág. 14).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡Así aparece impreso en la novena (¡novena!) edición del folleto de Bebel! No es de extrañar que esta repetición tan obstinada de los juicios oportunistas sobre el Estado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
haya sido asimilada por la socialdemocracia alemana, sobre todo cuando las explicaciones revolucionarias de Engels se mantenían ocultas y las circunstancias todas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de la vida diaria la habían &amp;quot;desacostumbrado&amp;quot; para mucho tiempo de la acción revolucionaria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Crítica del Proyecio del Programa de Erfurt ===&lt;br /&gt;
La crítica del proyecto del programa de Erfurt, enviada por Engels a Kautsky el 29 de junio de 1891 y publicada sólo después de pasados diez años en la revista &amp;quot;Neue&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Zeit&amp;quot;, no puede pasarse por alto en un análisis de la doctrina del marxismo sobre el Estado, pues este documento se consagra de modo principal a criticar precisamente las concepciones oportunistas de la socialdemocracia en la cuestión de la organización del Estado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Señalaremos de paso que Engels hace también, en punto a los problemas económicos, una indicación importantísima, que demuestra cuán atentamente y con&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
qué profundidad seguía los cambios que se iban produciendo en el capitalismo moderno y cómo ello le permitía prever hasta cierto punto las tareas de nuestra época,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de la época imperialista. He aquí la indicación a que nos referimos: a propósito de las palabras &amp;quot;falta de planificación&amp;quot; (Planlosigkeit ), empleadas en el proyecto de programa para caracterizar al capitalismo, Engels escribe:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;Si pasamos de las sociedades anónimas a los trusts, que dominan y monopolizan ramas industriales enteras, vemos que aquí terminan no sólo la producción privada,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sino también la falta de planificación&amp;quot; (&amp;quot;Neue Zeit&amp;quot;, año 20, t. I, 1901-1902, pág. 8).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En estas palabras se destaca lo más fundamental en la valoración teórica del capitalismo moderno, es decir, del imperialismo, a saber: que el capitalismo se&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
convierte en un capitalismo monopolista. Conviene subrayar esto, pues el error más generalizado está en la afirmación reformista-burguesa de que el capitalismo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
monopolista o monopolista de Estado no es ya capitalismo, puede llamarse ya &amp;quot;socialismo de Estado&amp;quot;, y otras cosas por el estilo. Naturalmente, los trusts no&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
entrañan, no han entrañado hasta hoy ni pueden entrañar una completa sujeción a planes. Pero en tanto trazan planes, en tanto los magnates del capital calculan de&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
antemano el volumen de la producción en un plano nacional o incluso en un plano internacional, en tanto regulan la producción con arreglo a planes, seguimos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
moviéndonos, a pesar de todo, dentro del capitalismo, aunque en una nueva fase suya, pero que no deja, indudablemente, de ser capitalismo. La &amp;quot;proximidad&amp;quot; de tal&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
capitalismo al socialismo debe ser, para los verdaderos representantes del proletariado, un argumento a favor de la cercanía, de la facilidad, de la viabilidad y de&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la urgencia de la revolución socialista, pero no, en modo alguno, un argumento para mantener una actitud de tolerancia ante los que niegan esta revolución y ante los que&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
encubren las lacras del capitalismo, como hacen todos los reformistas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero volvamos a la cuestión del Estado. De tres clases son las indicaciones especialmente valiosas que hace aquí Engels: en primer lugar, las que se refieren a la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cuestión de la República; en segundo lugar, las que afectan a las relaciones entre la cuestión nacional y la estructura del Estado; en tercer lugar, las que se refieren al&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
régimen de autonomía local.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por lo que se refiere a la República, Engels hacía de esto el centro de gravedad de su crítica del proyecto del programa de Erfurt. Y, si tenemos en cuenta la significación&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
adquirida por el programa de Erfurt en toda la socialdemocracia internacional y cómo este programa se convirtió en modelo para toda la II Internacional, podremos decir sin exageración que Engels critica aquí el oportunismo de toda la II Internacional.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;Las reivindicaciones políticas del proyecto -- escribe Engels -- adolecen de un gran defecto. No se contiene en él [subrayado por Engels] lo que en realidad se debía haber dicho&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y más adelante se aclara que la Constitución alemana está, en rigor, calcada sobre la Constitución más reaccionaria de 18so; que el Reichstag no es, según la expresión de Guillermo Liebknecht, más que la &amp;quot;hoja de parra del absolutismo&amp;quot;, y que el pretender llevar a cabo la &amp;quot;transformación de todos los instrumentos de trabajo en propiedad común&amp;quot; a base de una Constitución en la que son legalizados los pequeños Estados y la federación de los pequeños Estados alemanes, es un &amp;quot;absurdo evidente&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;Tocar esto es peligroso&amp;quot;, añade Engels, que sabe perfectamente que en Alemania no se puede incluir legalmente en el programa la reivindicación de la República. No&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
obstante, Engels no se contenta sencillamente con esta evidente consideración, que satisface a &amp;quot;todos&amp;quot;. Engels prosigue: &amp;quot;Y, sin embargo, no hay más remedio que&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
abordar la cosa de un modo o de otro. Hasta qué punto es esto necesario, lo demuestra el oportunismo, que está difundiéndose [einreissende ] precisamente ahora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en una gran parte de la prensa socialdemócrata. Por miedo a que se renueve la ley contra los socialistas, o por el recuerdo de diversas manifestaciones hechas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
prematuramente bajo el imperio de aquella ley, se quiere que el Partido reconozca ahora que el orden legal vigente en Alemania es suficiente para realizar todas las&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
reivindicaciones de aquél por la vía pacífica. . .&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Engels destaca en primer plano el hecho fundamental de que los socialdemócratas alemanes obraban por miedo a que se renovase la ley de excepción, y califica esto, sin rodeos, de oportunismo, declarando como completamente absurdos los sueños acerca de una vía &amp;quot;pacífica&amp;quot;, precisamente por no existir en Alemania ni República ni&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
libertades. Engels es lo bastante cauto para no atarse las manos. Reconoce que en países con República o con una gran libertad &amp;quot;cabe imaginarse&amp;quot; (¡solamente&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;imaginarse&amp;quot;!) un desarrollo pacífico hacia el socialismo, pero en Alemania, repite:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;. . . En Alemania, donde el gobierno es casi omnipotente y el Reichstag y todas las demás instituciones representativas carecen de poder efectivo, el proclamar en&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Alemania algo semejante, y además sin necesidad alguna, significa quitarle al absolutismo la hoja de parra y colocarse uno mismo a cubrir la desnudez ajena. . .&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y, en efecto, la inmensa mayoría de los jefes oficiales del Partido Socialdemócrata alemán, partido que &amp;quot;archivó&amp;quot; estas indicaciones, resultaron ser encubridores del&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
absolutismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;. . . Semejante política sólo sirve para poner en el camino falso al propio partido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se hace pasar a primer plano las cuestiones políticas generales, abstractas, y de este modo se oculta las cuestiones concretas más inmediatas, aquellas que se ponen por sí mismas al orden del día al surgir los primeros grandes acontecimientos, en la primera crisis política. Y lo único que con esto se consigue es que, al llegar el momento decisivo, el partido se sienta de pronto desconcertado, que reinen en él la confusión y el desacuerdo acerca de las cuestiones decisivas, por no haber discutido nunca estas cuestiones. . .&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este olvido en que se deja las grandes, las fundamentales consideraciones en aras de los intereses momentáneos del día, esto de perseguir éxitos pasajeros y de luchar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por ellos sin fijarse en las consecuencias ulteriores, esto de sacrificar el porvenir del movimiento por su presente, podrá hacerse por motivos &#039;honrados&#039;, pero es y seguirá&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
siendo oportunismo, y el oportunismo &#039;honrado&#039; es quizá el más peligroso de todos. . .&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si hay algo indudable es que nuestro partido y la clase obrera sólo pueden llegar al Poder bajo la forma política de la República democrática. Esta es, incluso, la forma&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
específica para la dictadura del proletariado, como lo ha puesto ya de relieve la gran Revolución francesa. . .&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Engels repite aquí, en una forma especialmente plástica, aquella idea fundamental que va como hilo de engarce a través de todas las obras de Marx, a saber: que la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
República democrática es el acceso más próximo a la dictadura del proletariado. Pues esta República, que no suprime ni mucho menos la dominación del capital ni,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
consiguientemente, la opresión de las masas ni la lucha de clases, lleva inevitablemente a un ensanchamiento, a un despliegue, a una patentización y a una agudización tales de esta lucha, que, tan pronto como surge la posibilidad de satisfacer los intereses vitales de las masas oprimidas, esta posibilidad se realiza, inevitable y exclusivamente, en la dictadura del proletariado, en la dirección de estas masas por el proletariado. Para toda la II Internacional, éstas son también &amp;quot;palabras olvidadas&amp;quot; del marxismo, y este olvido se reveló de un modo extraordinariamente nítido en la historia del partido menchevique durante el primer medio año de la revolución rusa de 1917.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Respecto a la cuestión de la República federativa, en conexión con la composición nacional de la población escribía Engels:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;¿Qué es lo que debe ocupar el puesto de la actual Alemania?&amp;quot; [con su Constitución monárquico-reaccionaria y su sistema igualmente reaccionario de subdivisión en&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pequeños Estados, que eterniza la particularidad del &amp;quot;prusianismo&amp;quot;, en vez de disolverla en una Alemania formando un todo]. &amp;quot;A mi juicio, el proletariado sólo puede&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
emplear la forma de la República única e indivisible. La República federativa es todavía hoy, en conjunto, una necesidad en el territorio gigantesco de los Estados Unidos, si bien en las regiones del Este se ha convertido ya en un obstáculo. Representaría un progreso en Inglaterra, donde cuatro naciones pueblan las dos islas y donde, a pesar de no haber más que un parlamento, coexisten tres sistemas de legislación. En la pequeña Suiza, se ha convertido ya desde hace largo tiempo en un obstáculo, y si allí se puede todavía tolerar la República federativa, es debido únicamente a que Suiza se contenta con ser un miembro puramente pasivo en el sistema de los Estados europeos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para Alemania, un régimen federalista al modo del de Suiza significaría un enorme retroceso. Hay dos puntos que distinguen a un Estado federal de un Estado unitario, a&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
saber: que cada Estado que forma parte de la unión tiene su propia legislación civil y criminal y su propia organización judicial, y que además de cada parlamento particular existe una Cámara federal en la que vota como tal cada cantón, sea grande o pequeño&amp;quot;. En Alemania, el Estado federal es el tránsito hacia un Estado completamente unitario, y la &amp;quot;revolución desde arriba&amp;quot; de 1866 y 1870 no debe ser revocada, sino completada mediante un &amp;quot;movimiento desde abajo&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Engels no sólo no revela indiferencia en cuanto a la cuestión de las formas de Estado, sino que, por el contrario, se esfuerza en analizar con escrupulosidad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
extraordinaria precisa mente las formas de transición, para determinar, con arreglo a las particularidades históricas concretas de cada caso, de qué y hacia qué es transición la forma transitoria de que se trata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Engels, como Marx, defiende, desde el punto de vista del proletariado y de la revolución proletaria, el centralismo democrático, la República única e indivisible.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Considera la República federativa, bien como excepción y como obstáculo para el desarrollo, bien como transición de la monarquía a la República centralista, como un&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;progreso&amp;quot;, en determinadas circunstancias especiales. Y entre estas circunstancias especiales se destaca la cuestión nacional.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Engels como en Marx, a pesar de su crítica implacable del carácter reaccionario de los pequeños Estados y del encubrimiento de este carácter reaccionario por la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cuestión nacional en determinados casos concretos, no se encuentra en ninguna de sus obras ni rastro de tendencia a eludir la cuestión nacional, tendencia de que suelen pecar frecuentemente los marxistas holandeses y polacos al partir de la lucha legítima contra el nacionalismo filisteamente estrecho de &amp;quot;sus&amp;quot; pequeños Estados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hasta en Inglaterra, donde las condiciones geográficas, la comunidad de idioma y la historia de muchos siglos parece que debían haber &amp;quot;liquidado&amp;quot; la cuestión nacional en las distintas pequeñas divisiones territoriales del país; incluso aquí tiene en cuenta Engels el hecho claro de que la cuestión nacional no ha sido superada aún, razón por la cual reconoce que la República federativa representa &amp;quot;un progreso&amp;quot;. Se sobreentiende que en esto no hay ni rastro de renuncia a la crítica de los defectos de la República federativa ni a la propaganda y a la lucha más decidida en pro de la República unitaria, centralista-democrática.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero Engels no concibe en modo alguno el centralismo democrático en el sentido burocrático con que emplean este concepto los ideólogos burgueses y pequeñoburgueses, incluyendo entre éstos a los anarquistas. Para Engels, el centralismo no excluye, ni mucho menos, esa amplia autonomía local que, en la defensa voluntaria de la unidad del Estado por las &amp;quot;comunas&amp;quot; y las regiones, elimina en absoluto todo burocratismo y toda manía de &amp;quot;ordenar&amp;quot; desde arriba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;Así, pues, República unitaria -- escribe Engels, desarrollando las ideas programáticas del marxismo sobre el Estado --, pero no en el sentido de la República francesa actual, que no es más que el imperio sin emperador fundado en 1798. De 1792 a 1798, todo departamento francés, toda comuna [Gemeinde ] poseía completa autonomía, según el modelo norteamericano, y eso es lo que debemos tener también nosotros. Norteamérica y la primera República francesa nos demostraron, y hoy Canadá, Australia y otras colonias inglesas nos lo demuestran aún, cómo hay que organizar la autonomía y cómo se puede prescindir de la burocracia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esta autonomía provincial y municipal es mucho más libre que, por ejemplo, el federalismo suizo, donde el cantón goza, ciertamente, de gran independencia respecto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a la federación [es decir, respecto al Estado federativo en conjunto], pero también respecto al distrito y al municipio. Los gobiernos cantonales nombran jefes de policía&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de distrito y prefectos, cosa absolutamente desconocida en los países de habla inglesa y a lo que en el futuro también nosotros debemos oponernos decididamente, así como a los consejeros provinciales y gubernamentales prusianos&amp;quot; [los comisarios, los jefes de policía, los gobernadores, y en general, todos los funcionarios nombrados desde arriba].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De acuerdo con esto, Engels propone que el punto del programa sobre la autonomía se formule del modo siguiente:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;Completa autonomía para la provincia, distrito y municipio con funcionarios elegidos por sufragio universal. Supresión de todas las autoridades locales y provinciales nombradas por el Estado&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En &amp;quot;Pravda&amp;quot;, suspendida por el gobierno de Kerenski y otros ministros &amp;quot;socialistas&amp;quot; (núm. 68, del 28 de mayo de 1917), hube de señalar ya cómo, en este punto -- bien&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
entendido que no es, ni mucho menos, solamente en éste --, nuestros representantes seudosocialistas de una seudodemocracia seudorrevolucionaria se han desviado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
escandalosamente del democratismo. Se comprende que hombres que se han vinculado por una &amp;quot;coalición&amp;quot; a la burguesía imperialista hayan permanecido sordos a&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
estas indicaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es sobremanera importante señalar que Engels, con hechos a la vista, basándose en los ejemplos más precisos, refuta el prejuicio extraordinariamente extendido, sobre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
todo en la democracia pequeñoburguesa, de que la República federativa implica incuestionablemente mayor libertad que la República centralista. Esto es falso. Los&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hechos citados por Engels con referencia a la República centralista francesa de 1792 a 1798 y a la República federativa suiza desmienten este prejuicio. La República&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
centralista realmente democrática dio mayor libertad que la República federativa. O dicho en otros términos: la mayor libertad local, provincial, etc., que se conoce en la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
historia la ha dado la República centralista y no la República federativa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra propaganda y agitación de partido no ha consagrado ni consagra suficiente atención a este hecho, ni en general a toda la cuestión de la República federativa y&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
centralista y a la de la autonomía local.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Prólogo de 1891 a &amp;quot;La Guerra Civil&amp;quot; de Marx ===&lt;br /&gt;
En el prólogo a la tercera edición de &amp;quot;La guerra civil en Francia&amp;quot; -- este prólogo lleva la fecha de 18 de marzo de 1891 y fue publicado por vez primera en la revista &amp;quot;Neue&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Zeit&amp;quot; --, Engels, a la par que hace de paso algunas interesantes observaciones acerca de cuestiones relacionadas con la actitud hacia el Estado, traza, con notable relieve, un resumen de las enseñanzas de la Comuna. Este resumen, enriquecido por toda la experiencia del período de veinte años que separaba a su autor de la Comuna y dirigido especialmente contra la &amp;quot;fe supersticiosa en el Estado&amp;quot;, tan difundida en Alemania, puede ser llamado con justicia la última palabra del marxismo respecto a la cuestión que estamos examinando.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;En Francia -- señala Engels --, los obreros, después de cada revolución, estaban armados&amp;quot;; &amp;quot;por eso el desarme de los obreros era el primer mandamiento de los&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
burgueses que se hallaban al frente del Estado. De aquí el que, después de cada revolución ganada por los obreros, se llevara a cabo una nueva lucha que acababa con&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la derrota de estos. . .&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El balance de la experiencia de las revoluciones burguesas es tan corto como expresivo. El quid de la cuestión entre otras cosas también en lo que afecta a la&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cuestión del Estado (¿tiene la clase oprimida armas? ), aparece enfocado aquí de un modo admirable. Este quid de la cuestión es precisamente el que eluden con mayor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
frecuencia lo mismo los profesores influidos por la ideología burguesa que los demócratas pequeñoburgueses. En la revolución rusa de 1917, correspondió al &amp;quot;menchevique&amp;quot; y &amp;quot;también marxista&amp;quot; Tsereteli el honor (un honor a lo Cavaignac) de descubrir este secreto de las revoluciones burguesas. En su discurso &amp;quot;histórico&amp;quot; del 11 de junio, a Tsereteli se le escapó el secreto de la decisión de la burguesia de desarmar a los obreros de Petrogrado, presentando, naturalmente, esta decisión ¡como suya y como necesidad &amp;quot;del Estado&amp;quot; en general!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El histórico discurso de Tsereteli del 11 de junio será, naturalmente, para todo historiador de la revolución de 1917, una de las pruebas más palpables de cómo el bloque de socialrevolucionarios y mencheviques, acaudillado por el señor Tsereteli, se pasó al lado de la burguesía contra el proletariado revolucionario.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra de las observaciones incidentales de Engels, relacionada también con la cuestión del Estado, se refiere a la religión. Es sabido que la socialdemocracia alemana, a medida que se hundía en la charca, haciéndose más y más oportunista, derivaba cada vez con mayor frecuencia a una torcida interpretación filistea de la célebre fórmula que declara la religión &amp;quot;asunto de incumbencia privada&amp;quot;. En efecto, esta fórmula se interpretaba como si la cuestión de la religión fuese un asunto de incumbencia privada ¡¡también para el Partido del proletariado revolucionario!! Contra esta traición completa al programa revolucionario del proletariado se levantó Engels, que en 1891 sólo podía observar los gérmenes más tenues de oportunismo en su Partido, y que, por tanto, se expresaba con la mayor cautela:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;Como los miembros de la Comuna eran todos, casi sin excepción, obreros o representantes reconocidos de Ios obreros, sus acuerdos se distinguían por un carácter marcadamente proletario. Una parte de sus decretos eran reformas que la burguesía republicana no se había atrevido a implantar por vil cobardía y que echaban los&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cimientos indispensables para la libre acción de la clase obrera, como, por ejemplo, la implantación del principio de que, con respecto al Estado, la religión es un asunto de incumbencia puramente privada; otros iban encaminados a salvaguardar directamente los intereses de la clase obrera, y en parte socavaban profundamente el viejo orden social. . .&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Engels subraya intencionadamente las palabras &amp;quot;con respecto al Estado&amp;quot;, asestando con ello un golpe certero al oportunismo alemán, que declaraba la religión un asunto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de incumbencia privada con respecto al Partido y con ello rebajaba el Partido del proletariado revolucionario al nivel del más vulgar filisteísmo &amp;quot;librepensador&amp;quot;,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dispuesto a tolerar el aconfesionalismo, pero que renuncia a la tarea del Partido de luchar contra el opio religioso que embrutece al pueblo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El futuro historiador de la socialdemocracia alemana, al investigar las raíces de su vergonzosa bancarrota en 1914, encontrará no pocos materiales interesantes sobre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
esta cuestión, comenzando por las evasivas declaraciones que se contienen en los artículos del jefe ideológico del Partido, Kautsky, en las que se abre de par en par las&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
puertas al oportunismo, y acabando por la actitud del Partido ante el &amp;quot;Los-von-der- Kirche-Bewegung&amp;quot; (movimiento en pro de la separación de los particulares de la Iglesia), en 1913.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero volvamos a cómo Engels, veinte años después de la Comuna, resumió sus enseñanzas para el proletariado militante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
He aquí las enseñanzas que Engels destaca en primer plano:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;. . . Precisamente la fuerza opresora del antiguo gobierno centralista: el ejército, la policía política y la burocracia, que Napoleón había creado en 1798 y que desde&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
entonces había sido heredada por todos los nuevos gobiernos como un instrumento grato, empleándolo contra sus enemigos; precisamente esta fuerza debía ser&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
derrumbada en toda Francia, como había sido derrumbada ya en París.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La Comuna tuvo que reconocer desde el primer momento que la clase obrera, al llegar al Poder, no puede seguir gobernando con la vieja máquina del Estado; que,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para no perder de nuevo su dominación recién conquistada, la clase obrera tiene, de una parte, que barrer toda la vieja máquina represiva utilizada hasta entonces contra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ella, y, de otra parte, precaverse contra sus propios diputados y funcionarios, declarándolos a todos, sin excepción revocables en cualquier momento. . .&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Engels subraya una y otra vez que no sólo bajo la monarquía, sino también bajo la República democrática, el Estado sigue siendo Estado, es decir, conserva su rasgo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
característico fundamental: convertir a sus funcionarios, &amp;quot;servidores de la sociedad&amp;quot;, órganos de ella, en señores situados por encima de ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;. . . Contra esta transformación del Estado y de los órganos del Estado de servidores de la sociedad en señores situados por encima de la sociedad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
transformación inevitable en todos los Estados anteriores, empleó la Comuna dos remedios infalibles. En primer lugar, cubrió todos los cargos administrativos, judiciales&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y de enseñanza por elección, mediante sufragio universal, concediendo a los electores el derecho a revocar en todo momento a sus elegidos. En segundo lugar, todos los&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
funcionarios, altos y bajos, sólo estaban retribuidos como los demás obreros. El sueldo máximo abonado por la Comuna no excedía de 6.000 francos. Con este sistema se ponía una barrera eficaz al arribismo y la caza de cargos, y esto aun sin contar los mandatos imperativos que introdujo la Comuna para los diputados a los organismos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
representativos. . .&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Engels llega aquí a este interesante límite en que la democracia consecuente se transforma, de una parte, en socialismo y, de otra parte, reclama el socialismo, pues&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para destruir el Estado es necesario transformar las funciones de la administración del Estado en operaciones de control y registro tan sencillas, que sean accesibles a la inmensa mayoría de la población, primero, y a toda la población, sin distinción, después. Y la supresión completa del arribismo exige que los cargos &amp;quot;honoríficos&amp;quot; del&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estado, aunque sean sin ingresos, n o puedan servir de trampolín para pasar a puestos altamente retribuidos en los Bancos y en las sociedades anónimas, como&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ocurre constantemente hoy hasta en los países capitalistas más libres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero Engels no incurre en el error en que incurren, por ejemplo, algunos marxistas en lo tocante a la cuestión del derecho de las naciones a la autodeterminación,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
creyendo que bajo el capitalismo este derecho es imposible, y, bajo el socialismo, superfluo. Semejante argumentación, que quiere pasar por ingeniosa, pero que en&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
realidad es falsa, podría repetirse a propósito de cualquier institución democrática, y a propósito también de los sueldos modestos de los funcionarios, pues un democratismo llevado hasta sus últimas consecuencias es imposible bajo el capitalismo, y, bajo el socialismo, toda democracia se extingue.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto es un sofisma parecido a aquel viejo chiste de si una persona comienza a quedarse calva cuando se le cae un pelo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El desarrollo de la democracia hasta sus últimas consecuencias, la indagación de las formas de este desarrollo, su comprobación en la práctica, etc.: todo esto forma parte integrante de las tareas de la lucha por la revolución social. Por separado, ningún democratismo da como resultante el socialismo, pero, en la práctica, el democratismo no se toma nunca &amp;quot;por separado&amp;quot;, sino que se toma siempre &amp;quot;en bloque&amp;quot;, influyendo también sobre la economía, acelerando su transformación y cayendo él mismo bajo la influencia del desarrollo económico, etc. Tal es la dialéctica de la historia viva Engels prosigue:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;. . . En el capítulo tercero de &#039;La guerra civil&#039; se describe con todo detalle esta labor encaminada a hacer saltar [Sprengung ] el viejo Poder estatal y sustituirlo por otro&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
nuevo realmente democrático. Sin embargo, era necesario detenerse a examinar aquí brevemente algunos de los rasgos de esta sustitución, por ser precisamente en&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Alemania donde la fe supersticiosa en el Estado se ha trasplantado del campo filosófico a la conciencia general de la burguesía e incluso a la de muchos obreros Según la concepción filosófica, el Estado es la &#039;realización de la idea&#039;, o sea, traducido al lenguaje filosófico, el reino de Dios sobre la tierra, el campo en que se hacen o deben&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hacerse realidad la eterna verdad y la eterna justicia. De aquí nace una veneración supersticiosa del Estado y de todo lo que con él se relaciona, veneración supersticiosa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que va arraigando en las conciencias con tanta mayor facilidad cuanto que la gente se acostumbra ya desde la infancia a pensar que los asuntos e intereses comunes a toda la sociedad no pueden gestionarse ni salvaguardarse de otro modo que como se ha venido haciendo hasta aquí, es decir, por medio del Estado y de sus funcionarios&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
retribuidos con buenos puestos. Y se cree haber dado un paso enormemente audaz con librarse de la fe en la monarquía hereditaria y entusiasmarse por la República&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
democrática. En realidad, el Estado no es más que una máquina para la opresión de una clase por otra, lo mismo en la República democrática que bajo la monarquía; y en el mejor de los casos, un mal que se transmite hereditariamente al proletariado que haya triunfado en su lucha por la dominación de clase. El proletariado victorioso, lo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mismo que lo hizo la Comuna, no podrá por menos de amputar inmediatamente los lados peores de este mal, entretanto que una generación futura, educada en&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
condiciones sociales nuevas y libres, pueda deshacerse de todo ese trasto viejo del Estado&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Engels prevenía a los alemanes para que, en caso de sustitución de la monarquía por la República, no olvidasen los fundamentos del socialismo sobre la cuestión del&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estado en general. Hoy, sus advertencias parecen una lección directa a los señores Tsereteli y Chernov, que en su práctica &amp;quot;coalicionista&amp;quot; ¡revelan una fe supersticiosa en el Estado y una veneración supersticiosa por él!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dos observaciones más. 1) Si Engels dice que bajo la República democrática el Estado sigue siendo, &amp;quot;lo mismo&amp;quot; que bajo la monarquía, &amp;quot;una máquina para la opresión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de una clase por otra&amp;quot;, esto no significa, en modo alguno, que la forma de opresión sea indiferente para el proletariado, como &amp;quot;enseñan&amp;quot; algunos anarquistas. Una forma&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de lucha de clases y de opresión de clase más amplia, más libre, más abierta facilita en proporciones gigantescas la misión del proletariado en la lucha por la destrucción de las clases en general.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
2) La cuestión de por qué solamente una nueva generación estará en condiciones de deshacerse en absoluto de todo este trasto viejo del Estado, es una cuestión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
relacionada con la superación de la democracia, que pasamos a examinar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Engels, Sobre la Superación de la Democracia ===&lt;br /&gt;
Engels se expresó acerca de esto en relación con la cuestión de la inexactitud científica de la denominación de &amp;quot;socialdemócrata&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el prólogo a la edición de sus artículos de la década de 1870 sobre diversos temas, predominantemente de carácter &amp;quot;internacional&amp;quot; [Internationales aus dem&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Volksstaat ], prólogo fechado el 3 de enero de 1894, es decir, escrito año y medio antes de morir Engels, éste escribía que en todos los artículos se emplea la palabra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;comunista&amp;quot; y no la de &amp;quot;socialdemócrata&amp;quot;, pues por aquel entonces socialdemócratas se llamaban los proudhonistas en Francia y los lassalleanos en Alemania.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;. . . Para Marx y para mí -- prosigue Engels -- era, por tanto, sencillamente imposible emplear, para denominar nuestro punto de vista especial, una expresión tan&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
elástica. En la actualidad, la cosa se presenta de otro modo, y esta palabra [&#039;socialdemócrata&#039;] puede, tal vez, pasar [mag passieren ], aunque sigue siendo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
inadecuada [unpassend ] para un partido cuyo programa económico no es un simple programa socialista en general, sino un programa directamente comunista, y cuya&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
meta política final es la superación total del Estado y, por consiguiente, también de la democracia. Pero los nombres de los verdaderos [subrayado por Engels] partidos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
políticos nunca son absolutamente adecuados; el partido se desarrolla y el nombre queda&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El dialéctico Engels, en el ocaso de su existencia, sigue siendo fiel a la dialéctica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Marx y yo -- nos dice -- teníamos un hermoso nombre, un nombre científicamente exacto, para el partido, pero no teníamos un verdadero partido, es decir, un Partido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
proletario de masas. Hoy (a fines del siglo XIX), existe un verdadero partido, pero su nombre es científicamente inexacto. No importa, &amp;quot;puede pasar&amp;quot;: ¡lo importante es que&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el Partido se desarrolle, lo que importa es que el Partido no desconozca la inexactitud científica de su nombre y que éste no le impida desarrollarse en la dirección certera!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tal vez haya algún bromista que quiera consolarnos también a nosotros, los bolcheviques, a la manera de Engels: nosotros tenemos un verdadero partido, que se&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
desarrolla excelentemente; puede &amp;quot;pasar&amp;quot;, por tanto, también una palabra tan sin sentido, tan monstruosa, como la palabra &amp;quot;bolchevique&amp;quot;, que no expresa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
absolutamente nada, fuera de la circunstancia puramente accidental de que en el Congreso de Bruselas-Londres de 1903 tuvimos nosotros la mayoría . . . Tal vez hoy,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en que las persecuciones de julio y de agosto contra nuestro Partido por parte de los republicanos y de la filistea democracia &amp;quot;revolucionaria&amp;quot; han rodeado la palabra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;bolchevique&amp;quot; de honor ante todo el pueblo, y en que, además, esas persecuciones han marcado un progreso tan enorme, un progreso histórico de nuestro Partido en su&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
desarrollo real, tal vez hoy, yo también dudaría, en cuanto a mi propuesta de abril de cambiar el nombre de nuestro Partido. Tal vez propondría a mis camaradas una&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;transacción&amp;quot;: llamarnos Partido Comunista y dejar entre paréntesis la palabra bolchevique. . .&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero la cuestión del nombre del Partido es incomparablemente menos importante que la cuestión de la posición del proletariado revolucionario con respecto al Estado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En las consideraciones corrientes acerca del Estado, se comete constantemente el error contra el que precave aquí Engels y que nosotros hemos señalado de paso en&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
nuestra anterior exposición, a saber: se olvida constantemente que la destrucción del Estado es también la destrucción de la democracia, que la extinción del Estado implica la extinción de la democracia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A primera vista, esta afirmación parece extraordinariamente extraña e incomprensible; tal vez en alguien surja incluso el temor de si esperamos el advenimiento de una organización social en que no se acate el principio de la subordinación de la minoría a la mayoría, ya que la democracia es, precisamente, el reconocimiento de este principio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No. La democracia n o es idéntica a la subordinación de la minoría a la mayoría.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Democracia es el Estado que reconoce la subordinación de la minoría a la mayoría, es decir, una organización llamada a ejercer la violencia sistemática de una clase contra otra, de una parte de la población contra otra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nosotros nos proponemos como meta final la destrucción del Estado, es decir, de toda violencia organizada y sistemática, de toda violencia contra los hombres en&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
general. No esperamos el advenimiento de un orden social en el que no se acate el principio de la subordinación de la minoría a la mayoría. Pero, aspirando al socialismo, estamos persuadidos de que éste se convertirá gradualmente en comunismo, y en relación con esto desaparecerá toda necesidad de violencia sobre los hombres en general, toda necesidad de subordinación de unos hombres a otros, de una parte de la población a otra, pues los hombres se habituarán a observar las reglas elementales de la convivencia social sin violencia y sin subordinación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para subrayar este elemento del hábito es para lo que Engels habla de una nueva generación que, &amp;quot;educada en condiciones sociales nuevas y libres, pueda deshacerse&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de todo este trasto viejo del Estado&amp;quot;, de todo Estado, inclusive el Estado democráticorepublicano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para explicar esto, es necesario analizar la cuestión de las bases económicas de la extinción del Estado.&lt;br /&gt;
[[Categoría:Obras de biblioteca de Vladímir Lenin]]&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Ledlecreeper27</name></author>
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		<title>Biblioteca:Principios del comunismo</title>
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		<updated>2022-08-04T12:39:17Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Ledlecreeper27: Página creada con «{{DISPLAYTITLE:&amp;#039;&amp;#039;Principios de comunismo&amp;#039;&amp;#039;, por Friedrich Engels}}  I. ¿Qué es el comunismo?  El comunismo es la doctrina de las condiciones de la liberación del proletariado.  II. ¿Qué es el proletariado?  El proletariado es la clase social que consigue sus medios de subsistencia exclusivamente de la venta de su trabajo, y no del rédito de algún capital; es la clase, cuyas dicha y pena, vida y muerte y toda la existencia dependen de la demanda de trabajo, es d…»&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{DISPLAYTITLE:&#039;&#039;Principios de comunismo&#039;&#039;, por Friedrich Engels}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
I. ¿Qué es el comunismo?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El comunismo es la doctrina de las condiciones de la liberación del proletariado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
II. ¿Qué es el proletariado?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El proletariado es la clase social que consigue sus medios de subsistencia exclusivamente de la venta de su trabajo, y no del rédito de algún capital; es la clase, cuyas dicha y pena, vida y muerte y toda la existencia dependen de la demanda de trabajo, es decir, de los períodos de crisis y de prosperidad de los negocios, de las fluctuaciones de una competencia desenfrenada. Dicho en pocas palabras, el proletariado, o la clase de los proletarios, es la clase trabajadora del siglo XIX.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
III. ¿Quiere decir que los proletarios no han existido siempre?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No. Las clases pobres y trabajadoras han existido siempre, siendo pobres en la mayoría de los casos. Ahora bien, los pobres, los obreros que viviesen en las condiciones que acabamos de señalar, o sea los proletarios, no han existido siempre, del mismo modo que la competencia no ha sido siempre libre y desenfrenada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
IV. ¿Cómo apareció el proletariado?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El proletariado nació a raíz de la revolución industrial, que se produjo en Inglaterra en la segunda mitad del siglo pasado y se repitió luego en todos los países civilizados del mundo. Dicha revolución se debió al invento de la máquina de vapor, de las diversas máquinas de hilar, del telar mecánico y de toda una serie de otros dispositivos mecánicos. Estas máquinas, que costaban muy caras y, por eso, sólo estaban al alcance de los grandes capitalistas, transformaron completamente el antiguo modo de producción y desplazaron a los obreros anteriores, puesto que las máquinas producían mercancías más baratas y mejores que las que podían hacer éstos con ayuda de sus ruecas y telares imperfectos. Las máquinas pusieron la industria enteramente en manos de los grandes capitalistas y redujeron a la nada el valor de la pequeña propiedad de los obreros (instrumentos, telares, etc.), de modo que los capitalistas pronto se apoderaron de todo, y los obreros se quedaron con nada. Así se instauró en la producción de tejidos el sistema fabril. En cuanto se dio el primer impulso a la introducción de máquinas y al sistema fabril; este último se propagó rápidamente en las demás ramas de la industria, sobre todo en el estampado de tejidos, la impresión de libros, la alfarería y la metalurgia. El trabajo comenzó a dividirse más y más entre los obreros individuales de tal manera que el que antes efectuaba todo el trabajo pasó a realizar nada más que una parte del mismo. Esta división del trabajo permitió fabricar los productos más rápidamente y, por consecuencia, de modo más barato. Ello redujo la actividad de cada obrero a un procedimiento mecánico, muy sencillo, constantemente repetido, que la máquina podía realizar con el mismo éxito o incluso mucho mejor. Por tanto, todas estas ramas de la producción cayeron, una tras otra, bajo la dominación del vapor, de las máquinas y del sistema fabril, exactamente del mismo modo que la producción de hilados y de tejidos. En consecuencia, ellas se vieron enteramente en manos de los grandes capitalistas, y los obreros quedaron privados de los úItimos restos de su independencia. Poco a poco, el sistema fabril extendió su dominación no ya sólo a la manufactura, en el sentido estricto de la palabra, sino que comenzó a apoderarse más y más de las actividades artesanas, ya que también en esta esfera los grandes capitalistas desplazaban cada vez más a los pequeños maestros, montando grandes talleres, en los que era posible ahorrar muchos gastos e implantar una detallada división del trabajo. Así llegamos a que, en los países civilizados, casi en todas las ramas del trabajo se afianza la producción fabril y, casi en todas estas ramas, la gran industria desplaza a la artesanía y la manufactura. Como resultado de ello, se arruina más y más la antigua clase media, sobre todo los pequeños artesanos, cambia completamente la anterior situación de los trabajadores y surgen dos clases nuevas, que absorben paulatinamente a todas las demás, a saber:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
I. La clase de los grandes capitalistas, que son ya en todos los países civilizados casi los únicos poseedores de todos los medios de existencia, como igualmente de las materias primas y de los instrumentos (máquinas, fábricas, etc.) necesarios para la producción de los medios de existencia. Es la clase de los burgueses, o sea, burguesía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
II. La clase de los completamente desposeídos, de los que en virtud de ello se ven forzados a vender su trabajo a los burgueses, al fin de recibir en cambio los medios de subsistencia necesarios para vivir. Esta clase se denomina la clase de los proletarios, o sea, proletariado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
V. ¿En qué condiciones se realiza esta venta del trabajo de los proletarios a los burgueses?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El trabajo es una mercancía como otra cualquiera, y su precio depende, por consiguiente, de las mismas leyes que el de cualquier otra mercancía. Pero, el precio de una mercancía, bajo el dominio de la gran industria o de la libre competencia, que es lo mismo, como lo veremos más adelante, es, por término medio, siempre igual a los gastos de producción de dicha mercancía. Por tanto, el precio del trabajo es también igual al costo de producción del trabajo. Ahora bien, el costo de producción del trabajo consta precisamente de la cantidad de medios de subsistencia indispensables para que el obrero esté en condiciones de mantener su capacidad de trabajo y para que la clase obrera no se extinga. El obrero no percibirá por su trabajo más que lo indispensable para ese fin; el precio del trabajo o el salario será, por consiguiente, el más bajo, constituirá el mínimo de lo indispensable para mantener la vida. Pero, por cuanto en los negocios existen períodos mejores y peores, el obrero percibirá unas veces más, otras menos, exactamente de la misma manera que el fabricante cobra unas veces más, otras menos, por sus mercancías. Y, al igual que el fabricante, que, por término medio, contando los tiempos buenos y los malos, no percibe por sus mercancías ni más ni menos que su costo de producción, el obrero percibirá, por término medio, ni más ni menos que ese mínimo. Esta ley económica del salario se aplicará más rigurosamente en la medida en que la gran industria vaya penetrando en todas las ramas de la producción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
VI. ¿Qué clases trabajadores existían antes de la revolución industrial?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las clases trabajadoras han vivido en distintas condiciones, según las diferentes fases de desarrollo de la sociedad, y han ocupado posiciones distintas respecto de las clases poseedoras y dominantes. En la antigüedad, los trabajadores eran &#039;&#039;esclavos&#039;&#039; de sus amos, como lo son todavía en un gran número de países atrasados e incluso en la parte meridional de los Estados Unidos. En la Edad Media eran &#039;&#039;siervos&#039;&#039; de los nobles propietarios de tierras, como lo son todavía en Hungría, Polonia y Rusia. Además, en la Edad Media, hasta la revolución industrial, existían en las ciudades oficiales artesanos que trabajaban al servicio de la pequeña burguesía y, poco a poco, en la medida del progreso de la manufactura, comenzaron a aparecer obreros de manufactura que iban a trabajar contratados por grandes capitalistas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
VII. ¿Qué diferencia hay entre el proletario y el esclavo?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El esclavo está vendido de una vez y para siempre, en cambio, el proletario tiene que venderse él mismo cada día y cada hora. Todo esclavo individual, propiedad de &#039;&#039;un&#039;&#039; señor determinado, tiene ya asegurada su existencia por miserable que sea, por interés de éste. En cambio el proletario individual es, valga la expresión, propiedad de toda la &#039;&#039;clase&#039;&#039; de la burguesía. Su trabajo no se compra más que cuando alguien lo necesita, por cuya razón no tiene la existencia asegurada. Esta existencia está asegurada únicamente a toda la &#039;&#039;clase&#039;&#039; de los proletarios. El esclavo está fuera de la competencia. El proletario se halla sometido a ello y siente todas sus fluctuaciones. El esclavo es considerado como una cosa, y no miembro de la sociedad civil. El proletario es reconocido como persona, como miembro de la sociedad civil. Por consiguiente, el esclavo puede tener una existencia mejor que el proletario, pero este último pertenece a una etapa superior de desarrollo de la sociedad y se encuentra a un nivel más alto que el esclavo. Este se libera cuando de todas las relaciones de la propiedad privada no suprime más que una, la relación de esclavitud, gracias a lo cual sólo entonces se convierte en proletario; en cambio, el proletario sólo puede liberarse suprimiendo toda la propiedad privada en general.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
VIII. ¿Qué diferencia hay entre el proletario y el siervo?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El siervo posee en propiedad y usufructo un instrumento de producción y una porción de tierra, a cambio de lo cual entrega una parte de su producto o cumple ciertos trabajos. El proletario trabaja con instrumentos de producción pertenecientes a otra persona, por cuenta de ésta, a cambio de una parte del producto. El siervo da, al proletario le dan. El siervo tiene la existencia asegurada, el proletario no. El siervo está fuera de la competencia, el proletario se halla sujeto a ella. El siervo se libera ya refugiándose en la ciudad y haciéndose artesano, ya dando a su amo dinero en lugar de trabajo o productos, transformandose en libre arrendatario, ya expulsando a su señor feudal y haciéndose él mismo propietario. Dicho en breves palabras, se libera entrando de una manera u otra en la clase poseedora y en la esfera de la competencia. El proletario se libera suprimiendo la competencia, la propiedad privada y todas las diferencias de clase.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
IX. ¿Qué diferencia hay entre el proletario y el artesano? &amp;lt;sup&amp;gt;1&amp;lt;/sup&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
X. ¿Qué diferencia hay entre el proletario y el obrero de manufactura?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El obrero de manufactura de los siglos XVI-XVIII poseía casi en todas partes instrumentos de producción: su telar, su rueca para la familia y un pequeño terreno que cultivaba en las horas libres. El proletario no tiene nada de eso. El obrero de manufactura vive casi siempre en el campo y se halla en relaciones más o menos patriarcales con su señor o su patrono. El proletario suele vivir en grandes ciudades y no lo unen a su patrono más que relaciones de dinero. La gran industria arranca al obrero de manufactura de sus condiciones patriarcales; éste pierde la propiedad que todavía poseía y sólo entonces se convierte en proletario.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
XI. ¿Cuáles fueron las consecuencias directas de la revolución industrial y de la división de la sociedad en burgueses y proletarios?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;En primer lugar&#039;&#039;, en virtud de que el trabajo de las máquinas reducía más y más los precios de los artículos industriales, en casi todos los países del mundo el viejo sistema de la manufactura o de la industria basada en el trabajo manual fue destruido enteramente. Todos los países semibárbaros que todavía quedaban más o menos al margen del desarrollo histórico y cuya industria se basaba todavía en la manufactura, fueron arrancados violentamente de su aislamiento. Comenzaron a comprar mercancías más baratas a los ingleses, dejando que se muriesen de hambre sus propios obreros de manufactura. Así, países que durante milenios no conocieron el menor progreso, como, por ejemplo, la India, pasaron por una completa revolución, e incluso la China marcha ahora de cara a la revolución. Las cosas han llegado a tal punto que una nueva máquina que se invente ahora en Inglaterra podrá, en el espacio de un año, condenar al hambre a millones de obreros de China. De este modo, la gran industria ha ligado los unos a los otros a todos los pueblos de la tierra, ha unido en un solo mercado mundial todos los pequeños mercados locales, ha preparado por doquier el terreno para la civilización y el progreso y ha hecho las cosas de tal manera que todo lo que se realiza en los países civilizados debe necesariamente repercutir en todos los demás, por tanto, si los obreros de Inglaterra o de Francia se liberan ahora, ello debe suscitar revoluciones en todos los demás países, revoluciones que tarde o temprano culminarán también allí en la liberación de los obreros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;En segundo lugar&#039;&#039;, en todas las partes en que la gran industria ocupó el lugar de la manufactura, la burguesía aumentó extraordinariamente su riqueza y poder y se erigió en primera clase del país. En consecuencia, en todas las partes en las que se produjo ese proceso, la burguesía tomó en sus manos el poder político y desalojó las clases que dominaban antes: la aristocracia, los maestros de gremio y la monarquía absoluta, que representaba a la una y a los otros. La burguesía acabó con el poderío de la aristocracia y de la nobleza, suprimiendo el mayorazgo o la inalienabilidad de la posesión de tierras, como también todos los privilegios de la nobleza. Destruyó el poderío de los maestros de gremio, eliminando todos los gremios y los privilegios gremiales. En el lugar de unos y otros puso la libre competencia, es decir, un estado de la sociedad en la que cada cual tenía derecho a dedicarse a la rama de la industria que le gustase y nadie podía impedírselo a no ser la falta de capital necesario para tal actividad. Por consiguiente, la implantación de la libre competencia es la proclamación pública de que, de ahora en adelante, los miembros de la sociedad no son iguales entre sí únicamente en la medida en que no lo son sus capitales, que el capital se convierte en la fuerza decisiva y que los capitalistas, o sea, los burgueses, se erigen así en la primera clase de la sociedad. Ahora bien, la libre competencia es indispensable en el período inicial del desarrollo de la gran industria, porque es el único régimen social con el que la gran industria puede progresar. Tras de aniquilar de este modo el poderío social de la nobleza y de los maestros de gremio, puso fin también al poder político de la una y los otros. Llegada a ser la primera clase de la sociedad, la burguesía se proclamó también la primera clase en la esfera política. Lo hizo implantando el sistema representativo, basado en la igualdad burguesa ante la ley y en el reconocimiento legislativo de la libre competencia. Este sistema fue instaurado en los países europeos bajo la forma de la monarquía constitucional. En dicha monarquía sálo tienen derecho de voto los poseedores de cierto capital, es decir, únicamente los burgueses. Estos electores burgueses eligen a los diputados, y estos diputados burgueses, valiéndose del derecho a negar los impuestos, eligen un gobierno burgués.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;En tercer lugar&#039;&#039;, la revolución indistrial ha creado en todas partes el proletariado en la misma medida que la burguesía. Cuanto más ricos se hacían los burgueses, más numerosos eran los proletarios. Visto que sólo el capital puede dar ocupación a los proletarios y que el capital sólo aumenta cuando emplea trabajo, el crecimiento del proletariado se produce en exacta correspondencia con el del capital. Al propio tiempo, la revolución industrial agrupa a los burgueses y a los proletarios en grandes ciudades, en las que es más ventajoso fomentar la industria, y can esa concentración de grandes masas en &#039;&#039;un mismo&#039;&#039; lugar le inculca a los proletarios la conciencia de su fuerza. Luego, en la medida del progreso de la revolución industrial, en la medida en que se inventan nuevas máquinas, que eliminan el trabajo manual, la gran industria ejerce una presión creciente sobre los salarios y los reduce, como hemos dicho, al mínimo, haciendo la situación del proletariado cada vez más insoportable. Así, por una parte, como consecuencia del descontento creciente del proletariado y, por la otra, del crecimiento del poderío de éste, la revolución industrial prepara la revolución social que ha de realizar el proletariado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
XII. ¿Cuáles han sido las consecuencias siguientes de la revolución industrial?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La gran industria creó, con la máquina de vapor y otras máquinas, los medios de aumentar la producción industrial rápidamente, a bajo costo y hasta el infinito. Merced a esta facilidad de ampliar la producción, la libre competencia, consecuencia necesaria de esta gran industria, adquirió pronto un carácter extraordinariamente violento; un gran número de capitalistas se lanzó a la industria, en breve plazo se produjo más de lo que se podía consumir. Como consecuencia, no se podían vender las mercancías fabricadas y sobrevino la llamada crisis comercial; las fábricas tuvieron que parar, los fabricantes quebraron y los obreros se quedaron sin pan. Y en todas partes se extendió la mayor miseria. Al cabo de cierto tiempo se vendieron los productos sobrantes, las fábricas volvieron a funcionar, los salarios subieron y, poco a poco, los negocios marcharon mejor que nunca. Pero no por mucho tiempo, ya que pronto volvieron a producirse demasiadas mercancías y sobrevino una nueva crisis que transcurrió exactamente de la misma manera que la anterior. Así, desde comienzos del presente siglo, en la situación de la industria se han producido continuamente oscilaciones entre períodos de prosperidad y períodos de crisis, y casi regularmente, cada cinco o siete años se ha producido tal crisis, con la particularidad de que cada vez acarreaba las mayores calamidades para los obreros, una agitación revolucionaria general y un peligro colosal para todo el régimen existente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
XIII. ¿Cuáles son las consecuencias de estas crisis comerciales que se repiten regularmente?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;En primer lugar&#039;&#039;, la de que la gran industria, que en el primer período de su desarrollo creó la libre competencia, la ha rebasado ya; que la competencia y, hablando en términos generales, la producción industrial en manos de unos u otros particulares se ha convertido para ella en una traba a la que debe y ha de romper; que la gran industria, mientras siga sobre la base actual, no puede existir sin conducir cada siete años a un caos general que supone cada vez un peligro para toda la civilización y no sólo sume en la miseria a los proletarios, sino que arruina a muchos burgueses; que, por consiguiente, la gran industria debe destruirse ella misma, lo que es absolutamente imposible, o reconocer que hace imprescindible una organización completamente nueva de la sociedad, en la que la producción industrial no será más dirigida por unos u otros fabricantes en competencia entre sí, sino por toda la sociedad con arreglo a un plan determinado y de conformidad con las necesidades de todos los miembros de la sociedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;En segundo lugar&#039;&#039;, que la gran industria y la posibilidad, condicionada por ésta, de ampliar hasta el infinito la producción permiten crear un régimen social en el que se producirán tantos medios de subsistencia que cada miembro de la sociedad estará en condiciones de desarrollar y emplear libremente todas sus fuerzas y facultades; de modo que, precisamente la peculiaridad de la gran industria que en la sociedad moderna engendra toda la miseria y todas las crisis comerciales será en la otra organización social justamente la que ha de acabar con esa miseria y esas fluctuaciones preñadas de tantas desgracias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por tanto, está probado claramente:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
1) que en la actualidad todos estos males se deben únicamente al régimen social, el cual ya no responde más a las condiciones existentes;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
2) que ya existen los medios de supresión definitiva de estas calamidades por vía de la construcción de un nuevo orden social.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
XIV. ¿Cómo debe ser ese nuevo orden social?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ante todo, la administración de la industria y de todas las ramas de la producción en general dejará de pertenecer a unos u otros individuos en competencia. En lugar de esto, las ramas de la producción pasarán a manos de toda la sociedad, es decir, serán administradas en beneficio de toda la sociedad, con arreglo a un plan general y con la participación de todos los miembros de la sociedad. Por tanto, el nuevo orden social suprimirá la competencia y la sustituirá con la asociación. En vista de que la dirección de la industria, al hallarse en manos de particulares, implica necesariamente la existencia de la propiedad privada y por cuanto la competencia no es otra cosa que ese modo de dirigir la industria, en el que la gobiernan propietarios privados, la propiedad privada va unida inseparablemente a la dirección individual de la industria y a la competencia. Así, la propiedad privada debe también ser suprimida y ocuparán su lugar el usufructo colectivo de todos los instrumentos de producción y el reparto de los productos de común acuerdo, lo que se llama la comunidad de bienes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La supresión de la propiedad privada es incluso la expresión más breve y mas característica de esta transformación de todo el régimen social, que se ha hecho posible merced al progreso de la industria. Por eso los comunistas la planteen can razón como su principal reivindicación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
XV. ¿Eso quiere decir que la supresión de la propiedad privada no era posible antes?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No, no era posible. Toda transformación del orden social, todo cambio de las relaciones de propiedad es consecuencia necesaria de la aparición de nuevas fuerzas productivas que han dejado de corresponder a las viejas relaciones de propiedad. Así ha surgido la misma propiedad privada. La propiedad privada no ha existido siempre; cuando a fines de la Edad Media surgió el nuevo modo de producción bajo la forma de la manufactura, que no encuadraba en el marco de la propiedad feudal y gremial, esta manufactura, que no correspondía ya a las viejas relaciones de propiedad, dio vida a una nueva forma de propiedad: la propiedad privada. En efecto, para la manufactura y para el primer período de desarrollo de la gran industria no era posible ninguna otra forma de propiedad además de la propiedad privada, no era posible ningún orden social además del basado en esta propiedad. Mientras no se pueda conseguir una cantidad de productos que no sólo baste para todos, sino que se quede cierto excedente para aumentar el capital social y seguir fomentando las fuerzas productivas, deben existir necesariamente una clase dominante que disponga de las fuerzas productivas de la sociedad y una clase pobre y oprimida. La constitución y el carácter de estas clases dependen del grado de desarrollo de la producción. La sociedad de la Edad Media, que tiene por base el cultivo de la tierra, nos da el señor feudal y el siervo; las ciudades de las postrimerías de la Edad Media nos dan el maestro artesano, el oficial y el jornalero; en el siglo XVII, el propietario de manufactura y el obrero de ésta; en el siglo XIX, el gran fabricante y el proletario. Es claro que, hasta el presente, las fuerzas productivas no se han desarrollado aún al punto de proporcionar una cantidad de bienes suficiente para todos y para que la propiedad privada sea ya una traba, un obstáculo para su progreso. Pero hoy, cuando, merced al desarrollo de la gran industria, &#039;&#039;en primer lugar&#039;&#039;, se han constituido capitales y fuerzas productivas en proporciones sin precedentes y existen medios para aumentar en breve plazo hasta el infinito estas fuerzas productivas; cuando, &#039;&#039;en segundo lugar&#039;&#039;, estas fuerzas productivas se concentran en manos de un reducido número de burgueses, mientras la gran masa del pueblo se va convirtiendo cada vez más en proletarios, con la particularidad de que su situación se hace más precaria e insoportable en la medida en que aumenta la riqueza de los burgueses; cuando, &#039;&#039;en tercer lugar&#039;&#039;, estas poderosas fuerzas productivas, que se multiplican con tanta facilidad hasta rebasar el marco de la propiedad privada y del burgués, provocan continuamente las mayores conmociones del orden social, sólo ahora la supresión de la propiedad privada se ha hecho posible e incluso absolutamente necesaria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
XVI. ¿Será posible suprimir por vía pacífica la propiedad privada?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sería de desear que fuese así, y los comunistas, como es lógico, serían los últimos en oponerse a ello. Los comunistas saben muy bien que todas las conspiraciones, además de inútiles, son incluso perjudiciales. Están perfectamente al corriente de que no se pueden hacer las revoluciones premeditada y arbitrariamente y que éstas han sido siempre y en todas partes una consecuencia necesaria de circunstancias que no dependían en absoluto de la voluntad y la dirección de unos u otros partidos o clases enteras. Pero, al propio tiempo, ven que se viene aplastando por la violencia el desarrollo del proletariado en casi todos los países civilizados y que, con ello, los enemigos mismos de los comunistas trabajan con todas sus energías para la revolución. Si todo ello termina, en fin de cuentas, empujando al proletariado subyugado a la revolución, nosotros, los comunistas, defenderemos con hechos, no menos que como ahora lo hacemos de palabra, la causa del proletariado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
XVII. ¿Será posible suprimir de golpe la propiedad privada?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No, no será posible, del mismo modo que no se puede aumentar &#039;&#039;de golpe&#039;&#039; las fuerzas productivas existentes en la medida necesaria para crear una economía colectiva. Por eso, la revolución del proletariado, que se avecina según todos los indicios, sólo podrá transformar paulatinamente la sociedad actual, y acabará con la propiedad privada únicamente cuando haya creado la necesaria cantidad de medios de producción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
XVIII. ¿Qué vía de desarrollo tomará esa revolución?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Establecerá, ante todo, un &#039;&#039;régimen democrático&#039;&#039; y, por tanto, directa o indirectamente, la dominación política del proletariado. Directamente en Inglaterra, donde los proletarios constituyen ya la mayoría del pueblo. Indirectamente en Francia y en Alemania, donde la mayoría del pueblo no consta únicamente de proletarios, sino, además, de pequeños campesinos y pequeños burgueses de la ciudad, que se encuentran sólo en la fase de transformación en proletariado y que, en lo tocante a la satisfacción de sus intereses políticos, dependen cada vez más del proletariado, por cuya razón han de adherirse pronto a las reivindicaciones de éste. Para ello, quizá, se necesite una nueva lucha que, sin embargo, no puede tener otro desenlace que la victoria del proletariado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La democracia sería absolutamente inútil para el proletariado si no la utilizara inmediatamente como medio para llevar a cabo amplias medidas que atentasen directamente contra la propiedad privada y asegurasen la existencia del proletariado. Las medidas más importantes, que dimanan necesariamente de las condiciones actuales, son:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
1) Restricción de la propiedad privada mediante el impuesto progresivo, el alto impuesto sobre las herencias, la abolición del derecho de herencia en las líneas laterales (hermanos, sobrinos, etc.), préstamos forzosos, etc.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
2) Expropiación gradual de los propietarios agrarios, fabricantes, propietarios de ferrocarriles y buques, parcialmente con ayuda de la competencia por parte de la industria estatal y, parcialmente de modo directo, con indemnización en asignados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
3) Confiscación de los bienes de todos los emigrados y de los rebeldes contra la mayoría del pueblo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
4) Organización del trabajo y ocupación de los proletarios en fincas, fábricas y talleres nacionales, con lo cual se eliminará la competencia entre los obreros, y los fabricantes que queden, tendrán que pagar salarios tan altos como el Estado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
5) Igual deber obligatorio de trabajo para todos los miembros de la sociedad hasta la supresión completa de la propiedad privada. Formación de ejércitos industriales, sobre todo para la agricultura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
6) Centralización de los créditos y la banca en las manos del Estado a través del Banco Nacional, con capital del Estado. Cierre de todos los bancos privados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7) Aumento del número de fábricas, talleres, ferrocarriles y buques nacionales, cultivo de todas las tierras que están sin labrar y mejoramiento del cultivo de las demás tierras en consonancia con el aumento de los capitales y del número de obreros de que dispone la nación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
8) Educación de todos los niños en establecimientos estatales y a cargo del Estado, desde el momento en que puedan prescindir del cuidado de la madre. Conjugar la educación con el trabajo fabril.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
9) Construcción de grandes palacios en las fincas del Estado para que sirvan de vivienda a las comunas de ciudadanos que trabajen en la industria y la agricultura y unan las ventajas de la vida en la ciudad y en el campo, evitando así el carácter unilateral y los defectos de la una y la otra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
10) Destrucción de todas las casas y barrios insalubres y mal construidos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
11) Igualdad de derecho de herencia para los hijos legítimos y los naturales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
12) Concentración de todos los medios de transporte en manos de la nación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por supuesto, todas estas medidas no podrán ser llevadas a la práctica de golpe. Pero cada una entraña necesariamente la siguiente. Una vez emprendido el primer ataque radical contra la propiedad privada, el proletariado se verá obligado a seguir siempre adelante y a concentrar más y más en las manos del Estado todo el capital, toda la agricultura, toda la industria, todo el transporte y todo el cambio. Este es el objetivo a que conducen las medidas mencionadas. Ellas serán aplicables y surtirán su efecto centralizador exactamente en el mismo grado en que el trabajo del proletariado multiplique las fuerzas productivas del país. Finalmente, cuando todo el capital, toda la producción y todo el cambio estén concentrados en las manos de la nación, la propiedad privada dejará de existir de por sí, el dinero se hará superfluo, la producción aumentará y los hombres cambiarán tanto que se podrán suprimir también las últimas formas de relaciones de la vieja sociedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
XIX. ¿Es posible esta revolución en un solo país?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No. La gran industria, al crear el mercado mundial, ha unido ya tan estrechamente todos los pueblos del globo terrestre, sobre todo los pueblos civilizados, que cada uno depende de lo que ocurre en la tierra del otro. Además, ha nivelado en todos los países civilizados el desarrollo social a tal punto que en todos estos países la burguesía y el proletariado se han erigido en las dos clases decisivas de la sociedad, y la lucha entre ellas se ha convertido en la principal lucha de nuestros días. Por consecuencia, la revolución comunista no será una revolución puramente nacional, sino que se producirá simultáneamente en todos los países civilizados, es decir, al menos en Inglaterra, en América, en Francia y en Alemania. Ella se desarrollará en cada uno de estos países más rápidamente o más lentamente, dependiendo del grado en que esté en cada uno de ellos más desarrollada la industria, en que se hayan acumulado más riquezas y se disponga de mayores fuerzas productivas. Por eso será más lenta y difícil en Alemania y más rápida y fácil en Inglaterra. Ejercerá igualmente una influencia considerable en los demás países del mundo, modificará de raíz y acelerará extraordinariamente su anterior marcha del desarrollo. Es una revolución universal y tendrá, por eso, un ámbito universal.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
XX. ¿Cuáles serán las consecuencias de la supresión definitiva de la propiedad privada?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al quitar a los capitalistas privados el usufructo de todas las fuerzas productivas y medios de comunicación, así como el cambio y el reparto de los productos, al administrar todo eso con arreglo a un plan basado en los recursos disponibles y las necesidades de toda la sociedad, ésta suprimirá, primeramente, todas las consecuencias nefastas ligadas al actual sistema de dirección de la gran industria. Las crisis desaparecerán; la producción ampliada, que es, en la sociedad actual, una superproducción y una causa tan poderosa de la miseria, será entonces muy insuficiente y deberá adquirir proporciones mucho mayores. En lugar de engendrar la miseria, la producción superior a las necesidades perentorias de la sociedad permitirá satisfacer las demandas de todos los miembros de ésta, engendrará nuevas demandas y creará, a la vez, los medios de satisfacerlas. Será la condición y la causa de un mayor progreso y lo llevará a cabo, sin suscitar, como antes, el trastorno periódico de todo el orden social. La gran industria, liberada de las trabas de la propiedad privada, se desarrollará en tales proporciones que, comparado con ellas, su estado actual parecerá tan mezquino como la manufactura al lado de la gran industria moderna. Este avance de la industria brindara a la sociedad suficiente cantidad de productos para satisfacer las necesidades de todos. Del mismo modo, la agricultura, en la que, debido al yugo de la propiedad privada y al fraccionamiento de las parcelas, resulta difícil el empleo de los perfeccionamientos ya existentes y de los adelantos de la ciencia experimentará un nuevo auge y ofrecerá a disposición de la sociedad una cantidad suficiente de productos. Así, la sociedad producirá lo bastante para organizar la distribución con vistas a cubrir las necesidades de todos sus miembros. Con ello quedará superflua la división de la sociedad en clases distintas y antagónicas. Dicha división, además de superflua, será incluso incompatible con el nuevo régimen social. La existencia de clases se debe a la división del trabajo, y esta última, bajo su forma actual desaparecerá enteramente, ya que, para elevar la producción industrial y agrícola al mencionado nivel no bastan sólo los medios auxiliares mecánicos y químicos. Es preciso desarrollar correlativamente las aptitudes de los hombres que emplean estos medios. Al igual que en el siglo pasado, cuando los campesinos y los obreros de las manufacturas, tras de ser incorporados a la gran industria, modificaron todo su régimen de vida y se volvieron completamente otros, la dirección colectiva de la producción por toda la sociedad y el nuevo progreso de dicha producción que resultara de ello necesitarán hombres nuevos y los formarán. La gestión colectiva de la producción no puede correr a cargo de los hombres tales como lo son hoy, hombres que dependen cada cual de una rama determinada de la producción, están aferrados a ella, son explotados por ella, desarrollan nada más que &#039;&#039;un&#039;&#039; aspecto de sus aptitudes a cuenta de todos los otros y sólo conocen &#039;&#039;una&#039;&#039; rama o parte de alguna rama de toda la producción. La industria de nuestros días está ya cada vez menos en condiciones de emplear tales hombres. La industria que funciona de modo planificado merced al esfuerzo común de toda la sociedad presupone con más motivo hombres con aptitudes desarrolladas universalmente, hombres capaces de orientarse en todo el sistema de la producción. Por consiguiente, desaparecerá del todo la división del trabajo, minada ya en la actualidad por la máquina, la división que hace que uno sea campesino, otro, zapatero, un tercero, obrero fabril, y un cuarto, especulador de la bolsa. La educación dará a los jóvenes la posibilidad de asimilar rápidamente en la práctica todo el sistema de producción y les permitirá pasar sucesivamente de una rama de la producción a otra, según sean las necesidades de la sociedad o sus propias inclinaciones. Por consiguiente, la educación los liberará de ese carácter unilateral que la división actual del trabajo impone a cada individuo. Así, la sociedad organizada sobre bases comunistas dará a sus miembros la posibilidad de emplear en todos los aspectos sus facultades desarrolladas universalmente. Pero, con ello desaparecerán inevitablemente las diversas clases. Por tanto, de una parte, la sociedad organizada sobre bases comunistas es incompatible con la existencia de clases y, de la otra, la propia construcción de esa sociedad brinda los medios para suprimir las diferencias de clase.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De ahí se desprende que ha de desaparecer igualmente la oposición entre la ciudad y el campo. Unos mismos hombres se dedicarán al trabajo agrícola y al industrial, en lugar de dejar que lo hagan dos clases diferentes. Esto es una condición necesaria de la asociación comunista y por razones muy materiales. La dispersión de la población rural dedicada a la agricultura, a la par con la concentración de la población industrial en las grandes ciudades, corresponde sólo a una etapa todavía inferior de desarrollo de la agricultura y la industria y es un obstáculo para el progreso, cosa que se hace ya sentir con mucha fuerza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La asociación general de todos los miembros de la sociedad al objeto de utilizar colectiva y racionalmente las fuerzas productivas; el fomento de la producción en proporciones suficientes para cubrir las necesidades de todos; la liquidación del estado de cosas en el que las necesidades de unos se satisfacen a costa de otros; la supresión completa de las clases y del antagonismo entre ellas; el desarrollo universal de las facultades de todos los miembros de la sociedad merced a la eliminación de la anterior división del trabajo, mediante la educación industrial, merced al cambio de actividad, a la participación de todos en el usufructo de los bienes creados por todos y, finalmente, mediante la fusión de la ciudad con el campo serán los principales resultados de la supresión de la propiedad privada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
XXI. ¿Qué influencia ejercerá el régimen social comunista en la familia?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las relaciones entre los sexos tendrán un carácter puramente privado, perteneciente sólo a las personas que toman parte en ellas, sin el menor motivo para la ingerencia de la sociedad. Eso es posible merced a la supresión de la propiedad privada y a la educación de los niños por la sociedad, con lo cual se destruyen las dos bases del matrimonio actual ligadas a la propiedad privada: la dependencia de la mujer respecto del hombre y la dependencia de los hijos respecto de los padres. En ello reside, precisamente, la respuesta a los alaridos altamente moralistas de los burguesotes con motivo de la comunidad de las mujeres, que, según éstos, quieren implantar los comunistas. La comunidad de las mujeres es un fenómeno que pertenece enteramente a la sociedad burguesa y existe hoy plenamente bajo la forma de prostitución. Pero, la prostitución descansa en la propiedad privada y desaparecerá junto con ella. Por consiguiente, la organización comunista, en lugar de implantar la comunidad de las mujeres, la suprimirá.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
XXII. ¿Cuál será la actitud de la organización comunista hacia las nacionalidades existentes?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Queda &amp;lt;sup&amp;gt;2&amp;lt;/sup&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
XXIII. ¿Cuál será su actitud hacia las religiones existentes?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Queda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
XXIV. ¿Cuál es la diferencia entre los comunistas y los socialistas?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los llamados socialistas se dividen en tres categorías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La primera consta de partidarios de la sociedad feudal y patriarcal, que ha sido destruida y sigue siéndolo a diario por la gran industria, el comercio mundial y la sociedad burguesa creada por ambos. Esta categoría saca de los males de la sociedad moderna la conclusión de que hay que restablecer la sociedad feudal y patriarcal, ya que estaba libre de estos males. Todas sus propuestas persiguen, directa o indirectamente, este objetivo. Los comunistas lucharán siempre enérgicamente contra esa categoría de socialistas &#039;&#039;reaccionarios&#039;&#039;, pese a su fingida compasión de la miseria del proletariado y las amargas lágrimas que vierten con tal motivo, puesto que estos socialistas:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
1) se proponen un objetivo absolutamente imposible;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
2) se esfuerzan por restablecer la dominación de la aristocracia, los maestros de gremio y los propietarios de manufacturas, con su séquito de monarcas absolutos o feudales, funcionarios, soldados y curas, una sociedad que, cierto, estaría libre de los vicios de la sociedad actual, pero, en cambio, acarrearía, cuando menos, otros tantos males y, además, no ofrecería la menor perspectiva de liberación, con ayuda de la organización comunista, de los obreros oprimidos;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
3) muestran sus verdaderos sentimientos cada vez que el proletariado se hace revolucionario y comunista: se alían inmediatamente a la burguesía contra los proletarios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La segunda categoría consta de partidarios de la sociedad actual, a los que los males necesariamente provocados por ésta inspiran temores en cuanto a la existencia de la misma. Ellos quieren, por consiguiente, conservar la sociedad actual, pero suprimir los males ligados a ella. A tal objeto, unos proponen medidas de simple beneficencia; otros, grandiosos planes de reformas que, so pretexto de reorganización de la sociedad, se plantean el mantenimiento de las bases de la sociedad actual y, con ello, la propia sociedad actual. Los comunistas deberán igualmente combatir con energía contra estos &#039;&#039;socialistas burgueses&#039;&#039;, puesto que éstos trabajan para los enemigos de los comunistas y defienden la sociedad que los comunistas quieren destruir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Finalmente, la tercera categoría consta de socialistas democráticos. Al seguir el mismo camino que los comunistas, se proponen llevar a cabo una parte de las medidas señaladas en la pregunta... &amp;lt;sup&amp;gt;3&amp;lt;/sup&amp;gt;, pero no como medidas de transición al comunismo, sino como un medio suficiente para acabar con la miseria y los males de la sociedad actual. Estos &#039;&#039;socialistas democráticos&#039;&#039; son proletarios que no ven todavía con bastante claridad las condiciones de su liberación, o representantes de la pequeña burguesía, es decir, de la clase que, hasta la conquista de la democracia y la aplicación de las medidas socialistas dimanantes de ésta, tiene en muchos aspectos los mismos intereses que los proletarios. Por eso, los comunistas se entenderán con esos socialistas democráticos en los momentos de acción y deben, en general, atenerse en esas ocasiones y en lo posible a una política común con ellos, siempre que estos socialistas no se pongan al servicio de la burguesía dominante y no ataquen a los comunistas. Por supuesto, estas acciones comunes no excluyen la discusión de las divergencias que existen entre ellos y los comunistas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
XXV. ¿Cuál es la actitud de los comunistas hacia los demás partidos políticos de nuestra época?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta actitud es distinta en los diferentes países. En Inglaterra, Francia y Bélgica, en las que domina la burguesía, los comunistas todavía tienen intereses comunes con diversos partidos democráticos, con la particularidad de que esta comunidad de intereses es tanto mayor cuanto más los demócratas se acercan a los objetivos de los comunistas en las medidas socialistas que los demócratas defienden ahora en todas partes, es decir, cuanto más clara y explícitamente defienden los intereses del proletariado y cuanto más se apoyan en el proletariado. En &#039;&#039;Inglaterra&#039;&#039;, por ejemplo, los cartistas &amp;lt;sup&amp;gt;4&amp;lt;/sup&amp;gt;, que constan de obreros, se aproximan inconmensurablemente más a los comunistas que los pequeñoburgueses democráticos o los llamados radicales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En &#039;&#039;Norteamérica&#039;&#039;, donde ha sido proclamada la Constitución democrática, los comunistas deberán apoyar al partido que quiere encaminar esta Constitución contra la burguesía y utilizarla en beneficio del proletariado, es decir, al partido de la reforma agraria nacional.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En &#039;&#039;Suiza&#039;&#039;, los radicales, aunque constituyen todavía un partido de composición muy heterogénea, son, no obstante, los únicos con los que los comunistas pueden concertar acuerdos, y entre estos radicales los más progresistas son los de Vand y los de Ginebra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Finalmente, en Alemania está todavía por delante la lucha decisiva entre la burguesía y la monarquía absoluta. Pero, como los comunistas no pueden contar con una lucha decisiva con la burguesía antes de que ésta llegue al poder, les conviene a los comunistas ayudarle a que conquiste lo más pronto posible la dominación, a fin de derrocarla, a su vez, lo más pronto posible. Por tanto, en la lucha de la burguesía liberal contra los gobiernos, los comunistas deben estar siempre del lado de la primera, precaviéndose, no obstante, contra el autoengaño en que incurre la burguesía y sin fiarse en las aseveraciones seductoras de ésta acerca de las benéficas consecuencias que, según ella, traerá al proletariado la victoria de la burguesía. Las únicas ventajas que la victoria de la burguesía brindará a los comunistas serán: 1) diversas concesiones que aliviarán a los comunistas la defensa, la discusión y la propagación de sus principios y, por tanto, aliviarán la cohesión del proletariado en una clase organizada, estrechamente unida y dispuesta a la lucha, y 2) la seguridad de que el día en que caigan los gobiernos absolutistas, llegará la hora de la lucha entre los burgueses y los proletarios. A partir de ese día, la política del partido de los comunistas será aquí la misma que en los países donde domina ya la burguesía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Escrito en alemán por F. Engels a fines de octubre y en noviembre de 1847. Se publica de acuerdo con el manuscrito. Publicado por vez primera como edición aparte en 1914.&lt;br /&gt;
[[Categoría:Obras de biblioteca de Friedrich Engels]]&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Ledlecreeper27</name></author>
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	<entry>
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		<title>Biblioteca:Manifiesto del partido comunista</title>
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		<updated>2022-08-04T12:37:51Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Ledlecreeper27: Página creada con «{{DISPLAYTITLE:&amp;#039;&amp;#039;Manifiesto del partido comunista&amp;#039;&amp;#039;, por Karl Marx y Friedrich Engels}}  == Prólogos de Marx y Engels a Varias Ediciones del Manifiesto ==  === Prólogo de Marx y Engels a la Edición Alemana de 1872 === La Liga Comunista, una organización obrera internacional, que en las circunstancias de la época -huelga decirlo- sólo podía ser secreta, encargó a los abajo firmantes, en el congreso celebrado en Londres en noviembre de 1847, la redacción de un…»&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{DISPLAYTITLE:&#039;&#039;Manifiesto del partido comunista&#039;&#039;, por Karl Marx y Friedrich Engels}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Prólogos de Marx y Engels a Varias Ediciones del Manifiesto ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Prólogo de Marx y Engels a la Edición Alemana de 1872 ===&lt;br /&gt;
La Liga Comunista, una organización obrera internacional, que en las circunstancias de la época -huelga decirlo- sólo podía ser secreta, encargó a los abajo firmantes, en el congreso celebrado en Londres en noviembre de 1847, la redacción de un detallado programa teórico y práctico, destinado a la publicidad, que sirviese de programa del partido.  Así nació el Manifiesto, que se reproduce a continuación y cuyo original se remitió a Londres para ser impreso pocas semanas antes de estallar la revolución de febrero.  Publicado primeramente en alemán, ha sido reeditado doce veces por los menos en ese idioma en Alemania, Inglaterra y Norteamérica.  La edición inglesa no vio la luz hasta 1850, y se publicó en el Red Republican de Londres, traducido por miss Elena Macfarlane, y en 1871 se editaron en Norteamérica no menos de tres traducciones distintas. La versión francesa apareció por vez primera en París poco antes de la insurrección de junio de 1848; últimamente ha vuelto a publicarse en Le Socialiste de Nueva York, y se prepara una nueva traducción.  La versión polaca apareció en Londres poco después de la primera edición alemana.  La traducción rusa vio la luz en Ginebra en el año sesenta y tantos. Al danés se tradujo a poco de publicarse.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por mucho que durante los últimos veinticinco años hayan cambiado las circunstancias, los principios generales desarrollados en este Manifiesto siguen siendo substancialmente exactos. Sólo tendría que retocarse algún que otro detalle. Ya el propio Manifiesto advierte que la aplicación práctica de estos principios dependerá en todas partes y en todo tiempo de las circunstancias históricas existentes, razón por la que no se hace especial hincapié en las medidas revolucionarias propuestas al final del capítulo II. Si tuviésemos que formularlo hoy, este pasaje presentaría un tenor distinto en muchos respectos. Este programa ha quedado a trozos anticuado por efecto del inmenso desarrollo experimentado por la gran industria en los últimos veinticinco años, con los consiguientes progresos ocurridos en cuanto a la organización política de la clase obrera, y por el efecto de las experiencias prácticas de la revolución de febrero en primer término, y sobre todo de la Comuna de París, donde el proletariado, por vez primera, tuvo el Poder político en sus manos por espacio de dos meses. La comuna ha demostrado, principalmente, que “la clase obrera no puede limitarse a tomar posesión de la máquina del Estado en bloque, poniéndola en marcha para sus propios fines”. (V. La guerra civil en Francia, alocución del Consejo general de la Asociación Obrera Internacional, edición alemana, pág. 51, donde se desarrolla ampliamente esta idea) . Huelga, asimismo, decir que la crítica de la literatura socialista presenta hoy lagunas, ya que sólo llega hasta 1847, y, finalmente, que las indicaciones que se hacen acerca de la actitud de los comunistas para con los diversos partidos de la oposición (capítulo IV), aunque sigan siendo exactas en sus líneas generales, están también anticuadas en lo que toca al detalle, por la sencilla razón de que la situación política ha cambiado radicalmente y el progreso histórico ha venido a eliminar del mundo a la mayoría de los partidos enumerados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, el Manifiesto es un documento histórico, que nosotros no nos creemos ya autorizados a modificar.  Tal vez una edición posterior aparezca precedida de una introducción que abarque el período que va desde 1847 hasta los tiempos actuales; la presente reimpresión nos ha sorprendido sin dejarnos tiempo para eso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Prólogo de Engels a la Edición Alemana de 1883 ===&lt;br /&gt;
Desgraciadamente, al pie de este prólogo a la nueva edición del Manifiesto ya sólo aparecerá mi firma.  Marx, ese hombre a quien la clase obrera toda de Europa y América debe más que a hombre alguno, descansa en el cementerio de Highgate, y sobre su tumba crece ya la primera hierba.  Muerto él, sería doblemente absurdo pensar en revisar ni en ampliar el Manifiesto.  En cambio, me creo obligado, ahora más que nunca, a consignar aquí, una vez más, para que quede bien patente, la siguiente afirmación:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La idea central que inspira todo el Manifiesto, a saber: que el régimen económico de la producción y la estructuración social que de él se deriva necesariamente en cada época histórica constituye la base sobre la cual se asienta la historia política e intelectual de esa época, y que, por tanto, toda la historia de la sociedad -una vez disuelto el primitivo régimen de comunidad del suelo- es una historia de luchas de clases, de luchas entre clases explotadoras y explotadas, dominantes y dominadas, a tono con las diferentes fases del proceso social, hasta llegar a la fase presente, en que la clase explotada y oprimida -el proletariado- no puede ya emanciparse de la clase que la explota y la oprime -de la burguesía- sin emancipar para siempre a la sociedad entera de la opresión, la explotación y las luchas de clases; esta idea cardinal fue fruto personal y exclusivo de Marx .&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aunque ya no es la primera vez que lo hago constar, me ha parecido oportuno dejarlo estampado aquí, a la cabeza del Manifiesto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Prólogo de Engels a la Edición Alemana de 1890 ===&lt;br /&gt;
Ve la luz una nueva edición alemana del Manifiesto cuando han ocurrido desde la última diversos sucesos relacionados con este documento que merecen ser mencionados aquí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En 1882 se publicó en Ginebra una segunda traducción rusa, de Vera Sasulich , precedida de un prologo de Marx y mío.  Desgraciadamente, se me ha extraviado el original alemán de este prólogo y no tengo más remedio que volver a traducirlo del ruso, con lo que el lector no saldrá ganando nada.  El prólogo dice así:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“La primera edición rusa del Manifiesto del Partido Comunista, traducido por Bakunin, vio la luz poco después de 1860 en la imprenta del Kolokol.  En los tiempos que corrían, esta publicación no podía tener para Rusia, a lo sumo, más que un puro valor literario de curiosidad.  Hoy las cosas han cambiado.  El último capítulo del Manifiesto, titulado “Actitud de los comunistas ante los otros partidos de la oposición”, demuestra mejor que nada lo limitada que era la zona en que, al ver la luz por vez primera este documento (enero de 1848), tenía que actuar el movimiento proletario.  En esa zona faltaban, principalmente, dos países: Rusia y los Estados Unidos.  Era la época en que Rusia constituía la última reserva magna de la reacción europea y en que la emigración a los Estados Unidos absorbía las energías sobrantes del proletariado de Europa.  Ambos países proveían a Europa de primeras materias, a la par que le brindaban mercados para sus productos industriales.  Ambos venían a ser, pues, bajo uno u otro aspecto, pilares del orden social europeo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hoy las cosas han cambiado radicalmente.  La emigración europea sirvió precisamente para imprimir ese gigantesco desarrollo a la agricultura norteamericana, cuya concurrencia está minando los cimientos de la grande y la pequeña propiedad inmueble de Europa.  Además, ha permitido a los Estados Unidos entregarse a la explotación de sus copiosas fuentes industriales con tal energía y en proporciones tales, que dentro de poco echará por tierra el monopolio industrial de que hoy disfruta la Europa occidental.  Estas dos circunstancias repercuten a su vez revolucionariamente sobre la propia América.  La pequeña y mediana propiedad del granjero que trabaja su propia tierra sucumbe progresivamente ante la concurrencia de las grandes explotaciones, a la par que en las regiones industriales empieza a formarse un copioso proletariado y una fabulosa concentración de capitales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pasemos ahora a Rusia. Durante la sacudida revolucionaria de los años 48 y 49, los monarcas europeos, y no sólo los monarcas, sino también los burgueses, aterrados ante el empuje del proletariado, que empezaba a, cobrar por aquel entonces conciencia de su fuerza, cifraban en la intervención rusa todas sus esperanzas.  El zar fue proclamado cabeza de la reacción europea.  Hoy, este mismo zar se ve apresado en Gatchina como rehén de la revolución y Rusia forma la avanzada del movimiento revolucionario de Europa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Manifiesto Comunista se proponía por misión proclamar la desaparición inminente e inevitable de la propiedad burguesa en su estado actual.  Pero en Rusia nos encontramos con que, coincidiendo con el orden capitalista en febril desarrollo y la propiedad burguesa del suelo que empieza a formarse, más de la mitad de la tierra es propiedad común de los campesinos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ahora bien -nos preguntamos-, ¿puede este régimen comunal del concejo ruso, que es ya, sin duda, una degeneración del régimen de comunidad primitiva de la tierra, trocarse directamente en una forma más alta de comunismo del suelo, o tendrá que pasar necesariamente por el mismo proceso previo de descomposición que nos revela la historia del occidente de Europa?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La única contestación que, hoy por hoy, cabe dar a esa pregunta, es la siguiente: Si la revolución rusa es la señal para la revolución obrera de Occidente y ambas se completan formando una unidad, podría ocurrir que ese régimen comunal ruso fuese el punto de partida para la implantación de una nueva forma comunista de la tierra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Londres, 21 enero 1882.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por aquellos mismos días, se publicó en Ginebra una nueva traducción polaca con este título: Manifest Kommunistyczny.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Asimismo, ha aparecido una nueva traducción danesa, en la “Socialdemokratisk Bibliothek, Köjbenhavn 1885”. Es de lamentar que esta traducción sea incompleta; el traductor se saltó, por lo visto, aquellos pasajes, importantes muchos de ellos, que le parecieron difíciles; además, la versión adolece de precipitaciones en una serie de lugares, y es una lástima, pues se ve que, con un poco más de cuidado, su autor habría realizado un trabajo excelente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En 1886 apareció en Le Socialiste de París una nueva traducción francesa, la mejor de cuantas han visto la luz hasta ahora .&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sobre ella se hizo en el mismo año una versión española, publicada primero en El Socialista de Madrid y luego, en tirada aparte, con este título: Manifiesto del Partido Comunista, por Carlos Marx y F. Engels (Madrid, Administración de El Socialista, Hernán Cortés, 8).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como detalle curioso contaré que en 1887 fue ofrecido a un editor de Constantinopla el original de una traducción armenia; pero el buen editor no se atrevió a lanzar un folleto con el nombre de Marx a la cabeza y propuso al traductor publicarlo como obra original suya, a lo que éste se negó.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de haberse reimpreso repetidas veces varias traducciones norteamericanas más o menos incorrectas, al fin, en 1888, apareció en Inglaterra la primera versión auténtica, hecha por mi amigo Samuel Moore y revisada por él y por mí antes de darla a las prensas. He aquí el título: Manifesto of the Communist Party, by Karl Marx and Frederick Engels. Authorised English Translation, edited and annotated by Frederíck Engels. 1888. London, William Reeves, 185 Flett St. E. C. Algunas de las notas de esta edición acompañan a la presente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Manifiesto ha tenido sus vicisitudes. Calurosamente acogido a su aparición por la vanguardia, entonces poco numerosa, del socialismo científico -como lo demuestran las diversas traducciones mencionadas en el primer prólogo-, no tardó en pasar a segundo plano, arrinconado por la reacción que se inicia con la derrota de los obreros parisienses en junio de 1848 y anatematizado, por último, con el anatema de la justicia al ser condenados los comunistas por el tribunal de Colonia en noviembre de 1852.  Al abandonar la escena Pública, el movimiento obrero que la revolución de febrero había iniciado, queda también envuelto en la penumbra el Manifiesto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando la clase obrera europea volvió a sentirse lo bastante fuerte para lanzarse de nuevo al asalto contra las clases gobernantes, nació la Asociación Obrera Internacional.  El fin de esta organización era fundir todas las masas obreras militantes de Europa y América en un gran cuerpo de ejército.  Por eso, este movimiento no podía arrancar de los principios sentados en el Manifiesto.  No había más remedio que darle un programa que no cerrase el paso a las tradeuniones inglesas, a los proudhonianos franceses, belgas, italianos y españoles ni a los partidarios de Lassalle en Alemania . Este programa con las normas directivas para los estatutos de la Internacional, fue redactado por Marx con una maestría que hasta el propio Bakunin y los anarquistas hubieron de reconocer.  En cuanto al triunfo final de las tesis del Manifiesto, Marx ponía toda su confianza en el desarrollo intelectual de la clase obrera, fruto obligado de la acción conjunta y de la discusión.  Los sucesos y vicisitudes de la lucha contra el capital, y más aún las derrotas que las victorias, no podían menos de revelar al proletariado militante, en toda su desnudez, la insuficiencia de los remedios milagreros que venían empleando e infundir a sus cabezas una mayor claridad de visión para penetrar en las verdaderas condiciones que habían de presidir la emancipación obrera.  Marx no se equivocaba.  Cuando en 1874 se disolvió la Internacional, la clase obrera difería radicalmente de aquella con que se encontrara al fundarse en 1864.  En los países latinos, el proudhonianismo agonizaba, como en Alemania lo que había de específico en el partido de Lassalle, y hasta las mismas tradeuniones inglesas, conservadoras hasta la médula, cambiaban de espíritu, permitiendo al presidente de su congreso, celebrado en Swansea en 1887, decir en nombre suyo: “El socialismo continental ya no nos asusta”. Y en 1887 el socialismo continental se cifraba casi en los principios proclamados por el Manifiesto. La historia de este documento refleja, pues, hasta cierto punto, la historia moderna del movimiento obrero desde 1848. En la actualidad es indudablemente el documento más extendido e internacional de toda la literatura socialista del mundo, el programa que une a muchos millones de trabajadores de todos los países, desde Siberia hasta California.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y, sin embargo, cuando este Manifiesto vio la luz, no pudimos bautizarlo de Manifiesto socialista. En 1847, el concepto de “socialista” abarcaba dos categorías de personas. Unas eran las que abrazaban diversos sistemas utópicos, y entre ellas se destacaban los owenistas en Inglaterra, y en Francia los fourieristas, que poco a poco habían ido quedando reducidos a dos sectas agonizantes. En la otra formaban los charlatanes sociales de toda laya, los que aspiraban a remediar las injusticias de la sociedad con sus potingues mágicos y con toda serie de remiendos, sin tocar en lo más mínimo, claro está, al capital ni a la ganancia.  Gentes unas y otras ajenas al movimiento obrero, que iban a buscar apoyo para sus teorías a las clases “cultas”.  El sector obrero que, convencido de la insuficiencia y superficialidad de las meras conmociones políticas, reclamaba una radical transformación de la sociedad, se apellidaba comunista.  Era un comunismo toscamente delineado, instintivo, vago, pero lo bastante pujante para engendrar dos sistemas utópicos: el del “ícaro” Cabet en Francia y el de Weitling en Alemania.  En 1847, el “socialismo” designaba un movimiento burgués, el “comunismo” un movimiento obrero.  El socialismo era, a lo menos en el continente, una doctrina presentable en los salones; el comunismo, todo lo contrario.  Y como en nosotros era ya entonces firme la convicción de que “la emancipación de los trabajadores sólo podía ser obra de la propia clase obrera”, no podíamos dudar en la elección de título.  Más tarde no se nos pasó nunca por las mentes tampoco modificarlo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“¡Proletarios de todos los países, uníos!” Cuando hace cuarenta y dos años lanzamos al mundo estas palabras, en vísperas de la primera revolución de París, en que el proletariado levantó ya sus propias reivindicaciones, fueron muy pocas las voces que contestaron.  Pero el 28 de septiembre de 1864, los representantes proletarios de la mayoría de los países del occidente de Europa se reunían para formar la Asociación Obrera Internacional, de tan glorioso recuerdo.  Y aunque la Internacional sólo tuviese nueve años de vida, el lazo perenne de unión entre los proletarios de todos los países sigue viviendo con más fuerza que nunca; así lo atestigua, con testimonio irrefutable, el día de hoy.  Hoy, primero de Mayo, el proletariado europeo y americano pasa revista por vez primera a sus contingentes puestos en pie de guerra como un ejército único, unido bajo una sola bandera y concentrado en un objetivo: la jornada normal de ocho horas, que ya proclamara la Internacional en el congreso de Ginebra en 1889, y que es menester elevar a ley.  El espectáculo del día de hoy abrirá los ojos a los capitalistas y a los grandes terratenientes de todos los países y les hará ver que la unión de los proletarios del mundo es ya un hecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡Ya Marx no vive, para verlo, a mi lado!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Prólogo de Engels a la Edición Polaca de 1892 ===&lt;br /&gt;
La necesidad de reeditar la versión polaca del Manifiesto Comunista, requiere un comentario.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ante todo, el Manifiesto ha resultado ser, como se proponía, un medio para poner de relieve el desarrollo de la gran industria en Europa. Cuando en un país, cualquiera que él sea, se desarrolla la gran industria brota al mismo tiempo entre los obreros industriales el deseo de explicarse sus relaciones como clase, como la clase de los que viven del trabajo, con la clase de los que viven de la propiedad.  En estas circunstancias, las ideas socialistas se extienden entre los trabajadores y crece la demanda del Manifiesto Comunista.  En este sentido, el número de ejemplares del Manifiesto que circulan en un idioma dado nos permite apreciar bastante aproximadamente no sólo las condiciones del movimiento obrero de clase en ese país, sino también el grado de desarrollo alcanzado en él por la gran industria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La necesidad de hacer una nueva edición en lengua polaca acusa, por tanto, el continuo proceso de expansión de la industria en Polonia.  No puede caber duda acerca de la importancia de este proceso en el transcurso de los diez años que han mediado desde la aparición de la edición anterior.  Polonia se ha convertido en una región industrial en gran escala bajo la égida del Estado ruso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mientras que en la Rusia propiamente dicha la gran industria sólo se ha ido manifestando esporádicamente (en las costas del golfo de Finlandia, en las provincias centrales de Moscú y Vladimiro, a lo largo de las costas del mar Negro y del mar de Azov), la industria polaca se ha concentrado dentro de los confines de un área limitada, experimentando a la par las ventajas y los inconvenientes de su situación.  Estas ventajas no pasan inadvertidas para los fabricantes rusos; por eso alzan el grito pidiendo aranceles protectores contra las mercancías polacas, a despecho de su ardiente anhelo de rusificación de Polonia.  Los inconvenientes (que tocan por igual los industriales polacos y el Gobierno ruso) consisten en la rápida difusión de las ideas socialistas entre los obreros polacos y en una demanda sin precedente del Manifiesto Comunista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El rápido desarrollo de la industria polaca (que deja atrás con mucho a la de Rusia) es una clara prueba de las energías vitales inextinguibles del pueblo polaco y una nueva garantía de su futuro renacimiento. La creación de una Polonia fuerte e independiente no interesa sólo al pueblo polaco, sino a todos y cada uno de nosotros.  Sólo podrá establecerse una estrecha colaboración entre los obreros todos de Europa si en cada país el pueblo es dueño dentro de su propia casa.  Las revoluciones de 1848 que, aunque reñidas bajo la bandera del proletariado, solamente llevaron a los obreros a la lucha para sacar las castañas del fuego a la burguesía, acabaron por imponer, tomando por instrumento a Napoleón y a Bismarck (a los enemigos de la revolución), la independencia de Italia, Alemania y Hungría.  En cambio, a Polonia, que en 1791 hizo por la causa revolucionaria más que estos tres países juntos, se la dejó sola cuando en 1863 tuvo que enfrentarse con el poder diez veces más fuerte de Rusia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La nobleza polaca ha sido incapaz para mantener, y lo será también para restaurar, la independencia de Polonia. La burguesía va sintiéndose cada vez menos interesada en este asunto.  La independencia polaca sólo podrá ser conquistada por el proletariado joven, en cuyas manos está la realización de esa esperanza.  He ahí por qué los obreros del occidente de Europa no están menos interesados en la liberación de Polonia que los obreros polacos mismos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Prólogo de Engels a la Edición Italiana de 1893 ===&lt;br /&gt;
La publicación del Manifiesto del Partido Comunista coincidió (si puedo expresarme así), con el momento en que estallaban las revoluciones de Milán y de Berlín, dos revoluciones que eran el alzamiento de dos pueblos: uno enclavado en el corazón del continente europeo y el otro tendido en las costas del mar Mediterráneo.  Hasta ese momento, estos dos pueblos, desgarrados por luchas intestinas y guerras civiles, habían sido presa fácil de opresores extranjeros.  Y del mismo modo que Italia estaba sujeta al dominio del emperador de Austria, Alemania vivía, aunque esta sujeción fuese menos patente, bajo el yugo del zar de todas las Rusias.  La revolución del 18 de marzo emancipó a Italia y Alemania al mismo tiempo de este vergonzoso estado de cosas.  Si después, durante el período que va de 1848 a 1871, estas dos grandes naciones permitieron que la vieja situación fuese restaurada, haciendo hasta cierto punto de “traidores de sí mismas”, se debió (como dijo Marx) a que los mismos que habían inspirado la revolución de 1848 se convirtieron, a despecho suyo, en sus verdugos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La revolución fue en todas partes obra de las clases trabajadoras: fueron los obreros quienes levantaron las barricadas y dieron sus vidas luchando por la causa.  Sin embargo, solamente los obreros de París, después de derribar el Gobierno, tenían la firme y decidida intención de derribar con él a todo el régimen burgués.  Pero, aunque abrigaban una conciencia muy clara del antagonismo irreductible que se alzaba entre su propia clase y la burguesía, el desarrollo económico del país y el desarrollo intelectual de las masas obreras francesas no habían alcanzado todavía el nivel necesario para que pudiese triunfar una revolución socialista.  Por eso, a la postre, los frutos de la revolución cayeron en el regazo de la clase capitalista.  En otros países, como en Italia, Austria y Alemania, los obreros se limitaron desde el primer momento de la revolución a ayudar a la burguesía a tomar el Poder.  En cada uno de estos países el gobierno de la burguesía sólo podía triunfar bajo la condición de la independencia nacional.  Así se explica que las revoluciones del año 1848 condujesen inevitablemente a la unificación de los pueblos dentro de las fronteras nacionales y a su emancipación del yugo extranjero, condiciones que, hasta allí, no habían disfrutado.  Estas condiciones son hoy realidad en Italia, en Alemania y en Hungría.  Y a estos países seguirá Polonia cuando la hora llegue.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque las revoluciones de 1848 no tenían carácter socialista, prepararon, sin embargo, el terreno para el advenimiento de la revolución del socialismo. Gracias al poderoso impulso que estas revoluciones imprimieron a la gran producción en todos los países, la sociedad burguesa ha ido creando durante los últimos cuarenta y cinco años un vasto, unido y potente proletariado, engendrando con él (como dice el Manifiesto Comunista) a sus propios enterradores.  La unificación internacional del proletariado no hubiera sido posible, ni la colaboración sobria y deliberada de estos países en el logro de fines generales, si antes no hubiesen conquistado la unidad y la independencia nacionales, si hubiesen seguido manteniéndose dentro del aislamiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Intentemos representarnos, si podemos, el papel que hubieran hecho los obreros italianos, húngaros, alemanes, polacos y rusos luchando por su unión internacional bajo las condiciones políticas que prevalecían hacia el año 1848.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las batallas reñidas en el 48 no fueron, pues, reñidas en balde. Ni han sido vividos tampoco en balde los cuarenta y cinco años que nos separan de la época revolucionaria.  Los frutos de aquellos días empiezan a madurar, y hago votos porque la publicación de esta traducción italiana del Manifiesto sea heraldo del triunfo del proletariado italiano, como la publicación del texto primitivo lo fue de la revolución internacional.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Manifiesto rinde el debido homenaje a los servicios revolucionarios prestados en otro tiempo por el capitalismo.  Italia fue la primera nación que se convirtió en país capitalista.  El ocaso de la Edad Media feudal y la aurora de la época capitalista contemporánea vieron aparecer en escena una figura gigantesca. Dante fue al mismo tiempo el último poeta de la Edad Media y el primer poeta de la nueva era.  Hoy, como en 1300, se alza en el horizonte una nueva época. ¿Dará Italia al mundo otro Dante, capaz de cantar el nacimiento de la nueva era, de la era proletaria?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Manifiesto del Partido Comunista ==&lt;br /&gt;
Un espectro se cierne sobre Europa: el espectro del comunismo. Contra este espectro se han conjurado en santa jauría todas las potencias de la vieja Europa, el Papa y el zar, Metternich y Guizot, los radicales franceses y los polizontes alemanes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No hay un solo partido de oposición a quien los adversarios gobernantes no motejen de comunista, ni un solo partido de oposición que no lance al rostro de las oposiciones más avanzadas, lo mismo que a los enemigos reaccionarios, la acusación estigmatizante de comunismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De este hecho se desprenden dos consecuencias:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La primera es que el comunismo se halla ya reconocido como una potencia por todas las potencias europeas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La segunda, que es ya hora de que los comunistas expresen a la luz del día y ante el mundo entero sus ideas, sus tendencias, sus aspiraciones, saliendo así al paso de esa leyenda del espectro comunista con un manifiesto de su partido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con este fin se han congregado en Londres  los representantes comunistas de diferentes países y redactado el siguiente Manifiesto, que aparecerá en lengua inglesa, francesa, alemana, italiana, flamenca y danesa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Burgueses y Proletarios ==&lt;br /&gt;
Toda la historia de la sociedad humana, hasta la actualidad , es una historia de luchas de clases.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Libres y esclavos, patricios y plebeyos, barones y siervos de la gleba, maestros y oficiales; en una palabra, opresores y oprimidos, frente a frente siempre, empeñados en una lucha ininterrumpida, velada unas veces, y otras franca y abierta, en una lucha que conduce en cada etapa a la transformación revolucionaria de todo el régimen social o al exterminio de ambas clases beligerantes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En los tiempos históricos nos encontramos a la sociedad dividida casi por doquier en una serie de estamentos , dentro de cada uno de los cuales reina, a su vez, una nueva jerarquía social de grados y posiciones.  En la Roma antigua son los patricios, los équites, los plebeyos, los esclavos; en la Edad Media, los señores feudales, los vasallos, los maestros y los oficiales de los gremios, los siervos de la gleba, y dentro de cada una de esas clases todavía nos encontramos con nuevos matices y gradaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La moderna sociedad burguesa que se alza sobre las ruinas de la sociedad feudal no ha abolido los antagonismos de clase.  Lo que ha hecho ha sido crear nuevas clases, nuevas condiciones de opresión, nuevas modalidades de lucha, que han venido a sustituir a las antiguas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, nuestra época, la época de la burguesía, se caracteriza por haber simplificado estos antagonismos de clase.  Hoy, toda la sociedad tiende a separarse, cada vez más abiertamente, en dos grandes campos enemigos, en dos grandes clases antagónicas: la burguesía y el proletariado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De los siervos de la gleba de la Edad Media surgieron los “villanos” de las primeras ciudades; y estos villanos fueron el germen de donde brotaron los primeros elementos de la burguesía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El descubrimiento de América, la circunnavegación de Africa abrieron nuevos horizontes e imprimieron nuevo impulso a la burguesía.  El mercado de China y de las Indias orientales, la colonización de América, el intercambio con las colonias, el incremento de los medios de cambio y de las mercaderías en general, dieron al comercio, a la navegación, a la industria, un empuje jamás conocido, atizando con ello el elemento revolucionario que se escondía en el seno de la sociedad feudal en descomposición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El régimen feudal o gremial de producción que seguía imperando no bastaba ya para cubrir las necesidades que abrían los nuevos mercados.  Vino a ocupar su puesto la manufactura.  Los maestros de los gremios se vieron desplazados por la clase media industrial, y la división del trabajo entre las diversas corporaciones fue suplantada por la división del trabajo dentro de cada taller.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero los mercados seguían dilatándose, las necesidades seguían creciendo.  Ya no bastaba tampoco la manufactura. El invento del vapor y la maquinaria vinieron a revolucionar el régimen industrial de producción.  La manufactura cedió el puesto a la gran industria moderna, y la clase media industrial hubo de dejar paso a los magnates de la industria, jefes de grandes ejércitos industriales, a los burgueses modernos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La gran industria creó el mercado mundial, ya preparado por el descubrimiento de América.  El mercado mundial imprimió un gigantesco impulso al comercio, a la navegación, a las comunicaciones por tierra.  A su vez, estos, progresos redundaron considerablemente en provecho de la industria, y en la misma proporción en que se dilataban la industria, el comercio, la navegación, los ferrocarriles, se desarrollaba la burguesía, crecían sus capitales, iba desplazando y esfumando a todas las clases heredadas de la Edad Media.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vemos, pues, que la moderna burguesía es, como lo fueron en su tiempo las otras clases, producto de un largo proceso histórico, fruto de una serie de transformaciones radicales operadas en el régimen de cambio y de producción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A cada etapa de avance recorrida por la burguesía corresponde una nueva etapa de progreso político.  Clase oprimida bajo el mando de los señores feudales, la burguesía forma en la “comuna”  una asociación autónoma y armada para la defensa de sus intereses; en unos sitios se organiza en repúblicas municipales independientes; en otros forma el tercer estado tributario de las monarquías; en la época de la manufactura es el contrapeso de la nobleza dentro de la monarquía feudal o absoluta y el fundamento de las grandes monarquías en general, hasta que, por último, implantada la gran industria y abiertos los cauces del mercado mundial, se conquista la hegemonía política y crea el moderno Estado representativo.  Hoy, el Poder público viene a ser, pura y simplemente, el Consejo de administración que rige los intereses colectivos de la clase burguesa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La burguesía ha desempeñado, en el transcurso de la historia, un papel verdaderamente revolucionario.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dondequiera que se instauró, echó por tierra todas las instituciones feudales, patriarcales e idílicas. Desgarró implacablemente los abigarrados lazos feudales que unían al hombre con sus superiores naturales y no dejó en pie más vínculo que el del interés escueto, el del dinero contante y sonante, que no tiene entrañas.  Echó por encima del santo temor de Dios, de la devoción mística y piadosa, del ardor caballeresco y la tímida melancolía del buen burgués, el jarro de agua helada de sus cálculos egoístas.  Enterró la dignidad personal bajo el dinero y redujo todas aquellas innumerables libertades escrituradas y bien adquiridas a una única libertad: la libertad ilimitada de comerciar.  Sustituyó, para decirlo de una vez, un régimen de explotación, velado por los cendales de las ilusiones políticas y religiosas, por un régimen franco, descarado, directo, escueto, de explotación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La burguesía despojó de su halo de santidad a todo lo que antes se tenía por venerable y digno de piadoso acontecimiento. Convirtió en sus servidores asalariados al médico, al jurista, al poeta, al sacerdote, al hombre de ciencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La burguesía desgarró los velos emotivos y sentimentales que envolvían la familia y puso al desnudo la realidad económica de las relaciones familiares .&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La burguesía vino a demostrar que aquellos alardes de fuerza bruta que la reacción tanto admira en la Edad Media tenían su complemento cumplido en la haraganería más indolente.  Hasta que ella no lo reveló no supimos cuánto podía dar de sí el trabajo del hombre.  La burguesía ha producido maravillas mucho mayores que las pirámides de Egipto, los acueductos romanos y las catedrales góticas; ha acometido y dado cima a empresas mucho más grandiosas que las emigraciones de los pueblos y las cruzadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La burguesía no puede existir si no es revolucionando incesantemente los instrumentos de la producción, que tanto vale decir el sistema todo de la producción, y con él todo el régimen social.  Lo contrario de cuantas clases sociales la precedieron, que tenían todas por condición primaria de vida la intangibilidad del régimen de producción vigente.  La época de la burguesía se caracteriza y distingue de todas las demás por el constante y agitado desplazamiento de la producción, por la conmoción ininterrumpida de todas las relaciones sociales, por una inquietud y una dinámica incesantes.  Las relaciones inconmovibles y mohosas del pasado, con todo su séquito de ideas y creencias viejas y venerables, se derrumban, y las nuevas envejecen antes de echar raíces.  Todo lo que se creía permanente y perenne se esfuma, lo santo es profanado, y, al fin, el hombre se ve constreñido, por la fuerza de las cosas, a contemplar con mirada fría su vida y sus relaciones con los demás.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La necesidad de encontrar mercados espolea a la burguesía de una punta o otra del planeta. Por todas partes anida, en todas partes construye, por doquier establece relaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La burguesía, al explotar el mercado mundial, da a la producción y al consumo de todos los países un sello cosmopolita. Entre los lamentos de los reaccionarios destruye los cimientos nacionales de la industria. Las viejas industrias nacionales se vienen a tierra, arrolladas por otras nuevas, cuya instauración es problema vital para todas las naciones civilizadas; por industrias que ya no transforman como antes las materias primas del país, sino las traídas de los climas más lejanos y cuyos productos encuentran salida no sólo dentro de las fronteras, sino en todas las partes del mundo.  Brotan necesidades nuevas que ya no bastan a satisfacer, como en otro tiempo, los frutos del país, sino que reclaman para su satisfacción los productos de tierras remotas. Ya no reina aquel mercado local y nacional que se bastaba así mismo y donde no entraba nada de fuera; ahora, la red del comercio es universal y en ella entran, unidas por vínculos de interdependencia, todas las naciones. Y lo que acontece con la producción material, acontece también con la del espíritu. Los productos espirituales de las diferentes naciones vienen a formar un acervo común.  Las limitaciones y peculiaridades del carácter nacional van pasando a segundo plano, y las literaturas locales y nacionales confluyen todas en una literatura universal.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La burguesía, con el rápido perfeccionamiento de todos los medios de producción, con las facilidades increíbles de su red de comunicaciones, lleva la civilización hasta a las naciones más salvajes. El bajo precio de sus mercancías es la artillería pesada con la que derrumba todas las murallas de la China, con la que obliga a capitular a las tribus bárbaras más ariscas en su odio contra el extranjero. Obliga a todas las naciones a abrazar el régimen de producción de la burguesía o perecer; las obliga a implantar en su propio seno la llamada civilización, es decir, a hacerse burguesas.  Crea un mundo hecho a su imagen y semejanza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La burguesía somete el campo al imperio de la ciudad.  Crea ciudades enormes, intensifica la población urbana en una fuerte proporción respecto a la campesina y arranca a una parte considerable de la gente del campo al cretinismo de la vida rural.  Y del mismo modo que somete el campo a la ciudad, somete los pueblos bárbaros y semibárbaros a las naciones civilizadas, los pueblos campesinos a los pueblos burgueses, el Oriente al Occidente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La burguesía va aglutinando cada vez más los medios de producción, la propiedad y los habitantes del país.  Aglomera la población, centraliza los medios de producción y concentra en manos de unos cuantos la propiedad.  Este proceso tenía que conducir, por fuerza lógica, a un régimen de centralización política.  Territorios antes independientes, apenas aliados, con intereses distintos, distintas leyes, gobiernos autónomos y líneas aduaneras propias, se asocian y refunden en una nación única, bajo un Gobierno, una ley, un interés nacional de clase y una sola línea aduanera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el siglo corto que lleva de existencia como clase soberana, la burguesía ha creado energías productivas mucho más grandiosas y colosales que todas las pasadas generaciones juntas. Basta pensar en el sometimiento de las fuerzas naturales por la mano del hombre, en la maquinaria, en la aplicación de la química a la industria y la agricultura, en la navegación de vapor, en los ferrocarriles, en el telégrafo eléctrico, en la roturación de continentes enteros, en los ríos abiertos a la navegación, en los nuevos pueblos que brotaron de la tierra como por ensalmo... ¿Quién, en los pasados siglos, pudo sospechar siquiera que en el regazo de la sociedad fecundada por el trabajo del hombre yaciesen soterradas tantas y tales energías y elementos de producción?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hemos visto que los medios de producción y de transporte sobre los cuales se desarrolló la burguesía brotaron en el seno de la sociedad feudal.  Cuando estos medios de transporte y de producción alcanzaron una determinada fase en su desarrollo, resultó que las condiciones en que la sociedad feudal producía y comerciaba, la organización feudal de la agricultura y la manufactura, en una palabra, el régimen feudal de la propiedad, no correspondían ya al estado progresivo de las fuerzas productivas.  Obstruían la producción en vez de fomentarla. Se habían convertido en otras tantas trabas para su desenvolvimiento.  Era menester hacerlas saltar, y saltaron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino a ocupar su puesto la libre concurrencia, con la constitución política y social a ella adecuada, en la que se revelaba ya la hegemonía económica y política de la clase burguesa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues bien: ante nuestros ojos se desarrolla hoy un espectáculo semejante.  Las condiciones de producción y de cambio de la burguesía, el régimen burgués de la propiedad, la moderna sociedad burguesa, que ha sabido hacer brotar como por encanto tan fabulosos medios de producción y de transporte, recuerda al brujo impotente para dominar los espíritus subterráneos que conjuró.  Desde hace varias décadas, la historia de la industria y del comercio no es más que la historia de las modernas fuerzas productivas que se rebelan contra el régimen vigente de producción, contra el régimen de la propiedad, donde residen las condiciones de vida y de predominio político de la burguesía.  Basta mencionar las crisis comerciales, cuya periódica reiteración supone un peligro cada vez mayor para la existencia de la sociedad burguesa toda. Las crisis comerciales, además de destruir una gran parte de los productos elaborados, aniquilan una parte considerable de las fuerzas productivas existentes.  En esas crisis se desata una epidemia social que a cualquiera de las épocas anteriores hubiera parecido absurda e inconcebible: la epidemia de la superproducción. La sociedad se ve retrotraída repentinamente a un estado de barbarie momentánea; se diría que una plaga de hambre o una gran guerra aniquiladora la han dejado esquilmado, sin recursos para subsistir; la industria, el comercio están a punto de perecer. ¿Y todo por qué?  Porque la sociedad posee demasiada civilización, demasiados recursos, demasiada industria, demasiado comercio.  Las fuerzas productivas de que dispone no sirven ya para fomentar el régimen burgués de la propiedad; son ya demasiado poderosas para servir a este régimen, que embaraza su desarrollo.  Y tan pronto como logran vencer este obstáculo, siembran el desorden en la sociedad burguesa, amenazan dar al traste con el régimen burgués de la propiedad. Las condiciones sociales burguesas resultan ya demasiado angostas para abarcar la riqueza por ellas engendrada. ¿Cómo se sobrepone a las crisis la burguesía?  De dos maneras: destruyendo violentamente una gran masa de fuerzas productivas y conquistándose nuevos mercados, a la par que procurando explotar más concienzudamente los mercados antiguos.  Es decir, que remedia unas crisis preparando otras más extensas e imponentes y mutilando los medios de que dispone para precaverlas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las armas con que la burguesía derribó al feudalismo se vuelven ahora contra ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la burguesía no sólo forja las armas que han de darle la muerte, sino que, además, pone en pie a los hombres llamados a manejarlas: estos hombres son los obreros, los proletarios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la misma proporción en que se desarrolla la burguesía, es decir, el capital, desarrollase también el proletariado, esa clase obrera moderna que sólo puede vivir encontrando trabajo y que sólo encuentra trabajo en la medida en que éste alimenta a incremento el capital.  El obrero, obligado a venderse a trozos, es una mercancía como otra cualquiera, sujeta, por tanto, a todos los cambios y modalidades de la concurrencia, a todas las fluctuaciones del mercado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La extensión de la maquinaria y la división del trabajo quitan a éste, en el régimen proletario actual, todo carácter autónomo, toda libre iniciativa y todo encanto para el obrero. El trabajador se convierte en un simple resorte de la máquina, del que sólo se exige una operación mecánica, monótona, de fácil aprendizaje. Por eso, los gastos que supone un obrero se reducen, sobre poco más o menos, al mínimo de lo que necesita para vivir y para perpetuar su raza.  Y ya se sabe que el precio de una mercancía, y como una de tantas el trabajo , equivale a su coste de producción.  Cuanto más repelente es el trabajo, tanto más disminuye el salario pagado al obrero. Más aún: cuanto más aumentan la maquinaria y la división del trabajo, tanto más aumenta también éste, bien porque se alargue la jornada, bien porque se intensifique el rendimiento exigido, se acelere la marcha de las máquinas, etc.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La industria moderna ha convertido el pequeño taller del maestro patriarcal en la gran fábrica del magnate capitalista.  Las masas obreras concentradas en la fábrica son sometidas a una organización y disciplina militares.  Los obreros, soldados rasos de la industria, trabajan bajo el mando de toda una jerarquía de sargentos, oficiales y jefes.  No son sólo siervos de la burguesía y del Estado burgués, sino que están todos los días y a todas horas bajo el yugo esclavizador de la máquina, del contramaestre, y sobre todo, del industrial burgués dueño de la fábrica. Y este despotismo es tanto más mezquino, más execrable, más indignante, cuanta mayor es la franqueza con que proclama que no tiene otro fin que el lucro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuanto menores son la habilidad y la fuerza que reclama el trabajo manual, es decir, cuanto mayor es el desarrollo adquirido por la moderna industria, también es mayor la proporción en que el trabajo de la mujer y el niño desplaza al del hombre.  Socialmente, ya no rigen para la clase obrera esas diferencias de edad y de sexo.  Son todos, hombres, mujeres y niños, meros instrumentos de trabajo, entre los cuales no hay más diferencia que la del coste.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y cuando ya la explotación del obrero por el fabricante ha dado su fruto y aquél recibe el salario, caen sobre él los otros representantes de la burguesía: el casero, el tendero, el prestamista, etc.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Toda una serie de elementos modestos que venían perteneciendo a la clase media, pequeños industriales, comerciantes y rentistas, artesanos y labriegos, son absorbidos por el proletariado; unos, porque su pequeño caudal no basta para alimentar las exigencias de la gran industria y sucumben arrollados por la competencia de los capitales más fuertes, y otros porque sus aptitudes quedan sepultadas bajo los nuevos progresos de la producción.  Todas las clases sociales contribuyen, pues, a nutrir las filas del proletariado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El proletariado recorre diversas etapas antes de fortificarse y consolidarse.  Pero su lucha contra la burguesía data del instante mismo de su existencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al principio son obreros aislados; luego, los de una fábrica; luego, los de todas una rama de trabajo, los que se enfrentan, en una localidad, con el burgués que personalmente los explota.  Sus ataques no van sólo contra el régimen burgués de producción, van también contra los propios instrumentos de la producción; los obreros, sublevados, destruyen las mercancías ajenas que les hacen la competencia, destrozan las máquinas, pegan fuego a las fábricas, pugnan por volver a la situación, ya enterrada, del obrero medieval.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En esta primera etapa, los obreros forman una masa diseminada por todo el país y desunida por la concurrencia. Las concentraciones de masas de obreros no son todavía fruto de su propia unión, sino fruto de la unión de la burguesía, que para alcanzar sus fines políticos propios tiene que poner en movimiento -cosa que todavía logra- a todo el proletariado. En esta etapa, los proletarios no combaten contra sus enemigos, sino contra los enemigos de sus enemigos, contra los vestigios de la monarquía absoluta, los grandes señores de la tierra, los burgueses no industriales, los pequeños burgueses. La marcha de la historia está toda concentrada en manos de la burguesía, y cada triunfo así alcanzado es un triunfo de la clase burguesa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, el desarrollo de la industria no sólo nutre las filas del proletariado, sino que las aprieta y concentra; sus fuerzas crecen, y crece también la conciencia de ellas.  Y al paso que la maquinaria va borrando las diferencias y categorías en el trabajo y reduciendo los salarios casi en todas partes a un nivel bajísimo y uniforme, van nivelándose también los intereses y las condiciones de vida dentro del proletariado.  La competencia, cada vez más aguda, desatada entre la burguesía, y las crisis comerciales que desencadena, hacen cada vez más inseguro el salario del obrero; los progresos incesantes y cada día más veloces del maquinismo aumentan gradualmente la inseguridad de su existencia; las colisiones entre obreros y burgueses aislados van tomando el carácter, cada vez más señalado, de colisiones entre dos clases.  Los obreros empiezan a coaligarse contra los burgueses, se asocian y unen para la defensa de sus salarios. Crean organizaciones permanentes para pertrecharse en previsión de posibles batallas. De vez en cuando estallan revueltas y sublevaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los obreros arrancan algún triunfo que otro, pero transitorio siempre. El verdadero objetivo de estas luchas no es conseguir un resultado inmediato, sino ir extendiendo y consolidando la unión obrera.  Coadyuvan a ello los medios cada vez más fáciles de comunicación, creados por la gran industria y que sirven para poner en contacto a los obreros de las diversas regiones y localidades.  Gracias a este contacto, las múltiples acciones locales, que en todas partes presentan idéntico carácter, se convierten en un movimiento nacional, en una lucha de clases.  Y toda lucha de clases es una acción política.  Las ciudades de la Edad Media, con sus caminos vecinales, necesitaron siglos enteros para unirse con las demás; el proletariado moderno, gracias a los ferrocarriles, ha creado su unión en unos cuantos años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta organización de los proletarios como clase, que tanto vale decir como partido político, se ve minada a cada momento por la concurrencia desatada entre los propios obreros.  Pero avanza y triunfa siempre, a pesar de todo, cada vez más fuerte, más firme, más pujante.  Y aprovechándose de las discordias que surgen en el seno de la burguesía, impone la sanción legal de sus intereses propios.  Así nace en Inglaterra la ley de la jornada de diez horas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las colisiones producidas entre las fuerzas de la antigua sociedad imprimen nuevos impulsos al proletariado. La burguesía lucha incesantemente: primero, contra la aristocracia; luego, contra aquellos sectores de la propia burguesía cuyos intereses chocan con los progresos de la industria, y siempre contra la burguesía de los demás países. Para librar estos combates no tiene más remedio que apelar al proletariado, reclamar su auxilio, arrastrándolo así a la palestra política. Y de este modo, le suministra elementos de fuerza, es decir, armas contra sí misma.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Además, como hemos visto, los progresos de la industria traen a las filas proletarias a toda una serie de elementos de la clase gobernante, o a lo menos los colocan en las mismas condiciones de vida. Y estos elementos suministran al proletariado nuevas fuerzas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Finalmente, en aquellos períodos en que la lucha de clases está a punto de decidirse, es tan violento y tan claro el proceso de desintegración de la clase gobernante latente en el seno de la sociedad antigua, que una pequeña parte de esa clase se desprende de ella y abraza la causa revolucionaria, pasándose a la clase que tiene en sus manos el porvenir.  Y así como antes una parte de la nobleza se pasaba a la burguesía, ahora una parte de la burguesía se pasa al campo del proletariado; en este tránsito rompen la marcha los intelectuales burgueses, que, analizando teóricamente el curso de la historia, han logrado ver claro en sus derroteros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De todas las clases que hoy se enfrentan con la burguesía no hay más que una verdaderamente revolucionaria: el proletariado.  Las demás perecen y desaparecen con la gran industria; el proletariado, en cambio, es su producto genuino y peculiar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los elementos de las clases medias, el pequeño industrial, el pequeño comerciante, el artesano, el labriego, todos luchan contra la burguesía para salvar de la ruina su existencia como tales clases. No son, pues, revolucionarios, sino conservadores.  Más todavía, reaccionarios, pues pretenden volver atrás la rueda de la historia.  Todo lo que tienen de revolucionario es lo que mira a su tránsito inminente al proletariado; con esa actitud no defienden sus intereses actuales, sino los futuros; se despojan de su posición propia para abrazar la del proletariado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El proletariado andrajoso , esa putrefacción pasiva de las capas más bajas de la vieja sociedad, se verá arrastrado en parte al movimiento por una revolución proletaria, si bien las condiciones todas de su vida lo hacen más propicio a dejarse comprar como instrumento de manejos reaccionarios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las condiciones de vida de la vieja sociedad aparecen ya destruidas en las condiciones de vida del proletariado.  El proletario carece de bienes.  Sus relaciones con la mujer y con los hijos no tienen ya nada de común con las relaciones familiares burguesas; la producción industrial moderna, el moderno yugo del capital, que es el mismo en Inglaterra que en Francia, en Alemania que en Norteamérica, borra en él todo carácter nacional.  Las leyes, la moral, la religión, son para él otros tantos prejuicios burgueses tras los que anidan otros tantos intereses de la burguesía.  Todas las clases que le precedieron y conquistaron el Poder procuraron consolidar las posiciones adquiridas sometiendo a la sociedad entera a su régimen de adquisición.  Los proletarios sólo pueden conquistar para sí las fuerzas sociales de la producción aboliendo el régimen adquisitivo a que se hallan sujetos, y con él todo el régimen de apropiación de la sociedad.  Los proletarios no tienen nada propio que asegurar, sino destruir todos los aseguramientos y seguridades privadas de los demás.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hasta ahora, todos los movimientos sociales habían sido movimientos desatados por una minoría o en interés de una minoría.  El movimiento proletario es el movimiento autónomo de una inmensa mayoría en interés de una mayoría inmensa.  El proletariado, la capa más baja y oprimida de la sociedad actual, no puede levantarse, incorporarse, sin hacer saltar, hecho añicos desde los cimientos hasta el remate, todo ese edificio que forma la sociedad oficial.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por su forma, aunque no por su contenido, la campaña del proletariado contra la burguesía empieza siendo nacional.  Es lógico que el proletariado de cada país ajuste ante todo las cuentas con su propia burguesía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al esbozar, en líneas muy generales, las diferentes fases de desarrollo del proletariado, hemos seguido las incidencias de la guerra civil más o menos embozada que se plantea en el seno de la sociedad vigente hasta el momento en que esta guerra civil desencadena una revolución abierta y franca, y el proletariado, derrocando por la violencia a la burguesía, echa las bases de su poder.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hasta hoy, toda sociedad descansó, como hemos visto, en el antagonismo entre las clases oprimidas y las opresoras.  Mas para poder oprimir a una clase es menester asegurarle, por lo menos, las condiciones indispensables de vida, pues de otro modo se extinguiría, y con ella su esclavizamiento. El siervo de la gleba se vio exaltado a miembro del municipio sin salir de la servidumbre, como el villano convertido en burgués bajo el yugo del absolutismo feudal.  La situación del obrero moderno es muy distinta, pues lejos de mejorar conforme progresa la industria, decae y empeora por debajo del nivel de su propia clase. El obrero se depaupera, y el pauperismo se desarrolla en proporciones mucho mayores que la población y la riqueza.  He ahí una prueba palmaria de la incapacidad de la burguesía para seguir gobernando la sociedad e imponiendo a ésta por norma las condiciones de su vida como clase.  Es incapaz de gobernar, porque es incapaz de garantizar a sus esclavos la existencia ni aun dentro de su esclavitud, porque se ve forzada a dejarlos llegar hasta una situación de desamparo en que no tiene más remedio que mantenerles, cuando son ellos quienes debieran mantenerla a ella.  La sociedad no puede seguir viviendo bajo el imperio de esa clase; la vida de la burguesía se ha hecho incompatible con la sociedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La existencia y el predominio de la clase burguesa tienen por condición esencial la concentración de la riqueza en manos de unos cuantos individuos, la formación e incremento constante del capital; y éste, a su vez, no puede existir sin el trabajo asalariado.  El trabajo asalariado Presupone, inevitablemente, la concurrencia de los obreros entre sí.  Los progresos de la industria, que tienen por cauce automático y espontáneo a la burguesía, imponen, en vez del aislamiento de los obreros por la concurrencia, su unión revolucionaria por la organización.  Y así, al desarrollarse la gran industria, la burguesía ve tambalearse bajo sus pies las bases sobre que produce y se apropia lo producido. Y a la par que avanza, se cava su fosa y cría a sus propios enterradores.  Su muerte y el triunfo del proletariado sin igualmente inevitables.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Proletarios y Comunistas ==&lt;br /&gt;
¿Qué relación guardan los comunistas con los proletarios en general?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los comunistas no forman un partido aparte de los demás partidos obreros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No tienen intereses propios que se distingan de los intereses generales del proletariado. No profesan principios especiales con los que aspiren a modelar el movimiento proletario.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los comunistas no se distinguen de los demás partidos proletarios más que en esto: en que destacan y reivindican siempre, en todas y cada una de las acciones nacionales proletarias, los intereses comunes y peculiares de todo el proletariado, independientes de su nacionalidad, y en que, cualquiera que sea la etapa histórica en que se mueva la lucha entre el proletariado y la burguesía, mantienen siempre el interés del movimiento enfocado en su conjunto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los comunistas son, pues, prácticamente, la parte más decidida, el acicate siempre en tensión de todos los partidos obreros del mundo; teóricamente, llevan de ventaja a las grandes masas del proletariado su clara visión de las condiciones, los derroteros y los resultados generales a que ha de abocar el movimiento proletario.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El objetivo inmediato de los comunistas es idéntico al que persiguen los demás partidos proletarios en general: formar la conciencia de clase del proletariado, derrocar el régimen de la burguesía, llevar al proletariado a la conquista del Poder.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las proposiciones teóricas de los comunistas no descansan ni mucho menos en las ideas, en los principios forjados o descubiertos por ningún redentor de la humanidad.  Son todas expresión generalizada de las condiciones materiales de una lucha de clases real y vívida, de un movimiento histórico que se está desarrollando a la vista de todos. La abolición del régimen vigente de la propiedad no es tampoco ninguna característica peculiar del comunismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las condiciones que forman el régimen de la propiedad han estado sujetas siempre a cambios históricos, a alteraciones históricas constantes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así, por ejemplo, la Revolución francesa abolió la propiedad feudal para instaurar sobre sus ruinas la propiedad burguesa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo que caracteriza al comunismo no es la abolición de la propiedad en general, sino la abolición del régimen de propiedad de la burguesía, de esta moderna institución de la propiedad privada burguesa, expresión última y la más acabada de ese régimen de producción y apropiación de lo producido que reposa sobre el antagonismo de dos clases, sobre la explotación de unos hombres por otros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así entendida, sí pueden los comunistas resumir su teoría en esa fórmula: abolición de la propiedad privada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se nos reprocha que queremos destruir la propiedad personal bien adquirida, fruto del trabajo y del esfuerzo humano, esa propiedad que es para el hombre la base de toda libertad, el acicate de todas las actividades y la garantía de toda independencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡La propiedad bien adquirida, fruto del trabajo y del esfuerzo humano! ¿Os referís acaso a la propiedad del humilde artesano, del pequeño labriego, precedente histórico de la propiedad burguesa?  No, ésa no necesitamos destruirla; el desarrollo de la industria lo ha hecho ya y lo está haciendo a todas horas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿O queréis referimos a la moderna propiedad privada de la burguesía?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Decidnos: ¿es que el trabajo asalariado, el trabajo de proletario, le rinde propiedad?  No, ni mucho menos.  Lo que rinde es capital, esa forma de propiedad que se nutre de la explotación del trabajo asalariado, que sólo puede crecer y multiplicarse a condición de engendrar nuevo trabajo asalariado para hacerlo también objeto de su explotación.  La propiedad, en la forma que hoy presenta, no admite salida a este antagonismo del capital y el trabajo asalariado. Detengámonos un momento a contemplar los dos términos de la antítesis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ser capitalista es ocupar un puesto, no simplemente personal, sino social, en el proceso de la producción.  El capital es un producto colectivo y no puede ponerse en marcha más que por la cooperación de muchos individuos, y aún cabría decir que, en rigor, esta cooperación abarca la actividad común de todos los individuos de la sociedad.  El capital no es, pues, un patrimonio personal, sino una potencia social.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los que, por tanto, aspiramos a convertir el capital en propiedad colectiva, común a todos los miembros de la sociedad, no aspiramos a convertir en colectiva una riqueza personal. A lo único que aspiramos es a transformar el carácter colectivo de la propiedad, a despojarla de su carácter de clase.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablemos ahora del trabajo asalariado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El precio medio del trabajo asalariado es el mínimo del salario, es decir, la suma de víveres necesaria para sostener al obrero como tal obrero.  Todo lo que el obrero asalariado adquiere con su trabajo es, pues, lo que estrictamente necesita para seguir viviendo y trabajando.  Nosotros no aspiramos en modo alguno a destruir este régimen de apropiación personal de los productos de un trabajo encaminado a crear medios de vida: régimen de apropiación que no deja, como vemos, el menor margen de rendimiento líquido y, con él, la posibilidad de ejercer influencia sobre los demás hombres.  A lo que aspiramos es a destruir el carácter oprobioso de este régimen de apropiación en que el obrero sólo vive para multiplicar el capital, en que vive tan sólo en la medida en que el interés de la clase dominante aconseja que viva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la sociedad burguesa, el trabajo vivo del hombre no es más que un medio de incrementar el trabajo acumulado.  En la sociedad comunista, el trabajo acumulado será, por el contrario, un simple medio para dilatar, fomentar y enriquecer la vida del obrero.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la sociedad burguesa es, pues, el pasado el que impera sobre el presente; en la comunista, imperará el presente sobre el pasado.  En la sociedad burguesa se reserva al capital toda personalidad e iniciativa; el individuo trabajador carece de iniciativa y personalidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡Y a la abolición de estas condiciones, llama la burguesía abolición de la personalidad y la libertad!  Y, sin embargo, tiene razón.  Aspiramos, en efecto, a ver abolidas la personalidad, la independencia y la libertad burguesa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por libertad se entiende, dentro del régimen burgués de la producción, el librecambio, la libertad de comprar y vender.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desaparecido el tráfico, desaparecerá también, forzosamente el libre tráfico. La apología del libre tráfico, como en general todos los ditirambos a la libertad que entona nuestra burguesía, sólo tienen sentido y razón de ser en cuanto significan la emancipación de las trabas y la servidumbre de la Edad Media, pero palidecen ante la abolición comunista del tráfico, de las condiciones burguesas de producción y de la propia burguesía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Os aterráis de que queramos abolir la propiedad privada, ¡cómo si ya en el seno de vuestra sociedad actual, la propiedad privada no estuviese abolida para nueve décimas partes de la población, como si no existiese precisamente a costa de no existir para esas nueve décimas partes! ¿Qué es, pues, lo que en rigor nos reprocháis?  Querer destruir un régimen de propiedad que tiene por necesaria condición el despojo de la inmensa mayoría de la sociedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nos reprocháis, para decirlo de una vez, querer abolir vuestra propiedad.  Pues sí, a eso es a lo que aspiramos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para vosotros, desde el momento en que el trabajo no pueda convertirse ya en capital, en dinero, en renta, en un poder social monopolizable; desde el momento en que la propiedad personal no pueda ya trocarse en propiedad burguesa, la persona no existe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con eso confesáis que para vosotros no hay más persona que el burgués, el capitalista. Pues bien, la personalidad así concebida es la que nosotros aspiramos a destruir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El comunismo no priva a nadie del poder de apropiarse productos sociales; lo único que no admite es el poder de usurpar por medio de esta apropiación el trabajo ajeno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se arguye que, abolida la propiedad privada, cesará toda actividad y reinará la indolencia universal.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si esto fuese verdad, ya hace mucho tiempo que se habría estrellado contra el escollo de la holganza una sociedad como la burguesa, en que los que trabajan no adquieren y los que adquieren, no trabajan.  Vuestra objeción viene a reducirse, en fin de cuentas, a una verdad que no necesita de demostración, y es que, al desaparecer el capital, desaparecerá también el trabajo asalariado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las objeciones formuladas contra el régimen comunista de apropiación y producción material, se hacen extensivas a la producción y apropiación de los productos espirituales.  Y así como el destruir la propiedad de clases equivale, para el burgués, a destruir la producción, el destruir la cultura de clase es para él sinónimo de destruir la cultura en general.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esa cultura cuya pérdida tanto deplora, es la que convierte en una máquina a la inmensa mayoría de la sociedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al discutir con nosotros y criticar la abolición de la propiedad burguesa partiendo de vuestras ideas burguesas de libertad, cultura, derecho, etc., no os dais cuenta de que esas mismas ideas son otros tantos productos del régimen burgués de propiedad y de producción, del mismo modo que vuestro derecho no es más que la voluntad de vuestra clase elevada a ley: una voluntad que tiene su contenido y encarnación en las condiciones materiales de vida de vuestra clase.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Compartís con todas las clases dominantes que han existido y perecieron la idea interesada de que vuestro régimen de producción y de propiedad, obra de condiciones históricas que desaparecen en el transcurso de la producción, descansa sobre leyes naturales eternas y sobre los dictados de la razón.  Os explicáis que haya perecido la propiedad antigua, os explicáis que pereciera la propiedad feudal; lo que no os podéis explicar es que perezca la propiedad burguesa, vuestra propiedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡Abolición de la familia!  Al hablar de estas intenciones satánicas de los comunistas, hasta los más radicales gritan escándalo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero veamos: ¿en qué se funda la familia actual, la familia burguesa?  En el capital, en el lucro privado.  Sólo la burguesía tiene una familia, en el pleno sentido de la palabra; y esta familia encuentra su complemento en la carencia forzosa de relaciones familiares de los proletarios y en la pública prostitución.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es natural que ese tipo de familia burguesa desaparezca al desaparecer su complemento, y que una y otra dejen de existir al dejar de existir el capital, que le sirve de base.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Nos reprocháis acaso que aspiremos a abolir la explotación de los hijos por sus padres?  Sí, es cierto, a eso aspiramos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero es, decís, que pretendemos destruir la intimidad de la familia, suplantando la educación doméstica por la social.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Acaso vuestra propia educación no está también influida por la sociedad, por las condiciones sociales en que se desarrolla, por la intromisión más o menos directa en ella de la sociedad a través de la escuela, etc.? No son precisamente los comunistas los que inventan esa intromisión de la sociedad en la educación; lo que ellos hacen es modificar el carácter que hoy tiene y sustraer la educación a la influencia de la clase dominante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esos tópicos burgueses de la familia y la educación, de la intimidad de las relaciones entre padres e hijos, son tanto más grotescos y descarados cuanto más la gran industria va desgarrando los lazos familiares de los proletarios y convirtiendo a los hijos en simples mercancías y meros instrumentos de trabajo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡Pero es que vosotros, los comunistas, nos grita a coro la burguesía entera, pretendéis colectivizar a las mujeres!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El burgués, que no ve en su mujer más que un simple instrumento de producción, al oírnos proclamar la necesidad de que los instrumentos de producción sean explotados colectivamente, no puede por menos de pensar que el régimen colectivo se hará extensivo igualmente a la mujer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No advierte que de lo que se trata es precisamente de acabar con la situación de la mujer como mero instrumento de producción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nada más ridículo, por otra parte, que esos alardes de indignación, henchida de alta moral de nuestros burgueses, al hablar de la tan cacareada colectivización de las mujeres por el comunismo.  No; los comunistas no tienen que molestarse en implantar lo que ha existido siempre o casi siempre en la sociedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestros burgueses, no bastándoles, por lo visto, con tener a su disposición a las mujeres y a los hijos de sus proletarios -¡y no hablemos de la prostitución oficial!-, sienten una grandísima fruición en seducirse unos a otros sus mujeres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En realidad, el matrimonio burgués es ya la comunidad de las esposas.  A lo sumo, podría reprocharse a los comunistas el pretender sustituir este hipócrita y recatado régimen colectivo de hoy por una colectivización oficial, franca y abierta, de la mujer.  Por lo demás, fácil es comprender que, al abolirse el régimen actual de producción, desaparecerá con él el sistema de comunidad de la mujer que engendra, y que se refugia en la prostitución, en la oficial y en la encubierta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A los comunistas se nos reprocha también que queramos abolir la patria, la nacionalidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los trabajadores no tienen patria.  Mal se les puede quitar lo que no tienen.  No obstante, siendo la mira inmediata del proletariado la conquista del Poder político, su exaltación a clase nacional, a nación, es evidente que también en él reside un sentido nacional, aunque ese sentido no coincida ni mucho menos con el de la burguesía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya el propio desarrollo de la burguesía, el librecambio, el mercado mundial, la uniformidad reinante en la producción industrial, con las condiciones de vida que engendra, se encargan de borrar más y más las diferencias y antagonismos nacionales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El triunfo del proletariado acabará de hacerlos desaparecer.  La acción conjunta de los proletarios, a lo menos en las naciones civilizadas, es una de las condiciones primordiales de su emancipación.  En la medida y a la par que vaya desapareciendo la explotación de unos individuos por otros, desaparecerá también la explotación de unas naciones por otras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con el antagonismo de las clases en el seno de cada nación, se borrará la hostilidad de las naciones entre sí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No queremos entrar a analizar las acusaciones que se hacen contra el comunismo desde el punto de vista religioso-filosófico e ideológico en general.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No hace falta ser un lince para ver que, al cambiar las condiciones de vida, las relaciones sociales, la existencia social del hombre, cambian también sus ideas, sus opiniones y sus conceptos, su conciencia, en una palabra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La historia de las ideas es una prueba palmaria de cómo cambia y se transforma la producción espiritual con la material.  Las ideas imperantes en una época han sido siempre las ideas propias de la clase imperante .&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se habla de ideas que revolucionan a toda una sociedad; con ello, no se hace más que dar expresión a un hecho, y es que en el seno de la sociedad antigua han germinado ya los elementos para la nueva, y a la par que se esfuman o derrumban las antiguas condiciones de vida, se derrumban y esfuman las ideas antiguas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando el mundo antiguo estaba a punto de desaparecer, las religiones antiguas fueron vencidas y suplantadas por el cristianismo.  En el siglo XVIII, cuando las ideas cristianas sucumbían ante el racionalismo, la sociedad feudal pugnaba desesperadamente, haciendo un último esfuerzo, con la burguesía, entonces revolucionaria.  Las ideas de libertad de conciencia y de libertad religiosa no hicieron más que proclamar el triunfo de la libre concurrencia en el mundo ideológico.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se nos dirá que las ideas religiosas, morales, filosóficas, políticas, jurídicas, etc., aunque sufran alteraciones a lo largo de la historia, llevan siempre un fondo de perennidad, y que por debajo de esos cambios siempre ha habido una religión, una moral, una filosofía, una política, un derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Además, se seguirá arguyendo, existen verdades eternas, como la libertad, la justicia, etc., comunes a todas las sociedades y a todas las etapas de progreso de la sociedad. Pues bien, el comunismo -continúa el argumento- viene a destruir estas verdades eternas, la moral, la religión, y no a sustituirlas por otras nuevas; viene a interrumpir violentamente todo el desarrollo histórico anterior.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Veamos a qué queda reducida esta acusación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hasta hoy, toda la historia de la sociedad ha sido una constante sucesión de antagonismos de clases, que revisten diversas modalidades, según las épocas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mas, cualquiera que sea la forma que en cada caso adopte, la explotación de una parte de la sociedad por la otra es un hecho común a todas las épocas del pasado.  Nada tiene, pues, de extraño que la conciencia social de todas las épocas se atenga, a despecho de toda la variedad y de todas las divergencias, a ciertas formas comunes, formas de conciencia hasta que el antagonismo de clases que las informa no desaparezca radicalmente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La revolución comunista viene a romper de la manera más radical con el régimen tradicional de la propiedad; nada tiene, pues, de extraño que se vea obligada a romper, en su desarrollo, de la manera también más radical, con las ideas tradicionales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero no queremos detenernos por más tiempo en los reproches de la burguesía contra el comunismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya dejamos dicho que el primer paso de la revolución obrera será la exaltación del proletariado al Poder, la conquista de la democracia .&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El proletariado se valdrá del Poder para ir despojando paulatinamente a la burguesía de todo el capital, de todos los instrumentos de la producción, centralizándolos en manos del Estado, es decir, del proletariado organizado como clase gobernante, y procurando fomentar por todos los medios y con la mayor rapidez posible las energías productivas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Claro está que, al principio, esto sólo podrá llevarse a cabo mediante una acción despótica sobre la propiedad y el régimen burgués de producción, por medio de medidas que, aunque de momento parezcan económicamente insuficientes e insostenibles, en el transcurso del movimiento serán un gran resorte propulsor y de las que no puede prescindiese como medio para transformar todo el régimen de producción vigente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estas medidas no podrán ser las mismas, naturalmente, en todos los países.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para los más progresivos mencionaremos unas cuantas, susceptibles, sin duda, de ser aplicadas con carácter más o menos general, según los casos .&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
1.a Expropiación de la propiedad inmueble y aplicación de la renta del suelo a los gastos públicos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
2.a Fuerte impuesto progresivo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
3.a Abolición del derecho de herencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
4.a Confiscación de la fortuna de los emigrados y rebeldes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
5.a Centralización del crédito en el Estado por medio de un Banco nacional con capital del Estado y régimen de monopolio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
6.a Nacionalización de los transportes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.a Multiplicación de las fábricas nacionales y de los medios de producción, roturación y mejora de terrenos con arreglo a un plan colectivo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
8.a Proclamación del deber general de trabajar; creación de ejércitos industriales, principalmente en el campo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
9.a Articulación de las explotaciones agrícolas e industriales; tendencia a ir borrando gradualmente las diferencias entre el campo y la ciudad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
10.a Educación pública y gratuita de todos los niños. Prohibición del trabajo infantil en las fábricas bajo su forma actual.  Régimen combinado de la educación con la producción material, etc.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tan pronto como, en el transcurso del tiempo, hayan desaparecido las diferencias de clase y toda la producción esté concentrada en manos de la sociedad, el Estado perderá todo carácter político. El Poder político no es, en rigor, más que el poder organizado de una clase para la opresión de la otra. El proletariado se ve forzado a organizarse como clase para luchar contra la burguesía; la revolución le lleva al Poder; mas tan pronto como desde él, como clase gobernante, derribe por la fuerza el régimen vigente de producción, con éste hará desaparecer las condiciones que determinan el antagonismo de clases, las clases mismas, y, por tanto, su propia soberanía como tal clase.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y a la vieja sociedad burguesa, con sus clases y sus antagonismos de clase, sustituirá una asociación en que el libre desarrollo de cada uno condicione el libre desarrollo de todos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Literatura Socialista y Comunista ==&lt;br /&gt;
a) El socialismo feudal&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La aristocracia francesa e inglesa, que no se resignaba a abandonar su puesto histórico, se dedicó, cuando ya no pudo hacer otra cosa, a escribir libelos contra la moderna sociedad burguesa.  En la revolución francesa de julio de 1830, en el movimiento reformista inglés, volvió a sucumbir, arrollada por el odiado intruso.  Y no pudiendo dar ya ninguna batalla política seria, no le quedaba más arma que la pluma.  Mas también en la palestra literaria habían cambiado los tiempos; ya no era posible seguir empleando el lenguaje de la época de la Restauración.  Para ganarse simpatías, la aristocracia hubo de olvidar aparentemente sus intereses y acusar a la burguesía, sin tener presente más interés que el de la clase obrera explotada.  De este modo, se daba el gusto de provocar a su adversario y vencedor con amenazas y de musitarle al oído profecías más o menos catastróficas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nació así, el socialismo feudal, una mezcla de lamento, eco del pasado y rumor sordo del porvenir; un socialismo que de vez en cuando asestaba a la burguesía un golpe en medio del corazón con sus juicios sardónicos y acerados, pero que casi siempre movía a risa por su total incapacidad para comprender la marcha de la historia moderna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con el fin de atraer hacia sí al pueblo, tremolaba el saco del mendigo proletario por bandera.  Pero cuantas veces lo seguía, el pueblo veía brillar en las espaldas de los caudillos las viejas armas feudales y se dispersaba con una risotada nada contenida y bastante irrespetuosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una parte de los legitimistas franceses y la joven Inglaterra, fueron los más perfectos organizadores de este espectáculo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esos señores feudales, que tanto insisten en demostrar que sus modos de explotación no se parecían en nada a los de la burguesía, se olvidan de una cosa, y es de que las circunstancias y condiciones en que ellos llevaban a cabo su explotación han desaparecido. Y, al enorgullecerse de que bajo su régimen no existía el moderno proletariado, no advierten que esta burguesía moderna que tanto abominan, es un producto históricamente necesario de su orden social.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por lo demás, no se molestan gran cosa en encubrir el sello reaccionario de sus doctrinas, y así se explica que su más rabiosa acusación contra la burguesía sea precisamente el crear y fomentar bajo su régimen una clase que está llamada a derruir todo el orden social heredado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo que más reprochan a la burguesía no es el engendrar un proletariado, sino el engendrar un proletariado revolucionario.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por eso, en la práctica están siempre dispuestos a tomar parte en todas las violencias y represiones contra la clase obrera, y en la prosaica realidad se resignan, pese a todas las retóricas ampulosas, a recolectar también los huevos de oro y a trocar la nobleza, el amor y el honor caballerescos por el vil tráfico en lana, remolacha y aguardiente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como los curas van siempre del brazo de los señores feudales, no es extraño que con este socialismo feudal venga a confluir el socialismo clerical.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nada más fácil que dar al ascetismo cristiano un barniz socialista. ¿No combatió también el cristianismo contra la propiedad privada, contra el matrimonio, contra el Estado? ¿No predicó frente a las instituciones la caridad y la limosna, el celibato y el castigo de la carne, la vida monástica y la Iglesia?  El socialismo cristiano es el hisopazo con que el clérigo bendice el despecho del aristócrata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
b) El socialismo pequeñoburgués&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La aristocracia feudal no es la única clase derrocada por la burguesía, la única clase cuyas condiciones de vida ha venido a oprimir y matar la sociedad burguesa moderna.  Los villanos medievales y los pequeños labriegos fueron los precursores de la moderna burguesía.  Y en los países en que la industria y el comercio no han alcanzado un nivel suficiente de desarrollo, esta clase sigue vegetando al lado de la burguesía ascensional.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En aquellos otros países en que la civilización moderna alcanza un cierto grado de progreso, ha venido a formarse una nueva clase pequeñoburguesa que flota entre la burguesía y el proletariado y que, si bien gira constantemente en torno a la sociedad burguesa como satélite suyo, no hace más que brindar nuevos elementos al proletariado, precipitados a éste por la concurrencia; al desarrollarse la gran industria llega un momento en que esta parte de la sociedad moderna pierde su substantividad y se ve suplantada en el comercio, en la manufactura, en la agricultura por los capataces y los domésticos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En países como Francia, en que la clase labradora representa mucho más de la mitad de la población, era natural que ciertos escritores, al abrazar la causa del proletariado contra la burguesía, tomasen por norma, para criticar el régimen burgués, los intereses de los pequeños burgueses y los campesinos, simpatizando por la causa obrera con el ideario de la pequeña burguesía.  Así nació el socialismo pequeñoburgués. Su representante más caracterizado, lo mismo en Francia que en Inglaterra, es Sismondi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este socialismo ha analizado con una gran agudeza las contradicciones del moderno régimen de producción. Ha desenmascarado las argucias hipócritas con que pretenden justificarlas los economistas. Ha puesto de relieve de modo irrefutable, los efectos aniquiladores del maquinismo y la división del trabajo, la concentración de los capitales y la propiedad inmueble, la superproducción, las crisis, la inevitable desaparición de los pequeños burgueses y labriegos, la miseria del proletariado, la anarquía reinante en la producción, las desigualdades irritantes que claman en la distribución de la riqueza, la aniquiladora guerra industrial de unas naciones contra otras, la disolución de las costumbres antiguas, de la familia tradicional, de las viejas nacionalidades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero en lo que atañe ya a sus fórmulas positivas, este socialismo no tiene más aspiración que restaurar los antiguos medios de producción y de cambio, y con ellos el régimen tradicional de propiedad y la sociedad tradicional, cuando no pretende volver a encajar por la fuerza los modernos medios de producción y de cambio dentro del marco del régimen de propiedad que hicieron y forzosamente tenían que hacer saltar.  En uno y otro caso peca, a la par, de reaccionario y de utópico.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la manufactura, la restauración de los viejos gremios, y en el campo, la implantación de un régimen patriarcal: he ahí sus dos magnas aspiraciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hoy, esta corriente socialista ha venido a caer en una cobarde modorra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
c) El socialismo alemán o &amp;quot;verdadero&amp;quot; socialismo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La literatura socialista y comunista de Francia, nacida bajo la presión de una burguesía gobernante y expresión literaria de la lucha librada contra su avasallamiento, fue importada en Alemania en el mismo instante en que la burguesía empezaba a sacudir el yugo del absolutismo feudal.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los filósofos, pseudofilósofos y grandes ingenios del país se asimilaron codiciosamente aquella literatura, pero olvidando que con las doctrinas no habían pasado la frontera también las condiciones sociales a que respondían.  Al enfrentarse con la situación alemana, la literatura socialista francesa perdió toda su importancia práctica directa, para asumir una fisonomía puramente literaria y convertirse en una ociosa especulación acerca del espíritu humano y de sus proyecciones sobre la realidad.  Y así, mientras que los postulados de la primera revolución francesa eran, para los filósofos alemanes del siglo XVIII, los postulados de la “razón práctica” en general, las aspiraciones de la burguesía francesa revolucionaria representaban a sus ojos las leyes de la voluntad pura, de la voluntad ideal, de una voluntad verdaderamente humana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La única preocupación de los literatos alemanes era armonizar las nuevas ideas francesas con su vieja conciencia filosófica, o, por mejor decir, asimilarse desde su punto de vista filosófico aquellas ideas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta asimilación se llevó a cabo por el mismo procedimiento con que se asimila uno una lengua extranjera: traduciéndola.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todo el mundo sabe que los monjes medievales se dedicaban a recamar los manuscritos que atesoraban las obras clásicas del paganismo con todo género de insubstanciales historias de santos de la Iglesia católica. Los literatos alemanes procedieron con la literatura francesa profana de un modo inverso.  Lo que hicieron fue empalmar sus absurdos filosóficos a los originales franceses. Y así, donde el original desarrollaba la crítica del dinero, ellos pusieron: “expropiación del ser humano”; donde se criticaba el Estado burgués: “abolición del imperio de lo general abstracto”, y así por el estilo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta interpelación de locuciones y galimatías filosóficos en las doctrinas francesas, fue bautizada con los nombres de “filosofía del hecho” , “verdadero socialismo”, “ciencia alemana del socialismo”, “fundamentación filosófica del socialismo”, y otros semejantes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De este modo, la literatura socialista y comunista francesa perdía toda su virilidad.  Y como, en manos de los alemanes, no expresaba ya la lucha de una clase contra otra clase, el profesor germano se hacía la ilusión de haber superado el “parcialismo francés”; a falta de verdaderas necesidades pregonaba la de la verdad, y a falta de los intereses del proletariado mantenía los intereses del ser humano, del hombre en general, de ese hombre que no reconoce clases, que ha dejado de vivir en la realidad para transportarse al cielo vaporoso de la fantasía filosófica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, este socialismo alemán, que tomaba tan en serio sus desmayados ejercicios escolares y que tanto y tan solemnemente trompeteaba, fue perdiendo poco a poco su pedantesca inocencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la lucha de la burguesía alemana, y principalmente, de la prusiana, contra el régimen feudal y la monarquía absoluta, el movimiento liberal fue tomando un cariz más serio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto deparaba al “verdadero” socialismo la ocasión apetecida para oponer al movimiento político las reivindicaciones socialistas, para fulminar los consabidos anatemas contra el liberalismo, contra el Estado representativo, contra la libre concurrencia burguesa, contra la libertad de Prensa, la libertad, la igualdad y el derecho burgueses, predicando ante la masa del pueblo que con este movimiento burgués no saldría ganando nada y sí perdiendo mucho.  El socialismo alemán se cuidaba de olvidar oportunamente que la crítica francesa, de la que no era más que un eco sin vida, presuponía la existencia de la sociedad burguesa moderna, con sus peculiares condiciones materiales de vida y su organización política adecuada, supuestos previos ambos en torno a los cuales giraba precisamente la lucha en Alemania.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este “verdadero” socialismo les venía al dedillo a los gobiernos absolutos alemanes, con toda su cohorte de clérigos, maestros de escuela, hidalgüelos raídos y cagatintas, pues les servía de espantapájaros contra la amenazadora burguesía.  Era una especie de melifluo complemento a los feroces latigazos y a las balas de fusil con que esos gobiernos recibían los levantamientos obreros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero el “verdadero” socialismo, además de ser, como vemos, un arma en manos de los gobiernos contra la burguesía alemana, encarnaba de una manera directa un interés reaccionario, el interés de la baja burguesía del país.  La pequeña burguesía, heredada del siglo XVI y que desde entonces no había cesado de aflorar bajo diversas formas y modalidades, constituye en Alemania la verdadera base social del orden vigente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conservar esta clase es conservar el orden social imperante. Del predominio industrial y político de la burguesía teme la ruina segura, tanto por la concentración de capitales que ello significa, como porque entraña la formación de un proletariado revolucionario. El “verdadero” socialismo venía a cortar de un tijeretazo -así se lo imaginaba ella- las dos alas de este peligro.  Por eso, se extendió por todo el país como una verdadera epidemia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El ropaje ampuloso en que los socialistas alemanes envolvían el puñado de huesos de sus “verdades eternas”, un ropaje tejido con hebras especulativas, bordado con las flores retóricas de su ingenio, empapado de nieblas melancólicas y románticas, hacía todavía más gustosa la mercancía para ese público.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por su parte, el socialismo alemán comprendía más claramente cada vez que su misión era la de ser el alto representante y abanderado de esa baja burguesía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Proclamó a la nación alemana como nación modelo y al súbdito alemán como el tipo ejemplar de hombre. Dio a todos sus servilismos y vilezas un hondo y oculto sentido socialista, tornándolos en lo contrario de lo que en realidad eran. Y al alzarse curiosamente contra las tendencias “barbaras y destructivas” del comunismo, subrayando como contraste la imparcialidad sublime de sus propias doctrinas, ajenas a toda lucha de clases, no hacía más que sacar la última consecuencia lógica de su sistema.  Toda la pretendida literatura socialista y comunista que circula por Alemania, con poquísimas excepciones, profesa estas doctrinas repugnantes y castradas .&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;2. El socialismo burgués o conservador&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una parte de la burguesía desea mitigar las injusticias sociales, para de este modo garantizar la perduración de la sociedad burguesa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se encuentran en este bando los economistas, los filántropos, los humanitarios, los que aspiran a mejorar la situación de las clases obreras, los organizadores de actos de beneficencia, las sociedades protectoras de animales, los promotores de campañas contra el alcoholismo, los predicadores y reformadores sociales de toda laya.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero, además, de este socialismo burgués han salido verdaderos sistemas doctrinales.  Sirva de ejemplo la Filosofía de la miseria de Proudhon.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los burgueses socialistas considerarían ideales las condiciones de vida de la sociedad moderna sin las luchas y los peligros que encierran.  Su ideal es la sociedad existente, depurada de los elementos que la corroen y revolucionan: la burguesía sin el proletariado.  Es natural que la burguesía se represente el mundo en que gobierna como el mejor de los mundos posibles.  El socialismo burgués eleva esta idea consoladora a sistema o semisistema. Y al invitar al proletariado a que lo realice, tomando posesión de la nueva Jerusalén, lo que en realidad exige de él es que se avenga para siempre al actual sistema de sociedad, pero desterrando la deplorable idea que de él se forma.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una segunda modalidad, aunque menos sistemática bastante más práctica, de socialismo, pretende ahuyentar a la clase obrera de todo movimiento revolucionario haciéndole ver que lo que a ella le interesa no son tales o cuales cambios políticos, sino simplemente determinadas mejoras en las condiciones materiales, económicas, de su vida.  Claro está que este socialismo se cuida de no incluir entre los cambios que afectan a las “condiciones materiales de vida” la abolición del régimen burgués de producción, que sólo puede alcanzarse por la vía revolucionaria; sus aspiraciones se contraen a esas reformas administrativas que son conciliables con el actual régimen de producción y que, por tanto, no tocan para nada a las relaciones entre el capital y el trabajo asalariado, sirviendo sólo -en el mejor de los casos- para abaratar a la burguesía las costas de su reinado y sanearle el presupuesto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este socialismo burgués a que nos referimos, sólo encuentra expresión adecuada allí donde se convierte en mera figura retórica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡Pedimos el librecambio en interés de la clase obrera! ¡En interés de la clase obrera pedimos aranceles protectores! ¡Pedimos prisiones celulares en interés de la clase trabajadora!  Hemos dado, por fin, con la suprema y única seria aspiración del socialismo burgués.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todo el socialismo de la burguesía se reduce, en efecto, a una tesis y es que los burgueses lo son y deben seguir siéndolo... en interés de la clase trabajadora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;3. El socialismo y el comunismo crítico-utópico&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No queremos referirnos aquí a las doctrinas que en todas las grandes revoluciones modernas abrazan las aspiraciones del proletariado (obras de Babeuf, etc.).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las primeras tentativas del proletariado para ahondar directamente en sus intereses de clase, en momentos de conmoción general, en el período de derrumbamiento de la sociedad feudal, tenían que tropezar necesariamente con la falta de desarrollo del propio proletariado, de una parte, y de otra con la ausencia de las condiciones materiales indispensables para su emancipación, que habían de ser el fruto de la época burguesa.  La literatura revolucionaria que guía estos primeros pasos vacilantes del proletariado es, y necesariamente tenía que serlo, juzgada por su contenido, reaccionaria.  Estas doctrinas profesan un ascetismo universal y un torpe y vago igualitarismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los verdaderos sistemas socialistas y comunistas, los sistemas de Saint-Simon, de Fourier, de Owen, etc., brotan en la primera fase embrionaria de las luchas entre el proletariado y la burguesía, tal como más arriba la dejamos esbozada. (V. el capítulo “Burgueses y proletarios”).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cierto es que los autores de estos sistemas penetran ya en el antagonismo de las clases y en la acción de los elementos disolventes que germinan en el seno de la propia sociedad gobernante.  Pero no aciertan todavía a ver en el proletariado una acción histórica independiente, un movimiento político propio y peculiar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como el antagonismo de clase se desarrolla siempre a la par con la industria, se encuentran con que les faltan las condiciones materiales para la emancipación del proletariado, y es en vano que se debatan por crearlas mediante una ciencia social y a fuerza de leyes sociales.  Esos autores pretenden suplantar la acción social por su acción personal especulativa, las condiciones históricas que han de determinar la emancipación proletaria por condiciones fantásticas que ellos mismos se forjan, la gradual organización del proletariado como clase por una organización de la sociedad inventada a su antojo.  Para ellos, el curso universal de la historia que ha de venir se cifra en la propaganda y práctica ejecución de sus planes sociales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es cierto que en esos planes tienen la conciencia de defender primordialmente los intereses de la clase trabajadora, pero sólo porque la consideran la clase más sufrida.  Es la única función en que existe para ellos el proletariado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La forma embrionaria que todavía presenta la lucha de clases y las condiciones en que se desarrolla la vida de estos autores hace que se consideren ajenos a esa lucha de clases y como situados en un plano muy superior.  Aspiran a mejorar las condiciones de vida de todos los individuos de la sociedad, incluso los mejor acomodados.  De aquí que no cesen de apelar a la sociedad entera sin distinción, cuando no se dirigen con preferencia a la propia clase gobernante. Abrigan la seguridad de que basta conocer su sistema para acatarlo como el plan más perfecto para la mejor de las sociedades posibles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por eso, rechazan todo lo que sea acción política, y muy principalmente la revolucionaria; quieren realizar sus aspiraciones por la vía pacífica e intentan abrir paso al nuevo evangelio social predicando con el ejemplo, por medio de pequeños experimentos que, naturalmente, les fallan siempre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estas descripciones fantásticas de la sociedad del mañana brotan en una época en que el proletariado no ha alcanzado aún la madurez, en que, por tanto, se forja todavía una serie de ideas fantásticas acerca de su destino y posición, dejándose llevar por los primeros impulsos, puramente intuitivos, de transformar radicalmente la sociedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y, sin embargo, en estas obras socialistas y comunistas hay ya un principio de crítica, puesto que atacan las bases todas de la sociedad existente.  Por eso, han contribuido notablemente a ilustrar la conciencia de la clase trabajadora.  Mas, fuera de esto, sus doctrinas de carácter positivo acerca de la sociedad futura, las que predican, por ejemplo, que en ella se borrarán las diferencias entre la ciudad y el campo o las que proclaman la abolición de la familia, de la propiedad privada, del trabajo asalariado, el triunfo de la armonía social, la transformación del Estado en un simple organismo administrativo de la producción.... giran todas en torno a la desaparición de la lucha de clases, de esa lucha de clases que empieza a dibujarse y que ellos apenas si conocen en su primera e informe vaguedad.  Por eso, todas sus doctrinas y aspiraciones tienen un carácter puramente utópico.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La importancia de este socialismo y comunismo crítico-utópico está en razón inversa al desarrollo histórico de la sociedad.  Al paso que la lucha de clases se define y acentúa, va perdiendo importancia práctica y sentido teórico esa fantástica posición de superioridad respecto a ella, esa fe fantástica en su supresión.  Por eso, aunque algunos de los autores de estos sistemas socialistas fueran en muchos respectos verdaderos revolucionarios, sus discípulos forman hoy día sectas indiscutiblemente reaccionarias, que tremolan y mantienen impertérritas las viejas ideas de sus maestros frente a los nuevos derroteros históricos del proletariado.  Son, pues, consecuentes cuando pugnan por mitigar la lucha de clases y por conciliar lo inconciliable.  Y siguen soñando con la fundación de falansterios, con la colonización interior, con la creación de una pequeña Icaria, edición en miniatura de la nueva Jerusalén... . Y para levantar todos esos castillos en el aire, no tienen más remedio que apelar a la filantrópica generosidad de los corazones y los bolsillos burgueses.  Poco a poco van resbalando a la categoría de los socialistas reaccionarios o conservadores, de los cuales sólo se distinguen por su sistemática pedantería y por el fanatismo supersticioso con que comulgan en las milagrerías de su ciencia social.  He ahí por qué se enfrentan rabiosamente con todos los movimientos políticos a que se entrega el proletariado, lo bastante ciego para no creer en el nuevo evangelio que ellos le predican.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Inglaterra, los owenistas se alzan contra los cartistas, y en Francia, los reformistas tienen enfrente a los discípulos de Fourier.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Actidud de los Comunistas ante los Otros Partidos de la Oposición ==&lt;br /&gt;
Después de lo que dejamos dicho en el capítulo II, fácil es comprender la relación que guardan los comunistas con los demás partidos obreros ya existentes, con los cartistas ingleses y con los reformadores agrarios de Norteamérica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los comunistas, aunque luchando siempre por alcanzar los objetivos inmediatos y defender los intereses cotidianos de la clase obrera, representan a la par, dentro del movimiento actual, su porvenir.  En Francia se alían al partido democrático-socialista  contra la burguesía conservadora y radical, mas sin renunciar por esto a su derecho de crítica frente a los tópicos y las ilusiones procedentes de la tradición revolucionaria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Suiza apoyan a los radicales, sin ignorar que este partido es una mezcla de elementos contradictorios: de demócratas socialistas, a la manera francesa, y de burgueses radicales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Polonia, los comunistas apoyan al partido que sostiene la revolución agraria, como condición previa para la emancipación nacional del país, al partido que provocó la insurrección de Cracovia en 1846.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Alemania, el partido comunista luchará al lado de la burguesía, mientras ésta actúe revolucionariamente, dando con ella la batalla a la monarquía absoluta, a la gran propiedad feudal y a la pequeña burguesía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero todo esto sin dejar un solo instante de laborar entre los obreros, hasta afirmar en ellos con la mayor claridad posible la conciencia del antagonismo hostil que separa a la burguesía del proletariado, para que, llegado el momento, los obreros alemanes se encuentren preparados para volverse contra la burguesía, como otras tantas armas, esas mismas condiciones políticas y sociales que la burguesía, una vez que triunfe, no tendrá más remedio que implantar; para que en el instante mismo en que sean derrocadas las clases reaccionarias comience, automáticamente, la lucha contra la burguesía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las miradas de los comunistas convergen con un especial interés sobre Alemania, pues no desconocen que este país está en vísperas de una revolución burguesa y que esa sacudida revolucionaria se va a desarrollar bajo las propicias condiciones de la civilización europea y con un proletariado mucho más potente que el de Inglaterra en el siglo XVII y el de Francia en el XVIII, razones todas para que la revolución alemana burguesa que se avecina no sea más que el preludio inmediato de una revolución proletaria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Resumiendo: los comunistas apoyan en todas partes, como se ve, cuantos movimientos revolucionarios se planteen contra el régimen social y político imperante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En todos estos movimientos se ponen de relieve el régimen de la propiedad, cualquiera que sea la forma más o menos progresiva que revista, como la cuestión fundamental que se ventila.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Finalmente, los comunistas laboran por llegar a la unión y la inteligencia de los partidos democráticos de todos los países.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los comunistas no tienen por qué guardar encubiertas sus ideas e intenciones.  Abiertamente declaran que sus objetivos sólo pueden alcanzarse derrocando por la violencia todo el orden social existente. Tiemblen, si quieren, las clases gobernantes, ante la perspectiva de una revolución comunista.  Los proletarios, con ella, no tienen nada que perder, como no sea sus cadenas.  Tienen, en cambio, un mundo entero que ganar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡Proletarios de todos los Países, uníos! .&lt;br /&gt;
[[Categoría:Obras de biblioteca de Friedrich Engels]]&lt;br /&gt;
[[Categoría:Obras de biblioteca de Karl Marx]]&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Ledlecreeper27</name></author>
	</entry>
	<entry>
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		<title>Biblioteca:De la autoridad</title>
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		<updated>2022-08-04T12:30:18Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Ledlecreeper27: Página creada con «Algunos socialistas han emprendido últimamente una verdadera cruzada contra lo que ellos llaman principio de autoridad. Basta con que se les diga que este o el otro acto es autoritario para que lo condenen. Hasta tal punto se abusa de este método sumario de proceder, que no hay más remedio que examinar la cosa un poco más de cerca. Autoridad, en el sentido de que se trata, quiere decir: imposición de la voluntad de otro a la nuestra; autoridad supone, por otra pa…»&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;Algunos socialistas han emprendido últimamente una verdadera cruzada contra lo que ellos llaman principio de autoridad. Basta con que se les diga que este o el otro acto es autoritario para que lo condenen. Hasta tal punto se abusa de este método sumario de proceder, que no hay más remedio que examinar la cosa un poco más de cerca. Autoridad, en el sentido de que se trata, quiere decir: imposición de la voluntad de otro a la nuestra; autoridad supone, por otra parte, subordinación. Ahora bien; por muy mal que suenen estas dos palabras y por muy desagradable que sea para la parte subordinada la relación que representan, la cuestión está en saber si hay medio de prescindir de ella, si -dadas las condiciones actuales de la sociedad- podemos crear otro régimen social en el que esta autoridad no tenga ya objeto y en el que, por consiguiente, deba desaparecer. Examinando las condiciones económicas, industriales y agrícolas, que constituyen la base de la actual sociedad burguesa, nos encontramos con que tienden a reemplazar cada vez más la acción aislada por la acción combinada de los individuos. La industria moderna, con grandes fábricas y talleres, en los que centenares de obreros vigilan la marcha de máquinas complicadas movidas a vapor, ha venido a ocupar el puesto del pequeño taller del productor aislado: los coches y los carros para grandes distancias han sido sustituidos por el ferrocarril, como las pequeñas goletas y falúas lo han sido por los barcos a vapor. La misma agricultura va cayendo poco a poco bajo el dominio de la máquina y del vapor, los cuales remplazan, lenta pero inexorablemente, a los pequeños propietarios por grandes capitalistas, que cultivan, con ayuda de obreros asalariados, grandes extensiones de tierra. La acción coordinada, la complicación de los procedimientos, supeditados los unos a los otros, desplaza en todas partes a la acción independiente de los individuos. Y quien dice acción coordinada dice organización. Ahora bien, ¿cabe organización sin autoridad?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Supongamos que una revolución social hubiera derrocado a los capitalistas, cuya autoridad dirige hoy la producción y la circulación de la riqueza. Supongamos, para colocarnos por entero en el punto de vista de los antiautoritarios, que la tierra y los instrumentos de trabajo se hubieran convertido en propiedad colectiva de los obreros que los emplean. ¿Habría desaparecido la autoridad, o no habría hecho más que cambiar de forma? Veamos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tomemos, a modo de ejemplo, una fábrica de hilados de algodón. El algodón, antes de convertirse en hilo, tiene que pasar, por lo menos, por seis operaciones sucesivas; operaciones que se ejecutan, en su mayor parte, en diferentes naves. Además, para mantener las máquinas en movimiento, se necesita un ingeniero que vigile la máquina de vapor, mecánicos para las reparaciones diarias y, además, muchos peones destinados a transportar los productos de un lugar a otro, etc. Todos estos obreros, hombres, mujeres y niños están obligados a empezar y terminar su trabajo a la hora señalada por la autoridad del vapor, que se burla de la autonomía individual. Lo primero que hace falta es, pues, que los obreros se pongan de acuerdo sobre las horas de trabajo; a estas horas, una vez fijadas, quedan sometidos todos sin ninguna excepción. Después, en cada lugar y a cada instante surgen cuestiones de detalle sobre el modo de producción, sobre la distribución de los materiales, etc., cuestiones que tienen que ser resueltas al instante, so pena de que se detenga inmediatamente toda la producción. Bien se resuelvan por la decisión de un delegado puesto al frente de cada rama de producción o bien por el voto de la mayoría, si ello fuese posible, la voluntad de alguien tendrá siempre que subordinarse; es decir, que las cuestiones serán resueltas autoritariamente. El mecanismo automático de una gran fábrica es mucho más tiránico que lo han sido nunca los pequeños capitalistas que emplean obreros. En la puerta de estas fábricas, podría escribirse, al menos en cuanto a las horas de trabajo se refiere: &#039;&#039;Lasciate ogni autonomia, voi che entrate!&#039;&#039;* Si el hombre, con la ciencia y el genio inventivo, somete a las fuerzas de la naturaleza, éstas se vengan de él sometiéndolo, mientras las emplea, a un verdadero despotismo, independientemente de toda organización social. Querer abolir la autoridad en la gran industria, es querer abolir la industria misma, es querer destruir las fábricas de hilados a vapor para volver a la rueca.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tomemos, para poner otro ejemplo, un ferrocarril. También aquí es absolutamente necesaria la cooperación de una infinidad de individuos, cooperación que debe tener lugar a horas muy precisas, para que no se produzcan desastres. También aquí, la primera condición para que la empresa marche es una voluntad dominante que zanje todas las cuestiones secundarias. Esta voluntad puede estar representada por un solo delegado o por un comité encargado de ejecutar los acuerdos de una mayoría de interesados. Tanto en uno como en otro caso existe autoridad bien pronunciada. Más aún: ¿qué pasaría con el primer tren que arrancara, si se aboliese la autoridad de los empleados del ferrocarril sobre los señores viajeros?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero, donde más salta a la vista la necesidad de la autoridad, y de una autoridad imperiosa, es en un barco en alta mar. Allí, en el momento de peligro, la vida de cada uno depende de la obediencia instantánea y absoluta de todos a la voluntad de uno solo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando he puesto parecidos argumentos a los más furiosos antiautoritarios, no han sabido responderme más que esto: «¡Ah! eso es verdad, pero aquí no se trata de que nosotros demos al delegado una autoridad, sino ¡de un encargo!» Estos señores creen cambiar la cosa con cambiarle el nombre. He aquí cómo se burlan del mundo estos profundos pensadores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hemos visto, pues, que, de una parte, cierta autoridad, delegada como sea, y de otra, cierta subordinación, son cosas que, independientemente de toda organización social, se nos imponen con las condiciones materiales en las que producimos y hacemos circular los productos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y hemos visto, además, que las condiciones materiales de producción y de circulación se extienden inevitablemente con la gran industria y con la gran agricultura, y tienden cada vez más a ensanchar el campo de esta autoridad. Es, pues, absurdo hablar del principio de autoridad como de un principio absolutamente malo y del principio de autonomía como de un principio absolutamente bueno. La autoridad y la autonomía son cosas relativas, cuyas esferas verían en las diferentes fases del desarrollo social. Si los autonomistas se limitasen a decir que la organización social del porvenir restringirá la autoridad hasta el límite estricto en que la hagan inevitable las condiciones de la producción, podríamos entendernos; pero, lejos de esto, permanecen ciegos para todos los hechos que hacen necesaria la cosa y arremeten con furor contra la palabra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Por qué los antiautoritarios no se limitan a clamar contra la autoridad política, contra el Estado? Todos los socialistas están de acuerdo en que el Estado político, y con él la autoridad política, desaparecerán como consecuencia de la próxima revolución social, es decir, que las funciones públicas perderán su carácter político, trocándose en simples funciones administrativas, llamadas a velar por los verdaderos intereses sociales. Pero los antiautoritarios exigen que el Estado político autoritario sea abolido de un plumazo, aun antes de haber sido destruidas las condiciones sociales que lo hicieron nacer. Exigen que el primer acto de la revolución social sea la abolición de la autoridad. ¿No han visto nunca una revolución estos señores? Una revolución es, indudablemente, la cosa más autoritaria que existe; es el acto por medio del cual una parte de la población impone su voluntad a la otra parte por medio de fusiles, bayonetas y cañones, medios autoritarios si los hay; y el partido victorioso, si no quiere haber luchado en vano, tiene que mantener este dominio por medio del terror que sus armas inspiran a los reaccionarios. ¿La Comuna de París habría durado acaso un solo día, de no haber empleado esta autoridad de pueblo armado frente a los burgueses? ¿No podemos, por el contrario, reprocharle el no haberse servido lo bastante de ella?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así pues, una de dos: o los antiautoritarios no saben lo que dicen, y en este caso no hacen más que sembrar la confusión; o lo saben, y en este caso traicionan el movimiento del proletariado. En uno y otro caso, sirven a la reacción.&lt;br /&gt;
[[Categoría:Obras de biblioteca de Friedrich Engels]]&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Ledlecreeper27</name></author>
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&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{DISPLAYTITLE:&#039;&#039;Biblioteca de ProleWiki&#039;&#039;}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un grupo de textos, artículos y libros sobre el [[socialismo]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Obras seleccionados de ProleWiki ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
# [[Biblioteca:Tres fuentes y tres partes integrantes|Tres fuentes y tres partes integrantes]] del [[Marxismo]] (por [[Vladímir Lenin|Lenin]])&lt;br /&gt;
# [[Biblioteca:Manifiesto del partido comunista|Manifiesto del partido comunista]] (por [[Karl Marx|Marx]] y [[Friedrich Engels|Engels]])&lt;br /&gt;
# [[Biblioteca:Principios de comunismo|Principios de comunismo]] (por Engels)&lt;br /&gt;
# [[ProleWiki:De la autoridad|De la autoridad]] (por Engels)&lt;br /&gt;
# [[Biblioteca:El estado y la revolución|El estado y la revolución]] (por Lenin)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Obras principales ==&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Ledlecreeper27</name></author>
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		<title>Ucrania</title>
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		<summary type="html">&lt;p&gt;Ledlecreeper27: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;&#039;&#039;&#039;Ucrania&#039;&#039;&#039; es un país [[Europa|europeo]] que fue formado en 1991 cuando la [[República Socialista Soviética de Ucrania (1919–1991)|RSS de Ucrania]] secesionó de la [[Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (1922–1991)|Unión Soviética]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Historia ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Unión Soviética ===&lt;br /&gt;
En 1941, los [[Imperio Alemán (1933–1945)|nazis]] invadieron la Unión Soviética y tomaron control de la mayoría de Ucrania. La [[Organización de Nacionalistas Ucranianos|OUN]] y su [[Ejército Insurgente Ucraniano]] cometió masacres contra los judíos y [[Comunismo|comunistas]]. Después del fin de la guerra, la OUN-UPA asesinaron más de 35,000 miembros de la polícia secreta de la URSS.&amp;lt;ref name=&amp;quot;:0&amp;quot;&amp;gt;{{Referencia web|author=Gabriel Rockhill|newspaper=[[Liberation News]]|title=Nazis en Ucrania: Penetrando la niebla de la guerra de información|date=2022-04-14|url=https://www.liberationnews.org/nazis-en-ucrania-penetrando-la-niebla-de-la-guerra-de-informacion/|archive-url=https://web.archive.org/web/20220420190507/https://www.liberationnews.org/nazis-en-ucrania-penetrando-la-niebla-de-la-guerra-de-informacion/|archive-date=2022-04-20|retrieved=2022-06-17}}&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Golpe Maidán ===&lt;br /&gt;
En 2014, los EE. UU. y la [[Unión Europea]] apoyaron los partidos fascistos [[Sector Derecho]] y [[Svoboda]] en un golpe de estado contra el presidente [[Viktor Yanukóvich]]. Durante el golpe, el [[Batallón Azov]] incineró 42 izquierdistas cuando quemó un edificio sindical en Odessa.&amp;lt;ref name=&amp;quot;:0&amp;quot; /&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Referencias ==&lt;br /&gt;
[[Categoría:Países]]&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Ledlecreeper27</name></author>
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		<title>Ucrania</title>
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		<summary type="html">&lt;p&gt;Ledlecreeper27: Página creada con «{{Infobox País|name=Ucrania|native_name=Україна|largest_city=Kiev|capital=Kiev|mode_of_production=Capitalismo|area_km2=603,628|population_estimate=41,487,960}}&amp;#039;&amp;#039;&amp;#039;Ucrania&amp;#039;&amp;#039;&amp;#039; es un país europeo que fue formado en 1991 cuando la RSS de Ucrania secesionó de la Unión Soviética.  == Historia ==  === Unión Soviétic…»&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{Infobox País|name=Ucrania|native_name=Україна|largest_city=[[Kiev]]|capital=[[Kiev]]|mode_of_production=[[Capitalismo]]|area_km2=603,628|population_estimate=41,487,960}}&#039;&#039;&#039;Ucrania&#039;&#039;&#039; es un país [[Europa|europeo]] que fue formado en 1991 cuando la [[República Socialista Soviética de Ucrania (1919–1991)|RSS de Ucrania]] secesionó de la [[Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (1922–1991)|Unión Soviética]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Historia ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Unión Soviética ===&lt;br /&gt;
En 1941, los [[Imperio Alemán (1933–1945)|nazis]] invadieron la Unión Soviética y tomaron control de la mayoría de Ucrania. La [[Organización de Nacionalistas Ucranianos|OUN]] y su [[Ejército Insurgente Ucraniano]] cometió masacres contra los judíos y [[Comunismo|comunistas]]. Después del fin de la guerra, la OUN-UPA asesinaron más de 35,000 miembros de la polícia secreta de la URSS.&amp;lt;ref name=&amp;quot;:0&amp;quot;&amp;gt;{{Referencia web|author=Gabriel Rockhill|newspaper=[[Liberation News]]|title=Nazis en Ucrania: Penetrando la niebla de la guerra de información|date=2022-04-14|url=https://www.liberationnews.org/nazis-en-ucrania-penetrando-la-niebla-de-la-guerra-de-informacion/|archive-url=https://web.archive.org/web/20220420190507/https://www.liberationnews.org/nazis-en-ucrania-penetrando-la-niebla-de-la-guerra-de-informacion/|archive-date=2022-04-20|retrieved=2022-06-17}}&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Golpe Maidán ===&lt;br /&gt;
En 2014, los EE. UU. y la [[Unión Europea]] apoyaron los partidos fascistos [[Sector Derecho]] y [[Svoboda]] en un golpe de estado contra el presidente [[Viktor Yanukóvich]]. Durante el golpe, el [[Batallón Azov]] incineró 42 izquierdistas cuando quemó un edificio sindical en Odessa.&amp;lt;ref name=&amp;quot;:0&amp;quot; /&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Referencias ==&lt;br /&gt;
[[Categoría:Países]]&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Ledlecreeper27</name></author>
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		<title>Julian Assange</title>
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		<updated>2022-06-17T17:58:05Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Ledlecreeper27: Hice página nueva.&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;&#039;&#039;&#039;Julian Assange&#039;&#039;&#039; es un periodista [[Australia|australiano]] que fundó [[WikiLeaks]], un sitio web que contiene muchos documentos secretos sobre el [[imperialismo]]. En 2022, el gobierno del [[Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda|Reino Unido]] admitó que ha espiado a su abogada, Jennifer Robinson.&amp;lt;ref&amp;gt;{{Referencia web|author=Oscar Grenfell|newspaper=World Socialist Web Site|title=Reino Unido admite haber espiado a la abogada de Assange, Jennifer Robinson|date=2022-06-14|url=https://www.wsws.org/es/articles/2022/06/17/assa-j17.html|retrieved=2022-06-17}}&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Referencias ==&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Ledlecreeper27</name></author>
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		<title>Plantilla:Infobox Persona</title>
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		<updated>2022-06-17T17:47:41Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Ledlecreeper27: Copié el fuente de Prolewiki en inglés.&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
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}}{{#invoke:Check for unknown parameters|check|unknown={{main other|[[Category:Pages using infobox person with unknown parameters|_VALUE_{{PAGENAME}}]]}}|preview=Page using [[Template:Infobox person]] with unknown parameter &amp;quot;_VALUE_&amp;quot;|ignoreblank=y| _subheader | birth_date | birth_name | birth_place | caption | death_cause | death_date | death_place | field | honorific_prefix |  honorific prefix | image | image_alt | image_size | image_upright | name | native_name | nationality | known}}&lt;br /&gt;
&amp;lt;noinclude&amp;gt;&lt;br /&gt;
How to use this template:&lt;br /&gt;
 &amp;lt;nowiki&amp;gt;&lt;br /&gt;
{{Infobox person&lt;br /&gt;
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		<author><name>Ledlecreeper27</name></author>
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		<title>Burguesía</title>
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		<updated>2022-06-17T17:31:20Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Ledlecreeper27: Hice página nueva.&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;La &#039;&#039;&#039;burguesía&#039;&#039;&#039; es la [[clase dirigente]] en el [[capitalismo]]. Posee los [[medios de producción]] y controla la producción. Necesita la [[plusvalía]] de los [[Proletariado|proletariados]] para vivir.&amp;lt;ref&amp;gt;{{Referencia web|newspaper=Gran Enciclopedia Soviética|title=Bourgeoisie|url=https://encyclopedia2.thefreedictionary.com/Bourgeoisie}}&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Referencias ==&lt;br /&gt;
[[Categoría:Clases económicas]]&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Ledlecreeper27</name></author>
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		<title>Plantilla:País</title>
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		<updated>2022-06-17T17:13:18Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Ledlecreeper27: Ledlecreeper27 trasladó la página Plantilla:País a Plantilla:Infobox País&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;#REDIRECCIÓN [[Plantilla:Infobox País]]&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Ledlecreeper27</name></author>
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		<title>Plantilla:Infobox País</title>
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		<updated>2022-06-17T17:13:18Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Ledlecreeper27: Ledlecreeper27 trasladó la página Plantilla:País a Plantilla:Infobox País&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{infobox&lt;br /&gt;
| bodyclass = geography vcard&lt;br /&gt;
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{{#if:{{{name|}}}|{{{name|}}}}}{{#if:{{{native_name|}}}|{{#if:{{{name|}}}|&amp;lt;br&amp;gt;}}&amp;lt;div style=&amp;quot;font-size:85%; font-weight: normal;&amp;quot;&amp;gt;&#039;&#039;{{{native_name}}}&#039;&#039;&amp;lt;/div&amp;gt;}}&lt;br /&gt;
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| subheader = {{#if:{{{life_span|}}} | {{{life_span}}} | {{#if:{{{year_start|}}}|{{{year_start}}}{{#if:{{{year_end}}}|–{{{year_end}}} }} }} }}&lt;br /&gt;
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| imagestyle = text-align:center;padding:0.5em 0;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| image1 = {{#if:{{{image_coat|}}}{{{image_symbol|}}}{{{image_flag|}}}{{{image_flag2|}}}&lt;br /&gt;
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    |image1a = {{#invoke:InfoboxImage|InfoboxImage|suppressplaceholder={{main other||no}}|image={{{image_flag|}}}|sizedefault=125px|size={{{flag_width|{{{flag_size|}}}}}}|maxsize=250|border={{yesno |{{{flag_border|}}}|yes=yes|blank=yes}}|alt={{{alt_flag|{{{flag_alt|}}}}}}|title=Flag of {{{common_name|{{{name|{{{linking_name|{{PAGENAME}}}}}}}}}}}}}&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
| label6 = Status&lt;br /&gt;
| data6 = {{#if:{{{status|}}}|{{Infobox country/status text|status={{{status|}}}|status_text={{{status_text|}}}|empire={{{empire|}}}|year_end={{{year_end|}}}|year_exile_start={{{year_exile_start|}}}|year_exile_end={{{year_exile_end|}}} }} }}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| label7 = Location&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
| label8 = {{#if:{{{capital_type|}}} | {{{capital_type}}} | Capital }}{{#ifeq: {{#ifeq:{{{largest_city|}}}{{{largest_settlement|}}}|capital&lt;br /&gt;
                         |capital&amp;lt;!--&lt;br /&gt;
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                           | [[{{{largest_city|}}}{{{largest_settlement|}}}]] = capital&lt;br /&gt;
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                          }}&amp;lt;!--&lt;br /&gt;
                    --&amp;gt;}}|capital &amp;lt;!--&lt;br /&gt;
    (#ifeq:)--&amp;gt;|&amp;lt;!------------------------------------------&lt;br /&gt;
                     capital is largest_city/_settlement:&lt;br /&gt;
                 -------------------------------------------&lt;br /&gt;
             --&amp;gt;&amp;lt;br/&amp;gt;&amp;lt;div style=&amp;quot;display:inline&amp;quot; style=&amp;quot;font-weight:normal&amp;quot;&amp;gt;and {{{largest_settlement_type|largest city}}}&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
              }}&lt;br /&gt;
| data8  = {{#if:{{{capital|}}}|{{{capital}}}{{#if:{{{coordinates|}}}|&amp;lt;br/&amp;gt;{{#invoke:Coordinates|coordinsert|{{{coordinates}}}|type:city}}}} }}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| rowclass9 = {{#if:{{{capital|}}}|mergedrow}}&lt;br /&gt;
| label9 = Capital-in-exile&lt;br /&gt;
| data9 = {{#ifexist:{{{capital_exile|}}}|[[{{{capital_exile|}}}]]|{{{capital_exile|}}}}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| rowclass10 = {{#if:{{{capital|}}}|mergedrow}}&lt;br /&gt;
| label10 = {{#if:{{{admin_center_type|}}}| {{{admin_center_type}}} | Administrative&amp;amp;nbsp;center }}&lt;br /&gt;
| data10 = {{#switch:{{{admin_center|}}}&lt;br /&gt;
  |capital | =&lt;br /&gt;
  |[[{{{capital|}}}]] =&lt;br /&gt;
  |{{{capital|}}} =&lt;br /&gt;
  |#default = {{{admin_center}}}{{#if:{{{capital|}}}||{{#if:{{{coordinates|}}}|&amp;lt;br/&amp;gt;{{#invoke:Coordinates|coordinsert|{{{coordinates}}}|type:city}}}} }} }}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| rowclass11 = {{#if:{{{capital|}}}{{{admin_center|}}}|mergedbottomrow}}&lt;br /&gt;
| label11 = Largest {{{largest_settlement_type|city}}}&lt;br /&gt;
| data11 = {{#ifeq: {{#ifeq:{{{largest_city|}}}{{{largest_settlement|}}}|capital&lt;br /&gt;
                         |capital&amp;lt;!--&lt;br /&gt;
                      --&amp;gt;|{{#switch:{{{capital}}}&lt;br /&gt;
                           | [[{{{largest_city|}}}{{{largest_settlement|}}}]] = capital&lt;br /&gt;
                           | {{{largest_city|}}}{{{largest_settlement|}}} = capital&lt;br /&gt;
                           | not capital&lt;br /&gt;
                          }}&amp;lt;!--&lt;br /&gt;
                    --&amp;gt;}}|capital &amp;lt;!--&lt;br /&gt;
    (#ifeq:)--&amp;gt;|&amp;lt;!-- nothing already appears above --&amp;gt;&lt;br /&gt;
               | {{if empty| {{{largest_city|}}} | {{{largest_settlement|}}} }}&lt;br /&gt;
               }}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| rowclass12 = mergedtoprow&lt;br /&gt;
| label12 = Official&amp;amp;nbsp;languages&lt;br /&gt;
| data12 = {{{official_languages|}}}&lt;br /&gt;
| rowclass13 = mergedrow&lt;br /&gt;
| label13 = &amp;lt;span style=&amp;quot;font-weight:normal;&amp;quot;&amp;gt;{{#if:{{{recognized_languages|}}}|Recognized|Recognised}}&amp;amp;nbsp;languages&amp;lt;/span&amp;gt;&lt;br /&gt;
| data13 = {{if empty| {{{recognized_languages|}}} | {{{recognised_languages|}}} }}&lt;br /&gt;
| rowclass14 = mergedrow&lt;br /&gt;
| label14 = &amp;lt;span style=&amp;quot;font-weight:normal;&amp;quot;&amp;gt;{{#if:{{{recognized_national_languages|}}}|Recognized|Recognised}} national&amp;amp;nbsp;languages&amp;lt;/span&amp;gt;&lt;br /&gt;
| data14 = {{if empty| {{{recognized_national_languages|}}} | {{{recognised_national_languages|}}} | {{{national_languages|}}} }}&lt;br /&gt;
| rowclass15 = mergedrow&lt;br /&gt;
| label15 = &amp;lt;span style=&amp;quot;font-weight:normal;&amp;quot;&amp;gt;{{#if:{{{recognized_regional_languages|}}}|Recognized|Recognised}} regional&amp;amp;nbsp;languages&amp;lt;/span&amp;gt;&lt;br /&gt;
| data15 = {{if empty| {{{recognized_regional_languages|}}} | {{{recognised_regional_languages|}}} | {{{regional_languages|}}} }}&lt;br /&gt;
| label16 = Common&amp;amp;nbsp;languages&lt;br /&gt;
| data16  = {{{common_languages|}}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| rowclass17 = {{#ifeq:{{{languages2_sub|}}}|yes&lt;br /&gt;
           |{{#ifeq:{{{languages_sub|}}}|yes |mergedrow}}&lt;br /&gt;
           |{{#ifeq:{{{languages_sub|}}}|yes |mergedbottomrow}} }}&lt;br /&gt;
| label17 ={{#ifeq:{{{languages_sub|}}}|yes&lt;br /&gt;
  |&amp;lt;div style=&amp;quot;display:inline&amp;quot; style=&amp;quot;font-weight:normal;&amp;quot;&amp;gt;{{if empty| {{{languages_type|}}} | Other&amp;amp;nbsp;languages }}&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
  |{{if empty| {{{languages_type|}}} | Other&amp;amp;nbsp;languages }}&lt;br /&gt;
  }}&lt;br /&gt;
| data17 = {{{languages|}}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| rowclass18 = {{#ifeq:{{{languages2_sub|}}}|yes |mergedbottomrow}}&lt;br /&gt;
| label18 = {{#ifeq:{{{languages2_sub|}}}|yes&lt;br /&gt;
  |&amp;lt;div style=&amp;quot;display:inline&amp;quot; style=&amp;quot;font-weight:normal;&amp;quot;&amp;gt;{{if empty|{{{languages2_type|}}} | Other&amp;amp;nbsp;languages }}&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
  |{{if empty|{{{languages2_type|}}} | Other&amp;amp;nbsp;languages }}&lt;br /&gt;
  }}&lt;br /&gt;
| data18 = {{{languages2|}}}&lt;br /&gt;
  &lt;br /&gt;
| label19 = [[Ethnic group|Ethnic&amp;amp;nbsp;groups]] &amp;lt;!--&lt;br /&gt;
           --&amp;gt;{{#if:{{{ethnic_groups_year|}}} |&amp;lt;div style=&amp;quot;font-weight:normal;display:inline;&amp;quot;&amp;gt; ({{{ethnic_groups_year}}}){{{ethnic_groups_ref|}}}&amp;lt;/div&amp;gt;|&amp;lt;div style=&amp;quot;font-weight:normal;display:inline;&amp;quot;&amp;gt;{{{ethnic_groups_ref|}}}&amp;lt;/div&amp;gt;}}&lt;br /&gt;
| data19 = {{{ethnic_groups|}}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| label20 = Religion &amp;lt;!--&lt;br /&gt;
           --&amp;gt;{{#if:{{{religion_year|}}} |&amp;lt;div style=&amp;quot;font-weight:normal;display:inline;&amp;quot;&amp;gt; ({{{religion_year}}}){{{religion_ref|}}}&amp;lt;/div&amp;gt;|&amp;lt;div style=&amp;quot;font-weight:normal;display:inline;&amp;quot;&amp;gt;{{{religion_ref|}}}&amp;lt;/div&amp;gt;}}&lt;br /&gt;
| data20 = {{{religion|}}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| label21 = [[Demonym|Demonym(s)]]&lt;br /&gt;
| data21 = {{#if:{{{demonym|}}}&lt;br /&gt;
  |{{#ifexist:{{{demonym}}} people&lt;br /&gt;
     | [[{{{demonym}}} people|{{{demonym}}}]]&lt;br /&gt;
     | {{{demonym}}}&lt;br /&gt;
    }}&lt;br /&gt;
  }}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| label22 = Type&lt;br /&gt;
| data22 = {{{org_type|}}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| label23 = {{if empty|{{{membership_type|}}} | Membership }}&lt;br /&gt;
| data23 = {{{membership|}}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| label24 = {{#if:{{{mode_of_production|}}}| Mode of production }}&lt;br /&gt;
| data24 = {{{mode_of_production|}}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| label25 = {{#if:{{{government_type|}}}| Government }}&lt;br /&gt;
| data25 = {{{government_type|}}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| header26 = {{#if:{{{government_type|}}} || {{#if:{{{leader_title1|}}}{{{leader_name1|}}}&lt;br /&gt;
        | {{#if:{{{name|}}}{{{membership|}}}&lt;br /&gt;
           | &amp;lt;!--template being used for geopolitical org:--&amp;gt;Leaders          &lt;br /&gt;
           | &amp;lt;!--template being used for country/territory: --&amp;gt;Government &lt;br /&gt;
          }} &lt;br /&gt;
        }} }}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| rowclass27 = mergedrow&lt;br /&gt;
| data27 = {{#if:{{{leader_name1|}}}|{{Infobox country/multirow|{{{leader_title1|}}} |{{{leader_name1|}}} |{{{leader_title2|}}} |{{{leader_name2|}}} |{{{leader_title3|}}} |{{{leader_name3|}}} |{{{leader_title4|}}} |{{{leader_name4|}}} |{{{leader_title5|}}} |{{{leader_name5|}}} |{{{leader_title6|}}} |{{{leader_name6|}}} |{{{leader_title7|}}} |{{{leader_name7|}}} |{{{leader_title8|}}} |{{{leader_name8|}}} |{{{leader_title9|}}} |{{{leader_name9|}}} |{{{leader_title10|}}} |{{{leader_name10|}}} |{{{leader_title11|}}} |{{{leader_name11|}}} |{{{leader_title12|}}} |{{{leader_name12|}}} |{{{leader_title13|}}} |{{{leader_name13|}}} |{{{leader_title14|}}} |{{{leader_name14|}}} |{{{leader_title15|}}} |{{{leader_name15|}}} }} }}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| rowclass28 = mergedrow&lt;br /&gt;
| label28 = {{#if:{{{title_leader|}}}| {{{title_leader}}} }}&lt;br /&gt;
| data28 = {{#if:{{{title_leader|}}}|&amp;amp;nbsp;}}&lt;br /&gt;
| rowclass29 = mergedrow&lt;br /&gt;
| data29 = {{#if:{{{year_leader1|}}} | {{Infobox country/multirow|{{{year_leader1|}}} |{{{leader1|}}} |{{{year_leader2|}}} |{{{leader2|}}} |{{{year_leader3|}}} |{{{leader3|}}} |{{{year_leader4|}}} |{{{leader4|}}} |{{{year_leader5|}}} |{{{leader5|}}} |{{{year_leader6|}}} |{{{leader6|}}} |{{{year_leader7|}}} |{{{leader7|}}} |{{{year_leader8|}}} |{{{leader8|}}} |{{{year_leader9|}}} |{{{leader9|}}} |{{{year_leader10|}}} |{{{leader10|}}} |{{{year_leader11|}}} |{{{leader11|}}}|{{{year_leader12|}}} |{{{leader12|}}}|{{{year_leader13|}}} |{{{leader13|}}}|{{{year_leader14|}}} |{{{leader14|}}}|{{{year_leader15|}}} |{{{leader15|}}} }} }}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| rowclass30 = mergedrow&lt;br /&gt;
| label30 = {{#if:{{{title_representative|}}}| {{{title_representative}}} }}&lt;br /&gt;
| data30 = {{#if:{{{title_representative|}}}|&amp;amp;nbsp;}}&lt;br /&gt;
| rowclass31 = mergedrow&lt;br /&gt;
| data31 = {{#if:{{{year_representative1|}}}|{{Infobox country/multirow|{{{year_representative1|}}} |{{{representative1|}}} |{{{year_representative2|}}} |{{{representative2|}}} |{{{year_representative3|}}} |{{{representative3|}}} |{{{year_representative4|}}} |{{{representative4|}}} |{{{year_representative5|}}} |{{{representative5|}}} }} }}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| rowclass32 = mergedrow&lt;br /&gt;
| label32 = {{#if:{{{title_deputy|}}}|{{{title_deputy}}} }}&lt;br /&gt;
| data32 = {{#if:{{{title_deputy|}}}|&amp;amp;nbsp;}}&lt;br /&gt;
| rowclass33 = mergedrow&lt;br /&gt;
| data33 = {{#if:{{{year_deputy1|}}}|{{Infobox country/multirow|{{{year_deputy1|}}} |{{{deputy1|}}} |{{{year_deputy2|}}} |{{{deputy2|}}} |{{{year_deputy3|}}} |{{{deputy3|}}} |{{{year_deputy4|}}} |{{{deputy4|}}} |{{{year_deputy5|}}} |{{{deputy5|}}} |{{{year_deputy6|}}} |{{{deputy6|}}}|{{{year_deputy7|}}} |{{{deputy7|}}}|{{{year_deputy8|}}} |{{{deputy8|}}}|{{{year_deputy9|}}} |{{{deputy9|}}}|{{{year_deputy10|}}} |{{{deputy10|}}}|{{{year_deputy11|}}} |{{{deputy11|}}}|{{{year_deputy12|}}} |{{{deputy12|}}}|{{{year_deputy13|}}} |{{{deputy13|}}}|{{{year_deputy14|}}} |{{{deputy14|}}}|{{{year_deputy15|}}} |{{{deputy15|}}} }} }}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| label40 = Legislature&lt;br /&gt;
| data40 = {{{legislature|}}}&lt;br /&gt;
| rowclass41 = mergedrow&lt;br /&gt;
| label41 = &amp;lt;div style=&amp;quot;text-indent:-0.9em;margin-left:1.2em;font-weight:normal;&amp;quot;&amp;gt;•&amp;amp;nbsp;{{#if:{{{type_house1|}}}|{{{type_house1}}}|[[Upper house]]}}&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
| data41 = {{{upper_house|{{{house1|}}}}}}&lt;br /&gt;
| rowclass42 = mergedbottomrow&lt;br /&gt;
| label42 = &amp;lt;div style=&amp;quot;text-indent:-0.9em;margin-left:1.2em;font-weight:normal;&amp;quot;&amp;gt;•&amp;amp;nbsp;{{#if:{{{type_house2|}}}|{{{type_house2}}}|[[Lower house]]}}&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
| data42 = {{{lower_house|{{{house2|}}}}}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| rowclass43 = {{#if:{{{established_event1|}}}{{{event1|}}}{{{year_start|}}}{{{year_end}}}|mergedtoprow}}&lt;br /&gt;
| header43 = {{#if:{{{established_event1|}}}{{{event1|}}}{{{year_start|}}}{{{year_end|}}}|History}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| rowclass46 = {{#if:{{{established_event1|}}} |mergedrow |mergedbottomrow}}&lt;br /&gt;
| data46 = {{#if:{{{established_date1|}}}|{{Infobox country/multirow |{{{established_event1|}}} |{{{established_date1||}}} |{{{established_event2|}}} |{{{established_date2||}}} |{{{established_event3|}}} |{{{established_date3|}}} |{{{established_event4|}}} |{{{established_date4|}}} |{{{established_event5|}}} |{{{established_date5|}}} |{{{established_event6|}}} |{{{established_date6|}}} |{{{established_event7|}}} |{{{established_date7|}}} |{{{established_event8|}}} |{{{established_date8|}}} |{{{established_event9|}}} |{{{established_date9|}}} |{{{established_event10|}}} |{{{established_date10|}}} |{{{established_event11|}}} |{{{established_date11|}}} |{{{established_event12|}}} |{{{established_date12|}}} |{{{established_event13|}}} |{{{established_date13|}}} |{{{established_event14|}}} |{{{established_date14|}}} |{{{established_event15|}}} |{{{established_date15|}}} |{{{established_event16|}}} |{{{established_date16|}}} |{{{established_event17|}}} |{{{established_date17|}}} |{{{established_event18|}}} |{{{established_date18|}}} |{{{established_event19|}}} |{{{established_date19|}}} |{{{established_event20|}}} |{{{established_date20|}}} }} }}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| rowclass47 = {{#if:{{{date_start|}}}{{{year_start|}}} |mergedrow |mergedbottomrow}}&lt;br /&gt;
| data47 = {{#if:{{{date_start|}}}{{{year_start|}}}|{{Infobox country/multirow |{{{event_pre|}}} |{{{date_pre|}}}  |{{if empty|{{{event_start|}}}|Established}} |{{{date_start|}}} {{{year_start|}}}  |{{{event1|}}} |{{{date_event1|}}}  |{{{event2|}}} |{{{date_event2|}}}  |{{{event3|}}} |{{{date_event3|}}}  |{{{event4|}}} |{{{date_event4|}}}  |{{{event5|}}} |{{{date_event5|}}}  |{{{event6|}}} |{{{date_event6|}}}|{{{event7|}}} |{{{date_event7|}}}|{{{event8|}}} |{{{date_event8|}}}|{{{event9|}}} |{{{date_event9|}}}|{{{event10|}}} |{{{date_event10|}}}  |{{if empty|{{{event_end|}}}|Dissolution}} |{{{date_end|}}} {{{year_end|}}}  |{{{event_post|}}} |{{{date_post|}}} }} }}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| rowclass60 = mergedtoprow&lt;br /&gt;
| header60 = {{#if:{{{area_km2|}}}{{{area_ha|}}}{{{area_land_km2|}}}{{{area_land_ha|}}}{{{area_water_km2|}}}{{{area_water_ha|}}}&lt;br /&gt;
  | {{#if:{{{area_link|}}}&lt;br /&gt;
               | [[{{{area_link}}}|Area]]&lt;br /&gt;
               | {{#ifexist:Geography of {{{linking_name|{{{common_name|{{{name|{{PAGENAME}}}}}}}}}}}&lt;br /&gt;
                  | [[Geography of {{{linking_name|{{{common_name|{{{name|{{PAGENAME}}}}}}}}}}}|Area]]&lt;br /&gt;
                  | Area&amp;lt;!--&lt;br /&gt;
              --&amp;gt;}}&amp;lt;!--&lt;br /&gt;
           --&amp;gt;}} }}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| rowclass61 = {{#if:{{{area_land_km2|}}}{{{area_land_ha|}}}{{{area_water_km2|}}}{{{area_water_ha|}}}|mergedrow|mergedbottomrow}}&lt;br /&gt;
| label61 = &amp;lt;div style=&amp;quot;text-indent:-0.9em;margin-left:1.2em;font-weight:normal;&amp;quot;&amp;gt;•&amp;amp;nbsp;{{{area_label|Total}}}&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
| data61 = {{#if:{{{area_km2|}}}{{{area_ha|}}}&lt;br /&gt;
  |{{#if:{{{area_km2|}}}&lt;br /&gt;
     |{{{area_km2}}}&amp;amp;nbsp;km²&lt;br /&gt;
     |{{#if:{{{area_ha|}}}&lt;br /&gt;
        |{{{area_ha}}}&amp;amp;nbsp;ha&lt;br /&gt;
      }}&lt;br /&gt;
   }}{{{area_footnote|}}}{{#if:{{{area_rank|}}} |&amp;amp;#32;({{{area_rank}}}) }}&lt;br /&gt;
  }}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| rowclass62 = {{#if:{{{area_water_km2|}}}{{{area_water_ha|}}}{{{percent_water|}}}|mergedrow|mergedbottomrow}}&lt;br /&gt;
| label62 = &amp;lt;div style=&amp;quot;text-indent:-0.9em;margin-left:1.2em;font-weight:normal;&amp;quot;&amp;gt;•&amp;amp;nbsp;Land&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
| data62 = {{#if:{{{area_land_km2|}}}{{{area_land_ha|}}}&lt;br /&gt;
  |{{#if:{{{area_land_km2|}}}&lt;br /&gt;
     |{{{area_land_km2}}}&amp;amp;nbsp;km²&lt;br /&gt;
     |{{#if:{{{area_land_ha|}}}&lt;br /&gt;
        |{{{area_land_ha|}}}&amp;amp;nbsp;ha&lt;br /&gt;
      }}&lt;br /&gt;
   }}{{{area_land_footnote|}}}&lt;br /&gt;
  }}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| rowclass63 = {{#if:{{{percent_water|}}}|mergedrow|mergedbottomrow}}&lt;br /&gt;
| label63 = &amp;lt;div style=&amp;quot;text-indent:-0.9em;margin-left:1.2em;font-weight:normal;&amp;quot;&amp;gt;•&amp;amp;nbsp;Water&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
| data63 = {{#if:{{{area_water_km2|}}}{{{area_water_ha|}}}&lt;br /&gt;
  |{{#if:{{{area_water_km2|}}}&lt;br /&gt;
     |{{{area_water_km2}}}&amp;amp;nbsp;km²&lt;br /&gt;
     |{{#if:{{{area_water_ha|}}}&lt;br /&gt;
        |{{{area_water_ha|}}}&amp;amp;nbsp;ha&lt;br /&gt;
      }}&lt;br /&gt;
   }}{{{area_water_footnote|}}}&lt;br /&gt;
  }}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| rowclass90 = mergedtoprow&lt;br /&gt;
| header90 = {{#if:{{{population_estimate|}}}{{{population_census|}}}&lt;br /&gt;
     |Population}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| rowclass91 = mergedrow&lt;br /&gt;
| label91 = &amp;lt;div style=&amp;quot;text-indent:-0.9em;margin-left:1.2em;font-weight:normal;&amp;quot;&amp;gt;•&amp;amp;nbsp;{{#if:{{{population_estimate_year|}}} |{{{population_estimate_year}}} estimate|Estimate}}&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
| data91 = {{#if:{{{population_estimate|}}}&lt;br /&gt;
        |{{{population_estimate}}}&amp;lt;!--&lt;br /&gt;
              --&amp;gt;{{#if:{{{population_estimate_rank|}}} |&amp;amp;#32;({{{population_estimate_rank}}})}}&lt;br /&gt;
        }}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| rowclass95= mergedrow&lt;br /&gt;
| label95= &amp;lt;div style=&amp;quot;text-indent:-0.9em;margin-left:1.2em;font-weight:normal;&amp;quot;&amp;gt;•&amp;amp;nbsp;{{#if:{{{population_census_year|}}} |{{{population_census_year}}}&amp;amp;nbsp;census|Census}}&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
| data95= {{#if:{{{population_census|}}}&lt;br /&gt;
  |{{{population_census}}}&amp;lt;!--&lt;br /&gt;
              --&amp;gt;{{#if:{{{population_census_rank|}}} |&amp;amp;#32;({{{population_census_rank}}})}}&lt;br /&gt;
  }}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| rowclass99 = mergedbottomrow&lt;br /&gt;
| label99= &amp;lt;div style=&amp;quot;text-indent:-0.9em;margin-left:1.2em;font-weight:normal;&amp;quot;&amp;gt;•&amp;amp;nbsp;Density&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
| data99= {{#if:{{{population_density_km2|}}}&lt;br /&gt;
     | {{{population_density_km2}}}&amp;amp;nbsp;km²{{{pop_den_footnote|}}}&amp;lt;!--&lt;br /&gt;
            --&amp;gt;{{#if:{{{population_density_rank|}}} |&amp;amp;#32;({{{population_density_rank}}})}}&lt;br /&gt;
     }}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| rowclass100 = mergedtoprow&lt;br /&gt;
| header100 = {{#if:{{{labour_force|}}}{{{unemployment|}}}&lt;br /&gt;
     |Labour}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| rowclass101 = mergedrow&lt;br /&gt;
| label101= &amp;lt;div style=&amp;quot;text-indent:-0.9em;margin-left:1.2em;font-weight:normal;&amp;quot;&amp;gt;•&amp;amp;nbsp;Labour force&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
| data101= {{#if:{{{labour_force|}}}|{{{labour_force}}}}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| rowclass102 = mergedrow&lt;br /&gt;
| label102= &amp;lt;div style=&amp;quot;text-indent:-0.9em;margin-left:1.2em;font-weight:normal;&amp;quot;&amp;gt;•&amp;amp;nbsp;Labour force participation&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
| data102= {{#if:{{{labour_force_participation|}}}|{{{labour_force_participation}}}}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| rowclass103 = mergedrow&lt;br /&gt;
| label103= &amp;lt;div style=&amp;quot;text-indent:-0.9em;margin-left:1.2em;font-weight:normal;&amp;quot;&amp;gt;•&amp;amp;nbsp;Occupation&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
| data103= {{#if:{{{labour_occupation|}}}|{{{labour_occupation}}}}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| rowclass104 = mergedrow&lt;br /&gt;
| label104= &amp;lt;div style=&amp;quot;text-indent:-0.9em;margin-left:1.2em;font-weight:normal;&amp;quot;&amp;gt;•&amp;amp;nbsp;Unemployment rate&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
| data104= {{#if:{{{unemployment|}}}|{{{unemployment}}}}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| rowclass105= mergedtoprow&lt;br /&gt;
| label105= GDP&amp;amp;nbsp;&amp;lt;span style=&amp;quot;font-weight:normal;&amp;quot;&amp;gt;(PPP)&amp;lt;/span&amp;gt;&lt;br /&gt;
| data105= {{#if:{{{GDP_PPP|}}}{{{GDP_PPP_per_capita|}}}&lt;br /&gt;
     |{{#if:{{{GDP_PPP_year|}}} |{{{GDP_PPP_year}}}&amp;amp;nbsp;}}estimate&lt;br /&gt;
     }}&lt;br /&gt;
| rowclass106= mergedrow&lt;br /&gt;
| label106= &amp;lt;div style=&amp;quot;text-indent:-0.9em;margin-left:1.2em;font-weight:normal;&amp;quot;&amp;gt;•&amp;amp;nbsp;Total&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
| data106= {{#if:{{{GDP_PPP|}}}&lt;br /&gt;
     |{{{GDP_PPP}}}&amp;lt;!--&lt;br /&gt;
             --&amp;gt;{{#if:{{{GDP_PPP_rank|}}} |&amp;amp;#32;({{{GDP_PPP_rank}}})}}&lt;br /&gt;
     }}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| rowclass107= mergedbottomrow&lt;br /&gt;
| label107= &amp;lt;div style=&amp;quot;text-indent:-0.9em;margin-left:1.2em;font-weight:normal;&amp;quot;&amp;gt;•&amp;amp;nbsp;Per capita&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
| data107= {{#if:{{{GDP_PPP_per_capita|}}}&lt;br /&gt;
     |{{{GDP_PPP_per_capita}}}&amp;lt;!--&lt;br /&gt;
                --&amp;gt;{{#if:{{{GDP_PPP_per_capita_rank|}}} |&amp;amp;#32;({{{GDP_PPP_per_capita_rank}}})}}&lt;br /&gt;
     }}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| rowclass108= mergedtoprow&lt;br /&gt;
| label108= GDP&amp;amp;nbsp;&amp;lt;span style=&amp;quot;font-weight:normal;&amp;quot;&amp;gt;(nominal)&amp;lt;/span&amp;gt;&lt;br /&gt;
| data108= {{#if:{{{GDP_nominal|}}}{{{GDP_nominal_per_capita|}}}&lt;br /&gt;
   |{{#if:{{{GDP_nominal_year|}}} |{{{GDP_nominal_year}}}&amp;amp;nbsp;}}estimate&lt;br /&gt;
   }}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| rowclass109= mergedrow&lt;br /&gt;
| label109= &amp;lt;div style=&amp;quot;text-indent:-0.9em;margin-left:1.2em;font-weight:normal;&amp;quot;&amp;gt;•&amp;amp;nbsp;Total&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
| data109= {{#if:{{{GDP_nominal|}}}&lt;br /&gt;
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             --&amp;gt;{{#if:{{{GDP_nominal_rank|}}} |&amp;amp;#32;({{{GDP_nominal_rank}}})}}&lt;br /&gt;
     }}&lt;br /&gt;
| rowclass110= mergedbottomrow&lt;br /&gt;
| label110= &amp;lt;div style=&amp;quot;text-indent:-0.9em;margin-left:1.2em;font-weight:normal;&amp;quot;&amp;gt;•&amp;amp;nbsp;Per capita&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
| data110= {{#if:{{{GDP_nominal_per_capita|}}}&lt;br /&gt;
        | {{{GDP_nominal_per_capita}}}&amp;lt;!--&lt;br /&gt;
                --&amp;gt;{{#if:{{{GDP_nominal_per_capita_rank|}}} |&amp;amp;#32;({{{GDP_nominal_per_capita_rank}}})}}&lt;br /&gt;
       }}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| rowclass111 = mergedtoprow&lt;br /&gt;
| label111 = Exports&lt;br /&gt;
| data111 = {{#if:{{{export|}}}{{{export_commodities|}}}&lt;br /&gt;
     |{{#if:{{{export_year|}}}|{{{export_year}}}&amp;amp;nbsp;}}estimate&lt;br /&gt;
   }}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| rowclass112 = mergedrow&lt;br /&gt;
| label112 = &amp;lt;div style=&amp;quot;text-indent:-0.9em;margin-left:1.2em;font-weight:normal;&amp;quot;&amp;gt;•&amp;amp;nbsp;Value&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
| data112 = {{#if:{{{export|}}}|{{{export}}}}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| rowclass113 = mergedrow&lt;br /&gt;
| label113 = &amp;lt;div style=&amp;quot;text-indent:-0.9em;margin-left:1.2em;font-weight:normal;&amp;quot;&amp;gt;•&amp;amp;nbsp;Commodities&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
| data113 = {{#if:{{{export_commodities|}}}|{{{export_commodities}}}}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| rowclass114 = mergedrow&lt;br /&gt;
| label114 = &amp;lt;div style=&amp;quot;text-indent:-0.9em;margin-left:1.2em;font-weight:normal;&amp;quot;&amp;gt;•&amp;amp;nbsp;Partners&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
| data114 = {{#if:{{{export_partners|}}}|{{{export_partners}}}}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| rowclass115 = mergedtoprow&lt;br /&gt;
| label115 = Imports&lt;br /&gt;
| data115 = {{#if:{{{import|}}}{{{import_commodities|}}}&lt;br /&gt;
     |{{#if:{{{import_year|}}}|{{{import_year}}}&amp;amp;nbsp;}}estimate&lt;br /&gt;
   }}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| rowclass116 = mergedrow&lt;br /&gt;
| label116 = &amp;lt;div style=&amp;quot;text-indent:-0.9em;margin-left:1.2em;font-weight:normal;&amp;quot;&amp;gt;•&amp;amp;nbsp;Value&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
| data116 = {{#if:{{{import|}}}|{{{import}}}}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| rowclass117 = mergedrow&lt;br /&gt;
| label117 = &amp;lt;div style=&amp;quot;text-indent:-0.9em;margin-left:1.2em;font-weight:normal;&amp;quot;&amp;gt;•&amp;amp;nbsp;Commodities&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
| data117 = {{#if:{{{import_commodities|}}}|{{{import_commodities}}}}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| rowclass118 = mergedrow&lt;br /&gt;
| label118 = &amp;lt;div style=&amp;quot;text-indent:-0.9em;margin-left:1.2em;font-weight:normal;&amp;quot;&amp;gt;•&amp;amp;nbsp;Partners&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
| data118 = {{#if:{{{import_partners|}}}|{{{import_partners}}}}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| label119= External debt&lt;br /&gt;
| data119= {{#if:{{{external_debt|}}}&lt;br /&gt;
     |{{{external_debt}}}{{#if:{{{external_debt_rank|}}} |&amp;amp;#32;({{{external_debt_rank}}})}}&lt;br /&gt;
   }}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| label120= Gini{{#if:{{{Gini_year|}}} |&amp;amp;nbsp;&amp;lt;span style=&amp;quot;font-weight:normal;&amp;quot;&amp;gt;({{{Gini_year}}})&amp;lt;/span&amp;gt;}}&lt;br /&gt;
| data120= {{#if:{{{Gini|}}}&lt;br /&gt;
     | {{{Gini}}}{{#if:{{{Gini_rank|}}}|&amp;amp;nbsp;({{{Gini_rank}}})}}&lt;br /&gt;
     }}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| label121= HDI{{#if:{{{HDI_year|}}} |&amp;amp;nbsp;&amp;lt;span style=&amp;quot;font-weight:normal;&amp;quot;&amp;gt;({{{HDI_year}}})&amp;lt;/span&amp;gt;}}&lt;br /&gt;
| data121= {{#if:{{{HDI|}}}&lt;br /&gt;
     | {{{HDI}}}{{#if:{{{HDI_rank|}}}|&amp;amp;nbsp;({{{HDI_rank}}})}}&lt;br /&gt;
     }}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| label122= Currency&lt;br /&gt;
| data122= {{#if:{{{currency|}}}&lt;br /&gt;
     | {{{currency}}} {{#if:{{{currency_code|}}}|({{{currency_code}}})}}&lt;br /&gt;
   }}&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
| label123 = Date format&lt;br /&gt;
| data123= {{{date_format|}}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| label124= [[Mains electricity]]&lt;br /&gt;
| data124= {{{electricity|}}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| label125= [[Left- and right-hand traffic|Driving side]]&lt;br /&gt;
| data125= {{#if:{{{drives_on|}}} | {{lcfirst:{{{drives_on}}}}} }}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| label126= {{#if:{{{calling_code|}}}&lt;br /&gt;
    |{{#ifexist:Telephone numbers in {{{linking_name|{{{common_name|{{{name|{{PAGENAME}}}}}}}}}}}&lt;br /&gt;
               | [[Telephone numbers in {{{linking_name|{{{common_name|{{{name|{{PAGENAME}}}}}}}}}}}|Calling code]]&lt;br /&gt;
               | Calling code&lt;br /&gt;
              }}&lt;br /&gt;
   }}&lt;br /&gt;
| data126= {{{calling_code|}}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| label127= [[ISO 3166|ISO 3166 code]]&lt;br /&gt;
| data127= {{#switch:{{{iso3166code|}}}&lt;br /&gt;
     |omit = &amp;lt;!--(do nothing)--&amp;gt;&lt;br /&gt;
     | = &amp;lt;!--if iso3166code is not supplied:&lt;br /&gt;
          --&amp;gt;{{#if:{{{common_name|}}}&lt;br /&gt;
              | {{#if:{{ISO 3166 code|{{{common_name}}}|nocat=true}}&lt;br /&gt;
                 | [[ISO 3166-2:{{ISO 3166 code|{{{common_name}}}}}|{{ISO 3166 code|{{{common_name}}}}}]]&lt;br /&gt;
                }}&lt;br /&gt;
             }}&lt;br /&gt;
     |#default = [[ISO 3166-2:{{uc:{{{iso3166code}}}}}|{{uc:{{{iso3166code}}}}}]]&lt;br /&gt;
    }}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| label128= [[Country code top-level domain|Internet TLD]]&lt;br /&gt;
| data128= {{{cctld|}}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| data129 = {{#if:{{{official_website|}}}&lt;br /&gt;
     |&amp;lt;div style=&amp;quot;line-height:11pt&amp;quot;&amp;gt;&#039;&#039;&#039;Website&#039;&#039;&#039;&amp;lt;br/&amp;gt;{{{official_website}}}&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
     }}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| data130= {{#if:{{{image_map3|{{{location_map|}}}}}}&lt;br /&gt;
  | {{#invoke:InfoboxImage|InfoboxImage|image={{{image_map3|{{{location_map|}}}}}}|size={{{map3_width|}}}|upright=1.15|alt={{{alt_map3|}}}|title=Location of {{{common_name|{{{name|{{{linking_name|{{PAGENAME}} }}} }}} }}} }}&amp;lt;!--&lt;br /&gt;
    --&amp;gt;{{#if:{{{map_caption3|}}}|&amp;lt;div style=&amp;quot;position:relative;top:0.3em;&amp;quot;&amp;gt;{{{map_caption3|}}}&amp;lt;/div&amp;gt;}}&lt;br /&gt;
  }}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| data134 = {{#if:{{{p1|}}}{{{s1|}}}&lt;br /&gt;
              |{{Infobox country/formernext|flag_p1={{{flag_p1|}}}|image_p1={{{image_p1|}}}|p1={{{p1|}}}|border_p1={{{border_p1|}}}|flag_p2={{{flag_p2|}}}|image_p2={{{image_p2|}}}|p2={{{p2|}}}|border_p2={{{border_p2|}}}|flag_p3={{{flag_p3|}}}|image_p3={{{image_p3|}}}|p3={{{p3|}}}|border_p3={{{border_p3|}}}|flag_p4={{{flag_p4|}}}|image_p4={{{image_p4|}}}|p4={{{p4|}}}|border_p4={{{border_p4|}}}|flag_p5={{{flag_p5|}}}|image_p5={{{image_p5|}}}|p5={{{p5|}}}|border_p5={{{border_p5|}}}|flag_p6={{{flag_p6|}}}|image_p6={{{image_p6|}}}|p6={{{p6|}}}|border_p6={{{border_p6|}}}|flag_p7={{{flag_p7|}}}|image_p7={{{image_p7|}}}|p7={{{p7|}}}|border_p7={{{border_p7|}}}|flag_p8={{{flag_p8|}}}|image_p8={{{image_p8|}}}|p8={{{p8|}}}|border_p8={{{border_p8|}}}|flag_p9={{{flag_p9|}}}|image_p9={{{image_p9|}}}|p9={{{p9|}}}|border_p9={{{border_p9|}}}|flag_p10={{{flag_p10|}}}|image_p10={{{image_p10|}}}|p10={{{p10|}}}|border_p10={{{border_p10|}}}|flag_p11={{{flag_p11|}}}|image_p11={{{image_p11|}}}|p11={{{p11|}}}|border_p11={{{border_p11|}}}|flag_p12={{{flag_p12|}}}|image_p12={{{image_p12|}}}|p12={{{p12|}}}|border_p12={{{border_p12|}}}|flag_p13={{{flag_p13|}}}|image_p13={{{image_p13|}}}|p13={{{p13|}}}|border_p13={{{border_p13|}}}|flag_p14={{{flag_p14|}}}|image_p14={{{image_p14|}}}|p14={{{p14|}}}|border_p14={{{border_p14|}}}|flag_p15={{{flag_p15|}}}|image_p15={{{image_p15|}}}|p15={{{p15|}}}|border_p15={{{border_p15|}}}|flag_p16={{{flag_p16|}}}|image_p16={{{image_p16|}}}|p16={{{p16|}}}|border_p16={{{border_p16|}}}|flag_p17={{{flag_p17|}}}|image_p17={{{image_p17|}}}|p17={{{p17|}}}|border_p17={{{border_p17|}}}|flag_p18={{{flag_p18|}}}|image_p18={{{image_p18|}}}|p18={{{p18|}}}|border_p18={{{border_p18|}}}|flag_p19={{{flag_p19|}}}|image_p19={{{image_p19|}}}|p19={{{p19|}}}|border_p19={{{border_p19|}}}|flag_p20={{{flag_p20|}}}|image_p20={{{image_p20|}}}|p20={{{p20|}}}|border_p20={{{border_p20|}}}|flag_p21={{{flag_p21|}}}|image_p21={{{image_p21|}}}|p21={{{p21|}}}|border_p21={{{border_p21|}}}|flag_s1={{{flag_s1|}}}|image_s1={{{image_s1|}}}|s1={{{s1|}}}|border_s1={{{border_s1|}}}|flag_s2={{{flag_s2|}}}|image_s2={{{image_s2|}}}|s2={{{s2|}}}|border_s2={{{border_s2|}}}|flag_s3={{{flag_s3|}}}|image_s3={{{image_s3|}}}|s3={{{s3|}}}|border_s3={{{border_s3|}}}|flag_s4={{{flag_s4|}}}|image_s4={{{image_s4|}}}|s4={{{s4|}}}|border_s4={{{border_s4|}}}|flag_s5={{{flag_s5|}}}|image_s5={{{image_s5|}}}|s5={{{s5|}}}|border_s5={{{border_s5|}}}|flag_s6={{{flag_s6|}}}|image_s6={{{image_s6|}}}|s6={{{s6|}}}|border_s6={{{border_s6|}}}|flag_s7={{{flag_s7|}}}|image_s7={{{image_s7|}}}|s7={{{s7|}}}|border_s7={{{border_s7|}}}|flag_s8={{{flag_s8|}}}|image_s8={{{image_s8|}}}|s8={{{s8|}}}|border_s8={{{border_s8|}}}|flag_s9={{{flag_s9|}}}|image_s9={{{image_s9|}}}|s9={{{s9|}}}|border_s9={{{border_s9|}}}|flag_s10={{{flag_s10|}}}|image_s10={{{image_s10|}}}|s10={{{s10|}}}|border_s10={{{border_s10|}}}|flag_s11={{{flag_s11|}}}|image_s11={{{image_s11|}}}|s11={{{s11|}}}|border_s11={{{border_s11|}}}|flag_s12={{{flag_s12|}}}|image_s12={{{image_s12|}}}|s12={{{s12|}}}|border_s12={{{border_s12|}}}|flag_s13={{{flag_s13|}}}|image_s13={{{image_s13|}}}|s13={{{s13|}}}|border_s13={{{border_s13|}}}|flag_s14={{{flag_s14|}}}|image_s14={{{image_s14|}}}|s14={{{s14|}}}|border_s14={{{border_s14|}}}|flag_s15={{{flag_s15|}}}|image_s15={{{image_s15|}}}|s15={{{s15|}}}|border_s15={{{border_s15|}}}|flag_s16={{{flag_s16|}}}|image_s16={{{image_s16|}}}|s16={{{s16|}}}|border_s16={{{border_s16|}}}|flag_s17={{{flag_s17|}}}|image_s17={{{image_s17|}}}|s17={{{s17|}}}|border_s17={{{border_s17|}}}|flag_s18={{{flag_s18|}}}|image_s18={{{image_s18|}}}|s18={{{s18|}}}|border_s18={{{border_s18|}}}|flag_s19={{{flag_s19|}}}|image_s19={{{image_s19|}}}|s19={{{s19|}}}|border_s19={{{border_s19|}}}|flag_s20={{{flag_s20|}}}|image_s20={{{image_s20|}}}|s20={{{s20|}}}|border_s20={{{border_s20|}}}|flag_s21={{{flag_s21|}}}|image_s21={{{image_s21|}}}|s21={{{s21|}}}|border_s21={{{border_s21|}}}}}&lt;br /&gt;
}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| label135 = Today part of&lt;br /&gt;
| data135  = {{{today|}}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| data136 = {{#if:{{{footnote_a|}}}{{{footnote_b|}}}{{{footnote_c|}}}{{{footnote_d|}}}{{{footnote_e|}}}{{{footnote_f|}}}{{{footnote_g|}}}{{{footnote_h|}}}&lt;br /&gt;
  |&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:left;margin-left:auto; margin-right:auto;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;ol style=&amp;quot;list-style-type: lower-alpha; margin-left: 1em;&amp;quot;&amp;gt;&lt;br /&gt;
{{#if:{{{footnote_a|}}}|&amp;lt;li value=1&amp;gt;{{{footnote_a|}}}&amp;lt;/li&amp;gt;&lt;br /&gt;
}}{{#if:{{{footnote_b|}}}|&amp;lt;li value=2&amp;gt;{{{footnote_b|}}}&amp;lt;/li&amp;gt;&lt;br /&gt;
}}{{#if:{{{footnote_c|}}}|&amp;lt;li value=3&amp;gt;{{{footnote_c|}}}&amp;lt;/li&amp;gt;&lt;br /&gt;
}}{{#if:{{{footnote_d|}}}|&amp;lt;li value=4&amp;gt;{{{footnote_d|}}}&amp;lt;/li&amp;gt;&lt;br /&gt;
}}{{#if:{{{footnote_e|}}}|&amp;lt;li value=5&amp;gt;{{{footnote_e|}}}&amp;lt;/li&amp;gt;&lt;br /&gt;
}}{{#if:{{{footnote_f|}}}|&amp;lt;li value=6&amp;gt;{{{footnote_f|}}}&amp;lt;/li&amp;gt;&lt;br /&gt;
}}{{#if:{{{footnote_g|}}}|&amp;lt;li value=7&amp;gt;{{{footnote_g|}}}&amp;lt;/li&amp;gt;&lt;br /&gt;
}}{{#if:{{{footnote_h|}}}|&amp;lt;li value=8&amp;gt;{{{footnote_h|}}}&amp;lt;/li&amp;gt;}}&lt;br /&gt;
&amp;lt;/ol&amp;gt;&amp;lt;/div&amp;gt;}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| data137 = {{#if:{{{footnote1|}}}{{{footnote2|}}}{{{footnote3|}}}{{{footnote4|}}}{{{footnote5|}}}{{{footnote6|}}}{{{footnote7|}}}{{{footnote8|}}}&lt;br /&gt;
  |&amp;lt;div style=&amp;quot;text-align:left;margin-left:auto; margin-right:auto;&amp;quot;&amp;gt;&amp;lt;ol style=&amp;quot;margin-left:1em;&amp;quot;&amp;gt;&lt;br /&gt;
{{#if:{{{footnote1|}}}|&amp;lt;li value=1&amp;gt;{{{footnote1|}}}&amp;lt;/li&amp;gt;&lt;br /&gt;
}}{{#if:{{{footnote2|}}}|&amp;lt;li value=2&amp;gt;{{{footnote2|}}}&amp;lt;/li&amp;gt;&lt;br /&gt;
}}{{#if:{{{footnote3|}}}|&amp;lt;li value=3&amp;gt;{{{footnote3|}}}&amp;lt;/li&amp;gt;&lt;br /&gt;
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		&amp;quot;population_density_rank&amp;quot;: {},&lt;br /&gt;
		&amp;quot;labour_force&amp;quot;: {},&lt;br /&gt;
		&amp;quot;unemployment&amp;quot;: {},&lt;br /&gt;
		&amp;quot;labour_force_participation&amp;quot;: {},&lt;br /&gt;
		&amp;quot;labour_occupation&amp;quot;: {},&lt;br /&gt;
		&amp;quot;GDP_PPP&amp;quot;: {},&lt;br /&gt;
		&amp;quot;GDP_PPP_per_capita&amp;quot;: {},&lt;br /&gt;
		&amp;quot;GDP_PPP_year&amp;quot;: {},&lt;br /&gt;
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		&amp;quot;GDP_PPP_per_capita_rank&amp;quot;: {},&lt;br /&gt;
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		&amp;quot;GDP_nominal_per_capita_rank&amp;quot;: {},&lt;br /&gt;
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		<author><name>Ledlecreeper27</name></author>
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		<title>Plantilla:Infobox País</title>
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		<updated>2022-06-17T17:12:30Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Ledlecreeper27: Copié el fuente de Prolewiki en inglés.&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{infobox&lt;br /&gt;
| bodyclass = geography vcard&lt;br /&gt;
| bodystyle = font-size:88%;&lt;br /&gt;
| headerstyle= text-align:left;&lt;br /&gt;
| aboveclass = adr&lt;br /&gt;
| abovestyle =  padding:0.25em 0.33em 0.33em;line-height:1.2em;font-size:1.25em;&lt;br /&gt;
| above = &lt;br /&gt;
{{#if:{{{name|}}}|{{{name|}}}}}{{#if:{{{native_name|}}}|{{#if:{{{name|}}}|&amp;lt;br&amp;gt;}}&amp;lt;div style=&amp;quot;font-size:85%; font-weight: normal;&amp;quot;&amp;gt;&#039;&#039;{{{native_name}}}&#039;&#039;&amp;lt;/div&amp;gt;}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| subheader = {{#if:{{{life_span|}}} | {{{life_span}}} | {{#if:{{{year_start|}}}|{{{year_start}}}{{#if:{{{year_end}}}|–{{{year_end}}} }} }} }}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| imagestyle = text-align:center;padding:0.5em 0;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| image1 = {{#if:{{{image_coat|}}}{{{image_symbol|}}}{{{image_flag|}}}{{{image_flag2|}}}&lt;br /&gt;
  |{{infobox country/imagetable&lt;br /&gt;
    |image1a = {{#invoke:InfoboxImage|InfoboxImage|suppressplaceholder={{main other||no}}|image={{{image_flag|}}}|sizedefault=125px|size={{{flag_width|{{{flag_size|}}}}}}|maxsize=250|border={{yesno |{{{flag_border|}}}|yes=yes|blank=yes}}|alt={{{alt_flag|{{{flag_alt|}}}}}}|title=Flag of {{{common_name|{{{name|{{{linking_name|{{PAGENAME}}}}}}}}}}}}}&lt;br /&gt;
    |image1b = {{#invoke:InfoboxImage|InfoboxImage|suppressplaceholder={{main other||no}}|image={{{image_flag2|}}}|sizedefault=125px|size={{{flag_width|}}}|maxsize=250|border={{yesno |{{{flag2_border|}}}|yes=yes|blank=yes}}|alt={{{alt_flag2|{{{flag_alt2|}}}}}}}}&lt;br /&gt;
    |caption1= {{#ifexist:{{if empty |{{{flag_type_article|}}} |{{{flag|}}} | {{if empty |{{{flag_type|}}} |Flag}} of {{if empty |{{{linking_name|}}} |{{{common_name|}}} |{{{name|}}} |{{PAGENAME}} }} }} |[[{{if empty |{{{flag_type_article|}}} |{{{flag|}}} |{{if empty |{{{flag_type|}}} |Flag}} of {{if empty |{{{linking_name|}}} |{{{common_name|}}} |{{{name|}}} |{{PAGENAME}} }} }}|{{if empty |{{{flag_caption|}}} |{{{flag_type|}}} |Flag}}]] |{{if empty |{{{flag_caption|}}} |{{{flag_type|}}} |Flag}} }}&lt;br /&gt;
    |image2  = {{#invoke:InfoboxImage|InfoboxImage|suppressplaceholder={{main other||no}}|image={{if empty|{{{image_coat|}}}|{{{image_symbol|}}}}} |size={{{symbol_width|{{{coa_size|}}}}}}|sizedefault=85px|alt={{#if:{{{image_coat|}}}|{{{alt_coat|{{{coat_alt|}}}}}}|{{{alt_symbol|}}}}}|title={{{symbol_type|Coat of arms}}} of {{{common_name|{{{name|{{{linking_name|{{PAGENAME}}}}}}}}}}}}}&lt;br /&gt;
    |caption2= {{#ifexist:{{if empty |{{{symbol_type_article|}}} |{{{symbol|}}} |{{if empty |{{{symbol_type|}}} |Coat of arms}} of {{if empty |{{{linking_name|}}} |{{{common_name|}}} |{{{name|}}} |{{PAGENAME}} }} }} |[[{{if empty |{{{symbol_type_article|}}} |{{{symbol|}}} |{{if empty |{{{symbol_type|}}} |Coat of arms}} of {{if empty |{{{linking_name|}}} |{{{common_name|}}} |{{{name|}}} |{{PAGENAME}} }} }} | {{if empty |{{{symbol_type|}}} |Coat of arms}}]] |{{if empty |{{{symbol_type|}}} |Coat of arms}} }}&lt;br /&gt;
    }} }}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| data1 = {{#if:{{{national_motto|}}}{{{motto|}}}&lt;br /&gt;
     |&amp;lt;div style=&amp;quot;line-height:1.2em;&amp;quot;&amp;gt;&#039;&#039;&#039;Motto:&amp;amp;nbsp;&#039;&#039;&#039;{{if empty|{{{motto|}}}|{{{national_motto|}}}}}&amp;lt;!--&lt;br /&gt;
           --&amp;gt;{{#if:{{{englishmotto|}}}|&amp;lt;br/&amp;gt;&amp;lt;div style=&amp;quot;display:inline&amp;quot;&amp;quot;&amp;gt;{{{englishmotto}}}&amp;lt;/div&amp;gt; }}&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
    }}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| class2 = anthem&lt;br /&gt;
| data2 = {{#if:{{{national_anthem|}}}{{{anthem|}}}&lt;br /&gt;
        |&amp;lt;div style=&amp;quot;line-height:1.2em;&amp;quot;&amp;gt;&#039;&#039;&#039;Anthem:&amp;amp;nbsp;&#039;&#039;&#039;{{if empty|{{{national_anthem|}}}|{{{anthem|}}}}}&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
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        |&lt;br /&gt;
&amp;lt;div style=&amp;quot;line-height:1.2em;&amp;quot;&amp;gt;&#039;&#039;&#039;Anthems:&amp;amp;nbsp;&#039;&#039;&#039;{{{anthems}}}&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
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&amp;lt;div style=&amp;quot;line-height:1.2em;&amp;quot;&amp;gt;&#039;&#039;&#039;[[Royal anthem]]:&amp;amp;nbsp;&#039;&#039;&#039;{{{royal_anthem}}}&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
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&amp;lt;div style=&amp;quot;line-height:1.2em;&amp;quot;&amp;gt;&#039;&#039;&#039;State anthem:&amp;amp;nbsp;&#039;&#039;&#039;{{{state_anthem}}}&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
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| data3 = {{#if:{{{other_symbol|}}}{{{text_symbol|}}}&lt;br /&gt;
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               | &#039;&#039;&#039;{{if empty|{{{other_symbol_type|}}}|{{{text_symbol_type|}}}}}&#039;&#039;&#039;&amp;lt;br/&amp;gt;}}&amp;lt;!--&lt;br /&gt;
                 --&amp;gt;{{if empty|{{{other_symbol|}}}|{{{text_symbol|}}}}}&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
     }}&lt;br /&gt;
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| data4 = {{#if:{{{image_map|}}}&lt;br /&gt;
   |{{#invoke:InfoboxImage|InfoboxImage|image={{{image_map|}}}|size={{{map_width|{{{image_map_size|}}}}}}|upright=1.15|alt={{{alt_map|{{{image_map_alt|}}}}}}|title={{{map_caption|{{{image_map_caption|Location of {{{common_name|{{{name|{{{linking_name|{{PAGENAME}} }}} }}} }}} }}} }}} }}&amp;lt;!--&lt;br /&gt;
  --&amp;gt;{{#if:{{{map_caption|{{{image_map_caption|}}}}}}|&amp;lt;div style=&amp;quot;position:relative;top:0.3em;&amp;quot;&amp;gt;{{{map_caption|{{{image_map_caption|}}}}}}&amp;lt;/div&amp;gt;}} }}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| data5 = {{#if:{{{image_map2|}}}&lt;br /&gt;
   |{{#invoke:InfoboxImage|InfoboxImage|image={{{image_map2|}}}|size={{{map2_width|{{{image_map2_size|}}}}}}|upright=1.15|alt={{{alt_map2|{{{image_map2_alt|}}}}}}|title={{{map_caption2|{{{image_map2_caption|Location of {{{common_name|{{{name|{{{linking_name|{{PAGENAME}} }}} }}} }}} }}} }}} }}&amp;lt;!--&lt;br /&gt;
  --&amp;gt;{{#if:{{{map_caption2|{{{image_map2_caption|}}}}}}|&amp;lt;div style=&amp;quot;position:relative;top:0.3em;&amp;quot;&amp;gt;{{{map_caption2|{{{image_map2_caption|}}}}}}&amp;lt;/div&amp;gt;}} }}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| label6 = Status&lt;br /&gt;
| data6 = {{#if:{{{status|}}}|{{Infobox country/status text|status={{{status|}}}|status_text={{{status_text|}}}|empire={{{empire|}}}|year_end={{{year_end|}}}|year_exile_start={{{year_exile_start|}}}|year_exile_end={{{year_exile_end|}}} }} }}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| label7 = Location&lt;br /&gt;
| data7 = {{{loctext|}}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| label8 = {{#if:{{{capital_type|}}} | {{{capital_type}}} | Capital }}{{#ifeq: {{#ifeq:{{{largest_city|}}}{{{largest_settlement|}}}|capital&lt;br /&gt;
                         |capital&amp;lt;!--&lt;br /&gt;
                      --&amp;gt;|{{#switch:{{{capital}}}&lt;br /&gt;
                           | [[{{{largest_city|}}}{{{largest_settlement|}}}]] = capital&lt;br /&gt;
                           | {{{largest_city|}}}{{{largest_settlement|}}} = capital&lt;br /&gt;
                           | not capital&lt;br /&gt;
                          }}&amp;lt;!--&lt;br /&gt;
                    --&amp;gt;}}|capital &amp;lt;!--&lt;br /&gt;
    (#ifeq:)--&amp;gt;|&amp;lt;!------------------------------------------&lt;br /&gt;
                     capital is largest_city/_settlement:&lt;br /&gt;
                 -------------------------------------------&lt;br /&gt;
             --&amp;gt;&amp;lt;br/&amp;gt;&amp;lt;div style=&amp;quot;display:inline&amp;quot; style=&amp;quot;font-weight:normal&amp;quot;&amp;gt;and {{{largest_settlement_type|largest city}}}&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
              }}&lt;br /&gt;
| data8  = {{#if:{{{capital|}}}|{{{capital}}}{{#if:{{{coordinates|}}}|&amp;lt;br/&amp;gt;{{#invoke:Coordinates|coordinsert|{{{coordinates}}}|type:city}}}} }}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| rowclass9 = {{#if:{{{capital|}}}|mergedrow}}&lt;br /&gt;
| label9 = Capital-in-exile&lt;br /&gt;
| data9 = {{#ifexist:{{{capital_exile|}}}|[[{{{capital_exile|}}}]]|{{{capital_exile|}}}}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| rowclass10 = {{#if:{{{capital|}}}|mergedrow}}&lt;br /&gt;
| label10 = {{#if:{{{admin_center_type|}}}| {{{admin_center_type}}} | Administrative&amp;amp;nbsp;center }}&lt;br /&gt;
| data10 = {{#switch:{{{admin_center|}}}&lt;br /&gt;
  |capital | =&lt;br /&gt;
  |[[{{{capital|}}}]] =&lt;br /&gt;
  |{{{capital|}}} =&lt;br /&gt;
  |#default = {{{admin_center}}}{{#if:{{{capital|}}}||{{#if:{{{coordinates|}}}|&amp;lt;br/&amp;gt;{{#invoke:Coordinates|coordinsert|{{{coordinates}}}|type:city}}}} }} }}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| rowclass11 = {{#if:{{{capital|}}}{{{admin_center|}}}|mergedbottomrow}}&lt;br /&gt;
| label11 = Largest {{{largest_settlement_type|city}}}&lt;br /&gt;
| data11 = {{#ifeq: {{#ifeq:{{{largest_city|}}}{{{largest_settlement|}}}|capital&lt;br /&gt;
                         |capital&amp;lt;!--&lt;br /&gt;
                      --&amp;gt;|{{#switch:{{{capital}}}&lt;br /&gt;
                           | [[{{{largest_city|}}}{{{largest_settlement|}}}]] = capital&lt;br /&gt;
                           | {{{largest_city|}}}{{{largest_settlement|}}} = capital&lt;br /&gt;
                           | not capital&lt;br /&gt;
                          }}&amp;lt;!--&lt;br /&gt;
                    --&amp;gt;}}|capital &amp;lt;!--&lt;br /&gt;
    (#ifeq:)--&amp;gt;|&amp;lt;!-- nothing already appears above --&amp;gt;&lt;br /&gt;
               | {{if empty| {{{largest_city|}}} | {{{largest_settlement|}}} }}&lt;br /&gt;
               }}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| rowclass12 = mergedtoprow&lt;br /&gt;
| label12 = Official&amp;amp;nbsp;languages&lt;br /&gt;
| data12 = {{{official_languages|}}}&lt;br /&gt;
| rowclass13 = mergedrow&lt;br /&gt;
| label13 = &amp;lt;span style=&amp;quot;font-weight:normal;&amp;quot;&amp;gt;{{#if:{{{recognized_languages|}}}|Recognized|Recognised}}&amp;amp;nbsp;languages&amp;lt;/span&amp;gt;&lt;br /&gt;
| data13 = {{if empty| {{{recognized_languages|}}} | {{{recognised_languages|}}} }}&lt;br /&gt;
| rowclass14 = mergedrow&lt;br /&gt;
| label14 = &amp;lt;span style=&amp;quot;font-weight:normal;&amp;quot;&amp;gt;{{#if:{{{recognized_national_languages|}}}|Recognized|Recognised}} national&amp;amp;nbsp;languages&amp;lt;/span&amp;gt;&lt;br /&gt;
| data14 = {{if empty| {{{recognized_national_languages|}}} | {{{recognised_national_languages|}}} | {{{national_languages|}}} }}&lt;br /&gt;
| rowclass15 = mergedrow&lt;br /&gt;
| label15 = &amp;lt;span style=&amp;quot;font-weight:normal;&amp;quot;&amp;gt;{{#if:{{{recognized_regional_languages|}}}|Recognized|Recognised}} regional&amp;amp;nbsp;languages&amp;lt;/span&amp;gt;&lt;br /&gt;
| data15 = {{if empty| {{{recognized_regional_languages|}}} | {{{recognised_regional_languages|}}} | {{{regional_languages|}}} }}&lt;br /&gt;
| label16 = Common&amp;amp;nbsp;languages&lt;br /&gt;
| data16  = {{{common_languages|}}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| rowclass17 = {{#ifeq:{{{languages2_sub|}}}|yes&lt;br /&gt;
           |{{#ifeq:{{{languages_sub|}}}|yes |mergedrow}}&lt;br /&gt;
           |{{#ifeq:{{{languages_sub|}}}|yes |mergedbottomrow}} }}&lt;br /&gt;
| label17 ={{#ifeq:{{{languages_sub|}}}|yes&lt;br /&gt;
  |&amp;lt;div style=&amp;quot;display:inline&amp;quot; style=&amp;quot;font-weight:normal;&amp;quot;&amp;gt;{{if empty| {{{languages_type|}}} | Other&amp;amp;nbsp;languages }}&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
  |{{if empty| {{{languages_type|}}} | Other&amp;amp;nbsp;languages }}&lt;br /&gt;
  }}&lt;br /&gt;
| data17 = {{{languages|}}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| rowclass18 = {{#ifeq:{{{languages2_sub|}}}|yes |mergedbottomrow}}&lt;br /&gt;
| label18 = {{#ifeq:{{{languages2_sub|}}}|yes&lt;br /&gt;
  |&amp;lt;div style=&amp;quot;display:inline&amp;quot; style=&amp;quot;font-weight:normal;&amp;quot;&amp;gt;{{if empty|{{{languages2_type|}}} | Other&amp;amp;nbsp;languages }}&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
  |{{if empty|{{{languages2_type|}}} | Other&amp;amp;nbsp;languages }}&lt;br /&gt;
  }}&lt;br /&gt;
| data18 = {{{languages2|}}}&lt;br /&gt;
  &lt;br /&gt;
| label19 = [[Ethnic group|Ethnic&amp;amp;nbsp;groups]] &amp;lt;!--&lt;br /&gt;
           --&amp;gt;{{#if:{{{ethnic_groups_year|}}} |&amp;lt;div style=&amp;quot;font-weight:normal;display:inline;&amp;quot;&amp;gt; ({{{ethnic_groups_year}}}){{{ethnic_groups_ref|}}}&amp;lt;/div&amp;gt;|&amp;lt;div style=&amp;quot;font-weight:normal;display:inline;&amp;quot;&amp;gt;{{{ethnic_groups_ref|}}}&amp;lt;/div&amp;gt;}}&lt;br /&gt;
| data19 = {{{ethnic_groups|}}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| label20 = Religion &amp;lt;!--&lt;br /&gt;
           --&amp;gt;{{#if:{{{religion_year|}}} |&amp;lt;div style=&amp;quot;font-weight:normal;display:inline;&amp;quot;&amp;gt; ({{{religion_year}}}){{{religion_ref|}}}&amp;lt;/div&amp;gt;|&amp;lt;div style=&amp;quot;font-weight:normal;display:inline;&amp;quot;&amp;gt;{{{religion_ref|}}}&amp;lt;/div&amp;gt;}}&lt;br /&gt;
| data20 = {{{religion|}}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| label21 = [[Demonym|Demonym(s)]]&lt;br /&gt;
| data21 = {{#if:{{{demonym|}}}&lt;br /&gt;
  |{{#ifexist:{{{demonym}}} people&lt;br /&gt;
     | [[{{{demonym}}} people|{{{demonym}}}]]&lt;br /&gt;
     | {{{demonym}}}&lt;br /&gt;
    }}&lt;br /&gt;
  }}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| label22 = Type&lt;br /&gt;
| data22 = {{{org_type|}}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| label23 = {{if empty|{{{membership_type|}}} | Membership }}&lt;br /&gt;
| data23 = {{{membership|}}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| label24 = {{#if:{{{mode_of_production|}}}| Mode of production }}&lt;br /&gt;
| data24 = {{{mode_of_production|}}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| label25 = {{#if:{{{government_type|}}}| Government }}&lt;br /&gt;
| data25 = {{{government_type|}}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| header26 = {{#if:{{{government_type|}}} || {{#if:{{{leader_title1|}}}{{{leader_name1|}}}&lt;br /&gt;
        | {{#if:{{{name|}}}{{{membership|}}}&lt;br /&gt;
           | &amp;lt;!--template being used for geopolitical org:--&amp;gt;Leaders          &lt;br /&gt;
           | &amp;lt;!--template being used for country/territory: --&amp;gt;Government &lt;br /&gt;
          }} &lt;br /&gt;
        }} }}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| rowclass27 = mergedrow&lt;br /&gt;
| data27 = {{#if:{{{leader_name1|}}}|{{Infobox country/multirow|{{{leader_title1|}}} |{{{leader_name1|}}} |{{{leader_title2|}}} |{{{leader_name2|}}} |{{{leader_title3|}}} |{{{leader_name3|}}} |{{{leader_title4|}}} |{{{leader_name4|}}} |{{{leader_title5|}}} |{{{leader_name5|}}} |{{{leader_title6|}}} |{{{leader_name6|}}} |{{{leader_title7|}}} |{{{leader_name7|}}} |{{{leader_title8|}}} |{{{leader_name8|}}} |{{{leader_title9|}}} |{{{leader_name9|}}} |{{{leader_title10|}}} |{{{leader_name10|}}} |{{{leader_title11|}}} |{{{leader_name11|}}} |{{{leader_title12|}}} |{{{leader_name12|}}} |{{{leader_title13|}}} |{{{leader_name13|}}} |{{{leader_title14|}}} |{{{leader_name14|}}} |{{{leader_title15|}}} |{{{leader_name15|}}} }} }}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| rowclass28 = mergedrow&lt;br /&gt;
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| label42 = &amp;lt;div style=&amp;quot;text-indent:-0.9em;margin-left:1.2em;font-weight:normal;&amp;quot;&amp;gt;•&amp;amp;nbsp;{{#if:{{{type_house2|}}}|{{{type_house2}}}|[[Lower house]]}}&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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| data47 = {{#if:{{{date_start|}}}{{{year_start|}}}|{{Infobox country/multirow |{{{event_pre|}}} |{{{date_pre|}}}  |{{if empty|{{{event_start|}}}|Established}} |{{{date_start|}}} {{{year_start|}}}  |{{{event1|}}} |{{{date_event1|}}}  |{{{event2|}}} |{{{date_event2|}}}  |{{{event3|}}} |{{{date_event3|}}}  |{{{event4|}}} |{{{date_event4|}}}  |{{{event5|}}} |{{{date_event5|}}}  |{{{event6|}}} |{{{date_event6|}}}|{{{event7|}}} |{{{date_event7|}}}|{{{event8|}}} |{{{date_event8|}}}|{{{event9|}}} |{{{date_event9|}}}|{{{event10|}}} |{{{date_event10|}}}  |{{if empty|{{{event_end|}}}|Dissolution}} |{{{date_end|}}} {{{year_end|}}}  |{{{event_post|}}} |{{{date_post|}}} }} }}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| rowclass60 = mergedtoprow&lt;br /&gt;
| header60 = {{#if:{{{area_km2|}}}{{{area_ha|}}}{{{area_land_km2|}}}{{{area_land_ha|}}}{{{area_water_km2|}}}{{{area_water_ha|}}}&lt;br /&gt;
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               | [[{{{area_link}}}|Area]]&lt;br /&gt;
               | {{#ifexist:Geography of {{{linking_name|{{{common_name|{{{name|{{PAGENAME}}}}}}}}}}}&lt;br /&gt;
                  | [[Geography of {{{linking_name|{{{common_name|{{{name|{{PAGENAME}}}}}}}}}}}|Area]]&lt;br /&gt;
                  | Area&amp;lt;!--&lt;br /&gt;
              --&amp;gt;}}&amp;lt;!--&lt;br /&gt;
           --&amp;gt;}} }}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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      }}&lt;br /&gt;
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  }}&lt;br /&gt;
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| label62 = &amp;lt;div style=&amp;quot;text-indent:-0.9em;margin-left:1.2em;font-weight:normal;&amp;quot;&amp;gt;•&amp;amp;nbsp;Land&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
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     |{{#if:{{{area_land_ha|}}}&lt;br /&gt;
        |{{{area_land_ha|}}}&amp;amp;nbsp;ha&lt;br /&gt;
      }}&lt;br /&gt;
   }}{{{area_land_footnote|}}}&lt;br /&gt;
  }}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| rowclass63 = {{#if:{{{percent_water|}}}|mergedrow|mergedbottomrow}}&lt;br /&gt;
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        |{{{area_water_ha|}}}&amp;amp;nbsp;ha&lt;br /&gt;
      }}&lt;br /&gt;
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  }}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| rowclass90 = mergedtoprow&lt;br /&gt;
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| label91 = &amp;lt;div style=&amp;quot;text-indent:-0.9em;margin-left:1.2em;font-weight:normal;&amp;quot;&amp;gt;•&amp;amp;nbsp;{{#if:{{{population_estimate_year|}}} |{{{population_estimate_year}}} estimate|Estimate}}&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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| data99= {{#if:{{{population_density_km2|}}}&lt;br /&gt;
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            --&amp;gt;{{#if:{{{population_density_rank|}}} |&amp;amp;#32;({{{population_density_rank}}})}}&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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| label104= &amp;lt;div style=&amp;quot;text-indent:-0.9em;margin-left:1.2em;font-weight:normal;&amp;quot;&amp;gt;•&amp;amp;nbsp;Unemployment rate&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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| label105= GDP&amp;amp;nbsp;&amp;lt;span style=&amp;quot;font-weight:normal;&amp;quot;&amp;gt;(PPP)&amp;lt;/span&amp;gt;&lt;br /&gt;
| data105= {{#if:{{{GDP_PPP|}}}{{{GDP_PPP_per_capita|}}}&lt;br /&gt;
     |{{#if:{{{GDP_PPP_year|}}} |{{{GDP_PPP_year}}}&amp;amp;nbsp;}}estimate&lt;br /&gt;
     }}&lt;br /&gt;
| rowclass106= mergedrow&lt;br /&gt;
| label106= &amp;lt;div style=&amp;quot;text-indent:-0.9em;margin-left:1.2em;font-weight:normal;&amp;quot;&amp;gt;•&amp;amp;nbsp;Total&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
| data106= {{#if:{{{GDP_PPP|}}}&lt;br /&gt;
     |{{{GDP_PPP}}}&amp;lt;!--&lt;br /&gt;
             --&amp;gt;{{#if:{{{GDP_PPP_rank|}}} |&amp;amp;#32;({{{GDP_PPP_rank}}})}}&lt;br /&gt;
     }}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| rowclass107= mergedbottomrow&lt;br /&gt;
| label107= &amp;lt;div style=&amp;quot;text-indent:-0.9em;margin-left:1.2em;font-weight:normal;&amp;quot;&amp;gt;•&amp;amp;nbsp;Per capita&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
| data107= {{#if:{{{GDP_PPP_per_capita|}}}&lt;br /&gt;
     |{{{GDP_PPP_per_capita}}}&amp;lt;!--&lt;br /&gt;
                --&amp;gt;{{#if:{{{GDP_PPP_per_capita_rank|}}} |&amp;amp;#32;({{{GDP_PPP_per_capita_rank}}})}}&lt;br /&gt;
     }}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| rowclass108= mergedtoprow&lt;br /&gt;
| label108= GDP&amp;amp;nbsp;&amp;lt;span style=&amp;quot;font-weight:normal;&amp;quot;&amp;gt;(nominal)&amp;lt;/span&amp;gt;&lt;br /&gt;
| data108= {{#if:{{{GDP_nominal|}}}{{{GDP_nominal_per_capita|}}}&lt;br /&gt;
   |{{#if:{{{GDP_nominal_year|}}} |{{{GDP_nominal_year}}}&amp;amp;nbsp;}}estimate&lt;br /&gt;
   }}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| rowclass109= mergedrow&lt;br /&gt;
| label109= &amp;lt;div style=&amp;quot;text-indent:-0.9em;margin-left:1.2em;font-weight:normal;&amp;quot;&amp;gt;•&amp;amp;nbsp;Total&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
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             --&amp;gt;{{#if:{{{GDP_nominal_rank|}}} |&amp;amp;#32;({{{GDP_nominal_rank}}})}}&lt;br /&gt;
     }}&lt;br /&gt;
| rowclass110= mergedbottomrow&lt;br /&gt;
| label110= &amp;lt;div style=&amp;quot;text-indent:-0.9em;margin-left:1.2em;font-weight:normal;&amp;quot;&amp;gt;•&amp;amp;nbsp;Per capita&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
| data110= {{#if:{{{GDP_nominal_per_capita|}}}&lt;br /&gt;
        | {{{GDP_nominal_per_capita}}}&amp;lt;!--&lt;br /&gt;
                --&amp;gt;{{#if:{{{GDP_nominal_per_capita_rank|}}} |&amp;amp;#32;({{{GDP_nominal_per_capita_rank}}})}}&lt;br /&gt;
       }}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| rowclass111 = mergedtoprow&lt;br /&gt;
| label111 = Exports&lt;br /&gt;
| data111 = {{#if:{{{export|}}}{{{export_commodities|}}}&lt;br /&gt;
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   }}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| rowclass112 = mergedrow&lt;br /&gt;
| label112 = &amp;lt;div style=&amp;quot;text-indent:-0.9em;margin-left:1.2em;font-weight:normal;&amp;quot;&amp;gt;•&amp;amp;nbsp;Value&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
| rowclass113 = mergedrow&lt;br /&gt;
| label113 = &amp;lt;div style=&amp;quot;text-indent:-0.9em;margin-left:1.2em;font-weight:normal;&amp;quot;&amp;gt;•&amp;amp;nbsp;Commodities&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
| rowclass114 = mergedrow&lt;br /&gt;
| label114 = &amp;lt;div style=&amp;quot;text-indent:-0.9em;margin-left:1.2em;font-weight:normal;&amp;quot;&amp;gt;•&amp;amp;nbsp;Partners&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
| data114 = {{#if:{{{export_partners|}}}|{{{export_partners}}}}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| rowclass115 = mergedtoprow&lt;br /&gt;
| label115 = Imports&lt;br /&gt;
| data115 = {{#if:{{{import|}}}{{{import_commodities|}}}&lt;br /&gt;
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   }}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| rowclass116 = mergedrow&lt;br /&gt;
| label116 = &amp;lt;div style=&amp;quot;text-indent:-0.9em;margin-left:1.2em;font-weight:normal;&amp;quot;&amp;gt;•&amp;amp;nbsp;Value&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
| rowclass117 = mergedrow&lt;br /&gt;
| label117 = &amp;lt;div style=&amp;quot;text-indent:-0.9em;margin-left:1.2em;font-weight:normal;&amp;quot;&amp;gt;•&amp;amp;nbsp;Commodities&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
| data117 = {{#if:{{{import_commodities|}}}|{{{import_commodities}}}}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| rowclass118 = mergedrow&lt;br /&gt;
| label118 = &amp;lt;div style=&amp;quot;text-indent:-0.9em;margin-left:1.2em;font-weight:normal;&amp;quot;&amp;gt;•&amp;amp;nbsp;Partners&amp;lt;/div&amp;gt;&lt;br /&gt;
| data118 = {{#if:{{{import_partners|}}}|{{{import_partners}}}}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| label119= External debt&lt;br /&gt;
| data119= {{#if:{{{external_debt|}}}&lt;br /&gt;
     |{{{external_debt}}}{{#if:{{{external_debt_rank|}}} |&amp;amp;#32;({{{external_debt_rank}}})}}&lt;br /&gt;
   }}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| label120= Gini{{#if:{{{Gini_year|}}} |&amp;amp;nbsp;&amp;lt;span style=&amp;quot;font-weight:normal;&amp;quot;&amp;gt;({{{Gini_year}}})&amp;lt;/span&amp;gt;}}&lt;br /&gt;
| data120= {{#if:{{{Gini|}}}&lt;br /&gt;
     | {{{Gini}}}{{#if:{{{Gini_rank|}}}|&amp;amp;nbsp;({{{Gini_rank}}})}}&lt;br /&gt;
     }}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| label121= HDI{{#if:{{{HDI_year|}}} |&amp;amp;nbsp;&amp;lt;span style=&amp;quot;font-weight:normal;&amp;quot;&amp;gt;({{{HDI_year}}})&amp;lt;/span&amp;gt;}}&lt;br /&gt;
| data121= {{#if:{{{HDI|}}}&lt;br /&gt;
     | {{{HDI}}}{{#if:{{{HDI_rank|}}}|&amp;amp;nbsp;({{{HDI_rank}}})}}&lt;br /&gt;
     }}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| label122= Currency&lt;br /&gt;
| data122= {{#if:{{{currency|}}}&lt;br /&gt;
     | {{{currency}}} {{#if:{{{currency_code|}}}|({{{currency_code}}})}}&lt;br /&gt;
   }}&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
| label123 = Date format&lt;br /&gt;
| data123= {{{date_format|}}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
| label124= [[Mains electricity]]&lt;br /&gt;
| data124= {{{electricity|}}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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		<author><name>Ledlecreeper27</name></author>
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		<title>República de Cuba</title>
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&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;&#039;&#039;&#039;Cuba&#039;&#039;&#039;, oficialmente la &#039;&#039;&#039;República de Cuba&#039;&#039;&#039;, es un país [[Socialismo|socialista]] [[América Latina|latinoamericano]]. Está ubicado en el [[Mar Caribe]] y fue liberado en la [[Revolución Cubana]] contre el dictador proestadounidense [[Fulgencio Batista]].&amp;lt;ref&amp;gt;{{Referencia|author=Gobierno cubano|year=2019|title=Constitución de la República de Cuba|title-url=https://es.wikisource.org/wiki/Constituci%C3%B3n_de_la_Rep%C3%BAblica_de_Cuba|chapter=Preámbulo}}&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Referencias ==&lt;br /&gt;
[[Categoría:Países]]&lt;br /&gt;
[[Categoría:Países socialistas]]&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Ledlecreeper27</name></author>
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		<title>ProleWiki:Página principal/Contenido</title>
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		<updated>2022-06-17T17:02:06Z</updated>

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